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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-09-15T14:40:50+00:00</updated>
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            Trabajo remoto: la confianza que hace posible la flexibilidad
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                <![CDATA[Patricia Debeljuh]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/trabajo-remoto-la-confianza-que-hace-posible-la-flexibilidad">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/cambio_de_epoca.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante los últimos años, el trabajo remoto dejó de ser una respuesta excepcional ante una coyuntura para convertirse en una alternativa concreta dentro de las nuevas formas de organización laboral. En Argentina, los datos muestran que esta modalidad no solo mantiene una valoración positiva entre los trabajadores, sino que está transformando la manera en que entendemos conceptos como productividad, confianza, autonomía y equilibrio entre la vida personal y laboral.</p><p>La encuesta regional “Trabajo remoto: Entre la flexibilidad y la confianza”, realizada por ConFye -Centro Conciliación Familia y Empresa- del IAE Business School, junto con INALDE Business School, BARNA Management School y la Universidad Panamericana Campus Guadalajara, ofrece una señal clara: el trabajo remoto funciona cuando existe confianza y cuando el foco está puesto en los resultados, y no en la presencia física.</p><p>En Argentina, el 79% de los trabajadores considera que trabajar remotamente le permite ser más eficaz para cumplir sus objetivos, mientras que el 75,6% percibe un incremento en su productividad. A su vez, 78,4% afirma que puede concentrarse mejor desde su hogar. Estos resultados cuestionan una de las principales preocupaciones que acompañaron la expansión del trabajo remoto: la idea de que trabajar fuera de la oficina necesariamente implica perder productividad.</p><p>Pero quizás el dato más interesante no esté relacionado con la productividad, sino con la confianza. El 87,5% de los encuestados considera que su organización confía en que será eficaz trabajando a distancia y el 84,4% percibe esa misma confianza por parte de sus supervisores. Esto nos invita a repensar el liderazgo. Cuando una organización deja de medir el compromiso de sus colaboradores por las horas que permanecen conectados o por su visibilidad, y comienza a evaluar el cumplimiento de objetivos, se abre la posibilidad de construir relaciones laborales basadas en mayor autonomía y responsabilidad.</p><p>Sin embargo, la flexibilidad no debe confundirse con disponibilidad permanente. Allí encontramos uno de los principales desafíos que todavía tenemos por delante. Aunque el 83,8% de los trabajadores argentinos se encuentra satisfecho con su equilibrio entre vida personal y laboral, solo el 40,7% afirma que no suele pensar en problemas laborales fuera de su horario habitual. Más aún, apenas el 32,9% considera que puede tomar descansos cuando lo necesita.</p><p>Estos números nos muestran una paradoja: podemos estar más satisfechos con nuestro equilibrio de vida y, al mismo tiempo, tener dificultades para desconectarnos mentalmente del trabajo. La tecnología nos permite trabajar desde cualquier lugar, pero también puede hacernos sentir que debemos estar disponibles en todo momento.</p><p>Por eso, el verdadero desafío del trabajo remoto no es únicamente tecnológico. Es, sobre todo, cultural y de liderazgo. Las organizaciones necesitan establecer reglas claras de desconexión, promover pausas y respetar los tiempos personales, pero también deben formar a sus líderes para gestionar equipos que no tienen necesariamente una presencia física cotidiana.</p><p>La comunicación es otro elemento que merece atención. Los resultados muestran que más de tres cuartas partes de los trabajadores argentinos no perciben un deterioro significativo en la comunicación con sus supervisores, pares o equipos. Esto demuestra que la distancia física no tiene por qué convertirse en distancia profesional o humana. Sin embargo, mantener vínculos de calidad requiere intención: no todo puede resolverse con más reuniones virtuales.</p><p>También debemos mirar el impacto del trabajo remoto sobre el bienestar integral. Mientras el 61,7% de los trabajadores argentinos señala que sus hábitos alimenticios han mejorado, un 14,5% percibe un deterioro de su condición física. Esto nos recuerda que la flexibilidad laboral también implica nuevas responsabilidades individuales y organizacionales. No alcanza con ofrecer la posibilidad de trabajar desde casa; debemos generar las condiciones para que las personas puedan hacerlo de manera saludable y sostenible.</p><p>El debate, entonces, ya no debería plantearse en términos de “remoto versus presencial”. La pregunta más relevante es qué combinación de presencialidad, virtualidad, autonomía y colaboración permite que cada organización y cada equipo alcance mejores resultados sin descuidar el bienestar de las personas.</p><p>Los datos de Argentina muestran que existe una base sólida para avanzar: productividad, eficacia, confianza y satisfacción conviven con esta modalidad. Pero también nos advierten que todavía tenemos tareas pendientes, especialmente en materia de desconexión, pausas y bienestar físico.</p><p>El futuro del trabajo no dependerá de elegir entre una oficina o una pantalla. Dependerá de nuestra capacidad para construir culturas laborales basadas en la confianza, los resultados y el respeto por la vida personal. El trabajo remoto ya demostró que puede funcionar. Ahora nos toca aprender a gestionarlo mejor.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/cambio_de_epoca.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Más productividad y estructuras que se adaptan. El desafío de no reemplazar vínculos por la vida digital.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-15T14:40:50+00:00</updated>
                <published>2026-09-15T14:39:38+00:00</published>
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            Ramón Díaz, el riojano que hizo de River su casa
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/ramon-diaz-el-riojano-que-hizo-de-river-su-casa" type="text/html" title="Ramón Díaz, el riojano que hizo de River su casa" />
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/ramon_dt_y_jugador.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ramón Ángel Díaz, conocido como “el Pelado”, nació el 29 de agosto de 1959 en La Rioja. Exfutbolista y director técnico argentino, construyó una trayectoria ligada a River Plate, institución en la que se convirtió en ídolo gracias a sus títulos y sus goles.</p><p>Surgido de las divisiones formativas de River, debutó en Primera División el 13 de agosto de 1978. Durante su primera etapa compartió equipo con figuras como Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Norberto Alonso y Mario Kempes. Bajo la conducción de Ángel Labruna y Alfredo Di Stéfano, conquistó los campeonatos Metropolitanos de 1979 y 1980, además de los Nacionales de 1979 y 1981.</p><p>Después de continuar su carrera en el exterior, Ramón regresó a Núñez en 1991. Su vuelta fue exitosa: se consagró campeón del Torneo Apertura y terminó como máximo goleador de la competencia. Permaneció hasta 1993 y alcanzó el particular récord de haber sido campeón con River en tres décadas diferentes.</p><p>Sin embargo, su huella más profunda llegó como entrenador. En 1995 asumió la conducción del equipo y encabezó uno de los ciclos más exitosos de su historia. Durante esa primera etapa obtuvo cinco campeonatos locales y dos títulos internacionales: la Copa Libertadores de 1996 y la Supercopa Sudamericana de 1997. El equipo también consiguió un recordado tricampeonato entre 1996 y 1997.</p><p>Su primer ciclo terminó en febrero de 2000, pero regresó al banco millonario para el Torneo Apertura 2001. En esa segunda etapa condujo al equipo a la conquista del Torneo Clausura 2002. Pese al éxito deportivo y a su deseo de continuar, su contrato no fue renovado.</p><p>La tercera etapa comenzó a finales de 2012, después de superar diferencias con el aquel entonces presidente Daniel Passarella. Tras un irregular 2013, Díaz recuperó el protagonismo en la temporada siguiente. River se coronó campeón del Torneo Final 2014 con 37 puntos y consiguió una victoria especialmente celebrada: derrotó a Boca por 2 a 1 en la Bombonera después de diez años sin triunfos en ese estadio.</p><p>Días más tarde, el conjunto de Núñez venció por 1-0 a San Lorenzo, con gol de Germán Pezzella, y obtuvo la Copa Campeonato. Después de esa consagración, el riojano renunció al cargo al considerar que había cumplido sus objetivos y que ya no tenía más para ofrecerle al club.</p><p>En total, Ramón Díaz ganó 14 títulos con River: cinco como futbolista y nueve como entrenador. Fue uno de los directores técnicos más ganadores de la institución hasta ser superado por Marcelo Gallardo y además comparte con Ángel Labruna el récord de campeonatos de Liga conquistados desde el banco.</p><p>Su relevancia también quedó reflejada fuera de la cancha. En 2019 fue entrevistado para el documental "River, el más grande siempre", dedicado a la historia del club. Un año más tarde, su imagen fue incorporada al telón de los ídolos presentado por los hinchas.</p><p>Ramón Díaz permanece como uno de los grandes símbolos de River Plate. Su historia reúne goles, campeonatos, carácter y un vínculo inquebrantable con el club de sus amores.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/ramon_dt_y_jugador.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Campeón como jugador y entrenador, el repaso de la carrera de un personaje muy querido en la institución de Núñez.]]>
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                                                <category term="newsports" label="Newsports" />
                                <updated>2026-09-13T17:01:07+00:00</updated>
                <published>2026-09-13T16:57:41+00:00</published>
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            El despertador de la finitud
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/finitud.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay un momento, que por lo general transcurre cuando el calendario cruza esa inesperada raya de los cincuenta, en el que la vida deja de ser un territorio a conquistar para convertirse en una cuenta regresiva. Uno lo comprende de golpe, sin anestesia. Vas transitando por la vida como si la conocieras desde siempre y ella, tan campante, se empecina en un instante en demostrarte que las cosas cambian. Que lo que creías de una forma, muta para siempre. Y que lo que parecía una vida apacible, amable, cambia para poner a prueba la resistencia de tu corazón.</p><p>En estos últimos tiempos tomé conciencia de algunas cosas a partir de algunos dolores ajenos que se fueron haciendo propios. Sospecho que a vos te puede pasar lo mismo. El dolor de los amigos, a fuerza de compartir la vida, también lo sentimos nosotros. Es así como confirmamos algo tan maravilloso, único, como el amor por los amigos y, al mismo tiempo, la angustia que nos generan sus pesares.</p><p>Tengo un amigo de esos que vale como un hermano al que le hicieron un trasplante de corazón. Y tengo otro hermano de la vida que cada día enfrenta el inmenso dolor de transformarse en olvido. Ser testigo de esos sufrimientos ayuda a tomar conciencia del amor por los amigos y a entender que hemos vivido bastante más de lo que nos queda por vivir.</p><p>¡Pero ojo! No tomemos esto como un pensamiento trágico, sino como una alarma imperativa que nos obliga a despertar. Debería ser ley la obligación de ponernos de pie cada mañana y vivir con la certeza de que la finitud es la única garantía para no desperdiciar ni un solo minuto de lo que nos queda.</p><p>Cuando la angustia te abraza renegamos hasta de nuestras creencias. Le preguntamos a nuestro Dios (le preguntamos, no le rezamos) qué carajo tiene en la cabeza para poner en la vida de alguien un trago tan amargo, capaz de modificar su existencia para siempre. Cuál es la razón para que sufra tanto. Cómo se le ocurre agregar un peso tan grande sobre las espaldas de gente tan buena. O qué hacía mientras elegía con el dedo del destino a personas que no merecen sufrir.</p><p>Lo cierto es que hay un instante, casi imperceptible, donde uno intuye la arquitectura secreta del tiempo. Descubre, sin dramatismos, que todo se está moviendo hacia un final. Pero lejos de ser una advertencia lúgubre, esa certeza aparece como un relámpago de lucidez: un despertador que nos sacude del letargo.</p><p>Durante años, la cultura moderna nos ha adiestrado en una suerte de sonambulismo confortable. Construimos ciudades de hormigón, contratamos planes a treinta años, buscamos autos y heladeras con fama de duraderos y acumulamos objetos con la ingenua fe en que la eternidad es la norma y la finitud una excepción. Vivimos como si tuviéramos un crédito infinito en la cuenta bancaria de los días. Postergamos las palabras que importan, aplazamos cientos de abrazos para una ocasión especial y dejamos que la rutina devore las horas en la sala de espera de un futuro hipotético. Nos comportamos como propietarios eternos de un tiempo que en realidad lo tenemos en alquiler.</p><p>Sin embargo, la finitud no es una condena que ensombrece la existencia, sino el resorte sagrado que la pone en marcha.</p><p>La ciencias exactas, lejos de ofrecernos una visión desoladora, nos brinda una lección de asombro. Un ingeniero francés (de quien no recuerdo el nombre y tampoco me importa porque me cansé de googlear para no saber nada) asegura en lo que llamó Segunda Ley de la Termodinámica que el universo avanza inexorablemente hacia la transformación y la disipación. Nada permanece estático. En sus meditaciones sobre la naturaleza del tiempo, propone algo conmovedor: las cosas no existen, sino que suceden. No somos estatuas de piedra que atraviesan el calendario; somos eventos, procesos, espasmos de energía. Somos como una ola que cobra forma en el océano, alcanza su cresta, refleja un destello de luz del Sol y vuelve a disolverse en el agua. Exigirle a una ola que dure para siempre es malinterpretar su naturaleza. La belleza arrolladora de la ola reside justamente en que es única, movediza y fugaz. Si fuera eterna, perdería la fuerza de su impacto.</p><p>Viktor Frankl, desde los abismos de la experiencia humana, comprendió que la existencia adquiere un sentido insustituible precisamente porque sus días están contados. Si fuéramos inmortales, cada decisión podría aplazarse indefinidamente. No habría urgencia en el perdón, ni valor en el coraje, ni fortaleza en la palabra empeñada. La eternidad se encarga de vaciar de gravedad a cada uno de nuestros gestos, porque siempre hay un mañana para reparar lo postergado.</p><p>Sigmund Freud relata en uno de sus ensayos una caminata veraniega por el campo junto al poeta Rainer Maria Rilke. El escritor, en un exceso de romanticismo tremendista, se afligía &nbsp;al contemplar las flores y los paisajes hermosos, abrumado por la idea de que toda esa belleza desaparecería con el invierno. Freud, con lucidez clínica y profunda empatía, le respondió que la finitud del goce aumenta su valor. La flor que dura una sola noche no es menos hermosa por el hecho de que va a morir al amanecer. Su brevedad es, de hecho, el motor que enciende nuestra fascinación, nuestro goce y hasta nuestra vida.</p><p>En la tradición cristiana, la brevedad de la vida no aparece como una condena, sino como una llamada urgente a despertar la conciencia y habitar la fe desde la gratitud. Hay un salmo que contrasta la eternidad y grandeza de Dios con la fragilidad y brevedad de la vida humana. Describe la vida de los hombres como un destello breve, comparándola con la hierba que crece por la mañana y se marchita por la tarde, recordando que nuestros días pasan rápido. Y condensa esa sabiduría en una plegaria luminosa: «Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría». No se trata de contarlos con la angustia del que ve agotarse un reloj de arena, sino con el asombro del que reconoce cada amanecer como un don inmerecido, una gracia viva. Dios prometió el perdón, pero no prometió el día de mañana. No sufrimos porque el tiempo pasa, sino porque vivimos postergando el amor, olvidando que el presente es el único territorio donde la vida se encarna y se celebra.</p><p>Los romanos transformaron la memoria del fin en una potente herramienta de activación vital. Marco Aurelio se repetía cada amanecer: «Puedes dejar la vida en este preciso instante; deja que eso determine lo que haces, dices y piensas». No era una consigna macabra, sino un filtro de claridad absoluta. Esta idea no busca sepultar el goce bajo la lápida del temor, sino limpiar la mirada de lo accesorio: el rencor menor, la vanidad efímera, la prisa absurda y las discusiones estériles. Es un llamado a despertar y habitar el día con el entusiasmo de quien sabe que la gran oportunidad es hoy.</p><p>¿Qué ocurre, entonces, si decidimos escuchar esa alarma? ¿Qué pasa si elegimos, de manera consciente, vivir (como me iluminó alguna vez un entrañable amigo) en “modo despedida"?</p><p>Lejos de lo que podría sugerir, vivir en “modo despedida” no es andar por la calle con el rostro apesadumbrado, ni escribir el testamento cada noche, ni desvincularse de los afectos. Todo lo contrario: es una postura de celebración pura. Es habitar el presente con la devoción de quien sabe que cada encuentro tiene el valor de lo irrepetible. Es tomar el café de la mañana sintiendo el aroma como si fuera la primera o la última vez. Es mirar a los ojos a las personas que amamos y comprender que el hecho de coincidir en este rincón del universo, en este preciso fragmento de tiempo, es un milagro descomunal.</p><p>Cuando uno asume que la muerte no es una enemiga que acecha en las sombras, sino la compañera silenciosa que le otorga relieve a la vida, la realidad sufre una transmutación maravillosa. Se disuelven las tensiones innecesarias. El orgullo desmedido revela su ridícula inutilidad. La postergación cobarde se transforma en acción decidida. Y mirar a los demás sabiendo que todos compartimos la misma condición fugaz despierta una empatía inmediata con la vida.</p><p>En la cultura japonesa existe una idea poética que describe la sensibilidad de lo efímero. Plantea que la vida es comparable con la emoción dulce que se siente al contemplar los cerezos en flor, aún sabiendo que la brisa se llevará sus pétalos en unas pocas semanas. No hay amargura en esa contemplación; hay una gratitud profunda por haber estado allí para presenciar el espectáculo. Nos conmueve lo que no se puede retener. Un juguete de la infancia guardado en un cajón, la caligrafía pausada de tu viejo, la mano suave de una caricia de mamá o el sonido de las hojas secas debajo de las zapatillas en las calles de tu barrio. Todo eso no vale por su resistencia al paso de los años, sino por la cantidad de vida que lograron condensar en su finita fragilidad.</p><p>Hay una paradoja luminosa que debemos rescatar del olvido: la conciencia de la muerte no apaga la vida; la enciende. Funciona como una lente que nos devuelve la nitidez. Nos recuerda que no hemos venido a este mundo a aprender a usar el Excel, ni tampoco a acumular rencores, o a esperar el momento perfecto para empezar a ser felices. El momento es este, con sus imperfecciones, sus grietas y su luz.</p><p>Vivir en “modo despedida” es, en su sentido más profundo, el acto supremo de la gratitud. Es levantarse cada mañana, mirar alrededor y gritarle a nuestra existencia que sabemos muy bien que esto no dura para siempre. Pero precisamente por eso, porque va a terminar, no me lo voy a perder. Es atreverse a decir lo que sentimos sin calcular tanto, a perdonar sin exigir garantías, a emprender ese proyecto postergado, a disfrutar del abrazo de nuestras hijas, del beso amable de tu mujer, del camino con tus hermanos o de una charla con amigos sin mirar el reloj.</p><p>La vida es un regalo de una generosidad desmedida. Pero es un regalo con fecha de vencimiento. Ignorar esa fecha no nos hace inmortales; solo nos hace insensibles. Aceptar el límite, en cambio, nos devuelve la capacidad de asombro.</p><p>Al final, nuestra existencia no se mide por la cantidad de páginas del libro, sino por la intensidad y el amor con que hemos leído cada línea. Saber que la obra tiene un acto final no arruina la función; le otorga a cada escena, a cada diálogo, a cada silencio, el peso brillante de lo sagrado.</p><p>Se apagarán las luces algún día, sí. Y el teatro quedará en calma. Pero mientras la música siga sonando y el telón esté arriba, no hay forma más bella, inteligente y apasionada de habitar el escenario que hacerlo con la elegancia serena, agradecida y atenta de quien sabe que cada instante es una fiesta.</p><p>Brindo por eso. Y en modo despedida, los saludo hasta la próxima.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/finitud.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Vivir el presente, disfrutar la vida. El estado de eterna despedida y el sentido de Victor Frankl.]]>
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                                <updated>2026-09-12T10:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-09-12T10:00:00+00:00</published>
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            Dia Internacional de Falsas Denuncias: mil días secuestrado y contando
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                <![CDATA[Pedro Paulin]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/falsa_denuncia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Gus se despierta antes de que amanezca, estos días fueron duros, la cabeza no paró. El día después de la visita familiar es una tortura, el tiempo no pasa y el optimismo cuesta. Un abrazo que no termina, hijos que se van sin su papá, eso único que quieren todos. Todo, absolutamente todo, por una mentira comprobada judicialmente, con dos, no un sobreseimiento, con exigencia de revisión por la máxima autoridad de los fiscales, con irregularidades en cada etapa antes del desastre. Mi amigo es el síntoma del desastre de la “Falsa Denuncia”, tristemente célebre los 9 de septiembre. Ayer se volvió a pedir justicia, y mi amigo se acostó otra vez preso.&nbsp;</p><p>Mil noches. Los que somos padres, nos cuesta cuando estamos cuatro o cinco noches sin nuestros hijos. Miro sus fotos, los pienso, los rezo, los siento lejanos a pesar de que sé que los veo el lunes. Pensemos esto: mil noches. Mil veces dormirte sin verlos. Mil veces levantarte sin ese abrazo, sin besos, sin el calor y el mimo de nuestros chicos. Eso que nos da vida y nos obliga a ser mejor. Eso es lo que le arrancaron a mi amigo. Y por locura, rencor o todo junto.</p><p>En la cárcel, Gus es el “Negro”, su nuevo nombre, es sinónimo de buena leche, nunca un conflicto, nunca es nunca, ni antes ni después, jamás tuvo antecedentes ni incidentes ni un hecho delictivo. ¿Puede alguien ser una persona civilizada, sana, no violenta, no agresiva, amiguera, fanática de sus amigos y su familia, sin rasgos perversos, sin antecedentes, pero un día, de repente, convertirse quince minutos en el abusador de su hija o su sobrino para volver a ser “normal” para siempre? ¿Alguien puede pensar que eso existe? No hay un texto de los que analicé que planteé esa posibilidad.</p><p>Ahí, en el penal bonaerense, todos saben que es inocente y que &nbsp;está ahí por un una mentira reconocida en privado por la propia jueza; jueza que fue después destituida por mal desempeño. Y sin embargo, la maquinaria penal avanzó igual, eran tiempos de wokismo en la Argentina. Ese wokismo que generó la muerte de Lucio Dupuy y que llenó de miedo a jueces y fiscales. Ese que permitió que psicólogas &nbsp;disfrazadas de feministas armen preguntas inducidas para Cámara Gesel y meter preso a padres inocentes. Eso sigue vigente.&nbsp;</p><p>El 9 de septiembre se conmemora el Día Internacional contra las Falsas Denuncias, un día para visibilizar la destrucción de vidas que provoca la instrumentalización del sistema penal. La historia de Gus no es una anomalía aislada, bajo este prisma ideológico que caló hondo en Argentina, las garantías fundamentales del Estado de Derecho, empezando por el principio de inocencia y la presunción de no culpabilidad, fueron reemplazadas por creencias, puntos de vista, percepciones y hasta auto percepciones, distintas variables menos elementos probatorios serios, invirtiendo la carga de la prueba y convirtiendo la prisión preventiva en una pena anticipada.</p><p>Yo te voy a contar el caso de mi amigo, pero sólo para que sepamos todos del delirio que estamos viviendo, ese que lo tiene secuestrado hace mil noches.</p>El "pecado original" de la acusación: La historia empezó con un juego de chicos en un baño. La propia nena le dijo a su mamá y a la señora que trabajaba en su casa que había jugado con su prima y por eso tenía marcas en el cuerpo. La mamá decidió que esa versión no era real a pesar de lo obviamente real (no existe un manual de psicología infantil que sostenga que el cerebro de un chica de dos, tres o cuatro años invente una estrategia de un caso de abuso). Entonces la mamá elucubró la hipótesis del abuso y empezó un proceso de sugestión que transformó una vivencia infantil en un expediente penal con previa obstrucción de vínculo para implantar recuerdos sin chance de que sean refutados. Todo quedó en familia materna.Pericias y vicios de manipulación: Informes de peritos forenses especializados en psicología del testimonio, como la Lic. Norma Weber, dejaron en evidencia cómo en el fuero del municipio donde pasó esto, se &nbsp;vulneraron sistemáticamente los protocolos internacionales de la UNICEF y del Cuerpo Médico Forense. En el caso de Gus, se tomaron pruebas gráficas antes de evaluaciones oficiales y se concretó una Cámara Gesell insólita, realizada 11 años después de los supuestos hechos, con audios y videos inaudibles. Esta práctica, calificada como perversa, propició el implante de falsas memorias a través de preguntas inductivas formuladas a las menores.Sesgo y hostilidad hacia las pruebas de descargo: A pesar de contar con dos sobreseimientos previos en la instrucción y peritajes psicológicos y psiquiátricos oficiales que confirmaron que Gus no presenta ningún rasgo de psicopatología ni desvío sexual, el tribunal condenatorio desoyó la evidencia científica. Durante el debate, la exjueza —luego destituida— persiguió y hostigó a los peritos de la defensa, desestimando sus testimonios para sostener una condena de más de veinte años firmada de antemano.Indolencia de las altas esferas: Mientras la defensa aguarda definiciones de la Suprema Corte bonaerense, la burocracia judicial dilata incluso la concesión de una prisión domiciliaria.&nbsp;<p>La gravedad del cuadro no es una mera apreciación defensiva. El propio Procurador General de la Provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand, emitió un dictamen categórico en el que remarcó que la condena contra Gus vulneró la garantía constitucional de la revisión amplia y el principio in dubio pro reo. Conte Grand expuso que la acusación se construyó sobre relatos plagados de contradicciones (con más de siete versiones distintas), en ausencia total de lesiones físicas y bajo una imposibilidad material y temporal evidente. Por eso, el máximo jefe de los fiscales bonaerenses concluyó que la condena debía ser casada por la Suprema Corte debido a la falta de certeza y la arbitrariedad en la valoración probatoria.</p><p>El caso de Gus condensa el trágico costo humano de un sistema penal que cedió ante el dogmatismo ideológico. Cuando la perspectiva militante sustituye a la prueba objetiva, los tribunales dejan de administrar justicia y pasan a ejecutar cancelaciones. Recordar el Día Internacional contra las Falsas Denuncias no es un debate académico sobre teoría del derecho: es la necesidad urgente de exigir que la verdad y la neutralidad vuelvan a las salas de juicio, para que un hombre inocente no tenga que pasar ni una sola noche más en una celda por el delito de ser víctima de una mentira.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/falsa_denuncia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Gus sigue encerrado. Una jueza destituida, una familia rota y un papá que quiere volver a casa.]]>
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                                <updated>2026-09-10T19:22:18+00:00</updated>
                <published>2026-09-10T19:22:14+00:00</published>
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            Mercados de carbono: qué son, por qué el Senado los debate y por qué hay que tener cuidado
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                <![CDATA[Juan Carlos Villalonga]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/mercados_de_carbono.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un "crédito de carbono" es, en términos simples, un certificado que dice que en algún lugar del mundo se evitó emitir una tonelada de CO₂. Ese certificado se puede comprar y vender: una empresa o un país que contamina lo compra para "compensar" sus propias emisiones. La idea parece sencilla, pero no lo es en absoluto. El Senado argentino está debatiendo una ley para que Argentina participe de ese mercado a nivel internacional, en el marco de lo que el Acuerdo de París llama "Artículo 6".</p><p>Para que un crédito de carbono sea real, tiene que poder probarse que la reducción de emisiones realmente ocurrió, que no hubiera ocurrido igual sin el proyecto, que el problema no se trasladó a otro lugar y que la mejora va a durar en el tiempo. Cumplir con esas cuatro condiciones simultáneamente es enormemente difícil — especialmente cuando los proyectos involucran bosques, uso del suelo o forestación, que es exactamente lo que más se está proponiendo hacer en Argentina.</p><p>Hay una fuerte presión de empresas, consultoras internacionales y sectores económicos locales para entrar en este mercado, atraídos por la posibilidad de monetizar los bosques y recursos naturales del país. El riesgo es que, si los controles fallan, lo que se vende es "humo": certificados que no representan ninguna reducción real de emisiones, pero que permiten a quien los compra seguir contaminando (quemando combustibles fósiles) como si hubiera "compensado".</p><p>En la totalidad de las actividades que generan créditos de carbono basadas en actividades naturales (bosques, usos del suelo, forestación) pretenden falsamente “compensar” emisiones fósiles (quema de petróleo, carbón o gas).&nbsp;</p><p>Esa compensación es un fraude. En un caso se trata de retener (temporalmente) carbono biogénico que circula entre la atmósfera y la biosfera (biomasa vegetal y animal) permitiéndole a otro país nuevas emisiones de carbono proveniente del subsuelo. El resultado neto es que nuevas emisiones de carbono se añaden a la atmósfera.</p><p>En el sistema anterior (el Protocolo de Kioto), los países en desarrollo no tenían metas de reducción de emisiones propias. Ahora sí las tienen. Eso significa que si Argentina vende créditos de carbono al exterior, esas toneladas "ahorradas" ya no pueden contarse como logro propio: el país las cede y tiene que registrarlas como emisiones adicionales en su inventario. Vender créditos, en este contexto, puede perjudicar el cumplimiento de los propios compromisos climáticos del país.</p><p>La meta climática que el gobierno argentino presentó ante las Naciones Unidas (llamada NDC) tiene poca ambición — se propone reducir menos de lo que podría. Eso no es casualidad: una meta laxa genera "créditos sobrantes" que se pueden vender. En otras palabras, algunos estarían inflando la meta para tener más para comercializar, no para reducir emisiones de verdad.</p><p>*El autor es Master en Energía (UBA) y asesor de Energía y Cambio Climático en el Círculo de Políticas Ambientales.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/mercados_de_carbono.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Un negocio que promete financiamiento pero que también despierta fuertes advertencias]]>
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                                <updated>2026-09-06T10:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-06T10:00:00+00:00</published>
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            Desarrollos virtuosos
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                <![CDATA[Juan José Cugliandolo]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/desarrollos-virtuosos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/miguel_angel.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>A la hora de hablar de desarrollos inmobiliarios, sea para uso residencial, hotelero u oficinas, se presta principal atención a los planos, la inversión requerida, los metros cuadrados a construir, el ROI esperado y, por sobre todo, la locación, lo cual en parte es correcto. Sin embargo, tras años de acompañar desarrollos desde su estado embrionario hasta su materialización, comprobé que la diferencia entre un proyecto logrado y un caso de éxito en toda su cadena de valor radica en el capital humano que le da vida al activo día a día.</p><p>Liderar y formar equipos de trabajo requiere recurso humano honesto y profesional. Pero hay un elemento que constituye el auténtico ADN organizacional y que debe guiar cada acción e idea cotidiana: el servicio como filosofía de gestión. Al final del día, el que no vive para servir no sirve para vivir.</p>Algunos pilares del ADN Organizacional<p>Para que una organización o negocio —no solo de Real Estate— encuentre la excelencia, genere valor y disfrute del hacer cotidiano, es necesario consolidar pilares fundamentales como ser:</p>Formación y aprendizaje continuo: La capacidad de adaptarse a la evolución del mercado y capacitarse constantemente. Eso sí... con la Inteligencia Artificial al servicio de los Recursos Humanos.Colaboración entre pares: El fomento de dinámicas donde el intercambio de conocimientos potencie cada área del proyecto. Best practices compartidas y premiadas.El cliente en el centro: La convicción de que la satisfacción de las demandas del cliente —el verdadero «jefe» de la organización— es la prioridad.Rentabilidad basada en una mirada de largo plazo: Entender que el ROI no solo debe verse por proyecto, sino por Empresa en Marcha.Corporate Governance: Un directorio con virtudes que potencie y tenga en su agenda todo lo anterior.<p>Cuando estos pilares se arraigan en la cultura de una empresa, los resultados operativos y financieros surgen como consecuencia natural.</p>La sinergia entre Marca, Locación y Gestión<p>A lo largo de mi trayectoria, he tenido la oportunidad de poner a prueba este enfoque en entornos de alta exigencia a través de marcas referentes de la industria.</p><p>Un caso emblemático fue la expansión de NH Hoteles fuera de Europa, que encontró en Argentina su plataforma inicial de desarrollo internacional. Formar parte del equipo directivo que lideró ese crecimiento regional significó un desafío vertiginoso: bajo un modelo de gestión enfocado en la eficiencia y el servicio, alcanzando un promedio de dos aperturas hoteleras por año entre 2000 y 2012, llevando la presencia de la marca desde Ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata, Mendoza, Córdoba, Uruguay, Brasil y Chile.</p>Gestión. NH Provincial en Mar del Plata.<p>La versatilidad de este modelo también se refleja en el ámbito logístico. Ser parte del grupo directivo inicial de Norlog, la plataforma logística del Grupo Andreani, me permitió ver materializar la visión de Oscar Andreani en un proyecto desde cero. Cien hectáreas de pastizal que en sus inicios solo se podían recorrer a caballo, hoy representan uno de los parques logísticos más consolidados y exitosos del país.</p><p>Ser parte del desarrollo de la Torre Trump en Punta del Este me permitió evidenciar cómo una marca global de Real Estate potencia locaciones dándole un valor extraordinario, donde incluso tienen un poder de atracción por encima del destino. Eric Trump lo llamó en una de nuestras reuniones de trabajo Ultra Exclusive Residences.</p>Uruguay. Torre Trump en Punta del Este.<p>Por otro lado, la innovación claramente no siempre implica construir desde la hoja en blanco. Edificios como el Hotel Savoy en Buenos Aires, construido para el primer centenario de la Argentina, ponen de manifiesto el valor del patrimonio histórico. Haber recuperado y puesto en valor su arquitectura Art Nouveau con servicios modernos y sofisticados permitió responder a un público que busca tomar distancia de propuestas edilicias modernas, priorizando la identidad, la historia y una propuesta gastronómica y hotelera de lujo y excelencia.</p>Tradición y renovación. Hotel Savoy, en el centro porteño.Reflexión e invitación final<p>Desarrollar virtuosamente, sea en Hotelería, Logística, Branded Residences e inmuebles con impronta patrimonial distinguidos, la lección es unívoca: los activos inmobiliarios ganan valor no solo por su arquitectura, diseño, marcas o su ubicación, sino principalmente por la solidez e integridad de los equipos que los conciben y los operan.</p><p>Construir, desarrollar y gestionar para las generaciones presentes y futuras es integrar la estrategia del negocio con una cultura de servicio enfocada en mejorar la experiencia de quienes habitan e interactúan cada espacio.</p><p>Así como Miguel Ángel liberó El David que estaba atrapado dentro del bloque de mármol, te invito a compartir y agregar otros pilares para este camino de desarrollar virtuosamente como una manera de esculpir el mármol que nos toque.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/miguel_angel.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El factor humano como capital esencial en el día a día. Casos donde el aprendizaje continuo determina el éxito.]]>
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                                                <category term="economia-negocios" label="Economía &amp; Negocios" />
                                <updated>2026-09-02T17:41:58+00:00</updated>
                <published>2026-09-01T23:00:20+00:00</published>
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            ¿Cómo seguirá Argentina tras el adiós de Messi?
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                <![CDATA[Gonzalo Ordoñez Ojeda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/messi_y_sus_companeros.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Son etapas. Cada una tiene su cierre y esta vez, aunque para muchos quizás aún les pueda ser difícil de aceptar, Lionel Messi puso punto final a su carrera vistiendo camiseta de la Selección Argentina, lo cual marca el fin de otra Era. Así como en su momento se terminó el ciclo de Diego Armando Maradona y de Mario Kempes, quienes también fueron grandes portadores del número “10” albiceleste, la noticia comunicada por el rosarino a través de las redes sociales generó un gran impacto, del mismo tenor que cuando decidieron terminar sus carreras Emanuel Ginóbili, Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Luciana Aymar y Luis Scola, entre tantos deportistas exitosos que representaron a nuestro país.</p><p>Más allá del gran peso que tuvo la decisión de Messi, esto marca que ya la Selección, con o sin Lionel Scaloni de entrenador después de diciembre, ya debe apuntar a las nuevas generaciones. No es algo nuevo, simplemente que habrá que aceptar que no será sencillo encontrar un líder futbolístico del mismo calibre, tal como lo fueron Kempes, Maradona y Lionel. La Copa América 2028 y el Mundial de 2030 serán los próximos grandes compromisos por los puntos de Argentina, que tiene muy buenos futbolistas y están capacitados para mantener a la Selección a nivel competitivo, pero el gran desafío en esta nueva etapa es encontrar otra buena base (el trabajo de Scaloni en estos últimos ocho años dejó la vara muy alta) y quien sepa comandar en el juego.</p><p>Podría decirse tranquilamente de los Nico Paz, Thiago Almada, Franco Mastantuono o Tomás Aranda como posibles futuros número 10 de Argentina. Sin embargo, no se puede soslayar que Messi no sería el único integrante de este último brillante ciclo que dejaría de ser parte del seleccionado. Nicolás Otamendi ya había anunciado previamente que el Mundial de Canadá-Estados Unidos-México 2030 era su último torneo, el arquero Emiliano Martínez y Nicolás Tagliafico pusieron en duda su continuidad; entonces será tiempo de revisar qué integrantes de la Scaloneta seguirán estando a disposición para el combinado nacional, tomando en cuenta además que varios jugadores ya superan los 30 años de edad y otros fueron suspendidos duramente después de la final perdida contra España en Nueva Jersey, como fue el caso de Leandro Paredes, con 10 partidos, y Nahuel Molina Lucero, con 7.</p><p>Otro detalle que marcó el retiro de Messi de la Selección Argentina es que también quedó acéfala la capitanía del equipo. Entonces, para Scaloni o el DT que esté después de diciembre será clave encontrar al futbolista con condiciones de llevar adelante la responsabilidad. Entre los candidatos están Lautaro Martínez o Enzo Fernández, quienes podrían seguir jugando en el equipo nacional y además ya lucen la cinta en sus equipos (Martínez en Inter y Fernández en Chelsea). Otras posibilidades son para Cristian Cuti Romero y el Dibu Martínez, si deciden seguir defendiendo los colores albicelestes.</p><p>Por ahora todo es una incógnita, porque todavía muchos intentan digerir el shock del anuncio. Pero la realidad es que ya comenzó la era Post-Messi y, aun siendo un nuevo camino largo para recorrer, una renovación está en marcha…</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/messi_y_sus_companeros.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El anuncio del retiro de la Selección del rosarino marcó el inicio de una renovación en el equipo nacional.]]>
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                                <updated>2026-08-31T19:19:14+00:00</updated>
                <published>2026-08-31T19:18:05+00:00</published>
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            Pérdidas y ganancias
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/perdidas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Pérdidas y ganancias</p><p>Tener cincuenta y pico nos regala la posibilidad de pausar la marcha y silenciar el apuro. A esta altura del partido, uno empieza a mirar el recorrido no con la urgencia de quien quiere conquistarlo todo, sino con la pausada serenidad de quien se sienta a constatar lo aprendido. Hay una sensibilidad nueva, más fina y menos tolerante al artificio, que nos atraviesa sin pedir permiso. Escribo estas líneas desde la frontera donde el pasado deja de ser una acumulación de anécdotas para convertirse en una lección silenciosa, y donde la vida nos exige balances que, saludablemente, elegimos no postergar.</p><p>No se trata de ponernos solemnes ni de dar cátedra sobre cómo vivir, sino de ponerle palabras a eso que nos embarga cuando miramos hacia atrás. Quienes vivimos los 80 y los 90 a toda velocidad, hemos descubierto que la reflexión no es un ejercicio intelectual, sino una necesidad del alma para acomodar los recuerdos en su estante definitivo. Es el momento en que entendemos que todo lo que perdimos, lo que mantuvimos y lo que dejamos ir no fue producto del azar, sino la materia prima con la que fuimos construyendo esto que somos.</p><p>Hay un momento en la vida, casi siempre amparado por la soberbia de los veinte años, en el que estamos convencidos de que el tiempo es un pozo sin fondo. En esa época, los días se estiran con una elasticidad tramposa y las noches parecen refundarse a cada rato en la mesa de cualquier bar. Acumulamos gente con la voracidad de un coleccionista impulsivo. Guardamos números de teléfono en libretas que jamás volveremos a abrir, sumamos nombres a las mesas de café, nos abrazamos con desconocidos en la cancha o en los piringundines baratos de ciertas madrugadas, y llamamos a todo eso amistad. Creemos, con una fe ciega y casi infantil, que la vida es una tribuna que se va llenando para siempre y que la dimensión de un hombre se mide por el nivel de ruido que lo rodea.</p><p>Éramos ricos en cantidad, pero profundamente analfabetos en la ciencia del tiempo. Vivíamos con las puertas abiertas de par en par, dejando entrar a cualquiera que tuviera una anécdota a mano o una carcajada disponible casa estaba siempre llena. La agenda desbordada y la sensación de pertenencia se alimentaba del murmullo constante. En esa juventud ruidosa, la soledad era percibida como un fracaso, un defecto de fábrica, una señal de aridez emocional. Nadie quería quedarse a solas con sus propios pensamientos, por lo que tapamos el silencio con cualquier tipo de compañía. Compañías masculinas para arrugar manteles y femeninas para arrugar las sábanas.</p><p>Pero la vida, que es una gran maestra en el arte de la paciencia, empieza a ajustar sus tuercas sin pedirnos permiso. Al principio no te das cuenta. Las primeras pérdidas ocurren de manera imperceptible, casi elegante. Es el amigo del secundario con el que dejás de coincidir porque sus horarios ya no encajan con los tuyos. O aquel compañero de batallas universitarias con el que, de pronto, en el café de la avenida, te descubrís mirando el reloj porque las frases hechas ya no alcanzan para tapar el abismo de dos mundos que se alejaron. No hay pelea, no hay un portazo dramático ni insultos de por medio; hay simplemente un distanciamiento tibio, una marea suave que lleva a uno para un lado y a otro para el otro.</p><p>Después vienen los romances. Aquellas promesas solemnes susurradas en la penumbra de un auto viejo o en el balcón del departamento de soltero, donde nos jurábamos amor eterno sobre cimientos de papel. Amores que parecían el centro de gravedad del universo y que, con los meses o los años, terminaron desgastándose en la rutina, en las expectativas cruzadas o en la simple constatación de que éramos dos extraños viajando en la misma dirección por puro accidente. Se van los amores, y con cada despedida se apaga una luz en ese lugar amable que habíamos diseñado para iluminar el futuro.</p><p>A decir verdad, debemos reconocer que de los viejos romances siempre quedan algunas huellas y, tal vez, el recuerdo más o menos esclarecido de una o dos mujeres que nos dura toda la vida. Puede ser. Pero el tiempo nos ayuda a comprobar que eso que creíamos amor eterno resulta ser simplemente una herida que nació en un pasado obnubilado y murió en el desencanto. En el desengaño que surge cuando comprendés que, muchas veces, dos vidas que se cruzaban por amor son en realidad trazos que se bifurcan por dos senderos que se alejan hasta el infinito.</p><p>Y luego llega el golpe verdadero, el que desacomoda la arquitectura del alma: la pérdida de los familiares. Es el momento en que la muerte deja de ser una abstracción filosófica o una noticia en la contratapa del diario para golpear a la puerta de nuestra propia casa. Se van los abuelos, se van los tíos que eran como padres y madres sustitutos, y un día, en la estocada más feroz que nos asesta la existencia, se nos van los padres. Se van las voces que sostenían nuestra infancia, las manos que nos ataban los cordones, el aroma a tuco de los domingos y esa mirada única que nos leía sin necesidad de palabras. Con su partida, nos quedamos en la primera línea de fuego. Nos descubrimos repentinamente adultos, mirando hacia atrás y viendo que el paisaje de la infancia y la juventud se transformó en un terreno poblado de ausencias.</p><p>En ese trance, la reacción primaria es el espanto. Sentimos que nos estamos desmoronando, que la vida es un proceso cruento de despojo sistemático. Miramos alrededor y vemos la mesa cada vez más chica, las sillas vacías acumulando polvo, la libreta de contactos convertida en un pequeño cementerio de nombres que ya no van a responder. Nos domina una sensación de intemperie. ¿Qué nos pasó?, nos preguntamos en la soledad de la noche. ¿Cómo fue que nos quedamos con tan poco?</p><p>Sin embargo, si uno tiene la fortuna y la templanza de dejar pasar los años sin cerrarse al dolor, empieza a germinar una sensibilidad distinta, más honda y serena. Con el tiempo, la mirada se limpia de la urgencia juvenil. Y es ahí cuando comprendemos que hay una lógica profunda en este camino, una especie de selección natural afectiva que el alma ejecuta de manera casi inconsciente para salvaguardar lo esencial.</p><p>No se trata de un proceso de endurecimiento ni de cinismo. Todo lo contrario: es el resultado de un refinamiento espiritual. En la biología de las especies, la selección natural elimina lo superfluo para garantizar la supervivencia del organismo. En la biología del alma ocurre exactamente lo mismo. A medida que nos acercamos a la madurez, descubrimos que el tiempo no es ese pozo infinito que creíamos a los veinte años, sino un recurso escaso e infinitamente valioso. Y cuando entendés con qué moneda estás pagando cada hora de tu vida, te volvés un administrador ferozmente lúcido de tus propios afectos.</p><p>Esa selección natural que hacemos sin darnos cuenta no es más que un filtro de calidad. La vida nos va quitando lo que era de utilería para obligarnos a mirar lo que es de madera noble. Las amistades que se cayeron no eran malas; simplemente eran de una estación determinada. Cumplieron su ciclo, nos enseñaron lo que tenían que enseñarnos, nos dejaron un recuerdo y siguieron su curso. Los romances que no prosperaron fueron el borrador eficaz y necesario para entender qué buscábamos realmente cuando le abrimos el corazón a esa persona que amanece con nosotros. Y las pérdidas familiares, aunque duelan con un filo tenaz e insoportable, nos heredan una sensibilidad madura, un sentido agradecimiento hacia la memoria y una comprensión absoluta del valor que tienen aquellos que todavía están.</p><p>Llegar a esta altura del partido con la agenda limpia de compromisos vacíos no es una derrota. Es una victoria deslumbrante. Es la conquista de la autenticidad. Nos damos cuenta de que ya no tenemos ganas ni energía para sostener charlas superficiales, para sonreír por cortesía en reuniones que nos aburren o para tolerar neuronas ajenas que solo traen ruidos molestos. Aprendemos a decir no sin culpa y a gritar sí con la entrega absoluta de quien sabe que está regalando su bien más preciado.</p><p>Hoy la mesa es más chica, claro que sí. ¡Pero qué mesa! Quienes se sientan a ella no necesitan presentaciones ni artificios. Son personas con las que se puede compartir un café en silencio sin que ese silencio resulte incómodo o haya durado años. Son los amigos que conocen nuestras miserias y nuestros fracasos, y que sin embargo eligen quedarse. Son los amores que sobrevivieron a las tormentas y se convirtieron en un puerto sereno, un lugar donde sacarse la armadura y respirar. Son los pocos parientes o afectos entrañables con los que un abrazo de tres segundos basta para ponernos de pie otra vez.</p><p>Cambiamos la pirotecnia de las fiestas por la luz tibia de un quincho con siete u ocho imprescindibles. Cambiamos los cien mensajes de cumpleaños por tres llamadas de voz que nos quiebran la garganta de la emoción. Ganamos en densidad lo que perdimos en volumen. Y esa permuta es, quizás, el negocio más extraordinario que hacemos en la vida.</p><p>Mirar hacia atrás y contar las ausencias sigue provocando una mueca de nostalgia, es innegable. Las cicatrices están ahí y nos recuerdan el precio de haber vivido. Pero hoy sabemos que no somos lo que perdimos, sino lo que supimos conservar después de que el viento hizo su trabajo. La madurez nos regala la sabiduría silenciosa de comprender que la vida no consiste en acumular personas como si fueran trofeos en una repisa, sino en destilar los afectos hasta quedarnos con la esencia más pura.</p><p>Al final de la jornada, cuando la tarde empieza a caer y las sombras se alargan sobre el patio, descubrimos que no importa cuántos había en la tribuna durante los momentos de fiesta. Lo único que realmente importa es quiénes siguen sentados a nuestro lado, en silencio, cuando el ruido ha terminado y solo queda lo que queda.</p><p>Ahí es cuando la vida te dice quién sos. Cuando mirás a los costados y no son tantos. Pero igual vas a la guerra. Sosteniendo con inquebrantable convicción las banderas del amor verdadero y de la amistad de fierro. Esas banderas, como todos sabemos, se izan y flamean después de los cincuenta. Y son las que te llevan a disfrutar de la victoria más grande de todas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/perdidas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los vínculos y apuestas. El corazón y la reflexión a mitad de la vida.]]>
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                                                <category term="sin-hashtag" label="Sin Hashtag" />
                                <updated>2026-08-30T17:31:00+00:00</updated>
                <published>2026-08-30T13:51:07+00:00</published>
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            Argentina y la mala costumbre de “lotear” el agua y la energía
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/argentina-y-la-mala-costumbre-de-lotear-el-agua-y-la-energia" type="text/html" title="Argentina y la mala costumbre de “lotear” el agua y la energía" />
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                <![CDATA[Gonzalo Meschengieser]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/hidroelectrica.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Argentina tiene por delante una oportunidad extraordinaria: desarrollar simultáneamente sus recursos energéticos, expandir su producción agroindustrial, industrializar sus recursos naturales y mejorar la infraestructura de sus ciudades. Pero para hacerlo de manera sostenible hay una condición que debería cumplirse durante la planificación estratégica: agua y energía deben pensarse como un único sistema.</p><p>Ambos sectores suelen ser planificados, regulados e incluso administrados como compartimentos independentes en nuestro país. Sin embargo, en todo sistema económico moderno existe una relación de dependencia permanente entre ellos. Es lo que la literatura internacional denomina Water-Energy Nexus: el agua necesita energía y la energía necesita agua.</p><p>Cuando una operadora como AySA o ABSA bombea agua desde una fuente superficial o subterránea, la transporta, la potabiliza, la distribuye o trata sus aguas residuales está utilizando energía. El bombeo es, en muchos sistemas de agua potable, uno de los principales componentes del consumo energético. A ello se agregan la aireación en plantas de tratamiento, la desinfección, la elevación de agua hacia reservorios y, cada vez más, procesos como la desalación y la reutilización avanzada. El agua es el bien o recurso más transportado del planeta.</p><p>Prácticamente todas las tecnologías de generación eléctrica tienen algún vínculo con el agua. Una central hidroeléctrica transforma directamente la energía potencial del agua en electricidad. Una central nuclear utiliza grandes cantidades de agua para sus sistemas de refrigeración. Las centrales térmicas a gas, carbón o fuel también requieren agua para refrigeración. La energía geotérmica depende de fluidos y reservorios subterráneos. Incluso las centrales de ciclo combinado, aunque son considerablemente menos intensivas en agua que otras tecnologías térmicas, pueden requerir agua para sus sistemas de refrigeración.</p><p>Aún la energía solar y eólica, que tienen un vínculo mucho menor con el agua durante la generación, no están completamente desconectadas del recurso hídrico: su fabricación requiere agua y, en algunos casos, el mantenimiento de instalaciones puede incorporar consumos hídricos.</p><p>La consecuencia es clara: una política energética que no considera la disponibilidad futura de agua puede terminar limitando la propia expansión energética; una política hídrica que no considera el costo y la disponibilidad de energía puede construir sistemas económicamente inviables.</p><p>El Organismo Internacional de Energía Atómica señala que los requerimientos de agua de las centrales nucleares dependen fuertemente de sus sistemas de refrigeración y que la selección del emplazamiento debe considerar la disponibilidad de agua y las condiciones ambientales.</p>Argentina ya tiene una enorme infraestructura hídrico-energética<p>En diciembre de 2024, el Sistema Argentino de Interconexión contaba con aproximadamente 9.639 MW de grandes centrales hidroeléctricas, equivalentes al 22,2% de la potencia instalada, a lo que se sumaban otros 524 MW de pequeños aprovechamientos hidráulicos.</p><p>Pero la importancia de la hidroelectricidad se observa todavía mejor cuando se mira la generación. En 2024, la hidráulica aportó aproximadamente 33.425 GWh, equivalentes al 24% de la generación eléctrica argentina, frente al 53% de generación térmica, 7% nuclear y 16% de otras renovables.</p><p>Es decir: aproximadamente uno de cada cuatro kilovatios-hora generados en Argentina en 2024 tuvo una relación directa con el agua.</p><p>El Comahue es probablemente el ejemplo más evidente. Alicurá, El Chocón, Piedra del Águila y Cerros Colorados forman parte de un sistema en el cual la regulación de los embalses tiene simultáneamente consecuencias energéticas, ambientales, productivas y territoriales. En 2025 el Estado argentino completó el proceso de transferencia de estas centrales a nuevos operadores privados, por un monto superior a USD 706 millones, con obligaciones de inversión y modernización de infraestructura.</p><p>Yacyretá y Salto Grande agregan otra dimensión: el agua y la energía son también asuntos de política exterior. En 2025 Argentina y Paraguay acordaron nuevas condiciones para el uso de la energía de Yacyretá, incluyendo un esquema que permite a Argentina acceder hasta al 85% de la energía disponible cuando Paraguay no la requiera.</p>Las represas: energía, agua, ambiente y geopolítica<p>Una represa puede generar electricidad renovable, regular caudales, contribuir al control de inundaciones y crear reservas estratégicas de agua. Pero también puede alterar ecosistemas, modificar sedimentos, afectar poblaciones, transformar actividades productivas y generar conflictos por el uso del agua.</p><p>Cuando el río atraviesa fronteras, el problema adquiere dimensión geopolítica.</p><p>Yacyretá y Salto Grande son ejemplos argentinos de esa realidad. En otras regiones del mundo, las disputas vinculadas con grandes represas se multiplican: desde proyectos en el Himalaya hasta las grandes cuencas africanas y asiáticas, la discusión sobre quién controla el agua, quién recibe la electricidad y quién asume los impactos ambientales puede convertirse en una cuestión de seguridad nacional.</p><p>Por eso, una represa no puede evaluarse solamente por su costo por MW instalado. Debe evaluarse por el valor económico total del sistema hídrico que modifica.</p>Argentina necesita una nueva arquitectura de planificación<p>La discusión no debería ser simplemente cuánto invertir en energía o cuánto invertir en agua. La pregunta correcta es: ¿Qué sistema de agua y energía necesita Argentina para sostener su próximo ciclo de crecimiento económico?</p><p>Eso implica incorporar una evaluación hídrica obligatoria a los grandes proyectos energéticos; considerar la demanda energética en la planificación de nuevas obras de agua; promover plantas de tratamiento capaces de recuperar energía; integrar la planificación de cuencas con la planificación eléctrica; evaluar conjuntamente infraestructura de almacenamiento, generación, riego y abastecimiento urbano; y desarrollar mecanismos financieros que permitan invertir en proyectos híbridos de agua-energía.</p><p>Una planta de tratamiento que produce biometano, una red de agua que reduce pérdidas y consumo eléctrico, una central hidroeléctrica que además optimiza usos múltiples del embalse o una desaladora alimentada con energía renovable no deberían ser considerados proyectos de sectores diferentes. Son proyectos de infraestructura estratégica.</p><p>El costo de no hacerlo es alto: activos varados, infraestructura duplicada, mayores costos energéticos, restricciones de producción, conflictos por el agua, impactos ambientales y nuevas inversiones para corregir decisiones tomadas décadas atrás.</p><p>La Argentina del siglo XXI necesita superar la lógica de los ministerios y de las industrias separadas. Vaca Muerta, el litio, la minería, la agroindustria, la hidroelectricidad, la energía nuclear, las renovables y el crecimiento urbano tienen algo en común: todos dependen del agua y de la energía.</p><p>Por eso, el verdadero desafío es entender que, para una economía que quiere crecer, agua y energía son parte de la misma ecuación de desarrollo.</p><p>Y cuanto antes comencemos a planificarlas como tal, menor será el costo de hacerlo.</p><p>&nbsp;</p><p>*El autor es Médico Sanitarista MN 117.793 y CEO de la Cámara Argentina del Agua</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/hidroelectrica.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando la infraestructura se planifica por separado, se paga dos veces.]]>
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                                                <category term="energia-2050" label="Energía 2050" />
                                <updated>2026-08-30T10:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-30T10:00:00+00:00</published>
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        <title>
            El eterno niño peronista
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                <![CDATA[Franco Ceruti]]>
            </name>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-eterno-nino-peronista">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay una edad en la que uno descubre que el mundo no está organizado alrededor de sus necesidades. Que la heladera no se llena por amor, que la casa no aparece porque uno “la merece” y que firmar un contrato produce esa molestia burguesa llamada obligación.</p><p>La mayoría atraviesa ese momento durante la adolescencia.</p><p>El niño peronista, no.</p><p>El niño peronista puede tener cuarenta años, tres hijos, una cuenta en Mercado Pago y una remera del Che fabricada en Bangladesh. Es un adulto desde el punto de vista biológico y un menor no emancipado desde el punto de vista político. Frente a cada problema levanta la mirada, busca la silueta protectora de papá Estado y formula la pregunta que ordena toda su existencia:</p><p>—¿Y a mí quién me lo resuelve?</p><p>No tiene trabajo.</p><p>Papá Estado debe darle uno.</p><p>No puede comprar una casa.</p><p>Papá Estado debe entregársela.</p><p>Pidió un préstamo que no logra pagar.</p><p>Papá Estado debe refinanciarlo, auditarlo, comprarlo, licuarlo o encontrar algún adulto que cargue con la parte desagradable del asunto.</p><p>La constante no es la necesidad. Necesidades tenemos todos. La constante es la negativa a aceptar que entre el deseo y el resultado suele existir una zona pantanosa llamada responsabilidad personal.</p><p>La Constitución argentina, a la que tantos invocan con la familiaridad de quien jamás soportó la humillación de leerla, dice algunas cosas interesantes.</p><p>El artículo 14 reconoce el derecho de todos los habitantes a trabajar y ejercer una industria lícita. El 14 bis ordena que el trabajo esté protegido por las leyes y enumera condiciones dignas, jornada limitada, descanso, salario justo, protección contra el despido arbitrario y seguridad social. Al final establece que la ley garantizará “el acceso a una vivienda digna”.</p><p>Acceso.</p><p>No entrega.</p><p>La Constitución no dice que un funcionario deba tocarte el timbre con una escritura en una mano y las llaves en la otra. Tampoco garantiza que la vivienda quede en Palermo, tenga balcón, acepte mascotas y esté a veinte minutos del trabajo que todavía no conseguiste. Ordena crear condiciones, protección e instrumentos para que esos derechos puedan ejercerse. No convierte cada aspiración en una encomienda estatal con seguimiento en línea.</p><p>Lo mismo ocurre con el trabajo. El derecho a trabajar no es una obligación constitucional del Estado de inventarte un puesto exacto en tu barrio, con el horario que te gusta y un supervisor emocionalmente disponible. El Gobierno debe respetar la libertad laboral, proteger al trabajador y procurar un marco donde haya empleo. No puede garantizar que una empresa necesite precisamente lo que vos sabés hacer, exactamente donde decidiste vivir y sin pedirte que aprendas nada nuevo.</p><p>Pero al niño peronista la diferencia entre derecho y provisión le parece una argucia neoliberal. Si tiene derecho a algo, alguien debe dárselo. Si nadie se lo da, el derecho “no existe”. Y si para entregárselo hay que cobrarle impuestos a otro, emitir dinero o endeudar a personas que todavía no nacieron, mejor: el futuro jamás organizó una marcha.</p><p>Papá paga.</p><p>Papá siempre paga.</p><p>Solo que papá Estado no tiene dinero. Tiene contribuyentes.</p><p>La segunda escena infantil aparece cuando el Congreso se dispone a aprobar una ley que no le gusta.</p><p>Argentina es una democracia representativa. El artículo 22 de la Constitución es bastante menos romántico que una asamblea universitaria: “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades”. Eso no elimina el derecho a manifestarse. El mismo artículo 14 permite peticionar a las autoridades, y la libertad de expresión y reunión forma parte elemental de cualquier democracia decente.</p><p>Podés marchar.</p><p>Podés gritar.</p><p>Podés llevar una pancarta, hacer huelga y explicarle al país durante ocho horas que la República termina si un legislador aprieta el botón equivocado.</p><p>Lo que no podés hacer es sustituir los votos que no tenés por las piedras que trajiste.</p><p>Durante el debate de la Ley Bases en junio de 2024, hubo manifestantes pacíficos, abusos denunciados en el operativo y también algo menos poético: piedrazos, bombas incendiarias y autos quemados. Reconocer una cosa no obliga a negar las otras. Sin embargo, el niño peronista posee una teoría institucional fascinante: si su bloque gana, habló el pueblo; si pierde, el pueblo debe rodear el Congreso hasta que los representantes comprendan la democracia correctamente.</p><p>Es la versión política del chico que acepta las reglas del partido hasta que le cobran penal.</p><p>Entonces patea la pelota lejos.</p><p>Después aparece la Policía, intenta contener el desorden y comienza el segundo berrinche. El fuego era protesta. La piedra era participación ciudadana. El corte era deliberación popular. La fuerza pública, en cambio, es “represión”, incluso cuando responde a conductas que serían delitos si las cometiera cualquier persona sin una bandera conveniente.</p><p>El niño no hizo nada.</p><p>El jarrón se cayó solo.</p><p>Y ahora llegamos al capítulo financiero de la infancia prolongada.</p><p>Argentina atraviesa un problema real de endeudamiento familiar. No hace falta maquillarlo. La mora de los créditos no bancarios subió con fuerza; las billeteras y otros prestamistas digitales representan una porción menor del crédito familiar, pero concentran una parte desproporcionada de la deuda impaga. Las tasas pueden ser altísimas y el costo financiero total, en algunos productos, directamente grotesco.</p><p>Todo eso merece regulación transparente, información comprensible y sanciones cuando existan cláusulas abusivas. Un contrato voluntario no autoriza a estafar. La libertad de mercado no consiste en esconder el precio en una tipografía diseñada para microscopio electrónico.</p><p>Pero una tasa obscena no borra automáticamente la firma.</p><p>El crédito caro cumple una función bastante menos misteriosa de lo que parece. Quien tiene sueldo formal, patrimonio, historial impecable y capacidad de pago consigue mejores condiciones. Quien no puede acreditar ingresos, ya debe dinero o presenta mayor riesgo paga más, porque hay más probabilidades de que no devuelva el préstamo. Puede discutirse si una entidad evaluó irresponsablemente, si informó bien o si la tasa supera límites legales. Lo que no puede sostenerse seriamente es que el deudor fue un espectador accidental de una operación que apareció sola dentro del teléfono.</p><p>Nadie abrió Mercado Pago buscando el pronóstico y terminó debiendo dos millones por un error de tipeo.</p><p>Frente a la crisis, diputados de Unión por la Patria y aliados presentaron en 2026 un Régimen Esencial de Desendeudamiento. El proyecto audita préstamos, elimina cargos abusivos, consolida obligaciones y limita la cuota al 30% de los ingresos. Hasta ahí puede discutirse como un mecanismo de reestructuración. El detalle delicioso aparece en la financiación: crea un fideicomiso con aportes privados, recuperos de los deudores y también aportes públicos para comprarles las deudas a bancos, fintech y billeteras.</p><p>Es decir, el niño peronista odia a Marcos Galperin hasta que necesita que el Estado negocie con él.</p><p>Entonces Galperin deja de ser el villano monopólico por unos minutos y se convierte en acreedor de un fondo administrado por papá. El contribuyente, que quizá no pidió ningún préstamo o pagó puntualmente el suyo, participa de la aventura porque aparentemente le faltaba diversidad en su cartera financiera.</p><p>La idea tiene una contradicción magnífica. Si Mercado Pago prestó mal, evaluó mal el riesgo y otorgó dinero a quien no podía devolverlo, la pérdida debería recaer sobre Mercado Pago. Para eso cobra intereses elevados: para cubrir riesgo. Si el deudor aceptó condiciones claras y puede pagar, debe pagar. Y si no puede, corresponderán la mora, la renegociación, el concurso o la pérdida privada que determine la ley.</p><p>Lo extraño es construir una guardería financiera donde el Estado compra el problema, el acreedor recupera parte de su dinero, el deudor obtiene condiciones nuevas y el contribuyente entra a la sala sin haber sido invitado.</p><p>Eso no elimina las consecuencias.</p><p>Las distribuye entre personas que tomaron la decisión y personas que estaban pasando por la vereda.</p><p>La misma mentalidad aparece frente al empleo. Cierra una actividad en una ciudad o surgen oportunidades en otra, y en muchos países las personas evalúan mudarse, capacitarse o cambiar de sector. En Argentina, demasiadas veces la primera demanda es que el puesto regrese por decreto al mismo lugar, con la misma tarea y preferentemente bajo las mismas condiciones de 1987.</p><p>Mudarse es cruel.</p><p>Aprender otra cosa es ajuste.</p><p>Aceptar que una industria desapareció es rendirse ante el mercado.</p><p>Por eso el niño peronista no exige herramientas para adaptarse: exige que la realidad se adapte a él.</p><p>No le molesta cagar en un balde.</p><p>Lo que le molesta es que el Estado no le consiga el balde.</p><p>El peronismo entendió antes que nadie el rendimiento electoral de esta psicología. Un ciudadano autónomo puede agradecer una política y votar a otro cuatro años después. Un adulto dependiente, en cambio, vive pendiente de quién reparte, quién renueva, quién habilita, quién perdona y quién amenaza con quitarle lo que ayer presentó como regalo personal.</p><p>El paternalismo no solo distribuye recursos. Distribuye minoría de edad.</p><p>Le enseña al adulto que los beneficios vienen del gobernante, pero las obligaciones vienen de la mala suerte. Que cobrar es justicia social y pagar es crueldad. Que votar crea legitimidad si gana el propio y resistencia si gana el otro. Que cada contrato puede renegociarse políticamente y cada fracaso personal merece un culpable institucional.</p><p>Por supuesto, el Estado debe actuar donde corresponde. Debe proteger derechos, perseguir fraudes, sostener a quien realmente no puede valerse por sí mismo, ofrecer educación, seguridad, justicia e infraestructura. También puede diseñar redes transitorias frente a catástrofes o crisis profundas. Una sociedad civilizada no abandona a una persona porque tuvo mala suerte.</p><p>Pero ayudar a levantarse no es lo mismo que prohibirle crecer.</p><p>Un Estado que resuelve permanentemente las consecuencias de cada decisión termina produciendo personas incapaces de decidir. Y cuando finalmente ya no alcanza la plata —porque nunca alcanza—, el niño no interpreta que el sistema era inviable. Interpreta que papá se volvió malo.</p><p>Entonces protesta.</p><p>Rompe.</p><p>Pide otro préstamo.</p><p>Y exige que alguien más lo pague.</p><p>Hace poco leí en internet una frase maravillosa, de esas que condensan una biblioteca entera con la elegancia de un baño de estación. Decía:</p><p>“El gigantesco pene de las consecuencias rara vez viene lubricado”.</p><p>Quizá la madurez consista justamente en entender eso antes de firmar, votar, romper o endeudarse.</p><p>El niño peronista todavía espera que papá Estado compre lubricante.</p><p>Y, naturalmente, que lo paguemos todos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Una mirada ácida sobre el paternalismo estatal, la responsabilidad individual y la cultura política argentina.]]>
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                                <updated>2026-08-25T17:17:39+00:00</updated>
                <published>2026-08-25T17:17:37+00:00</published>
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            Los intendentes buscan la &quot;re-re&quot; y creen que &quot;Massa es el peor candidato&quot;
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/los-intendentes-buscan-la-re-re-y-creen-que-massa-es-el-peor-candidato" type="text/html" title="Los intendentes buscan la &quot;re-re&quot; y creen que &quot;Massa es el peor candidato&quot;" />
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                <![CDATA[Pedro Paulin]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/los-intendentes-buscan-la-re-re-y-creen-que-massa-es-el-peor-candidato">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/mago.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Si hoy fuera el balotaje, cómo votaría”. Es la pregunta que lo beneficia y que pidió en una encuesta propia quince días atrás Sergio Massa; la usa como escudo cuando le dicen que no puede ser candidato. En esa demanda, Massa le puede ganar un balotaje a Javier Milei en quince meses según ese estudio, ahora bien, el líder del Frente Renovador prefiere no averiguar cómo le iría en una PASO o una primera vuelta. Es decir, &nbsp;se ve jugando la final, pero prefiere evitar las eliminatorias, un desafío. Juan Sourruile no hubiera podido ser candidato, a pesar de su capacidad.</p><p>“Si hay una cualidad que Milei va a poder mostrar en diez meses, es que heredó 300% de inflación y vamos a votar con 2% mensual, contra eso, Sergio es el peor candidato". Habla un mini gobernador, un intendente, esos que determinan el rumbo del país y que riegan o pisotean deseos de acuerdo a su estabilidad municipal. Es la mirada que atraviesa el territorio, eso que se cuida como la familia y que encuentra en la “re-re” una moneda de cambio para enterrar el proyecto presidencial de Sergio Massa en su tercera ambición.&nbsp;</p><p>Verónica Magario porotea de a poco los proyectos en Buenos Aires y no le va mal. Por ahora es efectiva y no da pasos en falso, por eso pidió poner en pausa el dictamen para la re-re elección municipal y concejales a la espera de un acuerdo superior. Axel Kicillof tiene abierta la negociación para lograr apoyo de los caciques que manejan como nadie el pulso del consumo y la actividad económica en sus tierras. El armado del Peronismo en la provincia es claro: “está todo bien, pero cuesta la convivencia, con Malena el bloque no es fácil y los intendentes prefieren evitar roces, hasta Cambiemos anunció que no va para que salga la re elección y enterrar el proyecto de Sergio”.&nbsp;</p>Porotos. Verónica Magario, vice gobernadora de Buenos Aires.<p>Para tranquilidad oficialista en Buenos Aires, el PRO no tiene candidato y La Libertad Avanza irá con Diego Santilli, Diego Valenzuela o Sebastián Pareja, los tres anotados por ahora. Santilli deberá aguantar el calor del abrazo que genera un gobierno que le grita "mierda inhumana", “soretes, imbéciles” a los que no piensan como él. Sebastián Pareja tiene conocimiento político, pero muy bajo desconocimiento en Provincia y una interna insalvable con Las Fuerzas del Cielo y Santiago Caputo. Del trío, es probable que las acciones de Diego Valenzuela vuelvan a subir: no casta, gestión, lealtad para con los hermanos Milei y Patricia Bullrich y alto conocimiento con baja imagen negativa.&nbsp;</p><p>En la cumbre que encontró en una mesa a José Mayans, Sergio Massa, Gerardo Zamora, Máximo Kirchner, Germán Martínez, Axel Kiciloff y Ricardo Quintela, se sinceró una escenografía: de ese cuarto sale una fórmula presidencial que puede incluir a casi todos los que estaban. Massa abiertamente quiere jugar y se lo dijo antes y después de esa reunión a tres de los que estuvieron en el mitin.&nbsp;</p><p>En el Gobierno advierten que puede ser un rival peligroso una posible candidatura de Gerardo Zamora, líder de Santiago del Estero que desde el silencio norteño tiene plena ocupación, superávit fiscal, gestión y mucha relación con empresarios y la Iglesia. Prefieren que juegue Massa o Kicillof con grieta y descalificaciones, pero no un candidato que convoque al diálogo y la unidad desde un estado dinámico y presente que resuelve. Zamora puede cicatrizar la interna y proponer banderas de Javier Milei como lo económico y la posición provida pero sin insultos ni diatribas. Es la criptonita que puede asfixiar a Javier Milei si no corrige sus expresiones con rapidez.&nbsp;</p>Amigos. Francisco, Gerardo Zamora y Claudia Abdala, en el Vaticano.<p>El entramado interno de Massa incluye a su mujer, Malena, que en Tigre no da respiro a nadie, incluido el principal referente, Sebastián Rovira, alfil de Massa para dinamitar la gestión de Julio Zamora por contratar familiares y no publicar información sensible del municipio. El estilo de Galmarini, que incluyó desprecio en público y armados de reuniones en paralelo a Rovira dejándolo afuera, hace más complejo el diseño de una estructura de massismo en Buenos Aires. Lo mismo pasa en el senado bonaerense, todo son esquirlas que buscan construir pero dañan lo poco que hay hoy para combatir a Javier Milei.&nbsp;</p><p>El macrismo bonaerense trabaja en mucho proyectos con el Peronismo, es ahí donde el talón de aquiles de Javier Milei se torna expuesto y casi irreversible. Muchos legisladores amarillos ya acordaron no estar en la sesión que busca nuevos mandatos para jefes comunales para evitar roces y habilitar eso “que también los descomprime a ellos, es algo que permite una elección más libre y que da sobrevida a muchos que están al límite”, dicen en el bloque Peronista, ahí donde convive con &nbsp;hostilidad el variopinto mundo Peronista.&nbsp;</p><p>Las elecciones serán desdobladas y con intendentes libres y reelección asegurada, por lo que el desafío de los candidatos nacionales será mayúsculo. No habrá inercia positiva ni negativa de la boleta, deberán entonces los caudillos nacionales armar desde la plataforma y el proyecto de provincia y de país, no otro elemento.&nbsp;</p><p>Hay quien dice que Axel Kicillof será candidato junto a Ricardo Quintela, protagonista de las expresiones más añejas y prácticas inentendibles. Impresión de cuasi monedas, proyectos de expropiación, es decir, todo lo que Argentina enterró un cuarto de siglo atrás con represión y muertos en las calles. Eso es el ideario quintelista del caudillo que busca posicionarse desde la agenda negativa.</p><p>Allí también habita un proyecto de Massa que hoy está más abocado al círculo rojo y la acumulación de poder mediante el eje Daniel Vila, José Luis Manzano, Mauricio Filiberti y sus derivados en distintas industrias. La construcción política tras la derrota de 2023 lo pone muy cuesta abajo, a pesar de un gobierno nacional que se empeña en empoderar rivales, despreciar a los propios y construir con apellidos que distan de la nueva política.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/mago.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La re-reelección como moneda de cambio. El armado de Axel y una Malena que complica la convivencia.]]>
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                                                <category term="politica" label="Política" />
                                <updated>2026-08-25T15:22:21+00:00</updated>
                <published>2026-08-25T11:31:53+00:00</published>
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            Armani dejó una huella imborrable en River
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/armani-dejo-una-huella-imborrable-en-river" type="text/html" title="Armani dejó una huella imborrable en River" />
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/armani-dejo-una-huella-imborrable-en-river">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/armani_ganador.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>“No todos los héroes tienen capa…” se dice vulgarmente a cuando se valora la trayectoria de grandes protagonistas que hubo, en este caso, en el fútbol, en especial en un club importante como lo es River Plate. Franco Armani, nacido el 16 de octubre de 1986 en la localidad de Casilda, ubicada provincia de Santa Fe. Desde su llegada al “Millonario” en 2018 se convirtió en uno de los grandes referentes del club, destacándose por su seguridad, personalidad y capacidad para responder en los momentos decisivos.</p><p>Después de disputar el Mundial de Rusia con la Selección argentina, Armani se reincorporó al equipo dirigido en ese entonces por Marcelo Gallardo y continuó construyendo una marca histórica. En la Superliga 2018-19 superó los 788 minutos sin recibir goles que había alcanzado Amadeo Carrizo en 1968. Posteriormente llegó a los 965 minutos con el arco invicto, registro que lo ubicó en el segundo lugar entre las mejores rachas de la Primera División argentina.</p><p>Su actuación más recordada se dio en la Copa Libertadores de 2018, que fue la segunda en su cuenta personal (ya la había ganado con Atlético Nacional de Medellín en 2016). Fue determinante en las eliminatorias frente a Racing e Independiente y realizó una intervención decisiva ante Everton, de Gremio, durante la histórica semifinal disputada en Brasil. En la final de ida contra Boca, el Pulpo evitó el gol de Darío Benedetto en un mano a mano sobre el final del encuentro de ida, con el que sostuvo el empate. En la revancha disputada en Madrid, un despeje suyo inició la jugada que terminó con el gol de Gonzalo Pity Martínez para sellar el 3-1 y la consagración de River</p><p>En la Libertadores de 2019 volvió a ser protagonista. Frente a Cruzeiro mantuvo el arco en cero durante los dos partidos de octavos de final y, en la definición por tiros desde el punto del penal, contuvo dos remates que permitieron la clasificación del equipo. Tras la suspensión de las competiciones por la pandemia, recuperó rápidamente su nivel y continuó siendo fundamental tanto en el plano local como internacional. En 2021 conquistó su primer campeonato de liga con River y también integró la Selección argentina, en la que tuvo un rol preponderante para mantener vivo el ciclo del entrenador Lionel Scaloni desde la Copa América 2019 en Brasil, por aquel penal tapado contra el paraguayo Derlis González en el encuentro en el que el elenco nacional y Paraguay igualaron 1 a 1. Luego fue parte del Seleccionado campeón de la Copa América en Brasil 2021, la Finalissima y el Mundial de Qatar 2022. Dos años después obtuvo el Torneo de la Liga 2023, dirigido por Martín Demichelis.</p><p>Armani también construyó números extraordinarios en los clásicos. En 52 encuentros frente a los grandes del fútbol argentino consiguió 28 victorias, 16 empates y solamente ocho derrotas, con 27 vallas invictas y 30 goles recibidos. Su balance positivo de veinte partidos representa el mejor registro histórico de un jugador de River, por encima de figuras como Ubaldo Fillol y Reinaldo Merlo.</p><p>Contra Boca disputó 19 encuentros, con nueve triunfos, seis empates y cuatro derrotas. Fue decisivo en dos consagraciones inolvidables: la Supercopa Argentina y la Copa Libertadores de 2018. Frente a Racing también mostró un dominio notable: ocho victorias, tres empates y una caída en doce partidos. En 2022, además, le contuvo un penal a Jonathan Galván en una definición que terminó favoreciendo a Boca en la lucha por el campeonato.</p><p>De soñar con vestir la camiseta de River a convertirse en uno de sus arqueros más ganadores, Armani dejó una huella imborrable. Como él mismo expresó: “Una vez que River entra en tu corazón, se queda para siempre”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/armani_ganador.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El golero nacido en Casilda fue uno de los grandes pilares en los éxitos cosechados por el equipo de Núñez.]]>
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                                                <category term="newsports" label="Newsports" />
                                <updated>2026-08-20T21:35:24+00:00</updated>
                <published>2026-08-20T21:35:21+00:00</published>
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            Una pregunta incómoda: ¿Quién educa hoy a nuestros hijos?
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/una-pregunta-incomoda-quien-educa-hoy-a-nuestros-hijos" type="text/html" title="Una pregunta incómoda: ¿Quién educa hoy a nuestros hijos?" />
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                <![CDATA[Mauro Berenstein]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/desafios.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante mucho tiempo, cuando nos preguntábamos quién educaba a nuestros hijos, las respuestas parecían claras: la familia, la escuela, las instituciones, los medios de comunicación. Hoy tenemos que incorporar una respuesta mucho más incómoda: también los educan los algoritmos.</p><p>Los algoritmos deciden buena parte de lo que vemos, lo que escuchamos, lo que repetimos y hasta aquello sobre lo que discutimos. Seleccionan contenidos, los jerarquizan y determinan cuáles llegan a millones de personas.</p><p>Por eso, uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo es garantizar información de calidad.</p><p>Necesitamos estimular la creación de contenidos responsables, pero también asumir una responsabilidad sobre su distribución. Porque ya no alcanza con preguntarnos quién produce un mensaje. Tenemos que preguntarnos quién lo amplifica, por qué lo amplifica y hasta dónde puede hacerlo llegar.</p><p>Durante décadas nos preocupó el discurso de odio. Hoy debemos preocuparnos también por los sistemas que lo amplifican.</p><p>El problema ya no es solamente quién genera una mentira, un prejuicio o un mensaje antisemita. El problema es cómo esa mentira puede multiplicarse, repetirse y alcanzar a millones de personas hasta comenzar a percibirse como verdadera.</p><p>Este es un desafío para las plataformas, para los medios, para las instituciones, para quienes producimos contenidos y también para cada ciudadano que decide compartirlos.</p><p>Desde la DAIA tenemos una responsabilidad: combatir el antisemitismo, pero también contribuir a construir una sociedad con mejores herramientas para reconocerlo, enfrentarlo y no reproducirlo.</p><p>Porque educar en este tiempo también significa enseñar a mirar críticamente aquello que los algoritmos deciden mostrarnos. La tecnología puede elegir qué vemos. Pero nosotros tenemos que seguir eligiendo qué valores queremos transmitir.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/desafios.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Discursos de odio y algoritmo, claves del futuro cercano. El rol de la familia y garantizar la calidad de información.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-08-18T18:44:53+00:00</updated>
                <published>2026-08-18T18:38:48+00:00</published>
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            San Martín
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/san-martin" type="text/html" title="San Martín" />
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        <author>
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El invierno en los años ochenta no era este simulacro tibio que nos toca gambetear ahora. En los ochenta, el frío era una materia densa, casi sólida, que se metía por las costuras del guardapolvo blanco y te congelaba los tobillos sobre las medias de lana azul. Tenía, sin embargo, una dignidad silenciosa. Se olía en el vaho de la mañana y en ese vapor dulzón que salía de la cocina del colegio cuando una o dos veces al año, como un pequeño milagro, las porteras revolvían las ollas gigantes de aluminio cargadas de chocolate espeso.</p><p>Había en aquellos actos escolares una mística artesanal que hoy parece extinguida. No había pantallas gigantes, ni presentaciones en Canva, ni parlantes con bluetooth, ni pistas editadas en alta fidelidad. Todo se sostenía sobre la tracción a sangre y el amor abnegado de un puñado de maestras que multiplicaban el pan y los peces con cartulinas, Plasticola de colores y rollos de papel crepé. A decir verdad, y si nos ponemos rígidos, eran actos bastante pobres, a veces aburridos y siempre largos. Sobre todo, cuando el Director leía su discurso y vos sólo pensabas en el partido de la tarde, en la Plaza Don Bosco de Lope de Vega y Elpidio González, atrás del Hospitalito. Aunque el recuerdo, siempre amable, le dan a aquellas fechas patrias del colegio primario un tinte de añoranza perdida que los hace inolvidables.</p><p>Cada 17 de agosto, aunque en rigor de verdad nunca me tocó, pensaba que ser seleccionado para interpretar al General José de San Martín en el acto era un detalle que sería recordado para siempre. O, al menos, durante unos años. Lo cierto es que Jorge Gómez o Alejandro Molina, y siempre ellos dos, eran los compañeros elegidos, uno u otro, para interpretar al Padre de la Patria. Siempre creí que eran los favoritos de la maestra. El tiempo ahora hace justicia y reconozco que nadie dividía por dos cifras como Jorge y que las composiciones de Alejando eran verdaderos guiones cinematográficos.</p><p>Por mi lado, el fracaso que suponía no ponerse la investidura sagrada de San Martín, la soportaba con la ventaja de no verme obligado a aguantar heroicamente una barba de lana negra cosida a mano que pinchaba como mil agujas, o llevar un sable de madera envuelto en papel de aluminio que se deshojaba al primer movimiento de esgrima contra el aire, o encajar la cabeza en un sombrero bicornio de cartón negro que a la primera ráfaga de viento del patio se volaba ante las risas contenidas de los compañeros.</p><p>Ahí estábamos, parados en filas rigurosas sobre las baldosas calcáreas del patio, tiritando de emoción y de frío, mientras el pasacasetes Philips escupía con fritura los acordes de la Marcha de San Lorenzo. El sonido salía distorsionado por el uso, interrumpido por el chirrido de la cinta vieja, pero a nadie le importaba. Había algo profundamente honesto en la escena. Una fe colectiva, casi candorosa, en que esos símbolos patrios nos cobijaban a todos por igual.</p><p>Quién sabe, tal vez en esas mañanas de frío aprendí a mirar la figura del Libertador con un respeto sagrado. En aquella época, San Martín no era un concepto abstracto ni una bajada de línea ideológica de turno; era la encarnación del esfuerzo desinteresado y de la entrega absoluta a una causa superior. Nos hablaban del cruce de los Andes, de la austeridad de un hombre que dormía en un catre de campaña, de un soldado enfermo que rechazaba sueldos, que declinaba honores y que prefirió el destierro voluntario en Boulogne Sur Mer antes que manchar su espada con la sangre de sus propios compatriotas en las guerras civiles que ya empezaban a desangrar al país.</p><p>Hay una melancolía luminosa en recordar aquellas mañanas de agosto. Éramos chicos con las manos rojas por el frío, con las puntas de los zapatos mocasín gastadas por efímeros partidos de fútbol en el recreo, pero teníamos la certeza involuntaria de estar aprendiendo a ser parte de algo más grande. Nos íbamos a casa con el gusto amargo y reconfortante del chocolate escolar en el paladar y una escarapela de tela prendida al pecho con un alfiler de gancho que nuestras madres nos ponían con un cuidado casi quirúrgico.</p><p>El tiempo pasó, como pasa siempre en este país: atropellando. Y al mirar desde esta terraza del presente hacia aquel patio de los años ochenta, el contraste no solo produce nostalgia, sino un estupor doloroso. Resulta muy difícil hoy, al encender la televisión o repasar las noticias en las apps, no sentir algo de vergüenza ajena al comparar la estatura moral de San Martín con la insoportable pequeñez de las dirigencias políticas que gobiernan desde hace décadas y nos oscurecen el destino.</p><p>¿En qué momento cambiamos el catre de campaña por las jubilaciones de privilegio? ¿Cuándo fue que la patria dejó de ser un ideal de libertad para transformarse en un botín a repartir entre indeseables?</p><p>Los políticos de hoy, o el 95% de ellos, para usar un porcentaje conocido, padecen de un vértigo inverso al de San Martín. Mientras el General renunció al poder supremo cuando lo tenía servido en bandeja, la fauna política contemporánea es capaz de vender el alma, la bandera y el futuro de las próximas tres generaciones por mantener un fuero, una caja de financiamiento o una cuota miserable de protagonismo mediático. El Libertador rechazó los homenajes en vida y se fue a morir en silencio, cuidando que su nombre no fuera utilizado para profundizar la discordia. Hoy, cualquier papanatas con pretensiones de estadista gasta fortunas del erario público en campañas de imagen, pautas oficiales y ejércitos de trolls para erigirse monumentos en vida mientras gran parte del país se hunde en la pobreza.</p><p>San Martín no tenía asesores de comunicación, ni expertos en neurociencia aplicada al marketing político, ni focus groups para saber si le convenía o no cruzar la cordillera de los Andes. Tenía convicción, ética y una devoción inquebrantable por el deber ser. Sabía que la grandeza no se mide por la cantidad de likes de militantes contratados, sino por la trascendencia del legado.</p><p>En aquellos actos de los ochenta, cuando la maestra de séptimo leía con voz temblorosa el testamento del General o recitaba sus máximas para su hija Merceditas, en realidad nos estaba entregando un código moral implícito. Nos decían que la palabra valía más que un contrato firmado ante escribano; que el respeto a la autoridad no se imponía con soberbia sino con el ejemplo; y que el verdadero patriotismo no consiste en envolverse en una bandera para tapar la corrupción propia, sino en servir a la comunidad sin pedir nada a cambio.</p><p>Hoy asistimos a un espectáculo dantesco donde la política se redujo a una disputa de varieté, un teatro de operaciones donde se gritan consignas vacías, se inventan grietas artificiales y se apela al odio como única herramienta de construcción electoral. Se utiliza el nombre de los próceres con la impunidad de los profanadores de tumbas: citan a San Martín para justificar un decretazo, una transa parlamentaria o una contorsión ideológica de último momento. Si el General viera a este elenco estable de cortesanos, lobbistas y oportunistas disputarse las migajas de un país empobrecido, probablemente volvería a subirse al mausoleo de la Catedral para esconderse de vergüenza.</p><p>Sin embargo, a pesar del desencanto que nos aplasta la nuca, prefiero quedarme con la luz de aquella infancia. Prefiero agradecer a aquellas maestras que nos enseñaron a ponernos de pie cuando entraba la Bandera de Ceremonias, a la portera que preparaba el chocolate con más buena voluntad que leche entera, y a los compañeros que tiritaban a nuestro lado sin importar si en sus casas se pensaba de una u otra forma.</p><p>En ese patio de escuela primaria de los ochenta residía, tal vez sin que lo supiéramos, lo mejor de la Argentina. Una Argentina humilde, golpeada por la historia, pero intacta en su dignidad y en su deseo de ser una nación respetable.</p><p>Me asombro cotidianamente viendo a los libertarios de hoy, que confunden la posibilidad de ser libres con el sálvese quien pueda y la codicia del mercado. O a los que se robaron el peronismo, que convirtieron a la justicia social en un negocio de caja y obsecuencia. San Martín les queda infinitamente grande a unos y a otros. Mientras la política actual vende la patria al mejor postor por unos dólares o por una cuota miserable de poder, el General nos enseñó que la verdadera libertad no cotiza en bolsa ni se reparte en ventanillas estatales.</p><p>Ojalá algún día, entre tanta charlatanería de cafetín y tanto cinismo profesional, volvamos a mirar hacia ese escenario improvisado del patio del colegio. Y tal vez podamos entender que un país no se construye con encuestas, con algoritmos ni cinismo, sino con el rigor, la austeridad y la renuncia desinteresada por el bien común. Mientras tanto, nos queda el recuerdo y la certeza de que, al menos por un rato, enfundados en un guardapolvo blanco, fuimos guiados por hombres que no le temían al sacrificio ni vendían su honor al mejor postor.</p><p>El problema, claro, es que San Martín hubo uno solo. Y está muerto y enterrado.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Del nacionalismo austero a la fiesta populista. El Peronismo ultrajado y liberales del patriotismo digital del "like".]]>
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                                                <category term="sin-hashtag" label="Sin Hashtag" />
                                <updated>2026-08-17T10:41:29+00:00</updated>
                <published>2026-08-17T10:34:27+00:00</published>
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            Zonas frías: el debate vuelve a la agenda
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                <![CDATA[Jorge Neri Araujo Hernández]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/zonas-frias-el-debate-vuelve-a-la-agenda">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/senado.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde que comenzó a discutirse la modificación del régimen de Zona Fría, manifesté públicamente&nbsp;mi&nbsp;rechazo&nbsp;porque&nbsp;considero&nbsp;que&nbsp;estamos&nbsp;frente&nbsp;a&nbsp;una&nbsp;medida&nbsp;que&nbsp;puede tener&nbsp;un&nbsp;impacto&nbsp;muy&nbsp;fuerte&nbsp;sobre&nbsp;las&nbsp;familias&nbsp;de&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego&nbsp;y&nbsp;de&nbsp;toda&nbsp;la&nbsp;Patagonia.</p><p>Quiero&nbsp;ser&nbsp;claro:&nbsp;en&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego&nbsp;el&nbsp;gas&nbsp;no&nbsp;es&nbsp;un&nbsp;lujo&nbsp;ni&nbsp;un&nbsp;privilegio.&nbsp;Es&nbsp;una&nbsp;necesidad básica. Es vida.</p><p>En nuestra provincia las condiciones climáticas hacen que la calefacción sea indispensable durante buena parte del año. No estamos hablando de un consumo energético que una familia pueda decidir si realiza o no. Estamos hablando de calefaccionar&nbsp;una&nbsp;vivienda&nbsp;en&nbsp;una&nbsp;de&nbsp;las&nbsp;regiones&nbsp;más&nbsp;frías&nbsp;del&nbsp;país.</p><p>Por&nbsp;eso&nbsp;considero&nbsp;que&nbsp;cualquier&nbsp;modificación&nbsp;del&nbsp;régimen&nbsp;debe&nbsp;analizarse&nbsp;teniendo&nbsp;en cuenta&nbsp;nuestra&nbsp;realidad&nbsp;territorial&nbsp;y&nbsp;climática,&nbsp;y&nbsp;no&nbsp;solamente&nbsp;desde&nbsp;una&nbsp;planilla&nbsp;fiscal&nbsp;o desde&nbsp;una&nbsp;mirada&nbsp;uniforme&nbsp;para&nbsp;todo&nbsp;el&nbsp;país.</p>El&nbsp;verdadero&nbsp;alcance&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;reforma<p>Durante&nbsp;el&nbsp;debate&nbsp;en&nbsp;la&nbsp;Cámara&nbsp;de&nbsp;Diputados&nbsp;advertí&nbsp;que&nbsp;se&nbsp;estaba&nbsp;instalando&nbsp;un&nbsp;relato que&nbsp;podía&nbsp;generar&nbsp;confusión.&nbsp;Se&nbsp;decía&nbsp;que “no&nbsp;se&nbsp;va&nbsp;a&nbsp;quitar&nbsp;la&nbsp;Zona&nbsp;Fría”. Y&nbsp;técnicamente eso&nbsp;es&nbsp;cierto:&nbsp;el&nbsp;proyecto&nbsp;no&nbsp;plantea&nbsp;eliminar&nbsp;formalmente&nbsp;la&nbsp;denominación&nbsp;de&nbsp;Zona&nbsp;Fría. Pero&nbsp;ese&nbsp;no&nbsp;es&nbsp;el&nbsp;verdadero&nbsp;problema.</p><p>Lo&nbsp;que&nbsp;estamos&nbsp;discutiendo&nbsp;es&nbsp;una&nbsp;modificación&nbsp;del&nbsp;régimen&nbsp;y,&nbsp;fundamentalmente,&nbsp;de&nbsp;las condiciones&nbsp;para acceder&nbsp;al&nbsp;beneficio.&nbsp;Por&nbsp;eso&nbsp;dije&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;recinto&nbsp;que&nbsp;el&nbsp;problema no está solamente en el título de la ley, sino en lo que efectivamente va a ocurrir con las facturas.&nbsp;No&nbsp;todos&nbsp;los&nbsp;usuarios&nbsp;van&nbsp;a&nbsp;conservar&nbsp;el&nbsp;beneficio.</p>El&nbsp;nuevo&nbsp;esquema&nbsp;establece&nbsp;criterios&nbsp;que&nbsp;pueden&nbsp;dejar&nbsp;afuera&nbsp;a&nbsp;una&nbsp;parte&nbsp;importante de&nbsp;los&nbsp;hogares&nbsp;que&nbsp;actualmente&nbsp;cuentan&nbsp;con&nbsp;la&nbsp;compensación.&nbsp;Y&nbsp;quienes&nbsp;mantengan algún&nbsp;tipo&nbsp;de&nbsp;beneficio&nbsp;tampoco&nbsp;necesariamente&nbsp;conservarán&nbsp;el&nbsp;esquema&nbsp;actual.<p>Por&nbsp;eso&nbsp;advertí&nbsp;que,&nbsp;según&nbsp;las&nbsp;condiciones&nbsp;previstas&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;proyecto,&nbsp;algunos&nbsp;usuarios podrían&nbsp;pasar&nbsp;a&nbsp;pagar&nbsp;el&nbsp;100%&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;factura&nbsp;y&nbsp;quienes&nbsp;mantengan&nbsp;el&nbsp;subsidio&nbsp;podrían afrontar&nbsp;una&nbsp;proporción&nbsp;mucho&nbsp;mayor&nbsp;del&nbsp;costo&nbsp;actual.</p>El&nbsp;impacto&nbsp;particular&nbsp;sobre&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego<p>La&nbsp;situación&nbsp;de&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego&nbsp;requiere&nbsp;una&nbsp;consideración&nbsp;especial.&nbsp;Nuestra&nbsp;provincia tiene condiciones climáticas y geográficas particulares y un consumo energético estructuralmente&nbsp;superior&nbsp;al&nbsp;promedio&nbsp;nacional.</p><p>El gas no se utiliza solamente para cocinar o calentar agua. Es una herramienta fundamental&nbsp;para&nbsp;mantener&nbsp;habitables&nbsp;nuestras&nbsp;viviendas&nbsp;durante&nbsp;el&nbsp;invierno.</p><p>Por&nbsp;eso&nbsp;presenté&nbsp;un&nbsp;proyecto&nbsp;de&nbsp;resolución&nbsp;para&nbsp;que&nbsp;el&nbsp;Poder&nbsp;Ejecutivo&nbsp;explique&nbsp;con precisión&nbsp;cuál&nbsp;será&nbsp;el&nbsp;impacto&nbsp;de&nbsp;las&nbsp;modificaciones&nbsp;sobre&nbsp;los&nbsp;usuarios&nbsp;patagónicos y,&nbsp;específicamente,&nbsp;sobre&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego.</p><p>Pedí&nbsp;que&nbsp;se&nbsp;informe:</p><p>·&nbsp;cuánto&nbsp;consumo&nbsp;de&nbsp;gas&nbsp;continuará&nbsp;subsidiado;</p><p>·&nbsp;qué&nbsp;impacto&nbsp;tendrán&nbsp;las&nbsp;modificaciones&nbsp;sobre&nbsp;las&nbsp;facturas;</p><p>·&nbsp;cómo&nbsp;se&nbsp;aplicarán&nbsp;los&nbsp;nuevos&nbsp;criterios&nbsp;según&nbsp;ingresos&nbsp;y&nbsp;niveles&nbsp;de&nbsp;consumo;</p><p>·&nbsp;qué&nbsp;estudios&nbsp;técnicos&nbsp;realizó&nbsp;el&nbsp;Gobierno&nbsp;respecto&nbsp;de&nbsp;las&nbsp;condiciones&nbsp;climáticas de la Patagonia;</p><p>·&nbsp;si&nbsp;habrá&nbsp;mecanismos&nbsp;compensatorios;</p><p>·&nbsp;qué&nbsp;impacto&nbsp;tendrá&nbsp;la&nbsp;reforma&nbsp;sobre&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego;</p><p>·&nbsp;y&nbsp;qué&nbsp;consecuencias&nbsp;puede&nbsp;generar&nbsp;sobre&nbsp;las&nbsp;actividades&nbsp;productivas&nbsp;y&nbsp;las economías&nbsp;regionales.</p><p>Considero&nbsp;que&nbsp;no&nbsp;podemos&nbsp;votar&nbsp;una&nbsp;modificación&nbsp;de&nbsp;estas&nbsp;características&nbsp;sin&nbsp;conocer previamente&nbsp;cuál&nbsp;va&nbsp;a&nbsp;ser&nbsp;su&nbsp;impacto&nbsp;concreto&nbsp;sobre&nbsp;las&nbsp;familias.&nbsp;</p>Hay&nbsp;otro&nbsp;problema:&nbsp;el&nbsp;gas&nbsp;también&nbsp;impacta&nbsp;sobre&nbsp;la&nbsp;electricidad<p>En Tierra del Fuego tenemos además una particularidad que no puede ser ignorada. Nuestra&nbsp;generación&nbsp;eléctrica&nbsp;utiliza&nbsp;gas.</p><p>Por&nbsp;lo&nbsp;tanto,&nbsp;un&nbsp;aumento&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;costo&nbsp;del&nbsp;gas&nbsp;no&nbsp;necesariamente&nbsp;queda&nbsp;limitado&nbsp;a&nbsp;la&nbsp;factura de&nbsp;gas.&nbsp;Puede&nbsp;tener&nbsp;también&nbsp;consecuencias&nbsp;sobre&nbsp;el&nbsp;costo&nbsp;de&nbsp;generación&nbsp;eléctrica.</p><p>Lo&nbsp;planteé&nbsp;claramente&nbsp;durante&nbsp;mi&nbsp;intervención:&nbsp;si&nbsp;aumenta&nbsp;el&nbsp;costo&nbsp;del&nbsp;gas,&nbsp;aumenta el&nbsp;costo&nbsp;de&nbsp;generar&nbsp;electricidad.&nbsp;Por&nbsp;eso&nbsp;la&nbsp;discusión&nbsp;sobre&nbsp;Zona&nbsp;Fría&nbsp;no&nbsp;puede&nbsp;reducirse a&nbsp;mirar&nbsp;exclusivamente&nbsp;la&nbsp;factura&nbsp;de&nbsp;gas&nbsp;de&nbsp;una&nbsp;vivienda.&nbsp;Tenemos&nbsp;que&nbsp;analizar&nbsp;el&nbsp;impacto energético&nbsp;integral&nbsp;que&nbsp;puede&nbsp;tener&nbsp;la&nbsp;medida&nbsp;sobre&nbsp;nuestra&nbsp;provincia.</p>Mi&nbsp;advertencia&nbsp;a&nbsp;los&nbsp;oficialistas&nbsp;de&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego<p>También&nbsp;cuestioné&nbsp;públicamente&nbsp;la&nbsp;posición&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;diputados&nbsp;de&nbsp;La&nbsp;Libertad&nbsp;Avanza de&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego.&nbsp;Durante&nbsp;el&nbsp;debate&nbsp;señalé&nbsp;que&nbsp;estaban&nbsp;intentando&nbsp;instalar&nbsp;un&nbsp;relato según&nbsp;el&nbsp;cual&nbsp;nuestra&nbsp;provincia&nbsp;no&nbsp;perdería&nbsp;la&nbsp;Zona&nbsp;Fría.</p><p>Mi&nbsp;respuesta&nbsp;fue&nbsp;clara:&nbsp;el&nbsp;proyecto&nbsp;es&nbsp;una&nbsp;modificación&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;Zona&nbsp;Fría,&nbsp;no&nbsp;una&nbsp;simple continuidad del régimen actual. No podemos quedarnos solamente con el nombre. Tenemos&nbsp;que&nbsp;mirar&nbsp;qué&nbsp;porcentaje de&nbsp;la&nbsp;factura&nbsp;se&nbsp;subsidia,&nbsp;quiénes acceden al&nbsp;beneficio, quiénes&nbsp;quedan&nbsp;afuera&nbsp;y&nbsp;cuánto&nbsp;termina&nbsp;pagando&nbsp;cada&nbsp;familia.</p><p>Por&nbsp;eso&nbsp;sostuve&nbsp;que&nbsp;los&nbsp;representantes&nbsp;de&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego&nbsp;tienen&nbsp;una&nbsp;responsabilidad especial.&nbsp;No&nbsp;alcanza&nbsp;con&nbsp;decir&nbsp;que&nbsp;la&nbsp;Zona&nbsp;Fría&nbsp;continúa.</p><p>Hay&nbsp;que&nbsp;explicar&nbsp;qué&nbsp;beneficio concreto&nbsp;va a&nbsp;recibir cada&nbsp;fueguino&nbsp;y&nbsp;cuánto&nbsp;va&nbsp;a pagar&nbsp;por el&nbsp;gas.</p><p>&nbsp;</p>Lo&nbsp;que&nbsp;está&nbsp;pasando&nbsp;actualmente&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;Congreso<p>El proyecto de modificación del régimen obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados. Yo voté&nbsp;en&nbsp;contra,&nbsp;junto&nbsp;con&nbsp;los&nbsp;diputados&nbsp;fueguinos&nbsp;de&nbsp;Unión&nbsp;por&nbsp;la&nbsp;Patria. Los&nbsp;representantes&nbsp;de&nbsp;La&nbsp;Libertad&nbsp;Avanza&nbsp;de&nbsp;nuestra&nbsp;provincia,&nbsp;en&nbsp;cambio,&nbsp;acompañaron el&nbsp;proyecto.</p><p>Ahora&nbsp;la&nbsp;discusión&nbsp;se&nbsp;trasladó&nbsp;al&nbsp;Senado.&nbsp;La&nbsp;reforma&nbsp;todavía&nbsp;no&nbsp;es&nbsp;ley&nbsp;y,&nbsp;por&nbsp;lo&nbsp;tanto,&nbsp;el régimen&nbsp;vigente&nbsp;continúa&nbsp;aplicándose. En&nbsp;estos&nbsp;últimos&nbsp;días&nbsp;el&nbsp;Gobierno&nbsp;nacional&nbsp;volvió&nbsp;a colocar&nbsp;el&nbsp;tema&nbsp;entre&nbsp;sus&nbsp;prioridades&nbsp;y&nbsp;está&nbsp;intentando&nbsp;conseguir&nbsp;los&nbsp;votos&nbsp;necesarios para&nbsp;avanzar&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;Senado.&nbsp;Por&nbsp;eso&nbsp;considero&nbsp;que&nbsp;el&nbsp;debate&nbsp;vuelve&nbsp;a&nbsp;ser&nbsp;especialmente importante&nbsp;para&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego.</p><p>&nbsp;</p>La&nbsp;oposición&nbsp;está&nbsp;volviendo&nbsp;a&nbsp;poner&nbsp;el&nbsp;tema&nbsp;en&nbsp;agenda<p>En&nbsp;los&nbsp;últimos&nbsp;días&nbsp;distintos&nbsp;sectores&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;oposición&nbsp;volvieron&nbsp;a&nbsp;plantear&nbsp;la&nbsp;defensa&nbsp;de&nbsp;la Zona&nbsp;Fría&nbsp;como&nbsp;una&nbsp;cuestión&nbsp;central&nbsp;para&nbsp;la&nbsp;Patagonia.&nbsp;Senadores&nbsp;nacionales&nbsp;estuvieron recorriendo Tierra del Fuego y mantuvieron reuniones con autoridades provinciales, intendentes,&nbsp;trabajadores&nbsp;y vecinos. La&nbsp;situación del gas y la continuidad de los beneficios para&nbsp;los&nbsp;usuarios&nbsp;fue&nbsp;uno&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;temas&nbsp;centrales&nbsp;de&nbsp;esas&nbsp;conversaciones.</p><p>Esto&nbsp;demuestra&nbsp;que&nbsp;la&nbsp;discusión&nbsp;no&nbsp;terminó&nbsp;con&nbsp;la&nbsp;media&nbsp;sanción&nbsp;de&nbsp;Diputados. Por&nbsp;el contrario,&nbsp;la&nbsp;discusión&nbsp;ahora&nbsp;se&nbsp;traslada&nbsp;al&nbsp;Senado&nbsp;y&nbsp;puede&nbsp;ser&nbsp;decisiva&nbsp;para&nbsp;el&nbsp;futuro&nbsp;del régimen.</p>Mi&nbsp;posición&nbsp;política<p>Mi&nbsp;posición&nbsp;es&nbsp;la&nbsp;misma&nbsp;que&nbsp;expresé&nbsp;desde&nbsp;el&nbsp;primer&nbsp;momento: No&nbsp;podemos&nbsp;aplicar&nbsp;a Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego&nbsp;una&nbsp;política&nbsp;energética&nbsp;pensada&nbsp;exclusivamente&nbsp;desde&nbsp;Buenos&nbsp;Aires y&nbsp;con&nbsp;criterios&nbsp;uniformes&nbsp;para&nbsp;todo&nbsp;el&nbsp;país.</p><p>La&nbsp;Argentina&nbsp;es&nbsp;un&nbsp;país&nbsp;federal&nbsp;y&nbsp;tiene&nbsp;realidades&nbsp;territoriales&nbsp;completamente&nbsp;diferentes. En&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego,&nbsp;en&nbsp;la&nbsp;Patagonia,&nbsp;el&nbsp;consumo&nbsp;energético&nbsp;está&nbsp;determinado&nbsp;por&nbsp;el&nbsp;clima.</p><p>La calefacción no es un lujo. No&nbsp;es un consumo suntuario. No es una&nbsp;elección. Es una necesidad&nbsp;básica&nbsp;para&nbsp;vivir.&nbsp;Por&nbsp;eso&nbsp;voy&nbsp;a&nbsp;seguir&nbsp;defendiendo&nbsp;la&nbsp;Zona&nbsp;Fría&nbsp;y&nbsp;reclamando que&nbsp;cualquier&nbsp;modificación&nbsp;contemple&nbsp;las&nbsp;condiciones&nbsp;reales&nbsp;de&nbsp;vida&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;fueguinos.</p><p>&nbsp;</p>El&nbsp;verdadero&nbsp;debate<p>Creo&nbsp;que&nbsp;tenemos&nbsp;que&nbsp;correr&nbsp;la&nbsp;discusión&nbsp;del&nbsp;terreno&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;slogans.&nbsp;El&nbsp;Gobierno&nbsp;puede decir&nbsp;que&nbsp;“Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego&nbsp;mantiene&nbsp;la&nbsp;Zona&nbsp;Fría”.&nbsp;Nosotros&nbsp;tenemos&nbsp;que&nbsp;preguntar:</p><p>¿Cuánto&nbsp;va&nbsp;a&nbsp;pagar&nbsp;una&nbsp;familia&nbsp;fueguina&nbsp;por&nbsp;el&nbsp;gas?</p><p>·&nbsp;¿Quiénes&nbsp;van&nbsp;a&nbsp;conservar&nbsp;el&nbsp;beneficio?</p><p>·&nbsp;¿Quiénes&nbsp;lo&nbsp;van&nbsp;a&nbsp;perder?</p><p>·&nbsp;¿Cuánto&nbsp;se&nbsp;va&nbsp;a&nbsp;subsidiar?</p><p>·&nbsp;¿Sobre&nbsp;qué&nbsp;parte&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;factura&nbsp;se&nbsp;aplicará?</p><p>·&nbsp;¿Qué&nbsp;ocurrirá&nbsp;con&nbsp;quienes&nbsp;superen&nbsp;determinados&nbsp;niveles&nbsp;de&nbsp;consumo?</p><p>·&nbsp;Y,&nbsp;además,&nbsp;¿qué&nbsp;impacto&nbsp;tendrá&nbsp;el&nbsp;aumento&nbsp;del&nbsp;costo&nbsp;del&nbsp;gas&nbsp;sobre&nbsp;la&nbsp;generación eléctrica?</p><p>Esas&nbsp;son&nbsp;las&nbsp;preguntas&nbsp;que&nbsp;tenemos&nbsp;que&nbsp;responder.&nbsp;Porque&nbsp;mantener&nbsp;el&nbsp;nombre&nbsp;de&nbsp;Zona Fría&nbsp;no&nbsp;significa&nbsp;necesariamente&nbsp;mantener&nbsp;el&nbsp;beneficio&nbsp;que&nbsp;hoy&nbsp;reciben&nbsp;las&nbsp;familias.</p><p>Como&nbsp;diputado&nbsp;nacional&nbsp;por&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego,&nbsp;voy&nbsp;a&nbsp;seguir&nbsp;defendiendo&nbsp;a&nbsp;nuestra&nbsp;provincia en el Congreso. Lo hice cuando discutimos la reforma de Zona Fría y lo voy a seguir haciendo&nbsp;ahora&nbsp;que&nbsp;el&nbsp;tema&nbsp;llega&nbsp;al&nbsp;Senado.</p><p>Mi compromiso es defender el acceso a la energía, el trabajo, la producción y las condiciones&nbsp;de&nbsp;vida&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;fueguinos.&nbsp;Y&nbsp;también&nbsp;exigir&nbsp;que&nbsp;cualquier&nbsp;decisión&nbsp;que&nbsp;afecte&nbsp;a nuestra&nbsp;provincia&nbsp;se&nbsp;discuta&nbsp;con&nbsp;información&nbsp;concreta,&nbsp;con&nbsp;estudios&nbsp;técnicos&nbsp;y&nbsp;con&nbsp;una verdadera&nbsp;mirada&nbsp;federal.</p><p>Porque&nbsp;en&nbsp;Tierra&nbsp;del&nbsp;Fuego&nbsp;sabemos&nbsp;perfectamente&nbsp;lo&nbsp;que&nbsp;significa&nbsp;vivir&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;extremo&nbsp;sur. El gas no es un&nbsp;lujo. Es una necesidad.&nbsp;Y garantizar&nbsp;que una familia&nbsp;pueda calefaccionar su casa&nbsp;no&nbsp;puede&nbsp;ser&nbsp;considerado&nbsp;un&nbsp;privilegio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/senado.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En provincias como la mía, el gas no es un lujo ni un privilegio, es vida.]]>
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                                <updated>2026-08-16T11:43:05+00:00</updated>
                <published>2026-08-16T10:00:00+00:00</published>
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        <title>
            Turismo de recuerdos: chapa vieja, alta tensión y un gusano en Luján
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/turismo-de-recuerdos-chapa-vieja-alta-tension-y-un-gusano-en-lujan" type="text/html" title="Turismo de recuerdos: chapa vieja, alta tensión y un gusano en Luján" />
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/entrada.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mi hermano se casó cuando los años 80 recién iniciaban. Y ahora recuerdo que, con mis recientes diez o doce años, lo que me sorprendió, más que el casamiento, fue el lugar que eligieron para vivir con mi cuñada. Claramente, yo desconocía de plano el concepto de alquiler y no distinguía en absoluto si el bolsillo de los jóvenes que se casaban en aquella época daba o no para ser propietario. Eso era cosa de grandes. Lo cierto es que para mí la novedad tampoco era que dejaba la casa de mis padres en Villa Luro, algo que ya había hecho mi otro hermano, el mayor, unos años antes. La verdadera sorpresa era que se iba a vivir a un departamento en Junín y Juncal. Para quienes el centro era una suerte de Rubicón inexpugnable, tener un hermano viviendo en pleno Recoleta era un detalle central, sobre todo para aquellos que crecimos en un barrio de arrabal y empedrado con musgo.</p><p>Sin embargo, después de la iglesia y de la fiesta, bastante antes de la llegada de mis sobrinos y en medio de una preadolescencia donde lo único importante era jugar, yo tenía un hermano a menos de diez cuadras del Italpark. Eso, y el recuerdo de ir casi todos los fines de semana, constituyen una de esas vivencias que te permiten crecer con una sonrisa dibujada para siempre.</p><p>Hay una generación entera de argentinos a la que Orlando le quedaba más lejos que la Luna. Para nosotros, Disney no era una ciudad de hoteles lujosos, ratones gigantes y pasajes en dólares, sino un concepto abstracto que veíamos cada tanto en la televisión los domingos a la mañana, mientras tomábamos la leche y antes de escuchar a Independiente por la radio.</p>Inolvidable. El Pulpo, los chicos, la infancia de todos.<p>Teníamos algo mejor. Mucho más real y posible. Teníamos un pedazo lejano de la ciudad que olía a pochoclo rancio, a aceite quemado y a cable a punto de sobrecalentarse: el Italpark. El templo porteño de la nostalgia mecánica, donde la infancia de toda una generación aprendió a volar entre el vértigo y las luces. Para un pibe de barrio con zapatillas de lona y el boleto capicúa guardado en el bolsillo, traspasar los famosos arcos de Avenida del Libertador y Callao era, sencillamente, entrar al lugar más mágico de este planeta.</p><p>No había algoritmos que midieran nuestra felicidad ni pantallas de alta resolución. En mi caso, la adrenalina se medía en la cantidad de fichas de metal que lograba apretar en la palma de la mano sudada, después de juntar las monedas que me regalaba mi inolvidable tía Elvira.</p><p>El Italpark, un verdadero imperio de hierro sobre el césped de Recoleta, abrió sus puertas en 1960, traído por los hermanos Zanon, dos italianos que entendieron antes que nadie que el porteño necesitaba desahogar sus neurosis al aire libre. En esos tres mil metros cuadrados donde hoy descansan los transeúntes del Parque Thays, se levantó durante tres décadas una catedral de chapa, tubos de neón y esforzadas poleas.</p><p>Ir al Italpark, gracias a la elección inmobiliaria de mi hermano y mi cuñada, se transformó con los meses en una suerte de liturgia familiar. Me ponía la ropa de salir, esa que no debías manchar, pero que inevitablemente terminaba teñida por la extrañísima nube color rosa del algodón de azúcar. Almorzábamos en el dos ambientes que daba al contrafrente de Junín y, luego, arrancaba una caminata veloz hacia el bajo.</p><p>Antes de cruzar Libertador, después de la sorpresa que suponía el paisaje de un cementerio visitado por turistas o del Café de la Paix compitiendo con la aristocracia de La Biela, el sonido que te pegaba de lleno en el pecho era ese inolvidable y singular chirrido metálico de los rieles, mezclado con los gritos histéricos que bajaban de la montaña rusa, la música estridente emanada de parlantes gastados y el rugido inconfundible de la pista de los autitos chocadores.</p><p>Ni bien entrabas, reinaba el Súper Volador, una estructura circular que subía hasta donde los ojos de un nene de doce años ya no distinguían los edificios. Y, por supuesto, el Samba, donde un operador con vocación de verdugo y DJ frustrado disfrutaba sacudiendo a los adolescentes al ritmo de algún éxito de la época. Recuerdo a los más audaces intentando mantenerse de pie en el centro de la pista, desafiando las leyes de la física y el sentido común solo para impresionar a la chica que los acompañaba.</p><p>Aún parece resonar en la penumbra el eco sordo de aquellos gritos de asombro, cuando la inmensa pantalla curva del Cinema 180 nos robaba el aliento y nos hacía caer al vacío sin despegar los pies del suelo. Para quienes fuimos testigos de esa magia, ese domo abovedado no albergaba simples imágenes, sino una ilusión perfecta donde el vértigo de volar y la velocidad cobraban vida bajo el destello de una luz casi hipnótica. Me imagino en este instante a los lectores de mi generación con la certeza amarga de que, aunque las luces del parque se hayan apagado para siempre, en algún rincón de la memoria todavía se escucha el murmullo de la gente esperando que comience la función.</p><p>Y, por supuesto, estaba el Tren Fantasma, un recorrido a oscuras donde los monstruos eran tipos disfrazados con máscaras de goma bastante tristes que te tocaban el hombro o te tiraban un soplo de temor en la nuca. La idea era salir a la luz sintiéndote un héroe homérico, pero no era mi caso. Odiaba el Tren Fantasma y, ahora que lo pienso, tal vez ahí nació mi irrefrenable temor a la oscuridad. Ya lo veré con psicólogo, si voy alguna vez.</p><p>Lo cierto es que había una poesía brutal en esa mecánica. En el Italpark todo era analógico, ruidoso y tangible. Si tocabas la estructura metálica de algunos juegos, sentías la vibración del motor diésel latiendo en tus huesos. Ahora descubro que la belleza de esos juegos, sin dudas, radicaba en su franca imperfección.</p><p>Si el Italpark era la elegancia pop injertada en pleno corazón de Recoleta, la década del 80 trajo su contraparte megalómana: Interama, rebautizado después como Parque de la Ciudad. Inaugurado en 1982 en el sur profundo de la capital, en Villa Soldati, era una mole de hormigón armado y ambición futurista. Prometía ser el parque más grande de Latinoamérica. Tenía montañas rusas colosales con nombres como Aconcagua o Wildcat, y en el centro, como un mirador futurista, se elevaba la Torre Espacial, una aguja metálica que aún hoy se recorta contra el horizonte porteño como el esqueleto de un sueño que no pudo ser.</p><p>Interama tenía todo a una escala tan descomunal que abrumaba. Caminar por sus infinitos playones de cemento bajo el sol de enero tenía algo de distopía espacial. A los ojos de los chicos, la elección era muy sencilla. El Italpark era apretado, cálido y caótico, y le ganaba por varios cuerpos a Interama, que era monumental, sí. Pero también frío y lejano.</p><p>Para los chicos de los 80, la experiencia del vértigo no se agotaba en los grandes predios de la capital. Estaba la versión itinerante, la que llegaba a los baldíos del conurbano o a las plazas de las ciudades del interior: la kermese de paso, el parque de diversiones nómada.</p><p>Y ahí, en el vértice superior de esa mitología popular, figuraba el Gusano de Luján, una sencilla montaña rusa infantil construida con más fe que ingeniería civil. Las vías crujían con un chasquido seco a cada paso del vagón con cara de oruga sonriente. Sus frenos consistían en una palanca de hierro operada manualmente por un muchacho con la camiseta de Boca que fumaba al lado de la vía. Y la barra de seguridad era un caño de gas pintado de amarillo que te bailaba sobre las piernas.</p><p>Había en ese gusano infame una mezcla irrepetible de inocencia pura y peligro inminente. Sabías que la probabilidad de que algo saliera mal existía, pero esa pequeña dosis de riesgo real era precisamente lo que volvía a la aventura inolvidable. Si volvías a tu casa con un chichón en la frente por haberte golpeado contra el respaldo de formica en un frenazo seco, no volvías dolorido: volvías graduado.</p><p>Hoy observo a los chicos sumergidos en sus mundos digitales. Tienen en la palma de la mano gráficos en 4K que simulan universos enteros con una fidelidad que supera a la imaginación más frondosa. En sus consolas y computadoras pueden pilotar aviones de caza, construir ciudades futuristas, ganar la Champions o sobrevivir a epidemias de zombis sin despeinarse, sin pasar frío y, sobre todo, sin salir de la climatizada comodidad de su habitación adolescente.</p><p>Es un entretenimiento perfecto, aséptico, diseñado por psicólogos y matemáticos para administrar dosis exactas de dopamina a cada segundo. No hay imprevistos. Si te equivocás, apretás Reset. Si te caés, ponés Play Again. La muerte no existe. O, lo que es peor, la vida no vale nada.</p><p>Pero a esta nueva generación que abre su camino cabalgando sobre la perfección digital le falta algo. Hay un par de cosas que esa ecuación tan impecable no tiene. Le falta el olor a combustible, la textura áspera de la pintura gastada y el raspón en la rodilla. Y, sobre todo, le falta el deseo. Las ganas de que el tiempo pase para que llegue el fin de semana y la hora de la aventura. No hay caso: los que superamos los cincuenta no podremos explicar jamás que la vida en los ochenta era una cadena infinita de deseos por cumplir. Y que no importaba tanto que se cumplieran o no. Porque disfrutábamos el camino, más que la meta.</p><p>En la época donde reinaba el Italpark, nosotros aprendimos la gravedad cayéndonos de la Super Silla; aprendimos la tolerancia al mareo en las Tazas Giratorias; aprendimos a manejar arriesgando en los autitos chocadores; aprendimos lo que era el cortejo adolescente en la cola interminable para subir a la Montaña Rusa. Y doblegamos al miedo en los recovecos oscuros del Tren Fantasma. La experiencia del viejo parque de diversiones no nos llegaba a través de un cristal de cuarzo. Era tan real que nos atravesaba todo el cuerpo. Salías del Italpark con las orejas retumbando, la cara sucia de hollín y una fatiga en las piernas que te hacía dormir en el asiento del colectivo de regreso, apoyado en el hombro de mamá.</p><p>El Italpark cerró sus puertas en noviembre de 1990, de manera trágica y repentina, cuando la fatalidad mecánica demostró que el peligro no era solo una fantasía decorativa. La ciudad cambió. El terreno se convirtió en parque público; los juegos se subastaron o se pudrieron en galpones olvidados. Se dice por ahí que varios de esos prodigios de la mecánica, que hoy le quitan la tristeza a los chicos de Luján, son del viejo Italpark. No lo sé. Pero si es así, ojalá mantengan aquel espíritu tan único y especial. Lo cierto es que un día, sin darnos cuenta, la infancia de varios millones de personas quedó sepultada bajo el césped impecable del Parque Thays.</p><p>El vacío dejado por el Italpark tardó siete años en llenarse. El Parque de la Costa, en Tigre, nació bajo una lógica empresarial totalmente distinta: privatizado desde el origen, ligado al desarrollo inmobiliario y turístico de la zona y concebido bajo estándares corporativos modernos. Desde ya, nunca tuvo la mística que caracterizaba a la esquina de Callao y Libertador.</p><p>Sin embargo, mientras llega el fin de este encuentro de hoy, descubro que en realidad no extrañamos los aparatos de chapa, ni la fila interminable donde podría nacer un beso furtivo. Extrañamos la época en que el mundo era analógico, inmenso y lleno de sorpresas por descubrir. Extrañamos esa capacidad de asombro que no necesitaba de placas de video de última generación, sino apenas un vagón de madera deslizándose a veinte kilómetros por hora sobre unas vías oxidadas.</p><p>No viajamos a Orlando hasta el uno a uno, ya más grandes. Pero desde Villa Luro, casi adolescentes, fuimos los dueños de Recoleta durante las tardes de domingo. Fuimos reyes, cortejados por nuestros hermanos y nuestros viejos, que cuidaban celosamente el tesoro que fuimos para ellos, antes de crecer sin que nos demos cuenta.</p><p>Nos vemos la próxima. Me esperan mis hermanos para abrazarnos fuerte en el recuerdo de mamá y papá.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/entrada.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Raúl Vázquez y una pincelada por ese momento único del deseo de jugar. El cambio en la Ciudad y la magia intacta.]]>
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                                                <category term="sin-hashtag" label="Sin Hashtag" />
                                <updated>2026-08-09T13:47:00+00:00</updated>
                <published>2026-08-09T13:42:51+00:00</published>
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        <title>
            Argentina ante una nueva oportunidad nuclear
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                <![CDATA[Julián Gadano]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/argentina-ante-una-nueva-oportunidad-nuclear">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/mini_reactor_nuclear.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Por qué crece la energía nuclear? Porque, en la medida en que demuestra ser competitiva, tiene ventajas: es limpia, está en la base y es segura. Más allá del impacto mediático que puedan tener los accidentes, la tasa de accidentes es muy baja. Entonces, creo que están dadas las oportunidades.</p><p>Argentina tiene ingeniería nuclear, puede correr esa carrera. El Estado no tiene por qué financiar la construcción de centrales nucleares. Son actividades destinadas a una actividad comercial que tiene que estar en inversión y desarrollo. Ese es el lugar irrenunciable del Estado, en la medida en que haya una inversión y una conexión acorde a lo que el país puede afrontar.</p><p>Pero tiene que estar el Estado ahí. En cuanto a los reactores nucleares, en el mundo, en general, o está el Estado en modelos mixtos o no está el Estado invirtiendo.&nbsp;</p><p>Tiene que estar el Estado pero planteando reglas e incentivos. Yo creo que eso obviamente tiene que existir. Pero lo que sí me parece es que el Estado invirtiendo en sectores nucleares no tiene sentido. Es una actividad comercial.&nbsp;</p><p>¿Hasta dónde puede alcanzar la Argentina? Bueno, digamos, Argentina tiene ingeniería nuclear. Es uno de los pocos países periféricos que tienen ingeniería nuclear. Entonces, puede llegar muy lejos. ¿Que sí puede exportar tecnología, reactores completos? O puede incorporarse a una cadena de valor desde algún lugar menos integral.</p><p>Ahora, yo creo que efectivamente tiene oportunidades. La energía nuclear para Argentina es una oportunidad. De ahí a que yo crea que crezca mucho la energía nuclear en el mercado eléctrico argentino, en la red eléctrica argentina, no. Porque Argentina tiene gas natural. Es decir, vender energía eléctrica de fuente nuclear en el mercado argentino no tiene mucho sentido.</p><p>Argentina es un mercado muy competitivo por el gas natural. Se va a abaratar el precio de la energía y, si yo soy una inversión, no estoy mirando al mercado argentino como mercado. No es un mercado grande. Entonces, no me parece que sea un mercado interesante.</p><p>Ahora, más que un mercado, es un proveedor de tecnología. Y eso es lo más interesante.</p><p>*El autor es profesor en la Universidad de San Andrés. Director del Programa en Energía Nuclear e Innovación UNTreF. Ex Subsecretario de Energía Nuclear de la Nación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/mini_reactor_nuclear.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Argentina no necesita más centrales nucleares: necesita exportar tecnología.]]>
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                                                <category term="energia-2050" label="Energía 2050" />
                                <updated>2026-08-09T10:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-09T10:00:00+00:00</published>
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            El nuevo costo de la energía para las industrias: por qué las PYMES deben actuar ahora
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                <![CDATA[Martín Dapelo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/industria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El Gobierno nacional oficializó nuevos aumentos en las tarifas de luz y gas que regirán desde agosto, según lo publicado en el Boletín Oficial mediante la Resolución 190/2026. Para las industrias argentinas, en particular las PYMES de los segmentos T2, T3 y GUDIs,&nbsp;el incremento no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa del nuevo esquema de precios del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) establecido por la Resolución 400/2025, que ya está plenamente operativo.</p><p>La Secretaría de Energía avanzó en la normalización del MEM, un proceso que reemplaza el histórico esquema de subsidios y precios administrados por un sistema que refleja el costo económico real de producir electricidad.&nbsp;</p><p>Esto implica que los usuarios industriales quedan expuestos a la variabilidad del precio spot, a la estacionalidad del despacho térmico y a la evolución internacional del costo de los combustibles.</p><p>CAMMESA publicó un informe técnico el pasado mes de junio en donde indicaba que el precio spot invernal llegaría a 150 USD/MWh, más del doble del valor registrado en abril. La combinación de hidraulicidad crítica, menor disponibilidad de gas natural y precios internacionales del Brent por encima de los 100 USD/bbl explicaban el salto. Esa barrera ya fue superada y el precio spot de julio fue de 189 USD/MWh, llegando a ser el registro histórico más alto en los últimos 30 años.</p>Fuente: Informe de Síntesis Mensual CAMMESA<p>Un cambio estructural que afecta directamente a las PYMES</p><p>La Resolución 400/25 modificó la metodología en que se calcula el precio mayorista. La energía ya no se valoriza por un costo medio regulado, sino por una ponderación entre el costo medio del sistema y el costo marginal horario, que crece progresivamente a través del Factor de Spot Marginal Adaptado (FSA). En términos prácticos, esto significa:</p><p>·&nbsp;Usuarios T2 y T3: pagan un Precio Estacional que incorpora parte del costo spot y se ajusta trimestralmente.</p><p>·&nbsp;Usuarios GUDI: pagan directamente el precio spot mensual, sin estabilización. Son los más expuestos a la volatilidad.</p><p>·&nbsp;Grandes Usuarios MEM: pagan precio monómico, precio medio anual estimado por CAMMESA de ~80 / 95 USD/MWh.</p><p>A esto se suma un cambio clave: el cargo de potencia dejó de ser un valor plano y pasó a depender del pico de demanda de 15 minutos en las Horas de Remuneración de Potencia (HRP). Un solo pico puede definir el costo del mes, lo que obliga a las industrias a revisar sus curvas de carga y sus procesos productivos.</p><p>La energía dejó de ser un costo más: ahora es un riesgo operativo</p><p>La energía es el nuevo vector competitivo de la industria argentina, las PYMES industriales deben adoptar medidas urgentes para evitar que los aumentos impacten de manera irreversible en sus costos operativos.</p><p>Las tres líneas de acción prioritarias son:</p><p>1.&nbsp;Eficiencia Energética y Gestión activa de la demanda</p><p>·&nbsp;Medición y análisis de curvas de carga.</p><p>·&nbsp;Reducción de picos en HRP.</p><p>·&nbsp;Reasignación de consumos a horarios de valle.</p><p>·&nbsp;Automatización de arranques y secuenciación de cargas críticas.</p><p>·&nbsp;Análisis de procesos</p><p>·&nbsp;Cambios de hábitos de consumos</p><p>·&nbsp;Detección de cargas parasitarias</p><p>&nbsp;</p><p>2.&nbsp;Autogeneración renovable</p><p>La autogeneración renovable funciona como techo de precio&nbsp;y como cobertura estructural ante la volatilidad del MEM. La opción de instalar energía solar es la forma más económica de generar energía, a valores actuales los proyectos tienen un plazo de repago de entre 4 y 5 años, logrando un precio congelado de la energía por 30 años de vida útil del sistema de unos 20 USD/MWh, o sea un 80% más barato que el precio monómico medio anual.</p><p>&nbsp;</p><p>3.&nbsp;Contratar energía y potencia</p><p>Luego de optimizar los consumos y analizar la autogeneración, el ingreso al Mercado a Término (MAT) ya no es opcional: es una herramienta de supervivencia.</p>Conclusión: actuar ahora es la única estrategia viable<p>El aumento de agosto no es un episodio aislado: es la manifestación de un nuevo régimen de precios que llegó para quedarse. Las PYMES industriales que no gestionen su energía quedarán expuestas a un mercado más caro, más volátil y más exigente.</p><p>La transición del MEM obliga a las empresas a profesionalizar su abastecimiento energético,&nbsp;la energía ya no es un costo a pagar, es un insumo clave a gestionar.</p>* El autor es especialista en Eficiencia Energética y Energías Renovables (mdapelo@on-networking.com)&nbsp;]]>
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                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/industria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Deben adoptar medidas urgentes para evitar que los aumentos impacten de manera irreversible.]]>
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                                                <category term="energia-2050" label="Energía 2050" />
                                <updated>2026-08-02T10:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-08-02T10:00:00+00:00</published>
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            El pobre es pobre porque quiere
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/el-pobre-es-pobre-porque-quiere" type="text/html" title="El pobre es pobre porque quiere" />
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                <![CDATA[Franco Ceruti]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-pobre-es-pobre-porque-quiere">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/pobreza.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>He visto más de una publicación burlándose de la frase “el pobre es pobre porque quiere”. Siempre aparece alguien particularmente orgulloso de su descubrimiento:</p><p>—Mirá si alguien va a querer ser pobre.</p><p>Y tiene razón. Una razón espectacular. Del mismo calibre intelectual que aclarar que cuando decimos “se muere de hambre” la persona no necesariamente está redactando su testamento entre el almuerzo y la merienda. Hay gente que corre un riesgo gravísimo de morir de un ataque de literalidad.</p><p>Porque la frase no significa que una persona se levanta una mañana, mira dos departamentos —uno en Puerto Madero y otro debajo de un puente— y elige el puente porque le gusta la ventilación. Nadie quiere pasar necesidades. Nadie sueña con no llegar a fin de mes. Nadie agrega “indigencia” al carrito y selecciona envío gratis.</p><p>Lo que la frase intenta decir, con la delicadeza de un ladrillo entrando por una ventana, es otra cosa: muchas personas no quieren pagar el precio necesario para cambiar su condición.</p><p>No es lo mismo.</p><p>Y antes de que llegue la patrulla de la sensibilidad con las sirenas encendidas, aclaremos lo evidente: no toda pobreza es consecuencia de malas decisiones. Hay personas enfermas, discapacitadas, abandonadas, atrapadas en regiones sin oportunidades o criando hijos sin ayuda. Hay gente que trabaja desde que amanece hasta que el cuerpo le presenta la renuncia y aun así sigue siendo pobre. En Argentina, el 43% de los ocupados tenía empleo informal al cierre de 2025; además, coexistían personas que necesitaban trabajar más horas con casi tres de cada diez ocupados que ya estaban sobreocupados.</p><p>Es decir: el pobre tirado en el sillón existe. Pero el pobre que trabaja como un condenado también. La realidad, con esa costumbre desagradable de arruinar consignas, contiene a los dos.</p><p>El error progresista consiste en tomar al segundo para negar la existencia del primero. Como hay personas que no pueden salir, entonces nadie sería responsable de intentar hacerlo. Toda decisión individual desaparece bajo una montaña de palabras como “estructura”, “contexto” y “vulnerabilidad”. El pobre deja de ser adulto y se convierte en un mueble golpeado por las circunstancias: no elige, no aprende, no se equivoca, no puede hacer nada. Solo espera que alguien —preferentemente el Estado y con presupuesto ajeno— lo traslade a un lugar mejor.</p><p>Eso no es compasión. Es una forma elegante de desprecio. Yo conocí otra lógica porque la vi en mi familia.</p><p>Mi abuelo llegó de Italia sin dinero. No “con pocos recursos”, que es la manera en que ahora le ponemos saco y corbata a la miseria. Sin dinero. Llevaba la ropa puesta, dos días sin comer y una dirección donde un pariente le había prometido trabajo. Llegó haciendo dedo porque tampoco podía pagar el viaje.</p><p>El tío le dio una cama en un galpón, un plato de comida y trabajo como albañil por un sueldo miserable. Hoy un consultor de LinkedIn lo describiría como una experiencia inmersiva de integración multicultural. Mi abuelo probablemente lo describía como no morirse de hambre.</p><p>Pero no confundió el primer trabajo con su destino final. Después de trabajar de albañil, aprendía mecánica. Con el segundo ingreso compró herramientas. No todas; las que podía. Cuando reunió las suficientes, empezó a reparar vehículos en el garaje de la casa que alquilaba. Después compró por dos pesos un camión viejo que parecía haber perdido una guerra. Le faltaban piezas, no funcionaba y durante más de un año consumió sus noches.</p><p>Cuando finalmente logró hacerlo andar, trabajaba de mecánico de lunes a viernes y repartía mercadería los fines de semana. Luego cambió aquel monumento al óxido por un camión usado un poco menos suicida. Contrató a una persona para conducirlo durante la semana y él siguió trabajando los sábados y domingos.</p><p>Con los años compró una casa. Después la vendió para comprar un campo. El campo produjo, el patrimonio creció y antes de morir había comprado una casa para cada uno de sus hijos.</p><p>No cuento esto para fundar la Universidad de la Anécdota y nombrar rector a mi abuelo. Una historia familiar no demuestra una ley universal. Muchos inmigrantes trabajaron con la misma brutalidad y no terminaron comprando campos. La suerte existe. El momento histórico importa. Las redes familiares ayudan. Un accidente, una enfermedad o una crisis pueden derribar en una tarde lo construido durante diez años.</p><p>Pero negar la enseñanza porque no garantiza el resultado sería otra forma de estupidez. Mi abuelo hizo cuatro cosas: trabajó, aprendió, reinvirtió y esperó. Sobre todo, esperó.</p><p>No pretendió que el primer sueldo le comprara un departamento en el barrio más caro de la ciudad. No confundió deseo con derecho adquirido. No exigió que la vida financiara en seis cuotas su versión ideal. Compró herramientas antes que símbolos de estatus; un camión destruido antes que un vehículo para aparentar; una casa donde alcanzaba, no donde impresionaba. Ahí está la parte de la frase que nadie quiere discutir.&nbsp;</p><p>El latte no causa pobreza. El iPhone tampoco. Si alguien deja el café durante treinta años probablemente no compre un departamento; a lo sumo llegará a la inmobiliaria dormido y de pésimo humor. El problema no es un consumo aislado. Es el patrón mental que gasta todo aumento antes de recibirlo, que convierte cada mejora de ingreso en una mejora inmediata de apariencia y que considera cualquier postergación una forma de violencia.</p><p>El extracto bancario no explica toda una vida. Pero a veces escribe una autobiografía bastante incómoda.</p><p>También hay que decir algo que los gurúes del sacrificio suelen omitir mientras graban videos desde una reposera en Miami: tener tres trabajos no es una solución universal. Trabajar 55 horas o más por semana está asociado con mayores riesgos de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular. Una madre sola no encuentra mágicamente otras seis horas después de cocinar, limpiar y cuidar hijos. Y sumar empleos precarios puede producir más agotamiento sin construir ninguna capacidad nueva.</p><p>El esfuerzo útil no consiste solamente en acumular horas como quien junta tapitas. Consiste en lograr que una hora futura valga más que una hora presente.</p><p>Aprender un oficio. Terminar una certificación. Comprar una herramienta. Conseguir clientes propios. Mudarse donde exista trabajo. Ahorrar un fondo mínimo. Dejar una actividad sin futuro por otra donde haya algo que aprender. El segundo empleo de mi abuelo importaba menos por el segundo sueldo que por la segunda habilidad. La mecánica le permitió dejar de vender únicamente fuerza física y empezar a vender conocimiento. El camión convirtió ahorro en capital. Y el empleado convirtió su propio tiempo en una pequeña empresa.</p><p>Eso es movilidad. No trabajar hasta caer muerto, sino usar el esfuerzo de hoy para ampliar las opciones de mañana.</p><p>Los datos tampoco sostienen la fantasía de que todo depende del Estado ni la fantasía contraria de que el contexto no importa. El Banco Mundial identifica trampas de pobreza en Argentina vinculadas con la inestabilidad macroeconómica, la desigualdad regional y generacional y la falta de empleos de calidad. Pero la evidencia regional también muestra que el aumento de los ingresos laborales fue el principal motor de reducción de la pobreza, y que la capacitación puede mejorar salarios y reducir la probabilidad de permanecer en la informalidad.</p><p>Traducido del dialecto de organismo internacional: necesitás oportunidades, pero también necesitás hacer algo con ellas.</p><p>El Estado tiene obligaciones. Debe ofrecer seguridad, educación básica que enseñe algo, infraestructura, moneda razonablemente estable, reglas que no castiguen al que ahorra y una red para quien realmente no puede sostenerse. Lo que no puede hacer es estudiar por vos, madrugar por vos, rechazar una compra por vos ni dedicar tres años a construir una habilidad que todavía no paga.</p><p>El populismo detesta esta distinción. Su cliente ideal es el niño adulto: alguien convencido de que todo lo bueno constituye un derecho, todo sacrificio es explotación y toda consecuencia tiene un culpable con domicilio fiscal distinto. Papá Estado promete protegerlo de cada decisión hasta que ya no sabe tomar ninguna. Después lo llama “pueblo empoderado” para que la dependencia suene revolucionaria.</p><p>El capitalismo también tiene un vicio curioso: cuando funciona, produce generaciones que olvidan cuánto costó construir lo que heredaron. El nieto recibe techo, escuela, electricidad, antibióticos y un teléfono con acceso a casi todo el conocimiento humano; luego utiliza el teléfono para explicar que estudiar un oficio es imposible porque está cansado.</p><p>No hace falta convertir la vida en un campo de trabajos forzados. Hace falta aceptar una verdad menos cinematográfica: mejorar suele ser aburrido. Repetitivo. Lento. Durante mucho tiempo no genera aplausos, likes ni una foto interesante. A veces significa quedarse en casa estudiando mientras otro mira el partido. A veces significa vivir durante años en un barrio que no pondrías en Instagram. A veces significa usar el mismo teléfono hasta que deje de ser inteligente y pase a ser arqueología.</p><p>¿Todo el que haga eso saldrá de la pobreza? No.</p><p>¿Aumentará sus posibilidades respecto de quien no lo haga? Por supuesto.</p><p>Por eso “el pobre es pobre porque quiere” es una frase incompleta, brutal y muchas veces injusta cuando se aplica desde afuera a una persona cuya historia desconocemos. Pero la respuesta opuesta —“el pobre no tiene ninguna responsabilidad sobre su futuro”— es todavía más cruel. Le quita incluso la única herramienta que ningún gobierno puede entregarle por decreto: la capacidad de actuar.</p><p>El pobre no quiere ser pobre.</p><p>Pero cada vez que puede aprender y decide no hacerlo; cada vez que puede ahorrar y elige aparentar; cada vez que puede construir algo para mañana y prefiere consumirlo todo hoy, no está eligiendo la pobreza.</p><p>Está eligiendo seguir donde está. Y esa diferencia, aunque a algunos les provoque otro ataque de literalidad, puede durar toda la vida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/pobreza.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El oficio, el esfuerzo y el cambio de generación. De inmigrantes que crecieron al populismo brutal: un sueño liberal.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-31T22:22:16+00:00</updated>
                <published>2026-07-31T22:18:24+00:00</published>
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            De importar gas a abastecer a Brasil: el desafío que plantea Vaca Muerta
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                <![CDATA[Jorge Lapeña]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/de-importar-gas-a-abastecer-a-brasil-el-desafio-que-plantea-vaca-muerta">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/gasoducto_norte.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todavía no se han utilizado a fondo los recursos de Vaca Muerta para abastecer íntegramente el mercado interno de petróleo y de gas, o sea, de hidrocarburos. Todavía seguimos importando cantidades significativas de gas en invierno y esa es la razón por la cual también hay incrementos tarifarios que podrían no ser tales por esos costos de importación.</p><p>A Vaca Muerta le falta un período de maduración y alcanzar objetivos de producción, sobre todo en gas natural, para decir que el mercado argentino está absolutamente autoabastecido de gas, no solo en verano, cuando el consumo es menor, sino también en invierno.</p><p>Por otro lado, existe una posibilidad interesantísima con el gas de Vaca Muerta si se completan las obras de gasoductos, sobre todo en el caso del Gasoducto del Norte, que debe tener un flujo inverso al que tenía tradicionalmente. Era un gasoducto que servía para importar gas de Bolivia, por ejemplo. En este caso, nosotros tendríamos, en el caso de que se realicen esas obras de reversión del Gasoducto del Norte, la posibilidad de abastecer de gas a Bolivia, que se ha quedado prácticamente sin reservas, y por esa misma vía abastecer a Brasil.</p><p>Argentina tiene que pensar menos en exportar gas en el futuro como gas natural licuado a Medio Oriente. He visto muchas ideas en ese aspecto: abastecer Europa, etcétera. Creo que sería más positivo si hubiera un plan de obras del Estado ejecutado por privados, pero, en definitiva, un plan energético en el caso del gas natural para completar esa red de gasoductos y facilitar una exportación concreta de gas natural.</p><p>Un primer mercado deseable sería exportar gas a Brasil y exportar todo el gas que se pueda a Chile, lo cual ya cambiaría la mala pasada que se le hizo cuando se cortó el gas a Chile, en el primer año, 2005 o 2006. Se le hizo un gran daño que lo obligó a Chile a comprar gas licuado y esas cosas.</p><p>La Argentina, a partir de Vaca Muerta, debería incrementar su producción de gas, abastecer el mercado interno, sobre todo en el invierno, que no lo abastece, y además generar la posibilidad de industrializar ese gas. Ya hay algunos proyectos, ninguno comenzado, para fabricar —no para exportar gas simplemente como producto primario—, sino exportar gas transformado en fertilizantes, industrializado.</p><p>Se conoció al menos que hay un proyecto de una empresa privada. Debería haber un proyecto nacional de industrializar el consumo de gas, sino también exportar gas y, además, si es posible, industrializarlo agregando valor. Esto sumaría un flujo de dólares hacia la Argentina, siempre importante para cualquier gobierno.</p><p>La exportación de petróleo de Vaca Muerta siempre es un hecho posible. El mercado interno, aproximadamente, en Argentina es de 15 millones de vehículos que son abastecidos por hidrocarburos y también por combustibles. Entonces, puede ser abastecido prácticamente desde Vaca Muerta y los excedentes, exportados.</p><p>Ahora deberíamos verificar cuáles son los precios, porque &nbsp;los productores argentinos se han beneficiado, de la guerra en Medio Oriente.</p><p>Esto ha generado un proceso inflacionario mundial, un crecimiento de los costos y también una suba de los precios internos, porque los productores han preferido exportar a los valores que paga el mercado mundial, movido por una guerra que no termina. Y esto ha encarecido las naftas y el gasoil en la capital.</p><p>Ese mercado también tiene que ser analizado en detalle por la Comisión de Defensa de la Competencia o la autoridad de Defensa de la Competencia, que debería observar en qué medida tenemos un mercado interno competitivo por el lado de la venta de hidrocarburos.</p><p>Yo creo que es un mercado muy centralizado en pocas empresas que manejan gran parte del abastecimiento. Nos convendría un mercado más ofertado, con más actores empresarios, que ninguno tenga una porción de mercado de más de 10 o 15%, con lo cual &nbsp;habría más competencia entre los productores y los refinadores para que esa venta tenga precios más convenientes para los usuarios argentinos.</p><p>Hay que seguir el ejemplo de los Estados Unidos, que tuvo este problema a principios del siglo, alrededor del año 1910, cuando reorganizó el mercado y, de alguna forma, generó un mercado competitivo entre todos los petroleros en el mercado norteamericano. Ninguno tiene una porción de mercado mayor del 10%, de forma tal de que compiten entre sí y los precios de venta a los automovilistas son inferiores que en Argentina.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/gasoducto_norte.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Vaca Muerta produce más, pero el consumidor argentino todavía espera los beneficios.]]>
                </summary>
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                                <updated>2026-07-29T10:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-29T10:00:00+00:00</published>
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