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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2025-06-21T11:12:13+00:00</updated>
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            Ciberbullying: cómo acompañar sin invadir
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                <![CDATA[Tere Batallánez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/ciberbullying-como-acompanar-sin-invadir">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/santiago_passeron_y_milagros_schroder_referentes_de_faro_digital_durante_sus_charlas_sobre_ciudadania_digital_redes_sociales_y_prevencion_del_ciberbullying.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Una burla en un grupo de WhatsApp. Un meme cruel que circula entre compañeros. Un mensaje hiriente en Instagram que no se borra, que se comparte, que vuelve. El bullying de hoy no termina con el timbre del colegio: sigue en los teléfonos, en las redes, en los chats. Y muchas veces, empieza ahí.</p><p>Desde 2015, la ONG argentina Faro Digital trabaja para iluminar esta realidad. Lo hace con talleres, investigaciones, campañas y capacitaciones en escuelas, redes y comunidades de toda Iberoamérica. Su campo de acción es claro: la vida digital cotidiana de chicos y adultos. Pero su meta es más ambiciosa: “Promover preguntas, abrir conversaciones y pensar nuevas formas de vincularnos en los territorios digitales”, explica Ezequiel Passeron, director de Educomunicación en la organización.</p><p>“Ciberbullying no es un problema virtual: es social e histórico”, agrega Milagros Schroder, la coordinadora de Educación. Lo que cambia son las herramientas, los formatos, los ritmos. Y también, los peligros.</p>Del recreo al feed: cómo opera el ciberbullying<p>El ciberbullying, dicen desde Faro Digital, es violencia sostenida entre pares —niños o adolescentes— que ocurre a través de medios digitales: redes sociales, videojuegos, transmisiones en vivo, foros o plataformas educativas.</p><p>¿Qué lo vuelve distinto —y más grave— que el bullying “analógico”? Su omnipresencia.“No tiene horarios ni paredes: puede ocurrir las 24 horas, incluso dentro del hogar. Y su capacidad de viralización lo amplifica”, advierte Schroder. La violencia digital, además, deja huella: lo que se publica es difícil de borrar, y muchas veces se comparte de forma anónima.</p><p>Pero el rasgo más inquietante es otro: la normalización.“El dolor ajeno se vuelve contenido. Una burla se viraliza como ‘chiste’. Una agresión se mide en likes”, explica Santiago Stura desde Faro. Así, la crueldad se vuelve entretenimiento. Y el respeto, una rareza.</p>No hay lugar seguro… si no hay cultura del cuidado<p>¿Dónde están los mayores riesgos? En todas partes. O, mejor dicho, en las plataformas donde pasan su día: WhatsApp, TikTok, Instagram, YouTube, grupos escolares. No hay un “lugar peligroso”, hay una lógica que habilita la violencia: la presión por encajar, la lógica del meme, el anonimato, la exposición permanente.</p><p>“El mayor peligro no es la tecnología. Es que nadie diga nada. Que nadie acompañe. Que naturalicemos”, dice Passeron. Por eso, para Faro Digital, la salida no está solo en instalar filtros, bloqueos o controles parentales. La clave está en construir presencia adulta significativa.</p>Cómo acompañar sin invadir<p>Según un estudio que la ONG realizó junto a SENAF, apenas uno de cada cuatro adolescentes recurre a un adulto ante un problema en Internet. La mayoría, calla. Y resuelve —o sufre— en soledad.</p><p>¿Qué pueden hacer las familias y docentes?</p><p>Preguntar sin juzgar (“¿Cómo te fue en internet hoy?” puede abrir puertas).</p><p>Estar presentes, no sólo vigilar (ver videos juntos, jugar, explorar).</p><p>Escuchar más que controlar.</p><p>Observar cambios de ánimo o aislamiento.</p><p>Construir normas en familia, no imponer reglas sin contexto.</p><p>“No se trata de espiar ni de controlar. Se trata de estar disponibles”, resume Schroder. “No alcanza con hablar de empatía si no entendemos que muchos chicos están creciendo en un entorno que los expone, los excede y los lastima”.</p>Educar en comunidad, pensar en red<p>Además del trabajo directo en escuelas y con familias, Faro Digital también impulsa campañas públicas, genera contenido en redes (ya tienen más de 50 mil seguidores) y participa en investigaciones con universidades locales e internacionales. Desde allí, siguen explorando las filosofías de la técnica que nos atraviesan.</p><p>“El futuro que imaginamos no es sin tecnología. Pero sí con vínculos más justos, cuidados y conscientes”, dicen.</p><p>A veces, lo que más necesita un chico no es que le pregunten qué pasó, sino que alguien se siente a su lado sin apuro. Que no expliquen tanto, pero que estén. Porque cuando todo parece público, fugaz y compartible, lo íntimo —ese espacio donde alguien nos mira de verdad— se vuelve urgente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/santiago_passeron_y_milagros_schroder_referentes_de_faro_digital_durante_sus_charlas_sobre_ciudadania_digital_redes_sociales_y_prevencion_del_ciberbullying.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La ONG Faro Digital explica por qué el acoso virtual duele más, cómo detectarlo y cómo estar presentes sin controlar.]]>
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                                <category term="bullying" label="#Bullying" />
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                <published>2025-06-21T10:52:03+00:00</published>
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            Heridas que marcan el alma de los niños
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                <![CDATA[Santiago Sarrabayrouse]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-bullying-heridas-que-marcan-el-alma-de-los-ninos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/un_nino_rodeado_de_palabras_que_duelen_soledad_miedo_burla_una_mano_tendida_recuerda_que_siempre_hay_salida_si_se_actua_a_tiempo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mientras el sol se pone sobre Buenos Aires esta tarde del 17 de junio de 2025, un peso silencioso recorre mi mente: el bullying. Este dolor oculto en las aulas no es solo un juego cruel; es una herida que se clava en el corazón y la psiquis de los niños, dejando ecos que resuenan años después. Como psiquiatra, desde las largas charlas con familias que buscan respuestas en mi espacio de trabajo, he sentido el latido de este sufrimiento: niños que se esconden tras sonrisas rotas, padres que luchan por entender, y un vacío que pide ser escuchado. Hoy nos adentramos en las profundidades de este tema, explorando su impacto emocional y cognitivo, las secuelas que perduran, el perfil de los agresores, y el papel crucial de padres y colegios en sanar estas almas heridas.</p><p>Un caso que no se olvida: el dolor de Matías</p><p>En 2018, Matías, un chico de 12 años, llegó a mi atención tras meses de tormento en su escuela. Sus compañeros lo apodaban “el raro” por su timidez y su amor por los libros, y las burlas se convirtieron en empujones y notas humillantes en su mochila. Su madre, con lágrimas en los ojos, me narró cómo llegaba a casa en silencio, encerrándose en su cuarto con la música alta para ahogar el dolor. Matías no era solo una estadística; era un niño cuya alma se quebraba. El bullying, un comportamiento intencional y repetitivo de hostigamiento físico, verbal o psicológico, afecta a un 20% de los escolares en Argentina, según UNICEF (2024), y en su caso, dejó una marca profunda. Emocionalmente, desarrolló una ansiedad que lo hacía temblar al salir de casa, una autoestima destrozada que lo llevaba a preguntarse “¿por qué yo?”. Cognitivamente, su concentración se desplomó; dejó de leer, su refugio, y sus notas cayeron. El estrés crónico activó su eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, elevando cortisol y dejando una huella de miedo que aún lo acompaña.</p><p>Secuelas que perduran en el alma</p><p>Las heridas de Matías no sanaron con el tiempo; se convirtieron en cicatrices invisibles. La Organización Mundial de la Salud (2023) señala que el 30% de las personas que sufrieron bullying en la infancia enfrentan síntomas de depresión o trastorno de estrés postraumático (TEPT) en la adultez. Para Matías, esa tristeza se coló en su adolescencia: evitaba a sus pares, dudaba de sí mismo y cargaba un peso que lo hacía parecer mayor de lo que era. Cognitivamente, el impacto se siente en una menor confianza para enfrentar desafíos, algo que vi en sus ojos cuando, años después, me compartió que aún teme hablar en público. Psicológicamente, su psiquis guarda un eco de soledad, una sombra que lo lleva a protegerse del mundo. Su caso me recuerda a tantos otros: el bullying no es un juego pasajero; es un trauma que marca el corazón para siempre.</p><p>¿Quiénes son los agresores?</p><p>Los que lastimaron a Matías no eran monstruos; eran niños con sus propias grietas. A menudo, los agresores provienen de hogares donde el poder se ejerce como control, con disciplina rígida o violencia encubierta, según la Universidad de Buenos Aires (2023). Buscan afirmarse humillando, proyectando inseguridades para sentirse superiores. Su psiquis revela una mezcla de vulnerabilidad y agresividad; el miedo al rechazo los lleva a atacar primero, un ciclo que perpetúa el daño. En el caso de Matías, uno de sus agresores admitió en una reunión escolar que lo hacía para encajar con el grupo, un grito silencioso de su propia fragilidad.</p><p>El rol de los padres y los colegios</p><p>Los padres de Matías fueron su luz. Su madre lo escuchó sin juzgar, y su padre buscó ayuda profesional, un acto que redujo un 40% la probabilidad de secuelas psiquiátricas, según la APA (2024). Un padre o madre que valida las emociones de un hijo acosado puede ser su refugio; la indiferencia, en cambio, agrava el dolor. Los colegios, como espacios donde ocurre el bullying, tienen una responsabilidad ineludible. Un informe de la Defensoría de los Derechos de los Niños (2023) revela que solo el 15% de las escuelas argentinas tiene protocolos efectivos contra el bullying, dejando a muchos chicos como Matías desprotegidos. Los docentes deben detectar señales —aislamiento, cambios de humor— y actuar con mediación, no con castigos que silencien el problema. En el caso de Matías, un profesor que intervino temprano evitó que el daño fuera irreparable, pero muchos colegios aún fallan en este rol protector.</p><p>Reflexión: heridas que piden ser sanadas</p><p>El bullying de Matías me enseña que este dolor no es solo de él; es de todos nosotros. La autoestima de un chico acosado puede quedar hecha pedazos, llevándolo a dudar de sí mismo toda la vida, mientras que el agresor arriesga perpetuar un ciclo de violencia si no se lo guía. Padres y colegios, como guardianes de su alma, tienen el poder de sanar o agravar estas heridas. Como psiquiatra, siento el peso de esas historias que llegan a mi espacio de trabajo, donde los ojos de un niño como Matías piden ser vistos. Debemos mirar más allá de las aulas, reconocer el daño profundo y abrazar a estos chicos con educación, diálogo y amor. Que las cicatrices de Matías y otros se transformen en lecciones de resiliencia, no en cadenas que aten su futuro.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/un_nino_rodeado_de_palabras_que_duelen_soledad_miedo_burla_una_mano_tendida_recuerda_que_siempre_hay_salida_si_se_actua_a_tiempo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Más allá de las anécdotas, exploramos el impacto emocional y cognitivo del bullying en los chicos, las secuelas a largo plazo, y el rol esencial de padres y colegios desde un enfoque psiquiátrico.]]>
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                                <category term="bullying" label="#Bullying" />
                <updated>2025-06-21T10:00:08+00:00</updated>
                <published>2025-06-21T10:00:00+00:00</published>
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            ¿Y si no era un chiste? El impacto real del acoso escolar
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                <![CDATA[Daniela Gasparini]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/las-marcas-invisibles-que-deja-en-la-mente">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/el_bullying_no_siempre_grita_pero_siempre_deja_marcas_la_soledad_del_que_sufre_a_la_vista_de_todos_en_los_pasillos_de_cualquier_escuela.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Creo que la mayoría ha sufrido o experimentado bullying alguna vez, y hago esa distinción porque considero que su normalización hay llevado a devaluar el riesgo y naturalizar el malestar que genera. Se le resta importancia cuando en realidad es de alto impacto emocional al tratarse de un daño que se provoca en la infancia y adolescencia, etapa altamente vulnerable, de pleno desarrollo, donde nos formamos en lo que se puede y lo que no, en lo bueno y lo malo, en lo que se tolera y en lo que no.&nbsp; &nbsp; &nbsp;</p><p>¿Qué es el bullying? es el acoso sistemático por parte de niños/as o adolescentes a otros/as&nbsp;niños/as o adolescentes generalmente más vulnerables, ese acoso puede ser agresión verbal, psicológica y/o física. Crecemos pensando que es parte de lo que toca vivir, incluso una vez adultos &nbsp;muchas veces recordamos y tratamos de seguir fingiendo que no nos ha afectado, claro está que no todos los acosos son iguales, y que no todos generan trauma, pero que nos afecta, no tengo dudas. Hoy ese malestar es parte de nuestra cultura, y sin embargo ahí está, sin mucho cuestionamiento y bastante invisible.&nbsp;</p><p>Según UNICEF, este acoso puede identificarse a través de tres características principales: intención, repetición y poder. La intención es precisamente causar dolor o hacer daño, ya sea a través del daño físico (que se inflige mayormente entre varones según la ONU) y/o daño psicológico, más verbalizado (aquí las niñas sufren más este tipo de acoso). La característica distintiva es que es un daño se ejerce de manera repetida.&nbsp;</p><p>Para que el bullying exista necesita de tres (3) actores principales : agresores, víctimas y testigos. Nunca se habla de los testigos, pero es especialmente importante, porque quien agrede necesita quien lo aplauda y valide, y de mínima del silencio cómplice.&nbsp;</p><p>Muchas veces sucede que, ante el temor a ser la víctima, termina siendo victimario/a, o tiene un rol activo haciendo cosas que en realidad no quiere, solo para volverse el ser foco de agresividad.</p><p>Hay una relación asimétrica en el bullying, donde generalmente los niños más vulnerables enfrentan un riesgo mayor a este acoso (migrantes, con discapacidades, género disidentes, pobres). Esto se explica por la estructura de desigualdad, discriminación, discursos odiantes y violencias que se sostienen culturalmente.&nbsp;</p><p>Es importante entender la adolescencia como una etapa crítica, llena de conflictos de muchos cambios, físicos y emocionales. En este sentido, tanto el bullying, el acoso como las violencias son parte de los problemas que se padecen en etapa escolar pero que no se deben normalizar.&nbsp;</p><p>Dentro de los conflictos de la adolescencia se encuentran en el podio los cambios corporales y los mandatos sociales. Este proceso, se ve fuertemente influenciado por los mandatos y modelos hegemónicos de belleza que la sociedad impone y exige, modelos de feminidad y de masculinidad. Los principales acosos los encontramos en insultos y degradaciones a los aspectos físicos de los/las niños/as.&nbsp;</p><p>Ciberbullying</p><p>El bullying puede darse tanto en el ámbito presencial como en el virtual. A esto último se lo referencia como ciberbullying, y es importante comprender que genera los mismos efectos nocivos y dañinos. Aquí de lo que se trata, no es de que se reemplaza un espacio por otro, sino que se suma, se potencia.&nbsp;</p><p>Los adultos no entendemos completamente el mundo digital, pero, en ese espacio pasa todo, se ha convertido en un ámbito más de la vida de las nuevas generaciones.&nbsp;</p><p>A veces, creemos que lo virtual no afecta tanto como lo presencial, como si no fuera real, sin embargo esto es un mito, lo virtual no es menos real y afecta de la misma forma.&nbsp;</p><p>Dentro de los desafíos actuales, el de escuchar a los más jóvenes es de los más urgentes. La clave es generar espacios donde ellos sepan que, si algo sucede, pueden venir a hablarnos sin temor.</p><p>&nbsp;Algunos indicadores del bullying/ciberbullying</p><p>Es importante tener en cuenta que puede dejar marca subjetiva e incluso ocasionar un trauma, por lo tanto, puede afectar severamente la salud mental de quienes padecen estos acosos.&nbsp;</p><p>Pueden aparecer síntomas físicos (lesiones), síntomas psicológicos como el nerviosismo, aislamiento (por ejemplo, miedo a ir a la escuela, ver amigos o participar de eventos sociales) encierro, dependencia full time de un adulto. Vergüenza excesiva. Miedo. Trastornos en el sueño, insomnio, permanente estado de alerta, pesadillas. Trastorno alimenticio. Ansiedad. Angustia inexplicable, cambios de humor y de conducta, agresividad o momento de ira o irritabilidad. Afecta directamente a la autoestima. Otros indicadores posibles son:&nbsp;</p><p>Deterioro de su rendimiento escolar.&nbsp;</p><p>Pérdida repentina de amigos o evitación de encuentros sociales, deja de hacer actividades que le gustaban.</p><p>Con frecuencia pierde o aparece su ropa rota, pierde sus dispositivos electrónicos u otras pertenencias personales, como mochila, o dinero. En público, procura estar cerca de adulto.&nbsp;</p><p>No quiere ir a la escuela (a veces damos por sentado que es que no quiere estudiar y sin embargo puede ser por esta situación)</p><p>Parece&nbsp;angustiado&nbsp;después de pasar tiempo en Internet o en el celular (sin una explicación razonable) Se muestra reservado, silencioso, sobre todo con respecto a su actividad en Internet.</p><p>HABLAR DEL BULLYING AYUDA A EVITARLO O RESOLVERLO.&nbsp;</p><p>Es importante la escucha activa, no frustrarse si no responden rapidamente, ni resignarse. Hablarles sobre la problemática.&nbsp;</p><p>También es importante preguntar constantemente por cómo se encuentran en la escuela, sus amigos, compañeros, y también consultar por su actividad en Internet.</p><p>Mostrarse preocupados, interesados en sus actividades y sentimientos. Enseñarle una forma sana y respetuosa del trato con los demás, y ayudarlos a fortalecer las herramientas subjetivas para su autoestima y confianza.</p><p>Es necesario aprender a utilizar las redes sociales y plataformas virtuales para acercarte a tu hijo/a, eso habla de la responsabilidad afectivo-filial y&nbsp;advertirle sobre los distintos peligros a los que se enfrenta en la red.</p><p>Si hay dificultades para comunicarse con tus hijos/as pedí ayuda profesional, al igual que si observás algunos de los síntomas descriptos más arriba o sabés que está siendo victima de bullying / ciberbullying.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/el_bullying_no_siempre_grita_pero_siempre_deja_marcas_la_soledad_del_que_sufre_a_la_vista_de_todos_en_los_pasillos_de_cualquier_escuela.png" class="type:primaryImage" /></figure>El bullying puede dañar la autoestima, la salud mental y la vida social de chicos y adolescentes.]]>
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                                <category term="bullying" label="#Bullying" />
                <updated>2025-06-21T10:00:07+00:00</updated>
                <published>2025-06-21T10:00:00+00:00</published>
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        <title>
            Por qué el que mira también importa
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/por-que-el-que-mira-tambien-importa" type="text/html" title="Por qué el que mira también importa" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Dra. Inés Herrera]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/por-que-el-que-mira-tambien-importa">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/el_silencio_tambien_habla_los_testigos_del_acoso_escolar_pueden_ser_parte_del_problema_o_del_cambio.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada vez más, padres y educadores transmiten su preocupación por la problemática del bullying o acoso escolar. Este hostigamiento sistemático entre estudiantes, tanto a nivel físico como psicológico, afecta severamente la salud mental de la víctima y de la comunidad en su conjunto.&nbsp;</p><p>En los últimos años, el acoso entre escolares, especialmente en adolescentes, se viene manifestando de manera creciente en el ámbito de la virtualidad. Este tipo de violencia, que se ejerce utilizando como medio las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), es comúnmente conocido como ciberbullying o ciberacoso. Según el reciente Diccionario de Bullying y Ciberbullying&nbsp;(publicado en Buenos Aires por la profesora María Antonia Osés), el ciberacoso se caracteriza por el efecto de viralización. La humillación se expande exponencialmente, ya sea por medio de las redes sociales o cualquier otro sitio de internet. Debido a esta reproducción ilimitada del daño, se ha prestado mucha atención a la mitigación del ciberbullying mediante leyes regulatorias. Pero, ¿cómo podemos intervenir en el contexto donde esta problemática ocurre y prevenir que se instale el ciberacoso?&nbsp;</p><p>Una reciente investigación en el campo de las Ciencias del Comportamiento ha revelado el enorme poder de algunas pequeñas acciones que podemos implementar en el entorno para mitigar el ciberacoso&nbsp;entre adolescentes. Los expertos en Ciencias del Comportamiento hablan de esos pequeños empujones (en inglés, nudges) para referir a aquellas intervenciones que, sin grandes costos, generan soluciones alternativas a un problema o de algún modo “le dan en la tecla”. En otras palabras, operan estratégicamente para generar mejoras en algún comportamiento y contribuir al bienestar de las personas. Para ello, es fundamental el aporte de la metodología científica, que permite comprender por qué se producen determinadas conductas y cómo puede facilitarse el aprendizaje de patrones funcionales.&nbsp;</p><p>La novedosa investigación desarrollada en la Rice University de Houston sugiere que la clave está en enfocarse en los espectadores (en inglés, bystanders), es decir, en aquellos que no participan activamente en actividades de ciberacoso pero que forman parte del escenario. De allí su potencial rol en la reducción del hostigamiento, por tratarse de testigos de esas situaciones de violencia. Pero para generar oportunidades de aprendizaje en estos actores pasivos, debemos conocer qué motiva su accionar - o mejor dicho su “no accionar” - en el contexto donde se manifiesta el ciberbullying.&nbsp;</p><p>En el caso de los adolescentes que presencian el ciberacoso como testigos, dos razones comunes para no denunciarlo a sus padres o a la escuela son: el miedo a meterse en problemas (por convertirse en el nuevo objetivo de los agresores) y la incredulidad en la eficacia de la denuncia. La primera preocupación puede abordarse mediante el diseño de la propia plataforma virtual. El uso de señales visuales, como por ejemplo botones de denuncia con colores vibrantes y más visibles, puede animar a los estudiantes a denunciar fotos ofensivas. A su vez, ofrecer múltiples opciones específicas para los motivos del informe, en lugar de pedir a los usuarios que los escriban, podría simplificar el proceso. Al reducir los puntos de decisión, se puede aumentar la tasa de presentación exitosa de informes. Y por supuesto el anonimato es un factor a tener en cuenta en el diseño de estos canales de denuncia. Respecto a la segunda preocupación, es fundamental ayudar a los estudiantes a reconocer las políticas de redes sociales y los derechos que les corresponden para generar confianza al presentar informes. Las plataformas de redes sociales pueden mostrar consejos que indiquen la cantidad y el tiempo de procesamiento de los informes. También pueden enviar mensajes y correos electrónicos de confirmación para demostrar su compromiso activo con el manejo de la información.</p><p>Por su parte, los cuidadores y educadores también son “espectadores” del ciberbullying. Si bien la supervisión parental del uso de dispositivos electrónicos y la navegación online de los jóvenes resulta fundamental, algunos padres suelen estar ocupados con actividades laborales y les cuesta prestar atención a las actividades en línea de sus hijos. Otros directamente desconocen las características de las diferentes plataformas de redes sociales. En el primer caso, se pueden implementar recordatorios, modificando la configuración predeterminada para que los padres puedan supervisar de forma automática y sencilla. Así, podrían recibir actualizaciones recientes de sus hijos con prontitud y optar por intervenir si es necesario. Para los padres que no están familiarizados con el uso de las redes sociales, es fundamental investigar qué aspecto de la plataforma les resulta confuso. Por ejemplo, si los padres no están familiarizados con los “memes” populares o el vocabulario de moda, la exposición regular a nuevos términos a través de las notificaciones o feeds de noticias puede ser útil para el aprendizaje.&nbsp;</p><p>Y así, podríamos seguir pensando en infinidad de “empujoncitos” para romper el círculo vicioso del ciberacoso, considerando la multiplicidad de interacciones que se retroalimentan y, sin quererlo, terminan sosteniendo severas problemáticas vinculares desde el silencioso rol del “espectador”. En este sentido, cabe destacar el valioso aporte de las Ciencias del Comportamiento para repensar estrategias de intervención frente al acoso escolar mediado por tecnologías. O tal vez cabe preguntarse en qué medida esos pequeños empujones podrían generar grandes cambios. Después de todo, cuando la ciencia se alinea con la ética, podemos contribuir al desarrollo de una sociedad más humana.&nbsp;</p>]]>
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                <updated>2025-06-21T18:11:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-21T10:00:00+00:00</published>
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            Bullying en las escuelas: más allá del discurso
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                <![CDATA[Patricio Videla]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/cuando_el_dolor_se_vuelve_rutina_la_escuela_debe_hacer_mas_que_hablar_debe_actuar_con_claridad_cuidado_y_compromiso.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Según la UNESCO, uno de cada tres estudiantes sufre acoso escolar. En la Ciudad de Buenos Aires, según el Ministerio Público Tutelar, el 66% de menores de entre 12 y 18 años han sido víctimas o conocen a alguien que padeció estos acosos. Estos datos nos muestran que el bullying no es la excepción sino una experiencia común en el recorrido de muchos estudiantes por las escuelas. Para muchos de nosotros seguramente no sean solo números, sino caras, voces y corazones de chicos que vimos pasar por nuestras aulas. Quizás también sea parte de la propia experiencia de quienes leen.</p><p>Por bullying entendemos una agresión (busca lastimar o incomodar), que se da repetidamente, donde no hay una provocación de parte de la víctima, y que presenta una asimetría entre el acosador y el acosado (desequilibrio de poder). Puede manifestarse de forma física, verbal, relacional (exclusión) o digital (ciberacoso), y muchas veces ocurre frente a otros que miran sin intervenir, ya sea por miedo o por indiferencia.</p><p>Las consecuencias del bullying pueden ser devastadoras, tanto para la salud física como mental de la víctima, quien puede no tener respiro en un mundo que se ha vuelto también digital. Cuando una escuela no logra detener estas situaciones, falla en el primer peldaño de su misión: generar un ambiente seguro. A partir de allí, podemos pensar en educación, aprendizajes, metodologías, etc.</p><p>Al revisar estadísticas uno puede sorprenderse de la prevalencia del fenómeno, dado que parece que hemos tomado conciencia de esta problemática como sociedad. Sin embargo, vale la pena recordar que no por mucho hablar las cosas necesariamente cambian.&nbsp;La alarma permanente no equivale a una respuesta eficaz. A veces incluso sucede lo contrario, nos insensibiliza, nos acostumbra, nos hace encontrarnos diciendo cosas como “siempre fue así”, o incluso “un poco de bullying fortalece el carácter”.</p><p>Las respuestas escolares quedan cortas cuando se limitan a recursos formales o superficiales: jornadas temáticas aisladas, carteles con consignas generales (“decile no al bullying”), o intervenciones puntuales cuando el problema ya escaló. A menudo se apuesta a la sensibilización, sin acompañarla de estrategias sostenidas o de una formación docente que permita leer, comprender y actuar ante la complejidad de estos escenarios.</p><p>Abordar el bullying requiere más que buenas intenciones: implica una política institucional clara, que combine prevención, intervención, seguimiento y trabajo en red. Significa revisar las formas cotidianas de convivencia en la escuela, las dinámicas de relacionamiento entre pares, y también el modo en que los adultos ejercemos nuestra autoridad y nos posicionamos ante el conflicto.</p><p>En este contexto, también se vuelve necesario advertir un fenómeno opuesto: la sobregeneralización del término. Cuando se etiqueta como bullying cualquier pelea, malentendido o conflicto interpersonal, se diluye el concepto y se debilita la capacidad de actuar con criterio frente a situaciones verdaderamente graves.</p><p>Para que haya bullying, es necesario que existan las condiciones mencionadas anteriormente: reiteración, intencionalidad y asimetría. El bullying es un fenómeno sistémico y no toda agresión cumple con estas características. Dos compañeros que se insultan mutuamente en un momento de enojo, o un grupo que se pelea por un juego en el recreo, pueden estar atravesando conflictos importantes, pero eso no los convierte en acosadores ni víctimas.&nbsp;</p><p>Confundir el bullying con cualquier episodio de maltrato puede ser perjudicial para todos. Se corre el riesgo de sobreactuar respuestas, de etiquetar niños sin analizar el contexto, o incluso de trivializar los casos más complejos. Necesitamos recuperar la precisión conceptual para intervenir mejor.</p><p>Desde la escuela podemos hacer mejor tres cosas al menos. La primera línea de acción sería prevenir estos casos pensando en positivo cómo lograr una mejor convivencia en la comunidad educativa. Los chicos que hoy asisten a la escuela, tienen una infancia que, al decir de J. Haidt, ha pasado de basarse en el juego a basarse en las pantallas. Y en ese cambio los estudiantes cuentan con mucho menos entrenamiento en herramientas socio-emocionales que les permitan resolver conflictos, tender lazos firmes, profundizar en sus relaciones. Menos juego libre es menos espacios para negociar, acordar reglas, decidir juntos qué hacer cuando alguien las incumple. Menos interacciones cara-a-cara es menos conexión y empatía. Lo vemos cotidianamente y a veces nos quedamos cortos en los remedios, enredados en la catarsis y la nostalgia de otros tiempos.&nbsp;</p><p>Los adultos también tenemos que repensar el modo de ejercer nuestra autoridad. Un desafío que parece utopía, que genera escozor y que muchas veces vemos pasar de un extremo al otro sin escalas, entre el permisivismo excesivo y la firmeza&nbsp; contraproducente de una rigidez inhumana. Conectar antes de corregir, corregir sin humillar, intentar ser amables y firmes a la vez,&nbsp;quizás sean algunas claves para recuperar esa autoridad que no encontramos. Después de todo, autoridad viene de hacer crecer,&nbsp;y si no estamos para eso en la escuela, ¿para qué estamos?</p><p>En segundo lugar, es clave intervenir tempranamente y con cuidado. Esto significa contar con protocolos claros de actuación, que sean de carne y hueso, y&nbsp; no estén simplemente archivados&nbsp; en carpetas para presentar a las autoridades competentes llegado el caso. No alcanza con actuar “cuando estalla”; hace falta un sistema que permita detectar señales tempranas y sostener procesos. Pero “cuando estalla”, hay que saber qué hacer.&nbsp;</p><p>Por último, la capacitación contínua de los adultos es clave. Docentes, preceptores, directivos y personal no docente necesitan herramientas para identificar, contener y acompañar. El trabajo que venimos comentando no es algo que se resuelve con sentido común. Requiere reflexión, actualización y acompañamiento profesional.</p><p>Hoy más que nunca, la escuela está llamada a ser un espacio protector. Pero no lo logrará solo con discursos. El compromiso contra el bullying se juega en las decisiones concretas que tomamos todos los días, en cada aula, en cada recreo, en cada mirada.</p><p>Para más información: Integralis</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://newstadcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/cuando_el_dolor_se_vuelve_rutina_la_escuela_debe_hacer_mas_que_hablar_debe_actuar_con_claridad_cuidado_y_compromiso.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hablar mucho del bullying no garantiza que lo enfrentemos mejor. El ruido constante a veces anestesia, en lugar de movilizar.]]>
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                <updated>2025-06-21T18:02:00+00:00</updated>
                <published>2025-06-21T10:00:00+00:00</published>
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