<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <id>https://www.newstad.com.ar/feed-categoria/liderarconvalores</id>
    <link href="https://www.newstad.com.ar/feed-categoria/liderarconvalores" rel="self" type="application/atom+xml" />
    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
        <entry>
        <title>
            Vivir al servicio: una topadora que siempre pudo un poco más
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/rochi-naon-una-topadora-que-siempre-pudo-un-poco-mas" type="text/html" title="Vivir al servicio: una topadora que siempre pudo un poco más" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/rochi-naon-una-topadora-que-siempre-pudo-un-poco-mas</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Pedro Paulin]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/rochi-naon-una-topadora-que-siempre-pudo-un-poco-mas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xP53cV1PgqDOfsn1tZOrEK0CBfM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/rochi.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Son tres años desde que Rochi Naón se fue al cielo rodeada de su familia y su marido, Pipo Paz, durante una noche tranquila, tras algunos meses que se habían puesto difíciles. Rochi seguía escribiendo en sus eternos cuadernitos, ofrecía su dolor como entrega: le pedía a Dios ser santa y quedarse un tiempo más acá para compartir con los suyos. Quería rezar más, estar más disponible, seguir ayudando. Nunca hubo un límite a la hora de hacer por otro, de entregarse, &nbsp;acompañar en el dolor y brindarse.&nbsp;</p><p>Pipo Paz recibió a Newstad en su casa, donde el recuerdo de Rochi está intacto, su sonrisa presente en las estampitas y en cada anécdota, los cuadernitos en los que escribió desde la época del secundario hasta en el hospital. Rochi es la santa del día a día, de las pequeñas cosas y la entrega sin límite, de lo sutil y del trabajo silencioso, ese que cuesta más. Una charla necesaria para entender una mujer distinta, con grandeza y valores que le permitieron quedar para siempre en el recuerdo de todos los que la conocieron y los que no también. Los que incluso ya hoy le rezan, &nbsp;le piden y le agradecen.&nbsp;</p><p>Pedro Paulin: En los momentos más difíciles, ¿la notaste alguna vez débil, o que se enojara con Dios?</p><p>Cristián Paz: No, nunca se enojó con Dios. Al contrario, muchas veces la gente le decía: “tenés que enojarte, tenés derecho”. Y ella respondía que no, que lo único que hacía era entregarse más. Claro que sufría, como cualquiera. Tenía un dolor enorme en el corazón porque sabía que podía dejarnos a mí y a nuestros ocho hijos. Ese era su único dolor: no poder estar presente para acompañar a la familia. Pero en ningún momento renegó de su fe. Ella repetía que la vida eterna era realmente eterna, que lo que vivimos acá es un rato, unos años que nos toca compartir. Eso lo escribía en sus cuadernos, lo rezaba, lo decía en voz alta. Esa certeza de Jesús, de que la muerte no era el final, le daba una serenidad increíble. Y lo más fuerte era que transformaba su dolor en Amor: lo ofrecía por sus hijos, por las madres del barrio, por la comunidad. Nunca se encerró en sí misma, siempre pensaba en los demás.</p><p>Pedro Paulin: ¿Qué te marcó más de esa entrega suya, incluso en la enfermedad?</p><p>Cristián Paz: Su capacidad de pensar en el otro hasta en el momento más duro. Imaginate que me llegó a decir: “te voy a buscar una novia, así no te quedás solo con todo esto”. Eso era Rochi. En lugar de quedarse con la angustia, trataba de aliviarnos a nosotros. Su entrega era tan grande que a veces me descolocaba. También me impresionaba cómo rezaba. Tenía un librito donde anotaba intenciones por cada persona que conocía, cada situación difícil que le contaban. Todo lo ofrecía, hasta el dolor físico que la estaba destruyendo. Esa dimensión espiritual era enorme, pero a la vez muy concreta, porque después la veías llevar comida al barrio, acompañar a una madre al hospital, ocuparse de los chicos. Nunca se quedó en palabras, siempre pasó a la acción.</p><p>Pedro Paulin: ¿Cómo nació la idea de armar el CONIN en Bancalari?</p><p>Cristián Paz: Fue muy simple y a la vez muy profundo. Un día se cruzó en el Walmart con Pablo Debernardi, que también tenía ocho hijos y estaba impulsando un CONIN. Y Rochi me dijo: “Si él puede, nosotros también podemos”. Era así: veía una necesidad y lo transformaba en una misión. No le importaban los obstáculos. Me acuerdo que al principio teníamos miedo de no tener el tiempo, porque ya la vida con ocho hijos es intensa. Pero ella nos convenció de que lo importante no era la cantidad de tiempo, sino la calidad. Y que educar a los hijos con el ejemplo era la mejor herencia que podíamos dejarles. Entonces nos lanzamos. Y así empezó el CONIN Bancalari, que después se convirtió en Nutriéndonos.</p><p>Pedro Paulin: ¿Nunca tuvo miedo de meterse en barrios tan complicados?</p><p>Cristián Paz: Claro que tuvo miedo, cualquiera lo tendría. Una vez estaba con un grupo de madres haciendo una dinámica de oración en Bancalari y de repente hubo un tiroteo. Todos al piso. Cuando volvió a casa todavía temblaba. Yo le dije: “tenemos seis hijos, ¿vale la pena arriesgarse?”. Y ella me contestó: “Si yo no voy, ¿quién va a ir?”. Esa frase me marcó para toda la vida. Porque te das cuenta de que para ella el Amor era más fuerte que el miedo. Yo trataba de protegerla, pero ella no podía dejar de pensar en las madres, en los chicos, en la comunidad. Y al final tenía razón: si los que creemos en el bien no nos animamos a dar el paso, ¿quién lo va a hacer?</p><p>Pedro Paulin: ¿Qué lugar tenía la fe en su vida diaria?</p><p>Cristián Paz: Central. Para Rochi, la fe no era un accesorio ni una costumbre: era el eje de su vida. Rezaba todos los días, recibía la Eucaristía, se confesaba con frecuencia. Su vínculo con Jesús era tan cercano que lo vivía en cada gesto. Y no era una fe desconectada de la realidad: al contrario, la hacía más fuerte para servir. Yo la vi muchas veces agotada físicamente, pero igual encontraba fuerzas para ir al CONIN, para acompañar a una madre, para ayudar a alguien más. Siempre decía que la paz verdadera solo viene de Jesús y de María, y que esa paz era la que le permitía seguir adelante.</p><p>Pedro Paulin: Hoy hay gente que habla de ella como santa. ¿Te sorprende?</p><p>Cristián Paz: No me sorprende. A veces me asusta, porque es un peso grande, pero yo creo que es así: para mí Rochi es santa. No porque la Iglesia lo haya declarado todavía, sino porque su vida fue un ejemplo que inspira. Eso es la santidad: alguien que te acerca a Dios, que te muestra un camino. Yo conozco mucha gente que se convirtió después de su muerte, que empezó a ir a misa o a rezar porque se cruzó con su historia. Eso no lo provoca cualquiera. Y yo mismo, que viví 23 años con ella, siento que me transformó. La santidad no es un premio, es un testimonio, y en ese sentido ella lo fue siempre.</p><p>Pedro Paulin: ¿Qué fue lo más duro para vos al acompañarla en la enfermedad?</p><p>Cristián Paz: Verla sufrir y no poder hacer nada. Ella lloraba y me pedía perdón por llorar. Y yo le decía: “yo también voy a llorar”. Fue un tiempo muy duro, pero también muy íntimo. Aprendimos a comunicarnos con gestos, con silencios. Había una comunión tan profunda que no hacían falta muchas palabras. Yo siempre digo que fue un regalo atravesar eso juntos, aunque parezca raro. Porque ahí entendí lo que es el Amor verdadero: darlo todo, acompañar, sostener, incluso en la oscuridad.</p><p>Pedro Paulin: ¿Cómo fueron sus últimos momentos?</p><p>Cristián Paz: Ella pidió estar rodeada de su familia. Y así fue. Sus hermanas, su papá, todos alrededor. Esa noche fue dura, pero también muy luminosa. En medio del dolor, me repitió una frase que le gustaba mucho: “no hay espinas sin rosas”. Hasta en la agonía buscaba dejarnos un mensaje de esperanza. Murió con paz, entregada a Dios, y con la certeza de que su vida había tenido sentido.</p><p>Pedro Paulin: ¿Cómo sigue hoy su legado en el CONIN?</p><p>Cristián Paz: Sigue vivo, más que nunca. Yo sigo como presidente de la ONG, pero ahora hay una directora ejecutiva que se ocupa del día a día. Y lo más impresionante es que muchas madres que nunca conocieron a Rochi igual sienten su presencia. A veces me dicen: “cuando entro acá, siento que ella está”. Eso es increíble. Hoy más de 130 chicos pasan todas las semanas por el centro, y ese es el fruto de su entrega. Ella trascendió, dejó una huella que no se borra.</p><p>Pedro Paulin: ¿Qué enseñanza concreta te dejó que aplicás todos los días?</p><p>Cristián Paz: Que el miedo no puede frenar al Amor. Esa frase de “si yo no voy, ¿quién va?” me acompaña siempre. Ella me enseñó que cuando uno se entrega a los demás, se entrega también a Dios. Y que no hay límite para el Amor: cuanto más das, más se multiplica. Yo la recuerdo todos los días, no con tristeza, sino con gratitud. Porque en 43 años vivió una vida plena, intensa, y nos dejó un legado inmenso.</p><p>La charla entera acá en el video:&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xP53cV1PgqDOfsn1tZOrEK0CBfM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/rochi.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Mamá de ocho hijos, mujer, líder, emprendedora y una vida llena de sentido y entrega. Rochi Naón partió con 43 años.]]>
                </summary>
                                <category term="especialrochinaon" label="#EspecialRochiNaon" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-09-13T01:25:44+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Enrique Shaw: el empresario que eligió la fe antes que el poder
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/enrique-shaw-el-empresario-que-eligio-la-fe-antes-que-el-poder" type="text/html" title="Enrique Shaw: el empresario que eligió la fe antes que el poder" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/enrique-shaw-el-empresario-que-eligio-la-fe-antes-que-el-poder</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Luciana Sabina]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/enrique-shaw-el-empresario-que-eligio-la-fe-antes-que-el-poder">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/j_BaAPcjLM2VAyc9PLqqX4Sn0cY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/shaw.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En una época marcada por el enfrentamiento entre capital y trabajo, por ideologías polarizadas y crisis sociales, Enrique Shaw se atrevió a proponer una tercera vía: la del Evangelio. Hijo de una familia acomodada, nacido en París en 1921, renunció a la comodidad para entregarse a una causa superior: construir un orden social cristiano en el corazón mismo del sistema económico. Su vida no fue la de un predicador, sino la de un empresario que creyó que la fe debía expresarse en la gestión diaria, en el trato con los obreros, en la forma de tomar decisiones.</p><p>Huérfano de madre a los cuatro años, fue criado bajo la promesa de su padre de educarlo en la fe católica. A los siete años hizo su Primera Comunión en la Basílica del Santísimo Sacramento y desde entonces su vida giró en torno a una fe profunda y concreta. Fue alumno brillante en el Colegio de La Salle y, a los catorce años, ingresó a la Escuela Naval, donde se destacó tanto por su rendimiento académico como por su vida espiritual.</p><p>Shaw parecía tenerlo todo: inteligencia, disciplina, una carrera militar ascendente, pero también la inquietud de un alma que quería más. Quería servir, no solo cumplir. En 1943 se casó con Cecilia Bunge, con quien tuvo nueve hijos. En su hogar se rezaba el Rosario en familia, se hablaba de Dios con naturalidad y se vivía la fe sin solemnidades artificiales. Su hija Sara María recordaría después: “Jugaba con nosotros de igual a igual, pero al mismo tiempo nos dirigía para que nuestros juegos fueran mejorando [...] Siempre nos transmitía el sentido de la vida cristiana, relacionándolo todo con el orden establecido por Dios”.</p><p>En 1945 fue enviado por la Marina a estudiar meteorología en Estados Unidos. Allí, en medio del ascenso profesional, sintió que su verdadera vocación estaba en otro lado. Decidió dejar la carrera militar para dedicarse a los trabajadores, a quienes veía como los olvidados del sistema. Sin embargo, un sacerdote lo hizo recapacitar: su lugar no era en la fábrica, sino en el mundo empresarial. Así lo entendió y así lo vivió: como un comandante, pero de empresas.</p><p>Al volver a la Argentina en 1946, ingresó a Cristalerías Rigolleau, una empresa con más de 4.000 empleados. Allí comenzó una revolución silenciosa: promovió el salario familiar, impulsó programas de formación, creó espacios de diálogo y propuso que el empresario fuera un agente de paz social. No lo hizo desde la ideología, sino desde el Evangelio. Estaba convencido de que “nada valía más en cada hombre que su dignidad de hijo de Dios”.</p><p>En una Argentina dominada por el conflicto entre peronismo y antiperonismo, entre sindicalismo oficialista y patronales conservadoras, Enrique Shaw se propuso superar el enfrentamiento. Fundó en 1952 la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), con el objetivo de formar empresarios conscientes de su responsabilidad social y espiritual. En el artículo 4 de sus estatutos se declaraba: “Nada importa tanto a los fundadores de la Asociación como dar un testimonio permanente de que también para el hombre y para los problemas contemporáneos hay un camino, una verdad y una vida, enseñados en el Santo Evangelio”.</p><p>En 1955, durante la persecución religiosa impulsada por el gobierno de Perón, Shaw fue detenido junto a otros miembros de la Acción Católica. Fue acusado falsamente de conspirar contra el presidente. Pasó días en una comisaría, sometido a interrogatorios humillantes. Pero nunca se quejó. Al contrario: ofrecía su dolor como parte de su fe.</p><p>En 1957 le diagnosticaron un cáncer que lo acompañaría hasta su muerte. No dejó de trabajar ni de impulsar iniciativas. Fue organizador del primer congreso de ACDE, promovió la doctrina social de la Iglesia y escribió reflexiones profundas sobre el sentido de la vida. En una de ellas expresó: “El Cielo es también un lugar de actividad, de plenitud, de unidad, de intercambio, o sea, de caridad. La explicación esencial es que Dios me llama y que la vida cristiana es la Eternidad comenzada en nuestra alma sobre la tierra para llegar en el Cielo a la unidad completa con Dios”.</p><p>Murió el 27 de agosto de 1962, el mismo día en que, décadas antes, había fallecido su madre. Fue sepultado en el Cementerio de la Recoleta, pero su vida no quedó enterrada allí. Por el contrario, su figura comenzó a irradiar con fuerza entre quienes lo conocieron, y con el paso de los años, su historia fue redescubierta por nuevas generaciones que encontraron en él una brújula moral en tiempos de incertidumbre. Enrique Shaw encarnó una rara coherencia entre pensamiento, palabra y acción.</p><p>En un país azotado por la confrontación política y la desconfianza social, él optó por el diálogo, por la justicia y por una forma de liderazgo profundamente humana. Supo ver en el empresario no a un mero generador de riqueza, sino a un agente de transformación, capaz de crear comunidad, de sembrar paz y de dignificar al prójimo a través del trabajo.</p><p>Su legado interpela a quienes creen que la ética está reñida con el poder, que la fe es ajena al mundo moderno o que el éxito económico debe alcanzarse a cualquier precio. Enrique Shaw demostró que se puede dirigir una empresa sin abandonar los principios, que se puede tener autoridad sin perder la ternura, y que se puede ser profundamente moderno sin dejar de ser profundamente cristiano.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/j_BaAPcjLM2VAyc9PLqqX4Sn0cY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/shaw.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En tiempos de confrontación, renunció al privilegio para dignificar al trabajador. Su legado empresarial y humano.]]>
                </summary>
                                <category term="liderarconvalores" label="#LiderarConValores" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-07-05T10:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Volver a Enrique Shaw: liderar desde el ejemplo, con alma y eficiencia
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/volver-a-enrique-shaw-liderar-desde-el-ejemplo-con-alma-y-eficiencia" type="text/html" title="Volver a Enrique Shaw: liderar desde el ejemplo, con alma y eficiencia" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/volver-a-enrique-shaw-liderar-desde-el-ejemplo-con-alma-y-eficiencia</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Pedro Paulin]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/volver-a-enrique-shaw-liderar-desde-el-ejemplo-con-alma-y-eficiencia">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mpqaYniJh9x78VgBXolKD7PsMEU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/enrique_shaw.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Dejó la vara altísima, llenó su vida de sentido, inspiró a grandes y chicos, creó un imperio familiar, fue admirado y trabajó en silencio como los grandes, sin que se note. Enrique Shaw nos deja un enorme objetivo: ser apenas pizcas, pellizcos, diminutos discípulos del enorme sendero que trazó durante su efímero pero imborrable camino. Es ahora entonces el momento de dejar de hablar y hacer, como le gustaba a él, con eficiencia, rentabilidad, humanismo y dignidad. Pero hacer. No hacer como que hacemos. Es momento de que la predica encuentre a los empresarios haciendo.</p><p>Enrique Shaw trabajaba mucho, en distintas cosas, era hábil marino, mejor gerente y gran inversor, pero todo era un maquillaje para su único objetivo: hacer cosas para que un otro este mejor, darle dignidad, llenar la vida de sentido, llevar la palabra De Dios a donde sea, en cualquier contexto. Así entonces los que soñamos con tener una empresa, dirigirla, hacerla crecer, hacerla sustentable y verla expandirse, tenemos que tener presente la escuela de Shaw como premisa inalterable: ser líderes que transmitan valores, acompañen, empaticen, arriesguen y cumplan.&nbsp;</p><p>La Argentina atraviesa hoy su hora más oscura, los niveles de pobreza, indigencia y el achicamiento de la economía después de la pandemia nunca fueron tan graves. Los chicos, como vivimos en ACDE durante el encuentro anual, no entienden lo que leen y es casi un decil el que comprende, analiza y genera un texto coherente en tercer grado. Estamos en el momento de los grandes hombres, en la hora cero del resurgimiento del país y la imperiosa necesidad de empresarios dispuestos a aportar un grano de arena para que el desierto permita entender a &nbsp;una sociedad que los espejismos no existen, que sólo el método, el esfuerzo y el mérito permitirán atravesar y trascender.&nbsp;</p><p>Enrique Shaw quiso comprar un medio periodístico que terminó en una situación amenazante por cuestiones políticas, creía que la palabra periodística entonces tenía que ser un vaso comunicante para comunicar valores. Creía que había una agenda que debía ser propagada con vehemencia, desde una ética y una ambición de prédica para seguir sumando personas dispuestas a vivir la vida pensando en hacer algo por alguien. En llenar la vida de sentido. Lo dijo Franciso ante los jóvenes, “no balconeen” la vida, llenarla de hechos que nos permitan pensar que valió la pena el desvelo. A eso estamos llamados los medios de comunicación entonces.&nbsp;</p><p>La crisis ética del país no impactó sólo en las licitaciones a dedo o los grandes casos de corrupción. No sólo la obra pública y la construcción fueron un cartel o cártel para llenar bolsillos a costas de un estado diezmado, también nosotros, los periodistas, somos responsables del deterioro moral de la Argentina y debemos ser auto críticos. Desde un púlpito y una moralina inentendible pensamos que una mirada corporativista nos absolvería y no fue así. Es momento entonces de empresarios de medios éticos, dispuestos a ganar menos e informar más. Es mi compromiso desde Newstad.</p><p>Se puede terminar con la decadencia y la crisis socio económica. Lo lograron sociedades más acuciadas por guerras y desastres naturales, lo logró Alemania después del Versalles y nuevamente después de la capitulación de Karlshorst en 1945 tras una masacre humanitaria. Argentina sufrió un tifón interno de tinte moral, que debe abandonar para sanar, evolucionar y avanzar. No se logrará con cócteles ni discursos pomposos, se logrará con empresarios y políticos que como Enrique Shaw pongan cuerpo y alma para que la sociedad salga adelante.</p><p>Es tiempo de hombres grandes, de hombres incorruptibles, hombres que sin vergüenza promuevan la palabra de Cristo, que respeten de forma irrestricta el pensamiento diverso y que sin precio alguno generen entonces una nueva clase de empresarios que caminen por la vereda del sol sin cuestionamientos.&nbsp;</p><p>No hay espacio para empresarios que en nombre del sector privado, en voz alta y delante de todos, pidan reglas claras para exigir en voz baja un estado presente, pero sin que se note. Necesitamos como sociedad, hombres capaces de liderar desde una exigencia agustina de ética eudemonista donde la única forma de amar y encontrar la felicidad sea a través De Dios como norte. No como discurso ni como lugar común, mucho menos como zona de confort. Como norte y obligación primera a la hora de tomar decisiones empresarias.</p><p>Quienes creemos que se puede liderar desde una perspectiva cristiana estamos convencidos de que el éxito es el único final. La fraternidad entre empresarios católicos tiene que verse cristalizada, ACDE es cuna de enormes hombres que dan ejemplo de esto. Con errores y desaciertos, con desafíos y convencimiento personal, Newstad es parte del ideario de un país que sueña con volver a ser grande.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mpqaYniJh9x78VgBXolKD7PsMEU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/enrique_shaw.png" class="type:primaryImage" /></figure>Liderazgo católico, impronta de valores y el desafío de aggiornar los valores de Enrique Shaw al empresario 2025.]]>
                </summary>
                                <category term="liderarconvalores" label="#LiderarConValores" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-07-05T10:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            ACDE: forjando líderes con identidad y propósito
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/acde-forjando-lideres-con-identidad-y-proposito" type="text/html" title="ACDE: forjando líderes con identidad y propósito" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/acde-forjando-lideres-con-identidad-y-proposito</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/acde-forjando-lideres-con-identidad-y-proposito">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pZffJtSTJPPTMAlXU4yUgM8fKRg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/ultima_jornada_anual_de_acde_joven.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) es una comunidad de ejecutivos, emprendedores, profesionales y empresarios que participa a título personal, con un objetivo claro: ser un ámbito de reflexión y acción empresarial iluminado por los valores del humanismo cristiano.</p><p>Fundada en 1952 por un grupo liderado por Enrique Shaw —basado en su convicción de que el empresariado debe ser motor de justicia social y dignidad laboral— ACDE se convirtió desde entonces en un espacio de diálogo ético y compromiso social. Nació como iniciativa de gente vinculada a la Acción Católica, interesada en transformar con integridad las relaciones entre capital y trabajo.</p>Misión y perfil institucional<p>La misión de ACDE es ayudar a los líderes empresariales a vivir coherentemente su vocación profesional y su fe. Busca fomentar culturas organizacionales que promuevan:</p><p>Respeto y participación, asegurando que la empresa sea una comunidad de crecimiento humano.</p><p>Integridad y coherencia, tanto en la persona como en sus acciones públicas.</p><p>Estos valores —ejemplaridad, transparencia y bien común— se viven desde adentro: ACDE no es una asociación de empresas, sino de personas comprometidas, que voluntariamente ponen sus actos al servicio de una transformación profunda.</p>Ámbitos de acción<p>ACDE opera en múltiples frentes:</p>Encuentros y conferencias: espacios como el Encuentro Anual y la Jornada Joven permiten unificar visiones y energías alrededor de temas clave: calidad institucional, innovación, ambiente y roles sociales.Programas de acompañamiento: iniciativas como Consejeros y Valores en Acción ofrecen mentoring personalizado para aplicar valores cristianos en el liderazgo corporativo.Grupos de afinidad: ACDE Joven, Mujer, G40, Abogados y Sustentabilidad permiten experiencias de pertenencia y fortalecen habilidades desde distintos enfoques profesionales.Compromiso social y voluntariado: sus socios protagonizan actividades para promover la cultura empresarial ética y responsable.Silvia Bulla, presidenta de ACDE, entrega al papa Francisco un ejemplar del libro “Enrique Shaw: un empresario en plenitud”, durante una audiencia en el Vaticano.Diálogo institucional y presencia global<p>ACDE integra redes de colaboración incentivando el diálogo intersectorial. Forma parte de la mesa coordinadora del Foro de Convergencia Empresarial, junto a más de 60 entidades, con el objetivo de impulsar políticas que favorezcan la inversión, el empleo formal y la inclusión social.</p><p>Asimismo, está adherida al Pacto Global de las Naciones Unidas, compromiso que impulsa los derechos humanos, laborales y ambientales en la actividad empresarial.</p><p>En el plano global, ACDE pertenece a UNIAPAC, la Unión Internacional de Empresarios Cristianos, que reúne líderes de más de 40 países y aboga por una economía humanista al servicio del bien común.</p>Comunidad, historia y futuro<p>Con más de 1.000 socios activos y setenta años de historia operativa, ACDE es una red federal con alcance nacional. Su gen institucional —la contribución voluntaria y el testimonio personal— es lo que sostiene su eficacia y vigencia.</p><p>A lo largo de su formación, ACDE ha impulsado debates clave para la Argentina: desde los primeros congresos sobre capital y trabajo en los años cincuenta, hasta su activa participación en momentos de cambio cultural y organizacional.</p><p>Hoy su premisa sigue siendo tan relevante como en sus orígenes: la empresa es vocación y servicio; negocio y comunidad; desarrollo y dignidad.</p>¿Por qué es relevante para líderes hoy?<p>En un escenario donde se avanza rápido pero se reflexiona poco, ACDE ofrece una pausa para preguntarse hacia dónde y para quién se lidera. Reivindica la idea de que los valores cristianos no son adorno, sino fundamento ético de toda decisión empresarial. Ofrece una visión de líder que no solo busca rentabilidad, sino también justicia, cohesión y responsabilidad hacia las personas.</p><p>El especial de Newstad “LIDERAR CON VALORES” toma a ACDE como ejemplo viviente de cómo profesionalismo y humanidad pueden sostenerse mutuamente, y propone a los lectores empresariales una invitación clara: no hay liderazgo sólido si no está anclado en valores que trasciendan lo meramente económico.</p><p>ACDE no sólo ejerce influencia por su red o trayectoria sino por inscribir en la praxis diaria de sus socios la reflexión humanística sobre cómo “convertir la empresa en comunidad”. Este es el núcleo de su aporte: no creer en el liderazgo, sino forjarlo a diario, con sentido y propósito.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pZffJtSTJPPTMAlXU4yUgM8fKRg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/ultima_jornada_anual_de_acde_joven.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde hace más de 70 años, esta organización cristiana forma dirigentes con compromiso social y visión humana.]]>
                </summary>
                                <category term="liderarconvalores" label="#LiderarConValores" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-07-05T10:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “Hace falta que queramos creer”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/hace-falta-que-queramos-creer" type="text/html" title="“Hace falta que queramos creer”" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/hace-falta-que-queramos-creer</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/hace-falta-que-queramos-creer">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_NuAhqVb-3RUBYE-sEKwjHv6jus=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/el_filosofo_mariano_asla_durante_su_exposicion_en_el_encuentro_anual_de_acde_2025_en_la_que_llamo_a_recuperar_una_esperanza_lucida_y_activa_frente_a_los_desafios_del_presente_ask_chatgpt.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En su intervención durante el Encuentro Anual de ACDE 2025, el profesor e investigador Mariano Asla propuso un marco original para pensar la época: señaló que el mundo actual parece escindido entre un tecno-optimismo ingenuo y un tecno-pesimismo paralizante. Ambas posturas —dijo— comparten una misma trampa: la creencia de que el futuro ya está cerrado, que todo está predeterminado. Frente a esto, Asla propuso cultivar una esperanza lúcida: activa, tridimensional y consciente de los riesgos. Una esperanza que mira hacia adelante sin descartar el pasado ni el presente, y que parte de una convicción profunda: “hace falta que queramos creer”. Un llamado, en definitiva, a recuperar el deseo de apostar por el bien común, también —y sobre todo— en tiempos de cambio.</p><p>Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra, profesor de Ética y Antropología Filosófica en la Universidad Austral, Asla investiga desde hace años las dimensiones existenciales de la acción humana. En esta entrevista, responde en profundidad sobre el rol de la esperanza, el valor del tiempo, la complejidad moral del presente y los signos de un liderazgo verdaderamente ético.</p><p>—En tu exposición hablaste de una esperanza lúcida como antídoto frente al fatalismo. ¿Qué significa liderar con esa clase de esperanza dentro del mundo empresarial, donde muchas veces predomina la urgencia y el pragmatismo?</p><p>Una esperanza lúcida es una actitud positiva y abierta a lo nuevo, a la fecundidad que siempre implica sorpresas. A diferencia del optimismo y del pesimismo que suponen un futuro cerrado, disponible, ya sea bueno o malo. Optimistas y pesimistas tensan, por decirlo de alguna manera, la misma cuerda, uno hacia el lado del bien y de la utopía y otro hacia el lado del mal y la distopía, como si supieran de antemano cómo terminan las cosas.Del lado del optimismo esto puede ser ingenuo, cuando se desconocen posibles consecuencias negativas de los actos o directamente cruel cuando no se abren los ojos al mal presente, al sufrimiento del prójimo. El pesimista, como en el negativo de una imagen, ve los mismos contornos de las cosas, pero priman las sombras y la oscuridad. El pesimista vive del rencor y no de la gratitud, del aburrimiento y no del entusiasmo y del temor, no de la esperanza. El temor roba el futuro antes de que nazca, el temor aborta el futuro, es sobre todo estéril. A mí me da mucho que pensar la baja de la natalidad… para la que hay múltiples razones pero que manifiesta un cierto pesimismo hecho carne.Una esperanza lúcida no desconoce los riesgos, ni minimiza los males, sino que se compromete en la búsqueda activa de un futuro más humano. Esperanza es acción confiada pero atenta a la realidad. Por eso, más allá de la preocupación, hasta cierto punto inútil de pretender descifrar cómo va a ser el mundo del futuro, se propone dejar todo, hacer todo lo que esté humanamente a nuestro alcance, con cierta independencia de los resultados, que no están asegurados de antemano. La esperanza lúcida no le resta nada a la seriedad decisiva y al dramatismo de la vida humana.Por eso, en épocas de urgencia, de cambios exponencialmente acelerados y (aparentemente) irrefrenables, hace falta trascender el mero pragmatismo (corto y superficial) y preguntarnos de verdad a dónde queremos ir.Como siempre, no es tan importante llegar rápido como llegar a donde uno quiere ir.</p><p>—¿Cómo puede un empresario o un líder de equipo salir de la lógica binaria del tecno-optimismo o tecno-pesimismo y cultivar una mirada más crítica y constructiva frente a la tecnología?</p><p>Las lógicas binarias son hijas de la tendencia tan humana a supersimplificar los problemas complejos. Un poco por pereza y otro poco por maniqueísmo es cómodo dividir el mundo en dos grupos: los inteligentes y buenos (nosotros) y los otros, pobres, a los que no asisten razones o no tienen buena voluntad. Ese es el espíritu de todas las polarizaciones, de las brechas que nos separan a los hombres. Progresistas y conservadores, ateos y creyentes, libertarios y kirchneristas… siempre ha sido un poco así.Optimistas y pesimistas pueden caer también en esa tentación naif, de un cierto “grupismo”, y adoptar un aire de superioridad intelectual o moral que no hace justicia con la complejidad de lo real. Una mirada verdaderamente humana no renuncia a la capacidad de ponderar los cambios, de reconocer aciertos, de arrepentirse de los errores, y de llamar a todos.En la relación con la tecnología esto es particularmente importante porque, debido a su presencia en todos y cada uno de los ámbitos de la vida y a su función como extensión del cuerpo, pasa a ser parte del ambiente, se naturaliza y podemos perderla de vista. Hace falta ganar perspectiva, mirarla a la cara y someterla a tela de juicio, como a cualquier instrumento, para sacarle verdadero provecho.No viene mal recordar algunas obviedades, porque podemos olvidarlas: la tecnología está hecha para el hombre y no al revés. La lógica de la eficiencia y la utilidad, que es la de las máquinas, no hace lugar a lo verdaderamente humano que se nutre en el sentido y florece en los vínculos. El “tempo” humano que es el de lo viviente y de lo orgánico, el de los hábitos y el de los vínculos, no se puede acomodar al ritmo de reemplazo y obsolescencia de las máquinas. Al menos, no, sin perder su verdadera naturaleza. Un poema no se puede leer rápido, no se puede acelerar el crecimiento de un niño, una amistad verdadera requiere un tiempo de maduración.</p><p>—Hablaste de la importancia de valorar pasado, presente y futuro para no caer en simplificaciones. ¿Qué lugar ocupa la memoria —la historia de una organización, por ejemplo— a la hora de tomar decisiones con sentido ético?</p><p>En toda vida humana y en las organizaciones también, la mirada debe partir del pasado, recordar, para agradecer y, a veces, para perdonar. Así, se puede ponderar lo que ya no tiene ningún sentido, pero también lo que debe ser recuperado, y lo que merece ser conservado. Es la forma de acrisolar el valor que hemos logrado como humanidad. Luego, en el presente es necesario actuar, elegir, asumiendo que el futuro será, por acción u omisión, lo que decidamos hacer de él. El futuro, finalmente, es el lugar de los ideales, de aquellos sueños que son imposibles pero necesarios. Sin ideales, solo nos queda el cinismo o la autojustificación.</p>Mariano Asla en el Encuentro Anual de ACDE 2025, con una reflexión sobre liderazgo, tecnología y esperanza.<p>—Dijiste algo potente: que la historia va a donde nosotros queramos que vaya. ¿Qué condiciones se necesitan para que ese deseo colectivo —en una empresa, en una sociedad— se oriente hacia el bien común y no hacia intereses egoístas?</p><p>Creo que lo primero es reconocer que la realidad humana es compleja, ambivalente, que en el mundo hubo, hay y habrá bienes y males, porque están en nuestro corazón. Siguiendo la imagen evangélica, solo el que reconoce que en su campo hay trigo y cizaña puede luchar por ser mejor persona. Digo “luchar” porque no es imposible, no es absurdo, pero tampoco podemos darlo por sentado. Es curioso que muchas veces pensemos que el simple paso del tiempo alcanza para hacernos buenos, cuando en realidad solo nos envejece.La esperanza cristiana se da en un justo medio entre la seguridad falaz de que uno ya está salvado (presunción) o la igualmente falsa convicción de que estamos condenados (desesperación). En la ética humana esto significa saber que podemos obrar bien o mal, y por ello tener mérito o culpa.Luego, en las empresas, como en las familias, el ejemplo arrastra, sin necesidad de muchas campañas ni marketing alguno.</p><p>—En un contexto donde la palabra “valores” suele usarse como eslogan vacío, ¿cómo podemos distinguir un liderazgo verdaderamente ético de uno meramente decorativo? ¿Qué signos concretos deberíamos mirar?</p><p>Me parece que lo genuino se termina imponiendo siempre. La cáscara, el barniz y la simulación difícilmente resisten el paso del tiempo. Muchos filósofos han dicho que la verdad es subjetiva, pero no entendido esto, como que es relativa a cada uno. La verdad es para mí algo que me compromete como sujeto, lo que se manifiesta en mi vida, algo que honro porque me excede. Con los valores pasa algo parecido, pueden predicarse y recordarse, pero solo se transmiten como vibración o el calor en el contacto real con la persona. Creo que en todos los órdenes hemos sido testigos de la vida de personas que se gastan, que se “desviven” por lo que consideran importante. Ese es el verdadero tesoro que tenemos entre manos.</p><p>Inmersos en la velocidad cotidiana, Mariano Asla nos invita a bajar un cambio y recuperar profundidad. Su llamado a cultivar una esperanza consciente, a mirar la historia con gratitud y sentido, y a ejercer un liderazgo que se juegue en lo real, resuena como una oportunidad: la de volver a apostar, incluso en la incertidumbre, por aquello que vale la pena creer.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_NuAhqVb-3RUBYE-sEKwjHv6jus=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/el_filosofo_mariano_asla_durante_su_exposicion_en_el_encuentro_anual_de_acde_2025_en_la_que_llamo_a_recuperar_una_esperanza_lucida_y_activa_frente_a_los_desafios_del_presente_ask_chatgpt.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El filósofo Mariano Asla propone liderar desde una esperanza lúcida, crítica y activa en tiempos de cambio.]]>
                </summary>
                                <category term="liderarconvalores" label="#LiderarConValores" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-07-05T10:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Víctor Valle y el desafío de liderar con humanidad
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/victor" type="text/html" title="Víctor Valle y el desafío de liderar con humanidad" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/victor</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/victor">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/71N5NaooWyH0a_S6P-MXBrpTFWw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/victor_valle_presidente_del_28_encuentro_de_acde_reflexiona_sobre_liderazgo_y_valores_desde_su_experiencia_en_google_argentina.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Víctor Manuel Valle no llega al 28° Encuentro Anual de ACDE solo como Director General (CEO) de Google Argentina, sino como “forjador de un nuevo mundo”, convencido de que el liderazgo verdadero nace desde la integridad y los valores. Socio de ACDE, su trayectoria corporativa —desde su llegada a Google en 2006 como su primer CFO regional hasta liderar hoy un equipo de más de 350 personas en el país— va de la mano con una vocación por el bien común.</p><p>Pero lo que lo distingue no es solo su rol en una de las compañías más influyentes del mundo: es su carácter de hombre de familia, su compromiso espiritual y su fecunda apuesta personal. En 2017, cuando él y su mujer ya habían entrado en sus cuarentas, adoptaron a cuatro hermanos para que no tuvieran que separarse, movidos por el deseo profundo de construir un hogar lleno de amor y cohesión. Su coherencia se expande de lo personal a lo laboral.&nbsp;</p><p>En su visión del liderazgo, Víctor Valle apunta a que Google funcione como una comunidad de vida: un espacio donde las personas puedan crecer, vincularse y encontrar sentido también en lo profesional. Esa idea define su forma de liderar y está en línea con su trayectoria y compromiso personal.</p><p>Ese equilibrio entre visión organizacional, fe genuina y responsabilidad social lo convierte en el tipo de líder que ACDE elige para presidir este encuentro: alguien que no solo habla de valores, sino que los vive y multiplica. El lema de este año —“Forjadores de un nuevo mundo”­­— encuentra en él no solo una frase, sino una forma de actuar.</p><p>–¿Qué te motivó personalmente a involucrarte en la organización de este encuentro y por qué creés que espacios como el de ACDE siguen siendo necesarios en el mundo empresarial actual?</p><p>–Soy socio de ACDE hace varios años. Me acerqué porque creo que es un ámbito donde puedo conocer colegas con quienes comparto valores y la preocupación por construir un mundo mejor donde se vivan los valores cristianos. Este año, la invitación a presidir el Encuentro me la hizo Silvia Bulla, nuestra presidenta, lo cual me honró mucho. Ya había participado en dos ediciones anteriores como parte del equipo organizador, así que sabía de qué se trataba. Me parece fundamental crear espacios de reflexión, tanto a nivel personal como comunitario, en un mundo que está acelerado pero no deja de plantearnos preguntas profundas. Se necesita parar la pelota para pensar, compartir miradas y vislumbrar respuestas.</p><p>–Desde tu experiencia, ¿ves que encuentros como este pueden influir en la forma en que las empresas piensan y ejercen el liderazgo? ¿Qué impacto esperás que deje en quienes participan?</p><p>–Lo que sueño para este encuentro es que genere reflexión, comunidad y compromiso. Que personas cuyo corazón late parecido se conozcan y se apoyen. Y que también se animen a transformar su metro cuadrado, porque el cambio empieza por uno. Si logramos que alguien se vaya del encuentro siendo un poco mejor dirigente que cuando entró, entonces ya empezamos a influir positivamente. Ojalá que también inspire a otros a liderar poniendo a la persona en el centro.</p>Víctor Valle, impulsor de un liderazgo con sentido humano, en una jornada previa al Encuentro Anual de ACDE.<p>–El lema de este año —“Forjadores de un nuevo mundo”— sugiere una invitación a asumir un rol activo. ¿Qué tipo de liderazgo creés que está haciendo falta hoy en la Argentina?</p><p>–Argentina tiene muchos ejemplos de liderazgos con impacto real, aún en un contexto adverso. Hay muchísimo valor humano. Pero nos falta una visión de largo plazo que nos una. Falta diálogo, capacidad de ponernos en los zapatos del otro. Y ese diálogo empieza por cada uno. Necesitamos espacios estables donde podamos generar consensos duraderos que atraviesen décadas. Dirigir desde lo humano, con visión de país, es el gran desafío que tenemos.</p><p>–Uno de los riesgos es que estos espacios de reflexión queden en el plano discursivo. ¿Qué condiciones hacen falta para que los valores se traduzcan en acción concreta dentro de las empresas?</p><p>–El riesgo existe, claro, pero por eso elegimos un lema fuerte: “Forjadores de un nuevo mundo”. Forjar es hacerse cargo del rol histórico. Y los empresarios están en un punto neurálgico donde confluyen muchos actores. Escuchar, reflexionar y actuar puede tener un efecto multiplicador enorme. De chico me inspiró mucho Enrique Shaw, aunque no conocía su historia a fondo. Pero saber que existía un empresario que se la jugaba por los valores que yo compartía fue importante. Uno nunca sabe a quién puede inspirar.</p><p>–¿Qué esperás que se lleve de este encuentro alguien que participa por primera vez o llega con cierto desencanto respecto del rol empresario en la sociedad?</p><p>–Este año hay muchas personas que no son socias de ACDE, lo cual es muy bueno. Espero que se lleven esperanza, comunidad, inspiración. Si llegaron hasta acá, es porque algo de nuestro lema o de la agenda los interpeló. Y estoy seguro de que se van a ir enriquecidos. ACDE ofrece un entorno donde se pueden juntar voluntades y convertir lo individual en fuerza colectiva.</p>Una pausa que desafía<p>No hay innovación más radical en el mundo empresario que detenerse a pensar. Mientras muchos celebran la eficiencia, la velocidad o el impacto financiero, Víctor Valle propone una pausa. No por quietud, sino por convicción. El liderazgo que describe —y que ejerce— no se impone, sino que convoca por su capacidad de transformar más allá de lo aparente.</p><p>Encuentros como el de ACDE no deberían entenderse sólo como un lujo espiritual sino como una necesidad estratégica. Porque los valores no son un suplemento de las decisiones empresarias: son su raíz.</p><p>Y como toda raíz, aunque no se ve, es lo que sostiene.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/71N5NaooWyH0a_S6P-MXBrpTFWw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/victor_valle_presidente_del_28_encuentro_de_acde_reflexiona_sobre_liderazgo_y_valores_desde_su_experiencia_en_google_argentina.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El presidente del Encuentro de ACDE habla de valores, diálogo y el rol del empresario como forjador del bien común.]]>
                </summary>
                                <category term="liderarconvalores" label="#LiderarConValores" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-07-05T10:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Fe, familia y trabajo: el legado ejemplar de Enrique Shaw
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/shaw" type="text/html" title="Fe, familia y trabajo: el legado ejemplar de Enrique Shaw" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/shaw</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/shaw">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J-kPMAIGeg0joy1QebFTe6nyQzw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/enrique_shaw_junto_a_su_esposa_cecilia_bunge_y_sus_nueve_hijos_una_familia_unida_por_la_fe_la_alegria_y_la_entrega_cotidiana.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No todos los días la Iglesia da un paso firme hacia la beatificación de un empresario. Pero Enrique Shaw, fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) y figura central del empresariado argentino del siglo XX, no fue un empresario común. Fue un hombre cuya espiritualidad se filtraba en cada ámbito de su vida: en el trabajo, en su familia numerosa, en su trato con los más humildes y, sobre todo, en su manera de amar y hacer amar.</p><p>El 17 de junio pasado, la Comisión de Teólogos del Dicasterio para las Causas de los Santos del Vaticano aprobó unánimemente el milagro atribuido a su intercesión, luego de haber sido validado también por una comisión médica. Sólo falta la aprobación de cardenales y obispos, y la firma del Papa, para que este padre de familia, marino de formación y empresario comprometido con la doctrina social de la Iglesia, se convierta en beato.</p><p>“Es una bendición inmerecida”, dice su nieta Sarita Critto, con una mezcla de alegría y pudor. “Pedimos oraciones para que la última etapa del proceso también sea aprobada. Pero sobre todo, confiamos en que este camino pueda hacer mucho bien.”</p><p>Shaw murió joven, a los 41 años, en 1962. Dejó nueve hijos y una fábrica donde sus más de 3.000 trabajadores aún hoy lo recuerdan. No por sus discursos, sino por su sonrisa.</p><p>“Tu papá era un santo”, le dijeron más de una vez a la hija de Enrique. Ella, a su vez, le transmitió a Sarita la imagen de un hombre que encontraba belleza donde otros veían mediocridad: "Admirar para poder fecundar", repetía. Y así obraba: promovía a los que nadie veía, se inclinaba por los "no brillantes", les abría caminos. Como si su mirada tuviera una fuerza germinativa.</p>Enrique Shaw, empresario argentino, padre de nueve hijos y testigo de una fe vivida con alegría y coherencia.<p>Una de las anécdotas más entrañables que recuerda su hija, Sara Shaw de Critto, tiene que ver con las "florcitas espirituales". Durante la Cuaresma, les pedía a sus hijos que hicieran pequeños sacrificios como regalo. Cada uno lo anotaba con un dibujo en una hoja, y luego se lo mostraban a su padre como un ramo ofrecido con alegría. “Lo hacíamos felices”, recuerda. “Nos encantaba correr a mostrárselas apenas llegaba del trabajo”.</p><p>La alegría era, de hecho, un rasgo distintivo. Enrique Shaw no se permitía la queja, ni siquiera al volver exhausto del trabajo. Silbaba desde la puerta, y sus hijos corrían a recibirlo. Jugaba con ellos, organizaba guerras de almohadones, los hacía cantar en el auto. Pero también les enseñaba a rezar. “Juntaba nuestras cabecitas y decía el 'Miradme, oh mi amado y buen Jesús'”, rememora su hija. “Eran momentos breves, pero místicos. Yo pensaba que eran normales, pero con los años muchos testigos lo destacaron como algo especial”.</p><p>También en su trato con los demás se reflejaba esa combinación rara de respeto y alegría. No cargaba a nadie, no ridiculizaba, no hacía chistes ofensivos. No era ingenuo: sabía quiénes se le oponían, pero su respuesta era la oración. “Recen para que se conviertan”, repetía a sus hijos cuando escuchaban burlas religiosas en la familia. “Nos enseñaba a tener lástima en vez de rabia por los que pensaban distinto”.</p>Sarita Critto junto a su abuela Cecilia Bunge de Shaw.<p>Como empresario, dejó un legado poco frecuente. Su concepción del trabajo iba mucho más allá del rendimiento. “La productividad es un medio para desarrollar la personalidad humana”, escribió. Para él, liderar una empresa implicaba multiplicar talentos ajenos, facilitar la santidad del prójimo. Consideraba que los empresarios tenían un lugar neurálgico en la historia y una misión trascendente: ayudar a configurar el mundo según la imagen del cielo.</p><p>Sara lo explica así: “Se proponía favorecer la unidad, ser artesano de paz. Valoraba a cada persona que trabajaba con él como alguien que nos presta sus talentos y, por lo tanto, hay que ayudarlo a hacerlos fructificar”.</p>Enrique Shaw junto a su esposa Cecilia y sus nueve hijos en un viaje familiar. Una escena de fe, unidad y vocación compartida.<p>Su pensamiento inspira hoy a nuevos líderes. “Hace poco un joven emprendedor me dijo que quería que su lugar de trabajo fuera una comunidad humana, como decía mi abuelo”, cuenta la nieta. “Ese ideal lo movilizaba: no basta con no hacer el mal, hay que hacer todo el bien que se pueda, con los talentos que se tienen”.</p><p>Enrique Shaw no protagonizó milagros cinematográficos ni gestas épicas. Lo suyo fue otra cosa: una vida intensa, luminosa, entregada. “Su cara tenía un resplandor”, recuerda su hija. “Sus ojos siempre brillaban con cariño”.</p><p>Ante la pregunta de si reza a su abuelo, Sara contesta con una sonrisa: “Cuando escucho que otros le piden gracias, me interpela. Me doy cuenta de que yo también puedo pedirle, y agradecer su intercesión. Él decía que el cielo no es un lugar de reposo, sino de plenitud y de amor. Y creo que desde ahí, sigue haciendo florecer a los demás.”</p><p>Su posible beatificación no sería un homenaje póstumo, sino una forma de hacer visible lo que ya muchos perciben en silencio: que el bien, cuando es auténtico, deja huella.</p><p>Enrique Shaw no buscó brillar, pero irradiaba mucha luz. Su fuerza estaba en los gestos pequeños, constantes, generosos. En su forma de escuchar, de celebrar lo simple, de abrir caminos sin necesidad de imponerse. Y esa luz —la de una vida entera vivida con coherencia— sigue encendida.</p><p>Quizás por eso hoy, más de seis décadas después, su testimonio conmueve. Porque recuerda que se puede vivir con alegría profunda en medio del deber diario, que se puede hacer empresa con justicia y ternura, que se puede dejar una marca luminosa sin estridencias, desde lo cotidiano.</p><p>Y en eso, Enrique Shaw sigue inspirando.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J-kPMAIGeg0joy1QebFTe6nyQzw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/enrique_shaw_junto_a_su_esposa_cecilia_bunge_y_sus_nueve_hijos_una_familia_unida_por_la_fe_la_alegria_y_la_entrega_cotidiana.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A un paso de la beatificación, la vida del empresario argentino revive en la memoria entrañable de su nieta]]>
                </summary>
                                <category term="liderarconvalores" label="#LiderarConValores" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-07-05T10:00:00+00:00</published>
    </entry>
    </feed>