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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-25T12:11:46+00:00</updated>
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            La nueva pandemia: buscan frenar la ludopatía infantil desde el Senado
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/la-nueva-pandemia-buscan-frenar-la-ludopatia-infantil-desde-el-senado" type="text/html" title="La nueva pandemia: buscan frenar la ludopatía infantil desde el Senado" />
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                <![CDATA[Chiara Lucerna]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/la-nueva-pandemia-buscan-frenar-la-ludopatia-infantil-desde-el-senado">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TP_AjgcDzf7qLs3xSHBfwSf-7yc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ludopatia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El país enfrenta una nueva patología de salud pública que se esconde en la pantalla de un smartphone: la ludopatía infantil. Lo que empezó como un entretenimiento inofensivo se transformó en un fenómeno de acceso masivo donde miles de menores quedaron expuestos a plataformas de apuestas digitales sin supervisión. Ante la inacción, el senador y ex gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, presentó en el Senado un proyecto de ley que propone poner un límite definitivo a una industria que hasta ahora operó en una "zona gris" normativa. Es la nueva droga que mata chicos y exige política y normas.</p><p>El eje central del proyecto es la protección del orden público y la salvaguarda de los derechos de los más chicos. La iniciativa prohibe toda forma de comunicación comercial que afecte, el rendimiento físico, mental o el bienestar financiero de los adolescentes. La propuesta, que se nutre de experiencias internacionales como el Whistle-to-Whistle ban británico o las restricciones publicitarias españolas, busca erradicar la publicidad agresiva durante eventos deportivos y bloqueó el acceso a sitios de juego desde el entorno educativo.</p><p>El proyecto no solo apunta a la publicidad tradicional, sino que plantea un desafío tecnológico sin precedentes: la implementación de filtros de verificación de identidad más rigurosos. La iniciativa exige a los operadores de juego online la adopción de protocolos de "autenticación fuerte", vinculados a bases de datos biométricas o registros nacionales de identidad, para impedir que los menores evadan los controles mediante cuentas de terceros. Con eso, se combaten las cuentas prestadas o de datos falsos, una práctica que facilita el acceso descontrolado de adolescentes a plataformas exclusivas para adultos.</p><p>Asimismo, la propuesta de Zamora instala un debate necesario sobre la responsabilidad de los proveedores de servicios de Internet y las tiendas de aplicaciones. El texto plantea la obligatoriedad de habilitar herramientas de bloqueo parental preinstaladas y la colaboración directa con las autoridades para el desmantelamiento inmediato de sitios que operan sin licencia en territorio nacional. Al responsabilizar a los intermediarios tecnológicos, el proyecto busca cerrar el cerco sobre el mercado ilegal, el cual, al operar en la clandestinidad, no solo evade impuestos, sino que se convierte en el principal canal de captación de los sectores más jóvenes y vulnerables.</p><p>El mecanismo de control fue contundente: el proyecto previó sanciones económicas severas. Pero la clave no está solo en la multa, sino en el destino de esos fondos: la reinversión obligatoria en programas de educación, concientización y tratamiento para adicciones. "Estamos ante un negocio que lucra con el futuro de nuestros jóvenes", advirtió el proyecto impulsado por Zamora, quien señaló que la urgencia radica en equilibrar la cancha: la tecnología dejó de ser una herramienta segura para el desarrollo cognitivo y se transformó en un método de captación y adicción.&nbsp;</p><p>Para que esta ley resulte efectiva, el Estado garantiza que la prohibición no sea letra muerta. El desafío no es solo técnico —bloquear IPs o impedir registros—, sino cultural. El objetivo desmantela la narrativa del "dinero fácil" que penetró en el sistema educativo y en el día a día de millones de chicos. En una era donde el algoritmo conoció los deseos del usuario mejor que los padres, la intervención estatal es el último dique de contención para una generación que corrió el riesgo de caer en las garras de una adicción invisible, pero devastadora.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TP_AjgcDzf7qLs3xSHBfwSf-7yc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ludopatia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Gerardo Zamora busca evitar publicidades, bloquear páginas en zonas escolares. Familia y colegio: socios necesarios.]]>
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                                <category term="saludmental" label="#SaludMental" />
                <updated>2026-04-25T12:11:46+00:00</updated>
                <published>2026-04-25T12:11:39+00:00</published>
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            El lado B de las infecciones de transmisión sexual: lo que las cifras no cuentan
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/el-lado-b-de-las-infecciones-de-transmision-sexual-lo-que-las-cifras-no-cuentan" type="text/html" title="El lado B de las infecciones de transmisión sexual: lo que las cifras no cuentan" />
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                <![CDATA[Luciana Spadaccini]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-lado-b-de-las-infecciones-de-transmision-sexual-lo-que-las-cifras-no-cuentan">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4XduvZCLezSGBaDQQvlXIDY_pL8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/its.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Según el Boletín Epidemiológico Nacional N° 790, durante 2025 se confirmaron en Argentina 46.613 casos de sífilis en la población general, lo que representó un aumento del 71% en comparación con el período 2020-2024.</p><p>Los primeros datos de 2026 indican que la tendencia no se ha revertido: entre el 4 y el 10 de enero se confirmaron 1.092 casos, un incremento del 109% respecto a la mediana histórica para esa misma semana.</p><p>Las cifras son contundentes. Sin embargo, el aumento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) no puede explicarse únicamente por falta de información o por decisiones individuales aisladas. Para comprender lo que está ocurriendo es necesario ampliar la mirada e incorporar dimensiones de la sexualidad que siguen quedando fuera del análisis sanitario.</p>Más allá del “riesgo”: cuando la estadística borra el contexto<p>En el campo de las ITS, el concepto de “riesgo” refiere a la probabilidad de adquirir o transmitir una infección según determinadas prácticas. Es una categoría útil para medir y comparar.</p><p>El problema aparece cuando se utiliza de manera aislada y simplifica realidades complejas. Hablar de “conducta de riesgo” puede sonar técnico y objetivo, pero con frecuencia invisibiliza el contexto en el que esa práctica ocurrió:</p>Desigualdades socialesDificultades para negociar el cuidadoConsumo de sustanciasSituaciones de vulnerabilidad<p>Este enfoque tiende a concentrar la responsabilidad únicamente en la persona, dejando en segundo plano el acceso real a herramientas de prevención, el acompañamiento profesional y el rol del sistema de salud.</p><p>En el abordaje de las ITS, el riesgo nunca es sólo biológico. Para comprenderlo de manera integral, es necesario considerar el entorno en el que las personas viven su sexualidad.</p>El problema no es el deseo<p>El deseo no desaparece porque exista riesgo. La búsqueda de placer, intimidad o conexión forma parte de la experiencia humana.</p><p>El desafío no es eliminar el deseo, sino acompañarlo con herramientas de cuidado. Cuando la prevención se basa únicamente en el miedo o la advertencia, pierde eficacia.</p><p>La experiencia acumulada en salud pública muestra que negar o intentar disciplinar la sexualidad no reduce la incidencia de ITS. En cambio, integrar estas dimensiones en el trabajo cotidiano de los equipos de salud permite diseñar estrategias más realistas y sostenibles.</p>Sexualidad, consumo y salud mental<p>El consumo de sustancias, ya sea recreativo o problemático, forma parte de algunas dinámicas sexuales. Estas prácticas suelen estar atravesadas por contextos de soledad, angustia, estrés o necesidad de desinhibición.</p><p>Sin embargo, estos temas continúan siendo difíciles de abordar, tanto para quienes consultan como para quienes atienden. Muchas veces se trata la infección, pero no se conversa sobre el contexto en el que ésta ocurre.</p><p>Sin espacios de diálogo abiertos y sin juicio, resulta complejo construir estrategias de cuidado que sean efectivas en el tiempo.</p>La medicina incómoda: el silencio que perpetúa el riesgo<p>El problema no es únicamente cultural, también es profesional. La formación médica tiende a centrarse en lo biológico, dejando en segundo plano las dimensiones sociales y culturales de la sexualidad.</p><p>Persiste el temor de que hablar de deseo o consumo implique validación. Sin embargo, la evidencia indica que la información clara y los espacios de escucha mejoran los resultados en salud. El silencio, en cambio, perpetúa el riesgo.</p><p>Existe además una moral implícita que atraviesa tanto al sistema sanitario como a la sociedad. No siempre se expresa en palabras, pero aparece en lo que no se pregunta y en los temas que se evitan.</p>Una mirada más amplia<p>Revertir el aumento de las ITS en requiere un abordaje que combine información, acceso efectivo a métodos de prevención, escucha y comprensión.</p><p>No se trata de pedir que las personas deseen menos, sino de generar condiciones para que puedan cuidarse mejor.</p><p>Mientras la prevención se limite exclusivamente a lo biológico y deje fuera las realidades concretas en las que las personas viven su sexualidad, las estrategias seguirán siendo incompletas. Diagnosticar y tratar es indispensable, pero no suficiente.</p><p>Ampliar la mirada es parte de la respuesta.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4XduvZCLezSGBaDQQvlXIDY_pL8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/its.png" class="type:primaryImage" /></figure>Los casos de sífilis se duplicaron en enero 2026. Factores sociales y la necesidad de explicar para prevenir enfermedades.]]>
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                                <category term="cuerpo-y-mente" label="Cuerpo y mente" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-03-01T09:15:00+00:00</published>
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            Día mundial de las Enfermedades Raras o Poco Frecuentes: una oportunidad para visibilizar
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/dia-mundial-de-las-enfermedades-raras-o-poco-frecuentes-una-oportunidad-para-visibilizar" type="text/html" title="Día mundial de las Enfermedades Raras o Poco Frecuentes: una oportunidad para visibilizar" />
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                <![CDATA[Daniela Aza]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/dia-mundial-de-las-enfermedades-raras-o-poco-frecuentes-una-oportunidad-para-visibilizar">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Z28iKyq1XG13y7tQkj7p442sskI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/enfermedades.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Angustia e incertidumbre. Eso sintieron mis padres cuando por fin descubrieron mi diagnóstico allá en 1984: Artrogriposis Múltiple Congénita, una de las más de 8000 condiciones poco frecuentes de las que se tiene poco conocimiento e información. Y constantemente pienso en qué hubiera sucedido si mi tratamiento no hubiera sido acertado o no hubiera tenido los recursos. Tal vez no caminaría o a lo mejor ni siquiera podría moverme. O al menos eso dijeron los médicos. En este arduo camino, fue fundamental el apoyo médico, el diagnóstico temprano y el trabajo constante en pos de mejorar la calidad de vida a través de apoyos y herramientas. Sin embargo, mi suerte no es la de muchos.</p><p>Este 28 de febrero conmemoramos el Día Mundial de las Enfermedades Raras o Poco Frecuentes, una oportunidad para reivindicarlas y fomentar su tratamiento e investigación para mejorar la calidad de vida de tantas personas que atraviesan condiciones invisibilizadas. Es una fecha en que se nos presenta la esperanza como motor entendiendo que solamente mirando al futuro con optimismo podremos avanzar para su visibilidad y reconocimiento ya que, al fin y al cabo, un diagnóstico nunca es un destino cerrado o delimitado, sino que existen múltiples oportunidades en las que podemos trabajar para construir ese destino de la mejor manera posible.</p>¿Qué son las Enfermedades Poco Frecuentes?<p>Las enfermedades poco frecuentes (EPOF o EPF) o raras, son aquellas que se presentan con escasa frecuencia en la población general y afectan a un número reducido de personas en una población determinada. En nuestro país, en el año 2011 se sancionó la Ley Nacional de Enfermedades Poco Frecuentes - Ley N° 26689, cuyo propósito es promover el cuidado integral de la salud de las personas con EPF y mejorar la calidad de vida de ellas y sus familias.</p><p>En este sentido, resulta clave facilitar el derecho a la salud, promover un diagnóstico temprano y certero brindando recursos y herramientas. La conciencia, investigación e información, políticas que tiendan puentes entre una persona con cierta condición y su tratamiento, generación de redes entre especialistas; estas parecen ser algunas de las salidas hacia una perspectiva que tienda a pensar a las enfermedades raras desde la diversidad y no como una mera anomalía o falla de la persona.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Z28iKyq1XG13y7tQkj7p442sskI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/enfermedades.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Se conmemora el 28 de febrero. Una fecha para pedir oportunidades reales.]]>
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                                <category term="cuerpo-y-mente" label="Cuerpo y mente" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-02-28T04:57:59+00:00</published>
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        <title>
            Música, plazas y noches largas: la agenda que no se toma vacaciones
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/musica-plazas-y-noches-largas-la-agenda-que-no-se-toma-vacaciones" type="text/html" title="Música, plazas y noches largas: la agenda que no se toma vacaciones" />
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/musica-plazas-y-noches-largas-la-agenda-que-no-se-toma-vacaciones">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y8rWKZVE1VP9lyjZ5PwcxGPHNYQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/verano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un verano con identidad porteña<p>Durante los meses de calor, Buenos Aires confirma algo que ya es parte de su ADN: no se apaga, se reinventa. Lejos de vaciarse, la Ciudad despliega una agenda que combina cultura, música, espacio público y gastronomía, pensada para vecinos y visitantes que eligen quedarse y disfrutarla desde otro ritmo.</p><p>La programación de Verano en Buenos Aires se desarrolla en el marco de BA 24 horas, una política urbana que extiende horarios, mejora la circulación nocturna y consolida una ciudad más viva, segura y conectada. El objetivo es claro: más tiempo para disfrutar, más barrios activos y más experiencias accesibles, descentralizadas y al aire libre.</p><p>El resultado es una oferta diversa, gratuita en muchos casos, y distribuida en toda la Ciudad, con propuestas para jóvenes, familias, adolescentes y público general.</p>Música, encuentros y atardeceres urbanosAtardeceres<p>24, 25 y 31 de enero – 1, 7 y 8 de febrero – 18 a 22 h – Parques y plazas de la Ciudad</p><p>Un ciclo de música al aire libre que lleva propuestas artísticas a distintos barrios para disfrutar el verano sin irse lejos. Atardeceres convierte parques y plazas en espacios de encuentro cotidiano, donde la música y el aire libre transforman cada tarde en un plan cercano y accesible.</p><p>La experiencia se potencia con activaciones pensadas para el público: pórtico refrescante, zona Outfit Check con espejos, bicicletero, freestylers y beatboxers, bailarines, burbujero, photo opportunity, foodtrucks y un patio gastronómico con puestos de hidratación para recargar botellas.</p><p>El ciclo se desarrolla durante tres fines de semana, con dos locaciones en simultáneo por jornada.Los sábados están orientados a un público joven, con bandas de indie, pop rock y urbano, show principal y cierre con DJ.Los domingos ofrecen una experiencia más familiar y popular, con peña, folklore y cierre con karaoke.</p><p>Fechas y sedes&nbsp;</p>24 y 25 de enero: Parque Los Andes (Chacarita) y Plaza Irlanda (Caballito)31 de enero y 1 de febrero: Parque Rivadavia (Caballito) y Parque Ferroviario (Colegiales)7 y 8 de febrero: Parque Los Andes (Chacarita)Corrientes 24 h<p>24 y 31 de enero – 7, 14, 21 y 28 de febrero – a partir de las 22:30 – Av. Corrientes</p><p>Durante el verano, la Avenida Corrientes vuelve a convertirse en un escenario a cielo abierto. En distintas noches de enero y febrero, la calle más emblemática de la Ciudad se activa con intervenciones de cine, milonga y música en vivo, junto a artistas destacados que aparecen en formato pop-up y generan encuentros espontáneos con vecinos y transeúntes.</p><p>Una invitación a redescubrir la noche porteña, caminar la Ciudad y dejarse sorprender.</p>Plan after office y cultura urbanaAfters BA<p>28 de enero – Belgrano: Via Viva de 18 a 22 h – Zonas gastronómicas de la Ciudad</p><p>Un ciclo pensado para disfrutar la Ciudad después del trabajo. Afters BA propone intervenciones de música electrónica al aire libre que activan zonas gastronómicas y acompañan el desarrollo económico, transformando distintos puntos urbanos en espacios de encuentro al final del día.</p><p>La propuesta recorre áreas con fuerte presencia de oficinas y centros corporativos, ofreciendo un plan accesible para cortar la semana, relajarse y encontrarse en un entorno cuidado y bien conectado.</p>Propuestas para chicos y familiasVerano en las Plazas<p>22 de enero al 20 de febrero – Jueves y viernes – a partir de las 17 h – Plazas de 15 comunas</p><p>Durante cinco semanas, todos los jueves y viernes, la programación se despliega en simultáneo en plazas de distintas comunas con propuestas lúdicas, artísticas y recreativas para los más chicos. La agenda incluye desafíos deportivos, activaciones en calesitas, búsquedas del tesoro, artistas itinerantes, acróbatas, talleres creativos y espectáculos familiares.</p><p>Fechas y sedes&nbsp;</p><p>22 y 23 de enero</p>Plaza Primero de Mayo (Comuna 3 · Balvanera): Hipólito Yrigoyen y PascoPlaza Unidad Nacional (Comuna 8 · Villa Lugano): Murguiondo y Delfín GalloParque Los Andes (Comuna 15 · Chacarita): Av. Corrientes y Av. Jorge Newbery<p>30 y 31 de enero</p>Plaza Almagro (Comuna 5 · Almagro): Sarmiento y BulnesParque Avellaneda (Comuna 9 · Parque Avellaneda): Av. Directorio y Av. LacarraPlaza Echeverría (Comuna 12 · Villa Urquiza): Bauness y Nahuel Huapi<p>5 y 6 de febrero</p>Parque Vicente López y Planes (Comuna 2 · Recoleta): Montevideo y JuncalPlaza Giordano Bruno (Comuna 6 · Caballito): Bacacay y ParralPlaza Ejército de los Andes (Comuna 10 · Villa Luro): Av. Rivadavia y Corvalán<p>12 y 13 de febrero</p>Plaza Matheu (Comuna 4 · La Boca): Irala y MagallanesPlaza Roque Sáenz Peña (Comuna 11 · Villa General Mitre): Av. Juan B. Justo y Av. BoyacáParque Las Heras (Comuna 14 · Palermo): Salguero y Juncal<p>19 y 20 de febrero</p>Parque Lezama (Comuna 1 · San Telmo): Brasil y DefensaParque Chacabuco (Comuna 7 · Parque Chacabuco): Av. Asamblea y CurapaligüePlaza Juan José Paso (Comuna 13 · Colegiales): Moldes y Virrey Arredondo<p>Entrada libre y sin costo. En caso de lluvias, la actividad será suspendida.</p>Cultura joven y nuevos lenguajesVerano en los Anfiteatros<p>12, 13, 19, 20, 26 y 27 de febrero – Jueves y viernes – a partir de las 17 h – Anfiteatros de la Ciudad</p><p>Una propuesta dirigida a adolescentes de 13 a 17 años, que se desarrolla en anfiteatros recientemente reacondicionados. Durante seis jornadas, la programación combina danzas y músicas urbanas con jornadas temáticas inspiradas en el universo manga, animé y la cultura pop asiática.</p><p>Fechas y sedes&nbsp;</p>12 y 13 de febrero: Anfiteatro Monseñor de Andrea (Jean Jaures y Av. Córdoba)19 y 20 de febrero: Anfiteatro Plaza Irlanda (Neuquén y Almte. F. J. Seguí)26 y 27 de febrero: Anfiteatro Parque Chacabuco (Curapaligüe y Zuviría)Verano Joven BA<p>21 y 22 de febrero – 17 a 21 h – Parque Saint Tropez</p><p>Una experiencia que combina gastronomía y música en vivo con el encanto de las puestas de sol en la Ciudad. Pensada como punto de encuentro juvenil, la propuesta invita a apropiarse del espacio público en el Parque Saint Tropez, en Costanera Norte, y cerrar el día al aire libre con el ritmo propio del verano.</p>Naturaleza y juego urbanoVerano en el Parque de la Ciudad<p>De martes a domingo – de 8 a 20 h</p><p>El Parque de la Ciudad se convierte en un verdadero oasis urbano de 23 hectáreas. Lagos, senderos naturales, juegos y actividades con agua, zonas de refresco con sombra y aspersores, parques de inflables, camas elásticas y actividades deportivas como fútbol, básquet y vóley con torneos y desafíos recreativos.</p><p>La propuesta se completa con un patio de comidas con foodtrucks, ideal para pasar el día completo en familia o con amigos.</p>Un verano para quedarse<p>Con propuestas distribuidas en toda la Ciudad, entrada libre en muchos casos y una agenda pensada para distintos públicos, Buenos Aires confirma que el verano no es un paréntesis, sino una oportunidad para vivirla distinto. Más tiempo, más espacio público y más experiencias hacen que, incluso en enero y febrero, la Ciudad siga siendo protagonista.</p><p>Más información aquí.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y8rWKZVE1VP9lyjZ5PwcxGPHNYQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/verano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Festivales, plazas activas y noches extendidas: Buenos Aires despliega su mejor versión durante el verano.]]>
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                                <category term="sin-hashtag" label="Sin Hashtag" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-22T19:48:32+00:00</published>
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        <title>
            Ayuno intermitente: argumentos a favor y en contra
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/ayuno-intermitente-argumentos-a-favor-y-en-contra" type="text/html" title="Ayuno intermitente: argumentos a favor y en contra" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Luciana Sabina]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/ayuno-intermitente-argumentos-a-favor-y-en-contra">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/noFGsJSlAokHbfhLjfxP_MMGyAc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/ayuno.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos años, el ayuno intermitente se convirtió en uno de los temas más comentados en salud y nutrición. Para algunos es una herramienta que trae mayor energía, claridad mental y bienestar integral; para otros, no ofrece beneficios superiores a una dieta tradicional y puede generar riesgos si no se aplica con cuidado.</p>“Sentirme bien con energía estable”<p>Anabel Angemi, creadora de contenido vinculada al yoga y la meditación, decidió explorar el ayuno intermitente con un enfoque integral. “Lo que me motivó a comenzar, es la salud a largo plazo y el bienestar físico, poder sentirme bien con una energía estable”, nos explica Anabel.</p><p>Destaca algo muy importante en cuanto a su experiencia: fue acompañada por profesionales de la medicina funcional que la asesoraron no solo sobre el ayuno en sí, sino también sobre nutrición, salud hormonal y estado emocional. Para Anabel, un cuerpo sano y una mente regulada son parte de cualquier práctica de salud.</p><p>En su experiencia, algunos de los efectos más destacados fueron la reducción de inflamación interna, sensación de digestión más ligera y descanso para el sistema digestivo. “El intestino es el segundo cerebro —dice— como comemos, pensamos.”</p><p>Desde la perspectiva científica, algunos estudios observan que distintas modalidades de ayuno pueden asociarse con mejoras modestamente favorecedoras para la inflamación y ciertos marcadores metabólicos en personas con sobrepeso o factores de riesgo cardiometabólico.</p>La experiencia del ayuno prolongado<p>Anabel también compartió lo que significó para ella un ayuno de nueve días —más allá de lo físico, en el plano mental y espiritual. “Lo que quise fue explorar la autofagia desde un lugar más introspectivo, activar el servicio de limpieza del cuerpo para eliminar lo que lo envejece y lo que lo enferma”, relata.</p><p>Habló de entrar en cetosis, el proceso bioquímico que ocurre cuando el cuerpo deja de usar azúcar como energía y empieza a quemar grasa. Para ella, ese cambio implicó claridad mental, foco sostenido y una sensación profunda de conexión espiritual y conciencia.</p>Anabel Angemi nos habla sobre los beneficios que encuentra en el Ayuno Intermitente.“No es una solución milagrosa”<p>Frente a estas experiencias personales, la nutricionista Patricia Bahnson ofrece otra mirada. Para ella, el ayuno intermitente puede ser una estrategia válida y efectiva para bajar de peso, pero con una aclaración clave: no es milagroso ni superior a una dieta de restricción calórica tradicional.</p><p>Patricia explica que los beneficios observados en muchos casos se deben a un déficit calórico general: “si el objetivo es bajar de peso, el ayuno solo funcionará si hay una restricción de calorías. Ayunar para luego comer en exceso no traerá resultados”, advierte.</p><p>La literatura científica respalda esta posición. Un importante ensayo del New England Journal of Medicine -que ella misma cita- comparó una dieta basada en ayuno intermitente con una dieta de la misma cantidad de calorías sin restricción horaria, y no encontró diferencias significativas en la reducción de peso, circunferencia de cintura, glucosa, insulina ni lípidos plasmáticos entre ambos grupos. Otro estudio publicado en JAMA Internal Medicine llegó a conclusiones similares: los beneficios para la pérdida de peso y salud metabólica eran similares entre quienes restringían horarios y quienes simplemente controlaban calorías.</p>¿Y los mitos?<p>Patricia desmitifica varias creencias comunes: no es cierto que el ayuno sea superior para quemar grasa, ni que ofrezca ventajas exclusivas sobre una dieta bien planificada. Tampoco se puede “comer lo que se quiera” en la ventana alimentaria y esperar resultados positivos.</p><p>Además, subraya la importancia de cubrir todos los nutrientes esenciales durante los periodos de ingesta y de planificar la estrategia con un nutricionista que pueda evaluar las necesidades individuales.</p>La nutricionista Patricia Bahnson señala que los estudios sobre el Ayuno Intermitente demuestran que no ofrece ventajas adicionales, comparado con el déficit calórico clásico.¿Para quién es y para quién no?<p>En su recomendación, la nutricionista señala que no es adecuado para todos: está contraindicado para menores de 12 años, personas embarazadas, personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, adultos mayores de 70 años o personas con bajo peso (IMC &lt; 18,5).</p><p>Esta precaución tiene respaldo en la literatura, que alerta sobre posibles riesgos de trastornos alimentarios, cambios en la relación con la comida y, en ciertos casos de salud como diabetes con medicación, hipoglucemia si no se ajusta el tratamiento.</p>Una práctica para conversar, no dictaminar<p>Lo que surge de estas dos voces —una que comparte una experiencia profundamente positiva, y otra que pondera con mesura los beneficios y los límites— es que el ayuno intermitente no es una verdad universal, sino una herramienta que puede funcionar para algunas personas y no para otras, siempre acompañadas por un respaldo profesional.</p><p>La evidencia científica actual muestra que puede ayudar a perder peso y mejorar ciertos marcadores metabólicos, pero en general no supera a una dieta bien estructurada con déficit calórico. Además, sus efectos pueden depender de muchos factores, como la calidad de los alimentos y estilo de vida general.</p><p>En definitiva, el ayuno intermitente no es una receta única ni una moda cerrada, sino una práctica que sigue siendo observada, discutida y estudiada. Mientras algunas personas encuentran en él una herramienta de bienestar físico, mental y espiritual, otras advierten que sus beneficios no difieren de los de una alimentación equilibrada y sostenida en el tiempo. La ciencia, lejos de dar un veredicto definitivo, continúa explorando sus alcances, sus límites y sus posibles riesgos. En ese terreno aún abierto, la información, el acompañamiento profesional y la escucha del propio cuerpo parecen ser, por ahora, los puntos de encuentro entre ambas miradas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/noFGsJSlAokHbfhLjfxP_MMGyAc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/ayuno.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Una práctica en debate vista desde el enfoque integral de Anabel Angemi y la mirada nutricional de Patricia Bahnson.]]>
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                                <category term="cuerpo-y-mente" label="Cuerpo y mente" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-12-21T01:56:29+00:00</published>
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        <title>
            Balances: entre el &quot;íspa&quot; que duele y el amor de Esther
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/balances-entre-el-ispa-que-duele-y-el-amor-de-esther" type="text/html" title="Balances: entre el &quot;íspa&quot; que duele y el amor de Esther" />
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/balances-entre-el-ispa-que-duele-y-el-amor-de-esther">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/19GYHu4tQgSQ6VsefuT22qu7FYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/balance.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando se acerca fin de año, quién sabe por qué, amanece en la mente de los hombres la innecesaria idea de hacer un balance. Llega el momento de imaginar las vacaciones, el Vitel Toné, sinónimo de decadencia creativa, la caja navideña, el aguinaldo, los brindis presenciales de todos los grupos de WhatsApp y nos traicionamos, sin razón aparente, con la postulación imbécil del tipo “¡este año fue un desastre!” o “buen año, este”. "Lástima el íspa” o “si Esther no me hubiera dejado en marzo, el año habría terminado bien”. Como si tu realidad individual pudiera abarcar las contingencias generales y definir un período de tiempo que seguro es distinto para cada uno de nosotros. Como si la vida se resumiera en un conjunto de errores o aciertos independientes en un lapso determinado.</p><p>Siempre tuve la impresión de que no hay nada más inexacto, impreciso e innecesario que un balance de nosotros sobre nosotros mismos. La selección de eventos a evaluar siempre es injusta y la valoración que hacemos es siempre descansando en lo que nuestro corazón y nuestra autoestima puedan resistir. Nos traicionamos porque no podemos ir en nuestra contra. Además, es especialmente difícil que logremos castigarnos con el recuerdo de un error garrafal de junio si cuatro meses después, por ejemplo, nos ganamos la lotería. Primero, porque el error garrafal queda en el olvido. Y luego, porque la decisión de jugarse la vida en el azar pasa a ser protagonista y borra los errores, maquilla el amor y hasta puede definir quiénes somos. Nada más injusto que eso. Nada más volátil que el azar.</p><p>No hagan balances, señores. Y si lo hacen, que sea un balance superficial, ligero, liviano, en un café de barrio, frente a una picadita estéril y dos copas de malbec. Y, sobre todo, tengamos el cuidado de hacerlo sentado con un par de amigos que piensan más en los ajustados breteles de la parroquiana de la derecha que en nuestras palabras vacías de sentido.</p><p>Sí es así, sí. Que venga el balance.&nbsp;</p><p>En esta humilde columna quincenal vamos a sucumbir a la idea de evaluar lo que hemos vivido. Acostumbrados a la idea central de revalorizar el pasado, de hacer renacer lo que fuimos desde la nostalgia, les propongo una evaluación general. Una postulación completa y arriesgada de lo que somos y lo que fuimos. Seguramente será injusta y posiblemente será incompleta. Pero si la idea es hacer balances, el desafío será atravesar los temores y las dudas que suponen las comparaciones entre el pasado y el futuro. Y hacerlo con todo el contexto que nos rodea. Superando el dolor de lo que pudimos ser. Y la angustia por lo que ya no seremos.</p><p>Empecemos pensando en aquel país que nos mostraron nuestros padres en los 70 y los 80. Y avancemos en un balance más social que particular. Un balance con menos grietas y más amor.</p><p>En nuestra infancia había una Argentina que caminaba con paso de barrio. Un país que se movía al ritmo de la heladera Garef que zumbaba en la cocina, del portón que chirriaba al abrirse cada mañana y del grito del sodero que dejaba los sifones de vidrio en la puerta. Era un país reconstruyéndose desde los cimientos, saliendo de la sombra hacia una luz incierta, pero luz al fin. Y ese movimiento, todavía tembloroso, tenía algo de épica silenciosa.</p><p>La vida cotidiana en Villa Luro era austera, pero abundante en significados. Alcanzaba con recorrer alguna de sus calles y descubrir la verdulería con cajones de madera que perfumaban la esquina; o el almacén con ese olor a mezcla de quesos, jamón crudo y galletitas Manón; o la peluquería de dos sillones donde el diario del día y las revistas del corazón eran biblias contemporáneas. Todo tenía una textura más física, más humana, más cálida. Y aunque no sobraba nada, parecía que alcanzaba todo.</p><p>En las veredas, la infancia hacía patria. Los chicos jugábamos hasta que la luz del día se apagaba como una llama, y solo volvíamos a casa cuando el aire empezaba a oler a los puchos de los adultos que charlaban sentados en sillas de madera. Jugar a la pelota era un verdadero mundial improvisado; cada pozo en la vereda era un obstáculo heroico y cada buzo, un poste reglamentario. La calle pertenecía a nosotros, y nosotros pertenecíamos al barrio.</p><p>Había también una educación emocional que nadie nombraba, pero todos seguían. Los mayores tenían autoridad sin levantar la voz. El “permiso”, el “por favor” y el “gracias” eran pilares inamovibles, casi como reglas del tránsito social. La palabra era una especie de documento interno con el que, si alguien prometía algo, lo cumplía. Y si se equivocaba, pedía disculpas. En el fondo, todos sabíamos que vivir en el barrio era también convivir con el otro.&nbsp;</p><p>La política, con sus trajes anchos, sus discursos largos y su fervor recién recuperado, era un ritual colectivo. El país entero parecía escuchar las radios y los televisores como si fueran templos hogareños en los que se procesaban emociones nuevas como la esperanza, el miedo y la renovación. Se discutía con pasión, sí, pero también con criterio; y se escuchaba al otro para entenderlo, no para vencerlo. Y en medio de esas conversaciones de sobremesa, más de una familia reconstruyó su propio mapa moral. Aunque después descubrimos que los años de plomo se cobraron las víctimas de la intolerancia en su mayor y más triste expresión.</p><p>Gracias a Dios, la Argentina no quedó congelada en esos años. Supimos superar a los años oscuros y algunos salieron sanos y salvos. Aunque heridos en el alma. El país creció, mutó, se aceleró. Los 90 trajeron vértigos, y el nuevo siglo, incertidumbre. Cumpleaños tras cumpleaños, algunas muertes después y casi sin darnos cuenta llegamos a hoy, a esta Argentina hiperconectada, ansiosa, un poco cansada y un poco menos sabia. Los barrios cambiaron. Donde estaba el videoclub, hoy tenés una farmacia abierta las 24 horas; donde había un almacén, apareció un chino con ofertas que se renuevan todos los días y vinos de dudoso origen; y donde pasaba el camión de la basura con la campana metálica, hoy pasan barrenderos con auriculares inalámbricos. Las plazas están más iluminadas, los colectivos son más limpios, los autos más seguros. El amor es tal vez lo único que no cambió, porque, como siempre y como corresponde, las mujeres deciden. Y los hombres creen que definen.</p><p>Sin embargo, algo se perdió en el camino. Ya nadie se queda a conversar en la puerta de casa. Las rejas se hicieron más altas y las persianas más rápidas. Los chicos juegan en pantallas lo que antes jugábamos en las veredas, y los vecinos, que sabían la historia completa de la cuadra, hoy apenas se reconocen por cortesía. La palabra, una verdadera moneda de oro, perdió parte de su valor y se devalúa rápido entre promesas rotas, tuits impulsivos y enojos sin sentido.</p><p>Aunque, para ser justos, debemos reconocer que algo aprendimos. Hoy somos más conscientes de nuestros derechos y también nos animamos a denunciar lo que antes callábamos. Hay más información, más acceso a la salud, más posibilidades de estudiar a distancia, de viajar y de ver el mundo. La tecnología nos regaló herramientas que los 80 jamás soñaron: podés hablar con un amigo que vive a miles de kilómetros, seducir con un mach inentendible, encontrar fotos viejas de tu abuela y hacerlas video para ver cómo bailaba en blanco y negro. Y hasta es posible ver cómo la panadería se hace gourmet, el café lo hace un tipo que se hace llamar barista y el peronismo se fagocita a sí mismo sorbiendo el veneno de una mujer que lo traicionó.</p><p>La Argentina de hoy no es esa postal amarillenta que guardamos en la memoria, pero tampoco es su negación. Es, quizás, una mezcla imperfecta, más conectada pero más sola, más equipada pero menos comunitaria, más rápida pero menos profunda. Y sin embargo, cuando el calor del verano cae sobre las calles o cuando una tormenta sacude los árboles y los deja perfumando la noche, algo de aquel país se filtra de nuevo, como un reflejo en el agua. A veces es un olor que mezcla el aroma a café con leche con la humedad de un pasillo viejo. Otras, un tango de Pugliese que suena en la AM, o un vecino que dice “¿cómo anda, maestro?” con una familiaridad que nos parecía extinguida.</p><p>Sepa el mundo que ríe en el estúpido carnaval carioca de los casamientos que la nostalgia no es sólo tristeza. Es también gratitud. Y ella nos recuerda que hubo un tiempo en que fuimos más chicos pero el mundo parecía más grande, más noble, más comprensible. Y quizás, en el rincón más profundo de nuestro recuerdo, sepamos que parte de esa Argentina todavía vive dentro de nosotros. Que cada gesto amable, cada palabra cumplida, cada reunión entre vecinos, cada mate compartido sin apuros, cada beso esquivo, cada guiño del pasado que asoma en una esquina del barrio, es en realidad una manera de rendir homenaje a quienes fuimos.</p><p>Porque al final del día, la Argentina de nuestra infancia no se fue del todo. Habita en el recuerdo del barrio en que nacimos. Y si prestamos atención cuando hagamos nuestro balance, tal vez podamos descubrir que algo de aquél espíritu infantil y soñador, aunque sea fragmentado, seguirá guiándonos para descubrir esta Argentina que intenta, una y otra vez, reencontrarse consigo misma.</p><p>Ahora sí, este balance injusto e incompleto se acaba con una propuesta: seguilo vos. Poné a tu familia, al amor de tu vida y a tus hijos en la balanza. Y no le digas a nadie, pero esa es la trampa perfecta para que siempre te dé positivo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/19GYHu4tQgSQ6VsefuT22qu7FYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/balance.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El amor y el barrio en cambio constante. Palabra devaluada y un truco para un balance positivo sin margen de error.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-12-14T11:18:49+00:00</published>
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            Muerta la palabra: ¿cómo sobrevivimos los que cumplimos?
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/r45nl94_uh8fZ_X8AaDvxZPhN8Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/viviendo_en_un_mundo_sin_palabra.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El otro día firmamos contrato, pagamos la seña y entregamos todas las garantías habidas y por haber. Minutos después, el propietario “tuvo miedo de que no cumpliéramos”.Tan absurdo que da risa… si no diera tanta rabia, angustia y ganas de mandar todo al demonio.</p><p>No hace falta contar el caso entero. Ya lo viviste vos también:la reserva que se cayó, el cliente que desapareció con el trabajo terminado, el proveedor que cobró adelantado y se esfumó, el socio que se llevó la caja, la pareja que prometió amor eterno y ghosteó. La lista es interminable y la sensación siempre la misma: un vacío helado en el pecho cuando entendés que para muchos, firmar es un trámite descartable.</p><p>La palabra se murió. Y nadie le hizo el velorio.</p><p>Quedamos apenas unos pocos que todavía sentimos que si debemos un peso no dormimos, que si firmamos cumplimos aunque cueste sangre. Los que llegamos antes, entregamos antes y pagamos antes. Los obsesivos, los ansiosos, los que arman carpetas “por las dudas” y repasan mails a las tres de la mañana buscando la coma que pudo haber cambiado el destino.</p><p>Somos la minoría invisible que sostiene la sociedad mientras el resto vive de la viveza criolla, del “después vemos” y del ghosting contractual.Y pagamos el precio más alto: ansiedad anticipatoria, rabia rumiada que se vuelve insomnio, depresión silenciosa cuando entendemos que ser decente parece no servir de nada.</p><p>El loop es siempre igual. Sabemos que van a fallar, pero igual nos preparamos como si fueran a cumplir. Cuando incumplen, la culpa nos cae a nosotros: “¿Dónde confié de más?”. Repasamos chats, mails, promesas. Terminamos deprimidos porque nuestro esfuerzo ético no mueve la aguja. Y el otro duerme como un bebé.</p><p>No los vamos a cambiar. Nunca.Lo único que podemos hacer es blindarnos y usar nuestra obsesión como superpoder, no como condena.</p><p>A partir de hoy:– Seña solo contra entrega real.– Ningún peso inmovilizado más de 72 horas sin tener lo tuyo.– Todo acuerdo con fecha de caducidad y cláusula penal del 50 % o más.</p><p>Sí, te van a decir pesado, paranoico, intenso. Deciles que sí… y seguí.</p><p>Después viene lo emocional, lo que salva cabezas y matrimonios. Repetilo hasta que baje al cuerpo: su incumplimiento habla el 100 % de ellos y el 0 % de vos. Cada vez que pase, abrís la nota del celular y escribís: “Mi palabra sigue intacta. Caso cerrado.”Borrás el chat y seguís.</p><p>Ajustá la expectativa: ocho de cada diez van a fallar o te van a intentar convencer de que pagar 15 % más “te conviene”. Cuando uno cumpla, celebralo como un milagro. Porque ser obsesivo hoy es un superpoder disfrazado. Somos pocos. Por eso valemos. A la corta nos critican. A la larga nos llaman.</p><p>Y cuando ya no quede otra, reseña fría: fecha, hechos, capturas. Sin insultos. La verdad sola. Sirve para proteger al próximo obsesivo… y duele más que cualquier grito.</p><p>El mundo perdió la palabra, la lógica y el respeto básico.Pero nosotros no estamos dispuestos a perderlos.Que se mueran de miedo los que no cumplen.Nosotros vamos a seguir cumpliendo, aunque nos tomen de boludos. No para cambiarlos a ellos, sino para no convertirnos en ellos.</p><p>Porque mientras quede uno solo que crea que la palabra es la palabra, todavía hay esperanza.</p><p>Si estás leyendo esto con la bronca todavía en la garganta…respirá hondo, abrí la nota del celular y escribí:</p><p>“Mi palabra sigue intacta. Caso cerrado.”</p><p>Bienvenido al club.Acá seguimos estando los que sostenemos el mundo.</p>]]>
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                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/r45nl94_uh8fZ_X8AaDvxZPhN8Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/viviendo_en_un_mundo_sin_palabra.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Firmás, pagás, cumplís. Ellos desaparecen. La historia de todos nosotros, los que todavía creemos que la palabra vale.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-12-01T09:11:33+00:00</published>
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            El origen del hombre occidental
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            <name>
                <![CDATA[Sandra Bronzina]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-origen-del-hombre-occidental">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QIY1Q_zq3nw3taLg3pBBnmODNww=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/creacion.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Al estudiar con rigor la batalla cultural, es imposible evitar el encuentro con el catolicismo, porque constituye un elemento central en la formación de la civilización occidental. En el plano artístico, el aporte es evidente. Obras como las catedrales góticas, los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina o la música sacra de Bach no solo representan logros estéticos, sino también una orientación cultural hacia lo trascendente que marcó a generaciones enteras.</p><p>En el campo intelectual, pensadores como San Agustín y Santo Tomás de Aquino resultan fundamentales. El primero, al profundizar en la interioridad y la noción de gracia; el segundo, al integrar fe y razón en una síntesis que influyó directamente en la filosofía, el derecho y la política occidental. Estos aportes demuestran que la fe no fue un obstáculo, sino un motor del pensamiento crítico y sistemático.</p><p>En el ámbito institucional, el catolicismo generó estructuras que perduran hasta hoy: orfanatos, hospitales y universidades. Instituciones como Bolonia, París y Salamanca nacieron bajo impulso eclesial y se convirtieron en pilares del desarrollo académico. Del mismo modo, principios como la dignidad intrínseca de la persona y la formulación temprana de los derechos humanos provienen de una visión cristiana del ser humano.</p><p>Por eso, un análisis objetivo conduce a una conclusión clara: no basta con criticar lo que destruye; es necesario reconocer lo que construyó. El catolicismo, más allá de la fe personal, es una fuerza histórica que dio forma a Occidente en sus expresiones más altas de arte, pensamiento, educación y vida social.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QIY1Q_zq3nw3taLg3pBBnmODNww=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/creacion.png" class="type:primaryImage" /></figure>La mirada en la construcción histórica desde los valores aplicados al arte, la filosofía y la religión como pilares.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-10-20T09:35:37+00:00</published>
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            Ni débiles ni locos: hablar para diagnosticar, prevenir y salvar vidas
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/dia-mundial-de-la-salud-mental-hablemos-sin-filtros" type="text/html" title="Ni débiles ni locos: hablar para diagnosticar, prevenir y salvar vidas" />
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            <name>
                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l7ii83mzKPI_QCbT2gF_3YmzN-k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/dia_mundial_de_la_salud_mental_hablemos_sin_filtros.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy es el Día Mundial de la Salud Mental, y no es solo una fecha para marcar en el calendario. Es un momento para parar la pelota, mirarnos a los ojos y hablar de frente sobre algo que nos toca a todos: cómo está nuestra cabeza. La salud mental no es un tema de “locos” ni de “débiles”. Es parte de ser humanos, y ya es hora de sacarle el peso de los prejuicios. Este 2025, vamos a meterle pilas a tres cosas: romper el tabú, prevenir el suicidio y apostar por un buen diagnóstico y tratamiento. ¿Te sumás?</p>Basta de tabúes: hablemos como amigos<p>¿Por qué hablar de salud mental sigue siendo tan incómodo? Si te duele la rodilla, vas al médico. Si te sentís perdido, ansioso o triste, ¿por qué no buscar ayuda? No hay vergüenza en estar mal, y menos en querer estar mejor. La depresión, la ansiedad o cualquier otro tema mental no son un signo de que “fallaste”. Son parte de la vida, como un resfrío o un mal día.</p><p>Lo primero es sencillo: charlemos. Con un amigo, con la familia, con un terapeuta. No hace falta tener todas las respuestas, pero sí escuchar sin juzgar. Si un amigo te cuenta que está en una, no le tires un “animate, no es para tanto”. Escuchá, preguntá “¿cómo te puedo ayudar?” y hacé espacio para que se sienta acompañado. Romper el tabú es tan simple como empezar una conversación. Y si sos vos el que está en un mal momento, animate a hablar. Pedir ayuda no es rendirse, es darte una chance.</p>Prevenir el suicidio: estar ahí cambia todo<p>Hablemos claro: el suicidio es un tema pesado, pero no podemos mirar para otro lado. Cada año, según la Organización Mundial de la Salud, más de 700,000 personas se quitan la vida. Y aunque suena lejano, puede estar más cerca de lo que pensás. Un amigo que se aleja, un familiar que parece apagado, un comentario raro sobre “no poder más”. Esas son señales, y no hay que dejarlas pasar.</p><p>Estar atentos salva vidas. Si ves que alguien no está bien, preguntá sin miedo: “¿Estás pensando en hacerte daño?” No va a “darle ideas”, al contrario, le mostrás que te importa. Escuchar con el corazón abierto y sin juzgar puede ser el primer paso para que esa persona busque ayuda. Y si la cosa es seria, conectalo con recursos.&nbsp;</p>Diagnóstico y tratamiento: el empujón que necesitás<p>Si te torcés un tobillo, no te quedás en casa esperando a que “se pase solo”. Con la salud mental es igual: un buen diagnóstico y un tratamiento a tiempo pueden cambiarte el juego. Un psicólogo o psiquiatra no está ahí para “etiquetarte”, sino para ayudarte a entender qué te pasa y cómo salir adelante. Desde terapia para ordenar la cabeza hasta medicación si hace falta, hay herramientas para todo tipo de situaciones.</p><p>La clave está en no esperar a tocar fondo. Si sentís que la ansiedad te está ganando, que la tristeza no afloja o que algo no anda bien, buscá ayuda ya. Un diagnóstico claro te da un mapa para navegar lo que sentís, y el tratamiento es como el combustible para avanzar. No es magia, es trabajo en equipo entre vos y los profesionales. Y sí, a veces da miedo dar el primer paso, pero es un acto de amor propio. Vos valés la pena.</p>Hagamos que las cosas cambien<p>El Día Mundial de la Salud Mental no es solo para reflexionar, es para actuar. No hace falta ser experto para hacer la diferencia. Acá van algunas ideas para entenderte:</p>Hablá sin filtro. Contá cómo te sentís, compartí tu historia o escuchá la de otro. Las redes son un buen lugar para arrancar: usá el hashtag #DíaMundialDeLaSaludMental y sumá tu voz.Chequeá a tus seres queridos. Un mensaje de “¿cómo andás?” puede abrir una puerta enorme.Informate y compartí. Hay un montón de recursos gratuitos, desde las líneas de ayuda mencionadas hasta apps de bienestar mental. Pasá la data.Peleá por un acceso justo. La salud mental debería ser accesible para todos, sin importar el bolsillo o el lugar donde vivas.<p>Este 10 de octubre, vamos a hablar sin vueltas, a construir un mundo donde nadie se sienta solo o avergonzado por lo que lleva adentro. La salud mental no es un lujo, es un derecho. Y cuidarla es tan cotidiano como lavarte los dientes o salir a caminar. Hablemos, cuidemos, actuemos. Si vos o alguien que conocés necesita ayuda, no dudes en contactar.</p><p>En Argentina, hay líneas gratuitas y confidenciales disponibles 24/7 para ayudar:</p>Nacional: Línea 135 (Ministerio de Salud, atención especializada en crisis y prevención del suicidio).CABA: Salud Mental Responde, 0800-333-1665 (24 hs, psicólogos y psiquiatras). También: 4863-8888 / 4861-5586 / 4123-3120 (lunes a viernes, 8 a 20 hs).Provincia de Buenos Aires: 0800-222-1063 (prevención del suicidio) y 0800-222-SALUD (72583) (salud mental y adicciones).Centro de Asistencia al Suicida (CAS): 135 o (011) 5275-1135 / 0800-345-1435 (18 hs diarias).Si es una emergencia inmediata, marcá 911. Prevenir el suicidio no es solo tarea de profesionales; es un compromiso de todos. Un mensaje, una llamada, un “estoy con vos” puede hacer la diferencia.]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l7ii83mzKPI_QCbT2gF_3YmzN-k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/dia_mundial_de_la_salud_mental_hablemos_sin_filtros.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Sin estigmas, con acción y con ganas de cambiar las cosas: buscar voces profesionales, abrirse frente al dolor. Empatía.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-10-10T20:05:53+00:00</published>
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            Día mundial del corazón: cómo cuidar tu salud cardiovascular.
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                <![CDATA[Patricia Bahnson]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yMilDL72LeBV2kw2S8mRbPXqLFI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/cuidado_del_corazon.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, una iniciativa impulsada desde el año 2000 por la Federación Mundial del Corazón, con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), con el objetivo de concientizar a la población sobre la prevención, el control y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.</p><p>Las enfermedades del corazón —como el infarto de miocardio, los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca— constituyen la principal causa de muerte en el mundo, provocando más de 17,9 millones de fallecimientos anuales, cifra que podría ascender a 23 millones para el año 2030, según datos de la OMS. En Argentina, representan más de 100.000 muertes por año.</p><p>El 80% de estas enfermedades pueden prevenirse mediante el seguimiento de hábitos saludables, principalmente relacionados con la alimentación, la actividad física, la salud emocional y la reducción de factores de riesgo como el tabaquismo, el alcohol, la obesidad y el estrés.</p>Recomendaciones nutricionales para cuidar el corazón<p>Una alimentación equilibrada, puede reducir significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas. Algunas pautas esenciales incluyen:</p>Preferir alimentos frescos y naturales: Consumir frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, ricos en antioxidantes, fibra y micronutrientes esenciales.Elegir grasas saludables: Priorizar el aceite de oliva, palta, nueces y pescados ricos en omega-3. Evitar las grasas trans y saturadas presentes en productos ultraprocesados porque aumentan el colesterol en sangre y el riesgo de aterosclerosis. Reducir el consumo de sal: El consumo excesivo de sodio incrementa el riesgo de desarrollar hipertensión, un factor fundamental en las enfermedades cardiovasculares. Se sugiere no superar los 2300 mg de sodio al día, siendo lo más recomendable reducirlo a 1500 mg. Es preferible reemplazandolo por especias como hierbas naturales, ajo o limón para condimentar.Controlar los azúcares simples y las harinas refinadas, que contribuyen al sobrepeso, la diabetes tipo 2 y el aumento de triglicéridos.&nbsp;<p>Hábitos complementarios para un corazón sano</p><p>La alimentación no es el único pilar. Para cuidar el corazón de forma integral, se recomienda:</p>Realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana (como caminatas, natación, ciclismo o baile). Fortalece el corazón y mejora la circulación, reduciendo los riesgos asociados con enfermedades cardíacas.Dormir entre 7 y 8 horas diarias.Evitar el consumo de tabaco y limitar el alcohol.Controlar el estrés a través de técnicas de relajación, meditación o apoyo psicológico.Realizar controles médicos regulares, especialmente si existen antecedentes familiares o factores de riesgo como hipertensión, colesterol alto o diabetes.&nbsp;<p>Es fundamental tomar conciencia de que la prevención comienza con decisiones cotidianas. Cada elección que hacemos, lo que comemos, cuánto nos movemos, cómo manejamos nuestras emociones,&nbsp; impactan directa y profundamente en nuestra salud cardiovascular.</p><p>Cuidar el corazón no debe verse como una obligación, sino como un acto de compromiso con nuestra calidad de vida. Consultar con profesionales de la salud, como médicos y nutricionistas, permite diseñar planes personalizados y sostenibles en el tiempo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yMilDL72LeBV2kw2S8mRbPXqLFI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/cuidado_del_corazon.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Día Mundial del Corazón promueve la concientización sobre la prevención y el control de enfermedades cardiovasculares.]]>
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                                <category term="cuerpo-y-mente" label="Cuerpo y mente" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-09-29T11:34:05+00:00</published>
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            La fibra alimentaria, clave para una alimentación saludable.
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                <![CDATA[Patricia Bahnson]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l4XUmNMQvICxeCTuejwETCIGico=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/fibra_dietetica.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Qué es la fibra?</p><p>La fibra dietética es un tipo de carbohidrato, presente en los alimentos de origen vegetal que el organismo no puede digerir ni absorber.&nbsp; Cumple funciones fundamentales para el cuidado de la salud, como por ejemplo favorecer una buena digestión, regular el tránsito intestinal, prevenir enfermedades y facilitar la eliminación de toxinas y desechos de nuestro cuerpo.</p><p>Sirve también, como sustrato para la microbiota intestinal, generando ácidos grasos de cadena corta que&nbsp; estimulan a las células enteroendócrinas responsables de la sensación de saciedad.</p><p>Existen dos tipos de fibra dietética:</p><p>1- Fibra soluble: retiene agua y forma un gel durante la digestión, lo que &nbsp;reduce la absorción de azúcares y contribuye a regular la glucosa en sangre. Se encuentra en alimentos como: avena, legumbres, nueces, semillas, verduras y algunas frutas como manzana, pera, arándanos, cítricos y frutillas.</p><p>2- Fibra insoluble: No se disuelve en agua y acelera el tránsito intestinal, aumentando el volumen de las heces, lo que previene el estreñimiento. Está presente en mayor cantidad en granos integrales, el salvado de trigo, y algunos vegetales como zanahorias, pepinos, choclo, tomates.¿Por qué es importante consumirla?</p><p>Ayuda a controlar los niveles de colesterol y glucosa en sangre:&nbsp; importante para las personas con diabetes o en riesgo de desarrollarla.&nbsp;</p><p>Protege el sistema digestivo: mejora el tránsito intestinal, previniendo el estreñimiento y favorece una microbiota intestinal saludable.&nbsp;</p><p>Genera saciedad y ayuda a controlar el peso: especialmente la fibra soluble, absorbe agua y se expande en el estómago, lo que otorga sensación de saciedad,&nbsp; facilitando un mejor control del peso corporal.&nbsp;</p><p>Previene enfermedades crónicas:&nbsp; como las enfermedades cardiovasculares, hipertensión, ciertos tipos de cáncer (especialmente el de colon) y enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2.</p><p>¿Cuánta fibra necesitamos consumir ?</p><p>La cantidad diaria recomendada de fibra es de 38 gramos para los hombres y 25 gramos para las mujeres. Sin embargo, la mayoría de las personas no alcanza estos valores, lo que puede generar problemas digestivos como el estreñimiento y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas a largo plazo.</p><p>Para cubrir la recomendación, se sugiere consumir diariamente:</p>3 porciones de frutas2 porciones de verduras3 porciones de granos integrales<p>Un ejemplo de desayuno rico en fibra incluye una taza de cereales integrales, una manzana con cáscara y un vaso de jugo de naranja natural.</p><p>Alimentos ricos en fibra:</p><p>Frutas: manzana, pera, ciruela, durazno, banana, etc.</p><p>Verduras: espinaca, brócoli, zapallo, zanahoria, acelga.</p><p>Legumbres: lentejas, garbanzos, porotos.</p><p>Cereales integrales: avena, arroz integral, quinoa, cebada, trigo sarraceno.&nbsp;</p><p>Frutos secos y semillas: nueces, almendras, chía, girasol, sésamo.</p><p>Consejos para aumentar el consumo de fibra</p><p>Consumir frutas y verduras y en lo posible con cáscara o piel.&nbsp;</p><p>Preferir la fruta entera en lugar de sus jugos, ya que estos contienen menos fibra que la fruta completa.</p><p>Incorporar semillas de lino, chía, sésamo y otras en tus comidas.&nbsp;</p><p>Elegir panes y galletitas elaborados con harina integral o salvado.</p><p>Aumentar el consumo de fibra es una de las decisiones más simples y efectivas para cuidar tu salud, y lo mejor es que está disponible en alimentos frescos, naturales y accesibles.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l4XUmNMQvICxeCTuejwETCIGico=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/fibra_dietetica.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La fibra es un nutriente esencial que promueve la salud digestiva y el bienestar general.]]>
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                <published>2025-09-18T10:26:03+00:00</published>
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            El eco de cerrar con paz
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-eco-de-cerrar-con-paz-2">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-8d9CABTAhLCUfGAqun0CHR3Sho=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/el_eco_de_cerrar_con_paz.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Imagina el momento en que el reloj laboral se detiene, cuando los días ya no giran en torno a agendas ni metas impuestas. El retiro y la jubilación son un nuevo eco de lo que elegimos: un cierre de ciclos que nos confronta con el legado, la salud frágil, la cercanía a la muerte y los sueños pendientes. Como psiquiatra, he visto cómo esta etapa puede ser un tiempo de plenitud o un desafío que desborda si no se abraza con consciencia. Este eco reflexiona sobre cómo aceptar lo vivido –y lo no vivido– nos permite cerrar la vida con dignidad, conectando con las elecciones que nos definieron: ser padres, elegir una pareja, o redescubrirnos.</p>El legado que dejamos<p>El retiro trae la pregunta: ¿qué dejamos atrás? No solo bienes materiales, sino huellas emocionales: valores a hijos, enseñanzas a amigos, un impacto en la comunidad. Para algunos, es un orgullo ver a sus nietos heredar su risa; para otros, un proyecto comunitario que perdura. Este legado no se mide en éxito, sino en autenticidad. Estudios de la Universidad de Harvard muestran que quienes reflexionan sobre su contribución reportan mayor satisfacción vital, incluso con errores del pasado. Sin embargo, ignorar esta reflexión puede dejar un vacío que pesa más que los logros.</p>La cercanía a la muerte<p>La finitud se hace visible. La muerte, antes un horizonte lejano, se acerca como un eco natural. No es un tabú, sino una invitación a vivir con intención. He acompañado a pacientes que, al aceptarla, encuentran libertad para soltar resentimientos y priorizar lo esencial. La psicología existencial sugiere que reconocer nuestra mortalidad reduce la ansiedad y fomenta un sentido de propósito, siempre que no se evada. Negar, en cambio, puede alimentar temores que oscurecen los últimos años.</p>La salud como espejo<p>La salud se transforma: articulaciones que crujen, diagnósticos que llegan, energía que mengua. Este cuerpo que nos llevó por la vida ahora pide cuidados y límites. Para algunos, es un recordatorio de vulnerabilidad; para otros, una oportunidad de reinventarse con caminatas o dieta. La Asociación Americana de Psicología destaca que adaptar la rutina a estas limitaciones mejora el bienestar, mientras que resistirse puede agravar el estrés y la depresión, especialmente si se idealiza una juventud perdida.</p>Los pendientes que nos llaman<p>Hay sueños aplazados: ese viaje a la Patagonia, un libro por escribir, una reconciliación pendiente. También tareas prácticas: ordenar papeles, dejar instrucciones. Estos pendientes pueden ser un peso o una motivación. He visto a pacientes que, al abordarlos, encuentran cierres y reducen la ansiedad. Sin embargo, posponerlos perpetúa un sentido de incompletitud que afecta la paz mental, según estudios de resiliencia. A veces cuesta desprenderse de lo material. “La mortaja no tiene bolsillos”, este es el momento de vivir lo construido, de disfrutar lo que queda con sabiduría y plenitud.</p>Los riesgos desde la psiquiatría<p>No enfrentar esta etapa tiene costos. La negación de la jubilación o la muerte puede desencadenar depresión mayor, con síntomas como anhedonia –la incapacidad de disfrutar– o rumiaciones sobre el pasado. La pérdida de identidad, al dejar roles laborales, puede llevar a aislamiento social y ansiedad crónica. La salud mental se resiente si se evade la aceptación: insomnio, irritabilidad y, en casos graves, ideas suicidas emergen cuando el sentido se pierde. Terapias como la aceptación y compromiso (ACT) ayudan a integrar estas transiciones, promoviendo resiliencia y previniendo que el retiro se convierta en un vacío existencial.</p>Aceptar la vida con paz<p>Aceptar no es resignarse, sino abrazar lo vivido con gratitud. Es mirar a la pareja –si aún está– y recordar los proyectos compartidos: un hogar, viajes, risas. Es redescubrirse en hobbies, amistades o nietos. He visto a pacientes que, al soltar expectativas, encuentran alegría en lo simple: un café con un amigo, una carta a un hijo. Esta paz es el eco final de las elecciones pasadas, un cierre que honra la vida con autenticidad.</p>Nuevos comienzos en el final<p>El retiro es un lienzo en blanco, “en la vida siempre un proyecto” diría el queridísimo profesor Alejandro Albamonte. Estos proyectos, junto a la comunidad y un vínculo maduro con los hijos (si los hay), rompen la monotonía. Los datos son claros: quienes abrazan esta etapa con apertura reportan menos estrés; quienes aceptan la finitud encuentran paz. Este eco, último de la serie, conecta con los anteriores –el propósito, la pareja, la paternidad, el reencuentro– y nos recuerda que aceptar es el mayor acto de elegir, cerrando la vida con plenitud.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-8d9CABTAhLCUfGAqun0CHR3Sho=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/el_eco_de_cerrar_con_paz.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El retiro y la jubilación nos invitan a reflexionar sobre el legado, la salud y la cercanía a la muerte.]]>
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                                <category term="cuerpo-y-mente" label="Cuerpo y mente" />
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                <published>2025-09-14T15:06:23+00:00</published>
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            El eco de elegir de nuevo
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-eco-de-elegir-de-nuevo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Rsv7Yga2nUDu5lNaC_jSpouVU1o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/olver_a_ser_dos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Imaginá el momento en que elegiste a tu pareja, cuando la pregunta “¿quién quiere caminar conmigo?” encontró una respuesta. Los años trajeron proyectos, risas, peleas y logros, pero también rutina, cansancio y distancias. Como psiquiatra, he acompañado a parejas en este cruce: una etapa donde la vida nos desafía a reconectar, redescubrirnos o, a veces, soltarnos con valentía. Este eco reflexiona sobre la satisfacción de lo construido, la química que renace, los nuevos proyectos y el coraje de elegir de nuevo, ya sea juntos o por separado.</p>Los años de crecimiento juntos<p>Elegir una pareja es apostar por un proyecto común: formar una familia, construir un hogar, viajar, soñar. Esos años de esfuerzo –comprar la primera casa, criar hijos (si los hay), superar crisis– tejen un tapiz de memorias compartidas. La satisfacción de mirar atrás y ver lo logrado –una vida construida en equipo– es un ancla poderosa. Estudios de la Asociación Americana de Psicología muestran que las parejas que reflexionan sobre sus logros conjuntos reportan mayor satisfacción marital, con menos conflictos y un sentido renovado de propósito. Pero el camino no es lineal: los proyectos alcanzados conviven con los que se postergaron, y ahí comienza el desafío.</p>Los desafíos que nos alejan<p>La vida tiene formas de alejarnos. La rutina se instala, convirtiendo los días en una repetición de tareas. Los proyectos personales –un ascenso, un emprendimiento– a veces eclipsan el “nosotros”. Si hay hijos, su energía absorbe todo: noches sin dormir, agendas llenas, charlas reducidas a lo práctico. Los problemas de salud, desde un diagnóstico inesperado hasta el desgaste natural, añaden peso. Las discusiones se vuelven frecuentes, las peleas normales, pero sin resolución pueden erosionar el vínculo. Es común que la chispa inicial se apague, que las conversaciones profundas cedan ante el cansancio. No es un fracaso; es la vida misma, pidiéndonos que volvamos a elegir con conciencia.</p>Los riesgos de no enfrentar la crisis<p>Desde una perspectiva psiquiátrica, ignorar esta etapa puede ser devastador. La pérdida de identidad es un riesgo central: años de priorizar a otros –pareja, hijos, trabajo– pueden apagar el “yo”, dejando a la persona desconectada de sus deseos. La sexualidad, si se reduce a complacer al otro o a rutinas vacías, pierde su vitalidad, alimentando inseguridades y rechazo. Esto puede desencadenar ansiedad, insomnio o depresión, con síntomas como anhedonia –la incapacidad de sentir placer– o rumiaciones sobre lo que “pudo haber sido”. En casos extremos, la falta de sentido puede llevar a ideas suicidas. Sin intervención, como terapias cognitivo-conductuales o de pareja, el aislamiento crece, afectando no solo al individuo, sino a la familia y las redes sociales, perpetuando un ciclo de desconexión y malestar.</p>Volver a mirarnos<p>Reconectar es volver a las bases: recordar la chispa de las primeras épocas, cuando todo era posibilidad. No se trata de revivir la juventud, sino de redescubrir la química en la madurez. Una cena sin celulares, una caminata recordando anécdotas, un mate compartido al atardecer: gestos simples que reavivan la complicidad. La sexualidad madura, menos apresurada, se nutre de esta intimidad, transformando los cuerpos cambiantes en un espacio de conexión. Estudios muestran que las parejas que priorizan estos momentos reducen el estrés y fortalecen su bienestar emocional. La satisfacción de lo construido –un hogar, una historia– se convierte en un cimiento para mirar adelante juntos.</p>Una segunda oportunidad en el amor<p>A veces, el reencuentro revela que los caminos divergen. Elegir separarse no es un fracaso, sino un acto de valentía que alinea la vida con deseos auténticos. He visto parejas que, al soltarse con respeto, redescubren una versión olvidada de sí mismas. Ana, tras 25 años de matrimonio, me dijo: “Terminar mi matrimonio me permitió reencontrarme; me enamoré de la persona que había relegado tantos años”. Esta elección puede abrir puertas a un amor propio renovado o a nuevas relaciones, con menos ansiedad y mayor claridad. Estudios confirman que las separaciones conscientes en la adultez fomentan el bienestar al liberar tensiones acumuladas.</p>Redescubrirse como individuo<p>La pareja no lo es todo. Los años también traen sueños personales postergados: ese curso de fotografía, un viaje en soledad, escribir un libro. Retomar estas pasiones fortalece la autoestima y aporta frescura al vínculo o al camino en solitario. La psicología evolutiva subraya que la madurez es una oportunidad para integrar quiénes fuimos con quiénes queremos ser, reduciendo el riesgo de depresión al encontrar propósito más allá de los roles compartidos.</p>Amistades y comunidad<p>Las conexiones sociales son un pilar esencial. Reconectar con amigos o sumarse a comunidades –un taller, un voluntariado– contrarresta el aislamiento. Un café compartido revive risas y memorias, ofreciendo un soporte emocional que trasciende la pareja. Estudios longitudinales muestran que estas redes reducen la depresión y aumentan la satisfacción vital, dando un sentido de pertenencia.</p>Los hijos, si están<p>Si hay hijos, la relación evoluciona hacia una dinámica de pares. Respetar su independencia, escuchar sus proyectos y renegociar límites fortalece la salud mental de todos. Un estudio reciente indica que estas relaciones positivas reducen la ansiedad parental, mientras que aferrarse al rol de protector puede generar conflictos y estrés.</p>Un caso real: Carla y Esteban<p>Carla y Esteban, tras 28 años, sentían la distancia: el trabajo de Esteban, el cansancio de criar hijos, una salud frágil. Las discusiones eran diarias, pero una noche, recordando su primer viaje juntos, decidieron intentarlo. Empezaron con cenas sin celulares, retomaron clases de baile y planearon una mudanza a una casa en las afueras de la ciudad, un sueño postergado. Carla volvió a pintar, Esteban se unió a un grupo de running. Su química renació, no sin tropiezos, pero la satisfacción de lo construido los impulsó a nuevos proyectos, aliviando la ansiedad y reavivando su vínculo.</p>Nuevos proyectos, nuevos comienzos<p>Elegir de nuevo es mirar al futuro: una mudanza, un viaje, un deporte compartido. Estos proyectos, grandes o pequeños, rompen la rutina y reavivan la complicidad. Los datos son claros: las parejas que enfrentan esta etapa con apertura experimentan menos estrés; quienes eligen separarse con conciencia encuentran paz. Reconectar con amigos, redescubrirse como individuos y construir un vínculo maduro con los hijos (si los hay) completa este renacer. Este eco, ligado a los anteriores sobre la paternidad y el nido, nos recuerda que cada elección –quedarse, partir o empezar de nuevo– es un paso hacia la autenticidad.</p><p>Próximo eco: El retiro laboral, el legado y el cierre de ciclos con paz.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Rsv7Yga2nUDu5lNaC_jSpouVU1o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/olver_a_ser_dos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Elegir una pareja es un compromiso que evoluciona. Los años traen crecimiento, pero también desafíos que nos alejan.]]>
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                                <category term="saludmental" label="#SaludMental" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-09-08T15:40:55+00:00</published>
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            Hotelga 2025: Innovación y sostenibilidad, las claves para invertir en hotelería y gastronomía
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        <author>
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                <![CDATA[Cristian Doldán]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kYQUlBH5PEKhIqpp4RnE_PK2DEw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/hotelga_2.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El murmullo como sonido ambiente en la antesala al pabellón de expositores daba cuenta de la importancia del evento para el sector. Al recorrer los pasillos, los visitantes podían cruzarse desde empresarios hoteleros hasta jóvenes emprendedores que daban a conocer sus productos, pasando por desarrolladores de electrodomésticos, chefs y representantes gubernamentales de entidades turísticas. De esa conjunción de universos surge la riqueza del evento: el aprendizaje constante.</p><p>Hotelga en su edición 2025 no solo fue una oportunidad para acercar a quienes gestionan establecimientos hoteleros y gastronómicos con los prestadores de servicios, sino también un amplio catálogo in situ de los productos que hoy son novedad y mañana formarán parte de la cotidianeidad para modernizar instalaciones. Ver a los robots meseros dando vueltas por los pasillos u observar un lavavajillas que en un minuto puede dejar limpia y seca una pila de platos sucios no deja de sorprender. Pero los expertos en la industria aseguran que la tecnología aplicada al sector avanza a pasos agigantados y que lo que hoy es novedad, en poco tiempo será parte del nivel estándar de servicio.&nbsp;</p><p>Al recorrer cada uno de los stands quedó en evidencia cómo el sector se está abriendo a nuevas tendencias. La clave pasó por encontrar todo tipo de equipamiento de última generación en vistas a generar establecimientos sostenibles o alternativas ecológicas para reducir el impacto ambiental. Desde soluciones digitales para reservas y administración hotelera hasta proyectos para reducir en gran medida los residuos. Cada uno de los eslabones de la cadena se vieron representados en desarrollos para tener en cuenta.</p><p>Las posibilidades de concentrar alianzas o adquirir servicios se combinaron con charlas y exposiciones más que interesantes en diferentes auditorios. Emiliano Piscicitelli, CEO de BeyGoo y Mariana Segulin, periodista especializada en ciberseguridad, protagonizaron un encuentro donde explicaron la importancia de proteger los datos de los huéspedes que reservan de manera online para evitar ciberdelitos. Casi en paralelo Patricia Boo, Directora Regional de STR en Latinoamérica expuso de forma clara números de la actividad en clave de análisis sobre la rentabilidad de los servicios.</p><p>Pero también hubo lugar para comidas típicas, y en una idea de teletransportarnos a Jujuy mediante los sabores, una clase en vivo para cocinar tamales acaparó la atención de muchos visitantes curiosos por conocer los secretos de la gastronomía de la Quebrada de Humahuaca. Hasta el gobernador de la provincia, Carlos Sadir, no quiso perderse la demostración y siguió bien de cerca el paso a paso de la preparación del rico plato.</p><p>Otro de los microeventos que despertó interés en la feria fue el concurso de Hotelería Sustentable. “Hoteles verdes” de Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay mostraron proyectos innovadores que no solo buscaron mejorar la gestión energética y reducir residuos, sino también incentivar la experiencia del huésped con un compromiso ambiental real.</p><p>Si bien Hotelga 2025 se propuso ser un espejo del presente en la hotelería y la gastronomía, la visión a futuro fue el denominador común en cada stand y las alocuciones de los expositores. Es por eso que no faltaron las discusiones de fondo: ¿Cómo impacta la inteligencia artificial en los procesos de atención al cliente?, ¿Cómo tener entrenado el ojo para identificar un financiamiento conveniente para proyectos en un contexto económico inestable?, ¿Qué hay que saber sobre los cambios en los hábitos de consumo de los viajeros en pospandemia?. Los expertos coincidieron en que en la actualidad en la industria conviven la necesidad de mantener la calidad en el servicio y el desafío de lograr el diferencial competitivo a través de la sostenibilidad y la eficiencia con ideas disruptivas.&nbsp;</p><p>La identidad porteña en el centro de la escena</p><p>En el marco de Hotelga 2025, el Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires se destacó con un stand institucional que recreó la atmósfera de un restaurante tradicional porteño. El principal atractivo del espacio fue la presencia de un bartender que realizó demostraciones pedagógicas e invitó a los visitantes a conocer un poco más sobre el mundo de la coctelería.&nbsp;</p><p>En paralelo, junto a la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC) encabezaron la distinción a 16 restaurantes de la Ciudad por su nivel de excelencia en el servicio y su aporte a la cultura local. El reconocimiento forma parte del “Programa de Promoción y Distinción de Restaurantes Icónicos”. Los establecimientos reconocidos fueron analizados por un comité de expertos en criterios como antigüedad, autenticidad, ambientación y reconocimiento nacional e internacional.</p>Estos son los 16 Restaurantes Icónicos porteños: Albamonte, El Imparcial, El Mirasol de Boedo, El Puentecito, El Tropezón, Estilo Campo, Happening de Costanera Norte, Il Matterello de La Boca, La Brigada, La Estancia, Marcelo de Puerto Madero, Miramar, Oviedo,&nbsp; Sorrento, Tancat y Zum Edelweiss<p>La ceremonia de entrega de la distinción fue encabezada por el Ministro de Desarrollo Económico de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, el presidente del Ente de Turismo porteño, Valentín Díaz Gilligan y el presidente saliente de la AHRCC, Daniel Prieto. Las autoridades hablaron de la importancia de preservar y seguir fomentando la identidad porteña a través de la gastronomía y posteriormente entregaron las placas con el reconocimiento a los dueños de los restaurantes icónicos.&nbsp;</p><p>Con este acto en el que no faltó la emotividad y la memoria se dejó en claro que la gastronomía también es cultura y patrimonio sentimental de todos los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kYQUlBH5PEKhIqpp4RnE_PK2DEw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/hotelga_2.png" class="type:primaryImage" /></figure>Con cientos de expositores, tendencias ineludibles para el mundo del turismo y experiencias que marcan el pulso de la industria, La Rural fue escenario del encuentro anual de empresarios vinculados a la hotelería y la gastronomía. También hubo espacio para el color, las comidas típicas y el reconocimiento a la identidad porteña.]]>
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                                <category term="economia-negocios" label="Economía &amp; Negocios" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-09-02T09:56:19+00:00</published>
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            Goles, amores y arqueros odiosos: notas del amor en guardapolvo blanco
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                <![CDATA[Raúl Vázquez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qm_8B-ycb1CjAJx9aeDXxu90PeE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/a.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El primer recuerdo que tengo del amor es de principios de 1981. No más allá de marzo o abril. En el inocente sexto grado del colegio Gendarmería Nacional de la calle Juan Agustín García, una tarde descubrí sin querer que dejaba de pensar en el partido de la plaza y aparecía Ana María por los vírgenes rincones de mi mente. Compañera de grado, de esas que se sentaban adelante y que siempre sabían todo lo que el maestro preguntaba, rubia, de ojos color miel y de sonrisa luminosa, Ana María era de esas chicas que nunca podían ni siquiera detenerse en un pibe como yo. Pero en esa contrariedad que supone el soslayo de la mujer amada, había algo a favor que tenía que ver con la inconsciencia de quien vive en la ignorancia.&nbsp;</p><p>Claramente, como no había llegado el tiempo de los innumerables fracasos con las mujeres, y como resultado de esa osadía que genera la inocencia, pensé más de una vez que sus ojos me miraban solo a mí. Como todos sabemos, las historias de amor que marcan nuestras vidas y que merecen el recuerdo nacen, por lo general, de un corazón que ve solo lo que quiere ver. Y ese engaño natural, ese engaño que preserva la esperanza, a veces te lleva al éxito. Y a veces no.&nbsp;</p><p>Una tarde de sábado, nunca supe por qué, Ana María vino a ver el desafío que jugábamos contra los chicos de séptimo grado. Llegó a punto de terminar. Al ver que el partido parecía interesarle, sentí que del otro lado de la línea de cal estaba el Flaco Menotti decidiendo si me llevaba a jugar el Mundial 82 con Maradona. Giré mi cabeza varias veces y cruzamos nuestras miradas otras tantas.</p><p>&nbsp;Ganamos dos a cero. Hice un gol que festejé con sencillez, como si el hecho de haber empujado esa pelota hacia la red fuera cosa de todos los días. Puño levantado con suficiencia y a otra cosa. Y al terminar el partido, momento especial en el que por lo general los goleadores de plaza y de country reciben las felicitaciones de todos, Ana María tomó un bolso que estaba al lado de los derrotados chicos de séptimo. Besó suavemente al arquero y se fueron juntos.</p><p>Nada fue más parecido a la muerte que ese beso inocente pero doloroso de preadolescente. Mientras el arquero la tomaba de la mano, me dejé caer y comencé a sacarme las tobilleras y a desatar los Fulvence. Yo le había hecho un gol, pero él se iba ganador.</p><p>Ana María fue el primer desengaño. Uno de tantos, por los que creí que el amor era más difícil que cabecear un córner entre dos centrales italianos. Fui creciendo y ese primer dolor nunca desapareció de mi memoria ni de mi corazón. Recuerdo que durante la secundaria intenté reencontrarme con ella. Caminé por Magariños Cervantes desde el pasaje Hungría hasta Irigoyen varias veces para recordar la fachada de su casa que se desdibujaba en mi recuerdo. Lógicamente, no la encontré. Casi 40 años después, me di cuenta de que Ana María era simplemente el primer encuentro con el amor esquivo. Y aquel gol delante de ella terminó siendo como un trágico beso del destino.</p><p>Hoy recuerdo con cierta alegría aquellos amores de niño. Amores que no tenían horarios ni calendarios. Amores que se vivían de forma espontánea y sin pretensiones. Se encontraban en los rincones más inesperados, como en una cancha de fútbol, en un colectivo, en una fiesta improvisada o en un asalto en la terraza. Cuando éramos chicos, el amor en el barrio era más emocionante y hasta más real.</p><p>&nbsp;El amor de la escuela primaria era casi siempre una ilusión. Una mezcla de pudor, curiosidad y un pánico irracional a que te sentaran a su lado en el acto escolar. No había dramatismos de novela, sino miradas de reojo en los recreos y el inútil intento de llamar la atención en la clase de gimnasia. Se trataba de una timidez que se escondía detrás de la mochila y de un nerviosismo que siempre te dejaba sin saber qué decir. No se declaraba con palabras, sino con un dibujo en el pizarrón o con la entrega silenciosa de un caramelo Media Hora.&nbsp;</p><p>Aunque no lo sabíamos, el de la primaria era un amor sin futuro, que vivía y moría en el radio de tres cuadras alrededor del colegio. Tan frágil que se rompía con la primera mudanza o se diluía en las vacaciones de verano. El recuerdo de ese amor no es una historia de pasión, sino un suspiro nostálgico. Un eco de la inocencia que se fue perdiendo con el paso de los años, pero que, cada tanto, vuelve en forma de sonrisa tonta que se dibuja cuando recordamos el simple pero inmenso corazón que teníamos.</p><p>El arquero emigró un año antes que nosotros al colegio industrial de la calle Baigorria y, casi sin haberlo soñado, me dejó la oportunidad de la revancha al alcance de la mano. Sin embargo, la relación con Ana María se hizo hostil. A pesar de mis sutiles intentos para llevarla al cine Lope de Vega, para jugar al Truco y hasta para estudiar Las Guerras Médicas, ella seguía siendo la novia del arquero y lo decía a los cuatro vientos. Reconocía desde lejos mis deseos y se encargó, recreo tras recreo, de hacerme saber desde el silencio que nunca, nunca, iba a cruzar la barrera del compañero de grado para ser, siquiera, compañero de banco.</p><p>Más tarde supe que el arquero del equipo de séptimo se casó con la hija de unos alemanes de la calle Elpidio González. Ana María, casi al mismo tiempo, emigró a España para buscar el futuro que la Argentina le negaba. Ese partido de sexto contra séptimo que se jugó en el otoño del 79 terminó el día en que supe que Ana María hablaba en catalán, casi tres lustros después.</p><p>Con Ana María nació quien ahora escribe. Con su olvido, forjé la melancolía. Y con su ausencia, logré darle un lugar a la esperanza. El aula, teñida de las sombras que se filtran con forma de falleba, cobijó a este ser de amores austeros que soy hoy. El mismo que descubrió a fuerza de intentos fallidos que la infancia es como un ensayo de la vida. Y que la recreamos día a día, sin dejar de ser lo que fuimos, aunque con otra vestimenta, otros escenarios y otras responsabilidades.</p><p>El amor tiene algo que lo asemeja a la muerte. Sin dudas, morir es la única certeza que nos da la vida, algo que nada ni nadie puede evitar. El amor, en su forma más pura, a menudo se siente también como algo inevitable, un destino del que no podemos escapar. Y se diferencian en que, mientras la muerte pone fin a la vida en este lado del cielo, el amor es la fuerza que le da sentido. Amar nos motiva a crear, a cuidar y a vivir plenamente. En este sentido, podríamos decir que el amor es la respuesta a la inequívoca certeza de la muerte.</p><p>Algunos poetas sienten que enamorarse es también la muerte del ser individual. Al amar profundamente, la persona se entrega, se disuelve y renace en una nueva identidad compartida con el ser amado. Es una aniquilación del ego para dar paso a una existencia dual, un nosotros que reemplaza al yo. Es posible. Como también es posible pensar que el amor verdadero es tan poderoso que puede desafiar a la muerte. Todos sabemos que hay amores que persisten más allá de la tumba, que crean un lazo espiritual mucho más poderoso que la separación física. Como pasa con Romeo y Julieta, a veces el amor es tan intenso y prohibido que solo puede encontrar su consumación a través de la muerte. Su trágico final no es una derrota, sino el clímax, la única forma de unirse para siempre. Apuntemos a eso. Porque mientras haya Anamarías que se crucen por nuestras vidas, algo es seguro: moriremos para resucitar en la esperanza de una nueva oportunidad, y tal vez la última, como la que yo tuve con mi amada Majo, cerca de los 30 años.</p><p>&nbsp;El amor en la niñez es una experiencia única, pura y sencilla. Nada más fiel que el amor en el aula. Un amor inocente, gratuito e infinito a nuestros ojos. El amor de la primaria te ayuda más tarde a comprender el dolor de la ausencia. Porque, al final de la jornada, Ana María se iba de la escuela. Y yo me quedaba con la melancolía de la tarde, soñando con el día siguiente, con la posibilidad de una nueva mirada y con la esperanza de la próxima clase.</p><p>Por eso, si la ven por las calles de Villa Luro, cuéntenle de mí. Y díganle que ese futuro que nunca pude prometerle se perdió en el olvido. Y que el gol que le hice a su novio fue con la mano.</p>Amor Real. Majo, la mujer que le salvó la vida, antes del amor de barrio.<p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qm_8B-ycb1CjAJx9aeDXxu90PeE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/a.png" class="type:primaryImage" /></figure>Amores de barrio que nos marcan para siempre. Raulo Vázquez, antes de enamorarse para siempre de su mujer y guía, Majo.]]>
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                                <category term="cuerpo-y-mente" label="Cuerpo y mente" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-31T15:52:06+00:00</published>
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            El eco de lo que elegimos: soltar el nido, abrazar el vuelo
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8d3CRfJjXk-L0VDD55yFN6DdJbE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/el_eco_de_lo_que_elegimos_soltar_el_nido_abrazar_el_vuelo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El día llega sin avisar. La casa, antes un torbellino de risas, discusiones y pasos apurados, se queda en silencio. Los hijos alzan vuelo y nosotros, los padres, nos enfrentamos a un duelo que no estaba en el manual: el síndrome del nido vacío. La elección de ser padres fue, para muchos, un acto de amor incondicional. Un sí rotundo que lo cambió todo. Años de trasnochar, de preocupaciones, de sueños postergados. Nuestra vida se organizó alrededor de ellos, con la promesa implícita de que estábamos construyendo un futuro. Y lo hicimos. Con la valentía de un guerrero, les dimos las herramientas para que un día volaran, aunque en el fondo, ese día se sintiera lejano. Pero ahora que la casa está vacía, el silencio nos grita una pregunta que habíamos olvidado: ¿quiénes somos cuando el rol de “mamá” o “papá” ya no es el centro?</p><p>Soltar a los hijos es como abrir la jaula y quedarte con el corazón en la mano. ¿Están listos para bancarse el mundo? ¿Les diste lo que precisaban para no estrellarse? John Bowlby, un grosso de la psicología, dice que un apego seguro les da alas, pero igual te tiemblan las piernas. ¿Fui suficiente? ¿Van a poder con los golpes? Ese miedo te pega como un cross de derecha, porque no es solo por ellos: es por vos, por ese pedazo de alma que se va. Es el instinto de proteger, rugiendo desde las entrañas. Soltar es confiar en lo que sembraste, aunque el silencio de la casa te taladre el pecho.</p><p>El nido vacío no es solo una casa callada; es un hueco que te come por dentro. La ciencia no te vende humo: hasta un 40% de los padres que pasan por este momento caen en depresión o ansiedad, según un meta-análisis de 18 estudios. En las mujeres, muchas veces esta etapa coincide con la entrada a la menopausia y la pérdida del rol de madre pega como una patada. La soledad se cuela por los rincones, y el vacío del “¿y ahora qué?” puede ser un garrón pesado. Tristeza que no afloja, noches sin pegar un ojo, ganas de quedarte en la cama, o, en el peor caso, pensamientos oscuros que te asustan.</p><p>Marta, una mujer que, cuando su hijo menor se fue a estudiar afuera, sintió que el mundo se le apagaba. Las mañanas, antes un quilombo de mates y gritos, se volvieron un silencio que le gritaba en la cara. Pero Marta se enganchó con un grupo de escritura, vomitó su duelo en palabras y encontró una luz al final del camino. Se reinventó. Los expertos lo tienen claro: terapia para desenredar el quilombo mental, caminatas que te saquen el peso del pecho, grupos de apoyo para no sentirte solo, o un hobby que te saque del pozo. Si no encarás ese vacío, te traga; si lo enfrentás, puede ser el comienzo de algo nuevo.</p><p>Soltar también te cambia el vínculo con tus hijos. Dejás de ser el superhéroe que arregla todo para ser un par, alguien que charla de igual a igual. Al principio es difícil encontrarle el ritmo: querés meterte en sus decisiones, ellos te frenan en seco. Pero cuando lo lográs, es una joya: charlas que van al hueso, consejos que van y vienen, una amistad que no te la esperabas. Soltar no es cortar el lazo; es aprender a quererlos sin apretar, dejando que sus alas se desplieguen solas.</p><p>El nido vacío es el eco de esa decisión que te marcó a fuego: ser padres. Fue un sí rotundo, un salto al vacío que te cambió la vida. Ahora, con los chicos volando, te mirás al espejo y preguntás: ¿quién soy ahora? Mientras ellos se rompen la cabeza con su “¿qué carajo hago con mi vida?”, vos revisitás ese sí inicial. ¿Valió la pena? Lo que les diste —valores, aguante, amor— es su equipaje, y también tu consuelo. Ese eco conecta generaciones: ellos buscan su rumbo, vos buscás el tuyo, y en el medio está el amor que los dejó volar.</p><p>El nido vacío duele, pero también es un regalo. Estudios de la Universidad de California dicen que esta etapa puede ser un subidón: menos peleas en casa, más tiempo para vos, para esas pasiones que dejaste en el freezer o para viajar sin horarios. El eco de esa pregunta —¿qué carajo hago con mi vida?— que hoy se hacen tus pibes, también te toca a vos. Pero ahora no se trata de construir un futuro, sino de redescubrir lo que te prende. El amor que los dejó volar ahora te da alas a vos también. El vacío no es el fin; es un lienzo para pintar de nuevo.</p><p>En nuestro próximo encuentro, exploraremos el reencuentro con la persona elegida, un nuevo capítulo donde el silencio del nido vacío se transforma en una danza de intimidad renovada, tejiendo lazos que resisten el tiempo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8d3CRfJjXk-L0VDD55yFN6DdJbE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/el_eco_de_lo_que_elegimos_soltar_el_nido_abrazar_el_vuelo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El vacío duele pero libera. Soltar, un acto de amor que nos lleva a nuevos comienzos que debemos reconocer y enfrentar.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-31T13:51:10+00:00</published>
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            Arándanos, nutrientes esenciales para una vida saludable
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                <![CDATA[Patricia Bahnson]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bmiy9NziMvEtTMxkVUTKf72dywg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/arandanos_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Originarios de América del Norte, actualmente se cultivan en diversas regiones del mundo. Han ganado protagonismo a nivel mundial, no solo por su agradable sabor, sino también por sus múltiples propiedades beneficiosas para el bienestar de tu salud. Se los considera aliados clave en la alimentación, debido a su bajo aporte calórico y su alta concentración de nutrientes&nbsp; como antioxidantes y fibra alimentaria necesarios para prevenir el daño celular y fomentar una salud integral.</p><p>Bajos en calorías y altos en fibra:&nbsp; Con solo 57 calorías y aproximadamente 2.4 gramos de fibra por cada 100 gramos,&nbsp; son una excelente opción para quienes deseen mantener o alcanzar un peso saludable. Su fibra soluble no solo favorece la sensación de saciedad, ayudando a regular el apetito, sino que también promueve la regulación del tránsito intestinal, contribuyendo a una digestión eficiente.</p><p>Nutrientes: ricos en vitamina C, K, ácido fólico, manganeso y antioxidantes como las antocianinas (pigmentos naturales responsables de su color azul intenso).</p><p>Estos nutrientes refuerzan la&nbsp; respuesta inmunológica, regulan la coagulación sanguínea, mantienen los huesos sanos y protegen al organismo del estrés oxidativo un factor que acelera el envejecimiento celular, y favorece el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como la diabetes tipo 2, ciertos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares.&nbsp;</p><p>Salud intestinal: son una excelente fuente de fibra soluble, que actúa como prebiótico, promoviendo el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino. Un microbioma intestinal equilibrado es fundamental para una digestión eficiente, una correcta absorción de nutrientes y el buen funcionamiento del sistema inmune. Además, contienen fitoquímicos como la quercetina, con propiedades antiinflamatorias que también colabora con la salud digestiva.</p><p>Cuidado del corazón: Su contenido en fibra y antioxidantes contribuye a reducir la presión arterial y a equilibrar los niveles de colesterol, protegiendo las arterias y favoreciendo una circulación sanguínea adecuada.&nbsp;</p><p>Propiedades antiinflamatorias: su alto contenido en antioxidantes como las antocianinas y la quercetina, les otorgan un potente efecto &nbsp; antiinflamatorio, reduciendo la inflamación en todo el cuerpo, y favoreciendo la salud cardiovascular, articular y digestiva.</p><p>Prevención de infecciones urinarias: Aunque no sustituyen un tratamiento médico, son una excelente opción preventiva contra las infecciones urinarias. Gracias a sus antocianinas, ayudan a evitar que las bacterias se adhieran a las paredes del tracto urinario, facilitando su eliminación a través de la orina.</p><p>Cómo incluirlos en tu dieta</p><p>Son increíblemente versátiles. Se pueden añadir a platos dulces y salados de diversas maneras: en ensaladas de frutas, yogures, como topping de panqueques o tortas, en smoothies o infusiones. Se pueden disfrutar frescos, congelados, deshidratados o en polvo. Pero es importante tener cuidado con los jugos comerciales ya que en general contienen azúcares añadidos y aditivos. Además, las personas con alergias alimentarias deben ser cautelosas al introducirlos en su dieta.</p><p>Los arándanos no solo solo esconden un rico sabor, sino &nbsp;también son un verdadero superalimento lleno de . antioxidantes, y vitaminas esenciales que favorecen tu bienestar.&nbsp;</p><p>Incluir estos pequeños frutos en tu dieta es una manera fácil , rápida y natural de cuidar tu cuerpo y prevenir enfermedades.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bmiy9NziMvEtTMxkVUTKf72dywg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/arandanos_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un superalimento natural que nos aporta antioxidantes, fibra y vitaminas para un completo bienestar.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-29T09:43:28+00:00</published>
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            El eco de lo que elegimos: ¿Por qué sigo acá, odio mi zona de confort?
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UEHVHF540iHBiIOcg1nUgqs_c1Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/el_eco_de_lo_que_elegimos_por_que_sigo_aca.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El peso de la rutina y el desgaste</p><p>Llegar a los 40 y pico es como frenar en medio de un viaje largo: mirás el mapa y te preguntás si vas por el camino correcto. El trabajo, que alguna vez brillaba con promesas, se volvió un loop agotador. La rutina, antes un refugio, ahora es una trampa. No hay desafíos nuevos, no hay sensación de avanzar, solo un techo invisible que aplasta. Esa "zona de confort" que parecía segura se transformó en una jaula silenciosa. "Hago lo mismo todos los días, pero ya no sé para qué", se escucha en charlas con amigos, en sobremesas, en el silencio de la noche. Los años de experiencia, aunque valiosos, pesan como un lastre si no están alineados con lo que hoy te prende. Ese desgaste no queda en la oficina; se cuela en la vida, dejando un vacío que cuesta nombrar.</p><p>Cuando la cabeza y el corazón no se hablan</p><p>La desmotivación no es un mal día. Es un nudo en el pecho al entrar a la oficina, es despertarte con la cabeza a mil, es sentir que estás obligado a seguir en algo que ya no sos vos. La ansiedad aparece cuando la cabeza te empuja a seguir, pero el corazón se resiste. La depresión se asoma cuando el sentido se pierde del todo. Como dice Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido, sin un propósito, la vida se siente hueca. Y cuando el trabajo, que ocupa tanto de nuestro tiempo, deja de darnos ese "para qué", la angustia se hace compañera. La pregunta no es solo "por qué sigo acá", sino "quién soy si no estoy acá". Simon Sinek, en Empieza con el porqué, lo plantea claro: necesitamos conectar con lo que nos impulsa de verdad, no solo con lo que paga las cuentas. Sin ese "porqué", el trabajo se vuelve un eco vacío.</p><p>El espejismo de la seguridad</p><p>¿Por qué seguimos? Por el sueldo, claro. Esa jaula dorada que brilla con la promesa de estabilidad, pero que cobra un precio alto: tu paz mental. "Más vale malo conocido", pensás, mientras pagás las cuentas, la cuota del auto, el colegio de los chicos. Pero aferrarte a esa seguridad tiene un costo que no se mide en pesos. Renunciar da vértigo: ¿y si no encuentro nada? ¿Y si la cago? El espejismo del sueldo fijo te mantiene atado, aunque el día a día te consuma. El Estudio Harvard sobre el Desarrollo Adulto lo desmiente: la felicidad no está en la plata, sino en las relaciones y en sentir que aportás algo. Quedarte por el sueldo puede ser práctico, pero ¿a qué costo emocional?</p><p>El eco del futuro: el miedo a la jubilación</p><p>A los 40 y pico, la jubilación empieza a asomarse como un horizonte lejano pero real. ¿Qué pasa cuando el trabajo, que fue tu identidad por años, se termina? El miedo a quedar sin propósito, sin rutina, sin algo que te defina es paralizante. Algunos se preguntan si lo que construyeron valió la pena; otros temen no tener suficiente para el futuro, económica o emocionalmente. Este miedo refuerza la inercia: quedarse en lo conocido, aunque no llene, parece menos arriesgado que dar un salto al vacío. Pero aferrarte a un trabajo que te pesa no te prepara mejor para ese futuro; solo posterga la pregunta.</p><p>Aceptar y reencuadrar: un nuevo comienzo</p><p>Llegar a este punto implica aceptar que algunos sueños –dinero, éxito, reconocimiento– no se cumplieron como esperabas. Pero esa aceptación no es rendirse; es abrir la puerta a algo nuevo. No siempre hay que tirar todo por la borda. A veces, el cambio está en encontrar un nuevo "porqué" en lo que hacés: un proyecto que te motive, un rol que te desafíe, o una nueva mirada. Como dice Sinek, el "porqué" es el motor que da sentido a lo que hacés. Quizás el éxito no es un ascenso, sino irte a dormir con la conciencia tranquila. Replantear el éxito es liberador: puede ser contribuir a una causa, aprender algo nuevo o equilibrar mejor el trabajo con la vida personal.</p><p>Vocación versus realidad: ¿se puede volver atrás?</p><p>La vocación, ese fuego que te empujó alguna vez, puede estar enterrada bajo años de pragmatismo. ¿Se puede recuperar? No siempre, pero sí se puede encontrar un punto medio. Capacitarte en algo que te intrigue, probar un proyecto paralelo o renegociar tu rol actual son formas de reconectar. A veces, la vocación no está en el trabajo, sino en lo que te permite: tiempo para un hobby, recursos para viajar, estabilidad para tu familia. Pero también hay que ser honesto: si el trabajo actual no da para más, quizás sea hora de explorar otro rumbo. No se trata de volver a los 20, sino de preguntarte: ¿qué me prende hoy?</p><p>Estrategias para moverse</p><p>No hace falta un cambio épico para salir del estancamiento. Acá van algunas ideas prácticas:</p>Buscá pequeñas victorias: Encontrá algo en tu trabajo que todavía te guste, aunque sea mínimo, y hacelo crecer.Desafiá la rutina: Proponé un proyecto nuevo, aprendé algo diferente o pedí un cambio de responsabilidades.Seguí aprendiendo: Un curso, un libro, un taller. Crecer te recuerda que podés.Conectá con tu impacto: Pensá cómo tu trabajo, aunque sea en lo pequeño, aporta a algo más grande. Si no lo encontrás, quizás sea hora de buscar otro rumbo.Armá una red: Charlar con colegas, mentores o amigos del rubro te da perspectiva y te abre puertas.Cuidarte: La terapia puede ayudarte a desenredar la angustia y a entender qué querés de verdad.Redefiní tu impacto: Inspirado en Sinek, preguntate: ¿cuál es el "porqué" detrás de lo que hacés? Si no lo encontrás, buscá dónde sí puedas aportar valor.<p>La crisis de los 40 y pico es más que un mal momento; es una chance de replantear todo. Escuchar ese eco que pregunta "por qué sigo acá" es el primer paso. No se trata de tirar todo, sino de decidir con coraje: ¿seguís en el mismo camino o creás uno nuevo? Como dice Simon Sinek, "trabajar duro en algo que no nos importa se llama estrés; trabajar duro en algo que amamos se llama pasión". La vida que queda merece tener sentido. El cambio no es fácil, pero quedarse atrapado en un trabajo que te apaga es aún más caro. ¿Qué paso vas a dar hoy para que ese eco sea una guía y no un peso?</p><p>Próximo eco: En nuestro próximo encuentro, exploraremos el "nido vacío" y el reencuentro con tu pareja, un nuevo capítulo donde los roles se redefinen y la conexión se profundiza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UEHVHF540iHBiIOcg1nUgqs_c1Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/el_eco_de_lo_que_elegimos_por_que_sigo_aca.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La chispa del laburo se apagó. Entre la jaula de oro del sueldo y el miedo al salto. ¿Cómo volver a lo que nos mueve?]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-24T14:00:55+00:00</published>
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            El eco de lo que elegimos: Ser o no ser... padres, esa es la cuestión
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zZEhsyAxpXchA_DTv7J_Pe3m2Ps=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/el_eco_de_lo_que_elegimos_ser_o_no_ser_padres_esa_es_la_cuestion.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Si elegir una carrera es un vértigo que te hace sudar frío y encontrar a tu media naranja es jugártela a que te rompan el corazón, decidir si traer hijos al mundo te pega en el pecho como un cross de derecha. Es la cuarta entrega de El eco de lo que elegimos, después de la intro, el “¿qué carajo hago con mi vida?” y el “¿quién se anima a caminar conmigo?”. Este dilema te revuelve las tripas, porque toca un instinto crudo, ese fuego que desde hace siglos nos empuja a dejar algo nuestro en el mundo, pero también te enfrenta al espejismo de una vida sin ataduras. La ciencia dice que esta elección te prende el cerebro: la alegría de un bebé que balbucea “papá” o el cagazo de una fiebre a las tres de la mañana te hacen saltar el corazón como si fuera una fiesta electrónica. Algunos van por la familia de manual, otros la arman a su manera —clásicas, monoparentales, adoptivas, ensambladas con sus líos y sus amores—, pero todos resuelven según lo que les canta el alma.</p><p>Día del Niño, con los chicos corriendo y gritando, es el momento justo para hacerse la gran pregunta, al estilo Hamlet: “¿Ser o no ser... padres? Esa es la cuestión”. No es un melodrama para la tele; es el latido de la vida misma, un eco que resuena desde las cuevas hasta los departamentos con Wi-Fi. Y no es solo decidir; es asumir quién sos con esa elección, porque ser o no ser padres te redefine el alma, te obliga a mirarte al espejo y preguntarte qué querés dejar en este mundo.</p><p>El “sí”: un salto al vacío que valeEmpecemos con el “sí”, que viene de las entrañas. Darwin lo vio claro: no se trata solo de sobrevivir vos, sino de que tus genes sigan la fiesta. Hay un instinto animal, metido en el ADN, que te grita “dejá algo tuyo en este mundo”. Tener hijos no es solo biología; es jugártela por un legado, apostar a que una sonrisa, un valor, una pavada que enseñaste va a seguir dando vueltas cuando ya no estés. Erikson, un grosso de la psicología, le puso “generatividad” a esa necesidad de crear algo más grande que vos, de cuidar, de enseñar, de no quedarte mirando el ombligo. Porque, seamos sinceros, una vida solo para vos puede volverse un loop egoísta que no te lleva a ningún lado.</p><p>Imaginá: el primer pasito torpe de tu hijo, esa risa que te hace olvidar el quilombo del día, el mate frío y las ojeras. Los estudios de Harvard no te venden humo: las relaciones profundas, y ninguna como la de criar, son la clave para una vida que tenga sentido. La familia —sea la clásica con papá, mamá e hijos, una monoparental, una adoptiva o un collage de amor y caos de una ensamblada— es un refugio en un mundo que a veces es puro ruido y ego. Traer hijos es tirar una semilla al viento, enseñarles a ser buena gente, a bancarse los golpes. Es el antídoto al “yo, yo, yo” de esta época: criar es soltar el control de tu vida y pasárselo a otro, aunque sea por un rato.</p><p>Cuando el sueño se trabaPero a veces el “sí” no llega, y eso es un puñal que se clava lento. Hay quienes quieren ser padres con toda el alma y la vida les pone un freno: infertilidad, circunstancias, o un destino que no se alinea. Ese deseo roto es un golpe que te deja sin aire. Estudios en Journal of Reproductive and Infant Psychology lo confirman: la infertilidad o no poder formar una familia puede disparar un duelo que te come por dentro, ansiedad que te aprieta el pecho como una tenaza, depresión que te susurra que algo en vos está roto. Las esperas eternas, las citas médicas, los “¿y para cuándo el bebito?” de los demás te clavan como agujas. Y la presión social —esas miradas en las reuniones familiares, los comentarios que te señalan como si estuvieras incompleto— hace que el dolor pese el doble.</p><p>Acá la salud mental es el campo de batalla. Ese loop de culpa e inseguridad puede convertirse en un silencio que te grita en la cara. Pero hay salidas. Los tratamientos de fertilidad son una opción, aunque el camino puede ser un desgaste que no siempre termina en abrazo. La adopción es otra: un acto de amor puro, abrirle la puerta a un chico que ya está en el mundo y necesita un hogar. No es un plan B, es un “sí” distinto, con su propia magia. Y si ninguna de estas encaja, armar una familia distinta —con sobrinos, ahijados, o una comunidad que te abrace— también es un camino. Hablar con alguien, un terapeuta, un amigo, un guía, es como prender una linterna en la oscuridad: te ayuda a navegar el duelo, a reconstruir quién sos y a encontrar sentido en otro lado. No es de débil, es de valiente.</p><p>El “no”: la tentación de la libertadEl “no” también tiene su encanto, y en esta época pega fuerte. La modernidad te susurra: ¿para qué pañales y trasnoches si podés viajar, salir hasta las mil, o meterte de lleno en tus proyectos? El hedonismo de hoy te vende que sin hijos tenés más guita, más tiempo, más vos. En una cultura donde el “yo” es el rey, no tener hijos parece un golazo: todo para vos, sin complicaciones. Y la movida woke a veces le pone pimienta, diciendo que la familia es una trampa vieja, una jaula que te corta las alas. Pero la sociedad también te apunta con el dedo: “¿Y quién te va a cuidar de viejo?”, como si no tener hijos fuera un delito.</p><p>Pero, ¿y si esa libertad es puro humo? Nietzsche ya lo tiró: sin algo más grande que vos, la vida puede volverse un eco vacío. Los likes, las fiestas, las cosas que comprás te dan un subidón, pero después te dejan con un hueco que no explicás. La psicología positiva, como la de Seligman, lo tiene claro: la felicidad de verdad viene de los vínculos, no de correr atrás de placeres que se esfuman. No tener hijos puede ser una elección válida —por lo que sea, por convicción, por no sentirte listo—, pero si es puro egoísmo, corrés el riesgo de quedarte con un silencio que grita. La soledad no deseada, según la psiquiatría, puede disparar ansiedad, depresión, incluso problemas más serios, porque somos bichos sociales, y sin conexiones profundas, el alma se apaga.</p><p>El faro de la familiaNos tiramos de cabeza por el “sí”, no porque sea una obligación, sino porque es meterse en algo más grande que vos. Tener hijos es jugártela: te saca canas, te da miedos, pero también te llena de momentos que no cambiarías por nada. Y si la paternidad no llega, hay otros caminos —adopción, comunidad, amor en otras formas— que también son familia. Hay familias de todos los colores: clásicas, monoparentales, adoptivas, ensambladas con sus líos y sus amores. Todas pueden ser un nido donde crecen valores, empatía en un mundo que a veces es un sálvese quien pueda, coraje para los golpes de la vida. Hoy, Día del Niño, los chicos nos recuerdan que son el puente al mañana.</p><p>Ser padres no es para todos, pero en ese “sí” —o en la pelea por alcanzarlo— hay una chispa que le gana a la nada. ¿Ser o no ser? Elegí con el alma, porque ese eco va a sonar cuando todo lo demás se apague.</p><p>La próxima entrega: En otro eco de El eco de lo que elegimos, nos vamos a meter en cómo sostenerse en el laburo cerca de los 40, cuando la rutina puede apagar la chispa y te obliga a preguntarte si seguís en piloto automático o buscás un nuevo horizonte.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zZEhsyAxpXchA_DTv7J_Pe3m2Ps=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/el_eco_de_lo_que_elegimos_ser_o_no_ser_padres_esa_es_la_cuestion.png" class="type:primaryImage" /></figure>En un mundo que te tira entre el grito primal de perpetuar la vida y el canto fácil del “viví para vos”, elegir ser padres es un soliloquio shakesperiano. ¿Dar vida y después dejarla volar?]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-18T11:30:00+00:00</published>
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            Seis grandes decisiones para disfrutar la vida ¿estás preparado para ser feliz?
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dmjxoq8TwjDkY2d-7xleslaJh-I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/decisiones.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esta es la presentación de una serie de notas en las que vamos a sencillamente plantear un manual de instrucciónes para corajudos, para los que se animan a vivir riéndose y disfrutar la vida a pesar de los tragos amargos. Vamos entonces a resolver, o hacer el intento, de preguntarnos qué cosas son importantes debatir internamente para caminar el sendero de la paz interior. Lograr que a la mañana se nos dibuje una sonrisa para arrancar el día a pesar de todo. Si queres ser feliz, tengo una primera noticia para vos que me estás leyendo: no depende de nadie más que de vos. Ahora bien, empecemos a pensar.&nbsp;</p><p>La vida es un despelote de decisiones, y si la primera gran pregunta es “¿qué hago con mi vida?”, la segunda pega más hondo: ¿quién se anima a caminar con vos? No es solo buscar pareja, no es solo el amor romántico con su fuego y sus promesas. Es tejer una red de vínculos —pareja, amigos, familia, comunidad— que te sostengan, te desafíen y te hagan mejor. Pero en un mundo que nos vende conexiones instantáneas y nos deja más solos que nunca, elegir bien es un arte. Y, como todo arte, requiere coraje, autoconocimiento y un toque de rebeldía contra los patrones que nos traban.</p>Los hilos invisibles del apego<p>Todo arranca en la cuna. John Bowlby, con su Teoría del Apego, lo dejó claro: cómo nos cuidaron de chicos escribe el guión de cómo amamos de grandes. ¿Tuviste un “puerto seguro” donde descansar tranquilo? ¿O creciste con el miedo al abandono, siempre alerta, siempre dudando? Los estilos de apego —seguro, ansioso, evitativo, desorganizado— son como un tatuaje emocional. Si sos de los que se aferran como si el otro fuera oxígeno, o de los que salen corriendo cuando la cosa se pone íntima, ahí está la clave. Conocer tu estilo de apego no es solo un ejercicio de psicoanálisis cool; es el primer paso para no tropezar siempre con la misma piedra. Porque, seamos sinceros, repetir patrones tóxicos es como escuchar la misma canción rota una y otra vez.</p>El amor: incondicional, exigente, con límites<p>Hablar de amor es meterse en terreno pantanoso. Cada uno tiene su definición, moldeada por sus vivencias, sus cicatrices, sus sueños. Pero si me preguntás, el amor de verdad tiene dos patas: incondicionalidad y exigencia. Suena contradictorio, pero no lo es. Amar incondicionalmente es estar para el otro sin esperar que sea tu salvador, tu terapeuta o tu muleta. Es quererlo entero, con sus luces y sus sombras, sin querer cambiarlo. Pero ser incondicional no es depender; es poner límites claros, respetarse a uno mismo y al otro. Amar no es un vale todo. Un amor sano no te pide que te anules, ni que soportes lo insoportable. Es un pacto donde ambos crecen, se desafían y se cuidan, pero nunca se atan.</p>Vínculos que curan, vínculos que duelen<p>La ciencia no miente: el Estudio de Desarrollo de Adultos de Harvard lo dejó clarito. No es la guita, no es la fama, son las relaciones sanas las que te hacen vivir más y mejor. Un amigo que te escucha sin juzgar, una pareja que te banca en las malas, una comunidad que te abraza cuando todo se derrumba: eso es un escudo contra la ansiedad, la depresión y el estrés. Pero ojo, los vínculos tóxicos son veneno puro. Una relación —de pareja, de amistad, o incluso familiar— que te apaga, que te hace dudar de vos mismo, que te enreda en celos, codependencia o peleas eternas, es un boleto directo al malestar. Y la soledad, esa sombra que acecha, no es solo no tener pareja. Es sentir que no tenés a nadie en tu esquina, que no hay un amigo, un pariente, un vecino que te tire una soga. Las redes sociales, con sus vidas perfectas y sus likes vacíos, a veces agrandan ese hueco. La clave está en conectar de verdad: bajar la guardia, buscar un amigo, un hobbie, una causa. Algo que te saque del pozo y te devuelva al mundo.</p>Comunicar es el verbo<p>Las relaciones no son magia, son laburo. Y el corazón de ese laburo es la comunicación. No es solo hablar, es escuchar sin planear la respuesta mientras el otro suelta su verdad. Es pelear sin destruir, decir lo que sentís sin esperar que el otro sea adivino. Es poner límites sin culpa y respetar los del otro. Las relaciones sanas —de pareja, de amistad, de comunidad— se construyen con respeto mutuo, con la valentía de mostrarte vulnerable y la humildad de admitir cuando la pifiaste. Porque no se trata solo de encontrar una media naranja; tus amigos, tu familia, tu tribu son la red que te sostiene cuando la vida pega.</p>Cuando el camino se tuerce<p>A veces, las cosas se pudren. Relaciones —de pareja, de amigos, de familia— que se vuelven un loop de peleas, silencios que cortan como navajas, o patrones que te enganchan con gente que te lastima. Las relaciones tóxicas no son solo peleas épicas o portazos; son esos vínculos que te desgastan, que te hacen sentir menos, que te atrapan en un ciclo de celos, control o indiferencia. Desde la psiquiatría, se sabe que detrás de estos quilombos muchas veces hay algo más profundo: inseguridades grabadas a fuego, traumas que no sanaron, o incluso trastornos que complican todo. Por ejemplo, alguien con un carácter súper intenso, que pasa de idealizarte a ignorarte, puede estar lidiando con algo como un trastorno límite, que hace que las relaciones sean una montaña rusa emocional. O alguien que siempre necesita ser el centro y no empatiza con vos, quizás esté atrapado en un patrón narcisista. La depresión, la ansiedad o heridas de traumas pasados también pueden meterse en el medio, haciendo que la confianza o la intimidad sean una misión imposible. La terapia no es un lujo, es un mapa para salir del laberinto. Identificar esos patrones —codependencia, celos enfermizos, juegos de poder— es el primer paso para cortarlos. Y cuando un vínculo se rompe, sea una pareja o una amistad, el duelo duele como un mazazo. No es solo extrañar; es lidiar con la pérdida de lo que pudo haber sido. Sanar no es olvidar, es soltar, y eso lleva tiempo y coraje.</p>El eco de tus elecciones<p>Elegir con quién compartir la vida es elegir cómo querés vivirla. No se trata de encontrar al “indicado”, sino de ser vos el indicado para alguien —pareja, amigo, comunidad—, con tus virtudes y tus grietas. Pero no elegir, encerrarte, aislarte del mundo, también tiene su precio. La soledad no deseada no es solo un mal día; puede arrastrarte a la depresión, la ansiedad o problemas más serios. La psiquiatría lo ve claro: el aislamiento crónico, sin amigos, sin tribu, sin nadie con quien compartir las risas o las broncas, puede hacer que el alma se apague. Construir relaciones sanas es un arte que se aprende, y el pincel está en tus manos. Elegí con quién caminar, porque el eco de esa elección va a resonar toda tu vida.</p><p>La próxima entrega: ¿Hijos, ser o no ser? Esa es la cuestión que sacude el alma. La semana que viene, te contamos si traer vida al mundo es tu destino o si la libertad de no hacerlo es tu verdad.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dmjxoq8TwjDkY2d-7xleslaJh-I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/decisiones.png" class="type:primaryImage" /></figure>Seres gregarios que tejen lazos de amor, amistad y comunidad, que nos sostienen y nos desafían. Elegir con quién compartir la vida; es un acto de valentía.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-12T21:44:15+00:00</published>
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