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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-07-26T16:29:38+00:00</updated>
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            Messi 2030: el bis del último baile
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                <![CDATA[Francisco Bello]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oJ4dJxNQlvYBZuTqeb1Vjcgcb8g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Termina la fiesta, suena la última canción… termina el último baile… pero, ¿por qué no seguir bailando? Si la noche es joven, si estamos con los pibes para ir a otro lugar y seguir disfrutando. Esa sensación tengo con Messi. Lionel Messi fue, por escándalo, el mejor jugador del Mundial 2026. No fue un lastre, ni un recuerdo del pasado: fue la pieza que marcó la diferencia en los momentos decisivos, con su técnica, con su visión, con su magia. El tiempo pasa para todos, pero ¿quién imaginaba, al terminar 2022, que Messi alcanzaría semejante nivel casi cuatro años después? Nadie. Y sin embargo, no sólo jugó bien: fue el mejor del torneo.</p><p>En 2022 muchos pensaban que su último Mundial sería el de 2026, quizás entrando en algún partido con menor participación e incidencia en el resultado, con menor protagonismo. Su calidad en pelota parada y su capacidad de inventar jugadas siempre va a estar aunque tenga 50 años, pero en 2026 no fue solo eso: realmente armó jugadas épicas que nos llevaron a la final. No sólo en goles y asistencias, incluso con gambetas, pases claves, claridad en el juego y jerarquía para hacer la diferencia adelante: estadísticamente, el Mundial de Messi con 39 años fue el mejor de su carrera. La realidad superó cualquier pronóstico. Messi no fue un recurso, fue la figura. Y si eso ocurrió en 2026, ¿por qué no pensar en 2030? Mejor dicho: ¿por qué no pensar que aquel aporte de menos minutos que imaginábamos para 2026 se traslade ahora a 2030? No tiene sentido que un documento decida su retiro cuando el campo demuestra lo contrario. Es más, si me apuran, se apresuró Di María en dejar la selección antes de tiempo; todos sabemos que contra España su presencia por izquierda habría posibilitado otra oportunidad en el partido. Con Messi pasa lo mismo: no hay argumento deportivo para que se aparte, salvo su propio deseo de descansar o dedicar más tiempo a su familia, derecho que se ha ganado. Además, Messi se ha cuidado toda su carrera, se ha exigido siempre, y no hay dudas de que estará listo si él lo desea. Pero si quiere seguir, cada minuto suyo en 2030 será un regalo.</p><p>Messi, en muchas ocasiones, ha declarado que si no está para jugar los 90 minutos completos, prefiere entrar antes que salir. Y ahí está la clave: un Messi que ingrese en los segundos tiempos, que aporte su lectura y su toque único, que siga siendo la ficha distinta, es más que factible. Además, van 26 jugadores al Mundial: hay cupos de sobra, y uno de la jerarquía de Messi siempre vale la pena. Por supuesto que también deseo sea con Scaloni al mando, el técnico que ya ganó Copa América, Finalissima, Mundial y volvió a llevar al equipo a otra final. El camino está trazado. Además, es importante que sea parte de dar la bienvenida a la renovación de jugadores que siempre hay tras cada Mundial. Tiene que pasar la posta y transmitir lo que significa jugar para Argentina. En los entrenamientos, si fuese Nico Paz o Mastantuono, ¿qué mejor que tenerlo al lado para aprender gestos, absorber detalles, crecer?</p><p>Que juegue Messi me ilusiona más que cualquier resultado. Les soy sincero: me hace feliz. Por supuesto que me da bronca perder, como a todos, pero ver jugar a Messi con la camiseta de Argentina es lo más lindo deportivamente hablando que hay. Pasa por otro lado y va más allá de un resultado. Es la ilusión, es la previa de una juntada con amigos. Y si fue el último baile, cuando la cosa pinta, ¿por qué no ir a otro lugar? Si se puede seguir disfrutando, que siga la música.</p><p>Fue un hermoso camino con Messi. Cuando era chico miraba a Ronaldo, Ronaldinho, Zidane, y me preguntaba cuándo íbamos a tener de nuevo al mejor jugador del mundo, y que además fuese argentino. Mi papá me hablaba de Maradona. Y apareció él. El camino fue inolvidable, y me ilusiona mientras dé, seguir caminando. Hasta el último aliento. Así es la vida.</p><p>Mi deseo es simple: #Messi2030.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oJ4dJxNQlvYBZuTqeb1Vjcgcb8g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El rosarino fue el mejor del Mundial 2026 y, con Scaloni al mando para integrar a la nueva camada, nada impide soñar con que siga otros cuatro años.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-26T16:29:38+00:00</updated>
                <published>2026-07-26T16:29:36+00:00</published>
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            Un proceso que debe continuar
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                <![CDATA[Gonzalo Ordoñez Ojeda]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/un-proceso-que-debe-continuar">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KVpZT3icDiR7WRhvRbPBp3KrwIA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/scaloni_y_ct.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Pasaron días de la final del Mundial de Canadá-Estados Unidos-México 2026 y entre rumores y teorías conspirativas, lo único claro es que se debe seguir hablando de fútbol. Fue una final bien ganada por España, que superó futbolísticamente a una Selección argentina que tal vez estuvo diezmada y condicionada por los lesionados, lo cual le limitó la posibilidad de hacer otras variantes más productivas para mejorar el desempeño contra el combinado dirigido por Luis de la Fuente; pero no tiene sentido retrotraerse a lo que ya pasó y lo que pudo haber sido (nada va cambiar), sino que es momento de analizar el futuro del equipo argentino.</p><p>Lionel Scaloni tiene contrato vigente hasta diciembre de este año, el cual ya dijo que piensa respetar y después resolverá qué camino tomará. El entrenador, mientras descansa en su Pujato natal, seguramente en estos necesitará pensar en muchas cuestiones en estos meses que le quedan vinculados a la AFA. Un derecho más que ganado luego de ocho años al frente del conjunto albiceleste, que lo tuvo siempre en un nivel altísimo.&nbsp;</p><p>Fue desde aquella obtención del torneo Sub 20 de l'Alcudia en 2018, que Scaloni junto a Pablo Aimar fueron designados provisoriamente para conducir a la Selección mayor. El ex futbolista de Estudiantes y Deportivo la Coruña venía de ser uno de los colaboradores en el ciclo de Jorge Sampaoli y, luego del Mundial de Rusia 2018 y en un contexto caótico de la AFA con los Seleccionados, tomó el fierro caliente de ser conductor en los siguientes compromisos amistosos. En ese período inició un proceso profundo recambio, probando muchos jugadores, y dándole descanso momentaneamente a Lionel Messi y Angel Di María, entre otros.&nbsp;</p><p>Ese interinato luego se extendió luego para ser el entrenador en la Copa América 2019, en la cual llegó a las semifinales. Tras esa buena campaña, con la venia de César Luis Menotti, quien en ese momento fue convocado para ser Director de Selecciones nacionales, y el aval del Presidente de la AFA, Claudio Tapia, Scaloni quedó definitivamente como DT hasta el Mundial de Qatar. Ya con Messi y Di María siendo líderes de una nueva generación.</p><p>Esa nueva generación de futbolistas, más allá de sus condiciones y el talento individual, terminó conformándose un gran equipo, que como resultado no paró de cosechar éxitos en los años siguientes (Copa América 2021 en Brasil, Finalissima en Inglaterra y Mundial en Qatar 2022, Copa América en Estados Unidos 2024 y subcampeonato en el Mundial 2026). Como consecuencia de estos logros &nbsp;y el trabajo de Scaloni y su Cuerpo Técnico (los ayudantes de campo Walter Samuel, Pablo Aimar, Roberto Ayala, el profesor Luis Martín, el analista de videos Matías Manna y el preparador de arqueros Martín Tocalli), la Selección recuperó en estos ocho años la comunión con el público argentino, la cual se había perdido muchos años atrás después de reiterados fracasos.</p><p>Fue un ciclo brillante, además de que hace años que Argentina no mantenía un entrenador durante mucho tiempo. Como contraste, antes de que llegara Scaloni, entre 2006 y 2018 hubo ocho entrenadores al frente del combinado albiceleste: José Pekerman, Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli.</p><p>Entonces, la Scaloneta elevó la vara y se entiende que tal vez arrancar de cero otra vez no es para nada sencillo, aunque ya le dio rodaje a algunos jugadores con futuro en los amistosos previos al Mundial, como fue el caso de Agustín Giay, Tomás Aranda, Simón Escobar y Santiago Beltrán, entre otros. Quizás fue una señal.&nbsp;</p><p>Scaloni, quien ha sorprendido a muchos al tomar la Selección tomando en cuenta los escasos antecedentes como DT, ha demostrado tener la capacidad y el equilibrio necesarios para armar buenos equipos y por ello sería importante que continuara el proceso, que siga siendo abarcativo desde los mayores hasta los juveniles. En el peor de los casos, si el pujatense no sigue después de diciembre, podría proponer otro nombre de su confianza, para que no se pierda la misma línea de trabajo que tan buenos resultados dejó.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KVpZT3icDiR7WRhvRbPBp3KrwIA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/scaloni_y_ct.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El ciclo de Scaloni y su cuerpo técnico al frente de la Selección dejó tan buenos resultados y no debería perderse su línea de trabajo.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-26T16:32:16+00:00</updated>
                <published>2026-07-26T16:14:29+00:00</published>
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            Rodri, el &quot;Balón del Robo&quot;
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                <![CDATA[Francisco Bello]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AtELIimv4gw5cTtc40JcIaWb0Og=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/rodri.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Yo hice la misma cantidad de goles que Rodri en el Mundial y la misma cantidad de asistencias. Yo hice cero fouls, él fue uno de los jugadores que más faltas cometió en todo el torneo. Por “Fair Play”, yo me merecía el Balón de Oro más que él. Arranco con ironía, porque si la FIFA se animó al disparate de elegirlo como mejor jugador del Mundial, yo también puedo ponerme a la altura del absurdo.</p><p>A lo largo del torneo se hablaba del Mundial de las estrellas: Lionel Messi, Kylian Mbappé, Erling Haaland, Vinícius Junior, Jude Bellingham, Harry Kane, Ousmane Dembelé… ni figuraba Rodri. Y que el galardón máximo termine en su nombre es un golpe al corazón del fútbol. Porque el fútbol es lo que es por los goles, por las asistencias, por las jugadas claves, por la estética, por las gambetas y las emociones. Ahí está la magia y eso es lo que enamora. Y los números lo dicen todo: Messi 8 goles, Rodri 0. Messi 4 asistencias, Rodri 0. MVP del partido: Messi 5, Rodri 1. Regates completados: Messi 39, Rodri 2. Pases clave: Messi 22, Rodri 6. Grandes ocasiones creadas: Messi 14, Rodri 2. Es una locura lo de Messi. Literalmente un delirio que el Balón de Oro haya sido para Rodri.</p><p>Y agrego algo clave: la IFFHS eligió a Messi como el mejor del Mundial. A pesar de que la FIFA le dio el Balón de Oro a Rodri, la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol nombró a Messi como el mejor jugador de la Copa del Mundo 2026. Rodri es un gran jugador, por supuesto, pero ni siquiera estuvo en el equipo ideal de IFFHS. El contraste es brutal, un verdadero papelón.</p><p>España se destacó por su juego de equipo. Tiene más dominio de pelota, pero en contrapartida menos poderío ofensivo. Rodri es una pieza dentro de esa ingeniería que destaca por lo colectivo, no por lo individual, dentro de un estilo que se contrapone a la magia en el fútbol. ¿Se imaginan si los demás equipos jugasen como España? Chau, pasa a ser más entretenido hasta el béisbol.</p><p>Durante el Mundial, se habló de teorías conspirativas, de supuestas ayudas a Argentina. Pero el pisotón a Lisandro Martínez contra Egipto es clarísimo. La roja a Breel Embolo contra Suiza también. Hasta se mostró una imagen de Messi con un jugador de Argelia como si fuese de roja directa cuando no hay fricción y no es ni amarilla. Hablar de ayudas es desconocer el reglamento y alimentar un circo digital. Sería peligroso que la FIFA escuche demasiado a las redes sociales, muchas veces llenas de bots o de opiniones pagas que buscan polémica para viralizarse, incluso con imágenes falsas generadas por la IA.</p><p>¿Qué hubiesen dicho si el árbitro de la final era de la nacionalidad del presidente de Conmebol y expulsaba a un español por una segunda amarilla tras una previa por protestar? Bueno, pasó al revés. Y ni hablemos de los fouls que no le cobraron a Argentina. De las tantas la que se escapaba solo Giuliano Simeone no tiene explicación. Es fácil adelantar líneas si esa falta no se cobra…</p><p>La ley Prestianni se aplicó solo a sudamericanos. Marc Cucurella hizo lo mismo y nada. No me vengan con que apenas se tapó o que no estaban discutiendo: la regla no habla si hay que taparse mucho o poco y estaban discutiendo. La reacción de miedo de Cucurella lo expone, y zafó como todos los europeos que lo hicieron.</p><p>Y hablo de todas estas cosas porque quiero llegar a que la elección de Rodri claramente está encadenada a todo este contexto de teorías conspirativas y trasfondo, y en definitiva el premio solo incrementa las sospechas. No es justificable desde lo deportivo, sino desde una campaña mediática que busca instalar un relato y termina aumentando la falta de credibilidad. Al final del día termina siendo una prueba de que algo pasó…</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AtELIimv4gw5cTtc40JcIaWb0Og=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/rodri.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El premio al mediocampista español como mejor jugador del mundial es la prueba irrefutable que algo raro pasó.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-23T17:06:26+00:00</updated>
                <published>2026-07-23T17:06:24+00:00</published>
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            ¿Recibirá Messi el premio Princesa de Asturias?
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                <![CDATA[Fernando Muñoz Pace]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2fJvhyeZmje1UWge5mDq4y4f9JI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>MADRID (Corresponsal) — En medio de tantas noticias falsas, teorías conspirativas de dudoso origen y videos manipulados para crear un clima de tensión entre argentinos y españoles, un dato apareció casi de casualidad: Lionel Messi recibirá el premio Princesa de Asturias.</p><p>La designación es anterior al Mundial, pero la derrota de la selección argentina y, sobre todo, el clima que mezcla tristeza y bronca (digno de un diván freudiano) hacen pensar si, tal como está previsto, en octubre, Messi vendrá a recibir el galardón más importante de España.</p><p>En un fallo emitido el 3 de junio, unos días antes del Mundial, el jurado dice que Messi “ha destacado, además de su deslumbrante talento, su excepcional trayectoria deportiva y su formidable y continuada labor solidaria para promover el acceso a la educación y el cuidado de la salud de los niños más desfavorecidos”.</p><p>Agrega que “el jugador que más títulos ha conquistado en la historia del fútbol se ha ganado también el respeto y admiración de todos por su ejemplar comportamiento dentro del campo y por su constancia, humildad y compromiso con el juego colectivo”.</p><p>Ese mismo día, desde Kansas City, llegó el mensaje del futbolista: “Quiero agradecer de corazón al jurado y a la Fundación Princesa de Asturias por este reconocimiento, que para mí es un orgullo enorme”.</p><p>En una frase que adquiere otra dimensión después de una final empañada por las peleas entre jugadores, añade: “España y Catalunya son parte de mi vida: ahí crecí como futbolista (…). Siempre digo que nada de lo que conseguí lo hice solo: atrás de cada logro hay compañeros, familia y muchísima gente que me ayudó en el camino”.</p><p>El 8 de junio, cuando todavía no se había jugado ni un partido, apareció en el diario El Mundo un artículo que, también, como el mensaje de Messi, ahora adquiere otras connotaciones.</p><p>El autor, Eduardo Álvarez, dice que en el Premio Princesa de Asturias “se dan paradojas tan difíciles de digerir como que se acabe de otorgar el galardón en la categoría deportiva a Messi (…). Rechina imaginarse en otoño a Doña Leonor dándole el galardón a un futbolista que fue condenado por millonarios delitos contra la Hacienda española”.</p><p>La justicia española archivó la causa contra Messi en 2021, luego de que el jugador pagara todo lo que debía (unos cuatro millones de euros) más las multas correspondientes. Recibió una condena penal, pero, obviamente, no fue a prisión.&nbsp;</p><p>Luego el autor le achaca haberse convertido en “embajador de turismo del sanguinario régimen de Arabia Saudí”. También España hace negocios con los saudíes: en febrero, el ministro de Transporte, Óscar Puente, anunció un contrato por 2.800 millones de euros para el proyecto ferroviario Haramain.</p><p>En realidad, tal como explican los fundamentos del premio, al astro argentino se le reconoce, además de lo antedicho, por sus aportes a los niños vulnerables a través de la Fundación Leo Messi.</p><p>Para octubre es posible que la intensa disputa mediática posterior a la final haya quedado en el olvido (“Todo pasa”, como decía el anillo de Julio Grondona). Pero, por ahora, la duda persiste. ¿Vendrá Messi a recibir el premio?</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2fJvhyeZmje1UWge5mDq4y4f9JI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El jurado le otorgó la distinción poco antes de comenzar el campeonato.]]>
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                                                <category term="mundo" label="Mundo" />
                                <updated>2026-07-22T14:35:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-22T14:31:24+00:00</published>
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            El fútbol grande: Fuimos Felices
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/fuimos-felices">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QIl4aSnhNjf_igHM3PcttwX5k_M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/campeon.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las historias verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las protagoniza. Y si bien perdimos la oportunidad de ver el final de la película que soñamos, es importante entender que los últimos diez minutos de esta película no empañan el guión que nos trajo hasta las lágrimas que nos secamos hoy. Esta historia que pareciera tener su punto final, no se mide por el brillo del metal que se cuelga al cuello ni por el estallido final de los fuegos artificiales que iluminan un cielo ajeno. Se miden en el barro de la persistencia, en la dignidad de la derrota y en esa capacidad tan nuestra, tan dolorosamente argentina, de mirarnos a los ojos en el minuto ciento veinticuatro, con el pecho quebrado, sabiendo que lo dimos todo hasta que no quedó nada.</p><p>Hoy el fútbol nos devuelve a su costado más cruel. El silbato final en este Mundial 2026 resuena como un portazo en una casa vacía. Hay un dolor espeso que baja desde las tribunas, cruza el mapa hacia el sur y se instala en cada esquina de Buenos Aires, en los clubes de barrio, en los cafés y en el living de cada hogar donde hace apenas unas horas habitaba la ilusión. Es un dolor seco, que debemos transitar y que se clava en la boca del estómago hasta quitarnos el aire.</p><p>Perder una final del mundo no es perder un partido; es ver cómo el castillo de naipes que construimos durante un mes, con la fe de los desposeídos, se derrumba en un segundo. Sin embargo, en este suelo sabemos desde siempre que el fútbol no es un camino hacia la felicidad plena, sino una ecuación sentimental basada en el sufrimiento. Un pueblo que no sabe sufrir no puede entender jamás la dimensión de lo que este plantel ha construido. El dolor de hoy no nos empequeñece; nos devuelve la verdadera estatura de lo que somos. Porque para llorar con esta hondura, primero hubo que amar con una intensidad que asusta a los tibios.</p><p>En el centro de esta epopeya inconclusa emerge, una vez más, la figura colosal de Messi. El capitán que desafió al tiempo, el hombre que ya no tenía nada que demostrarle al mundo pero que eligió seguir vistiendo nuestra camiseta simplemente porque no concibe la vida sin defender nuestra bandera. Verlo caminar por el césped con la mirada gastada, masticando la bronca del verdugo implacable que es el destino, no genera lástima. Genera una devoción religiosa. Messi nos enseñó a ganar, nos regaló la gloria eterna en Qatar, pero hoy nos da su lección más humana y desgarradora: la foto del final, con las lágrimas surcando sus recuerdos, y su figura recortada contra la frustración de la derrota, es el monumento vivo a la nobleza deportiva.</p><p>Este grupo de jugadores, que se quedó sin combustible pero que corrió cada pelota como si en ello fuera la vida de sus familias, ha mejorado nuestra alma colectiva. Nos devolvieron la certeza de que el esfuerzo vale la pena, incluso cuando el desenlace es injusto. En un mundo que premia el éxito inmediato y descarta el proceso, esta selección defendió una idea de pertenencia, un sentido del deber y un amor propio que trasciende cualquier vitrina. Lloramos por el gol que no entró, por la jugada fortuita, por el destino esquivo, pero bajo ninguna circunstancia lloramos de vergüenza. El orgullo que sentimos por ellos es un fuego que la derrota no puede apagar. Y es también un sopapo de realidad para aquellos imbéciles que afirman que el segundo es el primero de los perdedores.</p><p>Para el pueblo argentino, el fútbol es el espejo donde miramos nuestras virtudes y nuestras miserias. Es el idioma común con el que nos abrazamos con desconocidos en la calle y compartimos la misma angustia en la tribuna los fines de semana. Sabemos sufrir porque nuestra historia nos ha entrenado en la resistencia; sabemos lo que cuesta levantarse al día siguiente con el cuerpo cansado pero el orgullo intacto. Por eso, este subcampeonato no es el fin de nada, sino la confirmación de una estirpe. Somos los que insisten, los que vuelven a creer contra toda lógica, los que guardan la camiseta en el placard sabiendo que, tarde o temprano, la volverán a sacar para gritar un gol con el alma.</p><p>Mañana bajará la espuma de la amargura. Los chicos volverán a patear en los potreros vistiendo la diez con el nombre del capitán, los viejos discutirán las jugadas en los mostradores de los bares y la vida seguirá su curso. Pero algo habrá cambiado en nosotros. Esta derrota duele porque estuvimos ahí, acariciando la gloria una vez más, demostrando que pertenecemos a la élite del fútbol mundial por derecho propio y por prepotencia de trabajo.</p><p>Las grandes historias no siempre terminan con una vuelta olímpica. A veces, las más profundas, las que se graban a fuego en la memoria de las generaciones, son las que nos enseñan a perder con la frente alta y el escudo limpio. El país entero se abraza en el dolor, pero con la certeza absoluta de que el orgullo que nos hicieron sentir estos jugadores es mucho más grande y duradero que cualquier torneo.</p><p>Fuimos felices. Durante años habitamos un oasis de alegrías compartidas, un tiempo bendito donde la selección era una fiesta y el pecho andaba inflado de un orgullo casi irreal. Esta selección nos regaló el derecho a la sonrisa, nos unió en abrazos interminables y nos hizo sentir, al menos por un rato, los dueños legítimos del mundo. Esta selección nos regaló la victoria con los ingleses, dándole a una generación la posibilidad de sentir un poco de aquello que nos regaló Diego. Por eso hoy la caída es tan digna y el dolor se siente tan espeso; porque se ha terminado ese viaje hermoso donde la felicidad parecía garantizada. Nos queda el vacío de la gloria que se escapó entre los dedos en este último suspiro, pero también la certeza inquebrantable de haber vivido una época dorada. Lloramos el final de una era, es verdad, pero con la gratitud eterna a quienes supieron tocar el cielo antes de volver a pisar la tierra.</p><p>Termino con un enorme “Gracias Messi!”. Te vas gigante, con la bandera del fútbol que jugamos en la vereda bien arriba. Y con el alma de todo un país guardada en tu botín izquierdo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QIl4aSnhNjf_igHM3PcttwX5k_M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/campeon.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Raúl Vázquez y la despedida de la selección más brillante de los tiempos. Messi, un profeta y una ilusión que no termina]]>
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                                <updated>2026-07-20T14:06:26+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T14:06:24+00:00</published>
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            El Uno por Uno de los finalistas
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                <![CDATA[Fernando Ferrari]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sC4rGjJ0sR_y7N1jLB4-g1cjq9s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el partido decisivo del Mundial, Argentina nunca logró reencontrarse con la versión competitiva que había mostrado apenas unos días antes frente a Inglaterra. La Selección fue claramente superada por una España que dominó el desarrollo durante prácticamente todo el encuentro y generó las mejores ocasiones de peligro. Solo la extraordinaria actuación de Emiliano Martínez sostuvo con vida a la Albiceleste, que resistió hasta el tiempo suplementario antes de ceder por la mínima y despedirse del sueño del bicampeonato. La derrota reflejó la superioridad de España durante buena parte de la final y dejó a varios futbolistas argentinos lejos de su mejor nivel. El resultado, sin embargo, no borra el gran recorrido de una Selección que volvió a llegar hasta el último partido del Mundial. Aquí, las calificaciones de los jugadores que participaron de esta final:</p><p>Emiliano Martínez (8): la figura de Argentina. La única explicación de que el partido se haya ido al alargue y España sólo convirtiera un gol (contabilizó 11 atajadas). En el primer tiempo manejó con paciencia la salida del fondo para decidir atraer y jugar con algún central u optar en largo.</p>Atajadas del Dibu Martínez (Sofascore).<p>Gonzalo Montiel (5,5): lo atacaron por la banda, tuvo algunos sobresaltos pero resistió y salió airoso del PT. Tuvo algunas salvadas importantes y salió reemplazado por desgaste físico.</p><p>Cristian Romero (7): seguro en el fondo, con firmeza y bien parado en el área para despejar cuando España lograba penetrar el área. Otro problema físico lo hizo terminar el partido antes de tiempo. Terminó redondeando un gran mundial, siendo el mejor jugador defensivo de la scaloneta.</p>Campograma de pases de Cristian Romero (Sofascore).<p>Lisandro Martínez (5,5): era la salida más clara para jugar desde el fondo y buscar con pases rasantes o pelotazos largos para las segunda pelota. Respondió con solidez hasta que luego de cortar con falta un contraataque rival y ser amonestado, se fue reemplazado por una molestia antes del final del PT.</p><p>Nicolás Tagliafico (6): concentrado y atento en la difícil misión de contener a Yamal. Dejó la vida para no ser superado, y alternó buenas y malas (ganó 8 de 13 duelos). Aguantó lo que pudo habiéndose lesionado en el alargue y dejó el alma hasta el final pero no le alcanzó.</p><p>Rodrigo De Paul (4): bastante impreciso, sin peso en ofensiva y muchas veces perdiendo la espalda en la marca de Cucurella. Cerró un mundial muy por debajo de las expectativas, lejos de su versión de motor del equipo que siempre lo caracterizó.</p><p>Enzo Fernández (3): esta vez el papel de mediocampista central no le funcionó, No estuvo cómodo ante la presión de España y para cortar en los avances del rival. No logró nunca manejar la pelota para Argentina. Sobre el final de los 90 minutos se fue expulsado por doble amarilla para completar un partido para el olvido.</p><p>Alexis Mac Allister (5): rigor en la marca y el aspecto físico en el PT, con algunas faltas cometidas y otras recibidas. Fue disminuyendo su trascendencia con el desarrollo de partido. Pocas veces fue buena opción para recibir y distribuir juego.</p><p>Nicolás González (5,5): interesante su posición, haciendo la banda en defensa para tapar las subidas de Porro, aunque no siempre pudo ayudar a Tagliafico en su duelo vs Yamal. En ataque esperaba más adelantado para complicar a la defensa rival con el juego aéreo. Salió reemplazado para ajustar el medio en lo táctico.</p><p>Lionel Messi (5): Tuvo algunos chispazos en los 90 minutos pero el desarrollo del partido no lo acompañó, con una Argentina cediendo totalmente el control del juego. Lo pudieron encontrar muy poco. Mostró rebeldía sobre el final del alargue, ya en desventaja en el marcador, bajando varios metros para recibir sobre el carril derecho y haciendo envíos al área o pases profundos, sin éxito.&nbsp;</p>Mapa del calor de Messi (Sofascore).<p>Julián Álvarez (4,5): desgastado corriendo a defensores y medios pero sin efectividad en la presión, no pudo participar mucho en ofensiva ni le llegó claro la pelota para pivotear o intentar asociarse. Con este esquema es habitual que no pueda generar muchas ocasiones de gol, el partido de hoy fue el más notorio de esa situación.</p><p>Nicolás Otamendi (5,5): ingresó sobre el final del PT. Demostró oficio con algunos despejes y juego aéreo pero el equipo perdió mucho en salida limpia de pelota.</p><p>Leandro Paredes (4): entró para acomodar la mitad de cancha pero desde el primer minuto se lo vio nervioso, errático, perdiendo la marca y con una amarilla innecesaria. Muy lejos de estar a la altura de esta final, demostró toda su impotencia con peleas constantes con los rivales.</p><p>Nahuel Molina (4): ingresó para renovar el lateral pero decepcionó nuevamente, como en todo el mundial. Otra vez retratado en un gol rival, perdiendo muy fácil la marca. Fue desbordado en más de una ocasión por el extremo y lateral rivales.</p><p>Facundo Medina (5): primero de central y luego de lateral, puso esfuerzo y aguantó a la última línea todo lo que pudo (6 acciones defensivas). Sobre el final del partido intentó proyecciones, sin conseguir éxito.</p><p>Giuliano Simeone (5,5): le dio aire y piernas necesarios para hacer todo el carril derecho. Tuvo algunas guapeadas pero se excedió en los contactos y los roces con los rivales. Fue protagonista de las únicas dos chances del equipo en los 120 minutos. Metió un centro rasante sobre el final que casi termina en gol y se perdió el empate en la última jugada, a la salida de un córner, con un remate desde dentro del área que se fue alto y desviado.</p><p>Marcos Senesi (-): ingresó para reforzar la última línea e intentar con un jugador menos aguantar hasta llegar a los penales. En los últimos minutos fue por la heroica para intentar conectar de cabeza algún envío largo desesperado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sC4rGjJ0sR_y7N1jLB4-g1cjq9s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Bajo la lupa de Fernando Ferrari, cómo jugaron cada uno de los jugadores argentinos.]]>
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                                <updated>2026-07-21T19:05:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T01:28:25+00:00</published>
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            Argentina dio pelea pero no alcanzó. España es campeón Mundial
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                <![CDATA[Gonzalo Ordoñez Ojeda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MLkBvr-RU_rFmvfikpvZ9CQ-1aA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/espana.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La cuarta deberá esperar. Se fue otra ilusión. Fue un gran Mundial para Argentina, pero el campeón fue sin dudas el mejor equipo: España. Los dirigidos por Luis de la Fuente fueron justos ganadores y se quedaron con su segundo trofeo en la historia de los Mundiales (el anterior en Sudáfrica 2010, también en tiempo extra).</p><p>Fue una final de un Mundial de fútbol, pero, al igual que la Copa América 2024, se ha mimetizado con un Superbowl, bien estilo estadounidense &nbsp;y con el lujo de los hermanos Michael y Bruce Buffer, presentadores de Boxeo y las peleas de UFC, respectivamente (haciéndose notar Michael con su “Let's get ready to rumble…” y Bruce con “It's time…”.) Mucho espectáculo musical en la previa, con Robbie Williams, Nicole Scherzinger y Laura Pausini entonando “Desire”, y en el entretiempo, con grandes participaciones de Shakira (se extrañará escuchar el “Dai Dai…” cada vez que ingresan los equipos a la cancha), Justin Bieber, el prestigioso director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel, Madonna y &nbsp;Cold Play, entre tantos artistas.El show de medio tiempo Sirvió para ser un rato más ameno un momento que para los finalistas fue de mayor concentración.</p><p>En cuanto al partido, si en marzo se hubiera disputado la Finalissima entre Argentina y España, probablemente el desarrollo hubiera sido similar, con mucha tensión, nerviosismo y, en último orden, el juego. Dos equipos que juegan de forma similar, que gustan de tratar bien la pelota y transitarla para buscar los espacios. Sin embargo, ambos poco cedieron en la defensa.</p><p>Argentina no le dio trabajo al arquero Unaí Simón, simplemente logró inquietar con la presión de Julián Alvarez y Nicolás Tagliafico cuando España intentaba jugar por la banda derecha, más el trabajo de Alexis Mac Allister y Enzo Fernández. La defensa sólida, con buenas marcas de Gonzalo Montiel, Cristan Romero y Lisandro Martínez. Por su parte el conjunto dirigido por Luis de La Fuente empujó un poco más en la ofensiva, con desbordes por el costado derecho de Lamine Yamal, quien tuvo la primera situación de peligro a los ocho minutos, que muy bien tapó Emiliano Martínez (bien atento en cada intervención), tras un desvío de Licha.</p><p>Respecto a lo defensivo, la consigna de la Roja fue no dejar jugar a Lionel Messi. Cada vez que tocó la pelota el rosarino, la respuesta fue cortar con falta o ponerle doble marca para no darle metros, considerando lo sabido por todos: si se le daba espacio era peligroso. Entonces poco pudo hacer el capitán argentino, que apeló en por momentos retroceder a la mitad de la cancha.</p><p>España tuvo más la pelota y complicó con las apariciones del lateral Marc Cucurella por la izquierda y el manejo de balón de Dani Olmo, que le dieron mucho trabajo al Dibu. De igual forma se desarrolló el trámite en la segunda mitad, en la que el equipo dirigido por Lionel Scaloni estuvo condicionado por las lesiones de Licha Martínez y Cuti Romero para buscar variantes y lograr ser un equipo que genere más en la ofensiva. Sin embargo, fue un monólogo español, que a puro toque fue más peligroso contra una Argentina que se replegó en el fondo.&nbsp;</p><p>Todo fue a pedir de España, &nbsp;que transformó en figura al Dibu Martínez, quien se lució con tapadas extraordinarias. Una de las mejores atajadas fue cuando se estiró al palo izquierdo para evitar un gol de tiro libre de Yamal al cierre del partido en el tiempo regular , cuando ya se habían cumplido los minutos de adición. Si Argentina ya se había complicado por agotar variantes rapidamente por las lesiones de jugadores claves, lamentablemente sumó otro punto negativo que fue la expulsión de Enzo Fernández por doble amonestación, lo cual generó que el equipo nacional se conforme en llevar la compulsa por la Copa del Mundo al tiempo suplementario.</p><p>Ya con 10 futbolistas en la cancha, Argentina se aferró a mantener el 0 en el arco contra un España que lo puso en reiteradas ocasiones contra las cuerdas y estaba en condiciones de llevarse el triunfo. Como en otros encuentros, Scaloni mostró nuevamente prudencia en realizar variantes, incluso la extra de la que disponía para la prórrroga. Tagliafico, que otra vez fue de los puntos más altos en este certamen jugó con lo poco que le quedaba, con alguna molestia.</p><p>Argentina estaba decidido en llevar la contienda a los disparos desde el punto del penal, así lo reflejó con la entrada de Marcos Senesi por Julián Alvarez, quedando Messi como único punta y Giuliano Simeone como principal carta de traslado de pelota en el mediocampo. Sin embargo, el conjunto ibérico se mostraba más entero con un imparable Nico Williams, quien había ingresado en el segundo tiempo. Justamente el futbolista moreno nacido en Pamplona, metió un cabezazo asistidor tras un centro desde la derecha para dejar solo al ingresado Ferran Torres, quien con un zurdazo no perdonó y puso el 1 a 0 que encaminó a la segunda Copa Mundial española.</p><p>Desde ese entonces, Argentina, que conoce de sufrimiento y supo remontar situaciones adversas, fue nuevamente a la carga barraca con las pocas balas que le quedaban en los minutos finales y rogando por alguna genialidad de Messi en su último baile. El “10” generó alguna que otra aproximación a los tres palos defendidos por Unaí Simón, como también Simeone tuvo una oportunidad clarísima tras un corner, en la que el volante de Atlético de Madrid quedó en el punto penal pero su remate se fue arriba del travesaño. Esta reacción argentina en el cierre, tras el gol español, fue similar a la situación de cuando un boxeador que pierde la pelea en las tarjetas va a la carga en el último round buscando un golpe salvador. España, si bien le costó quebrar a la Scaloneta, dominó claramente el juego y se llevó con justicia una nueva Copa del Mundo a su tierra.&nbsp;</p>Messi y Scaloni, líderes de una inolvidable etapa de la Selección (@Argentina).<p>En el caso del equipo nacional, nada se puede reprochar. Llegar a la última semana compitiendo es un gran Mundial, ni hablar haber llegado a otra final; tal como dijo Scaloni tras el encuentro: “Somos grandes en las victorias y hay que serlo en la derrota. Hay que darle validez el haber llegado hasta acá”.&nbsp;</p>Las lágrimas de Messi tras la final (@Argentina).<p>De ahora en adelante se vaticina una etapa de cambios. Las lágrimas de Messi tras el momento de la entrega de medallas dijeron mucho ¿Habrá sido su último partido con la camiseta argentina? por ahora es momento de reflexión y es precipitado para una respuesta concreta, pero de seguro es el cierre de un ciclo brillante, que incluyó cuatro títulos (Copa América Brasil 2021 y Estados Unidos 2024, Finalissima en Inglaterra y Mundial Qatar 2022) además de las semifinales en la Copa América Brasil 2019 y ser finalista en la Copa del Mundo de Canadá-Estados Unidos-México 2026. Con o sin Scaloni (tiene contrato hasta diciembre de este año), probablemente sea el comienzo de otra era.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MLkBvr-RU_rFmvfikpvZ9CQ-1aA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/espana.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Con gol de Ferran Torres en el segundo tiempo suplementario, los dirigidos por de la Fuente vencieron por 1 a 0 al equipo nacional.]]>
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                                <updated>2026-07-20T02:10:06+00:00</updated>
                <published>2026-07-19T23:53:44+00:00</published>
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            El jugador más temible de España
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-jugador-mas-temible-de-espana">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jcwfl6pLl_qzHY2XJ7X3cr6W71g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/oyarzabal.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sinceramente no hay un solo jugador desequilibrante o habilidoso, es un grupo compacto que se conecta bien y tiene muy buenos jugadores como Lamine Yamal, Dani Olmo, Pedri, Pedro Porro, Mikel Merino, Marc Cucurella o Rodri, pero si se elige a uno, la opción es…Mikel Oyarzabal</p><p>Mikel Oyarzabal Ugarte ya conoció el éxito desde joven con el Seleccionado ibérico, siendo parte de los equipos juveniles, porque fue campeón continental en la Eurocopa sub 21 del año 2019 y además fue medallista olímpico en los Juegos de Tokio 2020, cuando España logró la presea plateada luego de caer en la final contra Brasil por 2 a 1. En 2016, de la mano del entrenador Vicente del Bosque, el futbolista nacido hace 29 años en Eibar (Municipio de Guipuzcuoa) tuvo su estreno en la Selección mayor, cuando debutó en un encuentro frente de Bosnia &amp; Herzegovina, que terminó ganando la Absoluta por 3 a 1</p><p>Ocho años más tarde, logró su primer éxito con el conjunto español, al consagrarse campeón de la Eurocopa 2024, que se celebró en Alemania. El delantero de Real Sociedad terminó siendo una pieza clave para la obtención del certamen que reúne a las mejores Selecciones europeas, porque terminó anotando el gol que le dio de la victoria por 2 a 1 ante Inglaterra.</p><p>Fue parte fundamental del elenco ibérico en la Copa del Mundo México- Estados Unidos-Canadá 2026, en el partido del debut frente a Cabo Verde, disputado el 15 de junio, en Atlanta y ocupó el puesto de delantero centro. Durante el encuentro que finalizó con empate a cero no realizó ninguna intervención con el balón durante los primeros 30 minutos de juego; de esta manera, se convirtió en el primer futbolista en una fase final de la Copa Mundial en cumplir dicha marca desde que se iniciaron los registros estadísticos oficiales desde la edición de 1966. En el segundo encuentro de la fase de grupos ante Arabia Saudita registró 2 goles y 1 asistencia en tan solo 20 minutos. Con este aporte, contribuyó a la victoria del conjunto que dirige Luis de la Fuente, contrastando estadísticamente con el registro de inactividad que había acumulado en la primera fecha del certamen. Consiguió otro doblete en los 16avos de final en el encuentro contra Austria, que le permitió a España a pasar a la siguiente ronda. Su quinto tanto en el torneo llegó desde los penales, en el partido correspondiente a las semifinales ante Francia para adelantar a la Roja en el marcador. Con este gol convertido, logró igualar las marcas de David Villa y Emilio Butragueño como el máximo artillero español en una sola edición de la Copa del Mundo.</p><p>Aunque la selección española acumula 37 partidos consecutivos sin perder, con 28 victorias y 9 empates, y tienen un juego colectivo muy bueno y compacto, inclusive con los goles de Oyarzabal (quien además viene dulce con el éxito tras la obtención de la última Copa del Rey contra Atlético de Madrid), Argentina ha demostrado que nunca se da por vencida y que no te va dejar tirado, porque tiene muchísima garra, coraje y corazón.</p><p>¡AGUANTE ARGENTINA CARAJO!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jcwfl6pLl_qzHY2XJ7X3cr6W71g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/oyarzabal.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Mikel Oyarzabal está en un gran momento y además es el goleador de la Selección que dirige Luis de la Fuente.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-18T14:56:52+00:00</updated>
                <published>2026-07-18T14:55:29+00:00</published>
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            La Bota de Oro en perspectiva
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                <![CDATA[Fernando Ferrari]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I-0BJdoCPhlmndGdGAvX_WgqUV0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/ronaldo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Apenas restan dos partidos para que se baje el telón del Mundial 2026 y todavía quedan varias historias por resolverse. Además del campeón, la lucha por la Bota de Oro continúa abierta y ofrece un buen momento para poner en perspectiva el rendimiento de los principales artilleros de esta edición frente a algunos de los registros goleadores más destacados que dejó la historia de la Copa del Mundo.</p><p>La cantidad de goles siempre fue una de las estadísticas más atractivas del torneo. Sin embargo, al comparar distintas ediciones conviene tener presente que los formatos de competencia, la cantidad de partidos y la evolución del propio juego fueron cambiando con el paso del tiempo. Con ese contexto, vale la pena recorrer algunas de las campañas individuales más sobresalientes antes de volver la mirada hacia la definición de la edición 2026.</p><p>Los goleadores de cada Mundial: volumen y eficacia</p><p>El récord absoluto continúa perteneciendo a Just Fontaine, autor de 13 goles en Suecia 1958. Detrás aparecen los 11 tantos de Sándor Kocsis en Suiza 1954 y los 10 de Gerd Müller en México 1970. Los tres fueron los únicos futbolistas que alcanzaron una cifra de dos dígitos en una misma edición de la Copa del Mundo.</p>El alemán Müller, autor de 10 goles en el Mundial de México '70.<p>Además de sus elevados registros goleadores, Fontaine (2,17), Kocsis (2,06) y Stábile en 1930 (2,00) también sobresalieron por su eficacia. Esas actuaciones marcaron una primera etapa de los Mundiales en la que no solo se alcanzaban cifras muy altas de goles, sino también promedios de conversión que con el paso de las décadas se volvieron cada vez menos frecuentes.</p><p>En ese contexto, el caso de Oleg Salenko representa una excepción. Máximo goleador de Estados Unidos 1994 con 6 tantos, el delantero ruso ostenta el mejor promedio de eficacia entre los goleadores de cada edición, con 2,50 goles por cada 90 minutos. Ese registro estuvo condicionado por los pocos minutos que disputó, aunque no deja de reflejar el enorme impacto que tuvieron sus intervenciones durante el torneo. Si se dejan de lado actuaciones tan particulares, el mejor promedio del fútbol moderno corresponde a James Rodríguez, quien convirtió 6 goles en Brasil 2014 y promedió 1,35 tantos por cada 90 minutos.</p><p>Tomando Alemania 1974 como punto de partida del fútbol moderno, también se aprecia una diferencia en el volumen goleador. Sin contar la edición actual, el mejor registro desde entonces pertenece al brasileño Ronaldo Nazário Da Lima, con 8 goles en Corea-Japón 2002, cifra que Kylian Mbappé igualó en Qatar 2022.</p><p>La comparación entre ambas etapas requiere, de todos modos, cierto contexto. En los primeros Mundiales existían mayores diferencias de nivel entre selecciones y sistemas defensivos menos desarrollados, mientras que con el paso del tiempo crecieron la preparación física, la organización táctica y la paridad competitiva. Al mismo tiempo, el aumento de la cantidad de participantes y de partidos permitió que los futbolistas acumularan más minutos y oportunidades para convertir. Sin embargo, esa mayor extensión del torneo no se tradujo en registros individuales superiores. Por el contrario, tanto los goles totales como los promedios de eficacia tendieron a reducirse, una muestra de lo exigente que se volvió sobresalir ofensivamente en el fútbol moderno.</p>Los números refleljados en los gráficos por cada Mundial.<p>La Bota de Oro 2026, bajo la lupa</p><p>Ese contexto histórico permite dimensionar mejor lo que todavía está en juego en esta Copa del Mundo. A falta del partido por el tercer puesto y de la final, la pelea por la Bota de Oro mantiene abiertas tanto la clasificación por cantidad de goles como la de eficacia.</p><p>Lionel Messi y Kylian Mbappé llegan igualados con 8 goles y todavía disponen de un partido para aumentar su cuenta. El argentino buscará hacerlo en la final, mientras que el francés tendrá una última oportunidad en el encuentro por el tercer puesto. Erling Haaland permanece con 7 tantos y ya no podrá ampliar su registro tras la eliminación de Noruega. Más atrás aparecen Harry Kane y Jude Bellingham, ambos con 6 goles y todavía con un partido por disputar.</p>Mbappé busca ser el goleador en Canadá-Estados Unidos-México 2026.<p>&nbsp;</p><p>Messi y Mbappé ya igualaron el mejor registro del fútbol moderno, compartido hasta ahora con Ronaldo en Corea-Japón 2002 y el propio francés en Qatar 2022. Un gol más de cualquiera de los dos les permitiría convertirse en el máximo goleador de una edición mundialista desde 1970.</p><p>La comparación por eficacia también promete mantenerse abierta hasta el último minuto. Considerando un mínimo de minutos disputados, Erling Haaland lidera actualmente el torneo con un promedio de 1,35 goles cada 90 minutos, producto de sus 7 tantos en 465 minutos. Sin embargo, tras la eliminación de Noruega, ese registro ya no podrá modificarse. Entre quienes todavía tienen un partido por delante, Kylian Mbappé promedia 1,19 goles cada 90 minutos (8 goles en 605 minutos), Lionel Messi 1,16 (8 en 620), Jude Bellingham 0,90 (6 en 602) y Harry Kane 0,83 (6 en 652).</p><p>Con esos registros todavía abiertos, la final y el partido por el tercer puesto terminarán de completar la comparación histórica. No solo definirán al ganador de la Bota de Oro, sino también el lugar que ocuparán los principales goleadores del Mundial 2026 entre las grandes campañas ofensivas que dejó la Copa del Mundo.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I-0BJdoCPhlmndGdGAvX_WgqUV0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/ronaldo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Explicación de cómo se comparan los goleadores de 2026 con la historia de los Mundiales.]]>
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                                <updated>2026-07-18T01:00:06+00:00</updated>
                <published>2026-07-18T01:00:00+00:00</published>
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            Tuchel le liberó el camino a Argentina
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                <![CDATA[Francisco Bello]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/tuchel-le-libero-el-camino-a-argentina">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6_gavjh5XEv1sfXg1rX49gTedpk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/thomas_tuchel.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Argentina le ganó a Inglaterra en un partido que confirmó lo que habíamos anticipado en la previa: la alternativa de Giuliano Simeone por la derecha para el partido de fichas, con despliegue por el costado y la posibilidad de buscarlo largo ante el pressing alto. Esa pieza resultó clave en un primer tiempo de equilibrio. Inglaterra sorprendió con Morgan Rogers de titular y al hacerlo mermó el vértigo por afuera, apostando más a la tenencia. De tener dos wines natos y verticales, pasó a tener solo uno para tener un mediocampo más equilibrado al sin pelota armar las dos líneas de cuatro en su 4-4-2, con los externos bajando y quedando Harry Kane bien de 9 y Jude Bellingham secundándolo. Argentina, por su parte, de sus dos jugadores de tenencia por los costados con los que podía armar rombo con pelota en el mediocampo, quitó uno, Rodrigo De Paul, para ganar despliegue por el carril. En definitiva, cada equipo se acercó al otro y así se dio una primera parte equilibrada, de fichas, con pocas ocasiones y mucho orden.</p><p>Todo cambió con el gol de Inglaterra: centro desde la derecha y la llegada de Anthony Gordon desde la izquierda para definir. Desde allí el partido se abrió. Scaloni reaccionó primero con el ingreso de Nico González por Paredes y Argentina empezó a mejorar, con Enzo Fernández como cinco y Alexis Mac Allister liberado para llegar al área. Más tarde llegaron los tres cambios juntos, De Paul, Montiel y Otamendi, y ahí también Tuchel cometió el error de sacar a Gordon por un tercer central para armar línea de 5. El juego se volcó aún más claramente a favor de Argentina. Inglaterra quedó en un 5-3-2 angosto, con Kane y Bellingham como las piezas que no se animó a sacar, y eso permitió que Montiel con piernas frescas pudiera ir más tranquilo por su carril sin un wing detrás, facilitando aún más la zona Messi. Argentina progresaba muy fácil por los costados frente a ese mediocampo angosto. Cuando corrigió y pasó al 5-4-1, con el ingreso de O’Reilly a la izquierda del mediocampo y mandando a Bellingham de doble cinco, ya fue tarde: justo ahí tras tanto aluvión argentino llegó el córner jugado corto y el golazo de Enzo que marcó el empate.</p><p>Argentina siguió con su plan ofensivo, porque mientras Inglaterra ya tenía todos jugadores para el plan defensivo de aguantar, Scaloni había puesto en la cancha futbolistas para atacar y aprovechar ese escenario. El gol de Lautaro Martínez fue una consecuencia natural e hizo justicia en el marcador tras un segundo tiempo aplastante de Argentina. Hay que destacar también el gran mérito en los jugadores argentinos: tuvieron el coraje de ir a buscar el partido y la convicción de ejecutar el plan de su entrenador. Los jugadores ingleses absorbieron en cambio un mensaje contrapuesto a partir de los cambios de Tuchel. Después del gol de Gordon Inglaterra cedió la pelota, toda posibilidad de contragolpe para liquidar el partido y quedó angosto, dejando el costado libre para que Argentina explotara su juego ofensivo y para que la pelota le llegara a Messi en su zona con facilidad. La diferencia estuvo en los bancos de una manera pocas veces tan notoria. Scaloni leyó el partido y potenció a su equipo, Tuchel lo debilitó con cambios que favorecieron al rival y le dejaron la mesa servida a jugadores argentinos que aun ya habiendo ganado todo siguen con hambre de más. Argentina mostró corazón y convicción, Inglaterra cobardía desde su banco. Fue una batalla futbolística que se definió por táctica, estrategia y corazón y en la que Argentina volvió a demostrar por qué es un equipo de héroes.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6_gavjh5XEv1sfXg1rX49gTedpk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/thomas_tuchel.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El técnico alemán renunció a la ambición de liquidar de contra y se dedicó a aguantar, cedió la pelota y los costados al ataque argentino]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-17T14:33:28+00:00</updated>
                <published>2026-07-17T14:33:24+00:00</published>
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            Scaloni, volvió el de siempre
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/scaloni-volvio-el-de-siempre" type="text/html" title="Scaloni, volvió el de siempre" />
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        <author>
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                <![CDATA[Fernando Ferrari]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/scaloni-volvio-el-de-siempre">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ikOGz7K0sKV4MU9Zw8qaI52T5D8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/scaloni.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El cuerpo técnico de la Selección Argentina había recibido cuestionamientos por distintos aspectos a lo largo del Mundial. Se le reprochaba sostener la base histórica del equipo aun cuando algunos futbolistas no parecían atravesar su mejor momento físico. También se señalaba una menor intensidad del mediocampo, cierta falta de ritmo colectivo, rendimientos defensivos por debajo de lo esperado y demasiada dependencia de Messi para la finalización en el ataque. A eso se sumaban las críticas por la demora en los cambios en partidos anteriores, especialmente cuando el equipo atravesaba dificultades en los comienzos de los segundos tiempos frente a rivales, en teoría, inferiores.</p><p>Otra observación frecuente apuntaba a la aparente falta de flexibilidad: la sensación de que para el recambio siempre recurría a los mismos nombres y ofrecía pocas oportunidades a jugadores capaces de aportar una dinámica diferente. Eran opiniones, discutibles o no, pero que formaban parte del debate alrededor del seleccionado.</p><p>Sin embargo, si algo caracterizó a Scaloni desde que asumió fue su capacidad para construir a partir de la autocrítica. Nunca mostró una postura rígida ni cerrada. Al contrario, muchas de sus decisiones nacieron del diálogo permanente con el plantel, escuchando a los futbolistas e incorporando sus opiniones cuando entendía que podían beneficiar al equipo, como quedó reflejado en aquella conversación con Leandro Paredes durante un intervalo de hidratación.</p><p>Sin detenernos en si los cambios de partidos anteriores fueron acertados o no, el foco está puesto en la semifinal frente a Inglaterra. ¿Qué plan diseñó desde el inicio? ¿Cómo leyó el desarrollo del encuentro? ¿Qué buscó con cada modificación de nombres y de estructura?</p><p>El entrenador tomó una decisión fuerte desde la formación inicial: dejar en el banco a Rodrigo De Paul, uno de los emblemas de este ciclo. La apuesta era modificar el funcionamiento del mediocampo para darle mayor ritmo y recorrido al equipo. Eligió a Giuliano Simeone para reforzar el trabajo sobre el sector derecho, acompañar los retrocesos de Molina y ofrecer una amenaza constante para las transiciones ofensivas.</p><p>Más allá de los aspectos tácticos, Argentina mostró desde el comienzo una actitud distinta, con mayor agresividad para disputar cada pelota y competir el partido desde el oficio. Futbolísticamente, la primera etapa fue discreta para ambos equipos, algo lógico por la tensión y el peso emocional que implicaba una semifinal de semejante magnitud. Aunque en esos primeros 45 minutos Simeone casi no encontró situaciones para explotar su velocidad, en el complemento sí dispuso de una corrida explosiva que estuvo cerca de terminar en el empate.</p><p>A diferencia de otros encuentros, donde la decisión de haber intervenido demasiado tarde fue bastante cuestionada, esta vez el hecho de no mover el banco precipitadamente fue más entendible. Scaloni optó inteligentemente por no modificar el equipo durante el entretiempo ni en el comienzo de los segundos 45 minutos. Argentina había terminado mejor la primera parte y comenzaba a encontrar espacios para crecer en el juego en el inicio del segundo tiempo. El partido daba una sensación de que podía romperse con el correr de los minutos y no era momento de malgastar movimientos.</p><p>Sin embargo, el único pasaje de desconcierto argentino terminó siendo muy costoso. Una pérdida, un retroceso insuficiente, un rechazo a medias y la anticipación de Anthony Gordon sobre Nahuel Molina derivaron en un gol que ponía a Inglaterra en una ventaja quizás excesiva para lo que mostraba el desarrollo.</p><p>Lejos de desesperarse, Scaloni se tomó su tiempo mientras veía que el equipo respondía entero ante el 0-1. Hasta que en un momento, promediando la segunda etapa, ejecutó un ajuste principalmente táctico. Entendió que, ante un rival cada vez más replegado, ya no necesitaba tanta presencia en la base del mediocampo y reemplazó a Paredes por Nico González, un futbolista con capacidad para atacar los espacios y generar uno contra uno, además de su gran aporte en el juego por arriba. Al mismo tiempo decidió mantener a Enzo Fernández pero unos metros más atrás, en modo Qatar, otorgándole mayor protagonismo en la distribución, la conducción y el remate desde media distancia. Desde este último escenario llegó el empate argentino con un golazo del volante del Chelsea.</p><p>A veinte minutos del final llegaron tres modificaciones que, más que alterar el sistema, buscaron cambiar los perfiles de los intérpretes. Con Simeone perdiendo frescura frente a una defensa inglesa completamente hundida, ingresó De Paul para aportar precisión, agresividad y mejores centros desde el sector derecho. También entró Otamendi por Licha Martínez, una decisión que apuntó a potenciar, además de la experiencia, el juego aéreo, en un contexto donde gran parte de los ataques terminarían dentro del área rival. En paralelo, Gonzalo Montiel reemplazó a Molina —ya desgastado por su error— pasando a ocupar posiciones mucho más adelantadas, prácticamente como un extremo, buscando generar superioridad por la banda derecha.</p><p>Faltaba un movimiento más. A diez minutos del final, el técnico decidió asumir el riesgo definitivo: retiró a Tagliafico, ya con Inglaterra prácticamente sin extremos para explotar los espacios, y sumó a Lautaro Martínez como referencia de área. Era la apuesta total por el partido. El cabezazo del delantero para el 2-1 terminó coronando una remontada histórica y la justificación perfecta para su ingreso.</p><p>Más allá del análisis puntual de cada sustitución, la semifinal dejó una imagen diferente del cuerpo técnico. Scaloni mostró capacidad para interpretar el desarrollo del partido, modificar a tiempo lo que el encuentro pedía y asumir riesgos cuando el contexto lo exigía. Justamente varios de esos aspectos eran los que se le venían reclamando durante el torneo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ikOGz7K0sKV4MU9Zw8qaI52T5D8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/scaloni.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Análisis de un entrenador que mantuvo a una Selección competitiva y que está por disputar una nueva final del Mundo.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-17T14:06:38+00:00</updated>
                <published>2026-07-17T14:05:28+00:00</published>
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            Notable: Milei se corre y da protagonismo a la selección por la final
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/notable-milei-se-corre-y-da-protagonismo-a-la-seleccion-por-la-final" type="text/html" title="Notable: Milei se corre y da protagonismo a la selección por la final" />
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        <author>
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                <![CDATA[Pedro Paulin]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nqsdigKDAg2XV1A26kFNEJA9LDk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/festejos.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Si existe el cielo para Javier Milei, es festejar ver a la selección de fútbol campeona en la paz del hogar, rodeado de sus perros y en compañía de amigos. El domingo puede pasar. Javier Milei cree que no se puede mezclar a la situación del fútbol con su Gobierno: “no es lo mismo, no se politiza el deporte, es un hecho histórico de ellos, de nadie más”, razonaron ayer en Casa Rosada. Es exactamente al revés de lo ocurrido durante el último mundial de Qatar con el populismo intentando quedarse con fotos y emblemas que eran propios de la selección de Scaloni. Esta vez será distinto.&nbsp;</p><p>La idea de evitar conflicto innecesario encontró al triángulo de hierro trabajando nuevamente unidos. Ni Karina Milei, ni Santiago Caputo buscaron que el fútbol le aporte fotos o méritos al Gobierno, por lo que el dispositivo de seguridad y la planificación para el domingo está activado y sólo resta esperar el partido. Así, el Presidente eligió dejar en claro que se correrá de la escena para que los protagonistas sea cual sea el resultado, “hagan lo que quieran en Casa Rosada sin que haya nadie”, según expresó en radio con Gabriel Anello.&nbsp;</p><p>En Casa Rosada ven con buenos ojos el momento del Gobierno, creen que el Mundial es efímero, que es una alegría que no cambia el escenario y que sólo será un momento de unidad nacional y festejos sin grieta. Una vez terminados las celebraciones, todo volverá a ser como antes.&nbsp;</p><p>La mirada del Gobierno está en evitar cualquier crítica, pasar desapercibido con el tema mundial y que las loas sean todas para Scaloni y sus jugadores, corrigiendo así la torpe maniobra de Alberto Fernández en 2022 que terminó con situaciones lamentables.&nbsp;</p><p>Javier Milei va a mirar la final en Olivos como eligió con los partidos anteriores, es donde quiere estar el domingo y desde donde va a festejar sea cual sea el resultado. Karina Milei se encargó de analizar esta semana las variables de posibles lugares con Casa Militar para poder trabajar y que los festejos sean en paz. No descartan más de un millón de personas en Plaza de Mayo como fue el regreso de la Democracia y la marcha de Axel Blumberg, entre otras históricas situaciones.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nqsdigKDAg2XV1A26kFNEJA9LDk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/festejos.webp" class="type:primaryImage" /></figure>EL Gobierno busca despegar el éxito deportivo de la política. Operativo de Karina y el partido en Olivos.]]>
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                                                <category term="politica" label="Política" />
                                <updated>2026-07-17T09:52:40+00:00</updated>
                <published>2026-07-17T09:51:05+00:00</published>
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            No era un partido más: era una final contra el dolor y la memoria
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/no-era-un-partido-mas-era-una-final-contra-el-dolor-y-la-memoria" type="text/html" title="No era un partido más: era una final contra el dolor y la memoria" />
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        <author>
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/no-era-un-partido-mas-era-una-final-contra-el-dolor-y-la-memoria">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sUkcK0dVALfB1jcL59b_qIUxDIw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/partido.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Para un argentino, el fútbol nunca fue un simple juego. Es la infancia que se niega a morir, el abrazo que nos quedó debiendo la vida y también la única religión que no exige santidad, sino fe ciega. Es el hilo invisible que nos ata a los que ya no están y la excusa perfecta para llorar de felicidad en un país experto en generar nostalgias.</p><p>Hablar de lo que ocurrió ayer será tarea de los periodistas deportivos. Sólo me permito describir que el partido contra Inglaterra fue una verdadera batalla que quedará grabada para siempre en el alma del país. Cien minutos de pura tensión, donde cada pelota se disputaba como si fuera la última y el corazón se nos salía del pecho con cada avance rival. Cuando sonó el pitazo final y se confirmó el pase a la final, la tensión acumulada estalló en un grito de desahogo colectivo, lágrimas de emoción y un festejo ensordecedor en cada rincón de la Argentina. Dejamos en el camino a un rival histórico con sello argentino, a puro coraje, mística y alma, transformando el sufrimiento en una gesta épica que nos dejó a un solo paso de la gloria eterna. Otra vez.</p><p>Por eso, cuando el árbitro pitó el final y la certeza nos golpeó el pecho, la noche de Buenos Aires se suspendió en un paraíso irreal. En un asombro reverente y litúrgico. Los autos crecieron en las esquinas con sus bocinas inmediatas, los balcones dejaron escapar el grito eterno y el aire de la ciudad se espesó con el perfume de las lágrimas. Acaba de ocurrir. Otra vez. La historia, esa vieja caprichosa y circular que suele ensañarse con estas tierras del sur a fuerza de crisis recurrentes y destinos truncos, hoy se vistió de celeste y blanco para dictar una sentencia definitiva: Argentina es finalista del mundo. Y en el camino, despatarrado sobre el césped liso y perfecto de la épica moderna, quedó el orgullo británico.</p><p>No nos engañemos, porque el cinismo de la modernidad es incapaz de entender lo que late en el barro de nuestra identidad. Esto no era un partido más, nunca lo fue y nunca lo será. El fútbol, cuando se juega contra la camiseta blanca de los tres leones, se despoja de su traje de mero entretenimiento de masas, rompe los contratos millonarios, ignora los análisis tácticos de pizarrón y se calza el uniforme pesado y solemne de la memoria nacional. Hay una gravedad distinta en el aire cada vez que la pelota rueda ante ellos; la pelota parece pesar el doble, el césped se vuelve el barro simbólico de una trinchera espiritual y cada cruce tiene el eco ensordecedor de un pasado que no se olvida, que late con dolor y orgullo en los costados más sensibles de la patria, allí donde la cicatriz se hizo eterna y la nostalgia es el pan de cada día.</p><p>Este equipo que hoy comanda los destinos de la ilusión colectiva posee una virtud que lo vuelve inmortal antes de tiempo: no juega solo. Quien se limite a ver once tipos corriendo detrás de un cuero inflado padece de una ceguera incurable. Estos muchachos llevan en las suelas el polvo reseco de las canchas de tierra de nuestro interior indómito, el murmullo eterno de los potreros de barrio que el cemento y la especulación inmobiliaria no pudieron sepultar, y el mandato invisible de aquellos próceres con botines gastados que, desde algún rincón o desde una tribuna celestial cubierta de neblina, empujan con el hombro cuando las piernas ya no responden y el corazón parece estallar. Es la mística de los ausentes que se corporiza en el esfuerzo de los presentes.</p><p>La victoria de hoy tiene la textura áspera y maravillosa de la épica más pura de la literatura deportiva. Fue el sufrimiento extremo como antesala obligatoria del desahogo absoluto; fue la templanza granítica para aguantar el triunfo cuando el rival, herido en su amor propio sajón y con la altanería de sus viejos mapas imperiales, empujaba con el rigor de su herencia física y su manual de centros al área. Pero este grupo de futbolistas, templados en la fragua de la adversidad y acostumbrados a que nadie les regale un centímetro de gloria, puso algo más que un esquema táctico. Puso alma, ese elemento inclasificable que los laboratorios del primer mundo no pueden sintetizar. Puso esa rebeldía tan nuestra, tan de arrabal, que florece con mayor fuerza justamente cuando el destino parecía ponerse cuesta arriba y el viento de la fatalidad soplaba de frente.</p><p>Por eso, la clasificación a la final del mundo no es simplemente un logro deportivo que se anotará en los registros estadísticos; es, ante todo, un abrazo postergado entre generaciones. Es el llanto contenido de un padre de 50 y pico que evoca en la penumbra de la cocina aquellas viejas tardes de radio a transistores, reviviendo fantasmas que creía dormidos. Es, al mismo tiempo, el grito desbocado de un pibe en una esquina que tal vez no entiende de geopolítica, ni de soberanía territorial, ni de tratados diplomáticos, pero intuye, con esa sabiduría sagrada y casi mística de la infancia, que ganarle a Inglaterra es ganarle también al olvido. Es ganarle al tiempo, es demostrar que los pequeños y los postergados del mundo guardan en sus pies la belleza oculta del universo.</p><p>La historia pesa. Claro que pesa. Sentarse a mirar este partido fue cargar en las espaldas el peso de las ausencias, los recuerdos de los caídos, las tardes de gloria de 1986 y la certeza de que hay cuentas que el fútbol, en su mágica justicia poética, se encarga de saldar en cien minutos de catarsis colectiva. Pero hoy esa historia no nos hundió; hoy la llevamos sobre los hombros con la ligereza andarina de los que se saben tocados por la varita de la justicia divina. El triunfo fluyó como un río de emociones que inundó las avenidas de la capital y las calles polvorientas de los pueblos lejanos, transformando el frío del invierno en una primavera anticipada y furiosa que brota del pecho de cuarenta y siete millones de almas.</p><p>La crónica fría dirá que hubo goles, que hubo un arquero monumental que voló para descolgar las pretensiones británicas, y que hubo un mediocampo que corrió hasta el límite de la extenuación física. Pero la crónica de la sensibilidad, aquella que se escribe con la tinta de los sentimientos, recordará la mirada de los jugadores al terminar el partido: una mezcla de cansancio extremo y una devoción casi religiosa hacia la camiseta que defienden. No eran profesionales celebrando un bono por objetivo cumplido; eran soldados de una causa popular, conscientes de que habían devuelto la sonrisa a un pueblo que la necesita para seguir caminando.</p><p>Nos queda un paso, el último y más difícil, ese abismo estrecho que separa a los hombres terrenales de las leyendas esculpidas en bronce. La final del mundo espera en el horizonte inmediato, con toda su carga de ansiedad, de insomnio y de promesas susurradas a los santos del hogar. Sin embargo, pase lo que pase el domingo, este equipo ya se ha ganado un altar definitivo en el templo de los elegidos. Nadie podrá quitarles el derecho a la eternidad. Porque nos devolvieron el orgullo cuando el escepticismo ganaba terreno, porque jugaron cada pelota con el corazón en la mano, y porque nos demostraron, en una lección de coraje que excede los límites, que la memoria sigue viva, que el pasado no se archiva en los anaqueles del desinterés y que el fútbol, en estas latitudes sufrientes y apasionadas, sigue siendo la única y más hermosa patria posible.</p><p>Las crónicas de los diarios del mundo intentarán explicar lo inexplicable mediante números y esquemas, pero nosotros nos quedamos con el eco de este triunfo eterno. Un triunfo que viaja por el aire como un tango, melancólico y triunfal, recordándonos quiénes somos, de dónde venimos y por qué el fútbol, para un argentino, es la forma más pura y dolorosa de la felicidad.</p><p>Ahora que por fin se apagó un poco el eco de los bocinazos en la avenida, que la euforia le dio paso a la calma del día después y que caímos en la cuenta de que somos finalistas, queda flotando en el aire lo único que verdaderamente importa. Porque el fútbol, al final, no es más que un hermoso puente para encontrarnos y sentirnos cerca. Tal vez por eso, y por los que ya no están, voy a volver a abrazar a mis hijas hasta el llanto. Para explicarles, sin palabras y en un solo gesto, de qué se trata esta bendita locura que se llama fútbol argentino.</p><p>Nos vemos el domingo. Y buen viaje, Inglaterra.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sUkcK0dVALfB1jcL59b_qIUxDIw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/partido.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Argentina cumple y avanza. Una herida que cicatriza. Un país que sueña con el domingo.]]>
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                                <updated>2026-07-16T15:44:01+00:00</updated>
                <published>2026-07-16T15:42:14+00:00</published>
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            El Uno por Uno ante Inglaterra
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                <![CDATA[Fernando Ferrari]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-uno-por-uno-ante-inglaterra">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ce-9oJ8LkHCiS1dC4WuRRxTi9PE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_uno_por_uno.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Argentina escribió una de esas noches que quedan grabadas para siempre en la memoria del fútbol. Por el rival, por el contexto, por el escenario y por la forma en que se desarrolló el encuentro, la victoria sobre Inglaterra para meterse en una nueva final del mundo ya ocupa un lugar de privilegio entre las grandes páginas de la historia de la Selección. Después de un primer tiempo intenso, muy disputado y con escaso margen para imponer condiciones, el complemento ofreció un espectáculo de alto vuelo, cargado de goles, emociones y cambios de dominio. Cuando parecía que el sueño se escapaba, la Scaloneta volvió a demostrar su carácter competitivo y construyó una remontada memorable en los minutos finales para sellar un triunfo que difícilmente será olvidado. A continuación, el análisis y las calificaciones individuales de los protagonistas de una actuación que ya forma parte de la historia del fútbol argentino:Emiliano Martínez (6): no tuvo responsabilidad en el gol recibido y estuvo seguro las pocas veces que necesito intervenir. Bien con los pies, inteligente según lo que pedía cada jugada.</p><p>Nahuel Molina (4,5): tenía un partido regular, con algunas complicaciones que le generó Spence sobre su lateral. Cuando se estaba acomodando en el partido, lo anticiparon muy fácil en el 0-1.&nbsp;Salió reemplazado por Montiel.</p><p>Cristian Romero (8): puntal de esta defensa, mostró solidez, salida clara y sostuvo al equipo en todo momento (17 acciones defensivas y 7 de 10 duelos ganados). Tuvo méritos controlando los movimientos de Kane. Su partido va a tono con su mundial, sin fisuras, con gran personalidad y efectividad.</p>Acciones defensivas de Cuti Romero (Sofascore).<p>Lisandro Martínez (6,5): correcto partido, sin complicaciones para jugar desde el fondo (40 de 41 pases correctos). Salió reemplazado para sumar más altura con Otamendi, tanto en defensa como en ataque.</p><p>Nicolás Tagliafico (7): buen partido, cierres oportunos, sacrificio de siempre y empuje en ataque. Cumplidor silencioso, con 5 de 7 duelos ganados.</p><p>Giuliano Simeone (6,5): la apuesta de Scaloni para esta ocasión, entendió lo que requería este partido. A veces algo precipitado con la pelota y sin ella (cometió 5 faltas), igual hizo un gran sacrificio por derecha para mostrar una dinámica distinta, colaborando en defensa y amenazando en ataque.</p><p>Leandro Paredes (6,5): jugó con mucho temple para intimidar a los creativos rivales. Tuvo buenos cruces en el PT y estuvo correcto en los pases (97% de efectividad). El partido no se le presentó para meter pases filtrados, por lo que muchos intentos fueron de seguridad y laterales. Salió reemplazado por un ajuste táctico con el equipo en desventaja en el resultado.</p>Pases de Leandro Paredes (Sofascore).<p>&nbsp;</p><p>Enzo Fernández (7,5):&nbsp;la personalidad de siempre. El PT lo luchó al igual que el resto del equipo. En el ST, cuando se necesitaba más claridad para jugar y avanzar hacia el arco rival, se atrasó unos metros y distribuyó el juego con mucha efectividad (98% de pases exitosos), aparte de ejecutar una gran cantidad de remates potentes desde fuera del área. Uno de ellos, golazo clave para empatar el encuentro.</p><p>&nbsp;</p>Remates de Enzo Fernández (Sofascore).<p>Alexis Mac Allister (7): ya en los últimos partidos se fue sintiendo más cómodo unos metros más adelante. Enorme capacidad para asociarse y leer el juego y también como llegador al área con mucho peligro. Generó muchas ocasiones de gol, entre ellos dos remates que dieron en el palo.</p><p>Lionel Messi (8): una demostración de carácter del líder y crack. Con poca participación en el PT, apareció cuando el equipo necesitaba remontar y se ubicó, como en muchos pasajes de los últimos partidos, sobre la derecha y con gran aceleración. Oportuno, preciso y mago para dar dos asistencias clínicas y dar vuelta el partido. Contabilizó 9 de 11 dribbles exitosos y 4 pases clave.</p><p>Julián Álvarez (6): cumplió y corrió como siempre, con movimiento para sacar la referencia de los defensores rivales. Muchas veces se corrió a banda izquierda para parar un 4-1-4-1 en defensa organizada. Con voluntad, ayudó a asfixiar al rival con empuje y fútbol.</p>Mapa del calor de Julián Alvarez (Sofascore).<p>Nicolás González (7): el cambio confiable de siempre. Generó mucho peligro con sus llegadas sorpresivas por izquierda. En el juego aéreo fue implacable, tanto para bajar pelotas en ataque como en el área propia para sumar despejes.</p><p>Gonzalo Montiel (-): entró para renovar el flojo partido de Molina y le sumó una preocupación al sector izquierdo rival, conectó bien con Messi por la banda y ejecutó varios centros de peligro.&nbsp;</p><p>Nicolás Otamendi (-): experiencia total de este soldado que siempre ingresa en los últimos finales para rechazar lo que venga.</p><p>Rodrigo De Paul (-): pagó el precio de sus últimos flojos rendimientos y del equipo y recién entró en los últimos 20 minutos. Demostró toda su jerarquía y presencia para pedir la pelota, ofrecerse y colaborar con el empuje de Argentina y la gran remontada.</p><p>Lautaro Martínez (-): el último eslabón para completar el plan de remontada de la selección. Se paró en el área y conectó de cabeza un tremendo centro de Messi para sellar el 2-1 agónico.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ce-9oJ8LkHCiS1dC4WuRRxTi9PE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_uno_por_uno.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cómo le fue a cada uno de los jugadores argentinos que clasificaron a la final.]]>
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                                <updated>2026-07-16T04:40:00+00:00</updated>
                <published>2026-07-16T04:39:57+00:00</published>
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            Argentina ganó otra dura batalla y va por su cuarto Mundial
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                <![CDATA[Gonzalo Ordoñez Ojeda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Y08LqWoITJfxPC9NWf6vLE0Ef5A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/enzo_topo_giggio.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Al igual que en el &nbsp;3 a 2 contra Egipto en los octavos de final, Atlanta fue la ciudad que vivió otra épica de Argentina y esta vez con la clasificación a la final del Mundial de Canadá-Estados Unidos-México 2026. El combinado &nbsp;nacional sigue siendo ganador cada vez que disputa una semifinal de la máxima cita del fútbol y además, después de mucho tiempo, volvió a derrotar en el tiempo regular a otra Selección campeona del mundo (no pasaba desde el Mundial de Italia 90, cuando derrotó a Brasil por 1 a 0, con aquel recordado gol de Claudio Caniggia), sin olvidar de otros triunfos que se dieron en tiempo suplementario o disparos desde el punto del penal.</p><p>La expectativa ya era &nbsp;muy grande y como para engalanar la tarde estadounidense, el histórico presentador Michael Buffer se lució anunciando ambas Selecciones, como si se tratara de una trascendental velada boxística en Las Vegas, y entonó su clásico “Let's Get Ready To Rumble…”. &nbsp;Y si, se asemejó a una pelea, porque ambos equipos entendieron la magnitud de este encuentro, que es un clásico, por lo que han hecho en la historia del fútbol y por cuestiones ajenas al deporte.</p><p>La trascendencia de este encuentro se trasladó dentro del terreno de juego en el primer tiempo, pero canalizado para el lado de la tensión y los nervios, porque ninguno de los dos se la jugó demasiado. Estuvieron más pensando en no cometer errores. Argentina, en varios pasajes mantuvo quieta la pelota al retroceder con Leandro Paredes, pero también intentó por momentos desbordar por la banda derecha con el juego de Giuliano Simeone, así como también tratar de liberarle espacios a Messi. Sin embargo, bien firme estaba la marca del conjunto británico.</p><p>Poco hubo del goleador Harry Kane y también de su figura, Jude Bellingham, bien anulados por una sólida defensa de Argentina, con la solidez de Cristian Romero y Lisandro Martínez en la marca. También hubo un gran nivel de concentración de parte de Nicolás Tagliafico, uno de los puntos más altos de la Scaloneta. El equipo nacional mejoró después del tan cuestionado Cooling Bussines Break, porque abrió más la cancha y por momentos Lionel Messi empezó a tener más participación en tándem con lúcido Enzo Fernández, quien tuvo la oportunidad más clara a los 31 minutos del primer tiempo, con un remate de larga de distancia que pasó cerca del ángulo derecho de Pickford.&nbsp;</p><p>Fue un rato para cada uno en la primera mitad, aunque sin muchas luces y con un alto grado de nerviosismo. Ya en el segundo tiempo, se abrió más el juego, con un equipo argentino más punzante con Julián Alvarez, que tuvo una clara oportunidad al minuto de iniciar la parte final. Pero el mejor momento de Argentina, que dominaba más la pelota, se dio el golpe de Inglaterra a los 9 minutos del complemento, con el gol de Antonhy Gordon, quien superó la marca de Nahuel Molina Lucero y luego empujó la pelota al arco tras centro desde la derecha de Morgan Rogers, en lo que fue la única aproximación clara del equipo conducido por el alemán Thomas Tuchel.</p><p>Fue un golpe contundente de los británicos, pero no de nocaut. Como en el boxeo, el equipo que vistió la bendita camiseta azul (llegó a su tercera victoria consecutiva en un playoffs ante los británicos portando dicho color en la remera, al igual que en México 86 y Francia 98) se levantó antes de que llegar al famoso número 10 del conteo de protección. Y luego Argentina reaccionó como si nada hubiera pasado y no paró de generarle peligro al equipo inglés, que jugó como si hubiera sido un error haber convertido. La Scaloneta parecía más fortalecida y el equipo inglés rapidamente se metió atrás.&nbsp;</p><p>Chances en los palos por parte de Mac Allister y alguna que otra tapada impresionante de Pickford (pidió desesperado que llegue la pausa de hidratación ante los embates argentinos) fue una clara demostración de la superioridad del elenco dirigido por Scaloni, que fue perseverante y punzante después del ingreso de Nicolás González. Inglaterra se aferró a mantener la ventaja y lo terminó pagando caro. A los 39 minutos para Enzo la tercera fue la vencida, porque luego de tres intentos convirtió un golazo con un potente remate fuera del área tras un pase de Messi, que se coló en el ángulo derecho de un Pickford que finalmente fue quebrado, que decretó el 1 a 1 transitorio. Y el propio Fernández, con festejo de Topo Gigio mediante, dio la señal de que el Campeón del Mundo sigue vigente.</p>El imponente cabezazo de Lautaro para el segundo gol de Argentina (@Argentina).<p>La motivación colectiva era clara, incluso con el 0-1, pero con el empate, ni hablar. Messi no fue la excepción y fue generador del segundo gol. El rosarino, con un desborde por la derecha y luego un amago mandó un centro con la pierna derecha (la menos hábil) casi en la línea final para que Lautaro Martínez (otro acierto de Scaloni en los cambios) se iluminara con un imponente salto y logre mandar el balón al palo derecho del arco inglés en el tiempo adicionado. Fue una nueva demostración de que no se puede dar por derrotado antes de tiempo a un equipo argentino que ya supo reponerse de situaciones adversas, sigue luciendo con emoción y orgullo el parche de Campeón del Mundo en la camiseta, y mucho menos subestimar al fútbol sudamericano.&nbsp;</p>Una emocionante imagen: Messi y Lautaro en el festejo por el segundo gol (@Argentina).<p>Lejos quedaron las descalificaciones de algunos jugadores y técnicos rivales que acusaban que el combinado argentino estaba “amañado” y “favorecido” por los fallos arbitrales. Argentina nunca perdió la brújula, incluso en desventaja, y como premio quedó en la final. El destino ahora es Nueva Jersey para enfrentar a España, lo que pudo haber sido aquella Finalissima que no se disputó en marzo, pero que ahora, sin excusas, se verán las caras en búsqueda de un nuevo trofeo Mundial.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Y08LqWoITJfxPC9NWf6vLE0Ef5A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/enzo_topo_giggio.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El equipo dirigido por Scaloni venció sobre la hora por 2 a 1 a Inglaterra, con goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez. El domingo se enfrentará a España.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-16T01:25:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-15T22:43:58+00:00</published>
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            Raúl Gámez: &quot;Argentina-Inglaterra se tiene que tomar con más calma&quot;
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/raul-gamez-argentina-inglaterra-se-tiene-que-tomar-con-mas-calma" type="text/html" title="Raúl Gámez: &quot;Argentina-Inglaterra se tiene que tomar con más calma&quot;" />
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                <![CDATA[Gonzalo Ordoñez Ojeda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Hk2kq1ak3rMmOnctiOO6838kLo4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/gamez_ex_presidente_de_velez.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El encuentro entre Argentina e Inglaterra por las semifinales del Mundial de Canadá-Estados Unidos-México 2026 es un tema de conversación constante, no solo por estar a la expectativa de que el equipo nacional pueda llegar a una nueva final, sino también &nbsp;porque muchos lo relacionan con otros episodios que marcaron un antes y después para ambos países, como lo fue la guerra de las Islas Malvinas. Pero uno de los momentos más recordados entre argentinos e ingleses fue aquel famoso partido por los cuartos de final del Mundial de México '86, en el que el conjunto que dirigía Carlos Bilardo venció por 2 a 1 a los británicos y por ende llegó a semifinales.&nbsp;</p><p>Ese día pasaron muchas cosas, como los dos goles de Diego Armando Maradona (el que hizo con la mano y aquel extraordinario recorrido desde la mitad de cancha tras el pase de Héctor Enrique) y también el enfrentamiento entre hinchas argentinos e ingleses en los alrededores del Estadio Azteca. Raúl Héctor Gámez, quien años más tarde se convertiría en Presidente de Vélez Sarsfield, estuvo presente en aquel inolvidable 22 de junio de 1986, &nbsp;en el que fuera del terreno de juego también hubo otro duelo . Gámez, más conocido en ese entonces como “Pistola", recordó en diálogo con Newstad ese día y se refirió a las imágenes que aún son virales, de cuando tuvo ese episodio con los hinchas británicos.</p><p>“Ni las quiero mirar (las imágenes). Fue una locura que está dentro de mi vida y no la puedo sacar. Tampoco me quejo porque no fue bueno la aparición de ellos en la escena. No eran todos ‘Holigaans’ como se dijo, es lo mismo que cuando se dice acá que ‘son todos barra-bravas’; los que si habrán que tenido que pelear duro fueron los muchachos que fueron con las hinchadas, que fueron a pulmón y los ayudaron a ir, que en mi caso no tuve necesidad porque fui por mi cuenta. A la salida si hubo peleas en todos lados ese día y no fue solo esa pelea que se vio, que era más para barrer a la gente y dejar instalado el espacio para que lo ocupen los argentinos que para otra cosa", contó Gámez sobre los motivos de por qué se generó la escaramuza.</p>Gámez enfrentándose en el Estadio Azteca con hinchas ingleses.&nbsp;¿Qué te produce que Argentina e Inglaterra se vuelvan a enfrentar ahora en semfinales y muchos lo vuelvan a asociar a la Guerra por las Islas Malvinas?Pasaron muchos años, por eso creo que se tendría que tomar con más calma. En aquel entonces vivíamos más cerca de los grandes problemas que habíamos vivido con las Malvinas, porque fuimos dando ventaja, con soldados jóvenes que habían ido sin armas y con mucho frío, pero no tiene sentido ir de vuelta a esos tiempos. Entiendo que podría ser más suave el asunto ahora y creo que es más periodístico el tema de que se van a encontrar, pero por ahí pasa porque los hinchas de fútbol somos medio locos. En aquel entonces ya había pasado unos pocos años y estaba todo más cerca todo lo que se sufrió.<p>El entrenador argentino Lionel Scaloni, en la conferencia de prensa tras el triunfo por los cuartos de final ante Suiza, fue tajante y dejó el mensaje de que el duelo contra Inglaterra por las semifinales “es un partido de fútbol”. Gámez opinó acerca de las declaraciones del DT, diciendo que “(Scaloni) tiene la obligación de hacerlo y me parece muy bien que lo transmita de esa forma, porque lo que se tiene que hacer es buscar es la calma y paz. No se está para provocar cosas”.</p>Respecto a lo futbolístico, tuviste la fortuna de presenciar en el lugar de los hechos a Maradona y ahora en esto años la posiblidad de disfrutar de Lionel Messi. ¿Qué te genera en lo particular lo que hicieron ambos?Messi es una cosa espectacular, batió todos los récords que pueda haber en el fútbol. Lo respeto mucho a Diego, por lo que fue y lo que nos hizo, lo que nos dio en ese campeonato con los muchachos, porque también estuvieron los compañeros, porque ellos solo no juegan y ayudan a que se puedan lograr cosas. No los comparo porque vivieron de distintas maneras. Uno vivió más cómodo, más protegido y el otro, Diego, vivía con mayores problemas, con una familia hermosa con el padre y la madre, pero de otra forma.<p>Gámez fue presidente de Vélez en tres períodos (1996-1999, 2002-2005 y 2014-2017), además de ocupar otros cargos en diferentes gestiones. En su etapa como directivo, la institución de Liniers tuvo en sus divisiones formativas a dos campeones del mundo: Nicolás Otamendi y Thiago Almada, quienes también son parte del Seleccionado argentino en este Mundial. Acerca del presente de los jugadores que fueron producto de la Fábrica Velezana, Gámez dijo: “Me da mucha alegría. En referencia a Thiago, siendo tan jovencito, lo único que me hubiera gustado es disfrutarlo un poco más, tenerlo más tiempo con nosotros que es lo que siempre hacíamos dentro del fútbol, porque tratábamos de no venderlo a los primeros años de Primera, porque son jugadorazos y es de sucesión. Da gusto verlo jugar. Otamendi también, pasó por todos los clubes más importantes y demostró que es un fenómeno”.</p>¿Qué opinas de las gestiones deportivas en la actualidad?Te puedo hablar por Vélez porque es donde estuve. Vélez está bien, pero tengo miedo en lo económico, porque los clubes son muy deficitarios. Esto pasa porque tenemos dirigentes en AFA que se quedan con la plata de los clubes, lo que lo hace es más peligroso. Que la plata que ganan los clubes se las den como corresponde, para que dejen de ser tan deficitarios como son, eso sería lo más importante.<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Hk2kq1ak3rMmOnctiOO6838kLo4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/gamez_ex_presidente_de_velez.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El ex Presidente de Vélez, en diálogo con Newstad, recordó aquel momento en el que protagonizó una pelea contra hinchas ingleses en el Mundial de México 86 y reconoció que "fue una locura". Al mismo tiempo instó a que en el encuentro entre argentinos e ingleses haya "paz".]]>
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                                <updated>2026-07-14T17:09:55+00:00</updated>
                <published>2026-07-14T16:35:17+00:00</published>
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            De la estabilidad a la adaptación
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                <![CDATA[Fernando Ferrari]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DUTJOC06YR6iNmZ1JkVUPePgwzk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/mapa_del_calor.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>A lo largo de los seis partidos disputados hasta las semifinales, la Selección Argentina fue mostrando distintos matices en su organización colectiva. Sin modificar necesariamente el dibujo inicial, el equipo de Lionel Scaloni ajustó la altura de su bloque defensivo y la ocupación de los espacios en función de los diferentes momentos del torneo y de las decisiones adoptadas por el cuerpo técnico. El análisis del bloque defensivo y la dinámica territorial permite observar cómo fue evolucionando el comportamiento posicional del equipo entre la fase de grupos y los cruces de eliminación directa.</p><p>Una estructura estable en la fase de grupos</p><p>La primera fase dejó una imagen táctica muy definida. Más allá de las particularidades de cada rival, Argentina mostró un comportamiento defensivo muy consistente, manteniendo una altura de bloque prácticamente inalterable durante los tres encuentros. La última línea se ubicó siempre en torno a los 30 metros del arco propio y el equipo defendió con un bloque compacto, sin grandes variaciones en la distribución de sus acciones sobre el campo.</p>Los posicionamientos durante la fase de grupos.<p>Ese posicionamiento estuvo estrechamente ligado al desarrollo de los partidos. La Selección consiguió adelantarse en el marcador antes del descanso frente a Argelia, Austria y Jordania, lo que le permitió administrar los encuentros desde el orden colectivo más que desde una presión permanente sobre la salida rival. Esa misma estabilidad también se reflejó en la distribución territorial de las acciones, concentradas mayoritariamente entre el propio campo y la zona media, con una presencia más limitada en campo rival. La solidez defensiva y el control territorial hicieron que apenas atravesara momentos de sufrimiento. El duelo ante Jordania dejó, de todos modos, un pequeño matiz: con mayor soltura y frente a un rival inferior, Argentina adelantó algunos metros su última línea y trasladó parte de esa actividad hacia zonas más avanzadas del campo. Aun así, el patrón general se mantuvo estable durante toda la fase inicial.La adaptación al contexto en la fase de eliminatorias</p><p>Los playoffs ofrecieron un escenario muy diferente al de la fase de grupos. Si en los tres primeros partidos Argentina había mostrado un comportamiento defensivo prácticamente uniforme, los cruces de eliminación directa evidenciaron una mayor variabilidad en la altura del bloque y en la distribución territorial de las acciones, en gran medida condicionada por el desarrollo de cada encuentro.</p><p>El primer cambio apareció frente a Cabo Verde. Aunque la Selección volvió a adelantarse en el marcador antes del descanso, el partido se volvió mucho más cambiante durante el segundo tiempo y la prórroga. Esa dinámica se reflejó en un bloque varios metros más adelantados que en la fase inicial y en una mayor presencia de acciones en campo rival, aunque sin alcanzar el nivel de agresividad que mostraría pocos días después frente a Egipto.</p><p>Ese encuentro representó el extremo del torneo. La desventaja sufrida en los minutos iniciales del primer tiempo hasta los instantes finales del partido obligó a Argentina a asumir una postura mucho más ofensiva. La línea defensiva alcanzó su registro más alto del Mundial (44,2 metros) y cuatro de cada diez acciones se produjeron en campo rival, reflejando a un equipo instalado durante largos pasajes lejos de su propio arco en busca del empate.</p><p>El cruce frente a Suiza mostró el escenario opuesto. El gol tempranero permitió jugar gran parte del encuentro con ventaja y Argentina adoptó una postura considerablemente más conservadora. La presión sobre la salida rival disminuyó, el bloque retrocedió hasta valores similares a los de la fase de grupos y aumentó nuevamente la proporción de acciones desarrolladas en campo propio, priorizando la protección del resultado antes que la recuperación alta.&nbsp;</p>Los posicionamientos en la cancha en los partidos de eliminación directa.<p>Más que responder a un patrón fijo, los tres cruces muestran una Selección cuyo posicionamiento fue variando de acuerdo con las necesidades de cada partido. La estabilidad que había caracterizado a la fase de grupos dio paso a un comportamiento mucho más cambiante, condicionado por el estado del marcador, las características de cada rival y, en determinados pasajes, por la propia dificultad para controlar los encuentros con la misma autoridad mostrada en la primera fase.</p><p>La semifinal frente a Inglaterra ofrecerá una nueva oportunidad para observar cuál será la postura elegida por el cuerpo técnico, ante un rival de máxima jerarquía y en un contexto de enorme exigencia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DUTJOC06YR6iNmZ1JkVUPePgwzk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/mapa_del_calor.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cómo fue cambiando el posicionamiento de Argentina durante el Mundial]]>
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                                <updated>2026-07-14T11:30:08+00:00</updated>
                <published>2026-07-14T11:30:00+00:00</published>
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            Argentina ante Inglaterra: la obligación de elegir una identidad
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                <![CDATA[Francisco Bello]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/x7ss0dPl70qbVWd4oRUSwalfOPQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/scaloni_definiendo_su_plan_para_el_encuentro_contra_inglaterra.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Inglaterra llega a este partido con una matriz táctica muy clara. Es un equipo que parte del 4‑2‑3‑1 y desde ahí acomoda todo: retroceso sin pelota ordenado de sus wines para mutar primero al 4‑4‑1‑1 y luego al 4‑1‑4‑1 en la zona baja. Con la pelota, los laterales se proyectan para acompañar a Anthony Gordon, ya consolidado por la izquierda, mientras que por la banda derecha alternaron Bukayo Saka y Noni Madueke, aunque Saka viene de entrar muy bien y probablemente sea titular. Para cristalizar ese juego dinámico por los costados, Inglaterra sostiene una dupla muy orgánica: Harry Kane como referencia de área y Jude Bellingham secundándolo desde atrás. Ante esa estructura, Argentina tiene que decidir qué identidad quiere sostener.</p><p>Desde lo posicional, es esperable que Argentina mantenga su base de 4‑4‑2. Lionel Scaloni ha sido claro respecto a su premisa de equilibrio en los comienzos de partido, y un 4‑3‑3 con Lautaro Martínez de arranque (además de Julián Alvarez y Lionel Messi) parece poco probable. Por otro lado, el ingreso de Nicolás Otamendi como tercer central para formar un 5‑3‑2 implicaría ceder demasiado la iniciativa desde el comienzo, algo que no está en el ADN del equipo, y ni hablar de pedirle a Julián que volantee para armar un 5‑4‑1.</p><p>Por eso, la inquietud pasa por las características de las fichas, que al final del día terminan condicionando la estrategia. Y ahí aparece la pregunta central: ¿Argentina debería buscar un plan más directo, dinámico en los duelos y en el retroceso, o repetir la matriz de tenencia que viene usando? Si Argentina opta por europeizar el plan, la dinámica cambia por completo: Giuliano Simeone por la derecha y Nico González por la izquierda pasan a ser fichas naturales. Simeone te da ese duelo físico por todo el carril derecho, y Nico González lo mismo por el izquierdo. Con ellos dos, o al menos uno, Argentina jugaría un partido más directo, más vertical, intentando contrarrestar el juego inglés en su propio terreno. Pero eso implica cambiar la identidad del equipo y apostar a ganarle a Inglaterra en su fuerte.</p><p>La otra opción es repetir lo que Argentina viene haciendo: sostener la tenencia con Rodrigo De Paul (o algún jugador como Giovani Lo Celso o Exequiel Palacios), confiar en la circulación, en el control emocional del partido y en la estructura conocida. Ese camino, sin embargo, tiene riesgos. Suiza presionó uno contra uno en la salida argentina para dificultar el manejo, obligando muchas veces a tirar largo por falta de precisión, e Inglaterra seguramente intentará replicarlo. En ese juego largo, al menos alguna de esas dos fichas verticales mencionadas (Simeone y González) puede ser útil, y creo que es lo que Scaloni se debe estar preguntando, pero también es cierto que merma las posibilidades de tenencia. Y la posesión de pelota para Argentina lo es todo: no solo merma sus posibilidades ofensivas, sino que le quita su mejor manera de defenderse, que es con el balón. De hecho, sin pelota, a la Scaloneta le cuesta frenar a sus rivales en la mitad de cancha, porque retrocede demasiado y pierde solidez.</p><p>Por lo expuesto, más allá de los nombres, la decisión es conceptual. No se trata de “que entre tal por tal”, porque las fichas no se analizan individualmente. Se analizan con y sin pelota, en función de cómo se ordena el equipo, de quién cubre a quién, de qué retroceso se necesita y de qué duelos se van a jugar. Inglaterra llega con un plan claro y variantes probadas. Argentina llega con dudas en su identidad, pero con la obligación de elegir qué quiere sostener para que sus fichas funcionen como un todo.</p><p>No hay una verdad absoluta, pero sí una lógica de qué se busca con cada opción: Inglaterra te obliga a decidir. Se insiste en la tenencia o se busca dinámica. Esa decisión va a marcar el partido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/x7ss0dPl70qbVWd4oRUSwalfOPQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/scaloni_definiendo_su_plan_para_el_encuentro_contra_inglaterra.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El partido se define en una decisión: sostener su filosofía de juego o adaptar el plan. La característica de cada ficha termina definiendo la estrategia frente a los ingleses.]]>
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                                <updated>2026-07-14T10:59:54+00:00</updated>
                <published>2026-07-14T10:59:51+00:00</published>
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            Argentina vs Inglaterra: La historia también juega a la pelota
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8n5bS85UcGwhqrisBtW0AshHLp0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/batalla.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay una liturgia invisible que se activa en el pecho de cada argentino cuando el fixture, caprichoso o guiado por un destino tallado a mano, nos pone de frente a una camiseta blanca con tres leones en el pecho. No es una bronca ordinaria. No es el folclore rústico del fútbol de cabotaje ni la rivalidad vecinal que nos conecta con los colores de Brasil o Uruguay. Lo que se genera antes de un cruce con Inglaterra es un silencio espeso, una vibración que viaja por el asfalto caliente, entra por las ventanas de los viejos cafés de barrio y se instala en la mesa de los domingos.</p><p>Ahora que la Selección viene de confirmar su destino de grandeza en el Mundial 2026, el calendario nos ubica en las semifinales justo frente a ellos. Faltan algunas horas. Y desde estas humildes líneas de Newstad, despojados de la urgencia de la noticia y de la primicia y del griterío estéril de los paneles de televisión, me veo obligado a poner una pausa y sostener que lo que vamos a jugar el miércoles es mucho más que un partido de fútbol. Negarlo sería una hipocresía propia de algunos burócratas. No hay dudas, al menos para mi: este no es un partido más. Nunca lo fue y nunca lo será.</p><p>Para el hincha argentino, el fútbol jamás ha sido un deporte de once contra once detrás de una pelota. Es, desde nuestra génesis misma, un gigantesco espejo retrovisor. Un mecanismo de compensación emocional, una puesta en escena dramática donde volcamos nuestras ausencias, nuestros orgullos heridos y nuestras mitologías colectivas. Cuando la pelota ruede en la semifinal, no estarán en juego solamente noventa minutos y un pasaporte al partido definitivo. Estará en juego, otra vez, esa necesidad imperiosa de reescribir la historia con los pies. Eso es bueno y es malo. Pero también es materia de otra reflexión.</p><p>Para entender este cordón umbilical que nos une en el espanto y en la fascinación con los ingleses, hay que bajarse del paravalanchas e ir a la memoria. La relación entre Argentina e Inglaterra es un tejido complejo que incluye la admiración inicial, la subordinación económica y, finalmente, un quiebre dramático que quedó sellado a fuego en la memoria colectiva.</p><p>Ellos trajeron el juego. Como una paradoja bellísima y cruel, los marineros británicos, los empleados de los ferrocarriles que nos dejaron sus venas de acero en la pampa húmeda, los alumnos del Buenos Aires English High School de Alexander Watson Hutton fueron los que pintaron la líneas de cal de las primeras canchas, trajeron las primeras pelotas de cuero cosidas a mano y dictaron las leyes del juego. Nos enseñaron el orden, la disciplina del fair play, el pase largo y la cabeza levantada.</p><p>Pero el argentino, en ese proceso de apropiación cultural que define nuestra identidad, agarró ese juguete perfecto y lo transformó. Le quitó la rigidez militar y le metió la viveza del potrero. Reemplazó el atletismo por el amague; transformó la línea recta en una gambeta sinuosa, casi tanguera, nacida en los baldíos de los suburbios y en las calles de tierra de los barrios periféricos. El fútbol inglés nació para templar el carácter de los jóvenes de la era victoriana; el fútbol argentino nació para sobrevivir a la intemperie. Aprendimos a jugar para burlar al más fuerte. Y esa matriz quedó grabada en nuestro ADN mucho antes de que la geopolítica tiñera las camisetas de sangre y épica.</p><p>El siglo XIX ya nos había advertido que el Atlántico Sur sería un territorio de tensiones. En 1806 y 1807, las Invasiones Inglesas marcaron el bautismo de fuego de una Buenos Aires que todavía no era del todo argentina, pero que ya intuía el sabor de la resistencia. El aceite hirviendo desde las terrazas, los regimientos de Patricios defendiendo las calles contra las casacas rojas de Beresford y Whitelocke son la primera medida que tuvimos de la épica del triunfo. Aquella epopeya fundacional, estudiada en los manuales escolares con la distancia que dan los años, fue el primer indicio de una constante histórica: el gigante que llega con la suficiencia de su imperio y un pueblo indómito que, con lo que tiene a mano, le discute el territorio.</p><p>Sin embargo, el verdadero punto de no retorno, la herida que permanece abierta y que late con una regularidad asombrosa cada vez que el sorteo de la FIFA nos cruza en el camino, es Malvinas. Sin dudas.</p><p>Hay que ser extremadamente respetuosos y precisos en este punto. Mezclar el sacrificio supremo de los jóvenes que quedaron en las islas, el dolor de las madres que todavía lloran en silencio frente al frío del cementerio de Darwin, con un resultado deportivo, sería una simplificación de una enorme bajeza moral. Un gol no devuelve una vida. Un triunfo en semifinales no altera los mapas de la diplomacia internacional ni devuelve la soberanía efectiva sobre las islas que nos robaron. Los héroes de la gesta de 1982 habitan un altar sagrado que no necesita de la validación de un triunfo en una copa del mundo.</p><p>Pero el fútbol, en su inmensa y a veces divina irracionalidad, opera como un canalizador. Lo que el argentino hace en la tribuna o frente a la pantalla no es confundir una guerra con un partido, sino sublimar un dolor. Es la búsqueda de una justicia poética que el mundo real, tan pragmático y desalmado, nos suele negar. El fútbol nos permite el milagro de la equivalencia: en la cancha somos iguales. Ahí no importa la flota de la Royal Navy, ni los presupuestos militares, ni el peso de las libras esterlinas en los mercados globales, ni las alianzas con el traidor. En el césped son once voluntades contra once voluntades, y la única ley válida es la de la destreza, el coraje y la astucia.</p><p>Por eso la forma en que los argentinos vivimos este partido es incomprensible para un observador europeo. Para el británico promedio, el cruce con la Argentina es seguramente un partido importante, sazonado por la rivalidad de los años ochenta y noventa, pero tamizado por una frialdad sajona que archiva el pasado con pragmatismo. Para ellos, el fútbol y la historia son dos carpetas separadas en el gran archivo del Imperio.</p><p>Para nosotros no hay carpetas separadas. Todo está interconectado en una misma cosmogonía de la resistencia. El hincha argentino que se pasa la noche previa al partido cantando en las adyacencias del estadio no está pensando únicamente en la táctica del entrenador o en el estado físico del equipo. Está invocando a sus fantasmas. Está jugando por el primo que fue al sur, por el vecino que volvió cambiado para siempre, por la frustración de saberse históricamente postergados por los centros de poder mundial.</p><p>Es la estética del desquite. El fútbol argentino es esencialmente dramático porque se nutre de la escasez. Nos reconforta saber que, aun en las peores crisis, aun cuando el país cruje bajo el peso de sus propias tempestades económicas y políticas, la pelota sigue siendo nuestra moneda de oro. El único territorio donde nadie nos puede mirar desde arriba. Frente a Inglaterra, esa sensación se multiplica por mil. Es el débil que mira a los ojos al poderoso y, en lugar de bajar la vista, le sonríe con la suficiencia del que sabe que tiene el truco de la gambeta guardado en la manga.</p><p>No podemos obviar el antecedente absoluto, el mito fundacional de esta era moderna que ocurrió el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca. Aquella tarde, Diego estalló el fútbol en dos mitades y sintetizó, en apenas unos minutos de genialidad y picardía, las dos almas del futbolista argentino. El primer gol, el de la "Mano de Dios", fue la viveza criolla elevada al rango de arte; la burla al orden establecido, el carnet de identidad del pícaro que le roba la billetera al gendarme sin que se dé cuenta. El segundo, el del barrilete cósmico esquivando camisetas blancas como si fueran postes, fue la belleza pura y absoluta, la demostración indiscutible de una superioridad lírica y técnica.</p><p>Diego lo dejó claro en sus memorias: aunque repetían ante los micrófonos que era solo un partido de fútbol, en el vestuario sabían perfectamente que estaban jugando por algo más. Jugaban por los pibes. Jugaban con un orgullo que excedía los manuales de la táctica. Esa herencia constructora de mitos es la que hoy pesa sobre los hombros de esta generación que, en este 2026, vuelve a encontrarse ante el mismo espejo.</p><p>Los tiempos han cambiado, es cierto. Los jugadores de hoy son profesionales globales, muchos de ellos compañeros de equipo de los propios ingleses en la Premier League. Se conocen, se respetan, comparten vestuarios y rutinas de entrenamiento en Manchester o en Londres. La globalización ha limado las asperezas del odio superficial, y eso es sano. El respeto profesional entre los planteles está garantizado. No habrá espacio para las batallas campales de antaño ni para las declaraciones incendiarias.</p><p>Sin embargo, cuando suenen los himnos y la camiseta celeste y blanca se recorte contra el césped, vos y yo sabemos que el hechizo se activará de manera inevitable. Las tribunas conectarán con el cordón umbilical de la memoria colectiva. Cuarenta y siete millones de personas en sus casas, desde la Quiaca hasta Ushuaia, pasando por cada esquina de Buenos Aires, sentirán ese nudo en el estómago que solo este partido es capaz de provocar.</p><p>No es odio. El odio es un sentimiento menor, destructivo, que no encaja en la nobleza del juego. Es algo mucho más profundo: es memoria. Es el recuerdo de quiénes somos, de dónde venimos y de todo lo que tuvimos que pasar para estar ahí, disputando el derecho a ser felices frente a quienes, alguna vez, pretendieron ser los dueños de todo.</p><p>El que viene no será un partido más. Cuando el árbitro dé la orden de inicio, la historia, con toda su carga de barcos, islas, potreros y leyendas, bajará a jugar la semifinal con nosotros. Y en cada pelota dividida, el fútbol argentino volverá a demostrar por qué, para nosotros, la vida siempre se define dentro de una cancha.</p><p>Por eso, un segundo antes de ese pitazo inicial, cuando el silencio se adueñe del estadio y el destino quede en manos de los once que visten la celeste y blanca, habrá que levantar la mirada. Y aunque el discurso políticamente correcto proponga lo contrario, aunque las islas, frías y lejanas en su tierra soberana, no entren a la cancha y la geopolítica se quede del otro lado de la línea de cal, cada pibe que quedó en las islas, cada soldado que se convirtió en viento y en turba defendiendo lo nuestro, va a asomarse entre las nubes. No para exigir una venganza que el fútbol no puede dar, sino para ver jugar a su pueblo. Estarán ahí, mirando desde el palco más alto, cuidándonos las espaldas, empujando en cada pelota dividida y recordándonos que, si ellos entregaron todo por la Patria, nosotros no tendremos derecho a rendirnos. Porque no es un partido más. Aunque nos ganen por goleada.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8n5bS85UcGwhqrisBtW0AshHLp0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/batalla.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Argentina va a la semifinal por la gloria con Inglaterra. Un silencio espeso, un país parado, sin grieta y con orgullo.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-13T18:00:50+00:00</updated>
                <published>2026-07-13T17:58:24+00:00</published>
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            Argentina-Inglaterra no es sólo un partido
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                <![CDATA[Santiago Martella]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/skzzS6j8TJRUnkV3tCz_Mrhnv8k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/semi_final.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Y se dio, nomás. Cuando se sorteó el fixture del Mundial 2026 el cinco de diciembre del año pasado, el destino avisó que si todo salía como se suponía, Argentina e Inglaterra podrían enfrentarse en semifinales… y así será. Costó llegar, no quedó músculo por contraer, no quedó almohadón por apretar ni familiar por abrazar. Mordimos los dientes como nunca, y lo logramos. Otra vez a jugar un partido que nos atraviesa la memoria intacta.</p><p>Algunos dirán que sí, otros que no. Incluso, muchos pensarán una cosa y dirán otra. Pero lo cierto es que es inevitable preguntarse si este duelo es sólo un partido de fútbol o arrastra consigo una ligazón eterna con las islas Malvinas. ¿Se pueden separar el deporte y el recuerdo de una guerra?</p><p>Para quien escribe, la respuesta es no. No es un partido cualquiera. No es por comparar, porque en Malvinas nuestros héroes arriesgaron la vida y lo del miércoles es un juego, pero no es apenas eso.</p><p>No. No se pretende resolver en una cancha lo que la política no puede. No. No se le exige a un futbolista más que a un diplomático. No. No se quiere desvirtuar la semifinal de un Mundial. No. No se quiere promover la violencia. Pero Argentina-Inglaterra no es sólo un partido.</p><p>Sí. Quizá volcamos al deporte las expectativas que no podemos poner en otros ámbitos. Sí. Este encuentro sirve para recordar, sirve para reafirmar. Sí. Se aprovecha esta oportunidad para agradecerle a los que volvieron y para homenajear a quienes arriesgaron todo.</p><p>Este partido representa algo infinitamente más denso. La camiseta celeste y blanca se transforma en un lienzo de memoria colectiva, con Malvinas en el centro de la escena. Nadie busca una guerra. Nunca nadie quiso una guerra, pero pasó. Ahora nos queda esa herida y un recuerdo que nos obliga a querer siempre volver a la épica nacional que nos infla el pecho y nos hermana como país. Sin grieta.</p><p>El fútbol, con su capacidad poética e insensata de canalizar lo que nos pasa en la vida, sirve como vehículo para el desahogo. Para buscar una reparación simbólica. Para corporizar la “revancha social”. Como nadie quiere otra guerra, esta es la manera en que una “reivindicación” se puede conseguir. Robarle a un ladrón. Como Diego en el ‘86. Una caricia al orgullo dolido de un país entero.</p><p>Un Argentina-Inglaterra no es odio. No es belicismo. Es respeto y recuerdo. Por eso cada jugada tiene un peso diferente. Especialmente para quienes llevamos el apellido de un héroe que quedó custodiando nuestras Malvinas.</p><p>Ganarles no borra la pérdida. Eliminarlos no nos devuelve las islas. Pero en la cancha la pelota se transforma en una antorcha que nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y a quiénes no debemos olvidar jamás.</p><p>Por eso, el miércoles no habrá sólo táctica y estrategia. Aunque de la boca para afuera haya que calmar las aguas y bajar las tensiones (algo totalmente entendible), en las tribunas y en la cancha todos estaremos impulsados por un motor invisible: el latido inquebrantable de la memoria.&nbsp;</p><p>Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/skzzS6j8TJRUnkV3tCz_Mrhnv8k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/semi_final.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los motivos para explicar por qué va más allá de lo deportivo. La camiseta, la memoria y una herida que dolerá siempre.]]>
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                                                <category term="newstad-mundial" label="NEWSTAD MUNDIAL" />
                                <updated>2026-07-15T15:45:09+00:00</updated>
                <published>2026-07-13T13:37:55+00:00</published>
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