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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-06-07T13:00:10+00:00</updated>
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            Querido Javier: YOL$ALP (Ya Odian Lo $uficiente A Los Periodistas)
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                <![CDATA[Pedro Paulin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YtoyVVtzL_E7rJ7bxfD-jJ_mlW8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/franco_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Javier, querido Presidente que tanto desprecia el periodismo, en este Día del Periodista ofrezco mi medio para que diga lo que quiera. Es interesante pensar juntos un par de temas que pudieran ser útiles para mejorar la relación entre nosotros, es decir, los malos, y ustedes, es decir, los políticos o que ejercen cargos políticos de envergadura.&nbsp;</p><p>Primero: sí, el periodismo está corrompido como nunca antes. Empecemos por lo más importante, tienen razón los políticos cuando dicen que los periodistas agarran sobres, hacen operaciones de prensa, inflan temas, bajan candidatos, extorsionan a través de editoriales. Me consta. Hasta ahí estamos de acuerdo. Ahora bien, ¿quién financia la corrupción periodística? Cómo llegó el periodismo a tener empresas gigantescas capaces de voltear un Gobierno. Quién inyecto miles de millones en comprar la prensa durante las campañas y crisis que nuestro país atraviesa hace décadas. &nbsp;(Recomiendo “El tobogán de la decadencia”, hoy en Newstad.com.ar )</p><p>Cristina Kirchner, con esa facilidad para recordar que no tuvo ni tendrá pertenencia ni organicidad ni para con su familia, aclaró apenas muerto Kirchner que la relación con Clarín siempre fue responsabilidad de Néstor. Con el talento de la ex Presidenta de entregar hasta su marido con tal de que nadie la mire, aclaró que si Clarín creció, fue culpa de Néstor, no de ella. Sabrá Cristina que Néstor era Clarinista, y no viceversa. El instruía a un tal Alberto Fernández para que coma con Van deer Kooy en Iñaqui y sostener buena relación. Por eso se fue Alberto también. Siempre soltando manos por las dudas, pero sin despegar los dedos, sino no estaría donde está.</p><p>Por otro lado, volvamos al debate: sí, somos una escoria corrompida, de a acuerdo. Ahora bien, ¿somos menos o más corruptos que un director de área de Transporte que existe porque un acuerdo político con un sector del Peronismo le da sobrevida? Cuán menos corrupto es un Diputado que no presenta un proyecto de ley por año y que le cuesta al Estado, es decir, a los periodistas también, cientos de millones por mandato.&nbsp;</p><p>Los sindicalistas, eso que este Gobierno ni la Justicia investiga, manejan autos blindados de 300 mil dólares. Crean empresas prestadoras de servicios de los propios gremios y nadie dice nada. Chiqui Tapia es la máxima expresión de la corrupción y Pablo Toviggino acompaña. Quién cree que si la familia Mahiques festeja los cumpleaños con Toviggino y ahora es ministro de Justicia no hay una evidente situación debatible desde lo ético, mínimamente. Son parte del problema.</p><p>¿Y Arsat? Alguien se imagina si durante la gestión de Mauricio Macri encontraban cocaína, balanzas, 2.500.000 dólares y no pasaba nada? El Gobierno no opinó, no emitió una sílaba sobre algo que es un delito. Un delito grave, que involucra a Santiago Caputo y su entorno, pero que nadie quiere ver. Quién dirá algo sobre Facundo Leal y un sistema viejo, conocido y esencialmente coordinado por la política. Guillermo Dietrich administró a lo largo de su vida más de cien mil millones de dólares de los argentinos en distintos presupuestos. No tiene una denuncia. ¿Qué cambió?</p><p>Santiago Caputo se llevó puesto con una operación de prensa a Demian Reidel, el único que entendia de la materia en su cargo. Le mezclaron casi ochenta tarjetas de crédito para echarlo al tipo que entendía, resolvía y venía a ordenar su parte del Estado. Ahora hay un militante que tres más tres le da persiana, pero no importa.</p><p>El hijo de Mauro Viale acepta cambiar preguntas entrevista y lima al gobierno sistemáticamente desde TN, ahí donde también estaba Manu Jove, otro colega de excelente relación con Santiago Caputo y que también descalifica sistemáticamente a tu hermana Karina, una mujer que viene dando clase de política aunque la subestimen. &nbsp;El hijo de Mauro… es Viale, la sangre tira. Mauro Viale fue un sistemático operador de todos los espacios políticos a la vez, con esa facilidad de sostener armonía con todos los sectores y financiarse con todos a la vez. Multimillonario con productores en negro que renunciaban porque no cobraban.</p><p>Pensemos en la Justicia. Tengo un amigo preso, una ex despechada, eso que Churchill prefería no enfrentar, compró una jueza recientemente destituida para meterlo preso inventando abuso de su propia hija. Mi amigo está en un penal bonaerense hace más de dos años y depende del Juez Sergio Torres su liberación. Esa jueza le arruinó la vida a mi amigo por plata. ¿Es ella menos corrupta que el periodismo? Esta generación de mujeres que son capaces de quemar una ensalada y no tienen talento para criar chicos, son las que después inventan denuncias.&nbsp;</p><p>Tengo un amigo con perimetral, otro un mes sin ver al hijo, otro preso, dos con denuncias de violencia de género. En estos cuatro casos, me consta que son falsas y que las madres son un peligro para los hijos. ¿Nadie investiga nada?</p><p>Cuando el periodismo da primicias judiciales: quién le pasa los archivos al periodismo. Cómo se hace de los videos inéditos de allanamientos, los anticipos, etc.. Son jueces y fiscales que, entre causa y causa, entregan temas delicados a la prensa. ¿Lo hacen por algo en especial? Lo harán gratis, quiero pensar.&nbsp;</p><p>La Causa Cuadernos mostró que la corrupción era política y del sector privado. Alguna vez se podrá ahondar en el vínculo entre los medios y el círculo rojo. Ahí donde cada partido tiene sus máculas. Todos eh, esto no es cuestión azul, violeta o amarilla. El PRO de hecho probablemente sea el espacio que más periodistas logró cooptar. Muchos de los que hoy se ríen del PRO, no hubieran conocido Las Gaviotas si no era por la pauta de Horacio Rodriguez Larreta. Ahora hablan de Paris como si fuera Miramar.</p><p>El Periodismo es hoy poco riguroso y menos culto. No tengo dudas que yo como director de este diario soy inferior a Mariano Moreno, al inolvidable Natalio Botana y al mismísmo Mitre, que si hoy viera los que le dan rating a su canal y cómo funciona, preferiría seguir en su tumba para siempre.&nbsp;</p><p>Ahora bien, los médicos de hoy, ¿son mejores o peores que los de antes? Propofest, coimas de laboratorios para recetar medicamentos, retornos por operaciones evitables y prótesis. reutilizadas con recursos del Estado. Militancia en los hospitales, un Garraham que se desangró producto de la corrupción de los médicos, militantes, políticos y delegados gremiales. Ese mal necesario que arrastra la Argentina.</p><p>Insisto, somos corruptos. Ahora bien, si una cerealera se lleva la soja de noche a Paraguay para exportarla sin impuestos, ¿es menos corrupta que un periodista que hace una nota patrocinada para cambiar el auto? El periodista busca sobrevivir en una sociedad rota, donde la ruptura del contrato social generó un sistema darwiniano donde también habita la política, eso que todos desprecian pero de donde nadie se va. Algo bueno debe tener.&nbsp;</p><p>Tiempo atrás Martin Menem me contaba que cada vez que hablaban de cerrar los FISU, los fondos de promoción, los diputados de Entre Ríos saltaban de la silla para que no se toque una coma de esos fondos. Ahí, donde se produce Nuez Pecan con subsidios estatales, pero sin que se note porque es toda gente adorable.</p><p>El otro día hablaba con Ricardo Roa en Plaza Mitre, un periodista de fuste, ácido, inteligente, pícaro que encuentra en el final de su carrera un despliegue de niveles difíciles de empardar. Nunca vimos tanto clima de violencia contra el periodismo. Yo creo que era necesario, nos bancamos los ataques porque hicimos muchas cosas mal. Nos amenazaban de muerte en 2008 durante el kirchnerismo, así que tampoco es original desear tragedias por X, como hacen los guapos eunucos de las brigadas de Santiago Caputo, apenas un monotributista de una empresa sin actividad que asiste a viajes oficiales y reuniones de Gabinete sin un cargo.&nbsp;</p><p>Santiago Caputo representa la impunidad de la política. Sin cargo echa ministros, sin cargo decide la suerte de periodistas. Un amigo del área de Educación fue amenazado directamente después de dejar el área por posible filtración de información. Caputo, creame señor Presidente, es tal vez más peligroso que lo peor del &nbsp;periodismo.&nbsp;</p><p>Dicho esto, si los médicos, los delegados, los políticos, los periodistas, los arquitectos a la hora de comprar materiales dirigidos al mismo proveedor, las embajadas, los gremialistas. ¿No será que la sociedad está rota y tenemos que rearmarla entre todos? Necesitamos bajar cinco cambios, nosotros, vos, ustedes, todos. A disposición para colaborar en lo que necesite.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YtoyVVtzL_E7rJ7bxfD-jJ_mlW8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/franco_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La mirada del director de Newstad en el Día del Periodista. Una sociedad rota que necesita consensos.]]>
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                <published>2026-06-07T11:57:16+00:00</published>
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            Tandil: El tobogán de la decadencia
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                <![CDATA[Jorge Luis Paulin]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l32ZlJGBTuRUcrrJHBZLCEPXbVk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/valores.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Una muestra más de la decadencia educativa argentina. Corría marzo de 1957 y después de una adaptación de unos treinta minutos, mi padre me confirmó que se iniciaba mi periodo escolar. En ese año el Colegio San José de Tandil, a cargo de Hermanos de la Sagrada Familia, se aprestaba a celebrar sus 50 años de existencia valorada por toda la comarca.</p><p>Claramente no fue fácil ni simple para mí llevar a cabo la tarea diaria pero con el paso del tiempo pude ver que de manera subliminal nos fueron aportando elementos básicos para nuestra vida. Todos los días una máxima que el cura ponía en el frente guiaba nuestro quehacer: “Haz bien sin mirar a quien” y miles más. Trabajar en equipo a diario. El deporte como integración imprescindible para toda la vida. Y el respeto. El respeto al otro y más a padres y autoridades como consecuencia de una manera de vivir con valores.</p>Cambio de época. Tandil, de los valores a la violencia en las escuelas.<p>Todo eso siempre aparece sin buscarlo y está incorporado a la manera de vivir de aquellos que recibimos ese mensaje. Es por todo eso que la noticia de la agresión física a un profesor&nbsp; por parte de un alumno de sexto año me conmocionó.</p><p>Creo que algo se ha quebrado severamente en la educación de los jóvenes desde hace mucho tiempo y sin dudas expresa un evidente déficit en la transmisión de valores más allá de los endebles contenidos que muestran las evaluaciones.</p><p>Siempre reconozco que la responsabilidad de nuestra generación fue dejar espacios vacíos que fueron ocupados por otros valores que no han apuntado a engrandecer nuestra patria.&nbsp;</p><p>El explícito deterioro educativo ya está instalado y es competencia de autoridades, padres y aquellos como yo que a los 75 años somos la memoria activa de una Argentina que educó y actualmente se desvela en el conflicto de rectificar el camino extraviado o seguir en el tobogán interminable de la decadencia.</p><p>Sin buscar a los responsables ni aventar viejos conflictos, nos compete a todos con inteligencia y creatividad refundar una nueva forma de educación con visión clara de valores comunes para iniciar una nueva aventura educativa para los que vivirán la próxima Argentina.</p>Valores. Un colegio con tradición y legado que hoy enfrenta un desafío dentro de una sociedad violenta.]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l32ZlJGBTuRUcrrJHBZLCEPXbVk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/valores.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Violencia en una escuela. Los valores de San José en los sesenta y el legado de una generación.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-06-07T11:20:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-07T11:04:48+00:00</published>
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            Vecinos
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        <author>
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/vecinos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/001j9TuuRhv1ppoDXRexGpPsM-E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/vecinos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El fin de semana suele ser un momento en el que el tiempo juega a nuestro favor. Caminás con la falta de atención justa como para no sucumbir debajo de un colectivo, mirás a media altura, sin el pensamiento enfocado en lo que sigue o en lo que te espera en la oficina. En el medio de ese tiempo donde no sabés si disfrutás a medias o si esperás la tortura del lunes, me crucé en el ascensor con un hombre cuyo semblante era, por definirlo rápidamente, oscuro como de martes lluvioso. Mirada al piso, silencio incómodo, oídos sordos al saludo del sábado y tres pisos hacia abajo que duraron una eternidad. Se bajó, salió presuroso hacia la puerta de calle, abrió y se fue. Lo mandé a cagar internamente y ahí me di cuenta de que era uno de mis vecinos que vive algunos pisos más arriba.</p><p>Las tormentas diarias que nos aquejan funcionan como excusa para olvidar el saludo o la sonrisa. Lo entiendo. Como también entiendo que cada uno tiene sus luchas personales y que, encima, el país no ayuda demasiado para sonreírle al gordo que vive metros más abajo. Es verdad.</p><p>Tomé Larrea hacia el este y seguí caminando. A los dos o tres pasos, pensé en eso que más de una vez aseveramos y que no siempre comprobamos. La ciudad de hoy te aísla. Somos millones de soledades peleando por lo nuestro. La distancia que nos separa del prójimo es cada vez más amplia. Aunque nos choquemos en el palier y nos saludemos con una sonrisa impostada.</p><p>Pase el tiempo que pase, hay cosas que no cambian. O, mejor dicho, hay cosas que tienen una memoria tan fuerte que se resisten al olvido. Los años 80, con su mezcla de aire de cambio y esa pátina de lo que ya no estaba, tuvieron en los barrios una expresión única, un micromundo donde la vida se desplegaba como un gran escenario a cielo abierto. Y los protagonistas, claro, eran los vecinos.</p><p>Eran tiempos donde el portero del edificio, que eran menos que los de hoy, más que un empleado, era el guardián de todas las historias. El que sabía quién venía, quién se iba, a quién le habían roto el corazón o quién había llegado con un auto nuevo. Doña Rosa, la de Planta Baja y no la de Neustadt, con sus persianas siempre entreabiertas, era la cronista de la cuadra. Su vida entera transcurría detrás de ese vidrio, observando y comentando con una precisión digna de un periodista de investigación.</p><p>En Villa Luro, barrio de casas bajas, los edificios eran potestad de las avenidas. Sobre la calle Camarones, los umbrales y las casas con fondo eran el escenario más común. Eran como mundos amurallados por ligustrinas y medianeras de ladrillo a la vista. La casa con fondo de los años 80 no era solo una tipología edilicia; era la declaración de principios de la clase media que supo ser el motor de la Argentina, y era también el escenario de una vida que hoy parece extinguida. Una higuera de hojas ásperas, un limonero que abastecía a todo el barrio, una parra moscatel de sombras amables y un níspero pegajoso completaban el escenario.</p><p>El almacén de la esquina, de paredes pintadas de un ocre viejo y con olor a pan recién horneado, era el centro de operaciones. Allí se intercambiaban recetas, se comentaban las noticias del informativo del mediodía y hasta se armaban los planes del fin de semana. El almacenero, con delantal blanco y un lápiz detrás de la oreja que se usaba solo cuando pedíamos que lo anotara para mamá, era el gran confidente, el que escuchaba los secretos de todos y los guardaba celosamente.</p><p>En los 80, la vecindad era una red de afectos y conflictos, una familia extendida donde todos se conocían, se ayudaban y, a veces, se peleaban con el mismo fervor. No importaba si eras de derecha o de izquierda, si te gustaba el tango o el rock. Lo que importaba era la cercanía, la seguridad de saber que si te pasaba algo, siempre habría una mano amiga o una silla en la vereda para charlar. Los vecinos eran un universo en sí mismo, un reflejo de la vida, con sus luces y sus sombras, pero siempre, siempre, con las puertas abiertas.</p><p>Siento una nostalgia particular por aquellos años. No solo por la música, la ropa, los amores de la primaria o los autos, sino por una forma de vida que se fue desdibujando. En esos días, el barrio era una extensión de la casa, y los vecinos no eran solo los que vivían al lado, sino que eran verdaderos protagonistas de nuestra vida cotidiana. El concepto de red social no existía, pero su esencia estaba ahí, en la señora que te prestaba una taza de azúcar, en el vecino que te arreglaba la canilla que gotea y en la vecina que nos miraba mientras mamá hacía las compras.</p><p>Con pocos más de diez años, los chicos éramos una parte fundamental de esa trama. Las calles eran nuestro estadio, nuestro campo de batalla futbolero y también nuestro escenario para jugar a la Mancha, al Poliladron, al Quemado o al Elástico. Las madres nos llamaban a los gritos desde la puerta de calle, y la respuesta era una señal de que la jornada de juego había terminado. Los vecinos actuaban como una especie de tíos o abuelos sustitutos. Te retaban si te subías a una medianera, pero al mismo tiempo te daban agua de la canilla del pasillo cuando te morías de calor. Era una crianza comunitaria, donde todos se sentían responsables de nuestro crecimiento. El barrio era un escenario vivo, un lugar donde los lazos sociales se tejían de forma natural y espontánea. No había necesidad de agendas o citas. Simplemente se salía y la vida sucedía.</p><p>La vereda ya no es lo que era. Y aunque esto se parezca al lamento de un viejo tanguero, es más bien la constatación de una grieta invisible que el tiempo fue cavando entre el empedrado y el alma de los barrios. Porque si uno se detiene hoy en cualquier esquina de Buenos Aires a ver discurrir el hormiguero humano, cuesta creer que seamos los mismos que habitamos aquella intemperie feliz de los ochenta.</p><p>Estas líneas no suponen una invitación a mirar el ayer con nostalgias baratas, sino con los ojos del que sabe que perdimos algo valioso en el trueque con el progreso. Porque no me vas a negar que hoy la vereda es como un desierto apurado. Caminamos con la mirada clavada en una pantalla de cinco pulgadas, esquivando baldosas flojas y miradas ajenas. Los frentes de las casas, antes abiertos al saludo y la sonrisa, con Pugliese o Julio Iglesias brotando de sus combinados, hoy se esconden detrás de rejas y cámaras de seguridad que desconfían del que pasa. Hoy las persianas bajas blindan secretos que a nadie le importan, y el silencio de las tardecitas se llena con el zumbido de los motores y el apuro por llegar a ninguna parte. Nos ganamos la comodidad de la cerradura electrónica, es cierto. Pero entregamos la llave de la confianza.</p><p>En estas líneas descubro, una vez más, que la memoria es el rastro del sol sobre las baldosas calientes del patio del abuelo; y el olvido, la sombra silenciosa que avanza cuando la tarde se apaga. Quizás el error sea buscar el barrio en el mapa y no en nuestra memoria.</p><p>Miro la vereda vacía mientras suenan las teclas. Está iluminada por el neón frío de una pantalla pública, y no puedo evitar la nostalgia de aquel territorio de puertas abiertas, donde el destino era un asunto colectivo y la felicidad se medía en sonrisas bajo la sombra de un árbol que servía de arco en la placita Don Bosco. Nos queda, al menos, el desafío romántico de volver a mirarnos a los ojos cuando nos crucemos en el palier. Aunque creo que, por cómo inició esta nota, debería mudarme. Al fin y al cabo, el barrio no eran las casas, las esquinas ni las lejanas vidrieras de la avenida. El barrio éramos nosotros.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/001j9TuuRhv1ppoDXRexGpPsM-E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/vecinos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La pluma de Raúl Vázquez en su homenaje a esa familia que e gesta al compás de las tardes y los años en familia.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-05-17T16:34:36+00:00</updated>
                <published>2026-05-17T16:33:05+00:00</published>
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        <title>
            Figuritas
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/figuritas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yv56ILPFlyoU1knX_clHEMHCkk4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/figuritas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde hace unos pocos días somos testigos del renacimiento del furor por las figuritas del mundial. Como ocurre cada cuatro años, seremos testigos de cómo el comercio y la pasión estarán unidos por el deseo de tener pegadas en el álbum la imagen del lateral derecho de Uzbekistán o del arquero suplente de Cabo Verde. Una vez más, el fútbol (que, como todos sabemos, de las cosas menos importantes es la que más nos importa) será la excusa para llenar nuestros bolsillos de rectángulos con fotos y nombres desconocidos para que nuestros hijos, sobrinos y (¿por qué no?) nosotros, lleguemos a completar los 48 equipos que jugarán desde junio el Mundial 2026.</p><p>Quienes hemos pasado los 50, tenemos el gran privilegio de haber visto a la Argentina campeón del mundo tres veces y, en consecuencia, tenemos los mejores recuerdos de las tres estrellas. Eso, además de convertirnos indefectiblemente en viejos, nos hace también personas con la experiencia suficiente como para recordar y entender lo que significaba abrir un paquete de figuritas y sonreír silenciosamente cuando veías emerger del sobrecito la inigualable figura de Mario Kempes o Daniel Bertoni.</p><p>Recuerdo mi pequeñez y el sol de la tarde pegando de costado en las veredas de Villa Luro, recortando sombras largas sobre esas baldosas arenosas estilo vainilla. No era un sol cualquiera; era el reflejo de un escenario donde se dirimía el prestigio, la fortuna y el honor de la infancia. En el bolsillo del pantalón corto, o inclusive en la mano, el pilón de "repes" atado con una bandita elástica funcionaba como el pasaporte a un mundo de transacciones febriles. El Merval, la Bolsa de New York o los mercados de Tokio eran nada al lado del comercio que se generaba en recreos, esquinas y quioscos.</p><p>Hoy, cuando veo esos sobres metalizados, brillantes como fuselajes de naves espaciales, no puedo evitar sentir que algo se rompió en el camino. No es solo el paso del tiempo, que actúa como un viejo cartero que siempre golpea dos veces. Es la textura de la emoción que cambió y que nos trajo hasta aquí.</p><p>Abrir un paquete de figuritas en los años 80 era vivir la liturgia del sobre y el aroma del misterio. Era un ejercicio de misticismo laico. El sobre era de un papel humilde, algo rugoso, que se resistía un poco al tirón de los dedos. Al rasgar el borde, lo primero que nos asaltaba era un aroma particular, una mezcla de tinta fresca y ese pegamento seco que hoy parece haber desaparecido de la faz de la tierra. Allí nacía un microsegundo de suspenso absoluto. Entre las manos sucias de vereda y casa chorizo, podía aparecer el rostro heroico de un arquero con buzo de lana o, con suerte, la difícil, esa figurita que por alguna alquimia del destino y de la imprenta, se negaba a aparecer en los quioscos del barrio pero que, según juraban en la escuela, un primo de un amigo de un vecino había conseguido en una excursión lejana a Mataderos, Liniers o Ciudadela.</p><p>Hoy, la tecnología ha domesticado la sorpresa. Los álbumes modernos son maravillas del diseño gráfico, con efectos holográficos, realidades aumentadas y códigos QR. Pero, paradójicamente, esa perfección les quita el alma. El niño de hoy abre el sobre con la velocidad del que consume un contenido de TikTok: rápido, eficiente, descartable. La expectativa se ha vuelto industrial. Ya no hay lugar para la leyenda urbana de la figurita imposible porque el mercado, en su afán de permitir que todos intentemos llenar el álbum sin tropiezos evidentes, ha eliminado el misterio para darle lugar a la efímera alegría que supone una página completa y que pasa al recuerdo en un instante, justo cuando el desafío de la siguiente página incompleta se hace protagonista.</p><p>Juntar fichus era para nosotros en los 80 solo la mitad del asunto. La verdadera épica se escribía cuerpo a tierra. Porque la verdadera razón por la que todos nos desvivíamos por tener figuritas era el juego. No el que aparece en los celulares, promocionado como casinos digitales y que puede enfermar a nuestros hijos para siempre. No. No era ese. Jugar a las figuritas, como todos sabemos, era una disciplina deportiva que requería técnica, psicología y una resistencia física envidiable para nuestras rodillas hoy maltrechas.</p><p>Los más destacados, dignos de formar parte de los Juegos Olímpicos, eran tres. La Tapadita o El Chupi, que sucedía al instante de un golpe seco con la palma de la mano, buscando el vacío, el efecto succión que diera vuelta el cartón ajeno. El Punto, un juego pensado para los más rústicos, donde la puntería y la distancia lo eran todo. Y El Espejito, último de la trilogía perfecta, que era una verdadera danza de reflejos y astucia que por lo general se jugaba cuando las repes eran muchas y el peligro de quedarse pelado (que era quedarse sin figuritas, y no sufrir de calvicie) era lejano.</p><p>Enfrentarse al enemigo circunstancial del grado era poner en juego el patrimonio. Perder una figurita brillante del escudo de nuestro club amado dolía más que una mala nota en matemáticas. Y salir derrotado de ese encuentro representaba una pérdida de prestigio sólo comparable con aquellos que esgrimían figuritas limpias y relucientes, que dejaban entrever que eran hijas más del dinero de los tíos del centro que de las batallas en el campo del honor. Porque las figuritas con las que jugabas se gastaban, se les redondeaban las puntas de tanto trajín, se curtían en la batalla del piso áspero del colegio. Y esa pátina de uso era la marca de un verdadero veterano de guerra.</p><p>Hoy, el juego parece haber migrado a la pantalla. Los chicos intercambian cromos digitales en aplicaciones o juegan partidas en consolas donde los jugadores son polígonos perfectos. El tacto ha sido reemplazado por el clic. Se gana y se pierde en un vacío aséptico, sin el olor a tierra, sin la fricción del cartón contra la piel, sin la mirada fija en los ojos del rival para adivinar su próximo movimiento. La milagrosa llegada las figuritas del Mundial vino, en parte, a destruir pacíficamente un mundo de algoritmos donde, a fuerza de desengaños digitales, perdimos la inocencia que nos daba la frenética búsqueda del volante tapón de Chaco For Ever. Dios quiera que nuestros hijos o nietos jueguen y vivan este álbum 2026 con el entusiasmo que lo vivimos nosotros. Y que reconozcan para siempre aquellas reglas no escritas, verdaderos códigos de honor que se transmitían de generación en generación en los patios del colegio o en el umbral de nuestras casas.</p><p>Acumular para completar el álbum era el equivalente infantil a terminar una carrera universitaria. Y pegar cada figurita, además de experimentar como nunca la sensación del deber cumplido, era un acto de precisión quirúrgica en la que jamás nos hubiéramos imaginado que en estos tiempos podría resolverse con figuritas autoadhesivas. Usábamos plasticola o, en los casos más rústicos, un rollito desprolijo de cinta Scotch. El álbum iba engordando, cobrando vida propia, convirtiéndose en un objeto de consulta permanente.</p><p>&nbsp;</p><p>En aquellos días, la industria de las figuritas también contemplaba asociaciones. Juntar con alguien y ser socios en el llenado de las páginas, era la respuesta del mercado a la falta de recursos. Por lo general, algunos compraban un álbum sabiendo de antemano que no iban a contar con suficientes figuritas. Ahí nacía la idea de compartir los gastos, generar ganancias en tándem y ahorrar dinero. Se unían y trabajaban por el objetivo. El problema era resolver quién se quedaba con todo una vez que se llenaba el ejemplar. ¿Se sorteaba? ¿Se lo llevaba uno cada semana? ¿Se lo quedaba el que más aportó a la causa? ¿Lo definían a los golpes? Nunca lo supe. Lo cierto es que tal vez en esas rencillas de primaria estábamos descubriendo sin querer las injusticias del mercado y hasta la convivencia de clases.</p><p>Pero volvamos a las figuritas, la verdadera esencia de nuestra vida de primaria, previa a los amores esquivos que llegarían después. Mirar las caras impresas en el cartón de los jugadores en los 80 era asomarse a la estética de la resistencia: bigotes espesos, melenas al viento sin el rigor del gel, camisetas de piqué empapadas de sudor y botines invariablemente negros. Eran hombres que parecían más grandes de lo que eran, estrellas de un fútbol que todavía olía a barrio y a domingo de radio. Ídolos cercanos que se parecían a lo que soñabamos ser.</p><p>Hoy, el álbum es un producto de marketing global. Los futbolistas pegados en sus hojas delgadas son modelos de pasarela con cortes de pelo milimétricos, barbas dibujadas y tatuajes que parecen diseñados por computadora. Ya no hay espacio para el error, para la figurita descentrada o el color desfasado por errores de imprenta. La nostalgia nos dice, sin dudas, que preferimos aquella imperfección humana sobre este impecable presente digital.</p><p>¿Por qué nos sigue doliendo el recuerdo de aquel sobrecito de figuritas? Quizás porque en ese trozo de cartón estaba contenida toda nuestra capacidad de asombro. Éramos dueños de un imperio que cabía en una caja de zapatos. No necesitábamos algoritmos para ser felices; nos bastaba con un "late-nola" gritado con los nervios que nos da la incertidumbre. El coleccionista de hoy, muchas veces un adulto que intenta recuperar el tiempo perdido comprando cajas cerradas por internet, busca en el brillo del cromo un reflejo de su propia infancia. Pero la magia no se puede comprar al por mayor. La magia de nuestros días residía en la escasez, en el deseo postergado, en la caminata hasta el quiosco rogando que hayan llegado los paquetes y que no me toque otra vez el Conejo Tarantini.</p><p>Hoy, cuando el mundo nos exige ser productivos, eficientes, prolijos y estar siempre conectados, el recuerdo de las figuritas aparece como un refugio. Nos lleva a ese momento en el que lo más importante en la vida era conseguir la cara del puntero derecho de Platense. Y aunque el álbum de nuestra vida ya pasó por varias hojas la mitad, nos queda al menos la nostalgia teñida de ese aroma a tinta y cartón que todavía flota en algún rincón de la memoria.</p><p>Por más que el juego haya cambiado, aquel niño que fuimos todavía sigue ahí, esperando que el próximo sobre contenga, por fin, la figurita más difícil de todas. Esa que, a fuerza de deseo, se resume simplemente en la imagen de nuestros viejos abrazándonos para siempre.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yv56ILPFlyoU1knX_clHEMHCkk4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/figuritas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Mundial 2026 reaviva una pasión que cruza generaciones: abrir sobres, cambiar repetidas y perseguir la más difícil.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-05-03T15:26:03+00:00</updated>
                <published>2026-05-03T15:22:52+00:00</published>
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        <title>
            Amores
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2ILi003RZSagYMifi6WyS1w3ftA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/amores.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>La puerta del subte D se abrió y devoró a los pasajeros camino a Belgrano, como cada mediodía a la salida de la radio. Ya tomado del pasamanos, y antes de meterme en la improductiva vorágine del celular, me sorprendió el beso apasionado de una pareja que no debería tener más de dos o tres años juntos. La experiencia te ayuda, entre otras cosas, a reconocer el amor, su intensidad y también a tener alguna certeza sobre el tiempo o la calidad de relación de algunos desconocidos. Es cuestión de proponérselo, de observar y de reconocer algunos detalles que cambian a medida que pasan los años. Vos sabés de qué estoy hablando.</p><p>Lo cierto es que a la altura de Callao o Facultad de Medicina, la amorosa pareja cambió el semblante y empezaron a discutir. No sé sobre qué. Tampoco importa. La cosa es que a pocos segundos de llegar a Carranza, ella se paró de un salto mientras, entre susurro y grito, lanzó un “¡Siempre lo mismo!”. ¡Estoy harta!”. Dejó el vagón apurando el paso y, quién sabe, dejó también a su pareja. No lo sé; tal vez, fue el comienzo o la triste continuidad de una forma de relación que, a poco tiempo de iniciarla, empezó a ser pasado. Andá a saber.</p><p>Mientras ella se alejaba y él sacaba su celular del bolsillo interno del saco, se me ocurrió pensar que a simple vista, el amor de hoy es muy similar a scrollear en TikTok. Si no va, lo pasás. Y si te gusta, te quedás un rato y te vas. Bien distinto al amor de quienes cumplimos más de 25 años de casados. Ni que hablar, si lo comparamos con el de nuestros viejos, una verdadera oda a la perseverancia.</p><p>Guardé mi celular y entendí que no estaría mal bucear un poco. Me preparé para bajar en Juramento y ahí, entre mi repetido insulto por la maldita escalera mecánica que nunca funciona, empecé a delinear en mi mente alguno de los párrafos que aquí intentarán comparar el amor de antes con el de nuestra parejita amiga. Un desafío complejo y profundo. Veremos.</p><p>En principio, podemos decir que existe un perfume que ya no se siente en las veredas de la ciudad. Un aroma sutil, casi invisible, mezcla de las sensaciones que teníamos en los zaguanes de los años jóvenes, en las esperas bajo la lluvia con un ramo de flores envuelto en papel celofán, o de las cartas escritas a mano donde cada palabra era un compromiso sellado con tinta, fervor y una pizca de esperanza.</p><p>Podemos sumar algo si también afirmamos que nosotros nada tenemos que ver con el amor que creció en un algoritmo. Y mucho menos nuestros padres, quienes se enamoraron con la mirada, con el mandato, con la duda atravesando el alma o hasta con el roce fortuito en un baile de club. Los de nuestros viejos eran tiempos donde el amor no era una opción de menú en una pantalla táctil, sino un proyecto de ingeniería emocional que se construía ladrillo a ladrillo, con la certeza de que la casa, una vez levantada, no se abandonaba ante la primera gotera.</p><p>Nuestros padres, y en una de ésas también nosotros, entendieron a la fuerza algo que hoy parece una lengua muerta: que el amor es, esencialmente, una forma de la voluntad. No se trataba solo de mariposas en el estómago (que seguramente las había), sino de la convicción de que el otro era el compañero de trinchera para la batalla de la vida. Se casaron jóvenes, con más sueños que ahorros, y fundaron hogares sobre la base de un aguante que hoy suena a sacrificio, pero que para ellos era simplemente la forma natural de transcurrir los días.</p><p>Ya hablamos en este foro sobre la mística del zaguán y del teléfono de Entel. Pero no viene mal traerlo a la mesa nuevamente. Al menos como para hacer notar la diferencia de esfuerzos que implicaba el amor cuando éramos chicos. En los 70 y los 80, el amor era un ejercicio de resistencia. Para ver a tu novia, había que sortear la mirada inquisidora del futuro suegro en el living, bajo la luz mortecina de una lámpara de pie. No había mensajes de WhatsApp para avisar que estabas llegando. Se llegaba. De una y sin avisar. Y si no se llegaba, el vacío se llenaba con la angustia de lo incierto, lo que le daba al encuentro posterior una intensidad casi eléctrica.</p><p>El compromiso se forjaba en la escasez. Un llamado telefónico era un evento. Había que esperar a que la línea estuviera libre, discar número por número en aquellos aparatos negros de Entel que pesaban como una conciencia, y rogar que atendiera ella y no el padre. Esa dificultad no era un obstáculo; era el abono del deseo. Deseábamos aquello que nos costaba conseguir. Y como todos sabemos, lo que cuesta conseguir, se cuida con un celo casi religioso. No sé si los chicos de hoy podrán saborear esa victoria.</p><p>Las parejas que llevamos alrededor de 25 años juntas somos observadas con una mezcla de envidia, incomprensión y asombro. Nos ven como a los sobrevivientes de un naufragio cultural. Somos, sin darnos cuenta, el eslabón perdido, el puente entre dos mundos. Porque crecimos con la disciplina de los 70 y los 80, pero nos tocó criar a nuestros hijos en la era de la inmediatez. Bastante bien estamos.</p><p>¿Y cómo hicimos para llegar hasta acá? La respuesta es corta y contundente: no tiramos la toalla cuando la toalla se manchó. Somos parejas de plata que comprendimos que el amor de 25 años es un sentimiento que se arruga, que a veces se nubla, que atravesó el tamiz de las crisis económicas, de las enfermedades, de la duda, de la crianza agotadora, del envejecimiento, del cuerpo que cambia, de las mañas que se acentúan y, sobre todo, del tedio. Pero también somos, orgullosamente, el exitoso resultado de todo eso.</p><p>El tedio es el gran enemigo del amor moderno. Quienes somos pareja desde hace más de un cuarto de siglo supimos domesticar la rutina. Entendimos que el silencio en el desayuno no es falta de interés, sino la comodidad de saber que el otro está ahí, que el amor no es a los gritos ni crece a fuerza de charlas intrascendentes. Tuvimos la capacidad de perdonarnos las miserias cotidianas y de soslayar las pequeñas decepciones. Nuestro compromiso, más que un contrato firmado ante un juez, es un pacto silencioso que se renueva cada mañana en el simple acto de seguir eligiendo a la misma persona, a pesar de conocerle todos los trucos.</p><p>Crucemos ahora de vereda para encontrarnos con el presente. El panorama es, cuanto menos, desolador para los nostálgicos del compromiso. Vivimos en la era de la obsolescencia programada y, lamentablemente, hemos aplicado ese ruinoso concepto a las relaciones humanas. Hoy, el amor es una mercancía más en el mercado de la gratificación instantánea.</p><p>Las parejas actuales han sido educadas en la cultura del descarte. Si el celular se vuelve lento, lo cambiamos. Si la aplicación se tilda, la borramos. Si el plasma pasó dos mundiales, a la calle. Y si la pareja presenta un conflicto, soltamos. Se ha confundido la salud mental con la incapacidad de tolerar el mínimo malestar. El compromiso se percibe como una cárcel; y la libertad, como una sucesión infinita de opciones que nunca devienen en algo profundo.</p><p>El macheo de las aplicaciones ha despojado al encuentro de su mística. Se elige por catálogo, basándose en una estética filtrada por Instagram. El otro ya no es un misterio a descubrir, sino un objeto de consumo. Y como todo objeto de mercado, genera una satisfacción efímera que exige una renovación constante. ¿Para qué esforzarse en reparar una relación que tiene una falla si puedo deslizar el dedo hacia arriba y encontrar un repuesto nuevo en pocos minutos?</p><p>La falta de compromiso en la mayoría de las parejas jóvenes es el síntoma de una sociedad que le teme al dolor. Amar en serio duele. Exige ceder, negociar, postergar el ego propio en función del concepto de nosotros. El problema es que ese nosotros es hoy una entidad muy frágil, casi transparente. El individualismo feroz nos ha convencido de que cualquier sacrificio personal en pos de la pareja es una pérdida de autonomía.</p><p>Vemos parejas que conviven meses y se separan por una discusión que para nuestros viejos o para nosotros no merece siquiera una mirada. Vemos vínculos que se rompen por mensaje de texto porque uno de los dos está aburrido o confundido. Les falta ese espesor emocional que tienen los amores que nacen dudosos, se hacen fuertes y llegan por fin a tener la piel curtida para aguantar las tormentas. El amor, definitivamente, ha cambiado la profundidad del océano por la comodidad de una Pelopincho: es más segura, sí. Pero no tiene horizonte.</p><p>El amor moderno es un amor con miedo. Miedo a perderse algo mejor, miedo a ser vulnerable, miedo a que el otro vea nuestras cicatrices, miedo a las dudas y miedo al engaño. Por eso se mantiene en la superficie, en lo lúdico. Sin comprender que en la superficie no están las raíces que lo sostienen.</p><p>¿Es mejor el pasado que el presente? No necesariamente. Había en los 70 silencios que ocultaban dolores que hoy, por suerte, se hablan. Había también parejas con amores dolorosos y angustiantes que no debieron consumarse. Sí, es cierto. Había individualidades que caminaban disfrazadas de pareja que no debieron unirse. Parejas que con solo verlas cruzar la calle reconocíamos que algo había fallado y que simplemente no se atrevían a desviar sus caminos. Es verdad. Pero en esa búsqueda de la transparencia, en ese temor a que no nos quieran y al fracaso, hemos perdido la solidez que da el amor que se entrena. El amor con errores. Con perdón. El amor que reconoce a la persona de la que nos enamoramos y que, cambiada, con la piel arrugada y con algunas heridas a la vista u ocultas, vuelve a aparecer en esa sonrisa que se le dibuja cuando nos ve llegar.</p><p>Lo peor de todo es que se terminan los renglones y no encuentro las respuestas. No sé qué ha pasado con el amor. No sé si hoy es superficial y antes era forzado. No lo sé. Quizás el secreto esté en mirarlo no como un sentimiento que se tiene, sino como algo que se hace. Con paciencia, con perdón y, fundamentalmente, con la idea de que las cosas valiosas son las únicas que merecen ser reparadas.</p><p>Mientras tanto, en las pantallas de los celulares, la danza de rostros continúa. Nuestro pulgar se desliza y nos muestra miles de opciones para corazones que, irónicamente, se sienten más solos que nunca. En una de esas falta la valentía necesaria para quedarse cuando todo nos invita a escapar. Porque al final del día, el amor no se trata de encontrar a alguien perfecto, sino de construir una historia con alguien que, al igual que nosotros, está dispuesto a no soltarnos la mano cuando el camino se pone empinado.</p><p>Ahí está el verdadero amor. En el que no se baja del subte.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2ILi003RZSagYMifi6WyS1w3ftA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/amores.png" class="type:primaryImage" /></figure>Un recorrido íntimo que contrapone la lógica del compromiso con la cultura del descarte contemporáneo.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-19T13:05:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-19T12:54:47+00:00</published>
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        <title>
            Malvinas
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3tXnbGdTMMDhPmEfWJOdOtiFtUI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Recuerdo con una mezcla de estupor y nostalgia la mañana en que nos juntamos con mis compañeros de primaria a juntar chocolates. Recuerdo también la inocencia con la que tratábamos de enviar en cada envoltorio la misma cantidad de gramos, como para ser justos con cada soldado. Con el tiempo, me di cuenta de que ese acto de justicia fue tal vez el único o el último que la sociedad había tenido con esos chicos que nos defendían del invasor.</p><p>La Escuela Gendarmería Nacional de la calle Juan Agustín García, en la que se cobijaba mi infancia, se había hecho eco, como tantos otros colegios, de la idea de dedicar algunas jornadas a enviar chocolates y cartas a los soldados. Necesitaban armas, abrigo, órdenes coherentes y nosotros les enviamos chocolates y dibujitos.</p><p>Con la inocencia de los doce años, llenos de esperanza, en la certeza de que estábamos ganando y envueltos en la ignorancia de creer que el imperio británico no iba a venir desde tan lejos a reclamar lo que habían robado, algunas decenas de chicos de primaria resolvieron hacer patria de la manera en que podían. En mi caso, además, era la oportunidad de estar cerca de Ana María, aquel amor esquivo del que ya hablé en esta columna. Lo cierto es que esa mezquina idea de armar paquetitos de dulces al lado de la compañera que me gustaba, más la posibilidad de dejar de sufrir con las matemáticas, puso un poco de manifiesto esa idea de que la guerra nos parecía a todos algo distante. Como un juego que, amparados en la seguridad de Buenos Aires, nunca íbamos a padecer. Porque estábamos lejos.&nbsp;</p><p>Tan lejos como el principito de Buckingham o la casa de Alexander Haig. Para nosotros, la guerra era una aventura lejana, una película de las de antes, pero con nuestros colores. Y esos chocolates en bolsitas de nylon, y esas cartas, iban a ser recibidas por soldados que eran para nosotros gigantes invencibles protagonistas de una película que iba a tener final feliz.</p><p>A medida que la mañana pasaba con Ana María siempre distante y mientras las Titas y las Rhodesia se iban en tándem con los alfajores Milkybar, había algo en el aire de ese otoño que no terminábamos de entender, pero que nos llenaba el pecho de orgullo. Mis compañeros y yo teníamos la edad en la que dejábamos de jugar a los soldaditos para empezar a mirar el mapa con una seriedad impostada, creyendo que el destino del mundo pasaba por el patio de la escuela. Después, cuando meses más tarde la derrota nos puso delante de la verdad revelada, todo fue desengaño.</p><p>Recuerdo el frío de esa mañana que, más que para bufanda y guantes de lana, era como un frío conceptual que salía de la radio, de las voces graves que hablaban de una gesta mientras nosotros, en el recreo, jugábamos a ser Kempes en el Mundial 82. Recuerdo también, aunque vagamente, ver al director de la escuela, un tal Tomasi, ayudando con alegría en la logística de los chocolates. Y, en un instante, emerge de mi memoria su imagen en la Dirección. Leía el diario en silencio, encorvado sobre la tinta, con el ceño fruncido impuesto por lo que sucedía en Puerto Argentino, mientras el humo de su pipa dibujaba formas que a mí me parecían barcos hundiéndose en el techo del colegio.</p><p>En Villa Luro, las ventanas comenzaron a vestirse con las banderas que estaban guardadas desde el Mundial 78. Pero igual había una vibración sorda que no llegábamos a comprender. Creíamos en la victoria con la fe ciega de los que todavía no conocen la trampa de las palabras. De a poco, la sensación fue cambiando. El chocolate que mandábamos sabía más amargo. Las noticias empezaron a llegar con cuentagotas y el tono de la tele se volvió bastante más denso, más oscuro, parecido al cielo antes de la tormenta. Como ya no jugábamos a los soldaditos, empezamos a mirar a los pibes de veinte que caminaban por la calle con otros ojos, porque sabíamos que ellos podían ser los de las fotos. La inocencia se nos estaba escurriendo por las costuras de los bolsillos.</p><p>Desde nuestros doce años, lo que más nos costaba digerir no era la estrategia militar o el alineamiento de Estados Unidos con el enemigo, sino la prepotencia de lo ajeno. Para nosotros, el mapa de la Argentina en el manual de Geografía no era una opinión política, era una suerte de dibujo sagrado, como el patio de casa o el frente de la escuela. Y de repente, ese imperio que sólo conocíamos por los Beatles o por las invasiones de 1806 y 1807 que luego leeríamos en el libro de Ibañez, se volvía real, tangible y gélido. Era la sensación de que alguien, con la fuerza y la soberbia de quien se sabe superior, ponía un dedo sobre nuestro mapa y decidía que ese pedazo de turba y frío le pertenecía por un derecho de fuerza que nuestra lógica infantil no lograba procesar.</p><p>Lo que dolía, además de la muerte, por esa sensibilidad a flor de piel de la preadolescencia, era la indiferencia de esa maldita bandera cruzada. Para ellos éramos (hoy también lo somos) un punto perdido en el Atlántico Sur. Un trámite administrativo. Para nosotros, Malvinas fue el despojo de un pedazo de identidad. El colonialismo es, en el fondo, una forma de decirnos que nuestros sentimientos no valen nada frente a los intereses de la corona y el acero. El imperio británico no solo nos ganó una guerra; nos robó la idea de que el mundo era un lugar donde las cosas pertenecían a sus dueños. Nos enseñó, y de la peor manera, que la geografía se escribe con la tinta de los que mandan, aunque no tengan razón. Por eso arriesgo y digo que quien admire a ese imperio merece mi desprecio.</p><p>Volvamos a la escuela. Promediando junio y séptimo grado, el invierno se nos instaló adentro para siempre. Recuerdo la cara de Tomasi, quien debía enfrentarnos mientras izábamos la bandera sin saber qué decir. Recuerdo a Ana María llorando porque el alma de su primo se había quedado para siempre en las Islas. Recuerdo un silencio largo, espeso, que cubrió el patio del colegio y las calles del barrio con una neblina que no se iba con el sol. En esos días comprendí que se podía llorar por gente que no conocías. Aprendí que los mapas también duelen. Y que la derrota era mucho más que perder unas islas que nunca habíamos pisado. Perder también fue descubrir que nos habían mentido con la misma facilidad con la que nos cuentan un cuento antes de dormir.</p><p>A los doce años, la derrota de Malvinas tuvo para nosotros un agrio sabor a hierro y sal marina. En el momento exacto en el que supimos que los chocolates y las cartas jamás llegaron, nos dimos cuenta de que el mundo ya no era un lugar seguro, que los gigantes también caen y que, a veces, los barcos no vuelven. Nos quedamos ahí, sentados en el patio del mástil, con las banderas guardadas y el alma un poco más vieja, mirando hacia el sur, mientras el frío de Malvinas se nos quedaba a vivir en los huesos. Aquel otoño, sin darnos cuenta, y aunque el almanaque decía lo contrario, dejamos de ser chicos.</p><p>El tiempo, siempre hostil y autoritario, pasó. Para algunos, mientras tanto, las heridas de la guerra fueron sanando. Pero no para todos; porque los muertos viven en la memoria indeleble de sus familias y en el lejano cementerio de las islas.</p><p>Por vergüenza, por desinterés, por miedo, por ignorancia, por política o por lo que sea, nos fuimos olvidando de la guerra y, lamentablemente, también de los veteranos y de aquellos que murieron en ella. Recordamos su valentía y su dignidad eternas sólo en días como hoy, cuando tomamos la bandera en un puño y juramos defenderla en el café de la esquina.</p><p>En fin. Así somos. Pido perdón por la parte que me toca.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3tXnbGdTMMDhPmEfWJOdOtiFtUI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas.png" class="type:primaryImage" /></figure>El fin de la niñez y un recuerdo entre chocolates, amor no correspondido y un gusto amargo de carácter nacional.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-04-02T10:12:38+00:00</published>
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        <title>
            Carnaval
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        <author>
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dVGaSVQCtmmIUEXORZjUX7rYr0c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/carnaval.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todavía recuerdo, casi 50 años después, un mediodía de febrero caluroso y húmedo en el que salí a comprar no sé qué cosa al quiosco de la Pocha, en la calle Camarones. Nunca supe su verdadero nombre, pero para el barrio entero era la Pocha. Tenía una hermana que la ayudaba en la venta, a la que le decían la Pirucha. Y un sobrino (Ernesto, tal vez mi primer mejor amigo) que completaba el paisaje.</p><p>La Pocha y la Pirucha. Con solo pronunciar sus nombres, me invade el recuerdo de una tira que se leía en Billiken o Anteojito, Pelopincho y Cachirula. Pero esa es otra historia. Había también un Rastrojero desvencijado, pero orgulloso, que descansaba en la puerta, cuyo dueño era el esposo de la Pocha y que, a decir verdad, no tenía demasiado protagonismo.</p><p>Los quioscos, desde ya, no eran esas esquinas iluminadas y diseñadas por artistas que interrumpen nuestra caminata con sus luces y ofertas de todo tipo. El quiosco era simplemente una ventana que daba a la calle, que a su vez era parte de un ambiente extraño, tal vez una pieza que le sobraba a la casa, o un garaje que nunca llegó a ser y que se usaba para cualquier cosa, además de vender caramelos por entre las rejas. Desde afuera, veías al que compraba tocando un timbre desafinado y se abría una ventana. Eso era un quiosco. Eso eran los ochenta.</p><p>Lo cierto es que aquella tarde de febrero, calurosa y vacía, crucé Camarones hacia el quiosco y me encontré con algunos desconocidos pero amenazantes vecinos que portaban baldes llenos de agua. Tenía puestos los botines Sacachispas que me habían regalado para mi cumpleaños y que usaba hasta para dormir. Recuerdo muy bien que pedí clemencia. Alegué los botines nuevos y me propuse hacerles comprender que no estaba jugando al agua, que buscaran a alguien que sí fuera parte del juego. No sirvió. Más de veinte litros de agua (ahora recuerdo que me rodeaban cinco baldes) cayeron como catarata sobre mi cuerpo.</p><p>“Carnaval”, me dijeron justificándose. “La puta madre”, me dije en silencio a modo de desahogo. Y crucé de vuelta a casa. El timbre del quiosco que sonaba para que vengan a vender no alcanzó siquiera a ser alarma. Y no solo volví sin comprarle a la Pocha, sino que además me ligué el injusto reto de mi vieja.</p><p>Será por eso que nunca me agradó el Carnaval. O será por eso también que ahora recuerdo los retos de mi vieja y quisiera volver a escucharla, aunque sea enojada.</p><p>Hay una memoria que no se borra con el asfalto nuevo ni con el aire acondicionado. Aquellos febreros de agua se mezclan en los grises recuerdos de las veredas prestadas. Y con el de los jardines que olían a albahaca, las calles de brea caliente y ese aroma químico e inconfundible de la “nieve loca” que te raspaba la garganta y que solo compraban los que podían. Los baristas del carnaval.</p><p>Cuando éramos chicos, nuestro carnaval, el de las casas bajas y el saludo de vereda a vereda, transformaba el barrio en un territorio liberado para la alegría.</p><p>Todo empezaba temprano. No hacían falta redes sociales para autoconvocarse; bastaba con la primera bombucha o el grito de guerra de algún pibe desde una terraza. La guerra del agua era un deporte nacional en febrero, una disciplina que mezclaba la ingeniería hidráulica con la picardía criolla.</p><p>La bombucha no era el nombre de un simple globo que se llenaba de agua; era un verdadero proyectil de precisión que se complementaba con baldes y palanganas. Pasábamos horas frente a la canilla del patio, intentando nudos con los dedos ya arrugados de tanto remojo y acumulando “municiones” en viejos baldes (algunos de chapa) como si estuviéramos preparándonos para una invasión.</p><p>La leyenda urbana decía que las bombuchas blancas eran las más duras y, en consecuencia, provocaban más dolor al estrellarse con nuestras espaldas. El mito incluía que, si se las llenaba con agua y algo de tierra o arena, eran letales. Nunca lo comprobé.</p><p>Lo que sí pude corroborar es aquella suerte de jerarquía invisible que existía en la guerra del agua (la del carnaval, no la de Lilita), que suponía tres plataformas de lanzamiento: el ataque desde la terraza, donde el francotirador esperaba silencioso y paciente el paso de un caminante desprevenido; el baldazo a traición, que constituía el bautismo de fuego para el que se asomaba a la vereda demasiado arreglado; y el rompimiento de la tregua del mediodía, momento en que las veredas quedaban chorreando y el sol de las dos de la tarde secaba las remeras de algodón antes del próximo asalto. En esta última estaban los arriesgados. Los que no cumplían las órdenes superiores de tomar la siesta y hacían su guerra. Eran soldados sin patria. Fue en este lapso de tensa calma que me atraparon cruzando hacia el quiosco de la Pocha. Ahora lo recuerdo: iba a comprar bombitas de agua con la plata que me había dado mi inolvidable tía Elvira.</p><p>El carnaval de barrio era una democracia absoluta: mojabas tanto al colectivo que pasaba con las ventanillas bajas (el riesgo era la puteada o el bocinazo) como a la vecina que volvía de las compras. Y, por supuesto, mojabas a esa chica que te gustaba. Porque en los carnavales de los 80 no había mejor forma de decir “me gustás” que una bombita certera en la espalda. Era un lenguaje rudo, sí, pero terriblemente honesto. Mi objetivo en ese rubro se llamaba Cristina, la hermana de Maico, hijos de la familia rica del barrio.</p><p>Sin embargo, ahora recuerdo que mi logro más importante, el más recordado, fue lejos de Villa Luro, en la terraza de mis primos preferidos, en la esquina de Espinosa y Paysandú. Y no fue con Cristina. Fue mucho mejor. Más épico. Más inolvidable. Un 504 de techo corredizo recibió certeramente el contenido de un vaso grande con agua en medio de las piernas del conductor. Todavía recuerdo la cara de asombro y satisfacción de mi primo cuando acertamos a ese blanco móvil. Fue una verdadera demostración de estrategia, talento, cálculo y distancia. Y también fue un triunfo de la paciencia y del azar, que nos regaló un moderno 504 pasando por las calurosas calles de La Paternal.</p><p>El carnaval también suponía una fiesta popular de la que nunca fui amigo. Eso de ser felices de 18 a 23 nunca me gustó, menos cuando los bailes le dejaban su lugar a una música de dudoso gusto. Cuando caía el sol, los barrios cambiaban de piel. Se cortaba la calle principal y aparecían los tablones y las guirnaldas con luces de colores que parpadeaban con una precariedad espantosa.</p><p>Y aparecía la murga, con un estruendo que se sentía en el pecho antes de escucharse en los oídos. El tipo del bombo con platillo, el director con ropa de raso brillante y esos pibes que bailaban a fuerza de espasmos no eran lo mejor del carnaval. Todos sabíamos que la fiesta se escondía en un balde con agua y no mucho más.</p><p>Visto desde este 2026 que acaba de nacer, el carnaval de los 80 parece una postal en color sepia. Hoy los chicos juegan con pantallas, nadie conoce al vecino y las calles están blindadas por la desconfianza. Cuando éramos chicos, el carnaval te encontraba en la vereda, con la bombita de agua escondida en el balde y la radio del vecino sonando bajito; hoy lo buscamos en la pantalla del celular. No es que la fiesta haya muerto: simplemente se mudó del barrio al algoritmo. Pero para los que estuvimos ahí, para los que todavía sentimos el frío del agua en la espalda y el éxtasis de haber dado en el blanco con tu bombucha, el carnaval sigue siendo ese lugar donde fuimos profundamente libres.</p><p>Aquellos que llenamos bombitas y baldes con el agua tibia del tanque de verano vivimos el tiempo donde el barrio era una casa grande, sin rejas, y donde la única ley que importaba era la de pasarla bien, empapados de pies a cabeza, antes de que el final de fiesta nos devolviera a la realidad del guardapolvo. En los 80, el carnaval era anárquico y territorial. El escenario era la calle, así como estaba, sin filtros. Sin permisos. Los protagonistas eran el vecino, el amigo de la esquina y vos.</p><p>Hoy, la guerra del agua —un rito de vereda con baldosas flojas que nos empapaba hasta el alma— es casi una contravención. El carnaval está en el calendario. Pero antes, cuando éramos felices sin saberlo, el carnaval se escondía en un balde lleno de emoción.</p><p>Dejá de leer, dale. Estamos a tiempo. Hagámonos los desprevenidos. Dejémonos empapar por un balde lleno de recuerdos, volvamos por un rato a nuestra infancia y regresemos a casa mojados hasta las medias. Vas a ser feliz. Aunque mamá se enoje desde el cielo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dVGaSVQCtmmIUEXORZjUX7rYr0c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/carnaval.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Una memoria de veredas mojadas, infancia libre y un barrio que ya no existe, pero todavía late en febrero.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-05-07T12:00:13+00:00</updated>
                <published>2026-02-15T03:00:00+00:00</published>
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        <title>
            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del 21 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/que-santo-se-celebra-hoy-consulta-el-santoral-del-21-de-enero">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/q40YkTRaE0nOp6U8PZWipqotdo8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santa_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy, miércoles 21 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda a Santa Inés, junto a San Publio, San Patroclo, San Meinrado y San Epifanio, entre otros santos y beatos que integran el calendario litúrgico.</p><p>El santoral católico organiza el recuerdo de hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, se distinguieron por su fe, su testimonio público y, en muchos casos, por el martirio. Cada jornada propone no solo un nombre, sino también una historia que enlaza creencias, tradiciones locales y memoria religiosa. En este 21 de enero, la figura que ocupa un lugar central es la de Santa Inés, una de las mártires más jóvenes y veneradas del cristianismo primitivo.</p><p>Como recuerda el Martirologio Romano, “Memoria de Santa Inés, virgen y mártir, que siendo aún adolescente ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe y consagró con el martirio el título de la castidad. Victoriosa sobre su edad y sobre el tirano, suscitó una gran admiración ante el pueblo y adquirió una mayor gloria ante el Señor. Hoy se celebra el día de su sepultura”. Este texto resume el impacto que su vida y su muerte tuvieron en la comunidad cristiana de la Roma antigua.</p><p>Santa Inés nació alrededor del año 290, en una ciudad atravesada por tensiones políticas y religiosas. Su martirio se inscribe en el contexto de las persecuciones ordenadas por el emperador Diocleciano, uno de los períodos más duros para los cristianos del Imperio romano. Los relatos de su vida se conservan en las Actas de los mártires, redactadas en el siglo V, donde se subraya su juventud y la firmeza de su fe.</p><p>Según la tradición, Inés rechazó las propuestas de varios hombres poderosos, afirmando que ya había consagrado su vida a Cristo. Este gesto, excepcional para una adolescente de su tiempo, fue interpretado como un desafío al orden social y religioso. Incluso se negó a casarse con el hijo del prefecto de Roma, lo que derivó en una denuncia pública por su condición de cristiana.</p><p>Como castigo, fue condenada a ser expuesta en un prostíbulo, una pena pensada para humillarla y quebrar su voto de castidad. Sin embargo, la tradición hagiográfica sostiene que ningún hombre pudo tocarla, reforzando la imagen de una joven protegida por su fe. Uno de los episodios más conocidos relata que el propio hijo del prefecto intentó abusar de ella, cayó muerto de manera repentina y luego fue resucitado gracias a las oraciones de Inés, un milagro que acrecentó su fama.</p><p>Tras ese episodio, la joven fue sentenciada a morir en la hoguera. Las llamas, según los relatos, no lograron dañarla, por lo que finalmente fue decapitada. Este desenlace selló su condición de mártir y la convirtió en símbolo de pureza, valentía y resistencia espiritual. Desde entonces, su figura inspiró a teólogos, artistas y comunidades cristianas durante siglos.</p><p>El 21 de enero no recuerda solo a Santa Inés. El calendario litúrgico también conmemora a otros santos y beatos, cuyas historias reflejan la diversidad geográfica y cultural del cristianismo:</p><p>SANTORAL COMPLETO DEL 21 DE ENEROSanta InésSan Publio de AtenasSantos mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio de TarragonaSan PatrocloSan Epifanio de PavíaSan MeinradoSan Zacarías “Angélico”, de LucaniaBeatos Eduardo Stransham y Nicolás WheelerSan Albano RoeBeato Tomás GreenBeata Josefa María de Santa InésBeatos Juan Bautista Turpín du Comier y otros trece compañerosSan Juan Yi Yun-il</p><p>El santoral es, en definitiva, una forma de recorrer la historia de la Iglesia a través de biografías concretas, muchas veces marcadas por contextos de violencia, persecución o marginalidad. Cada nombre recuerda que la fe se expresó de modos distintos según la época y el lugar, pero siempre ligada a decisiones personales que dejaron huella.</p><p>La consideración de beato representa uno de los pasos previos a la canonización, mientras que el reconocimiento como santo implica una confirmación plena de ese camino. Así, el calendario no solo ordena fechas: conserva una memoria colectiva que atraviesa siglos y continúa interpelando al presente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/q40YkTRaE0nOp6U8PZWipqotdo8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santa_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Historias de fe, martirio y tradición que marcan una jornada clave del calendario religioso.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-21T03:00:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del martes 20 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tY2WEIOhtNfEuL8RdQatDSDZW64=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/san_sebastian.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La jornada del martes 20 de enero de 2026 encuentra a la Iglesia católica recordando a un conjunto de figuras cuya memoria atraviesa siglos de devoción, persecución, fe y testimonio. Entre ellas se destaca, con especial fuerza, San Sebastián, uno de los mártires más venerados del cristianismo, cuya imagen atravesó la historia religiosa, artística y cultural de Occidente. Junto a él, el santoral reúne a San Fabián, San Ascla, San Eutimio y Santa Eustoquia Calafato, entre otros santos y beatos que dejaron huella en distintas épocas y geografías.</p><p>Según el Martirologio Romano, San Sebastián fue oriundo de Milán y vivió durante el siglo III, en tiempos de las crueles persecuciones contra los cristianos. Soldado del ejército romano y miembro de la guardia imperial bajo el mandato del emperador Diocleciano, su vida encarna una de las tensiones más profundas del mundo antiguo: la lealtad al Estado frente a la fidelidad a la fe. Sebastián eligió el cristianismo, aun sabiendo que esa decisión lo conduciría al martirio.</p><p>El relato tradicional cuenta que fue denunciado por su fe y condenado a morir atravesado por flechas. Atado a un poste, desnudo y expuesto, recibió una lluvia de proyectiles que lo convirtieron en símbolo del sufrimiento silencioso y de la resistencia espiritual. Contra lo que suele creerse, sobrevivió inicialmente a ese suplicio, aunque luego sería ejecutado definitivamente. Su sepultura en las catacumbas de Roma selló una devoción que no dejaría de crecer con los siglos.</p><p>La figura de San Sebastián ocupa un lugar privilegiado en la iconografía cristiana occidental. Pintores del Renacimiento y del Barroco lo representaron una y otra vez como un joven de belleza serena, atravesado por flechas, con el cuerpo herido pero el rostro en calma. El contraste entre dolor físico y fortaleza interior convirtió su imagen en una de las más poderosas del arte sacro, capaz de conmover tanto a creyentes como a amantes del arte.</p><p>Junto a él, el santoral del martes 20 de enero recuerda a San Fabián, papa y mártir del siglo III, cuyo pontificado estuvo marcado por la organización de la Iglesia en tiempos difíciles; a San Ascla, mártir de Córdoba durante la dominación romana; a San Eutimio, monje y fundador de comunidades religiosas en Oriente; y a Santa Eustoquia Calafato, noble siciliana que renunció a los privilegios mundanos para abrazar una vida de ascetismo y oración.</p><p>El santoral católico no es solo un listado de nombres: es un mapa espiritual que recorre casi dos mil años de historia. En él conviven mártires, obispos, monjes, papas y laicos que, desde contextos muy distintos, compartieron una misma vocación de entrega. La figura del santo funciona como modelo, pero también como memoria viva de los conflictos, valores y creencias de cada época.</p><p>En este martes de enero de 2026, la evocación de estos nombres invita a mirar el pasado con perspectiva histórica y espiritual. Detrás de cada santo hay una historia concreta, atravesada por decisiones difíciles, persecuciones, renuncias y convicciones profundas. El santoral, lejos de ser una simple tradición litúrgica, se presenta así como una ventana privilegiada para comprender la relación entre fe, poder, cultura y sociedad a lo largo del tiempo.</p>Santoral completo del martes 20 de enero<p>San Fructuoso, obispo, y sus diáconos santos Augurio y EulogioSan FabiánSan Sebastián, mártirSan AsclaSan Neófito de NiceaSan EutimioSan WulfstanoBeato Benito RicásoliSan Enrique de UpsalaSanta Eustoquia CalafatoSan Esteban Min Kuk-kaBeata María Cristina de la Inmaculada (Adalheides) BrandoBeato Cipriano (Miguel) Iwene Tansi</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tY2WEIOhtNfEuL8RdQatDSDZW64=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/san_sebastian.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Una jornada marcada por figuras que unieron fe, sacrificio y memoria histórica.]]>
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                <published>2026-01-20T03:00:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del lunes 19 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dji7DU5jk8PiHXsjTA1qPJKLpO4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/beato.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La jornada del lunes 19 de enero de 2026 ocupa un lugar particular dentro del calendario litúrgico. En esta fecha, la Iglesia católica recuerda a San Germánico, San Ponciano, San Basiano, San Macario el Grande y al beato Marcelo Spínola Maestre, junto a otros santos y beatos cuyas vidas dejaron una huella profunda en la historia del cristianismo. Cada uno de ellos representa modelos distintos de fe, compromiso espiritual y servicio a los demás, reflejando la diversidad de caminos hacia la santidad.</p><p>El santoral católico no es solo una enumeración de nombres, sino una verdadera memoria histórica y espiritual que atraviesa siglos. A través del Martirologio Romano, la Iglesia organiza y conserva el recuerdo de casi siete mil personas veneradas por su testimonio de vida, su entrega y su coherencia ética en contextos muy diversos, desde la Antigüedad cristiana hasta la Edad Contemporánea.</p><p>Entre las figuras destacadas del día se encuentra el beato Marcelo Spínola Maestre, una de las personalidades religiosas más relevantes de la España de fines del siglo XIX. El Martirologio Romano lo recuerda con estas palabras: “En la ciudad de Sevilla, en España, beato Marcelo Spínola Maestre, obispo, que fundó asociaciones de trabajadores para cooperar en su desarrollo social, combatió en defensa de la verdad y de la justicia y abrió su casa a los menesterosos”. Esta breve descripción resume una vida marcada por el compromiso social, la caridad activa y la cercanía con los más humildes.</p><p>Marcelo Spínola nació en 1835 en San Fernando, Cádiz, en el seno de una familia noble. Su formación inicial fue jurídica, y muy joven se recibió de abogado. Con apenas 21 años abrió un estudio en Huelva, donde rápidamente se ganó el apodo de “abogado de los pobres”, ya que defendía gratuitamente a quienes no podían pagar honorarios. Este rasgo no fue un episodio aislado, sino el primer indicio de una sensibilidad social que atravesaría toda su existencia.</p><p>En 1858, su vida dio un giro decisivo al experimentar una profunda vocación religiosa. Abandonó la carrera civil e inició los estudios de teología en el seminario de Sevilla. Fue ordenado sacerdote en 1864 y, desde entonces, su trayectoria dentro de la Iglesia fue ascendente y constante. Ejerció como capellán, párroco, canónigo de la catedral sevillana, obispo auxiliar y finalmente arzobispo de Sevilla en 1896. Su nombramiento como cardenal llegó en 1905, de la mano de San Pío X, un año antes de su muerte.</p><p>Uno de los rasgos más significativos de su acción pastoral fue la preocupación por la formación y la dignidad de los sectores más vulnerables. En ese marco fundó la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón, orientada a la educación y asistencia social. Además, impulsó el periódico Correo de Andalucía en 1899, convencido de que la prensa era una herramienta clave para la evangelización y la defensa de valores cristianos en la vida pública.</p><p>Marcelo Spínola falleció en Sevilla el 19 de enero de 1906. Fue sepultado en la catedral hispalense y, ya en vida, gozaba de fama de santidad. Tras su muerte se inició el proceso canónico que culminó con su beatificación en 1987, reconocimiento oficial de una vida marcada por la coherencia entre palabra y acción.</p><p>Junto a él, el santoral del día recuerda a San Macario el Grande, una de las grandes figuras del monacato oriental, ejemplo de ascetismo y profundidad espiritual; a San Germánico y San Ponciano, vinculados a las primeras comunidades cristianas; y a San Basiano, cuya memoria también se conserva en esta fecha. Estas celebraciones permiten recorrer distintos momentos y geografías del cristianismo, desde el desierto egipcio hasta la Europa medieval y moderna.</p><p>El santoral católico cumple así una doble función: preservar la memoria histórica de hombres y mujeres concretos y ofrecer modelos de conducta basados en la fe, la entrega y la justicia. Los santos y beatos no son figuras abstractas, sino personas reales que enfrentaron conflictos, tomaron decisiones y actuaron en contextos complejos. Su recuerdo, actualizado cada día en el calendario, invita a reflexionar sobre el sentido de la vida, el compromiso con el prójimo y la dimensión ética de las acciones humanas.</p><p>Santoral completo del 19 de enero</p>En esta fecha se conmemoran, entre otros:<p>San GermánicoSan PoncianoSantos Mario, Marta, Audifax y Abaco de RomaSan Macario el GrandeSan Macario “Alejandrino”San BasianoSantas Liberada y Faustina de ComoSan LaunomaroSan Juan de RávenaSan Remigio de RouenSan Arsenio de CorfúBeato Marcelo Spínola Maestre</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dji7DU5jk8PiHXsjTA1qPJKLpO4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/beato.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Una fecha marcada por ejemplos de fe, compromiso y entrega a los más necesitados.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-19T03:00:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del 18 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4q89wZ9H7lJ9IwK2wn3TvMt-Ik0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santa_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy, domingo 18 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda y conmemora la vida y el testimonio de varias figuras centrales de la tradición cristiana. Entre ellas se destacan Santa Margarita de Hungría, Santa Prisca, San Volusiano y San Deicolo, junto a otros santos y beatos cuya memoria permanece viva en el calendario litúrgico.</p><p>El santoral no es solo una enumeración de nombres, sino una puerta de entrada a historias de fe, renuncia, compromiso y martirio que atravesaron siglos y contextos políticos, sociales y culturales muy distintos. Cada una de estas figuras representa una forma concreta de vivir el cristianismo en su tiempo, muchas veces en condiciones extremas.</p><p>Como recuerda el Martirologio Romano, sobre una de las santas más veneradas de esta jornada:“En Buda, en Hungría, santa Margarita, virgen, hija del rey Bela IV, prometida por sus progenitores a Dios en voto para liberar a la patria de los tártaros; siendo aún niña entró en el monasterio de la Orden de Predicadores, donde profesó a los doce años y se consagró totalmente a Dios, imitando generosamente a Cristo crucificado”.</p><p>Santa Margarita de Hungría vivió en el siglo XIII y fue hija del rey Bela IV, en un contexto marcado por invasiones, guerras y tensiones políticas. Desde su infancia fue ofrecida a Dios como parte de un voto real, y su destino quedó ligado de manera definitiva a la vida monástica. Rechazó matrimonios políticos, privilegios de corte y cualquier forma de poder, eligiendo una vida de austeridad, penitencia y servicio a los más pobres.</p><p>Educada en un monasterio dominico, Margarita se destacó por su disciplina espiritual y por su dedicación a los enfermos y marginados. La tradición húngara conserva numerosos testimonios de milagros atribuidos a su intercesión, y su figura sigue siendo símbolo de sacrificio y entrega desinteresada. No es casual que el papa Pío XII, al referirse a ella en su canonización en 1943, la invocara como mediadora de la paz fundada en la justicia y la caridad, no solo para Hungría, sino para el mundo entero.</p><p>Junto a ella, el calendario litúrgico recuerda a Santa Prisca, una mártir de los primeros siglos del cristianismo. Su culto se consolidó muy temprano y está envuelto en elementos legendarios propios de las persecuciones romanas. Según la tradición, Prisca fue arrestada siendo apenas una adolescente durante el reinado del emperador Claudio. Se negó a renunciar a su fe y a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, a pesar de las promesas de una vida cómoda y segura.</p><p>La respuesta que se le atribuye resume el espíritu de los primeros mártires: “Yo solo pertenezco a Jesucristo”. Su negativa tuvo como consecuencia la condena a muerte, y su decapitación la convirtió en símbolo de fidelidad absoluta, incluso frente a la violencia del Estado romano.</p><p>También se recuerda en esta fecha a San Volusiano, obispo y confesor de la fe en tiempos de invasiones bárbaras, y a San Deicolo, monje y misionero vinculado a la expansión del cristianismo en Europa occidental. Ambos representan la consolidación de la Iglesia en territorios inestables, donde la fe cristiana se convirtió en un elemento de cohesión cultural y espiritual.</p><p>El santoral completo del 18 de enero incluye además las siguientes conmemoraciones:</p><p>Santos mártires Suceso, Pablo y Lucio de CartagoSantos Cosconio, Zenón y Melanipo de NiceaSan VolusianoSanta PriscaSan DeicoloBeata Beatriz de EsteSanta Margarita de HungríaBeato Facio de CremonaBeato Andrés de Peschiera GregoBeata Cristina (Matías) CiccarelliBeata Regina ProtmannBeatas Felicidad Pricet, Mónica Pichery, Carlota Lucas y Victoria GusteauBeata María Teresa (María Juana) Fasce</p><p>El santoral católico reúne a cerca de siete mil santos y beatos reconocidos oficialmente por la Iglesia, distribuidos a lo largo del año litúrgico. El Martirologio Romano es el documento que ordena y preserva estas memorias, recordando que la santidad no fue patrimonio de una sola época ni de una sola condición social.</p><p>Los santos y santas son figuras que encarnaron valores éticos, espirituales y humanos extremos, muchas veces en contextos de persecución, violencia o renuncia radical. El título de beato, por su parte, representa un paso previo en el proceso de canonización, reconociendo una vida ejemplar y un culto local o limitado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4q89wZ9H7lJ9IwK2wn3TvMt-Ik0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santa_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Historias de sacrificio personal y convicciones sostenidas hasta las últimas consecuencias.]]>
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                                <category term="santos-del-dia" label="Santos del día" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-18T03:00:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se conmemora este sábado 17 de enero?
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oN_uqOA67vctB0e9bjOfKCbXVK0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_10.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este sábado 17 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda en su calendario litúrgico a San Antonio Abad, también conocido popularmente como San Antón, junto a San Sulpicio, Santa Roselina de Fréjus y San Julián de Osroene, entre otros santos y beatos. La jornada reúne figuras muy distintas entre sí, pero unidas por tradiciones de fe que atravesaron siglos y dejaron huellas profundas en la cultura cristiana de Oriente y Occidente.</p><p>El Martirologio Romano presenta a San Antonio Abad como una de las grandes columnas del monacato primitivo. Nacido en Egipto hacia el año 251, quedó huérfano siendo joven y, siguiendo literalmente el mandato evangélico, vendió todos sus bienes y los distribuyó entre los pobres. Luego se retiró a la región de la Tebaida, donde llevó una vida de ascetismo extremo, oración constante y soledad radical. Allí se forjó su fama de hombre santo y sabio, capaz de atraer discípulos incluso desde grandes distancias.</p><p>Durante las persecuciones impulsadas por los emperadores Diocleciano y Galerio, Antonio no permaneció ajeno a los sufrimientos de los cristianos: apoyó a los confesores de la fe, alentó a los perseguidos y defendió la ortodoxia frente a la herejía arriana, respaldando a San Atanasio. La cantidad de discípulos que se congregaron a su alrededor fue tan numerosa que la tradición lo reconoce como padre de los monjes, una figura fundacional para la vida religiosa cristiana.</p><p>Aunque los textos oficiales no establecen una relación directa entre San Antonio Abad y los animales, la devoción popular terminó asociándolo estrechamente con ellos. Esta conexión nace de antiguas leyendas hagiográficas. Una de las más difundidas cuenta que el santo curó a una cerda salvaje y a sus crías, y que el animal, agradecido, lo acompañó desde entonces. De allí que la iconografía clásica lo represente con un cerdito a sus pies, símbolo que se volvió inseparable de su imagen.</p><p>Otros relatos transmitidos por San Jerónimo refuerzan este vínculo con la naturaleza: se dice que, al visitar a San Pablo el Ermitaño, un cuervo les llevó pan para alimentarse y que, tras la muerte de Pablo, dos leones ayudaron a Antonio a cavar su tumba. Estos episodios contribuyeron a construir la imagen de un santo en armonía con la creación, lo que explica por qué, con el tiempo, fue proclamado protector de los animales domésticos.</p><p>Por esta razón, cada 17 de enero se mantiene viva la tradición de la bendición de los animales, una práctica especialmente arraigada en España y América Latina. Mascotas, animales de granja e incluso caballos son llevados ante iglesias y parroquias para recibir una bendición especial, en una celebración que combina fe, costumbre popular y vida comunitaria.</p><p>El calendario del día también recuerda a Santa Roselina de Fréjus, una noble francesa del siglo XIII que eligió la vida religiosa y se destacó por su humildad, caridad y austeridad, así como a San Julián de Osroene, conocido como “el Anciano”, una figura venerada en la tradición oriental por su vida de retiro y oración. Completa la jornada San Sulpicio, obispo venerado por su labor pastoral y su ejemplo de servicio eclesiástico.</p><p>El santoral católico reúne a casi 7.000 santos y beatos, distribuidos a lo largo del año según el Martirologio Romano. Cada fecha no solo propone un recuerdo piadoso, sino también una mirada histórica y cultural sobre personajes que influyeron en la espiritualidad, las costumbres y las creencias de distintas épocas. En ese entramado, la figura de San Antonio Abad sigue ocupando un lugar privilegiado, tanto por su peso histórico como por la fuerza de una devoción que, siglos después, continúa viva.</p><p>Santoral completo del sábado 17 de enero de 2026</p><p>San Antonio Abad o San AntónSantos Espeusipo, Elausipo y Melasipo, junto a su abuela Leonila, de CapadociaSan Julián (“el Anciano”) de OsroeneSan Marcelo de DieSan SulpicioBeato GamalbertoSanta Roselina de FréjusSan Jenaro Sánchez Delgadillo</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oN_uqOA67vctB0e9bjOfKCbXVK0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_10.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Tradiciones antiguas, leyendas y figuras que marcaron la fe cristiana en una fecha clave del calendario.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-17T03:00:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del 16 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WMevFbPqZIQVaULVkbBM4--t40o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_9.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy, la Iglesia católica recuerda y celebra a una serie de santos y mártires cuyas vidas estuvieron marcadas por la persecución, la fe inquebrantable y el testimonio cristiano en contextos históricos muy diversos. Entre las principales figuras del santoral de esta jornada se destacan San Marcelo I, Santa Priscila, San Jacobo y los conocidos como los Mártires de Marrakech, símbolos del martirio cristiano en tierras musulmanas durante la Edad Media.</p><p>La figura central del día es San Marcelo I, quien fue el trigésimo sucesor de San Pedro y ejerció su pontificado entre los años 308 y 309, en uno de los momentos más complejos para la Iglesia primitiva. Su breve papado coincidió con las últimas y más duras persecuciones ordenadas por los emperadores Diocleciano y Galerio, una etapa en la que miles de cristianos fueron obligados a renegar de su fe bajo amenaza de tortura o muerte.</p><p>El gran desafío pastoral de San Marcelo I fue reorganizar una Iglesia devastada, tanto material como espiritualmente. Tras años de clandestinidad, divisiones internas y temor, el Papa buscó restablecer el orden eclesiástico y, sobre todo, promover la reconciliación. En este contexto tomó una decisión que generó fuertes tensiones: la readmisión de los llamados lapsi, es decir, aquellos cristianos que habían abjurado públicamente de su fe para salvar la vida. Marcelo permitió su regreso, pero solo tras cumplir una penitencia severa, convencido de que la misericordia debía ir de la mano de la justicia.</p><p>Esta política provocó conflictos dentro de la comunidad cristiana romana y también la reacción del poder imperial. El emperador Majencio, que gobernaba Roma en ese período, acusó a Marcelo de incitar disturbios sociales, responsabilizándolo por los enfrentamientos entre cristianos. Como consecuencia, el Papa fue desterrado, sometido al exilio y a duras privaciones que lo condujeron a la muerte. Su final selló su figura como la de un pastor firme y mártir, defensor de la unidad de la Iglesia en tiempos de violencia y persecución.</p><p>Otra conmemoración relevante del 16 de enero es la de los Mártires de Marrakech: San Berardo, San Otón, San Pedro, San Acursio y San Adyuto, frailes franciscanos enviados a predicar el cristianismo en territorios islámicos por mandato de San Francisco de Asís. A pesar de las advertencias y prohibiciones del sultán conocido como Miramamolino, los religiosos persistieron en su misión evangelizadora. Su prédica les valió el encarcelamiento, primero en Sevilla y luego en Marrakech, donde fueron torturados y finalmente ejecutados. Su muerte tuvo un profundo impacto en la espiritualidad franciscana y consolidó el ideal del martirio como testimonio supremo de fe.</p><p>El santoral del día también recuerda a San Jacobo, obispo de Tarantasia, una figura vinculada a la organización eclesiástica en la región alpina durante la Alta Edad Media, y a Santa Priscila, una de las primeras mujeres cristianas veneradas en Roma, asociada a las catacumbas y a los orígenes del cristianismo urbano.</p><p>En esta fecha, la Iglesia celebra las siguientes onomásticas: San Marcelo I, Santa Priscila, San Berardo, San Otón, San Pedro, San Acursio, San Adyuto (Mártires de Marrakech), San Jacobo obispo de Tarantasia, San Leobato, San Melas, San Tiziano, San Triverio y San José Vaz.</p><p>El santoral católico reúne a miles de hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, fueron reconocidos por la Iglesia por su vida ejemplar, su testimonio de fe o su martirio. Estas celebraciones se organizan a partir del Martirologio Romano, el documento oficial que registra cerca de 7.000 santos y beatos, distribuidos a lo largo del calendario litúrgico.</p><p>La veneración de los santos no implica adoración, sino memoria, ejemplo e intercesión, mientras que la beatificación constituye un paso previo en el proceso de canonización. Cada fecha del santoral recuerda que la historia del cristianismo está profundamente atravesada por vidas concretas, conflictos políticos, persecuciones y decisiones morales, que siguen interpelando al presente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WMevFbPqZIQVaULVkbBM4--t40o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_9.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Quiénes fueron San Marcelo I y los mártires de Marrakech, protagonistas de este viernes.]]>
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                <published>2026-01-16T02:29:19+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del jueves 15 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4vesnNMdDDpoDIT8-tGMU0EUDPI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/san_mauro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Iglesia católica conmemora este jueves 15 de enero de 2026 a un amplio conjunto de santos y beatos que, a lo largo de los siglos, dejaron una huella profunda en la historia del cristianismo. Entre las figuras más destacadas del santoral de esta jornada se encuentra San Mauro abad, acompañado por Santa Secundina, San Juan Calibita, Santa Ita, San Probo, San Ableberto y otros nombres venerados por la tradición cristiana.</p><p>El santoral no es solo una enumeración de nombres, sino una memoria espiritual que enlaza distintas épocas, regiones y formas de vivir la fe. Cada santo representa una experiencia humana concreta atravesada por la entrega, el sacrificio, la contemplación o la acción misionera, y por eso el calendario litúrgico los distribuye a lo largo del año como ejemplos de vida cristiana.</p><p>Uno de los protagonistas principales de esta fecha es San Mauro de Granfeuil, nacido hacia el año 511 en el seno de una familia noble romana. Desde joven fue confiado a la guía espiritual de San Benito de Nursia, fundador del monacato occidental, convirtiéndose en uno de sus discípulos más cercanos. Bajo su tutela, Mauro abrazó la vida monástica y se destacó por su obediencia, disciplina y profunda vida espiritual, virtudes centrales de la Regla benedictina.</p><p>Con el tiempo, San Mauro fue enviado a tierras de la actual Francia, donde fundó varios monasterios que se convirtieron en centros de oración, trabajo y transmisión cultural. Su legado fue tan significativo que siglos después inspiró la creación de la Congregación de los Mauristas, célebre por su rigor intelectual y su aporte a la historiografía eclesiástica. Esta congregación sería finalmente suprimida durante la Revolución francesa, en el contexto de la persecución religiosa.</p><p>La tradición hagiográfica atribuye a San Mauro diversos milagros. El más conocido relata el rescate del niño Plácido, quien cayó a un lago y fue arrastrado por la corriente. San Benito, al tener una visión del peligro, envió a Mauro, quien habría caminado sobre las aguas para salvarlo, gesto que simboliza la fe absoluta y la obediencia sin cuestionamientos. Además, se le atribuyen curaciones y prodigios que consolidaron su fama de santidad.</p><p>Otro nombre central del 15 de enero es San Juan Calibita, recordado por su singular forma de vida ascética. Según el Martirologio Romano, vivió en Constantinopla —la actual Estambul— y pasó años en una pequeña choza o kalyba, completamente entregado a la contemplación. Su identidad permaneció oculta incluso para sus propios padres, quienes solo lo reconocieron tras su muerte, gracias a un Evangelio ricamente adornado que ellos mismos le habían regalado. Su historia encarna el ideal del desapego absoluto y la humildad radical.</p><p>El santoral de esta jornada se completa con figuras como Santa Ita, vinculada a la tradición monástica irlandesa; Santa Secundina, mártir venerada por su fidelidad; San Probo, San Ableberto o Emeberto, San Romedio, San Bonito, San Arnoldo Janssen y varios beatos que representan distintas épocas y vocaciones dentro de la Iglesia.</p><p>El santoral católico reúne a casi siete mil santos y beatos reconocidos oficialmente, organizados según el calendario litúrgico. Esta tarea se apoya en el Martirologio Romano, documento que recoge sus nombres, lugares y circunstancias, y que funciona como una guía de la memoria espiritual de la Iglesia. Mientras la canonización reconoce formalmente la santidad, el título de beato constituye un paso previo en ese camino, reservado a quienes han dado testimonio ejemplar de fe.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4vesnNMdDDpoDIT8-tGMU0EUDPI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/san_mauro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El calendario litúrgico recuerda a santos y beatos de distintas épocas unidos por la entrega espiritual.]]>
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                                <category term="santos-del-dia" label="Santos del día" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-15T01:55:34+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del 14 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pL3xZZlT_1TRU-zC4qmMCIQ6-Tw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/san_dacio.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy la Iglesia católica conmemora a una serie de santos y advocaciones que forman parte del Santoral Cristiano, una tradición profundamente arraigada en la cultura religiosa de España y de gran parte del mundo occidental. Conocer el santo del día no es solo una curiosidad, sino también una forma de acercarse a la historia espiritual, cultural y social del cristianismo.</p><p>Entre los nombres que se recuerdan hoy, San Dacio ocupa un lugar destacado. Este obispo bizantino fue una figura clave del siglo VI y representa el compromiso doctrinal y político de la Iglesia en tiempos de fuertes tensiones religiosas e imperiales.</p>San Dacio, obispo de Milán y defensor del papado<p>San Dacio fue designado obispo de Milán alrededor del año 530, en un contexto especialmente complejo. La ciudad sufría las consecuencias de las guerras góticas y de la inestabilidad política que sacudía a la península itálica. Tras el ataque de los godos a Milán, Dacio se vio obligado a abandonar su sede episcopal y viajar a Roma para solicitar apoyo militar al general Belisario, uno de los grandes estrategas del Imperio bizantino.</p><p>Más tarde, San Dacio se trasladó a Constantinopla, donde vivió uno de los episodios más delicados de su trayectoria. Allí fue testigo de la prohibición de los llamados Tres Capítulos, una medida teológica impulsada por el emperador Justiniano que buscaba resolver disputas doctrinales, pero que generó una profunda controversia dentro de la Iglesia. Dacio se opuso firmemente a esta decisión, defendiendo la autoridad del Papa Vigilio y la independencia del poder espiritual frente a las presiones imperiales.</p><p>Su fidelidad al pontífice lo llevó a permanecer en Constantinopla junto al Papa hasta su fallecimiento en el año 552. Su figura simboliza la resistencia moral y la coherencia doctrinal en una época marcada por intrigas políticas y conflictos religiosos.</p>Otros santos y advocaciones del 14 de enero<p>Además de San Dacio, el santoral del miércoles 14 de enero de 2026 recuerda a numerosos santos y beatos que enriquecen la tradición cristiana. Entre ellos se destaca la Divina Pastora de las Almas, una advocación mariana muy venerada, especialmente en España y América Latina, que representa a la Virgen María como guía espiritual y protectora de los fieles.</p><p>El listado de santos de hoy incluye también a Engelmaro, Eufrasio, Félix de Nola, Fermín de Gévaudan, Glicerio diácono y mártir, Macrina la Mayor, Nino, Potito y Prisciliano. Cada uno de estos nombres remite a historias de fe, martirio, enseñanza o servicio cristiano, que fueron transmitidas a lo largo de los siglos.</p>¿Qué es el Martirologio Romano y por qué es importante?<p>El Martirologio Romano es el catálogo oficial que recoge los nombres de los santos reconocidos por la Iglesia católica. Este libro se actualiza periódicamente, incorporando nuevas canonizaciones aprobadas por el Vaticano. Gracias a este registro, cada día del año está asociado a uno o varios santos, lo que permite mantener viva la memoria de quienes dedicaron su vida a la fe cristiana.</p><p>La celebración del santo tiene un origen profundamente cultural. Durante siglos, el día del santo fue tan importante como el cumpleaños, especialmente en España. Celebrar la onomástica significaba honrar al santo que daba nombre a la persona, reforzando el vínculo entre identidad, religión e historia.</p>El significado de celebrar el santo hoy<p>Más allá del rito religioso, celebrar el santo es una forma de recordar a hombres y mujeres que defendieron sus convicciones incluso en contextos de persecución. La Iglesia asignó cada día del año a uno o varios santos para conmemorar su ejemplo y mantener viva su enseñanza.</p><p>Así, el miércoles 14 de enero de 2026 no es solo una fecha del calendario, sino una oportunidad para reflexionar sobre la historia cristiana, felicitar a quienes llevan estos nombres y comprender cómo la tradición religiosa sigue influyendo en nuestra cultura contemporánea.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pL3xZZlT_1TRU-zC4qmMCIQ6-Tw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/san_dacio.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>San Dacio y otros santos protagonizan una jornada clave del calendario litúrgico cristiano.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-14T03:06:32+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del martes 13 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Sbkuf4tg1EMcYCd2_fs0hO28bgA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_8.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy, martes 13 de enero de 2026, la Iglesia católica celebra las festividades de San Hilario, San Agricio, Santa Juta, San Kentigerno y de los santos mártires de Córdoba Gumersindo y Servideo, entre otros santos y beatos que integran el extenso y milenario calendario cristiano. Se trata de una jornada especialmente significativa por la figura de San Hilario de Poitiers, uno de los grandes pensadores del cristianismo antiguo y doctor de la Iglesia, cuya vida estuvo marcada por la defensa doctrinal, el exilio y una intensa producción teológica.</p><p>El Martirologio Romano recuerda a San Hilario de Poitiers como obispo y doctor de la Iglesia, elevado a la sede episcopal de Poitiers, en la Aquitania romana, durante el gobierno del emperador Constancio II. Este emperador había adoptado el arrianismo, una corriente considerada herética por negar la divinidad plena de Cristo. En ese contexto de profundas tensiones teológicas y políticas, San Hilario se convirtió en uno de los defensores más firmes del Credo de Nicea, enfrentando con valentía las presiones imperiales y las divisiones internas de la Iglesia.</p><p>Nacido a comienzos del siglo IV en el seno de una familia romana acomodada, San Hilario recibió una sólida formación pagana. Destacó tempranamente por su dominio del neoplatonismo, la retórica y la filosofía clásica, disciplinas que más tarde pondría al servicio de la reflexión cristiana. Su acercamiento al cristianismo no fue inmediato ni superficial: llegó a la fe a través del estudio profundo de las Escrituras, especialmente de los Evangelios y los Salmos, lo que marcó de manera definitiva su pensamiento.</p><p>Convertido al cristianismo en su madurez, fue elegido obispo de Poitiers por aclamación popular. Desde ese lugar, se transformó en una de las voces más lúcidas contra el arrianismo, defendiendo con rigor intelectual la doctrina trinitaria. Su postura le valió el destierro a Frigia, en Asia Menor, donde permaneció aproximadamente cuatro años. Lejos de silenciarlo, el exilio amplió su horizonte cultural y teológico: allí estudió griego, entró en contacto con la teología oriental y profundizó su reflexión sobre la Trinidad.</p><p>Durante ese período escribió algunas de sus obras más influyentes, entre ellas De Fide adversus Arianos, De Trinitate y Contra Maxentium. Estos textos no solo fueron fundamentales para la consolidación del dogma trinitario, sino que también lo convirtieron en una figura clave del pensamiento cristiano occidental. Su estilo combina profundidad doctrinal con una notable claridad pedagógica, lo que explica su vigencia a lo largo de los siglos.</p><p>A su regreso del exilio, San Hilario continuó su labor pastoral y teológica hasta su muerte, ocurrida en el año 367. Siglos más tarde, en 1851, el papa Pío IX lo proclamó doctor de la Iglesia, reconociendo oficialmente la importancia de su legado intelectual y espiritual.</p><p>Junto a San Hilario, el santoral de este martes 13 de enero recuerda a otros santos y beatos cuyas vidas también dejaron huella en la historia cristiana. Entre ellos se destacan San Agricio, obispo venerado por su labor evangelizadora; San Kentigerno, figura central del cristianismo primitivo en Escocia; y Santa Juta o Iveta, ejemplo de vida penitente y entrega espiritual. Asimismo, se conmemora a los santos mártires de Córdoba, Gumersindo y Servideo, testigos de la fe cristiana en tiempos de persecución.</p><p>El santoral católico es el conjunto de hombres y mujeres reconocidos por la Iglesia por su vida ejemplar, su testimonio de fe o su martirio. Estas celebraciones no solo cumplen una función devocional, sino que también permiten recorrer la historia espiritual, cultural y social del cristianismo, desde la Antigüedad hasta la Edad Contemporánea. El Martirologio Romano, que organiza estas conmemoraciones a lo largo del año, reúne cerca de siete mil santos y beatos reconocidos oficialmente.</p><p>En este marco, la figura de San Hilario de Poitiers sobresale como símbolo de coherencia intelectual, valentía doctrinal y compromiso con la verdad, valores que siguen siendo recordados cada 13 de enero por la Iglesia en todo el mundo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Sbkuf4tg1EMcYCd2_fs0hO28bgA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_8.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La Iglesia recuerda a San Hilario, doctor de la Iglesia, junto a mártires, obispos y santos.]]>
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                                <category term="santos-del-dia" label="Santos del día" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-13T04:00:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del lunes 12 de enero
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        <author>
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m2TNagqaTfGqGE_sm02zLGDVzUQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_7.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este lunes 12 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda y celebra a una serie de figuras que dejaron una huella profunda en la historia espiritual, cultural y social del cristianismo. El santoral de la jornada está encabezado por San Benito Biscop y San Antonio María Pucci, acompañados por otros santos y beatos cuyas vidas reflejan distintos modos de entrega, servicio y fe a lo largo de los siglos.</p><p>El santoral católico no es solo un listado de nombres: es un mapa espiritual de la historia, un recorrido por biografías que ayudan a comprender cómo la fe cristiana se expresó en contextos muy diversos, desde los monasterios medievales hasta las ciudades industriales del siglo XIX. Cada fecha del calendario litúrgico recuerda a hombres y mujeres que destacaron por su compromiso ético, su labor pastoral, su vocación intelectual o su entrega caritativa.</p>San Benito Biscop: fe, cultura y conocimiento en la Inglaterra medieval<p>San Benito Biscop fue una de las figuras más relevantes del cristianismo anglosajón del siglo VII. Nacido en el reino de Northumbria, se desempeñó inicialmente como oficial del rey Oswiu, formando parte de la élite política y militar de su tiempo. Sin embargo, a los 25 años tomó una decisión que marcaría su vida y su legado: abandonó la vida cortesana para abrazar la vida monástica.</p><p>Tras su conversión, fundó el monasterio de San Pedro en Wearmouth, al que luego se sumaría el de Jarrow. Estos centros no solo fueron espacios de oración, sino también auténticos focos de cultura y saber. San Benito Biscop reunió en su biblioteca más de doscientos volúmenes, una cifra extraordinaria para el año 674, y promovió la copia de manuscritos fundamentales, entre ellos el célebre Codex Amiantinus, una de las versiones más antiguas y completas de la Biblia en latín.</p><p>Durante sus viajes a Roma, Biscop no solo buscó formación espiritual, sino que también recopiló obras de arte, libros y objetos litúrgicos, con el objetivo de enriquecer la vida cultural y religiosa de sus monasterios. Su visión integraba fe y conocimiento, convencido de que la educación y la belleza también conducen a Dios. Falleció en el año 690, a los 62 años, dejando una herencia intelectual decisiva para la Europa medieval.</p>San Antonio María Pucci: el pastor cercano al pueblo<p>Muy distinto en tiempo y contexto fue el camino de San Antonio María Pucci. Nacido con el nombre de Eustaquio, ingresó en la orden de los Siervos de María y fue ordenado sacerdote en 1843. Tras un breve paso por Florencia, su destino definitivo fue la ciudad de Viareggio, donde desarrolló una intensa labor pastoral hasta su muerte en 1892.</p><p>Conocido popularmente como “El Curita”, Pucci se destacó por su cercanía con los fieles y su capacidad para organizar la vida parroquial. Creó asociaciones específicas para distintos grupos sociales, convencido de que la Iglesia debía involucrar activamente a los laicos. Para los jóvenes fundó la Compañía de San Luis y la Congregación de la Doctrina Cristiana; para los hombres, la Compañía de Nuestra Señora de los Dolores; y para las mujeres, la Congregación de las Madres Cristianas.</p><p>Además, impulsó la creación de una congregación femenina, las Manteladas de Viareggio, dedicadas al cuidado de niños enfermos, reflejando su fuerte compromiso con la caridad concreta y cotidiana. Su labor misionera y social fue tan significativa que fue canonizado en 1962 por Juan XXIII, quien destacó su ejemplo de sacerdote humilde, cercano y profundamente humano.</p>El santoral del 12 de enero<p>Además de San Benito Biscop y San Antonio María Pucci, el santoral de hoy, 12 de enero, recuerda a los siguientes santos y beatos:</p><p>San ArcadioSan Bernardo de CorileoneSan ElredoSan EutropioSan FerreolSan Martín de la Santa CruzSan TigrioSan Victoriano de AsánSanta CesáreaSanta Margarita BourgeoysBeato Antonio FournierBeato Nicolás Bunkerd KitbamrungBeato Pedro Francisco Jamet</p><p>El santoral católico es el conjunto de personas reconocidas oficialmente por la Iglesia como santos o beatos en fechas concretas del calendario litúrgico. El Martirologio Romano es el documento que reúne y organiza los nombres de casi siete mil santos y beatos, ofreciendo una memoria viva de la historia cristiana.</p><p>Los santos y santas son recordados no como figuras perfectas, sino como hombres y mujeres que, en contextos difíciles, eligieron vivir con coherencia, fe y entrega al prójimo. Por su parte, la condición de beato representa una etapa previa a la canonización, reconociendo una vida ejemplar y una especial relación con lo sagrado.</p><p>Así, este lunes 12 de enero de 2026 invita no solo a recordar nombres del pasado, sino a reflexionar sobre las múltiples formas en que la fe, la cultura y la solidaridad pueden transformar la historia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m2TNagqaTfGqGE_sm02zLGDVzUQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_7.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La Iglesia católica recuerda a San Benito Biscop y San Antonio María Pucci, dos figuras unidas por su entrega a la fe.]]>
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                                <category term="santos-del-dia" label="Santos del día" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-12T03:14:49+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del 11 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/imh8UdwLn5myD7oSMa_dYBFQB8Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_6.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy, domingo 11 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda en su santoral a San Higinio, San Tipaso, San Teodosio y Santo Tomás de Cori, junto a otros santos y beatos que forman parte de la memoria litúrgica de esta jornada. Como cada día del calendario cristiano, el santoral propone una mirada al pasado, a figuras que, desde distintos lugares y épocas, dejaron una huella profunda en la historia religiosa, espiritual y cultural de la Iglesia.</p><p>Según señala el Martirologio Romano, el santo central del día es San Higinio, quien fue el octavo Papa de la Iglesia y ocupó la sede de San Pedro hacia el año 138. La tradición sostiene que era un filósofo de origen ateniense, formado en el pensamiento clásico, lo que explica su capacidad para dialogar con las corrientes intelectuales de su tiempo y enfrentar los desafíos doctrinales que atravesaban al cristianismo primitivo.</p><p>El pontificado de San Higinio se desarrolló durante el reinado del emperador Antonino Pío, en un período relativamente más estable para los cristianos, aunque todavía marcado por la desconfianza y la persecución intermitente. A pesar de ese contexto, Higinio debió enfrentar un problema interno de gran peso: la expansión de las doctrinas gnósticas. Estas corrientes sostenían una visión elitista de la fe, diferenciando entre creyentes “simples” y otros supuestamente iluminados por un conocimiento superior. San Higinio rechazó con firmeza esta idea, defendiendo una Iglesia universal, fundada en el Evangelio y abierta a todos, sin jerarquías ocultas de saber espiritual.</p><p>Durante su gobierno también se avanzó en la organización de la estructura eclesiástica. La tradición le atribuye la regulación más clara de las órdenes del clero y la consolidación de una jerarquía que iba desde obispos y presbíteros hasta las comunidades religiosas femeninas. Algunas fuentes antiguas indican que en su tiempo se afianzó la figura de los padrinos en el bautismo, reforzando el carácter comunitario y social del sacramento. San Higinio murió mártir alrededor del año 142, convirtiéndose en uno de los primeros Papas que sellaron su fe con la vida.</p><p>Otro de los santos destacados de este domingo 11 de enero es San Teodosio de Judea, una figura fundamental del monacato oriental. Amigo cercano de San Sabas, Teodosio comenzó su camino espiritual en soledad, como ermitaño, pero con el tiempo comprendió la importancia de la vida comunitaria. En el siglo VI fundó varios monasterios en los que impulsó la vida cenobítica, basada en la oración común, el trabajo compartido y la disciplina espiritual. Su influencia fue decisiva en la organización del monacato en Tierra Santa y en la tradición monástica de Oriente.</p><p>También se recuerda hoy a Santo Tomás de Cori, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores. Nacido con el nombre de Francisco Antonio Placidi, se destacó por su vida austera, su profunda espiritualidad y su labor como fundador de eremitorios. Su figura representa el ideal franciscano más riguroso, centrado en el retiro, la oración y la pobreza voluntaria como caminos de encuentro con Dios.</p><p>El santoral de este domingo incluye además a San Tipaso, mártir africano; San Salvio de África; San Pedro Apselam o Balsami; San Leucio de Brindisi; Santa Honorata de Pavía; San Paulino de Aquileia; el Beato Bernardo Scammacca y el Beato Guillermo Carter, entre otros. Cada uno de estos nombres remite a contextos históricos diversos, desde las persecuciones del cristianismo primitivo hasta las expresiones de fe medievales y modernas.</p><p>El santoral católico es el conjunto de hombres y mujeres reconocidos por la Iglesia por haber vivido de manera ejemplar su fe, ya sea a través del martirio, la caridad, la vida contemplativa o el compromiso pastoral. Estas celebraciones se organizan a lo largo del año litúrgico a partir del Martirologio Romano, el documento oficial que registra y distribuye en el calendario a casi siete mil santos y beatos reconocidos por la Iglesia. La beatificación constituye una etapa previa a la canonización y reconoce virtudes heroicas o el testimonio del martirio, generalmente con culto limitado.</p><p>Así, este domingo 11 de enero de 2026 invita no solo a conocer quiénes son los santos del día, sino también a reflexionar sobre la diversidad de caminos espirituales que, a lo largo de los siglos, dieron forma a la historia del cristianismo y a la memoria viva de la Iglesia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/imh8UdwLn5myD7oSMa_dYBFQB8Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_6.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un repaso por las figuras que la Iglesia recuerda este domingo, entre ellas San Higinio, uno de los primeros Papas.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-11T03:51:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del sábado 10 de enero
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/anArji_N2Cj-m6bG7Em5dN58ovE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_5.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy, sábado 10 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda y celebra en su santoral a San Melquíades, San Agatón, San Arconte, San Gregorio X y Santa Francisca de Sales Aviat, junto a una extensa lista de santos y beatos cuyas vidas marcaron distintos momentos de la historia del cristianismo.</p><p>Como cada día del año, el santoral propone una mirada histórica, espiritual y cultural sobre hombres y mujeres que se destacaron por su fe, su compromiso con la Iglesia y su búsqueda de concordia en contextos muchas veces atravesados por conflictos políticos y religiosos. El Martirologio Romano, documento oficial que organiza estas conmemoraciones, reúne cerca de 7.000 santos y beatos, distribuidos a lo largo del calendario litúrgico.</p><p>Entre las figuras centrales de esta jornada se encuentra San Melquíades, papa de origen africano, cuyo pontificado coincidió con uno de los momentos más decisivos para la historia del cristianismo. Según recuerda el Martirologio Romano, San Melquíades fue enterrado en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma, y vivió el tiempo en que el emperador Constantino concedió la paz a la Iglesia tras siglos de persecuciones. Fue testigo directo del triunfo de Constantino sobre Majencio en el Puente Milvio, hecho que marcó el fin de la persecución imperial contra los cristianos.</p><p>Lejos de ser un pontificado tranquilo, el de Melquíades estuvo atravesado por tensiones internas, especialmente por los ataques de los donatistas, un movimiento cismático que cuestionaba la legitimidad de algunos sacramentos. En ese contexto, el papa se distinguió por sus esfuerzos por alcanzar la concordia, reorganizar la Iglesia y restituir los lugares de culto. Murió en el año 314, dejando una huella profunda en la consolidación institucional del cristianismo.</p><p>También se recuerda en esta fecha a San Agatón, nacido en Palermo y de origen griego. Fue papa entre los años 678 y 681, y su pontificado se caracterizó por la defensa de la unidad doctrinal de la Iglesia. En el III Concilio de Constantinopla sostuvo que, así como en Cristo existen dos naturalezas —divina y humana—, también existen dos voluntades, doctrina que resultó clave para resolver antiguas controversias teológicas. Su figura es recordada como la de un pastor conciliador y firme en la fe.</p><p>Otro de los nombres destacados del santoral del 10 de enero es San Gregorio X, papa número 184 de la Iglesia católica. Su historia resulta singular: cuando fue elegido sumo pontífice en 1271, Tebaldo Visconti, su nombre secular, no era sacerdote, sino un cruzado que se encontraba en Tierra Santa. Durante su pontificado impulsó el Concilio de Lyon, con el objetivo de lograr la unión entre la Iglesia latina y la ortodoxa. Murió el 10 de enero de 1276 y fue beatificado en 1713 por el papa Clemente XI.</p><p>La jornada también recuerda a Santa Francisca de Sales Aviat, fundadora de la Congregación de las Hermanas Oblatas de San Francisco de Sales, dedicada a la educación y al servicio de los más necesitados, así como a San Arconte, mártir venerado desde los primeros siglos del cristianismo.</p><p>El santoral completo de hoy, 10 de enero, incluye las siguientes conmemoraciones:</p><p>San MelquíadesSan Pablo de la TebaidaSan Gregorio de NisaSan Juan de JerusalénSan Petronio de DieSan Marciano de ConstantinoplaSan Valerio de LimogesSan DomicianoSan AgatónSan ArconteSan Pedro UrseoloBeato BenincasaSan Guillermo de BourgesBeato Gonzalo de AmaranteBeato Gregorio XBeato Egidio (Bernardino) Di BelloBeata Ana de los Ángeles MonteagudoSanta Francisca de Sales (Leonia) AviatBeata María Dolores Rodríguez Sopeña</p><p>El santoral católico no es solo un listado de nombres: es también una memoria viva de ejemplos de fe, sacrificio y compromiso ético, que atravesaron épocas muy diversas y contextos históricos complejos. La condición de beato representa uno de los últimos pasos antes de la canonización, mientras que el reconocimiento como santo implica una veneración universal dentro de la Iglesia.</p><p>Así, este sábado 10 de enero de 2026, el calendario litúrgico invita a recordar, reflexionar y conocer las historias de quienes dejaron una marca profunda en la tradición cristiana, ofreciendo modelos espirituales que, siglos después, continúan interpelando a creyentes y estudiosos de la historia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/anArji_N2Cj-m6bG7Em5dN58ovE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_5.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Entre los nombres destacados del día se encuentran papas que vivieron momentos decisivos para la Iglesia.]]>
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                                <category term="santos-del-dia" label="Santos del día" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-10T04:15:00+00:00</published>
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            ¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del viernes 9 de enero
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SELp5imZaqvuaiwrLlVBMQK_EdM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_4.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy, viernes 9 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda en su santoral a San Eulogio, junto a San Felano, San Eustracio Taumaturgo y San Marcelino de Ancona, entre otros santos y beatos cuyas vidas quedaron marcadas por la fe, el compromiso espiritual y, en muchos casos, el martirio.</p><p>Como señala el Martirologio Romano, el santo principal de esta jornada es San Eulogio, presbítero y mártir, cuya vida se desarrolló en uno de los contextos más complejos de la historia peninsular: la Córdoba del siglo IX, bajo dominio musulmán. Su figura se convirtió en símbolo de resistencia religiosa, firmeza doctrinal y valentía personal, en una época atravesada por tensiones políticas, culturales y espirituales.</p><p>San Eulogio nació en Córdoba y pertenecía a la comunidad mozárabe, es decir, a los cristianos que vivían en territorios gobernados por el Islam. Desde joven se destacó por su formación intelectual, su conocimiento de las Escrituras y su profunda vocación sacerdotal. No soportaba la tibieza ni la resignación, y consideraba que muchos cristianos habían aceptado un silencio que, para él, rozaba la renuncia a la propia fe.</p><p>Convencido de que el testimonio cristiano debía ser público y valiente, San Eulogio emprendió un viaje por el norte de la Península, donde aún existían reinos cristianos independientes del poder islámico. Allí entró en contacto con comunidades monásticas, bibliotecas y centros de estudio que reforzaron su pensamiento teológico y su ideal de martirio, entendido no como un acto temerario, sino como una afirmación radical de la libertad de conciencia y de la fe en Cristo.</p><p>Durante el reinado de Abderramán II fue encarcelado por primera vez. Pasó varios años en prisión, tiempo que aprovechó para escribir obras fundamentales, entre ellas el Memorial de los Mártires, donde dejó constancia de los cristianos perseguidos y ejecutados por no renegar de su fe. Su pluma se transformó en un arma espiritual, destinada a sostener la memoria y la identidad de una comunidad acosada.</p><p>Liberado en 851, fue nombrado obispo de Toledo, aunque nunca llegó a ejercer plenamente ese cargo. Su destino final se selló en 859, cuando fue detenido nuevamente por haber dado refugio a Santa Lucrecia, una joven de origen musulmán convertida al cristianismo. Ambos fueron llevados ante el juez y posteriormente ante el emir Muhammad I, quien intentó evitar su ejecución ofreciéndole el perdón.</p><p>La respuesta de Eulogio fue contundente y definitiva. Prefirió la muerte antes que renunciar a su fe, proclamando públicamente su adhesión a Cristo. Fue decapitado el 11 de marzo de 859, consumando así un martirio que lo convirtió en una de las figuras más emblemáticas del cristianismo hispánico medieval. Sus restos fueron trasladados a la Catedral de Oviedo en el año 884, donde aún hoy se conservan.</p><p>El testimonio de San Eulogio trasciende su tiempo: no solo representa la fe llevada hasta las últimas consecuencias, sino también el conflicto entre poder, religión y conciencia individual. Su historia invita a reflexionar sobre la libertad religiosa, la identidad cultural y el precio de las convicciones profundas.</p><p>Santoral completo del viernes 9 de enero de 2026</p><p>En esta jornada, la Iglesia también recuerda a:</p><p>San EulogioSan Marcelino de AnconaSan Adriano de CanterburySan FelanoSan Eustracio TaumaturgoSan Honorato de BuzançaisBeata Julia de la RenaBeato Antonio FatatiBeata María Teresa de Jesús (Alexia) Le ClercSantas mártires Ágata Yi y Teresa KimBeatos José Pawlowski y Casimiro Grelewski</p><p>El santoral católico reúne a miles de hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, fueron reconocidos por la Iglesia por la ejemplaridad de su vida cristiana. El Martirologio Romano organiza estas conmemoraciones a lo largo del calendario litúrgico, recordando que la santidad adopta múltiples formas: el martirio, la enseñanza, la caridad, la oración silenciosa o el servicio cotidiano.</p><p>Mientras que la canonización reconoce oficialmente a un santo, la beatificación constituye una etapa previa, que destaca virtudes heroicas o el testimonio de fe en circunstancias extremas. Cada nombre del santoral es, en definitiva, una historia de compromiso, esperanza y trascendencia, que sigue dialogando con el presente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SELp5imZaqvuaiwrLlVBMQK_EdM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santo_4.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La jornada de hoy invita a conocer el legado de San Eulogio de Córdoba y de otros santos recordados recordados.]]>
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                                <category term="santos-del-dia" label="Santos del día" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-09T03:27:01+00:00</published>
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