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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
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            Michel Pouget, Sarmiento y el origen del vino argentino
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                <![CDATA[Luciana Sabina]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E76614jywRI1q6pdxa9330sNSG4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/sarmiento.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Aunque no sabemos con certeza cuándo comenzó a producirse el vino ni quién fue el ser humano que se atrevió a dar el primer sorbo, la Arqueología sitúa sus orígenes en la antigua Mesopotamia. Más al oeste, en Egipto, existen registros que datan del año 3000 a. C., como lo demuestran algunas pinturas halladas en tumbas faraónicas.</p><p>Desde las riberas del Nilo, muchas vasijas con vino emprendieron viaje hacia la isla de Creta, donde floreció una cultura que luego contagiaría su pasión vinícola a toda Grecia. Allí, el vino no sólo se convirtió en una bebida común, sino en una expresión espiritual, encarnada en Dionisio, el dios mitológico que —según las leyendas— enseñó a los hombres a elaborarlo. Cuando Roma adoptó esta tradición, rebautizó a Dionisio como Baco y consagró la famosa máxima «In vino veritas»: en el vino está la verdad. El Imperio Romano llevó esta verdad líquida a cada rincón de su vasto territorio.</p><p>Sin embargo, con la caída del Imperio y las invasiones bárbaras comenzó una etapa oscura para el vino. Los nuevos pueblos dominantes eran grandes consumidores de cerveza y trasladaron esa costumbre a los territorios conquistados, desplazando parcialmente al vino. Por otro lado, el avance del islam sumó otro obstáculo, ya que por razones religiosas el consumo de bebidas alcohólicas estaba prohibido.</p><p>En este contexto adverso, fueron los monjes cristianos quienes tomaron la posta y defendieron la producción vitivinícola, ya que el vino era esencial para la celebración de la misa como símbolo de la sangre de Cristo. Así, los monasterios se transformaron en verdaderas guardianías del vino. Allí se perfeccionaron técnicas y se aprovecharon los sótanos para crear bodegas subterráneas que permitían su elaboración y conservación.</p><p>El Renacimiento trajo consigo una renovación general de las artes, las ciencias y también de la producción vinícola. Fueron los franceses quienes comenzaron a perfeccionar los sistemas de vinificación, sentando las bases de una reputación que los acompaña hasta el presente.</p><p>Mientras tanto, al otro lado del océano, América recibía las primeras botellas de vino. Fue Cristóbal Colón quien trajo consigo, entre muchas otras cosas, ejemplares del Ribadavia, un blanco gallego originario de La Rioja. Pero la verdadera introducción del cultivo de la vid en el continente no se debe a él, sino a Hernán Cortés. Como gobernador de México, Cortés ordenó en 1525 la plantación de viñedos con cepas españolas. El cultivo se extendió con rapidez por el Virreinato del Perú y alcanzó primero Chile y luego Mendoza.</p><p>La Iglesia Católica también tuvo aquí un papel protagónico. Al fundarse nuevas ciudades, antes incluso de edificar los templos, se plantaban viñas: el vino era imprescindible para la eucaristía. Hacia mediados del siglo XVIII, Mendoza contaba ya con unas 67 hectáreas cultivadas con uva, lo que revela la importancia que la vitivinicultura iba adquiriendo en la región.</p><p>Pero sería recién en el siglo XIX cuando se produciría el gran giro. Fue Domingo Faustino Sarmiento quien promovió el encuentro entre Mendoza y el Malbec, una relación que con el tiempo se volvería inseparable. En 1853, el sanjuanino logró convencer al gobierno mendocino de contratar al agrónomo francés Michel Aimé Pouget, responsable de haber llevado esa cepa a Chile. El objetivo era replicar en esa provincia la experiencia trasandina a través de una Quinta Agronómica.</p><p>A pesar del entusiasmo inicial, Pouget debió enfrentar numerosas trabas. Se le prometieron diez mil pesos para su trabajo, pero la legislatura provincial redujo el presupuesto a solo mil. El recelo hacia el francés era tal que incluso se estableció por ley que, si era separado del cargo antes del tiempo estipulado, tendría derecho a quedarse con la mitad del valor de las plantas vivas que hubiera introducido.</p><p>En medio de esas tensiones, Sarmiento escribía a su amigo José Posse:“¿Sabes que he fundado en Mendoza, contra la voluntad de todo el mundo, una Quinta Normal, que cuenta ya con millares de plantas (...)? Si lo ignoras es porque los mendocinos no lo saben tampoco”.</p><p>Pese a las adversidades, Pouget cumplió un rol clave en la historia del vino argentino. Fue él quien introdujo una notable variedad de cepas —entre ellas el Malbec, Pinot Noir, Merlot y Cabernet— y capacitó a jóvenes locales en técnicas modernas de cultivo y producción. Sarmiento valoró profundamente este esfuerzo y lo recordó en su discurso de 1884 durante su última visita a Mendoza:</p><p>“Púseme en contacto desde Chile con el Ministro Dr. Vicente Gil; y secretamente conspiramos para formar en Mendoza una Quinta Normal a fin de introducir las maderas de que carecía, mejorar la viña y restablecer el olivo y las higueras perdidas. (...) Monsieur Pouget, de rudos modales, de fuerza hercúlea, pero profundo saber, plantó en San Nicolás (...) todos esos árboles que embellecen la ciudad y enriquecen la industria son, pues, hijos de aquella plantación primitiva”.</p><p>Sin embargo, el proyecto no estuvo exento de críticas. En su manual de 1879, Eusebio Blanco señaló un problema importante:“Sabido es que no hay una sola viña donde no haya muchas variedades de uva, estando mezcladas las buenas cepas con las inferiores. Lo mismo ha ocurrido con la cepa francesa, porque el introductor trajo cerca de cuarenta variedades que plantó confundidas entre sí”.</p><p>Salvador Civit, por su parte, atribuyó a esa falta de clasificación y método una demora de 25 años en el desarrollo vitivinícola mendocino. Aun así, el impulso dado por Pouget, reforzado por la llegada de inmigrantes europeos en las décadas siguientes, marcaría el comienzo de una nueva era para el vino en Argentina. Una historia que, desde sus raíces antiguas hasta las montañas de los Andes, sigue decantando en cada copa.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E76614jywRI1q6pdxa9330sNSG4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/sarmiento.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La historia de un viaje milenario que termina en Mendoza.]]>
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                                <category term="argenvino" label="#Argenvino" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-02T10:00:00+00:00</published>
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            Sebastián Goyenechea: quinta generación de un apellido que es sinónimo de vino
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/sebastian-goyenechea-quinta-generacion-de-un-apellido-que-es-sinonimo-de-vino" type="text/html" title="Sebastián Goyenechea: quinta generación de un apellido que es sinónimo de vino" />
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                <![CDATA[Luciana Sabina]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/sebastian-goyenechea-quinta-generacion-de-un-apellido-que-es-sinonimo-de-vino">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QWDNzhpSzGznL8HEPXGBfvhCKJw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/sebastian_goyenechea_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sebastián Goyenechea lleva consigo una historia que se remonta a 1868. Es quinta generación de una de las familias más antiguas de la vitivinicultura argentina y hoy, junto a sus primos, está al frente de la Bodega Goyenechea, de San Rafael, Mendoza. “Nos gusta decir que somos la bodega familiar más antigua del país actualmente funcionando”, señala con orgullo. Su apellido es sinónimo de historia, trabajo y buenos vinos.</p><p>La historia familiar comienza en el siglo XIX, cuando Goyenechea Hermanos era apenas un almacén de ramos generales. Entre los productos que comercializaba estaban los vinos de la reconocida casa Arizu. Todo cambió cuando, tras la muerte de uno de sus fundadores, la viuda saldó una deuda entregando tierras en San Rafael. “Hoy todavía es nuestra y allí funciona la bodega; sin quererlo, se convirtieron en productores”, recuerda Sebastián. Fue ese momento el que marcó el inicio de una historia que, siglo y medio después, sigue escribiéndose.</p><p>Consultado sobre los desafíos actuales, Sebastián no duda en señalar que el presente de la bodega está profundamente marcado por la necesidad de adaptación y transformación. “Creo que nuestra generación anterior, si bien hizo cosas fabulosas como equipar la bodega, formar parte de la primera denominación de origen controlada de vinos de la Argentina y colocar un vino con esa denominación en los Estados Unidos, tuvo una asignatura pendiente: no logró adaptarse a la transformación de los años noventa, cuando el mercado comenzó a demandar vinos premium y super premium”, reflexiona. Esa falta de actualización se tradujo en una imagen de marca que, si bien conservaba su prestigio, necesitaba urgentemente una renovación para seguir siendo competitiva en un contexto donde la innovación es clave.</p><p>La respuesta de la nueva generación fue rápida y decidida. “Cuando ingresamos el objetivo no era claro, pero empezamos a generar nuevos productos: primero el Quinta Generación, luego el 135 Aniversario, más tarde la línea Lorenza, que homenajea a mi bisabuela, con variedades no tradicionales como Bonarda, Cabernet Franc, Sauvignon Blanc tardío, Pinot Noir, un corte de Chardonnay… Después vinieron el 1868 Origen, el Siglo y Medio por los 150 años de la bodega, el rosado Begoña —de Cabernet Sauvignon, uno de los pocos en el país— y el Máxima, un vino naranjo fermentado con hollejos”. Cada uno de estos lanzamientos fue una apuesta al rediseño de la imagen y la calidad, a la innovación sin perder la esencia.</p><p>Sebastián explica que el enfoque actual es claro: crecer en la alta gama. “Gracias a Dios, hemos tenido quiebres en todos los vinos de alta gama. No hacemos grandes volúmenes, pero sí productos muy cuidados. Por eso estamos equipando la bodega con tanques más pequeños, de 5.000 y 8.000 litros, para vinificaciones de mayor calidad y menor escala. Los tanques grandes, de 25.000 litros, los seguimos usando para las líneas varietales centenarias, pero lo nuevo, lo moderno, lo jerárquico, va por otro camino”. Gracias a esta transformación, el segmento de vinos premium pasó de representar un 4% de la producción a superar hoy el 20%, una señal clara de que el rumbo elegido está dando frutos.</p><p>Una anécdota marca, para Sebastián, el punto de inflexión que empujó a la familia a realizar estos cambios. “Cuando hicimos el primer estudio de mercado, hubo mucha resistencia entre la cuarta y la quinta generación. Se presentaron varias marcas, entre ellas un vino nuestro, con una etiqueta hecha por nuestros padres. La dinámica era comparar los vinos con autos. Algunos fueron comparados con un Porsche o un Fiat Barchetta. Cuando llegó el turno del Goyenechea, nadie decía nada… hasta que un señor dijo que lo compararía con un Ford Falcon. La moderadora, sorprendida, preguntó por qué. El hombre respondió: ‘Porque no me dejaría tirado en ningún lado’. Pero cuando le preguntaron si lo llevaría a una reunión de amigos, dijo que no: ‘Fijate la etiqueta, es antigua, es tradicional, no representa nada’. Ese comentario, tan crudo, fue lo que nos empujó a encarar el rediseño de nuestras etiquetas. Y los resultados fueron impactantes: el rosado creció un 1000% en ventas, el Centenario un 700%. Fue el quiebre que necesitábamos”.</p><p>El compromiso con la calidad no es una estrategia de marketing. Es una forma de entender el vino. “Yo viajo mucho durante el año, más de la mitad del tiempo estoy en movimiento, comunicando el vino. No solo comunico un producto: comunico mi historia. El vino representa mi vida, mi historia, mi familia”, afirma. Su entusiasmo no se agota. “Me apasiona estar involucrado en el desarrollo de nuevos productos, escuchar al consumidor, atender las críticas —que a veces duelen, pero ayudan a crecer— y aprender incluso de los fracasos, como el lanzamiento de algunas marcas que no funcionaron. De todo se aprende”.</p><p>Sebastián también reconoce que el mercado argentino no es fácil. “El vino es uno de los mercados más competitivos que hay: hay más de 5.000 etiquetas en el país y cerca de 1.000 bodegas. La competencia es feroz. Como te detengas, como dejes de escuchar al consumidor o al mercado, hay 500 bodegas detrás tuyo esperando ocupar tu lugar. Por eso hay que moverse siempre”. En ese sentido, la innovación no se detiene: actualmente están haciendo microvinificaciones con Petit Verdot, Angelota y Criolla, y el objetivo es lanzar nuevos vinos cada dos o tres años.</p><p>Pese al contexto económico adverso y a la caída del consumo interno, Sebastián mantiene una mirada optimista: “Creo que la baja en el consumo tiene más que ver con la coyuntura del país que con el producto en sí. La gente deja cosas de lado porque no tiene dinero, pero el vino sigue siendo una bebida que une, que acompaña momentos, que se disfruta con amigos. No es lo mismo tomarlo solo que compartirlo. El vino crea recuerdos, genera vínculos, es parte de la vida”.</p><p>En la voz de Sebastián Goyenechea resuena la historia viva de una familia que supo reinventarse sin olvidar sus raíces. La suya es una historia de trabajo, aprendizaje y pasión. Y también de futuro. Porque si algo queda claro tras escucharlo es que el apellido Goyenechea, como el buen vino, sigue madurando con elegancia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QWDNzhpSzGznL8HEPXGBfvhCKJw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/sebastian_goyenechea_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>De lo clásico a lo moderno, la quinta generación Goyenechea renueva sin olvidar su historia.]]>
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                                <category term="argenvino" label="#Argenvino" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-08-02T10:00:00+00:00</published>
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            Entre pingüinos y viñedos: Buenos Aires la capital urbana del vino
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                <![CDATA[Eugenia Wehbe]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wWqKUrziySF8uAvbQZCOu9B4ros=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/ruta_del_vino_portena_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando de vinos argentinos se trata, Mendoza, San Juan o Salta se llevan los créditos del terruño, pero la Ciudad de Buenos Aires hace rato decidió no quedarse afuera de la experiencia enoturística. Con historia, tradición, nuevos sabores y espacios innovadores, se consolida como una capital del vino que ofrece mucho más que copas bien servidas.</p>Una historia servida en pingüino, la copa y el alma porteña<p>La relación entre el vino y Buenos Aires es tan antigua como sabrosa. A comienzos del siglo XX, las cantinas eran puntos de encuentro donde la jarra de vino de mesa era tan infaltable como el sifón. ¿Y qué mejor emblema de esos tiempos que los entrañables pingüinos de loza, esos jarritos en forma de ave y que aún hoy se ven en muchos bodegones? Íconos de una cultura popular que no necesita etiquetas para tener identidad. De hecho, aprovecho para hacer una recomendación: estuve recorriendo el Mercado de Pulgas de Colegiales y hay una variedad impresionante de pingüinos, para quien quiera vestir su mesa a la hora de la comida.</p>Los pingüinos del Mercado de Pulgas<p>Y como el vino es encuentro, costumbre y compañía, Buenos Aires es su escenario más natural. No es casual: hay un vínculo auténtico entre la cultura del vino y el alma porteña. Como el tango, el vino forma parte de nuestro paisaje emocional: está en la sobremesa, en el bodegón, en el reencuentro, en la noche que se estira. En muchas letras de tango, la copa aparece como símbolo de refugio o desahogo. En “Los Mareados”, Cobián y Cadícamo escriben: "Hoy vas a entrar en mi pasado, en el pasado de mi vida... tres cosas lleva mi alma herida: amor, pesar, dolor", en medio de un brindis que intenta tapar el dolor. En “La última curda”, Troilo y Castillo lo dicen sin vueltas: "La vida es una herida absurda". Y en otras piezas clásicas no falta el vaso de vino o caña como parte del paisaje de la barra, de la esquina o del desencuentro.</p>La ruta del vino urbano existe (y pasa por Devoto)<p>Vino y tango comparten mesa, memoria y ciudad. Y hoy forman parte de la experiencia urbana que los turistas buscan para conectar con la identidad más profunda de Buenos Aires. ¿Se imaginan una verdadera ruta del vino urbana? Existe! acá en la Ciudad esta ruta recorre desde vinerías boutique hasta grandes bodegas con presencia local, bares con sommeliers que curan experiencias y propuestas gastronómicas que maridan lo mejor de la cocina porteña con etiquetas de todo el país.</p><p>Uno de los hitos más potentes en este camino es el Distrito del Vino, ubicado en el barrio de Devoto, una iniciativa del Gobierno de la Ciudad que articula desarrollo urbano, inversión privada y promoción enoturística. Allí se radican bodegas, vinotecas, espacios de formación y experiencias sensoriales. Un proyecto que demuestra cómo el vino también puede ser motor de desarrollo económico, cultural y turístico. ¿Por qué Devoto? La provincia de Mendoza está unida con la Ciudad de Buenos Aires por el Ferrocarril San Martín, y allá por 1887, en La Paternal había un playón de cargas especialmente dedicado al vino traído desde Mendoza. En los alrededores se establecieron bodegas y embotelladoras que procesaban esa mercadería localmente. Después de aplicarse una ley que obligó a embotellar en origen, esa infraestructura perdió su función y quedó obsoleta. Si bien en Devoto no hay evidencia clara de embotelladoras vinculadas al vino como en La Paternal, sí fue parte de este desarrollo a través de la “Estación Devoto”, que cumplió un papel importante en la carga y el tránsito de esta mercadería, pero sin registros específicos de bodegas embotelladoras en el entorno inmediato.</p>Wine bars para cada estilo de bebedor<p>Continuando con nuestra ruta del vino porteña hablemos un poco de los wine bars. Estos son pequeños locales especializados en la gran bebida patria. Lugares donde sirven vinos por copa o botella, con buena cristalería y a temperatura correcta, con camareros, sommeliers y dueños que saben lo que están ofreciendo. Así como hay un vino para cada paladar, hay un wine bar para cada tipo de consumidor. Están los bares que ofrecen etiquetas de renombre, otras que se especializan en vinos naturales; algunos son íntimos y románticos, otros suben el volumen de sus parlantes y continúan hasta largas horas de la noche. Muchos se ubican en zonas turísticas y de oficinas pensando en el after office, también están los que se ubican en calles tranquilas de barrios diversos. Todos comparten una misma pasión: el vino argentino entendido como una bebida propia de este país.&nbsp;</p>Vico, en Villa Crespo. Los Wine Bars maridan buenos vinos con experiencias y ambientes únicos<p>No podemos hablar de vinos sin mencionar a los especialistas. La Ciudad cuenta con la Escuela Argentina de Vinos, una escuela de formación de sommeliers, que otorga título oficial, para quienes quieran profesionalizarse en el rubro. Es un espacio ideal tanto para aficionados que desean dar sus primeros pasos en la degustación como para aquellos paladares más experimentados que buscan profundizar sus conocimientos. Desde catas introductorias hasta cursos especializados sobre terroirs y maridajes, la EAV ofrece una propuesta educativa para descubrir los secretos de las cepas argentinas y del mundo.</p><p>Y si de profesionales hablamos, no podemos dejar de mencionar que en la Ciudad se destacan figuras como Martín Bruno, Wine Director y Sommelier de Don Julio Parrilla, distinguido por la Guía Michelin como el Mejor Sommelier del Año 2023, entre otros premios y menciones.</p>Un viñedo urbano en el corazón de la ciudad<p>Buenos Aires es la primera ciudad de América Latina en tener su propio viñedo urbano, ubicado a solo cuatro cuadras de Plaza de Mayo, en el patio del Hotel Intercontinental. Al mejor estilo de ciudades como París, Londres o Madrid, la capital argentina suma así una propuesta enoturística tan original como disruptiva.</p><p>La iniciativa es impulsada por Bodega Gamboa, un proyecto vitivinícola con base en Campana —a poco más de una hora del centro porteño— que busca explorar nuevos terroirs y ofrecer experiencias vinculadas al vino desde una mirada contemporánea. Su fundador, Eduardo Tuite, no sólo es productor: también cuenta con una amplia trayectoria en turismo receptivo, lo que le da una visión integral para conectar el mundo del vino con el desarrollo de experiencias urbanas.</p><p>El viñedo, que ya cuenta con unas 150 plantas de malbec, torrontés y pinot noir, estará abierto al público a partir de septiembre, coincidiendo con la llegada de la primavera y con los 30 años del hotel en la Ciudad. La propuesta incluirá catas, cenas maridadas, conciertos, vendimias urbanas y degustaciones, con una producción estimada de 500 botellas que se subastarán a beneficio de organizaciones sociales. En una etapa posterior, planean vinificar directamente en el hotel, utilizando pequeños tanques de acero y ánforas para completar la experiencia.</p><p>Esto es un verdadero hito tanto para la industria hotelera como para el perfil turístico de Buenos Aires. La articulación entre hotelería, enoturismo y nuevas experiencias marca un diferencial y pone en valor el potencial que tiene la Ciudad para ofrecer propuestas únicas.</p><p>Acá no hace falta ir al viñedo: el vino te sale al encuentro. En cada esquina, en cada copa bien servida, Buenos Aires te invita a vivirla con todos los sentidos. Así que no lo pienses tanto. Elegí un barrio, buscá una mesa y dejá que la ciudad te cuente su historia entre sorbos.</p>Muchas recomendaciones con sabor local<p>Pain et Vin, Gorriti 5132. La propuesta parece simple, pan y vino, pero detrás esconde mucho conocimiento y una hermosa oferta gastronómica. El proyecto nace de una pareja compuesta por una sommelier y un chef/panadero, quienes reúnen vinos del día y copas degustación de alta gama, panes de masa madre, quesos y algunos platos deliciosos. El mejor plan es al atardecer, en la vereda.</p><p>Vereda Adentro, 11 de Septiembre 3201. Su nombre contradictorio se explica al llegar al local, donde las fronteras entre el adentro y el afuera se hacen difusas. La propuesta son vinos naturales de pequeños productores de todo el país -incluida la provincia de Buenos Aires- por copa y por botella. Para comer hay quesos, panes, platos pequeños y otros más grandes, todo pensado para compartir. No abre cuando juega River de local.</p><p>Gran Bar Danzón, Libertad 1161. Hace 25 años abrió este bar que se convirtió en emblema de la ciudad, un pionero de la alta coctelería y de los bares de vinos porteños. Tras dos décadas y media, el Danzón sigue ahí, tan vivo como siempre: una larga y preciosa barra dedicada a las espirituosas y las cocteleras, una barra más pequeña donde beber vinos por copa y etiquetas de toda la Argentina; y un salón donde probar una cocina de aires mediterráneos y sushi de calidad.&nbsp;</p><p>444, Av. José María Moreno 444. Funciona de jueves a sábado en el Club Social Oeste de Caballito. Con una extensa carta de vinos por botella y opciones de comida tipo bodegón, 444 ofrece una de las experiencias vitivinícolas menos solemnes de la ciudad, con vista directa a la cancha de fútbol del club y baños compartidos con los socios.</p><p>Vina de San Telmo, Av. Caseros 474. Emplazada en el pintoresco boulevard Caseros, con una amplia vereda bien aprovechada, Vina ofrece una propuesta comandada por la sommelier Sofía Maglione. Hay vinos de pequeñas bodegas por botella, copas del día y catas periódicas.</p><p>Helka Wine Bar, Freire 1117. A pocas cuadras de la estación Colegiales, Helka recibe a sus clientes en una antigua casona de 1917 de techos altos y patio amplio. La propuesta aquí es más lúdica: la amplia carta de vinos se complementa con noches de tarot, de bingo, de juegos.</p><p>Overo Bar de Copas, Nicaragua 4583. A su terraza con vista a Plaza Armenia y su sistema de orden electrónica, Overo le suma otra particularidad: además de abrir para el público general, es también un club de vinos. A su larga lista de vinos la acompañan empanadas, ensaladas, quesos y charcutería.&nbsp;</p><p>Naranjo Bar, Carranza 1059. Tablones en la vereda, etiquetas -en su mayoría de vinos naturales- recitadas por los mozos, local con exhibidora con las tapas frías del día: en este bar manda la simpleza, la baja intervención y el disfrute juvenil.&nbsp;</p><p>Anchoíta Cava, Velasco 1456. Sin reserva y abierto todo el día, el pequeño Anchoita Cava es ideal para disfrutar de vinos por copa o botella, además de decenas de quesos y chacinados de pequeños productores guardados hasta que están en su momento óptimo de maduración. Hay etiquetas de alta gama, de bodegas chicas y grandes, de aquí y también de otros países.</p><p>Pulpería Soler, Soler 4358. Su espacio reducido es ideal para interactuar con el sommelier, que destaca por su atención personalizada y la pasión con que comunica. Hay vinos por copa -a veces suman importados- y una pequeña góndola con botellas nacionales minuciosamente seleccionadas.</p><p>Amores Tintos, Gorriti 4202 y Soler 4202. Aunque se trate de un wine bar, su estética, su mobiliario y su servicio lo emparientan con una cervecería artesanal. Los clientes pueden elegir entre sus más de 20 canillas de vino tirado para llenar la copa o botella de medio litro. Para maridar hay tortillas, hamburguesas y empanadas.&nbsp;</p><p>La Cava Jufré, Jufré 201. Atención descontracturada y clima familiar en un acogedor salón de planta baja o en el entrepiso. La extensa selección de vinos a buen precio se acompaña con tablas de quesos, tortilla, bruschettas o empanadas de masa filo. También se organizan catas y presentaciones de nuevas etiquetas.&nbsp;</p><p>Vinos de Culto Bistró - Wine Bar, Superí 2799. Una tienda de vinos que de noche se hace bistró, momento en que sus clientes pueden sentarse y probar la gran variedad de etiquetas de bodegas tradicionales y de pequeños productores que hay en esta casa. Para comer hay bruschettas, tablas de quesos, burratas, empanadas, pizzas individuales y postres. También se ofrecen catas y cursos.&nbsp;</p><p>Vico, Gurruchaga 1149. Más de 100 etiquetas por copa salen de los dispensers de Vico Wine Bar Villa Crespo, con las cuales el propio consumidor se sirve la etiqueta elegida en tres tamaños posibles (degustación, media copa o copa). La selección de botellas recorre la enología argentina de norte a sur y de este a oeste. También hay cócteles en la barra y una cocina que privilegia los productos de estación.</p><p>Tiempo de Sabores, Asunción 4026. Nació en una casona típica de Devoto y es todo terreno: además de ser restaurante y café, alberga una vinoteca con más de 600 etiquetas, un espacio para catas y un mercado de delicatessen y productos orgánicos. Las copas y botellas pueden acompañarse de carnes, risottos, calzones y pizzas napolitanas.</p><p>Para más info sobre la Escuela Argentina de Vinos: https://eavescueladevinos.com/&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wWqKUrziySF8uAvbQZCOu9B4ros=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/ruta_del_vino_portena_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El vino en la Ciudad de Buenos Aires combina historia, identidad y experiencias que invitan a brindar.]]>
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                <published>2025-08-02T10:00:00+00:00</published>
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            ¿Malbec o Blanco? La Calle responde
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                <![CDATA[Astrid Heysen]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3dp72Tn1TM4VY2TWMcHh3BHiVaY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/pelea_tinto_vs_blanco_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esta semana Newstad recorrió las calles de Palermo, las inmediaciones de Plaza de Mayo y Puerto Madero para hablar con la gente y con expertos sobre esta bebida argentina.&nbsp;</p><p>La voz de la calle : ¿qué piensa el consumidor argentino?</p><p>Salimos a explorar los hábitos del consumidor argentino y así conocer cuánto sabemos de esta bebida, y para ello, preguntamos lo siguiente:1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿Tomás vino?2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿A qué edad arrancaste a tomar vino?3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿Qué tipo de vino te gusta?4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿Cuál es tu marca favorita de vino?5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si vas a comprar un vino ¿Cuánta plata gastás?6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y si tuvieras que regalar un vino ¿Cuál sería?7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿Con quién te gustaría compartir un vino?8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿Con que tipo de comida acompañas un vino?</p><p>Absolutamente todos los encuestados afirmaron tomar vino, lo que demuestra la profunda inserción del mismo en la cotidianeidad de los argentinos, pues se trata más bien de una costumbre arraigada y no de una opción. La edad promedio en la que tanto hombres como mujeres comienzan a tomar vino es alrededor de los 20 años, con una minoría significativa que lo hace a partir de los 30. Este dato sugiere que el interés por el vino se despierta en la etapa de la juventud hacia la adultez, para luego consolidarse como un hábito generacional.</p><p>Sin lugar a dudas, es el Malbec el que se consolida como el vino favorito de los argentinos, quienes lo perciben como un símbolo de orgullo local e identidad nacional . Su popularidad trasciende las fronteras, &nbsp;pero es en el paladar argentino donde encuentra su innegable raíz. Si bien esta cepa ejerce la supremacía de la lista,&nbsp; otras variedades tintas como el Pinot Noir, Sauvignon y Cabernet Franc también gozan de cierta preferencia, demostrando que también se sabe apreciar la diversidad por la gama de los tintos.</p><p>En cuanto a las marcas favoritas, las respuestas no revelaron una opción de coincidencia, ello se explica por la existencia de un mercado diverso donde las alternativas de elección son múltiples y van de acuerdo con los gustos y preferencias del consumidor. Resuenan nombres como Catena Zapata, Santa Julia, Escorihuela Gascón, Angélica Zapata, Rutini, Latitud 33, Aimé, Alma Mora, Norton, Navarro Correa y Concha y Toro, lo que indica que existe un amplio espectro de marcas que van desde las de alta gama hasta las más accesibles, adaptándose a distintos presupuestos y preferencias de quienes las consumen.&nbsp;</p><p>Ante la pregunta “¿cuánta plata estás dispuesto a gastar a la hora de comprar un vino?”, la mayoría confesó que gasta entre 4.000 y 7.000 pesos, en segundo lugar, otro segmento dijo invertir entre 10.000 y 15.000 pesos en promedio, y un grupo más reducido, que elije los vinos de alta gama, está dispuesto a pagar más de 20.000 pesos por un buen vino. Esta distribución demuestra que el vino argentino ofrece alternativas para los distintos bolsillos y capacidad adquisitiva permitiendo llegar de forma accesible a la mayor parte de los hogares argentinos.&nbsp;</p><p>A la hora de hablar de regalos, fue más complicado encontrar puntos en común ante la elección de vinos para obsequiar. Si bien se mencionaron variedades como Angélica Zapata Cabernet Franc, Luigi Bosca, Los Haroldos, Quilca, Escorihuela Gascón, Aimé, Navarro Correas y Benjamín, muchos dudaron al tratarse de una “elección personal” de acuerdo al presupuesto disponible y a quién se le haga el regalo.&nbsp;</p><p>La respuesta unánime y consistente fue que el vino se disfruta "en compañía, preferentemente con la pareja, amigos y familia", ratificando la naturaleza social de esta prodigiosa bebida. Esta preferencia se hace visible cuando se comparte un asado donde el vino es el compañero indispensable y ceremonial. Este matrimonio perfecto entre vino y asado invita al diálogo, a compartir historias, a reír y fortalecer lazos de amistad. Además del asado, el vino también se disfruta con pastas, pizzas y picadas, lo que lo convierte en una bebida versátil en la mesa argentina adaptándose a cada momento y situación.&nbsp;</p><p>La perspectiva de los expertos: ¿qué dicen las vinotecas?</p><p>Continuando nuestro camino por la ruta del vino con la finalidad de tener una visión complementaria y profesional sobre las tendencias del vino, en los consumidores más especializados, acudimos a las vinotecas de la zona de Palermo Soho donde encargados y expertos respondieron a las siguientes preguntas:1. ¿Qué suelen pedir los clientes?2. En el último tiempo la consumición del vino ¿bajó o aumentó?3. ¿Qué pensás de los vinos de EE. UU.?4. ¿Sabes qué es la cepa criolla?5. ¿Qué cepa recomendarías?</p><p>Una vez más, la respuesta fue contundente y uniforme: el Malbec se consagra como el favorito de los clientes que visita las vinotecas. Esta afirmación confirma la popularidad y el estatus privilegiado de esta cepa que incluso se corona en un ambiente de venta especializada. Entre las marcas más demandadas en estos establecimientos de alta gama se encuentran El Enemigo, Catena Zapata y Angélica Zapata. Los clientes buscan la calidad y el reconocimiento donde el Malbec de alta gama se erige en principal protagonista.</p><p>En cuanto a las tendencias de consumo, la mayoría de los expertos coincide en que la consumición del vino ha bajado levemente, afectando tanto a los clientes locales como a los turistas extranjeros. Esta observación podría indicar una sensibilidad del mercado frente a factores económicos o cambios de temporada. Sin embargo, en una aparente contradicción, uno de los expertos señaló una "leve alza por las vacaciones de invierno".&nbsp;</p><p>A pesar de ser reconocidos por su calidad mundial, el interés y conocimiento sobre los vinos de Estados Unidos es notablemente bajo entre los expertos encuestados. Sólo dos personas indicaron haberlos probado, afirmando que son "muy buenos" y recomendando específicamente los vinos de las zonas de Washington y Oregón, en particular las variedades Sauvignon y Pinot Noir.&nbsp;&nbsp;</p><p>En relación con la cepa criolla, sólo la mitad de los entrevistados manifestó conocerla. Aquellos que sí la identificaron la describieron como un “vino natural, muy frutado y suave”.&nbsp;&nbsp;</p><p>Finalmente, las cepas más recomendadas por los expertos además del Malbec incluyen la gama de Bonarda, Torrontés, Cabernet Franc, Pinot Noir, y una variedad de vinos blancos y dulces. Esta diversidad implica un reconocimiento a la riqueza vitivinícola argentina donde se encuentra un amplio abanico de abanico de sabores y estilos para todos los gustos y preferencias.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3dp72Tn1TM4VY2TWMcHh3BHiVaY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/pelea_tinto_vs_blanco_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>El vino forma parte de nuestra cultura y e identidad nacional. Newstad salió a la calle para preguntarle a los argentinos qué saben sobre el vino]]>
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            El vino argentino entre alarmas y esperanza
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                <![CDATA[Nicolás Sianja]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xbkm8HhK2IyRKGN-PwodiNH1qRA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/crisis_sale.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los números no mienten y estamos pasando por un momento crítico: el consumo interno de vino en Argentina alcanzó uno de sus puntos más bajos en la historia reciente. El consumo per cápita de vino argentino en 2025 se espera un poco menor que en 2024, seguramente alrededor de 15 a 16 litros por persona. Esta proyección combina las cifras reportadas para 2024 con estimaciones a la baja basadas en el consumo. En medio de una economía inestable, la suba de precios -sobre todo el año pasado-, el encarecimiento de los insumos y la falta o poca comunicación efectiva y precisa con los consumidores, el sector vitivinícola transita aguas turbulentas. Sin embargo, detrás de estos datos duros, hay miles de personas que seguimos trabajando con pasión, buscando no solo sostener la identidad del vino argentino, sino también proyectarla hacia un futuro posible y más amigable. Por más que digan que se toma menos pero “de mayor calidad/precio”, no todos pueden sostener ese lujo. Muchas familias tienen prioridades distintas a quienes comulgan con ese tendencia.&nbsp;</p><p>Desde hace bastante, Argentina ha consolidado su lugar en el mapa del vino mundial gracias a la calidad del Malbec y otras cepas que supimos cultivar con identidad propia. Por ejemplo, la gran evolución de los vinos blancos, espumosos y algunas tintas como las Criollas, ricos blends y algunos modernos Cabernet Sauvignon. &nbsp;Nuestros vinos, especialmente los de altura y los de pequeñas producciones, han ganado prestigio en mercados bastante exigentes como Estados Unidos, Canadá, Brasil y Europa. Otro mercado interesante y que viene sonando fuerte es Asia. A nivel internacional, seguimos compitiendo con gigantes como Francia, Italia, España y Chile, pero con una ventaja que es nuestra marca registrada: el alma que tiene el vino argentino. Muchos de nuestros vinos lograron destacarse en concursos y se colgaron varias medallas. Sin embargo, si no pensamos alguna estrategia de impuestos y precios a largo plazo los vinos locales, a comparación de otros del resto del mundo, seguirán quedando muy altos. No hace falta viajar a Europa, en Brasil la góndola de vinos argentinos es de la más caras, teniendo una oferta internacional mucho más atractiva y accesible. Un Malbec gama media rondan los 190 reales compitiendo con buenos vinos que están a la mitad del valor.&nbsp;</p><p>Aun así, el escenario local preocupa. Las ventas caen mes a mes, el consumo per cápita se desploma, y el vino pierde terreno frente a otras bebidas. Aparecen en circuito nuevas tendencias como las Coffee rave que se están viralizando cada vez más. Las bodegas y distribuidoras no llegan a cumplir con los objetivos de las ventas. Algunos pueden extender plazos de pagos a otros, generalmente los pequeños productores, se les complica porque necesitan liquidez. Sumado a que las nuevas generaciones, muchas veces, no se sienten identificadas por una bebida que aún arrastra códigos antiguos, lenguajes técnicos o rituales y experiencias poco accesibles. Precios de degustaciones por $100.000 por persona o restaurantes en bodegas a precios desorbitantes me llaman la atención. Mientras tanto, muchas bodegas pequeñas y medianas luchan para subsistir, y los costos para producir un vino de calidad se disparan y hacerle frente se hace muy difícil.&nbsp;</p>Trabaje, estudie y respete.<p>Pero no todo es pálida. Lo esperanzador es que en muchos rincones del país somos varios los que seguimos apostando por el vino desde &nbsp;el trabajo honesto, los valores, precios reales y una buena comunicación con lenguaje integral. En definitiva, tenemos que que tirar todos para el mismo bando. Gracias a todos los enólogos, sommeliers que se animan a comunicar distinto pero no así confuso, productores que entienden que el cuidado del lugar de origen es clave pero también lo es el cliente, y emprendedores que seguimos apostando para poder seguir haciéndoles llegar botellas de vino directo a la mesa para el disfrute de todos.</p><p>A diferencia de otros países vitivinícolas donde el marketing es muy importante, en Argentina el vino todavía nace del esfuerzo y la pasión. Eso puede ser una debilidad, pero también una enorme fortaleza si logramos comunicarlo mejor.&nbsp;</p><p>Pienso que necesitamos hablarle de frente al consumidor, mostrar el detrás de escena, bajar el vino del pedestal y volverlo parte de la vida cotidiana sin perder su valor cultural y simbólico. Hubo mucho tiempo en que al consumidor se lo maltrató.&nbsp;</p><p>Comparado con otras regiones del mundo, el vino argentino tiene algo único: es parte de nuestra mesa, de nuestros domingos, de las charlas entre amigos. Esa cercanía es nuestro diferencial. Pero hay que volver a enamorar a quienes lo han apartado. Comunicar desde el disfrute, desde la diversidad de estilos y precios, y dejar de hablarle solo a los que ya saben, o creen que saben.&nbsp;</p><p>En tiempos difíciles, la industria necesita apoyo, políticas que cuiden al sector y una comunidad que lo acompañe. Pero también necesita autocrítica, renovación, y una estrategia que incluya a todos los eslabones de la cadena, desde la finca hasta la copa.</p><p>El vino argentino nunca estará en duda ni acabado. Está en un punto clave. Y como toda buena historia, esta también puede tener un giro inesperado si apostamos a trabajar con responsabilidad, creatividad y visión de largo plazo. El compromiso tiene que ser de todos.&nbsp;</p><p>Porque si algo nos sobra en esta tierra es gente que ama lo que hace. Y cuando hay amor, el vino siempre vuelve a mostrar su mejor versión. El protagonista que sea el vino y su gente.&nbsp;</p><p>¡Chin Chin!</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xbkm8HhK2IyRKGN-PwodiNH1qRA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/crisis_sale.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras el consumo interno cae brutalmente y las bodegas enfrentan una de las peores crisis en décadas, algunos productores, enólogos y amantes del vino seguimos apostando al futuro con trabajo, pasión, compromiso y profesionalismo.]]>
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            El vino ya no se toma igual que antes
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                <![CDATA[Nicolás Sianja]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8vImbe6y-c61pGq4J6yZfa4q3tc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/evolucionvino.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante décadas, el vino fue parte del día a día. Estaba en la mesa, en las reuniones, en los almuerzos de casi todos las familias. No se hablaba tanto de varietales, puntajes ni maridajes. Solo se tomaba vino, sin tantas vueltas. Pero con el correr del tiempo, me incluyo, fuimos cambiando. Y es normal que así suceda. Hoy el vino es también una experiencia, una búsqueda de calidad, una forma de expresarse, de alguna manera. &nbsp;</p><p>Hasta mediados del siglo XX, el vino era considerado un alimento. En muchos países, incluidos Argentina, Italia, Francia y España, se tomaba vino con alta frecuencia. &nbsp;La damajuana, la gran vedette, &nbsp;era cosa de todos los días, y se compraba en el almacén de la esquina. Se priorizaba la cantidad sobre la calidad. El vino era parte de la rutina. &nbsp;No estoy disconforme con la evolución que se viene dando en la elaboración y conducción dentro del mundo del vino, creo en las buenas oportunidades que, muchas de ellas, supieron rendir frutos: estilos de vinos más amplios, conocimiento, innovación y tecnología, una mirada más global, nuevos productores, entre otras. Pero todas ellas deben estar al alcance de todos.&nbsp;</p><p>En esa época, el consumo per cápita era altísimo. En Argentina, por ejemplo, se llegó a tomar más de 90 litros por persona al año. Nadie preguntaba si era Malbec o Bonarda. Se bebía lo que había, y lo que alcanzaba o estaba disponible. Me acuerdo de esas miles de noches en Villa Elisa, cuando mis viejos, rodeados de amigos, esperaban y armaban el fogón, la comida y la guitarreada como si no hubiera otro instante más que ese. Las copas de vino siempre llenas, como las risas también… la felicidad parecía eterna. Era un momento épico.&nbsp;</p><p>Con la llegada de los años 80 y 90, todo empezó a cambiar, sobre todo los noventa. El ritmo de vida se aceleró, la cerveza se volvió más popular, y la gaseosa ocupó el centro de la mesa familiar. La nueva generación ya no sentía esa conexión con el vino. La damajuana pasó a ser sinónimo de “vino de viejo”, y el consumo bajó a niveles históricos.&nbsp;</p><p>Esto fue el inicio de otra etapa. A partir de los 2000, el vino comenzó a reposicionarse: apareció la figura del sommelier, las bodegas empezaron a sacar etiquetas más atractivas, comunicando y contando historias, y la exportación creció con mucha fuerza. El Malbec se volvió embajador de Argentina, con mucho mérito, &nbsp;y los consumidores adoptaron palabras algo cool como “terroir” y “crianza”. El lenguaje y la comunicación claramente habían cambiado. Aterrizaron muchos proyectos con capital extranjero que subieron la vara e incorporaron bastante tecnología. &nbsp;Muchas bodegas crecieron, en términos de producción e ingresos, y otros proyectos más pequeños o boutique empezaron a sonar entre los consumidores. Eran tiempos de cambios.&nbsp;</p><p>Hoy el vino está viviendo un momento extraño. Por un lado, bajó el consumo masivo; ya no se toma todos los días, pero sí se elige con más atención lo que uno toma. Hay quien prefieren un blend complejo para una cena especial, y quien busca un vino fresco para tomar con hielo en verano. Los pibes, antes más reacios, ahora se acercan con curiosidad: prueban, preguntan, se animan. Pero así y todo, el consumo volvió a mostrar cifras alarmantes. Las bodegas no están llegando a rotar los vinos, caen las ventas, la gente se desespera, los que pueden costear bajan los precios y se hace difícil la competencia. Sobra vino. las bodegas tiene sobre stock y no tienen lugar para almacenar las nuevas cosechas. Volvieron, no por “motus propio”, a ofrecer descuentos, plazos de pago porque sino los vinos no tienen donde metérselos. ¿Qué habremos hecho mal? &nbsp;Si bien no soy enólogo ni vivo en Mendoza, puedo decir que conozco el vino desde varios ángulos: lo hago con ayuda de amigos enólogos, lo vendo y lo disfruto. Y en ese camino, vi cómo muchos lo usaron como excusa para subestimar o descuidar al consumidor. &nbsp;Al cliente no se lo cuidó y, en parte, hoy estamos todos pagando las consecuencias. Me apena mucho la situación actual y, hablando con productores y amigos del mundo del vino, todos llegamos a una misma conclusión: estamos atravesando una crisis. "No se vende nada y está todo planchado". Pero si estamos unidos y nos cuidamos saldremos sin problemas. Pero ojo, no volvamos a cometer los mismos errores. Hagamos una pausa y reflexionemos para tener una visión 360° y a largo plazo.&nbsp;</p><p>Otro tema es que la gente empezó a llevar una vida más saludable y &nbsp;no consume tanto vino. Sumado a que se habla mucho de vinos orgánicos, sin sulfitos, de bajo alcohol o baja intervención. Una categoría más. &nbsp;El vino ya no es solo una bebida, sino que para algunos es una forma de conectar con lo natural, con lo artesanal. Pero déjenme decirles que el vino es una bebida honesta , auténtica y &nbsp;natural por donde la mires.&nbsp;</p><p>Curiosamente, muchas tendencias “de antes” están regresando con una nueva lavada de cara. Las jarras con vino y frutas (como el tinto de verano o la sangría) volvieron en bares cancheros y de moda. Se revalorizan los vinos de bodegas pequeñas, los vinos “de garage”, los que cuentan una historia familiar.</p><p>Incluso el vino en lata o en copa lista para tomar gana terreno entre los más jóvenes y quienes buscan practicidad. No se trata de romper con la tradición, sino de adaptarla a los nuevos tiempos. Estoy convencido de que mientras haya vino en la mesa, estaremos yendo por buen camino. También debo decir que me importa mucho cuidar el producto y al productor. Respeto, conciencia, honestidad hacen de la buena experiencia. Hay lugar para todos solo debemos asumir las responsabilidad de comunicar bien, ser auténticos para no repetir pavadas y no vender solo el vino. También se trata sentir, esa pasión interna que no siempre sale a la luz. Recomiendo siempre mostrar nuestra mejor versión, no solo cuando se prenden las cámaras sino en todo el proceso evolutivo.&nbsp;</p><p>Entonces, no se trata solo de vender más litros, sino de crear experiencias, de acompañar momentos. Hay lugar para todos: para el que busca un vino complejo de guarda y para el que se arma un picnic con un vino fresco y descontracturado. Respetar y valorar la importancia de si el vino está rico o no.</p><p>Y si de algo sabe el vino, es de tiempo.&nbsp;</p><p>Porque al final, el vino, como la vida, también evoluciona. Y eso no está nada mal.</p><p>&nbsp;</p><p>¡Chin Chin!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8vImbe6y-c61pGq4J6yZfa4q3tc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/evolucionvino.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Entre modas, generaciones y nuevas costumbres, el consumo fue mutando con los años. ¿Qué busca hoy la gente cuando elige un vino?]]>
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