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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
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            #LANUEVALONGEVIDAD
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AbPQSX5poKufkPZ_RZO1x0c8fB4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/el_disfrute_la_ternura_y_el_juego_no_tienen_fecha_de_vencimiento_envejecer_tambien_puede_ser_reir_compartir_y_saborear_el_presente.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Envejecer en la Argentina, entre logros y deudas pendientesSeguir trabajando después de los 65 puede ser elección, necesidad… o una mezcla de ambas. Por Enrique Amadasi<p>&nbsp;</p>Los desafíos invisibles del maltrato a personas mayores en la CiudadEuropa envejece: ¿cómo adaptarse sin colapsar?La edad no es un límite: el modelo Navarro Viola para envejecer con dignidad<p>&nbsp;</p>Más que una residencia: un hogar con alma y movimientoHackear el viejismo: cómo cambian las historias cuando cambiamos la mirada. Por Sol Rodríguez Maiztegui<p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AbPQSX5poKufkPZ_RZO1x0c8fB4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/el_disfrute_la_ternura_y_el_juego_no_tienen_fecha_de_vencimiento_envejecer_tambien_puede_ser_reir_compartir_y_saborear_el_presente.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Especial sobre la nueva longevidad]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-19T14:45:09+00:00</published>
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            Mayores que siguen trabajando: ¿vocación o necesidad?
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                <![CDATA[Enrique Amadasi]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-7pERciIMcWgUvNRhFUF-meWTJM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/seguir_trabajando_despues_de_los_65_puede_ser_eleccion_necesidad_o_una_mezcla_de_ambas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El aumento sostenido de personas mayores que continúan trabajando después de la edad jubilatoria no es una excentricidad ni una moda tardía. Es un fenómeno demográfico con fuertes raíces sociales y estructurales. Hace décadas, cuando se diseñaron los sistemas previsionales en la Argentina y el mundo, se pensaba en una vida post-laboral de 5 años. Hoy ese tiempo puede superar los 15 o 20 años, y no para todos por igual: las desigualdades entre niveles socioeconómicos también marcan esta etapa.</p><p>Los datos muestran un crecimiento significativo del trabajo en mayores tanto en el primer quintil (el de menores ingresos) como en el quinto (el de mayores ingresos). Dos mundos distintos, dos lógicas opuestas. En los primeros, prima la necesidad: el haber jubilatorio es mínimo y, aunque exista una cobertura casi universal, es insuficiente para llegar a fin de mes. La informalidad también atraviesa a este sector: empleos precarios, changas mal remuneradas, sin estabilidad ni derechos.&nbsp;Una de cada cuatro personas mayores vive en hogares con condiciones de pobreza multidimensional, y el 40% en hogares que declaran insuficiencia de ingresos.</p><p>Pese al alcance de los programas sociales, los mayores acceden menos que otros grupos a las transferencias de ingresos y la asistencia alimentaria. En muchos casos, se los supone cubiertos por sus jubilaciones y/o pensiones , aunque éstas sean exiguas.&nbsp;En este contexto, seguir trabajando no es una opción: es la única estrategia de supervivencia. Su única libertad es seguir trabajando o la mendicidad.</p><p>En el otro extremo, están quienes siguen activos no por obligación sino por deseo/preferencia. Hay quienes encuentran en su profesión/ocupación un componente identitario, un espacio de pertenencia o una fuente de autoestima. Están los que se resisten a abandonar lo que consideran "suyo": su estudio contable, su consultorio, su empresa familiar. El trabajo se vuelve continuidad de sentido. No es tanto seguir trabajando como no dejar de ser.</p><p>Esta diversidad también está cruzada por el tipo de trayectoria laboral previa. Quienes fueron empleadores o trabajaron de forma autónoma/cuentapropistas tienen más margen para adaptar su ritmo, delegar tareas o flexibilizar horarios. En cambio, los que fueron asalariados encuentran más barreras: normativas que hasta hace poco les impedían seguir en relación de dependencia, culturas empresariales que priorizan la juventud, o simplemente la falta de oportunidades. Aun así, muchos reconvierten su experiencia en consultorías o microemprendimientos.</p><p>La estructura de oportunidades es profundamente desigual. No todos pueden elegir. El capital educativo, las redes, el entorno familiar, la salud, todo incide. También la posibilidad de combinar ingresos: los que durante su vida laboral fueron asalariados por la mañana y cuentapropistas por la tarde tienen más chances de ampliar esa segunda actividad al jubilarse.</p><p>En definitiva, el aumento de personas mayores económicamente activas revela una tensión central de nuestra época: la longevidad como conquista social puede convertirse en una carga si no está acompañada por estructuras que sostengan esa etapa. Y mientras algunos siguen trabajando porque quieren, otros lo hacen porque no pueden dejar de hacerlo. En esa diferencia se juegan no solo las biografías individuales, sino el tipo de sociedad que queremos construir.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-7pERciIMcWgUvNRhFUF-meWTJM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/seguir_trabajando_despues_de_los_65_puede_ser_eleccion_necesidad_o_una_mezcla_de_ambas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El trabajo después de la edad jubilatoria crece en ambos extremos de la pirámide social: por obligación o por elección, marca nuevas desigualdades.]]>
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                                <category term="lanuevalongevidad" label="#LaNuevaLongevidad" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-14T09:50:50+00:00</published>
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            Los desafíos invisibles del maltrato a personas mayores en la Ciudad
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                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eCeEQj-DYDBn_t4PwTED0WHiKJ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/la_tristeza_muchas_veces_no_deja_marcas_visibles_pero_pesa_y_tambien_es_violencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Durante 2024, el Programa Proteger intervino en 2.358 casos de violencia hacia personas mayores en la Ciudad de Buenos Aires. Eso equivale a seis personas mayores de 60 años violentadas por día”, indicó Agustín Bertuzzi, Director General de Promoción de Derechos para Personas Mayores, dirección que depende de la Subsecretaría de Personas Mayores del Gobierno porteño. La cifra estremece, y lo que la sigue, también: en el 78 % de los casos, las víctimas fueron mujeres. En la mitad de ellos, los agresores fueron sus propios hijos, en mayor porcentaje varones. En uno de cada cuatro casos, el victimario fue el cónyuge o pareja de la mujer mayor.</p><p>El diagnóstico no surge de un informe académico ni de una estadística lejana, sino del registro actualizado del Programa Proteger, la iniciativa del Gobierno porteño destinada a intervenir ante situaciones de violencia hacia personas mayores. Desde la pandemia, la demanda al programa se duplicó. Y el fenómeno, aunque muchas veces invisibilizado, está creciendo.</p><p>¿Qué tipos de violencia enfrentan los adultos mayores?</p><p>La gran mayoría de los casos corresponde a violencia doméstica (82 % del total). El tipo más frecuente es el maltrato psicológico: gritos, humillaciones, amenazas, aislamiento, hostigamiento, manipulación. Le sigue la violencia física: empujones, golpes, zamarreos. Pero hay otra modalidad en alza, más silenciosa y difícil de detectar: el abuso económico. Consiste en la apropiación de la jubilación o pensión de la persona mayor, la coacción para firmar documentos, la falsificación de firmas o la limitación arbitraria de recursos para vivir dignamente.</p><p>“Este tipo de abuso suele darse especialmente en personas con deterioro cognitivo, sin redes de apoyo familiares o comunitarias”, advierten desde Proteger. También mencionan formas de violencia ambiental (golpear muebles, romper objetos personales) y simbólica: infantilizarlos, despersonalizarlos, impedirles tomar decisiones sobre su salud o su dinero. “Muchas veces los prejuicios de edad están tan naturalizados que ni siquiera se los percibe como formas de violencia.”</p><p>¿Cómo se detecta una situación de maltrato?</p><p>Las señales no siempre son visibles. Algunas personas mayores callan lo que sufren por miedo a represalias o por sentimientos de culpa, sobre todo cuando el agresor es su hijo. “Otros lo hacen por la idea de que deben preservar la familia a cualquier precio”, explican. Sin embargo, hay indicios que pueden alertar al entorno: cambios bruscos en el ánimo, aislamiento social, hematomas de diferente antigüedad, miedo o ansiedad en presencia de un familiar o cuidador, signos de desnutrición o deshidratación en personas dependientes, o acompañantes que retienen su documentación.</p><p>¿Qué hace el Programa Proteger ante una denuncia?</p><p>El equipo interdisciplinario —formado por psicólogos, trabajadores sociales y abogados— actúa a partir de consultas por teléfono o mail. Se entrevista a la persona mayor, se brinda contención psicosocial, asesoramiento legal y se articulan medidas con otros organismos según cada caso: salud, vivienda, justicia, apoyo económico o psicoterapéutico. “También contamos con un dispositivo de alojamiento protegido, un lugar de resguardo para personas en riesgo alto, donde se trabaja con ellas en la reconstrucción de un nuevo proyecto de vida libre de violencias.”</p><p>En los casos más graves, se promueve la intervención judicial, con medidas como la exclusión del agresor del hogar. Pero se hace siempre con cuidado: “Trabajamos para que la persona mayor sea parte activa de la resolución de su problemática, reforzando su autonomía y su derecho a decidir”, subrayan. En algunos casos, se deriva a grupos de ayuda mutua donde las personas pueden compartir sus experiencias, recuperar su autoestima y sentirse acompañadas.</p><p>Avances y desafíos</p><p>Desde 2015, la Ciudad cuenta con la Ley 5420 de Prevención y Protección Integral contra el Abuso y Maltrato a las Personas Mayores, que contempla desde la asistencia hasta la prevención a través de la promoción de vínculos intergeneracionales, la capacitación de cuidadores y la erradicación de estereotipos negativos sobre la vejez. Para ello, el Gobierno porteño firmó convenios con el Ministerio Público Fiscal y la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema.</p><p>Sin embargo, aún queda mucho por hacer. “Uno de los desafíos es garantizar la implementación efectiva de la Ley, especialmente en personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica”, reconocen desde Proteger. También señalan la necesidad de trabajar más en la prevención cultural: “Todavía persisten formas de discriminación por edad que obstaculizan el acceso a la protección y el ejercicio de derechos.”</p><p>Una ciudad que no deje envejecer en soledad</p><p>Con mirada de futuro, desde el equipo remarcan: “Apostamos a una Ciudad en la que envejecer no implique quedar expuesto o desprotegido, sino todo lo contrario: que el paso del tiempo sea acompañado por políticas activas de cuidado, respeto y promoción de la autonomía. Trabajamos por una Ciudad donde envejecer sea sinónimo de derechos garantizados.”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eCeEQj-DYDBn_t4PwTED0WHiKJ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/la_tristeza_muchas_veces_no_deja_marcas_visibles_pero_pesa_y_tambien_es_violencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Más de 2.300 adultos mayores fueron víctimas de violencia en CABA en 2024. La mayoría, mujeres. Y en su propia casa.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-14T09:50:40+00:00</published>
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            Europa envejece: ¿cómo adaptarse sin colapsar?
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                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uLWOyNom5i8jEJ3zALIRblOPum4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/teniamos_30_anospor_antonio_villacian_mencion_de_honor_del_concurso_de_fotografia_de_la_fundacion_navarro_viola.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En Europa, más de una quinta parte de la población tiene hoy 65 años o más, y la edad media ya alcanzó los 44,7 años. El dato, que surge del último relevamiento de Eurostat, refleja una tendencia que se profundiza año tras año: la pirámide poblacional se invierte, el peso demográfico se desplaza, y el envejecimiento deja de ser un fenómeno futuro para convertirse en una realidad urgente.</p><p>España, en particular, representa un caso paradigmático. Con una de las esperanzas de vida más altas del continente, enfrenta también una de las mayores presiones sobre su sistema previsional. Un informe reciente publicado en The Conversation advierte que las reformas actuales, como el aumento gradual de la edad de jubilación a 67 años, son apenas una tirita para una herida profunda: se espera que el gasto en pensiones crezca 3,3 puntos del PBI en 2050 y hasta 5 puntos en 2070. La reindexación de las jubilaciones a la inflación ha desconectado aún más ingresos y egresos del sistema, y aunque cuenta con respaldo sindical y europeo, tanto el FMI como la OCDE alertan sobre desequilibrios persistentes que exigirán nuevas medidas.</p><p>Pero España no está sola. Italia y Portugal también enfrentan tasas altísimas de envejecimiento: en algunas regiones rurales, la mayoría de la población ya supera los 65 años. Finlandia proyecta que para 2060, casi un tercio de sus habitantes estará en esa franja etaria. Los Países Bajos ya hablan abiertamente del fenómeno de la vergrijzing (envejecimiento poblacional acelerado), y en Polonia surgen movimientos cívicos que celebran la vejez activa, como las marchas urbanas organizadas en Wrocław para visibilizar el derecho de las personas mayores a habitar el espacio público.</p><p>Detrás de estos datos demográficos hay un dato estructural clave: el ratio de dependencia de personas mayores, es decir, cuántos jubilados hay por cada 100 personas en edad activa, ya alcanzó el 33,9 % en la Unión Europea. Esto quiere decir que, por cada tres trabajadores, hay una persona mayor sostenida por el sistema. Y la proporción seguirá creciendo. Sin una política migratoria robusta y ordenada, el continente perderá alrededor de un millón de trabajadores al año. La propia Comisión Europea insiste en que la inmigración legal no solo es necesaria: es estratégica para evitar el colapso fiscal.</p><p>En paralelo, los informes de proyección muestran que, de aquí a 2070, Europa tendrá entre 129 y 130 millones de personas mayores, lo que representará cerca del 29 % de la población total. Sin políticas compensatorias, esa proporción podría llegar al 36 % y provocar una caída del 33 % en el total poblacional hacia 2100. El gasto en salud, dependencia y cuidados de largo plazo ya se perfila como una de las áreas de mayor presión: pasará del 1,2 % del PBI en 2014 a más del 1,6 % en 2070, y requerirá un rediseño completo de los sistemas de bienestar.</p><p>Frente a este panorama, ¿qué aprendizajes emergen? El primero es que no alcanza con retrasar la edad de retiro: hay que repensar integralmente cómo envejecer. Finlandia promueve la participación laboral después de los 65 con esquemas flexibles y tareas compatibles con el bienestar. Polonia apuesta a la visibilidad y la participación ciudadana. En muchos países se comienza a priorizar la prevención en salud y el rediseño urbano que permita a las personas mayores permanecer en sus comunidades sin quedar aisladas.</p><p>Para España —y para Europa en general— el gran desafío es redefinir la longevidad no como una carga, sino como una oportunidad. Una población que envejece también puede ser una población activa, creativa y socialmente útil, si se crean las condiciones para ello. Integrar salud, empleo, tecnología, vivienda y cuidado en una visión coherente no es solo una política inteligente: es una necesidad ética.</p><p>Envejecer es un proceso colectivo, no solo individual. Las decisiones que se tomen hoy sobre sistemas previsionales, migración, salud o urbanismo determinarán cómo será la vida de millones en las próximas décadas. Europa, y especialmente España, están en un punto de inflexión. Y como sucede con los grandes desafíos históricos, la pregunta no es si envejeceremos —eso es un hecho—, sino cómo lo haremos. Y para quiénes estaremos dispuestos a construir un futuro más justo, más cuidado y más humano.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uLWOyNom5i8jEJ3zALIRblOPum4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/teniamos_30_anospor_antonio_villacian_mencion_de_honor_del_concurso_de_fotografia_de_la_fundacion_navarro_viola.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>España y Europa enfrentan un cambio de era: más longevidad, menos nacimientos y presión fiscal en aumento.]]>
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                                <category term="lanuevalongevidad" label="#LaNuevaLongevidad" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-14T09:50:24+00:00</published>
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            La edad no es un límite: el modelo Navarro Viola para envejecer con dignidad
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                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I1g9MLV11D4a_zXyMy0eO5ncwmg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/don_efrain_wachs_por_mario_fiorucci_mencion_de_honor_concurso_fotografico_navarro_viola.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un mundo donde envejecer suele asociarse con retiro, dependencia o pérdida, la Fundación Navarro Viola propone otro modelo: uno donde las personas mayores no desaparecen de la vida pública, sino que la enriquecen. Desde talleres de arte hasta plataformas digitales, la institución con sede en Buenos Aires impulsa propuestas que tienen algo en común: poner en el centro la voz, la autonomía y el bienestar de quienes ya cruzaron los 60.</p><p>“Uno de nuestros programas más gratificantes es el de voluntariado”, cuenta Magdalena Saieg, directora ejecutiva de la Fundación. “No solo visibiliza las ganas de contribuir que tienen las personas mayores, sino que genera un impacto enorme en su bienestar. Se sienten útiles, necesarias, protagonistas”. Cada convocatoria se llena más rápido que la anterior. Y, lo más interesante, es que las organizaciones destinatarias de esa ayuda cada vez se sorprenden menos al ver que los voluntarios son mayores. “Eso también es un cambio cultural”, dice Saieg. “La edad ya no asombra: inspira”.</p>Nuevas amistades por Ana González. Mención de honor en concurso fotográfico Navarro Viola.<p>Lo mismo ocurre con las propuestas de narrativas en primera persona. Desde iniciativas como Arte y Vejez o Voces Mayores, la Fundación invita a las personas mayores a contar sus propias historias. “Los estereotipos están más arraigados de lo que creemos. Y muchas veces, los primeros en creérselos son ellos mismos. Por eso darles voz tiene tanto valor: porque al hablar, escribirse, narrarse, derriban prejuicios... incluso los propios”.</p><p>Para Magdalena, acompañar no es imponer. Es generar canales. “No trabajamos con personas pasivas: trabajamos con protagonistas. El verdadero desafío no es empoderarlos, sino crear entornos donde puedan expresarse, decidir, vincularse. Ese es nuestro rol como fundación: ser puente”.</p><p>Uno de esos entornos es el movimiento. La Fundación impulsa programas físicos como “Movimiento vital y expresivo”, nacidos tras relevar junto a la UCA que una porción preocupante de mayores no realiza ni el mínimo de actividad física recomendada. “El impacto de moverse va mucho más allá del cuerpo. Mejora el ánimo, la autopercepción, la conexión con otros. Y lo vemos: mujeres bailando, riendo, entrando en calor incluso en días fríos, cada una a su ritmo, pero con una conciencia enorme de su cuerpo y su potencia”.</p>Equipo de natación por Ana Laura Ruiz. Mención de honor en concurso fotográfico Navarro Viola.<p>¿Y la tecnología? “Fue de las pocas cosas buenas que nos dejó la pandemia: nos obligó a usarla”, dice Saieg. En plena cuarentena, muchas personas mayores aprendieron a manejar Zoom, redes sociales o celulares con herramientas básicas. “Todavía hay miedo, sí: miedo a romper algo, a que los hackeen. Pero con tiempo y paciencia, lo logran. Y lo más importante es no hacer por ellos, sino acompañarlos en ese aprendizaje”.</p><p>Mirando hacia adelante, la fundación se propone profundizar su misión: generar entornos de bienestar e inclusión para todas las personas mayores. Eso implica fortalecer vínculos intergeneracionales, dar visibilidad al impacto de sus programas, y modelar intervenciones que sirvan también para la política pública, las empresas o las familias.</p><p>Porque como recuerda Magdalena, el bienestar no es un lujo: es un derecho. Y envejecer no debería ser una retirada, sino otra forma de estar en el mundo. Una forma tan legítima, rica y necesaria como cualquier otra etapa de la vida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/I1g9MLV11D4a_zXyMy0eO5ncwmg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/don_efrain_wachs_por_mario_fiorucci_mencion_de_honor_concurso_fotografico_navarro_viola.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La fundación impulsa vínculos, movimiento y voz propia entre personas mayores. Una apuesta a la inclusión activa.]]>
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                <published>2025-06-14T09:50:14+00:00</published>
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            Más que una residencia: un hogar con alma y movimiento
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                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/g_sBGIlqHlmSysMW4qmrKLvLitY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/el_edificio_de_galatea_amplio_luminoso_y_rodeado_de_verde_fue_disenado_desde_el_inicio_para_favorecer_el_encuentro_y_el_movimiento.JPG" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Desde el primer croquis pensamos en la residencia como un lugar de encuentro”, dice el arquitecto Fernando Cervini, uno de los responsables de Galatea, la residencia para personas mayores que abrió recientemente en Villa del Parque y que, lejos de parecer un lugar de paso, busca ser un verdadero hogar. “No solo habitaciones: espacios comunes amplios, con luz natural, salones cómodos, ventanales, sillones, vistas al exterior, y libertad para recibir a la familia en horarios flexibles. Hasta comparten meriendas o cenas juntos”.</p><p>El diseño arquitectónico, con sus zonas sociales y jardines internos, no es un detalle menor. Forma parte de un enfoque integral que combina bienestar emocional, movilidad y autonomía. No hay televisores en las habitaciones: una decisión que invita al encuentro, a salir, a sumarse. Y funciona. “El cambio se nota”, asegura Cervini.&nbsp;</p><p>“Implementamos una modalidad de trabajo centrada en la persona: diseñamos planes de cuidado personalizados y capacitamos al personal en habilidades empáticas y comunicativas”, señala Facundo Pérez Miranda, licenciado en Gerontología y director institucional de Galatea.</p>Un salón de Galatea: muebles clásicos, cuadros, luz artificial cálida y espacios pensados para el descanso y el encuentro.<p>La adaptación puede tomar tiempo, reconoce Cervini, pero el factor clave es invitar a participar. “Desde el primer día alentamos a los nuevos residentes a sumarse a las actividades: talleres, música, gimnasia. Eso los conecta con otros, con sus propios intereses, y evita el aislamiento”, cuenta. También tienen actividades cognitivas con una terapista ocupacional y &nbsp;otras con la psicogerontóloga que tiene la residencia.&nbsp;</p><p>“Aplicadas en conjunto, la estimulación cognitiva, física y emocional permite al adulto mayor envejecer de manera activa y significativa, mantener una rutina saludable y prevenir el deterioro acelerado”, resume el director institucional.</p><p>A medida que se integran, no solo mejora su estado de ánimo: también se nota físicamente. Según Cervini, “el espacio ayuda mucho. Acá pueden caminar, moverse, circular con libertad. A diferencia de un departamento cerrado, este entorno estimula la autonomía”. Esa combinación de movimiento, vínculo y estímulo, sumada al ajuste de medicación que realiza el médico gerontólogo, produce mejoras concretas. “Hay quienes llegan en silla de ruedas o con andador, y a los dos meses caminan con bastón, o incluso sin ayuda. No es magia. Es dignidad puesta en práctica”.</p>El comedor principal, con grandes ventanales, es también un espacio de encuentro para residentes y familiares.<p>“Quienes vienen de su casa suelen vivir el ingreso como un pequeño duelo. Por eso es clave respetar sus tiempos, trabajar el vínculo con la familia y crear un ambiente personalizado que les permita llevar sus fotos, libros, mantas o cuadros”, agrega Pérez Miranda.</p><p>Galatea propone un modelo de cuidado centrado en la persona, con actividades diarias que estimulan el cuerpo y la mente: musicoterapia, talleres de pintura, gimnasia con pelotas o aros, terapia ocupacional y ejercicios cognitivos personalizados. “Tenemos profesionales que trabajan según las capacidades de cada uno. Se trabaja con palabras, categorías, textos, imágenes. Todo está pensado para que cada residente sienta que puede seguir desarrollándose”.</p>Una residente de Galatea muestra con orgullo su participación en un taller de expresión plástica, parte de las actividades que estimulan la creatividad y el sentido de logro.<p>Pero quizá el diferencial más fuerte sea el vínculo con las familias. “No se trata solo de permitir visitas, sino de construir una relación de confianza”, explica Cervini. Desde compartir un café hasta participar de actividades, como una cantante lírica o los festejos de cumpleaños, todo está diseñado para mantener vivo el lazo. Incluso envían videos cortos a los familiares para mostrar avances en rehabilitación motora. “Es lento pero real, y ver ese progreso emociona a todos”.</p><p>Galatea no busca publicitarse como la mejor. Busca ser parte de una transformación más profunda: la de entender que envejecer no es retirarse del mundo, sino habitarlo de otra manera. Y eso empieza por ofrecer un lugar donde vivir siga siendo, ante todo, vivir.</p><p>Más información en: www.residenciagalatea.com</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/g_sBGIlqHlmSysMW4qmrKLvLitY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/el_edificio_de_galatea_amplio_luminoso_y_rodeado_de_verde_fue_disenado_desde_el_inicio_para_favorecer_el_encuentro_y_el_movimiento.JPG" class="type:primaryImage" /></figure>En un edificio luminoso de Villa del Parque, Galatea propone un modo de habitar la longevidad. Actividades, comunidad y un modelo de cuidado innovador en Buenos Aires.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-14T09:50:07+00:00</published>
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            Hackear el viejismo: cómo cambian las historias cuando cambiamos la mirada
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/hackear-el-viejismo-como-cambian-las-historias-cuando-cambiamos-la-mirada" type="text/html" title="Hackear el viejismo: cómo cambian las historias cuando cambiamos la mirada" />
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                <![CDATA[Sol Rodríguez Maiztegui]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rzmynjFH7IPipGTFxm685eoFaRw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/romper_estereotipos_tambien_es_mostrar_alegria_deseo_y_vitalidad_en_la_madurez_envejecer_no_es_apagarse_es_florecer_distinto.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Si cambias la vista del punto, aparece otro mundo”. La frase es del biólogo y divulgador Estanislao Bachrach, y aunque está dicha en el marco de la neurociencia y la creatividad, a mí me resuena como una invitación política y cultural. Porque cambiar la vista del punto no es solo mirar distinto. Es animarse a cuestionar lo aprendido, lo repetido, lo heredado sin revisión, y atreverse a imaginar nuevas formas de habitar el mundo.</p><p>Cada 15 de junio, Naciones Unidas propone visibilizar el buen trato hacia las personas mayores, como una forma concreta de garantizar sus derechos y promover una sociedad sin segregación y discriminación. Pero ¿qué es el buen trato? ¿Cómo se practica? ¿Dónde se juega?</p><p>Desde El Club de la Porota, propuesta de GeroComunicación que impulso, creemos que el buen trato va mucho más allá de las formas de cortesía o del gesto amable. El buen trato no es solo el “buen día” o el “¿le ayudo a cruzar la calle?”, sino que empieza en las narrativas. Se define en la manera en que hablamos, imaginamos y representamos a las personas mayores. El lenguaje, lo sabemos, no es inocente. Crea realidades. Y muchas veces, sin darnos cuenta, reproducimos estereotipos que limitan, que infantilizan, que excluyen.</p><p>Por eso desde hace tiempo venimos diciendo que el buen trato empieza por hackear el viejismo.</p>Hackear el viejismo<p>El viejismo (o edadismo) es una forma de discriminación basada en la edad. En este caso, contra las personas mayores. Es un prejuicio que atraviesa todos los planos de la vida social: las instituciones, los medios, las familias, los sistemas de salud, los espacios de participación. Se expresa en frases del tipo “ya estás grande para eso” o “no entendés porque sos viejo”, pero también en decisiones políticas que relegan a las personas mayores a un rol pasivo, asistencialista, como si fueran una carga o un problema.</p><p>Hackear el viejismo es cuestionar ese sistema de creencias que limita las posibilidades de la vejez. Es poner en jaque el mito de que todo lo bueno ya pasó. Es desarmar el binarismo juventud = vitalidad / vejez = decadencia. Es decir: las personas mayores no son un colectivo homogéneo ni un grupo residual, sino sujetos con historia, presente y proyectos de futuro.</p><p>Hackear el viejismo también es animarse a cambiar el punto desde donde miramos la vejez, las vejeces, la nueva longevidad. Al hacerlo aparece otro mundo. Un mundo en el que envejecer no es sinónimo de pérdida, sino de reconexión con otros ritmos, otras prioridades, otras formas de estar. Un mundo donde las personas mayores pueden estudiar, amar, decidir, desear, iniciar proyectos, trabajar, protestar, reinventarse.</p>El poder de las narrativas<p>En estos años, desde El Club de la Porota hemos escuchado y compartido decenas de historias que contradicen el imaginario dominante sobre la vejez. Mujeres que a los 70 se animaron a escribir su primer libro. Hombres que por primera vez aprendieron a decir “te quiero”. Parejas que se formaron en un centro de jubilados. Personas que empezaron terapia a los 80, que se sumaron a una marcha, que criaron nietos, que decidieron vivir solas, que viajaron solas, que se abrazaron a la edad como quien se abraza a sí mismo.</p><p>Estas historias, aunque reales, no circulan con la fuerza que tienen. Porque los medios y los discursos dominantes siguen instalando una imagen plana, simplificada, infantilizada o heroica de la vejez. Es hora de ampliar esa conversación. De sumar nuevas palabras, otros relatos, miradas más complejas y humanas.</p><p>El buen trato no puede existir sin representación digna. Porque lo que no se nombra, no existe, y lo que se nombra mal, se entiende peor. Si queremos una sociedad que trate bien a las personas mayores, necesitamos hablar bien de la vejez, sin eufemismos ni estigmas.</p>Del buen trato como política<p>La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, firmada por Argentina en 2017, plantea con claridad que envejecer no debe implicar perder derechos. Y uno de los ejes centrales de esa Convención es el derecho a la dignidad, a la autonomía y a la participación en todos los ámbitos de la vida.</p><p>El buen trato es, entonces, también una política. Una forma de organizar la vida pública para que todas las edades tengan lugar. Supone instituciones que consulten a las personas mayores, sistemas de salud que no las traten como descartables, medios de comunicación que las incluyan sin caricaturas, entornos urbanos accesibles, plataformas digitales amigables, y espacios culturales donde puedan expresarse sin pedir permiso.</p><p>Y claro, también supone vínculos interpersonales más empáticos, menos condescendientes, más reales. Porque no hay trato digno sin escucha activa. No hay inclusión sin diálogo.</p>Cambiar el mundo empieza por cambiar la vista del punto<p>El buen trato no es una fecha en el calendario. Es una práctica cotidiana que interpela nuestras palabras, nuestras decisiones, nuestras imágenes. Y que nos obliga a revisar la perspectiva desde la cual miramos la vejez.</p><p>Quizás por eso esa frase de Bachrach me acompaña tanto: “Si cambias la vista del punto, aparece otro mundo”. Es casi un lema porotero (ja!). Porque no queremos más del mismo mundo con retoques superficiales. Queremos un mundo distinto, verdaderamente inclusivo, para todas las edades. Y para eso hay que cambiar la vista del punto. Hay que dejar de mirar a la vejez desde el déficit, y empezar a mirarla como una etapa legítima, rica, diversa, potente.</p><p>Este 15 de junio, entonces, no solo digamos que hay que tratar bien a las personas mayores. Digamos también cómo. Y mostremos que se puede. Porque el buen trato empieza en la palabra, sigue en las políticas, y se concreta en los vínculos.</p><p>Desde El Club de la Porota lo decimos claro: hackear el viejismo es una forma de buen trato. Y de amor no solo hacia las personas mayores del presente sino también a las que aspiramos ser.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rzmynjFH7IPipGTFxm685eoFaRw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/romper_estereotipos_tambien_es_mostrar_alegria_deseo_y_vitalidad_en_la_madurez_envejecer_no_es_apagarse_es_florecer_distinto.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cambiar la forma en que hablamos de la vejez es parte del buen trato. Y también un acto de justicia social.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-14T09:49:59+00:00</published>
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            Envejecer en la Argentina, entre logros y deudas pendientes
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        <author>
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                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
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Es decir, sufre carencias no solo económicas, sino también en salud, vivienda, educación, vínculos y acceso a servicios básicos. Además, el 22% no tiene ingresos suficientes para llegar a fin de mes. El mito de la jubilación como tiempo de descanso y seguridad choca con una realidad de pensiones mínimas, trabajos informales y redes familiares desgastadas.</p>1 de cada 4 adultos mayores en la Argentina sufre pobreza multidimensional, afectando su bienestar en múltiples dimensiones más allá de lo económico.<p>"El problema no es solo vivir más, sino qué estructura social sostiene esa vida más larga", explica Solange Rodríguez Espínola, psicóloga e investigadora del ODSA. Según detalla, el 14% de las personas mayores experimenta sentimientos de soledad, cifra que crece con la edad y con la falta de vínculos significativos. “Una de cada cuatro personas mayores dice no tener amigos ni familiares cercanos con quienes sentirse contenida. Esto impacta directamente en su bienestar emocional y cognitivo”, advierte. También subraya que las mujeres y quienes no completaron la secundaria presentan mayores déficits en redes de apoyo.</p><p>A su vez, Carolina Garofalo, también psicóloga e integrante del equipo de investigación, sostiene que “los vínculos cercanos funcionan como una especie de capital social que sostiene frente a múltiples situaciones: desde sacar un turno médico hasta encontrar sentido vital tras la jubilación”. Y agrega: “La espiritualidad, el compromiso comunitario y la participación activa ayudan a transitar con más serenidad los miedos típicos de esta etapa: la pérdida, la enfermedad, la dependencia”.</p><p>Los datos también muestran que el 15% de los mayores carece de redes de contención social o emocional. Muchos pasan días enteros sin una conversación significativa. Otros son directamente víctimas de maltrato, especialmente las mujeres. Rodríguez Espínola advierte sobre los riesgos del edadismo y de estructuras familiares intergeneracionales mal equilibradas, donde las personas mayores ceden sus necesidades en función de los más jóvenes del hogar. “Esto suele perjudicar su salud física y emocional”, señala.</p><p>En los sectores de mayores ingresos, los indicadores cambian. Allí se observan más prácticas saludables, más autonomía, más participación comunitaria y mayor bienestar subjetivo. La longevidad puede ser una oportunidad... si hay con qué sostenerla.</p><p>La doctora María Dolores Dimier de Vicente, secretaria académica del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, lo resume con claridad: “Los déficits estructurales que atraviesan a las personas mayores son múltiples: económicos, vinculares y culturales. Su peso varía según el nivel socioeducativo, pero todos conviven. La falta de políticas públicas adecuadas promueve la precarización social”. Y apunta contra una cultura que margina: “Vivimos en una sociedad eficientista, que arrastra una ‘cultura del descarte’. Esa imagen de la vejez como incapacidad o deterioro profundiza la exclusión”.</p><p>Dimier insiste en recuperar la solidaridad intergeneracional: “Es una forma de prosperidad humana. Una generación proyecta futuro, la otra conserva memoria, linaje y sentido. Es clave para combatir la soledad y generar bienestar emocional”. Esta sinergia se articula sobre cuatro pilares —respeto, reciprocidad, responsabilidad y resiliencia— y puede encarnarse en prácticas cotidianas: desde tareas escolares compartidas entre nietos y abuelos, hasta programas de voluntariado, talleres culturales guiados por personas mayores o iniciativas de emprendedurismo senior. “Una sociedad para todas las edades no es solo un eslogan, es una invitación a diseñar espacios donde cada generación encuentre su lugar y su voz”, afirma Dimier.</p><p>También propone pensar en una “nueva longevidad”: activa, con participación social, con presencia en espacios laborales, comunitarios y culturales. “Sería una oportunidad para que un bono demográfico no se transforme en una deuda demográfica”, afirma.</p><p>La nota clave del informe: las desigualdades que arrastramos toda la vida se profundizan con la edad. El tiempo no empareja: al contrario, ensancha las brechas. Si queremos que el envejecimiento sea una etapa digna, autónoma y plena, no alcanza con agregar años a la vida. Hay que agregar vida —y justicia— a esos años. Como bien recordó la doctora Dimier de Vicente:</p><p>“Y si fuego es lo que arde en los ojos de los jóvenes, luz es lo que vemos en los ojos del anciano.” —Victor Hugo</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AbPQSX5poKufkPZ_RZO1x0c8fB4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/el_disfrute_la_ternura_y_el_juego_no_tienen_fecha_de_vencimiento_envejecer_tambien_puede_ser_reir_compartir_y_saborear_el_presente.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cada vez vivimos más, pero no todos viven mejor. Salud, vínculos, ingresos y autonomía: radiografía del envejecimiento en cifras.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-14T09:49:46+00:00</published>
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