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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
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            Argentina vota: lanchas, palets con plata, armas y Jaime sin efectivo
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                <![CDATA[Pedro Paulin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aYVEkQtD_C3cV7PBOV_YaUMxOsg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/ladrones_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un juez federal me djio una vez cenando en el Paru Sushi de Libertador: “la diferencia entre el peronismo y el antiperonismo es una y clara. El Peronismo es el chorro mal vestido, un roto, &nbsp;que entra ahora, nos roba la botella de coca cola, esquiva el guardia, lo agarran en la esquina tirando piñas. El anti peronista es el mozo que te saluda, te señala la ventana para que mires, y cuando volves a la mesa no tenes más la coca cola. Los dos te cagan, lo que cambia es la forma. &nbsp;</p>Estilos. La Coca Cola y el juez.<p>Los bolsos con efectivo son transversales, los revolea un marginal como José López con relojes y monedas de oro, empapado de cocaína en un convento, pero porque el populismo siempre supo superar la ficción a la hora de demostrar su falta de capacidad. Chorros, coimeros, pero sobre todo brutos y expuestos, es el legado que dejó el apellido Kirchner al país, siempre a ojos de la justicia. Pero es injusto enmarcarlo en el PJ, Néstor, Cristina y su semi analfabeto heredero. Los hombres de camisa rosa y excelentes modales patearon palets con plata, coimearon punteros, compraron fiscales endebles y fueron a buscar abuelos a las casas para explicarles los beneficios de ir a votar sin ganas.</p><p>Cuentan las leyendas que los domingos de elecciones con los días más caros de la historia. Más del 30% de una campaña se puede gastar en esas casi veinte horas. La política hace viajar gente, consiguen armas, facas, cuchillos, balas. No es broma, esto pasa hoy en Argentina. En Formosa cruzan la frontera en lancha o a pie, por las pasarelas formoseñas. Literalmente miles de paraguayos vienen a colmar las urnas de peronismo para que la dictadura de Gildo Insfrán vuelva a “arrasar en las urnas”, como dice algún desvelado periodista, en vez de recordar que vuelve a violar la democracia.&nbsp;</p><p>En Valentin Alsina un capo del no Peronismo bonaerense confirma los resultados, el Peronismo perdió Buenos Aires. “¿Y con esto qué hacemos ahora?”, preguntó aterrado un joven politólogo en un local partidario mirando al viejo lobo experimentado. “Esto no existe, es plata de la política, no es mío, no es tuyo, no es de nadie, esto no existe, llevatelo”, le dijo con mirada cansada por estar sin dormir los últimos días de campaña.&nbsp;</p>Ganamos. El cierre de una jornada agotadora en Buenos Aires.<p>Mitos hay mucho, algunos más divertidos que otro, pero la imagen del homenaje a Pablo Escobar es de las mejores. Juanjo Alvarez dejó su Hurlingam natal para disfrutar noches en el Hotel de lujo cercano al Aeropuerto de Córdoba. Había que ganar o ganar. Se sentaba en el lobby, acordaba el valor, subía a su habitación donde había bolsos con plata, pagaba y se iba el candidato convencido de que su vida había cambiado. Dicen que eran millones de dólares en bolsos. Sergio Massa estaba convencido de que entre los bolsos para cambiar votos y las toces en el debate presidencial, podía ser Presidente. No se pudo.</p>No se pudo. Los esfuerzos del PJ por dar vuelta el balotaje.<p>El día después de la elección hubo silencio. Javier Milei era presidente, Sergio Massa empezaba el desierto, ese que ya conoce, pero que quiere sin éxito abandonar. Le escribió uno de los recaudadores de la campaña algunas mañanas más tarde. “Sergio, cómo estás”, quiso saber". “Por ahora en libertad, que no es poco”, respondió entre risas. Había fulminado el estado para perder una elección dejando una hiperinflacion en puerta y seis de cada diez chicos pobres, pero había espacio para el humor.</p><p>Ricardo Jaime fue claro: si la empresa que administraba una línea de trenes no conseguía dos millones de dólares en cambio chico dentro de las 48 horas siguientes, perdían la empresa. La deserción del boleto tranviario superaba el 80% y los subsidios sin control alimentaban el discurso populista de transporte público y de calidad, cuando faltaban meses para que la Tragedia de Once les recuerde que el kirchnerismo fue una mentira. “Estamos cortos de efectivo, traigan la plata o despídanse del tren”, sentenció. El empresario le dijo a Jaime que no había forma de conseguir eso, el secretario de Estado de Cristina Kirchner se dio vuelta y se fue.&nbsp;</p>sin efectivo. Ricardo Jaime, cruzando Plaza de Mayo.<p>Vaciaron las cuevas del centro, trajeron plata de afuera, liquidaron los pesos de dos bancos y sumaron en efectivo: el kirchnerismo no tenía plata física para fiscalizar el Conurbano y la rebelión de los punteros siempre aparece el sábado. Consiguieron los bolsos, Jaime como siempre cruzó Plaza de Mayo y entró a Casa Rosada sin control con el dinero. El kirchnerismo perdió las elecciones y el país dos millones de dólares cash para los marginales del sistema electoral.&nbsp;</p><p>Los domingos de elecciones son así. Los narcos financian y esperan, los políticos patean bolsos con plata, los punteros se arman y la muestran si hace falta. Los voluntarios no peronistas desertan muchas veces porque corre peligro su integridad. Las urnas se caen al rio o se queman, como hizo el padrino político de Marcela Pagano, Luis Barrionuevo, cuando quiso gobernar Catamarca. Es Argentina, pasaron treinta años y nada cambió. Este año el pantano viene más cargado que nunca. El soberano, por ahora, siempre se equivoca. (ACA EL VIDEO DEL VIAJE NEWSTAD A FORMOSA)</p><p>https://youtu.be/O6hBMX6q48k</p><p>Dentro del aquelarre institucional, no hay que sacar al periodismo, responsable absoluto del desastre colaborativo. La corrupción en el voto, la falla del sistema, tiene siempre periodistas que colaboran con el caos, la mentira, la manipulacion de datos. Roberto Navarro gritando con Javier Díaz y la ex Gran Hermano que Daniel Scioli era el nuevo presidente. Un inmoral que ahora con peluca y rodilleras entra a Casa Rosada a pedir plata. El Periodismo tiene que hacer una autocrítica sincera, por eso nace Newstad, porque es tiempo de volver al periodismo.&nbsp;</p><p>https://www.youtube.com/watch?v=xdr6c27zaUI</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aYVEkQtD_C3cV7PBOV_YaUMxOsg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/ladrones_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>Jueces que describen corrupción, empresarios vaciando cuevas y Massa festejando la Libertad, eso fue o es Argentina.]]>
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                                <category term="comovotamos" label="#ComoVotamos" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-30T12:07:45+00:00</published>
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            El doble reto de un candidato joven: renovar la política y rescatar a los desencantados
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                <![CDATA[Redacción Newstad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pxYb4hk7qZCJsTbeGWyLd2OzUzs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/massano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tenemos una ciudadanía que exige mucho y una política que responde poco. Pero no es solo el hecho de la falta de representación lo que hace a la apatía política, sino las consecuencias de una mala gestión pública. A su vez, a diferencia de lo que muchos creen, el no votar también es una forma de ejercer la democracia.</p><p>Es una respuesta o un cuestionamiento a los partidos tradicionales, también La Libertad Avanza: son los mismos de siempre. Son las mismas caras de hace 20, 30, 40 o 50 años.Si bien hay ciertas personas que hacen a la troncalidad del partido o son los más representativos, se vienen reciclando de hace décadas, por lo que su accionar es exactamente el mismo. Se cree que cambiando el nombre o aliándose con otros vas a cambiar la respuesta, pero si no la diste antes, no la vas a dar ahora. Y la ciudadanía se los hace saber cuando no los votan. Por ejemplo, ¿Por qué Juntos Por el Cambio perdió en 2019? Porque no respondió la totalidad de las demandas y necesidades que decía que iba a solventar. Lo mismo el kirchnerismo. Y ahora lo estamos viendo con Javier Milei.</p><p>A su vez, se identifica que son las mismas propuestas de siempre. “Vamos a transformar, vamos a cambiar”, pero terminan haciendo nada. De vez en cuando los gestores o la administración pública prepara un proyecto macro a una necesidad general. Pero la situación del argentino sigue siendo exactamente la misma: no hay progreso real, por lo tanto las demandas no son respondidas.</p><p>Esto genera, naturalmente, un impacto negativo en la sociedad. Ergo, con toda la razón del mundo, el argentino no va a votar. Yo como candidato a diputado por la 8.ª sección, por Potencia, un espacio nuevo, no puedo juzgar al ciudadano porque no va a votar. Yo debo juzgar al político responsable de la situación deplorable de la ciudadanía, que resulta en la campaña masiva del “no ir a votar)</p><p>La desilusión que lleva a no votar también es una forma de hacer democracia: “me cagaron todo el tiempo y me siguen cagando”,&nbsp; se dice, y es cierto.</p><p>Hoy en día se identifican dos espacios populistas hegemónicos. El Kirchnerismo y la Libertad Avanza. Hagan lo que hagan, hay una buena parte del electorado (un 30, quizás 40%), que los va a seguir apoyando. ¿Por qué? Porque el populista se encarga&nbsp; de ofrecer una solución inmediata a un problema mayor. Por ejemplo, Cristina con el tema de la pobreza extrema, asistiendo monetariamente (que en sí es populismo económico). Pero luego claramente eso terminó multiplicando la pobreza y destruyendo la cultura del trabajo, porque se han distribuido demagógicamente los recursos. Es decir, no hubo progreso, hubo una respuesta inmediata, por lo tanto el problema no se solucionó</p><p>Y ahora la tenemos a Milei con el arreglo macroeconómico, pero su fórmula demuestra que no hay una estabilidad que se pueda mantener en el tiempo. Es decir, es una estabilidad que solo se va a poder mantener con Milei y no con un gobierno futuro: supongamos que en 2027 pierde Milei, la presidencia la agarra otro partido y a los dos días va a destrozar la economía. ¿Por qué? Porque no es una fórmula pensada para otros gobiernos, es una fórmula pensada para ser estable en su gobierno. Porque dicen que un mínimo aumento a las jubilaciones, a los aportes para la discapacidad, o el presupuesto en educación y salud u hospitales, que son servicios esenciales, ya te rompe lo macro.</p><p>Y a esto se le suma la violencia emanada desde la Casa Rosada contra otros políticos y ciudadanos. Veía en Lomas de Zamora al presidente agrediendo a un ciudadano cara a cara, porque el ciudadano le dijo ‘son unos corruptos’. El responsable primero de evitar la violencia en un país es el presidente, porque las formas que tiene generan una sociedad violenta, polarización y una división en el espectro político irreparable provocando un daño en la sociedad y el sistema político</p>Nadie se quiere ir porque afuera no tienen nada<p>Como sociedad, constantemente&nbsp; identificamos y resaltamos que gobierno tras gobierno, año tras año, los políticos terminan siendo lo mismo, pero nadie tiene los huevos de asumirlo. Nadie sale a la televisión a decir ‘hice todo mal, me voy’. Porque de hacerlo, afuera no tienen nada ya que han basado su carrera en vivir de la política no resolutiva. Afuera nadie los está esperando, y lo saben perfectamente. Por eso optan por mantener su cuota de poder político y seguir haciendo nada.</p><p>Pero ¿qué pasa con aquellas personas que terminan haciendo las cosas bien? No todos se corrompen, pero muchos de ellos no llegan a escalar porque no aceptan el sistema pensado estratégicamente para la salida fácil y el pago lateral (corrupción, coimas, arreglos bajo la mesa). Pero para corregir esto, es necesario un cambio DE sistema, no EN el sistema. Es decir, borrón y cuenta nueva. Arrancar de 0 manteniendo lo que funciona, mejorando lo que hay mejorar y sacar las manzanas podridas.</p>Desarrollo: no es público o privado, sino ambas.<p>Otra cuestión que alimenta a la apatía política es la falta de desarrollo y conectividad. Sé que no estoy descubriendo la pólvora, pero poco se ha hecho la interconexión entre ambos factores.</p><p>Es ilógico pensar que un Estado no tiene que hacer obras públicas ya que las mismas hacen a la conectividad del territorio y de las personas, que es la que garantiza el desarrollo futuro. Si se suspende la obra pública pensando en que va a haber un privado que quiere conectar San Luis con La Quiaca (por poner un ejemplo) con un tren bala, es delirante. Desde el Estado se debe analizar en cuáles zonas faltan desarrollo,&nbsp; y marcar la iniciativa de construir rutas, trenes, caminos, infraestructura, si en aquella zona hay petróleo o minerales incentivar a la inversión privada (que necesariamente termina creando puestos de trabajo directos e indirectos, porque al ser proyectos de largo plazo muchas familias se asientan en la zona provocando un incremento demográfico y del desarrollo de la región). El privado no te lo va a hacer. No es una crítica al privado, pero el privado es necesario para invertir, construir y generar trabajo. Por cada peso que ponga el Estado, cinco tiene que ser del privado. Eso es el desarrollo. No todo el dinero tiene que venir del Estado. El Estado da una respuesta y luego&nbsp; el privado la hace realidad. Tanto Mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario</p>“La macro”: por qué es necesaria la confianza política para desarrollarse&nbsp;<p>Para desarrollar el país, y qué eso mejore necesariamente la posición del país y la calidad de vida de los argentinos, se debe mantener estable la economía, con déficit o con superávit. Estados Unidos tiene el déficit más grande del mundo pero tiene la economía más confiable y estable del sistema internacional. No es una cuestión de déficit, es una cuestión de confianza también. Y a su vez, si tu moneda no es confiable, es producto de tu manejo político.</p><p>Al mundo no le importa que un Estado mantenga un superávit o entre en déficit. Lo importante es que se pueda generar una confianza real sobre tu economía, en la que uno pueda invertir uno y al mes se pueda llevar cinco. La confianza también está garantizada por la estabilidad política, ya que da previsibilidad, reglas claras y seguridad a los inversores de que no van a perder dinero. Pero si el statu quo es baja institucionalidad, políticas populistas y debilitamiento de la democracia (situación en la que vivimos hace 30 años) se genera una percepción negativa de un país, desalentando la inversión por la falta de seguridad.</p><p>Si eso no funciona, también genera apatía política. ¿Por qué? Porque el desarrollo político y el desarrollo económico no están garantizados. Se elige mantener una economía “medio pelo” porque así el político de siempre se asegura vivir de arriba mientras el argentino se mantiene pobre.</p><p>Hoy se escucha mucho el “vamos a ser una potencia”. Ser una potencia, como dice Milei, no te hace ser únicamente bueno en lo económico. Sino en todo: en infraestructura, en la obra pública, en la inversión, en lo político, en la influencia que uno puede ejercer como político.</p>El desafío en la calle<p>Nos va a costar quizás un montón convencer de que no todos somos iguales. Potencia es una lista nueva, cuyos referentes son María Eugenia Talerico y Ricardo López Murphy. Somos ciudadanos comprometidos, que no tenemos absolutamente nada que ver con la política, que venimos de espacios en particular y que verdaderamente venimos a transformar.</p><p>Pero cuando esto se lo digo al vecino, me ignora o se ríe. Y lo entiendo perfectamente, porque lo viene escuchando hace años y años, pero sigue siendo la misma realidad de siempre.</p><p>Ante esto, la única forma de mostrarlo es con hechos, y para demostrarlo con hechos tenemos que estar ahí. Proponemos reactivar la Legislatura bonaerense, que hoy funciona como una escribanía para Kicillof, con propuestas innovadoras, transformadoras. Tenemos una plataforma extensa de propuestas, no solo a nivel provincia, sino a nivel municipio, es decir, en La Plata, la 8.ª sección. Particularmente proponemos una reforma de la ley de autonomía municipal enfocada en brindarle mayor autonomía a los municipios, para que tengan mayor facilidad a la hora de resolver los problemas de los vecinos. Conjugando esto con la fiscalización y auditoría constante desde el cuerpo legislativo (nacional, provincial y municipal), al Poder Ejecutivo.</p>A modo de conclusión (si es que esta historia termina)<p>En definitiva, que la gente no vaya a votar también es hacer democracia. El ciudadano le demuestra a otro ciudadano tomador de decisiones y “representante” (o sea el político) que le ha hecho la cama (en criollo, lo cagó) tantos años que no lo pienso votar nunca más en la vida. Y así como me lo dicen a mí en la calle, se lo dicen a todos.</p><p>Pero algunos estamos verdaderamente seguros de que lograremos convencer al ciudadano de que hay una salida. No somos indispensables porque es necesario que se garanticen oportunidades para el desarrollo individual, independientemente de la política. Es decir debe atinar a una política que construya la oportunidad de progresar individualmente, abandonando la lógica de la “Estado-dependencia”. Y así, resolver el problema de la apatía política.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pxYb4hk7qZCJsTbeGWyLd2OzUzs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/massano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Nicolás Massano, candidato de 23 años por el partido Potencia hace un análisis a corazón abierto de los desafíos que afronta haciendo campaña cara a cara con el votante desilusionado.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-30T05:40:29+00:00</published>
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            Boleta Única: el instrumento que equilibra la cancha
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                <![CDATA[Eugenia Wehbe]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yvrMG1QM1wEp1qkaTgC8DstC5t4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/bup_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El sistema electoral no es un detalle técnico: es el corazón de la vida democrática. La forma en que votamos define cómo se canaliza la voluntad popular y cómo se garantiza la igualdad de condiciones para todos los actores políticos. El 1 de octubre de 2024, la Cámara de Diputados sancionó la Ley 27.781, que reformó el Código Electoral Nacional e incorporó la Boleta Única de Papel (BUP) como nuevo instrumento de votación. Esta modalidad se aplicará por primera vez en las elecciones legislativas de 2025 y representa una modernización trascendente dentro de nuestro sistema institucional.</p><p>A lo largo de las últimas décadas, la Argentina fue introduciendo reformas significativas en su sistema electoral: se modernizaron las urnas, se sancionaron nuevas leyes de partidos políticos y de financiamiento, se innovó en la transmisión de resultados y en la forma de procesar los datos. Sin embargo, pese a todas esas reformas, el instrumento de votación seguía siendo el mismo durante décadas. La boleta partidaria múltiple atravesó más de un siglo sin modificaciones sustanciales. En este sentido, la incorporación de la boleta única de papel no es solo una innovación más dentro del andamiaje electoral: es la primera modernización real del mecanismo de votación en más de cien años, y por eso constituye un cambio de enorme trascendencia institucional.</p>Más de un siglo con el mismo sistema<p>Hasta ahora, la Argentina había mantenido inalterado su instrumento de votación desde la Ley Sáenz Peña de 1912. Cada partido debía imprimir y distribuir sus propias boletas, un modelo que terminó generando altos costos y desigualdades. La llegada de la boleta única rompe con esa tradición centenaria y marca un cambio histórico: el país deja atrás un esquema obsoleto para avanzar hacia un mecanismo más moderno, equitativo y transparente.</p><p>La BUP consiste en una única boleta de papel que reúne, en una sola papeleta, a todos los candidatos, categorías de cargos y partidos políticos que participan en la elección. Con este diseño, el elector puede visualizar de manera clara la totalidad de la oferta electoral y marcar su preferencia en un mismo documento, simplificando y transparentando el proceso.</p><p>La gran virtud de la boleta única es que pone a todos los partidos en pie de igualdad. Desde los más grandes hasta los más pequeños, todos aparecen en la misma boleta, con la misma visibilidad y sin depender de su capacidad logística o económica para imprimir y distribuir y estar presentes el día de la elección, cuidando sus boletas. Esto significa que ningún ciudadano se queda sin la posibilidad de votar a su candidato preferido: ya no hay riesgo de que “falte la boleta” en el cuarto oscuro ni que el acceso al voto dependa de maquinarias partidarias.&nbsp;</p>Imagen ilustrativa - BUP de categoría diputados nacionalesUn modelo global y regional<p>Argentina no está inventando nada exótico. Al contrario: con la boleta única nos estamos poniendo en sintonía con lo que ya hace la mayoría de América Latina. Solo Uruguay mantiene otro esquema, mientras que países como Chile, Brasil, Colombia, Paraguay o Perú utilizan boleta única en distintas modalidades. Incluso a nivel local, Córdoba y Santa Fe fueron pioneras en aplicarla, mientras que la Ciudad de Buenos Aires, Salta y Neuquén ya avanzaron con versiones electrónicas. Más recientemente, San Luis se sumó con la boleta única de papel, Entre Ríos ya la tiene aprobada para la próxima elección, y Chubut la aplicará próximamente. Es decir: es una tendencia extendida, probada y validada que ahora se consolida a nivel nacional.</p>El contraste con el modelo tradicional<p>El sistema argentino se ha sostenido sobre la lógica de imprimir millones de boletas partidarias, que luego debían distribuirse y reponerse en cada mesa de votación. Para que se den una idea, la cantidad de plata que el Estado debía desembolsar se medía por el valor de la boleta multiplicado por un padrón y medio, multiplicado por la cantidad de listas que presentaba una alianza o un partido en una Elección PASO.</p><p>Además, el sistema abría la puerta a prácticas que erosionaban la confianza ciudadana: el robo o desaparición de boletas en el cuarto oscuro, las dificultades para encontrar la opción deseada y la posibilidad de fraude por manipulación en la provisión. En ese contexto, los partidos con menos estructura sufrían una clara desventaja: no solo debían garantizar fiscales en cada mesa para reponer boletas, sino que corrían el riesgo de que su oferta electoral directamente no estuviera disponible para el votante.</p><p>Con la boleta única, en cambio, todo este entramado se elimina. Cada elector recibe un único instrumento, con todas las opciones en igualdad de condiciones. Esto no solo simplifica la logística y reduce costos, sino que cierra la puerta a prácticas poco transparentes que durante años afectaron la calidad del proceso electoral en la Argentina.</p><p>Los fiscales siguen siendo necesarios para controlar la identidad de los votantes (todos sabemos que en Argentina votan hasta los muertos cuando es necesario), estar atentos a las picardías de las autoridades de mesas cuando son afiliados partidarios, y muchas otras tretas y mañas más que, quienes fiscalizamos sobre todo en el conurbano bonaerense, ya estamos afilados para salir a cortar la jugarreta. Ni hablar cuando son las 11 de la noche, están todos agotados después de la larga jornada, y hay que completar los casilleros de los tan poco amigables certificados de escrutinio. Con la BUP no se termina todo ese circo, pero sí se terminan los baúles de autos repletos de “ladrillos” de boletas, que, según el municipio, o te quedabas corto, o te sobraban como para hacer miles de anotadores por los próximos 2 años.</p>Ventajas concretas: transparencia, ahorro y participación genuina<p>La boleta única ofrece beneficios tangibles:</p>Transparencia en el uso de recursos públicos: se imprime una sola boleta por elector (más un 5% extra de boletas por cualquier necesidad que pudiera surgir en la mesa) lo que elimina el gasto millonario en aportes de boletas partidarias y reduce el margen de discrecionalidad. &nbsp;Ahorro de papel y mayor sustentabilidad: se simplifica el proceso y se reducen toneladas de material innecesario.Participación política más genuina: al eliminarse el incentivo económico del aporte por boleta, disminuye la proliferación de partidos que solo competían por financiamiento. El resultado es un sistema más serio, con menos listas testimoniales y más proyectos con verdadera vocación de representar. Les comparto otra referencia: en las PASO del 2023 se presentaron más de 700 listas. Multipliquen las listas por un padrón y medio, por el valor de la boleta, en todo el país, hablamos de un ahorro de más de 30 millones de boletas que no serán impresas.Accesibilidad y simplicidad para el votante: pese a los temores iniciales de boletas larguísimas, la experiencia mostró lo contrario, las boletas resultaron manejables, incluso en jurisdicciones con gran cantidad de categorías. Esto facilita la lectura y reduce errores. En breve tendremos la gran prueba de fuego a nivel nacional.Menos fragmentación, más calidad democrática: en la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, en las PASO de 2023 se presentaron 43 listas. Hoy, en cambio, apenas 17. Esa reducción no significa menos ideas ni menos pluralidad, sino un sinceramiento del sistema político: participan quienes realmente tienen vocación y expectativa de competir, no quienes entran al proceso solo para cobrar un aporte. Esto mejora la representatividad, evita la dispersión artificial del voto y refuerza la confianza ciudadana en las instituciones.&nbsp;<p>La boleta única no es un triunfo de un gobierno ni de un partido. Es una victoria institucional, que moderniza el sistema electoral argentino y lo acerca a estándares internacionales de transparencia, equidad y eficiencia. Al garantizar que cada voto valga lo mismo, sin depender de maquinarias, y que cada ciudadano pueda acceder con claridad a la oferta política, se fortalece lo esencial: la confianza en la democracia y en la república.</p><p>Para más información sobre cómo votar las próximas elecciones: aquí&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yvrMG1QM1wEp1qkaTgC8DstC5t4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/bup_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>La Boleta Única de Papel se aplicará en las legislativas 2025 modernizando un sistema electoral que no cambia desde 1912.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-30T05:40:17+00:00</published>
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            Ni Javier Milei ni los K: la apatía electoral y la crisis democrática ganan las elecciones
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                <![CDATA[Joaquin De Weert]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2lv_V5Ip7NcBrdxsuRZv1K6sDC0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/apatia_electoral.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La caída en la participación electoral se percibe fuerte en 2025 en la Ciudad de Buenos Aires, el interior y todo indica que el panorama se repetirá en la Provincia de Buenos Aires.&nbsp;</p><p>En CABA, la participación cayo al 53,3% en las pasadas elecciones legislativas. Es llamativo lo ocurrido en el Barrio 31, en dónde fue a las urnas sólo el 37,5% del padrón. Estos niveles de abstención son superiores inclusive a los registrados en las legislativas del 2021, con pandemia de por medio.&nbsp;</p><p>También se votó en las provincias de Santa Fe, Salta, Jujuy, Misiones, Formosa, Chaco y San Luis. El promedio de participación entre todos los comicios alcanzó el 58%, es decir 19 puntos abajo del promedio de 77% para una elección de medio término.</p><p>El sociólogo y analista político Juan Lehmann advierte a Newstad que este escenario se enmarca en un proceso global vinculado a la crisis de representación de los partidos tradicionales: “Estamos frente a un fenómeno estructural. La crisis de los partidos no es solo de la Argentina. Si buscamos un antecedente local, hay que remontarse a 2001, cuando el ‘que se vayan todos’ derivó luego en una recomposición del sistema con la emergencia de nuevas figuras como Néstor Kirchner, Cristina Fernández y, más tarde, Mauricio Macri”, señala.</p><p>Lehmann subraya que la política argentina dio un giro hacia el personalismo. “En 2019, Alberto Fernández y Macri explicaban el 88% de los votos. En 2023, las dos principales coaliciones apenas concentraron el 61%. El resto fue hacia Javier Milei, una figura sin estructura partidaria detrás. Eso demuestra que hoy el sello ya no importa: lo viejo ya no funciona, aunque todavía no sabemos si lo nuevo sí”, analiza.</p>El peso de la pandemia y el desencanto juvenil<p>Para el sociólogo, la pandemia dejó una marca decisiva: “Se consolidó una expectativa de pesimismo mayor que la de optimismo hacia el futuro. Es la primera generación que percibe que vivirá peor que sus padres. Los jóvenes de 20 o 25 años pasaron más de la mitad de su vida en estancamiento económico. Trabajan más y en peores condiciones para llegar a fin de mes. Esa es la base de la apatía generacional”.</p><p>El voto libertario, agrega, se expresó de forma transversal a clases sociales, pero en los más jóvenes tuvo un anclaje particular: “Era una protesta frente a la política. Habrá que ver si Milei logra sostener esa bandera ahora que se rodea de figuras del PRO”.</p>Juan Lehmann, sociólogo y analista político: "La democracia ya está en crisis"Crisis de la democracia<p>Más allá de los ciclos electorales, Lehmann advierte sobre un deterioro más profundo: “Un informe de la UBA muestra que uno de cada tres encuestados no tiene a la vida democrática como eje ordenador. Que el Congreso sea pasado por encima no les preocupa. Eso es gravísimo: la crisis de la democracia ya está presente”.</p><p>A diferencia de otros países de la región como Perú, donde la estabilidad macro convive con la fragilidad política, la Argentina logró mantener consensos institucionales mínimos desde 2001. Sin embargo, advierte que la apatía electoral amenaza con quebrarlos.</p>“Los partidos políticos no existen más”<p>El diputado nacional Damián Arabia es además el vicepresidente del PRO, pero desde el partido le pidieron la renuncia horas antes de la publicación de de esta nota. Arabia plantea fuertes críticas al rol de los partidos políticos en la actualidad y aseguró que esa herramienta de representación “ya no existe más”.</p><p>“Los partidos no existen más, a nadie le importan. A mí no me importa, y soy el vicepresidente del partido”, afirmó el legislador poco antes de ser apartado de ese rol. En su visión, las estructuras partidarias “son una herramienta anacrónica, vieja” con “más una lógica legalista que participativa”.</p><p>Horas después de señalar esto a Newstad,le llegó el pedido de renuncia a la vicepresidencia del PRO, y lo publicó en sus redes: “Sé que esto traerá consecuencias sobre mi pertenencia partidaria; pero, más allá de la anécdota, ilustra con nitidez un problema mayor que vengo planteando: la crisis profunda de los partidos políticos”.</p><p>“Los problemas son varios: no hay una verdadera democracia interna ni mecanismos reales de participación; carecen de gobernanza moderna, adaptada al siglo XXI y a las redes sociales; y se han convertido en estructuras vetustas, dominadas por elites o hasta por dueños”, completó el legislador.</p><p>Arabia anticipó entonces que se enfocará en una Ley de Reforma de Partidos Políticos: “Hay reformas estructurales impostergables y esta es una de ellas: es la base de cómo funciona nuestra democracia. El Gobierno intentó plantearlo en la Ley de Bases; fue un gran primer paso y creo que, después de las elecciones, debemos retomarlo”</p><p>“Por eso voy a trabajar en un proyecto integral de reforma de la Ley de Partidos Políticos, abierto a la comunidad académica y a la sociedad en general, y quiero invitar a todos los que quieran aportar su granito de arena a sumarse a este trabajo”, cerró.</p>Damián Arabia, vicepresidente del PRO, muy cercano a Patricia Bullrich y Javier Milei“Lo que se rompió no se arregla con multas”<p>Por su parte, el analista Juan Lehmann sostiene que las medidas punitivas para obligar a votar no resolverán la apatía: “La gente no deja de votar porque la multa sea barata, sino porque no quiere votar. Podés aumentar las sanciones, pero eso no reconstruye representación. Lo que se rompió solo puede recomponerse desde abajo, escuchando a una generación que no ve ningún proyecto de futuro”.</p><p>En ese punto rescata una reflexión de la legisladora porteña Ofelia Fernández. “Más allá de coincidir o no con ella, plantea algo interesante: estudiar qué le pasa a su generación, porque incluso quienes se identifican con el kirchnerismo reconocen que no hay un programa claro de futuro”.</p><p>Para Lehmann, la apatía electoral no es un dato aislado: es síntoma de una democracia en crisis, donde los partidos perdieron centralidad, las figuras no logran consolidar proyectos y las nuevas generaciones ya no creen que el futuro será mejor.</p><p>“Hoy no hay melodía política, no hay ni pentagrama", resume escéptico el sociólogo y comunicador. “Ni lo viejo funciona ni lo nuevo logra consolidarse. Lo que se rompió es el vínculo de representación. Y las multas no van a resolver lo que se rompió, lo que te habla de una crisis de la democracia, que ya estamos viviendo”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2lv_V5Ip7NcBrdxsuRZv1K6sDC0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/apatia_electoral.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El sociólogo Juan Lehmann y el diputado Damián Arabia, a quien el PRO quiere expulsar de la vicepresidencia del partido, analizan sin filtro una crisis de representatividad que se profundiza.]]>
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                <published>2025-08-30T05:40:01+00:00</published>
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            Fraude, pólvora y urnas: las elecciones más sangrientas de la Argentina
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/fraude-polvora-y-urnas-las-elecciones-mas-sangrientas-de-la-argentina" type="text/html" title="Fraude, pólvora y urnas: las elecciones más sangrientas de la Argentina" />
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                <![CDATA[Luciana Sabina]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ngI5Qa6KwCgaTqBT3-TgTHCBLc8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/elecciones_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hubo un tiempo en que en Argentina las elecciones eran más un campo de batalla que una fiesta cívica. El fraude no era la excepción: era la norma. Durante décadas, los comicios se parecían más a verdaderos enfrentamientos armados que a ejercicios democráticos. Y, como en toda guerra, ganaba siempre quien desplegaba más violencia.</p><p>Ya en 1863 existía una ley nacional que regulaba las elecciones, pero nadie la respetaba. Era letra muerta. Y así, entre disparos, amenazas y urnas amañadas, se construyó buena parte de la política argentina del siglo XIX.</p>Mitre, Avellaneda y la pluma demoledora de Sarmiento<p>Bartolomé Mitre, como los primeros presidentes argentinos, había llegado al poder en medio de este clima de fraude y manipulación. Sin embargo, no dudó en acusar a su sucesor, Nicolás Avellaneda, de lo mismo. El enojo lo llevó a levantarse en armas.</p><p>La respuesta más feroz no vino de un fusil, sino de una pluma. Sarmiento lo fulminó con una carta publicada en La Tribuna, donde lo ridiculizó sin piedad. Allí lo trató de tibio por no haber escrito nunca nada como Facundo, se burló de su carrera militar diciendo que tras Caseros lo ascendieron a coronel solo porque “ascendieron a todos”, y lo acusó de haber traído de Chile —donde ambos estuvieron exiliados— la costumbre de falsificar votos.</p><p>Con ironía cortante, lo denunció por haber organizado “la multiplicación de los votos, como los siete panes y los cinco pescados, cuyos cestos guardó para elecciones futuras”, lo llamó “gato escaldado en Cepeda” y despachó su movimiento revolucionario con un ninguneo absoluto. Era Sarmiento en estado puro: un látigo que lastimaba más que cualquier sable.</p>Balas y urnas en las parroquias<p>Durante años, los templos fueron escenarios de estas farsas electorales. En los atrios se votaba, mientras militantes armados con rifles esperaban sobre los techos para eliminar oponentes. La policía, lejos de custodiar, obligaba a los ciudadanos —a punta de amenaza— a votar por el candidato oficial.</p><p>Todo esto se vivía con naturalidad. La sociedad lo aceptaba resignada y hasta la prensa lo describía sin sorpresa. La célebre revista Caras y Caretas lo retrató en 1900 con una mezcla de ironía y desencanto:</p><p>“Insulsas, desanimadas, soñolientas y aburridas resultaron las elecciones del domingo (…) Los atrios no olían a pólvora, sino a fastidio (…) A pesar de ello, el fraude fue superior al de años anteriores. Es un progreso que debe tenerse en cuenta: 16.618 votantes figuraron e hicieron triunfar a los candidatos del acuerdo. La gente echaba de menos melancólicamente los buenos tiempos en que se andaba a balazos, y el que más y el que menos sentíase con vocación de sangrador en los atrios”.</p><p>El fraude estaba tan arraigado que la frase que recorría los cafés y redacciones era lapidaria: “el oficialismo sostiene al fraude y el fraude sostiene al oficialismo”.</p>El arsenal del fraude<p>El fraude no se limitaba a la violencia en los atrios: existía todo un repertorio de maniobras que iban desde lo burdo hasta lo sofisticado. Era común la suplantación de votantes, incluso de personas fallecidas, así como la compra directa de voluntades con dinero, comida o favores. También se recurría a la coacción y el acarreo, donde grupos enteros eran llevados a los comicios para sufragar bajo presión. Cuando no alcanzaba, se aplicaban otros métodos: urnas “embarazadas” con boletas previamente marcadas, actas adulteradas a mano, o la sustracción de ánforas antes de que fueran contabilizadas. En ocasiones más drásticas, se optaba por la quema de urnas, anulando elecciones completas. La manipulación podía alcanzar también a los sistemas de conteo, con caídas “misteriosas” de los cómputos que luego reaparecían con resultados alterados, y se completaba con la complicidad de funcionarios que garantizaban la impunidad. A esto se sumaba el uso abusivo de los recursos estatales, la presión de la fuerza pública, y el control de los medios de comunicación para presentar el fraude como si fuera la expresión legítima del pueblo. Todo configuraba una maquinaria que combinaba violencia, engaño y propaganda en dosis variables según las circunstancias.</p>«Antes de la batalla electoral.—Levantar muertos» (El Motín, España, 1884). Caricatura aludiendo al voto de personas muertas.Inglaterra, el espejo lejano<p>Mientras en Argentina las elecciones eran sinónimo de violencia y corrupción, en Inglaterra sucedía lo contrario. Allí la política era un duelo de programas y candidatos, no de fusiles ni “matufias”. La misma Caras y Caretas lo señalaba en 1906, casi con envidia:</p><p>“…oportunas enseñanzas nos brinda el espectáculo de las elecciones que acaban de efectuarse en el Reino Unido. Allí no se habla de fraude. No se menciona la compra de libretas como un medio de propaganda ni la corrupción como una garantía de éxito. Allí el partido en el poder no acude a la fuerza armada para conservarlo ni piensa en otras clases de ‘matufia’, menos sangrientas, para impedir la libre emisión del libre voto. El único medio de que disponen los bandos rivales para conseguir el triunfo consiste primero en la elaboración de un programa definido, amplio y leal. Esta es la base. Después, como recursos de táctica, se buscan candidatos populares o por lo menos simpáticos…”.</p>Valorar lo conquistado<p>Pasarían muchos años antes de que Argentina lograra un sistema electoral transparente, capaz de garantizar —con sus imperfecciones— el respeto al ciudadano. Mirar hacia atrás, a esa época en la que las urnas olían a pólvora y los atrios a sangre, es una invitación a valorar el presente. Porque lo que hoy damos por sentado, costó demasiado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ngI5Qa6KwCgaTqBT3-TgTHCBLc8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/elecciones_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Ganaba siempre quien manejaba mejor la violencia y el engaño.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-30T05:39:47+00:00</published>
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            Los fiscales voluntarios: guardianes invisibles del voto
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        <author>
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                <![CDATA[Eugenia Wehbe]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tp2xTfvg_Gh6rDN1M5RU3gGgdPY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/fisca.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>En este Especial de Newstad hablamos de sistemas electorales, de nuestra historia y de cómo somos como votantes. Pero faltaba sumar un elemento transversal que no puede escindirse de la palabra elección: la fiscalización.</p><p>Llevo muchos años fiscalizando. Seguramente muchos lectores se sientan identificados: cuando comienza un año impar, ya sabemos que es año electoral y que vuelve la tarea de organizarnos. Algunos, ansiosos, ya en marzo empiezan a preguntar a dónde hay que ir a fiscalizar o cuándo comienzan las capacitaciones. Según la jurisdicción y el tipo de elección (si es legislativa o ejecutiva), algunos años se suele fiscalizar en dos oportunidades, y otros, hasta en seis (PASO, elecciones generales y ballotage, que se repiten si las elecciones están desdobladas entre el calendario nacional y el provincial).</p><p>Fiscalizar es parte de la agenda del año, pero también es parte de un compromiso con la democracia y los valores de la República. Muchas veces subestimada, incluso por los propios políticos, una buena fiscalización ha llegado a dar vuelta elecciones muy peleadas. Y, otras veces, la ausencia de fiscalización fue la responsable de grandes robos, consagrando como ganadores a quienes no habían recibido la bendición de la voluntad popular.</p><p>La fiscalización no tiene mucha ciencia: es cuestión de método, datos, capacitación, compromiso y un poco de viveza para que el que está al lado tuyo no se pase de piola.</p><p>La gesta de la fiscalización tomó otro color a partir de 2019, cuando Guillo Dietrich, ex ministro de Transporte, asumió la coordinación de voluntarios en todo el país. Su sello fue claro: compromiso ciudadano, cuidado de la democracia y de los valores republicanos, poniendo así en alerta a quienes tradicionalmente se creyeron dueños de las urnas y de las escuelas. Liderando un gran equipo, y con el rol clave de G25 en varias provincias, las elecciones de la primera vuelta de 2019, las de 2021 y el ballotage de 2023 fueron una demostración de cuán importante es contar con este ejército de voluntarios, capacitados y organizados.</p><p>Una voz autorizada para hablar de fiscalización es Carola Wilde, directora ejecutiva de G25, una fundación creada hace 18 años por Esteban Bullrich y Guillo Dietrich para promover en los ciudadanos la vocación por el servicio público.</p><p>Eugenia Wehbe: Caro, para empezar esta charla y estar todos en línea con este tema ¿qué es la fiscalización?</p><p>Carola Wilde: La fiscalización es un proceso por el cual los ciudadanos controlan y supervisan que todo el proceso electoral se desarrolle de acuerdo a la ley. Los partidos políticos pueden designar un fiscal de mesa y un fiscal general por lugar de votación, para vigilar la votación, asegurarse de que se respeten las normas y cuidar los votos de su partido. Cuando la acción de fiscalizar se realiza de manera proba, defendiendo el voto sin hacer trampa, se cuidan los votos de cada partido y a la vez se garantiza transparencia para todos.</p><p>Eugenia Wehbe: ¿Qué es para vos la fiscalización? ¿Qué te motiva a hacerlo?&nbsp;</p><p>Carola Wilde: La fiscalización, como la ejercemos desde G25 de manera voluntaria, es un compromiso con la democracia y el respeto de la ley. Es un pequeño esfuerzo que hacemos cada dos años para garantizar elecciones limpias.</p><p>A mí me encanta fiscalizar y ayudar a la coordinación de todo el proceso. Para mí la fiscalización es un ejercicio de la argentinidad. En el acto de votar nos encontramos todos los argentinos, sin distinción de edades, clases sociales o ideologías.</p><p>En el caso de G25, en que tratamos de ir siempre a los lugares donde históricamente se ha hecho más trampa, tenemos la posibilidad de conocer barrios a los que no vamos usualmente, y durante todo el día tener la oportunidad de conversar y compartir un mate con personas que no piensan como nosotros, pero que seguramente quieren lo mismo que todos los padres para sus hijos.</p><p>La fiscalización voluntaria es una oportunidad para el encuentro con el otro, para bajar los prejuicios además de cuidar el voto.</p><p>En los años impares, esa red de ciudadanos comprometidos sigue en contacto, atenta a la coyuntura y participa de la cosa pública cada uno desde el lugar que ocupa en la sociedad civil. A veces participando de distintas ONG o redes políticas, compartiendo su opinión en redes, apoyando lo que creemos que está bien y siendo críticamente duros con lo que consideramos que no se ajusta a los valores democráticos.</p><p>Eugenia Wehbe: ¿Cómo se organiza la fiscalización? ¿Cuánto tiempo antes empezás?</p><p>Carola Wilde: En G25, como venimos haciendo esto hace años, cada vez nos demanda menos la organización, porque esta red es verdadera, no transaccional: se ha construido en el tiempo sobre la base del conocimiento, la confianza y el trabajo juntos. Por lo cual, a veces solo es necesario un mensaje de WhatsApp para “poner los motores en marcha”.</p><p>Eugenia Wehbe: ¿Con qué te encontraste cuando empezaste a trabajar en la fiscalización?</p><p>Carola Wilde: Yo me acerqué al mundo político a través de la fiscalización. Quería ayudar desde mi lugar, pero no sentía hasta ese entonces pertenencia con ningún espacio político. En el G25 me encontré, desde el espíritu con el que lo fundaron Esteban y Guillo, con un montón de gente con la que compartía valores, con compromiso por hacer las cosas bien y enaltecer lo público, que convocaban con su ejemplo a miles de personas que participan de manera totalmente voluntaria, solo por convicción y pasión por la Argentina.</p><p>A menudo ponen plata de su bolsillo, para organizar las capacitaciones, distribuir las boletas (antes de la boleta única), llevar fiscales, preparar viandas, etc.</p><p>Estoy segura de que los resultados electorales que tuvimos desde 2015, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires, hubieran sido muy distintos sin el aporte de nuestros fiscales voluntarios.</p><p>Así como hablé con Carola, son miles y miles los voluntarios que comparten este espíritu y que podrían hacer eco de sus palabras.</p><p>La camaradería que se genera pasando un día entero en la escuela, llena de anécdotas los días siguientes: las mañanas invernales gélidas en los patios descubiertos, el correo que llega tarde, la autoridad de mesa que no se presenta, el primer elector al que se le arruina el día obligándolo a quedarse en reemplazo del presidente ausente, el repaso de las 8:30 para chequear que todas las mesas estén abiertas y la elección en marcha, el fiscal que descubre en su padrón a algún famoso, la escuela sin techo ni puertas en los baños, las “zonas calientes” con patotas armadas, los votos en cadena, los micros que traen gente a votar, los gendarmes siempre buena onda ayudando a mantener el orden, la directora de la escuela, las cocinas “tomadas” por familias locales que no permiten ni calentar agua para el mate, y otras donde todos se copan y terminamos cocinando fideos para todos los fiscales. Los sánguches de milanesa de dudosa procedencia, la desesperación de los que están abajo en el boca de urna y empiezan con el robo de boletas, los preparativos antes del cierre del comicio y la campana que marca las 18, dando paso al estresante conteo de votos. Cientos de momentos que condensan una jornada que supera ampliamente las 12 horas de trabajo.</p><p>La política ha subestimado sistemáticamente al proceso de fiscalización, pero también ha sido la responsable de que necesitemos un ejército de 100.000 personas (en un mundo ideal, para llegar a cubrir las casi 105.000 mesas en todo el país) sacrificando un domingo para cuidar nuestro voto. Porque sabemos que, lamentablemente, no vale lo mismo en todo el país. Allí donde no hay fiscales, donde las flaquezas del sistema electoral cobran fuerza y la política malintencionada domina, algunos votos valen muy poco.</p><p>En la Argentina existen zonas donde las urnas no llegan, mesas en las que se declara que votó el 100% del padrón (algo prácticamente imposible) y casos en los que lo estadísticamente improbable ocurre: el 100% de los votos para un mismo candidato.</p><p>Los políticos hacen plata con la fiscalización. Por eso, muchos se han negado a contar con el apoyo de gente como Carola, G25 y miles de voluntarios. A menudo, los referentes territoriales o punteros políticos no quieren que los fiscales sean voluntarios, porque eso blanquea un sistema corrupto que se queda con el dinero destinado a viandas, materiales o viáticos.</p><p>En un país sano, con políticos íntegros y sistemas no quebrantables, los fiscales no serían necesarios. Ojalá llegue el día en que la Argentina sea un país con fiscales voluntarios, pero que no los necesitemos: que no haya que estar agazapados en una mesa para evitar el fraude, que no voten los muertos, que no exista el voto en cadena ni las patotas amenazando gente.</p><p>La implementación de la Boleta Única de Papel ya es un gran paso para eliminar las malas mañas de quienes roban elecciones. Pero aún queda un largo camino por recorrer, con más compromiso y responsabilidad institucional por parte de los gobiernos y de los propios ciudadanos, que no podemos ser ajenos ni mirar desde afuera. Porque cada vez que un voluntario se sienta en una escuela a cuidar el voto, no solo protege una urna: sostiene la confianza en la democracia y en la República. Y esa tarea silenciosa, muchas veces invisible, es la que garantiza que el poder siga estando donde debe estar: en la voluntad popular.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tp2xTfvg_Gh6rDN1M5RU3gGgdPY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/fisca.png" class="type:primaryImage" /></figure>Entre mates y planillas, los fiscales voluntarios sostienen la transparencia de cada elección.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-30T05:39:29+00:00</published>
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