<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <id>https://www.newstad.com.ar/feed-autor/osvaldo-bazan</id>
    <link href="https://www.newstad.com.ar/feed-autor/osvaldo-bazan" rel="self" type="application/atom+xml" />
    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
        <entry>
        <title>
            Mogólicos
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/mogolicos" type="text/html" title="Mogólicos" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/mogolicos</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Osvaldo Bazán]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/mogolicos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RP6a_DQfcqXOm8EtXRHbCVToKhM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/ilustracion_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el siglo pasado, cuando éramos ingenuos y creíamos en el futuro, gritábamos “¡mongólico!” en el medio del patio del colegio y no pasaba nada. Después, como en tantas cosas, aprendimos. En 2015, el Diccionario Latinoamericano de la Lengua Española del Observatorio de Glotopolíticas de la Universidad de Tres de Febrero define “mogólico/a” así: “1. Ar. Malson.tab. desp. est. juv. fam. Imbécil, idiota, pelotudo/a. Su empleo en referencia a personas con síndrome de Down se ha vuelto muy infrecuente y recibe la censura social. Aun así, se trata de un insulto particularmente ofensivo, si bien esta carga se atenúa en contextos de mucha confianza (“Dale, no seas mogólico”, etc.) Ej.: ¿Qué te pasa, pedazo de mogólico”?</p><p>El diccionario más progresista del país se saca de encima el problema diciendo que sí, que se dice mogólico como insulto, pero bueno, el que dice mogólico no quiere decir mogólico, sólo quiere decir mogólico; que sí, que es insultante decirle a alguien mogólico, pero no porque sea mogólicosino porque coso.</p><p>Hace ya unos años, en este siglo donde no nos pusimos de acuerdo en casi nada, sí había algo que teníamos claro y que nos unía: no se usa la palabra mogólico para descalificar a nadie. No debe ser usado como insulto. Mucho menos aún en la conversación pública, en donde es factible que el piedrazo oral le pegue en la cabeza de alguien que vive en carne propia la condición de síndrome de Down. Siendo así, uno no tiene derecho de tirar piedras al azar.</p><p>En 1866, el médico británico John Landgon Down publicó su trabajo “Observations on an Ethnic Classification of Idiots” donde describe al hoy conocido como Síndrome de Down como “mongolismo” o “idiocia mongólica” porque según él, los rasgos faciales de estas personas se asemejaban a los de la etnia mongol.</p><p>Ya desde 1960 se cambió la denominación y quedó en evidencia que el uso de la palabra siempre es discriminatorio hacia personas que no tienen ninguna responsabilidad sobre su condición y que son desfavorecidos en la convivencia social por los prejuicios reinantes. Sin embargo, en los últimos años, en la conversación pública, ese mismo lodo en el que todos estamos manoseados, ha renacido con fuerza la palabra. Y nadie, a excepción de la Asociación de Síndrome de Down Argentina (ASDRA), le horroriza. Qué digo le horroriza, mínimamente le molesta. Nadie. Y retrocedemos hasta el momento en que en el siglo pasado gritábamos “mongólico” y pensábamos que era una gracia. Entonces no aprendimos nada. Ahí está perdido en la oferta multitudinaria de las plataformas el documental “Alamesa. Hay lugar para todos” de Juan Campanella sobre el trabajo del infectólogo Fernando Pollack. “Alamesa” es un restaurante donde todas las tareas, desde el preparado de los platos hasta la atención al cliente, son llevados a cabo por jóvenes neurodiversos.</p><p>Una vez que viste el documental, algo en vos cambia. Educados para no soportar la diferencia, hay algo en ese trabajo audiovisual que te recuerda que en lo que todos somos iguales, es que cada uno de nosotros es diferente a los demás. Más o menos diferente, pero diferente. Esa canción feliz, entonces, nos prepara para ser mejores personas. Admitir nuestra diferencia nos abre la puerta para valorar las otras diferencias. De eso se trata la vida en comunidad. Sin embargo, contra esta bella verdad, se alza la conversación pública y los defensores del “mogólico” como insulto.</p>Legitimar. El peligro de usar “mogólico” para condenar se hizo costumbre.<p>&nbsp;</p><p>Sus argumentos son variados: algunos dicen que no tenían idea del daño que podían causar, que no tuvieron la intención, que mirá si por una palabra. Ok, ahora ya lo saben, se cae ese argumento. Otros dicen que bueno, que se habla así, que no jodan, que siempre se habló así. Es gente que cree que las malas prácticas cristalizadas no se modifican. Bueno, hay que decirles que se abolió la esclavitud y que dejamos de comer con las manos, dos prácticas que también, siempre habían sido así. Las cosas cambian, se cae ese argumento. Están quienes alegan que cuando gritan “la concha de tu madre”, no están refiriéndose al aparato genital de la progenitora en cuestión, por eso cuando dicen “mogólico” no se refieren a lo que se conocía como un mogólico. La diferencia está en que hasta ahora ninguna concha de ninguna madre ha declarado lo que sufre cuando usan esos términos.</p><p>Un chiquito con síndrome de Down, su familia, sí. No da ni para discutir. También, claro, está el argumento de la libertad de expresión, que quizás sea el más atendible, aunque todos hemos escuchado al Tío Ben cuando le explica al joven Peter Parker que “todo poder conlleva una gran responsabilidad” ¿o no vieron Spiderman? Claro, la frase no es del Tío Ben, parece que viene del Siglo I A.C. y que tiene que ver con la espada de Damocles. Pero como ocurre últimamente las cosas ocurren desde que nos enteramos así que pongamos como fuente de toda sabiduría al Hombre Araña. ¿Es un gran poder la conversación pública? Sí, lo es. Quien tiene posibilidad de ser escuchado, quien mete esa palabra en esa conversación debe saber, claramente, que está siendo cruel. Y que se haga cargo. Otros dicen que es una reacción exagerada, que las generaciones de cristal no aceptan una mínima ofensa. Cuando éramos chicos eso se contestaba con “claro, porque no te pasa a vos”. Y comparan el hecho de usar “mogólico” como insulto con el paroxismo de las academias del norte que buscan negros en la selección de fútbol de Argentina. O a la susceptibilidad suprema de quien se ofende porque le dicen “gordo”, “puto” o “negro”. No tiene nada que ver. Un gordo, un puto, un negro, (me tocan dos de tres, vamos!) están mejor preparados, tienen más recursos para defenderse de la crueldad del mundo, en el caso de que esas palabras le resulten ofensivas. Un chico con síndrome de Down, no.</p><p>Y en todo caso, si no te molesta ser especialmente cruel con una comunidad que no recibió buenas cartas en la mano del destino, ¿qué dice eso de vos? Uno de esos famosos instantáneos -y en muchos casos, por suerte, también próximamente anónimos instantáneos- salidos del manicomio televisado denominado “Gran Hermano”, la marplatense Lourdes le dijo a la tucumana Petrona: “Pará boluda, lavate allá, down!”. Ja, ja, qué gracioso.</p><p>Al menos, a la dicente así le pareció porque se rió.En realidad, no creo que ningún chico Down se haya sentido ofendido, son demasiado inteligentes como para mirar la edición quichicientas de ese programa. Las autoridades de Telefé -recordar, el canal de la familia con las pelotas por el piso, donde Wanda Nara conduce Masterchef y Bake Off, dos programas que próximamente enseñarán a preparar hamburguesas lácteas- hicieron oídos sordos a todos los llamados de ASDRA. Se habrán mirado las autoridades de las pelotas y se habrán dicho “Somos Telefé. Somos el canal de las pelotas. Mirá si nos vamos a preocupar por un montón de mongólicos!”. Ya no habían atendido el teléfono cuando una participante de una de las ediciones anteriores, Furia, usaba frecuentemente la palabra “mogólica”, claro que seguramente sin querer referirse a una mogólica sino a coso.</p><p>Si uno de los principales canales de televisión del país se encoje de hombritos cuando le dicen que está siendo cruel, ¿qué se puede esperar de sus espectadores? Y así entonces el ex dirigente de Racing Flavio Nardini puede mandar en redes sociales “Lo hubieras hecho en casa como cuando enfiestamos a 7 pibes down menores de edad” (hay que reconocer que Nardini pidió disculpas públicas por la barbaridad); Jorge Rial le dice “Gordo Down” al referente oficialista “Gordo Dan”; el auditor general de la Nación, dr. Francisco J. Fernández con posgrado en Administración pública y derecho con especialización en seguridad pública, sistema penal, ¡derechos humanos!, contratación pública, transparencia y ¡responsabilidad social!, con maestrías internacionales en “Nuevos delitos penales” y “Administración, derecho y economía de los servicios públicos” usó la palabra “mogólico” de manera despectiva en una sesión de la Auditoría. Y claro, cómo no hablar del elefante en la sala. “Mogólico, imbécil y tarado. Uno tiene que escuchar al pelotudo del dinosaurio, envidioso, resentido, con síndrome de Procusto, decir cómo son o no deben ser las formas ¿por qué no te vas a la concha de tu madre, hijo de puta“ le tiró el entonces candidato a presidente Javier Milei a su colega economista Roberto Cachanosky.</p><p>No sé si ese fue el momento fundacional de la reivindicación de la palabra “mogólico”, si a partirde ahí se abrió la tranquera.</p><p>-Ah, preferís los otros que te robaban y te encerraron antes que este presidente que usa malas palabras?? -te tiran los defensores acérrimos del gobierno. Lo único que se puede contestar es ¿qué tiene que ver? ¿Por qué tengo que elegir entre ladrones y malhablados? ¿Tenemos que venir a contar ahora a esta caterva de recién nacidos todo lo que hicimos en todos estos años, mientras ellos estaban jugando al strike? Ahora que “sobame la quena” es la única respuesta que se consigue de una diputada que se autoproclama liberal o que otra diputada autoproclamada liberal sube a las redes una selfie feliz con la leyenda “Serro Campanario” es bueno recordar a don Lisandro De la Torre, quien dijo de sí mismo “Yo estoy afiliado a la democracia liberal, progresista, que al proponerse disminuir las injusticias sociales trabaja contra la revolución comunista, mientras que los reaccionarios trabajan a favor de ella con su incomprensión de las ideas y de los tiempos”. Cuatro horas estuvo en una cena hablando don Lisandro De la Torre con el escritor Alberto Gerchunoff –autor nada menos que de “Los Gauchos Judíos”-. Al finalizar la cena, Gerchunoff le dice a De la Torre: “Ahora sé por qué nunca va aa llegar a presidente. Un político que puede hablar cuatro horas de literatura y poesía carece de futuro en estos pagos”.</p><p>No sabían en aquel momento ni Gerchunoff ni De La Torre hasta qué pozos caería la conversación pública. Si la única respuesta que se consigue ante el mínimo planteamiento en la conversación pública es “sobame la quena, mogólico” ya no hay conversación pública. Sólo furia y ruido. Sólo confusión. No me llamen para eso.</p>Down. El empresario Jorge Rial, fronting del discurso de odio populista.]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RP6a_DQfcqXOm8EtXRHbCVToKhM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/ilustracion_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>En el siglo pasado, cuando éramos ingenuos y creíamos en el futuro, gritábamos “¡mongólico!” en el medio del patio del colegio y no pasaba nada. Despu...]]>
                </summary>
                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-01-14T03:28:45+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            ¿Y si nos dejan de joder?
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/y-si-nos-dejan-de-joder" type="text/html" title="¿Y si nos dejan de joder?" />
        <id>https://www.newstad.com.ar/y-si-nos-dejan-de-joder</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Osvaldo Bazán]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/y-si-nos-dejan-de-joder">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rjpMGTpGndHLD3QsV3ipSbIesbw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/ilustracion.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando en 2004, Marea Editorial presentó mi libro “Historia de la homosexualidad en la Argentina” a los libreros para ver qué expectativas podía tener en su venta, los comerciantes fueron categóricos: “Sáquenle la palabra ‘homosexualidad’ al título. Nadie va a andar en el subte con un libro que dice 'homosexualidad' en la tapa”. Pasaron sólo 20 años, menos que una milésima parte de un grano de arena en el reloj del mundo. Sin embargo, este mundo es otro. ¿Qué pasó en estos 20 años que lo que era motivo de vergüenza y ocultamiento hoy es nada? Pasó que la sociedad fue menos ignorante. Pasó que, como dice la canción, “esta vez el esclavo se escapó”. Tuvimos que explicar mil veces todo. Que no es una elección. Que si te pasa, lo mejor es que te pase. Que en lo que todos somos iguales, es que todos somos diferentes. Que nadie tiene derecho a decirle a los demás cómo deben vivir, a quién deben amar, cómo deben caminar por esta tierra.</p><p>“Homosexual” dejó de ser insulto, fue reemplazado por “Homofóbico”. Tengo el mínimo orgullo de haberme inscripto en una tradición de gente que mucho antes que yo luchó por el derecho a ser quien es. Esa noche que en el TVR original, pre cooptación k, con Fabián Gianola (con quien después trabajaría en la hermosa “Yiya, el musical) y Claudio Morgado (que pasó de Cablín a diputado K a presidente del INADI a imputado por estafas) esa noche, decía, cuando les dije “homofóbicos” fue una de las primeras veces que se dijo por televisión. De las marchas de orgullo de los ‘90, donde íbamos un racimo de 500 valientes (recuerdo los amigos que iban con una bolsa de papel en la cabeza para que no lo reconocieran en sus trabajos, porque Crónica TV transmitía el evento como si fuese un zoológico) se pasó a marchas multitudinarias con apoyo estatal y empresarial.</p><p>Todos querían lavar las culpas de un pasado discriminador. “Yo no marcho orgulloso por ser heterosexual”, escuchamos miles de veces. Te felicito, comete un pan. Sin victimizarnos, fueron miles de años en donde ser homosexual fue motivo de escarnio, humillación, tortura y muerte. Por eso se hacen las marchas, ¿cómo es que hay que explicarlo otra vez? Aún hoy, si tenés espíritu aventurero y querés conocer el mundo, tenés que ver si ese país al que querésconocer no te encarcela sólo por ser como sos. ¿Me quedaré por siempre con ganas de conocer Senegal o Jamaica? Es probable. Vos, que no tenés orgullo por ser heterosexual, podés ir tranquilo.</p><p>Ahora bien. Voy a seguir hablando de mí, que no sólo soy la persona que más conozco, sino que además soy apasionante. Era noviembre del 2010. Era la primera vez que marchábamos una vez conseguido el matrimonio igualitario. Como había hecho en los últimos años subí al escenario a presentar los diversos números. En las pantallas gigantes que había a cada lado del impresionante escenario que pagó el Estado, se veía el momento de meses antes, cuando el diputado Rossi leía, para terminar la exposición de la bancada de diputados del FPV del momento, el epílogo de mi libro de historia. A su lado, Néstor K, en su única aparición en el congreso como diputado, miraba con un ojito lo que Rossi leía, o sea, mi discurso. Con el otro ojito no sé lo que hacía. Mientras ese poderoso momento para mi ego estaba ocurriendo, una centena de militantes de la entonces juvenil La Cámpora, frente al palco me insultaban y me pedían que devolviera los nietos. ¿Mi pecado? Conducir un programa de espectáculos en TN. Nunca me habían insultado en público. Estaba ahí celebrando lo que, como tantos, había conseguido. Y cien tipos me insultaban. En nombre de coso. Ningún dirigente de los que estaban en el palco –que nunca antes habían aparecido por ahí- me dio una mano. Los directivos de las organizaciones LGTB me dijeron “y bueh, esto es así”. El “esto es así” significaba “jodete”. Decidí entonces no ir nunca más a la marcha, que sigue siendo el recordatorio anual de que todavía no hay mundo de rosas. O sí, pero que además de las pétalos, lucen crueles las espinas. De ahí en adelante, mientras la libertad florecía para centenas de miles de trolos en todo el país, las organizaciones lgtb se dedicaron gratamente a agradecer a sus majestades las libertades concebidas. Como si no fuese cierte que las libertades no se dan, se toman. La marcha se convirtió en un lugar para pedir reivindicación de Milagro Sala, para repudiar al FMI o para pedir por Palestina Free. “Callate, que te pudiste casar gracias a Cristina” me dicen aún hoy tipos que nunca supieron nada de la lucha y el sufrimiento de miles de ancestros putos que la pasaron muy mal a lo largo especialmente del siglo XX, cruzado por militarismo, iglesia y peronismo. Claro que no fue gracias a Cristina. No tengo ganas de volver a recordar que el voto en el congreso fue totalmente transversal. Pero es así, reescribieron la historia y una de las travestis más famosas del país se despide del programa de televisión del que la despidieron al grito de “viva los putos, viva Perón” como si no fuera un oxímoron grande como las extensiones de hectáreas de Lázaro Báez. Una vez le pregunté a José Pablo Feinman por qué en el libro cinematográfico que escribió para “Eva” (protagonizada por la ex novia de Rodríguez Sáa, Esther Goris) aparecía Paco Jamandreudiciéndole a una Eva moribunda que ella era la guía de los pobres, los miserables, los putos. Le dije que había buscado en toda la documentación posible y no encontré esa frase que después con descaro usó una organización llamada “Putos Peronistas”. Me dijo, de cuerpito gentil: “La inventé yo”. De nada importó que cuando Paco Jamandreu la llamó por teléfono una madrugada desde una comisaría (porque a los putos en la época de Perón, los llevaban presos por serlo), cuando Paco la llamó la contestación que obtuvo fue “Jódase por puto”. Había que hacer de Eva una abanderada de los putos. El mentiroso libro de Feinman se llevó el premio Cóndor de Plata 1997 al mejor guión. Para que el movimiento lgtb argentino se dejase cooptar por el peronismo y la izquierda, tuvo que fingir demencia antes cuestiones tales como que en 1946, el general Domingo Mercante, gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires, firmó un decreto por el cual no podían votar los homosexuales por “razones de indignidad”. Ese decreto existió hasta mediados de los ochenta. En 1951, una enmienda al Código Bustillo de Justicia Militar prohíbe especialmente a los homosexuales ingresar al Ejército. 1951, peronismo en su esplendor. O el reproche de Perón a Cámpora en el ‘73 “¿Qué me ha hecho Cámpora? ¡Me ha llenado el gobierno de putos y zurdos!” O ante aquellas señeras palabras de Fidel Castro: “Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permitan considerarlo un verdadero revolucionario. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista", que abrieron las puertas durante años a las UMPAs (Unidad Militar de Ayuda a la Producción), campos de concentración para homosexuales que florecieron en Cuba en los años ‘60. Como para que el simbolismo sea más claro dos países tuvieron campos de concentración para putos: la Cuba de Fidel y la Alemania de Hitler. Los extremos de la intolerancia se tocan y finalmente son lo mismo. Los comunistas y los nazis abrazados en su fobia al homosexual. Parece que no hay dictador que no tenga el culo lleno de preguntas. ¿Cómo se explican los chicos que van a la marcha de orgullo con una remera del Che? No se explica. Hay “Gays for Palestina”. Sí, gente que sueña con un lugar en el mundo al que, si irían, serían empujados por un barranco o lapidados con piedras así de grandes. Cada cual con su gusto, aunque como práctica sexual suena extrema, no? Me había jurado no volver a hablar del asunto después de tantos años. Pensé que los resultados, a 14 años de aquella reivindicación del matrimonio igualitario, eran lo suficientemente fuertes como para no tener que sacar otra vez los mismos argumentos. En el 2010 había muchísima gente asegurando que se destruiría para siempre la familia. Bueno, no pasó, listo, dejen de mover el bote que se van a caer al agua. Pero hace ya unos años que hemos visto, temerariamente en todo el mundo, que los resultados nunca están asegurados. Hoy, hasta la democracia liberal está en cuestión. El capitalismo ha tratado mucho mejor a la diversidad sexual que el socialismo. En general. El Papa –que de cuerpito gentil aseguraba que el matrimonio igualitario era parte del plan del diablo- ahora también finge demencia. Aunque con el Santo Bagre nunca se sabe si es más fingidor que demente o viceversa o las dos cualidades en grado sumo. Pontífice. La homofobia existe, es real y ha matado millones de personas a lo largo de los siglos. Por eso molesta que ante la pregunta de Diego Sehinkman, “¿Sos homofóbico?” el nuevo líder de la “nueva” derecha, Agustín Laje conteste “A mí no me gusta hablar de fobia en política”. A Laje no le gusta. Bueno, y a mí que me importa. La pregunta era bastante clara. Y si uno no es homofóbico dice “no”. No estaba hablando de política. Estaba hablando de relaciones humanas. Usted que está leyendo: ¿es homofóbico? Vio qué fácil es contestar cuando uno no lo es. La homofobia existe y mata. ¿Nadie vio “Secreto en la montaña”? Cuando se mezcla con la política, mata mucho más: los campos de concentración castristas y hitlerianos lo confirman. Laje dijo en esa misma entrevista de Sólo una vuelta más en TN (que con la habitual soberbia de los canales protooficialistas de youtube titularon “LAJE LE CERRÓ LA BOCA A PERIODISTA QUE NO PARABA DE CUESTIONARLO”, con esa imposibilidad que tienen para el diálogo) que estaba en contra de la militancia LGTB. Bueno. Yo no tengo ningún punto de contacto con la militancia LGTB de hoy, pero debo reconocer que sin esa militancia no me hubiera podido casar. Después de 26 años de convivencia, más de un heterosexual me pregunta “¿Cómo hacen?”. Es fácil, nos queremos. No tengo punto de contacto con la militancia LGTB, cooptada por dinero, favores o simples sonrisas. No tengo punto de contacto con los anti militantes LGTB que ante la simple pregunta “¿sos homofóbico?” no puede responder “no”. Me preocuparon mucho los primeros, los sufrí. Los superé. ¿Hay que volver a preocuparse? Cualquier persona que se suba al banquito de la libertad para dar clases, como Laje, ante la pregunta “¿sos homofóbico?” debe contestar: no. Si no, no te creo que hables en nombre de la libertad. Mientras tanto, miles y miles de trolos y tortas andamos por el país ejerciendo nuestra libertad. No somos mejores, no somos peores. Somos otros. Armen un ring y agárrense a trompadas.</p><p>No nos rompan más las pelotas.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rjpMGTpGndHLD3QsV3ipSbIesbw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/ilustracion.png" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando en 2004, Marea Editorial presentó mi libro “Historia de la homosexualidad en la Argentina” a los libreros para ver qué expectativas podía tener...]]>
                </summary>
                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-01-14T02:30:02+00:00</published>
    </entry>
    </feed>