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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
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            Adiós Bergoglio: Fidelidad a la doctrina, en clave de amor
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eoMhF_jHvqkTVLKlsP1wv9N2qgo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/a_35.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, el primer Papa americano,&nbsp; sin lugar a dudas el argentino más importante de la historia, deja una Iglesia que lleva su impronta después de 12 años intensos de conducción.</p><p>Aunque es todavía muy pronto para intentar una semblanza completa de su pontificado, hay elementos innegables –de forma y de fondo- que formarán parte de esa tarea. En lo personal me anticipo a decir que para los católicos se trató de un período de reflexión profunda, destinado a dejar atrás algunos lastres y apuntar de lleno al corazón de la misión de los cristianos.</p><p>En primer lugar, puede señalarse que con Francisco llegó a la cúspide del catolicismo alguien ajeno al funcionamiento de la Curia romana. Ya como arzobispo de Buenos Aires Bergoglio había tenido ciertas diferencias con ella. Es muy probable que las importantes reformas que introdujo en el funcionamiento de la burocracia vaticana se hayan inspirado en aquellas experiencias.&nbsp;</p><p>Para la selección de obispos el propio Francisco reveló cuáles eran sus prioridades: pastores “con olor a oveja”, nada de tomar esas designaciones como “un ascenso en la carrera”, prioridad por la atención de “las periferias” (pobres, marginados, explotados, migrantes, chicos).</p><p>Fue muy directo y muy a fondo con los cambios que dispuso, lo que naturalmente generó algunas incomprensiones: estaba sacudiendo rutinas que llevaban mucho tiempo instaladas. Contra esta última palabra, “instalarse”, bregó sobre todo en las jerarquías de la Iglesia, fiel a su origen jesuita, del que nunca renegó a pesar de haber sufrido no pocos sinsabores a lo largo de su vida.</p><p>Invitó a todos a aceptar de buena gana los desafíos que se presentan en la tarea cotidiana: “Es bueno que haya desafíos, porque nos hacen crecer… Más bien hay que temer a una fe sin desafíos, que se considera completa. Los desafíos nos ayudan a que nuestra fe se convierta en ideología”.</p><p>Allí estuvo uno de los elementos que, a su pesar, lo convirtieron en polémico, incluso en su propia tierra. Seguramente todos recordamos de qué modo se usaron los cronómetros y los estudios gestuales para medir si tal o cual de sus visitantes era mejor o peor recibido que éste o aquel otro, cuando en su lógica –y en la lógica más simple- cuando un Papa recibe a alguien se propone ni más ni menos que escucharlo.</p><p>Luchó contra los prejuicios, pero lo hizo desde una postura poco frecuentada: la del amor. Es que su fidelidad a Cristo y a la Iglesia manifestaba en todo momento una coherencia notable. Frases como “amar quiere decir dejar de estar en el centro” son mucho más que una idea ingeniosa, así como su insistente exhortación a perdonar no fue –ni es- simplemente un gesto exterior de cortesía.</p><p>Practicó a fondo y llamó a todos a vivir la caridad fraterna sin limitaciones ni condicionamientos: en una oportunidad recordó a los feligreses que “Dios no se asusta nunca de nuestros pecados, porque ya los pagó” con la muerte de Cristo en la Cruz.</p><p>Finalmente, su profunda y sólida fe lo preservó de ceder ante las presiones a que se vio sometido en numerosas ocasiones por diferentes centros de poder o influencia. Se mantuvo fiel a la ortodoxia en materia de doctrina y actuó en todo momento de acuerdo con aquello que enseñaba desde la más alta cátedra de la Iglesia, a la que amó incondicionalmente.</p><p>Fue incluso leal con su primera elección como Papa: la del nombre de Francisco, en recuerdo de aquella figura única del joven de Asís que abandonó una previsible vida de holgura para dedicarse a la atención de los últimos, en medio de la incredulidad de sus viejos amigos.&nbsp;</p><p>Quizá ese llamado al desprendimiento –no sólo material- esté entre los principales elementos de su legado. Lo cierto es que habrá derecho a hablar de la “Iglesia post-Francisco”, dentro de la cual la clave de comprensión sea el amor.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eoMhF_jHvqkTVLKlsP1wv9N2qgo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/a_35.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Papa fallecido deja una una nueva forma de vivir la vida en Cristo.]]>
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                                <category term="muriobergoglio" label="#MurióBergoglio" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-04-21T13:30:27+00:00</published>
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            Chile: la crisis oficialista se nota puertas afuera y arde la interna
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/chile-la-crisis-oficialista-se-nota-puertas-afuera-y-arde-la-interna" type="text/html" title="Chile: la crisis oficialista se nota puertas afuera y arde la interna" />
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/chile-la-crisis-oficialista-se-nota-puertas-afuera-y-arde-la-interna">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v3ydHA7xFwQjnXimoC3Yz5sDbOI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/crisis.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Para graficar el estado de cosas imperante en el oficialismo chileno acaso baste con un ejemplo: el lunes 14 la ex presidente Michelle Bachelet, socialista con ascendiente sobre el conjunto de partidos que acompaña la gestión del presidente Gabriel Boric, convocó a los precandidatos presidenciales de ese sector a una reunión en la que los invitó –según se dice, enfáticamente- a suavizar sus alusiones recíprocas y a llevar adelante “con buena onda” la campaña para las primarias del 29 de junio de Chile.</p><p>A la salida de la reunión Paulina Vodanovic, precandidata socialista y presidenta de ese partido, mantuvo sus críticas por la marcha del gobierno y, de paso, fustigó a una de sus rivales, Carolina Tohá, ex ministra del Interior y postulante por el Partido por la Democracia (PPD), porque ésta –dijo- busca “hacerme quedar como la villana de la serie”. Y Tohá, muy poco después, no se quedó atrás y le objetó su estrategia de distanciarse de las decisiones de Boric y su equipo.</p><p>“Uno no se queda con los beneficios de estar en el gobierno y después anda llorando por los costos”, reflexionó ante la prensa.</p><p>&nbsp;</p><p>Las “complejidades” oficialistas</p><p>Para la administración encabezada por Boric el panorama, sin duda, se presenta preocupante.</p><p>Las encuestas más recientes sitúan al Presidente con un 27% de aprobación, en caída, y un 69% de reprobación ascendente. Sólo un 22% piensa que el país va por buen camino; apenas el 15% ve a la economía progresando, y el 18% ve con optimismo la situación del empleo, afectado por una tasa de desocupación del 8,5%.</p><p>Las consultas a la opinión pública coinciden también en los diagnósticos preelectorales. Todas las preferencias presidenciales espontáneas colocan en el primer lugar a la centroderechista Evelyn Matthei, ex alcaldesa de Providencia (comuna de la Región Metropolitana), seguida por otros dos referentes de la derecha: Johannes Kaiser, libertario, y José Antonio Kast, republicano. La primera postulante del centroizquierda es la comunista Jeannette Jara, ex ministra de Trabajo de Boric, con un 5%. Detrás, con cifras aún menores, aparecen sucesivamente Tohá, el frenteamplista Gonzalo Winter, la socialista Vodanovic y el liberal Vlado Mirosevic.</p><p>A las desventuras preelectorales propiamente dichas el oficialismo fue agregando otras imprevistas, por el lado judicial. De entre ellas puede citarse el “caso Monsalve” (Manuel Monsalve, subsecretario del Interior, debió renunciar tras haber prosperado una denuncia en su contra por abuso en perjuicio de una colaboradora suya) y, muy especialmente, el escándalo de la frustrada venta al Estado de la casa en que vivió el expresidente Salvador Allende.</p><p>&nbsp;</p><p>“La casa de Allende”</p><p>En septiembre de 2023, al cumplirse 50 años del golpe encabezado por el general Augusto Pinochet y de la muerte del depuesto presidente Salvador Allende, Boric lanzó la idea de adquirir una de las casas en que ésta había vivido para convertirla en un museo en su memoria.</p><p>Luego de una larga negociación vinculada con el precio de la residencia, el Estado y los familiares del ex presidente llegaron a un acuerdo en un valor cercano al millón de dólares y se redactó el contrato de compraventa, firmado al filo del final de 2024 previo decreto presidencial que autorizaba la operación.</p><p>Al parecer, ningún funcionario interviniente tuvo en cuenta nada menos que la Constitución de Chile, que prohíbe expresamente que funcionarios públicos y parlamentarios celebren contratos con el Estado. El problema es que por el lado de los propietarios de la casa aparecían la ministra de Defensa, Maya Fernández Allende, nieta de Salvador, y la por entonces senadora socialista Isabel Allende, hija de aquél y tía de Maya.</p><p>La denuncia de parlamentarios opositores llegó al Tribunal Constitucional (TC), mientras que la explosiva repercusión pública originó las renuncias de la ministra de Bienes Nacionales, Marcela Sandoval, militante del propio Frente Amplio de Boric; del jefe de asesores del Presidente, Miguel Crispi, y finalmente de Maya Fernández Allende.</p><p>El TC fue drástico: por 8 votos contra 2, decidió la destitución de Isabel Allende, sin tener en cuenta su apellido, su renombre como escritora y sus más de 30 años como diputada y senadora.</p><p>El Partido Socialista entendió que sus aliados en la coalición gubernamental (PPD, Frente Amplio, comunistas, liberales, regionalistas verdes) no habían sido suficientemente solidarios en la situación y expresaron con claridad y prudencia ese fastidio, potenciado porque el mismo día de la destitución de Isabel Allende el FA celebraba la designación de su candidato presidencial.</p><p>&nbsp;</p><p>Rigideces y perspectivas</p><p>Dentro del abanico de candidaturas, la mayoría comprende que cualquier repunte en las encuestas dependerá de que las propuestas y el consiguiente discurso se desplacen hacia el centro, por lo que precandidatos como Tohá y Winter iniciaron con cautela ese recorrido con críticas a regímenes como los de Venezuela o Cuba.</p><p>Pero la reacción de la dirigencia comunista no se hizo esperar. Jara reconoció violaciones a los derechos humanos del gobierno de Maduro, pero sobre Cuba sostuvo que era solamente “un sistema democrático distinto al nuestro” y que la falta de libertades o la estructura de partido único se debía al “bloqueo norteamericano”, con lo que persistió en la alineación histórica del PC chileno con el castrismo.</p><p>Es ilustrativo, en este sentido, recordar que en abril del año pasado los partidos comunistas ratificaron su adhesión de décadas con un “acuerdo de intercambio y cooperación”.</p><p>Recapitulación: la derecha también exhibe disensiones y no logró unificar sus candidaturas (Matthei, Kast, Kaiser), con lo que repite la actitud previa a las elecciones de 2021, que permitió el acceso de Boric al Palacio de La Moneda santiaguino.</p><p>Sin embargo, el tiempo y las conductas individuales y colectivas de los partidos oficialistas juegan contra sus propias chances de retener el gobierno.</p><p>Algunas interpretaciones de los analistas incorporan un enfoque aún menos auspicioso para Boric y los suyos: según ellos, todos los partidos cercanos al gobierno habrían nominado candidatos a presidente porque descuentan una derrota en noviembre y prefieren reservar su mayor capacidad de negociación para los acuerdos en el Congreso.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v3ydHA7xFwQjnXimoC3Yz5sDbOI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/crisis.png" class="type:primaryImage" /></figure>El último año de Boric, complicado para la intención de retener el poder. El escándalo por la casa de Allende empeora.]]>
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                                <category term="mundo" label="Mundo" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-04-19T10:00:00+00:00</published>
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            Malvinas: recordar y dar nuevo sentido a la gesta
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/malvinas-recordar-y-dar-nuevo-sentido-a-la-gesta">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yaC6_MMGdZBYi2nh92-WeVmi2t0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/malvinas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Con el paso del tiempo los hechos que calan hondo en el alma de un pueblo no se borran, sino que se reconfiguran: poco a poco van adoptando otras formas en la mente colectiva. Quizá no nos dimos cuenta, pero ya pasaron 43 años desde aquel 2 de abril. Los que entonces tenían 20 ya pasaron los 60, son padres y abuelos, vivieron muchas más cosas después de aquellas jornadas irrepetibles.&nbsp;</p><p>Sus hijos y nietos, tan argentinos como ellos, heredaron por serlo el derecho de ver el pasado del modo que mejor les parezca y en muchos casos no aprecian las situaciones y las circunstancias igual que sus mayores. Opinan más libremente, no respiran aquel aire enrarecido de las semanas de la guerra.</p><p>El transcurso de los años traslada muchos elementos de nuestra existencia desde la memoria hasta el ámbito de la historia. Allí la referencia mayormente personal, la vivencia, el miedo, dejan espacio a una mirada de mayor alcance. Así pasó en cada episodio crucial de nuestra existencia como nación. Así ocurre, como no podría haber sido de otra forma, con el tema Malvinas.</p><p>Por más de un motivo, aquellos dos meses y medio constituyeron un tramo excepcional dentro de nuestro discurrir común. Habíamos tenido guerras civiles (casi continuas durante cierto período); habíamos peleado en guerras contra otros países (contra los ingleses en 1806 y 1807, contra España por la Independencia, contra el imperio brasileño, contra el Paraguay), habíamos vivido enfrentamientos partidarios con mayor o menor dosis de violencia, además de golpes de Estado en tal o en cual pretendida dirección ideológica. Pero faltaba que a más de un siglo de los últimos cañonazos bélicos nos lanzáramos a enfrentar a una potencia mundial, respaldada además por otras igual o más poderosas.</p><p>No sabemos con certeza qué pensaron quienes condujeron a la Argentina a aquella encrucijada trágica –toda guerra lo es-. Pero sí sabemos qué pensó la gente común, cómo reaccionó y cómo expresó esa reacción, en coincidencia fáctica con quienes por entonces gobernaban el país. Palabras como patriotismo o héroes volvían a escucharse en los relatos de quienes describían lo que estaba pasando en el frente malvinense.</p><p>Quizá no se haya observado lo suficiente una secuencia temporal relevante.&nbsp;</p><p>Primer tramo: apenas unos pocos días antes del desembarco hubo en Buenos Aires y otras ciudades manifestaciones imponentes de rechazo al gobierno y en reclamo de una pronta normalización institucional. Esas expresiones masivas fueron duramente reprimidas; quien firma estas líneas puede certificarlo en su carácter de cronista de los hechos.</p><p>Segundo: iniciada la acción militar, las concentraciones multitudinarias de apoyo colmaron las plazas de todo el país. Los mismos que habían salido la primera vez a reclamar libertad, ahora lo hacían para vivar a la Patria y a los que estaban peleando por ella.</p><p>Tercero y último: después de la rendición del 14 de junio, el clima social retornó a su estado pre-Malvinas, con el agregado de que en las protestas posteriores el “tema Malvinas” se sumó a la lista de cargos que se presentaban contra las autoridades.</p><p>El pueblo priorizó la causa de las islas por sobre las quejas ante una realidad interna opresiva. En la visión del hombre y la mujer de a pie, se entendió que el apoyo a la Patria y a su integridad territorial requería dejar para más adelante las discusiones de fronteras para adentro.</p><p>Por eso los argentinos se sintieron defraudados. La magnitud del llamado del 2 de abril suponía tener mucho mejor sopesados sus riesgos y sus consecuencias. Para colmo, el gobierno ejerció sobre la prensa una política de cerrojo, acaso creyendo que en la era de las comunicaciones –ya en 1982 podía hablarse de ese modo- iba a conseguir manejar a gusto y conveniencia el flujo informativo.&nbsp;</p><p>Pese a las intensas presiones, la verdad de los hechos fue llegando poco a poco a conocimiento de los argentinos. Luego del fin de los combates esa verdad estalló y ya no hubo forma de impedirlo.</p><p>Las nuevas generaciones conocieron la historia real de boca de sus familiares, fueran éstos combatientes o testigos. Los años pasaron y nuevos elementos de interpretación permitieron que más argentinos se acercaran al doloroso asunto. El resto ya es presente.</p><p>¿Qué implica hoy recordar Malvinas?</p><p>A esta altura de la vida nacional, bastante más que repudiar la presencia extranjera en territorio propio. Tampoco alcanza con reclamar retóricamente “unidad” sin describir con precisión en torno a qué debería darse de veras esa unidad. La historia enseña que los pueblos no se unen auténticamente si no es ante una catástrofe, un peligro común o una felicidad desbordante. En el resto de las circunstancias exhiben diferencias y las procesan con mayor o menor grado de tolerancia recíproca.</p><p>Recordar Malvinas hoy supone convencernos de la conveniencia de emprender de una vez la marcha por un camino arduo y complejo que nos devuelva a la posición relativa que alguna vez tuvimos como nación, y que perdimos. Una marcha silenciosa, sin consignas y sin crear enemigos para que “nos motiven”, trabajando mucho y bien, creyendo en las ventajas del esfuerzo y de la creatividad. Porque ser serio y eficaz ayuda, no lo dudemos.</p><p>En esas condiciones “los otros” tendrán más cuidado a la hora de vincularse con la Argentina. Y nuestros reclamos, ante quienes corresponda hacerlos, tendrán más peso.&nbsp;</p><p>En síntesis: un país mejor será el mejor homenaje que podemos brindar a nuestros héroes.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yaC6_MMGdZBYi2nh92-WeVmi2t0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/malvinas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un país mejor será el mejor homenaje a aquellos héroes que combatieron en el pacífico sur en 1982 durante la última dictadura.]]>
                </summary>
                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-04-02T10:00:00+00:00</published>
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            Desclasificación mata relato
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/desclasificacion-mata-relato">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/x88bss4lhxgYgKBqeULeNn6RFCA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/desclasificacion_mata_relato.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.</p><p>Evangelio de San Juan, cap. 8, vers. 32.</p><p>&nbsp;</p><p>El gobierno anunció, el pasado lunes, que se desclasificaría todo el material existente en dependencias de su órbita referido a la actuación de las Fuerzas Armadas “durante el período 1976-1983, así como toda otra información y documentación producida en otro período, pero relacionada” con ese accionar, en palabras del vocero presidencial, Manuel Adorni.</p><p>¿Qué significado tiene esta decisión? Según Adorni, el propósito de la Casa Rosada es que a partir de su cesión desde la órbita de la SIDE al Archivo General de la Nación ese conjunto de documentos “pasan a estar al servicio de la memoria y no de la manipulación política”.</p><p>Al respecto, tiene mucha importancia el dato que el portavoz presidencial incluyó en su breve anuncio: con esta medida se cumple “completamente” lo dispuesto por el decreto 4/2010, que nunca terminó de ponerse en práctica.</p><p>Los periodistas de mayor edad sabemos que Adorni dijo la verdad cuando destacó que, por casi medio siglo, esos materiales constituyeron un botín de guerra, administrado usualmente por quienes ocuparon los puestos de poder para confeccionar las temidas “carpetas” con las que se procuraba sacar del ring político a algún contendor potencialmente riesgoso.</p><p>Esto, entonces, si se lo aplica con el espíritu con que ha sido anunciado, viene a terminar con una de las grandes miserias del ejercicio político argentino, y por ende ha de ser saludado con alegría como un jalón más en la extensa y a veces muy enredada marcha hacia la república que necesitamos tener.</p><p>En menos palabras: la decisión es un excelente antídoto para cualquier nuevo “relato” que quisiera intentarse sobre ese trajinado período de nuestro pasado.</p><p>La oportunidad del anuncio</p><p>Vale la pena detener un poco la mirada sobre la circunstancia elegida por el gobierno para dar a conocer su loable decisión: un 24 de marzo, fecha de la última interrupción militar de un gobierno legalmente elegido en la Argentina.</p><p>Ese hecho, ciertamente traumático en sí mismo, lo fue todavía más con el desarrollo —protagonizado directamente o permitido “desde arriba”— de actos injustificables y a menudo indiscriminados que apuntaron a terminar con el fenómeno de las facciones políticas que había planteado la lucha armada.&nbsp;</p><p>De ese doble juego de violencia seguramente han quedado testimonios, informes, documentos de toda índole, que ahora saldrán a la luz pública y podrán ser objeto de análisis por parte de quienes escribirán de una vez la historia de esa época apasionante y temible de la vida del país.</p><p>La consecuencia más saludable será que desaparecerán los intentos de establecer “versiones únicas”, más o menos ajenas a los hechos, fundadas en dogmatismos de cualquier signo, que serían simples objetos dignos de curiosidad si no hubieran servido para que millones de argentinos más jóvenes recibieran una supuesta información solo compuesta por piezas de adoctrinamiento.</p><p>Si antes se habían ocultado actos y decisiones atroces adoptadas por el adversario dictatorial, ahora se buscó torcer lo realmente sucedido, para beneficio de sus responsables e instigadores.</p><p>Lo más terrible, en este orden de cosas, es que de esa manera se moldeó en muchos compatriotas la idea de una Argentina que no era tal. No, no lo era, pero no había manera de probarlo con lo que se exige en esos casos: la verdad irrefutable del documento histórico.</p><p>El fin de la realidad “editada”</p><p>Dicho en lenguaje más simple: muchos hechos simplemente se ignoraban “para no hacerle el juego a” tal o cual enemigo.&nbsp;</p><p>La realidad se “editaba”, las voces críticas se silenciaban, a menudo por la vía del “carpetazo” que las vinculara con “la dictadura”, mientras se alentaba de todos los modos posibles una visión binaria de hechos, figuras y decisiones, que como todo lo binario es empobrecedor en la vida de una sociedad libre.</p><p>Esto no fue novedoso ni, por supuesto, creado en la Argentina.&nbsp;</p><p>En los tiempos iniciales de la Unión Soviética se crearon “campos de trabajo correctivo”, basados en una convicción: el comunismo era el mejor modo posible de sociedad, por lo cual hacia allí había que dirigirse sin dudas ni cuestionamientos. ¿Quiénes podrían oponerse a ese paraíso? Únicamente dos tipos de personas: los que no hubiesen entendido bien de qué se trataba, y entonces requerían “reeducación”, o los otros, los “enemigos del pueblo”, los que seguramente trabajaban para potencias capitalistas para aplastar a “la revolución”.</p><p>Esos campos destinados a “corregir” o “reeducar” se poblaron con intelectuales, artistas, científicos, dirigentes sindicales y trabajadores. Muchos de ellos murieron de frío, de hambre o fueron ejecutados porque alguna vez se les ocurrió plantear una visión alternativa sobre un suceso que al régimen le interesaba mostrar de un solo lado. Todo, claro, en nombre del pueblo, o de la clase, o del partido, o de cualquier otra construcción que justificara lo inaceptable.</p><p>En nuestro caso, y por dar un solo ejemplo, se nos impuso que los desaparecidos fueron 30.000 y se llegó a sancionar una ley provincial que prohibía decir que la cifra no era válida, cuando el informe final de la comisión que investigó la tragedia indicó que eran algo menos de 9.000…</p><p>Bienvenida la desclasificación, entonces, siempre entendida como total y completa, sin “editores”, sin fabricantes de collages falsos. Y desde ya muy bienvenido el debate que tenemos derecho a imaginar los que desde hace mucho militamos por la vigencia de una historia en la que los hechos sean sagrados; las interpretaciones, fieles y las opiniones, libres.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/x88bss4lhxgYgKBqeULeNn6RFCA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/desclasificacion_mata_relato.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El traspaso de documentos sobre la última dictadura al Archivo General de la Nación puede ser un aporte real para terminar con “la grieta”.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2025-03-25T16:08:42+00:00</updated>
                <published>2025-03-25T16:08:16+00:00</published>
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            ¿Qué recordamos los 24 de marzo?
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        <author>
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/que-recordamos-los-24-de-marzo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hGWv-lGJg0pUCxXJb1HOoug3Lj4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/junta_militar_1976.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Digámoslo de entrada: durante mucho tiempo una amplia porción de la sociedad argentina no supo muy bien qué hacer con esta conmemoración del 24 de marzo de 1976, aunque se cuidó muy bien de expresar esa incomodidad por temor a las represalias.&nbsp;</p><p>Por motivos que fueron modificándose con el correr de los aniversarios, casi hasta ahora mismo —medio siglo más tarde— no había chances de plantear el debate sobre la fecha y lo que podría llamarse “sus circunstancias”.</p><p>El debate propio de cualquier acontecimiento histórico no era posible en este. Lo concreto es que para muchos la fecha imponía apenas un silencio respetuoso o el liso y llano desinterés, a pesar de que desde distintos ángulos se insistía, en diversos tonos, en imponer un enfoque determinado y sin matices.</p><p>Ya se sabe que una cosa es la memoria, siempre subjetiva, siempre o casi siempre apasionada, y otra muy distinta es la historia, abierta al análisis plural, tendiente a la objetividad, y que da espacio a que las generaciones posteriores a los hechos puedan conocerlos e incorporarlos a la conciencia colectiva.</p><p>Pues bien: en este caso al entrecruzamiento habitual entre historia y memoria se sumaron algunas intermediaciones ideológicas, además de intereses de distinta índole que llevaron a situaciones bastante insólitas.</p><p>Veamos.</p><p>Para la pura reseña histórica, ese 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas depusieron y detuvieron a la presidenta constitucional, María Estela Martínez de Perón, clausuraron el Congreso, dieron por terminadas las funciones de casi todos los gobiernos provinciales y locales, y se hicieron cargo del gobierno.</p><p>El contexto era caótico desde hacía ya varios meses, en buena medida por la presencia y acción de organizaciones armadas que cometían, casi a diario, ataques contra personas e instituciones, con lo que se generalizaba una angustiosa sensación de vacío de poder en la sociedad.&nbsp;</p><p>Un año antes, en febrero de 1975, el gobierno había iniciado una acción militar contra esos grupos armados (Operativo Independencia), con epicentro en la provincia de Tucumán, y como resultado de esa decisión había habido combates, mientras continuaban los secuestros, homicidios y atentados con explosivos.</p><p>La presidenta Martínez de Perón fue detenida ese 24 de marzo y estuvo encarcelada cinco años en distintos lugares del país, lo mismo que algunos funcionarios, exgobernadores y exlegisladores. Recrudeció al mismo tiempo el método paraoficial de las “desapariciones” de personas, implicadas o no en organizaciones declaradas ilegales por gobiernos constitucionales, tales como Montoneros o el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).</p><p>Muchísimos argentinos apoyaron la irrupción militar —otra más, en una serie iniciada en 1930 y repetida luego muchas veces con propuestas de distintos colores políticos—. Naturalmente, ellos no sabían qué pasaría luego: simplemente sentían que se les sacaba de encima el lastre de la inoperancia gubernamental y creían que de ese modo se acabaría el miedo a los ataques de los irregulares.</p><p>Cuando después de la recuperación institucional de 1983 se estableció la recordación de aquel 24 de marzo de siete años antes, empezaron a percibirse señales de “astigmatismo”. La más obvia fue que en las conmemoraciones de aquellos sucesos no se incluía homenaje ni mención alguna a su víctima más notoria, la presidenta Martínez de Perón. Además, se notó un claro propósito de abstraer al hecho en sí de su génesis y prolegómenos. De esa manera las cosas se hacían más fáciles de explicar: los espacios en blanco que dejaba la crónica de lo sucedido se completaban con interpretaciones, en algunos casos, y en otros con meras opiniones convertidas en verdades indiscutibles.&nbsp;</p><p>Quiso imponerse desde un primer momento una visión binaria de malos-malísimos de un lado persiguiendo a buenos-buenísimos del otro, con el inmediato corolario de que cualquier “disidencia” en cuanto a esta dicotomía era suprimida sin miramientos. Por esa vía llegamos hasta los primeros años de este siglo, cuando la revisión crítica desde la investigación histórica ocasionó el resquebrajamiento de la muralla. Empezó a ser posible denunciar las acciones de los grupos armados, sin por eso dejar de criticar los métodos aplicados por el gobierno militar con el declamado objetivo de desarticularlos.</p><p>Empezó a poder decirse que Montoneros o el ERP no eran simples ONG de ayuda social, al mismo tiempo que seguían repudiándose las torturas y demás abusos de quienes los habían enfrentado.</p><p>La historia ha ido arreglando las cosas a su estilo, pausado y definitivo. Es que el insumo indispensable de la historia es la realidad, y la realidad suele vencer a los ideologismos que pretenden anularla.&nbsp;</p><p>Si miramos al 24 de marzo con la perspectiva de la historia estaremos haciéndole un gran favor a la democracia entendida como espacio apto como ningún otro para la convivencia. Porque la democracia necesita hechos e información, tanto del presente como –sobre todo- del pasado, para que todos estemos en condiciones de distinguir con claridad entre la verdad y las mentiras.&nbsp;</p><p>A pesar de todo, parece estar llegando a nosotros la hora propicia para avanzar hacia el encuentro. El Papa Francisco eleva al encuentro a la categoría de cultura, porque para ser perdurable debe embeber el espíritu de toda la sociedad. Siempre habrá lobos solitarios, pero su existencia no será importante si nos convencemos de que es bueno encontrarnos. Para eso habrá que hablar y escuchar a los adversarios. La idea de que al no escucharlos estamos castigándolos es una ridiculez peligrosa, un absurdo.</p><p>Para alcanzar ese encuentro deberemos recorrer los datos del pasado como lo planteaba Tácito a inicios del siglo II de nuestra era: sine ira et studio, o sea, sin ira ni apasionamientos. Siempre cuesta y va a seguir costando, por nuestra condición humana. Pero hay que sostener ese esfuerzo.&nbsp;</p><p>La vía de los enfrentamientos, del silenciamiento del adversario, de la “cancelación”, ya fue probada. Los resultados están ante nuestros ojos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hGWv-lGJg0pUCxXJb1HOoug3Lj4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/junta_militar_1976.png" class="type:primaryImage" /></figure>El casi medio siglo transcurrido acaso permita ver aquel suceso desde la perspectiva de la historia y como insumo para el reencuentro.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-03-24T09:30:00+00:00</published>
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            ¿Nos creamos a nosotros mismos?
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/nos-creamos-a-nosotros-mismos-3" type="text/html" title="¿Nos creamos a nosotros mismos?" />
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        <author>
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/nos-creamos-a-nosotros-mismos-3">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TmUMWnKzcEWS69edH1qxkuulp3w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/familia_tradicional.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Si nos detuviéramos un momento a observar a nuestro alrededor, percibiríamos rápidamente una anomalía en el discurso que con más frecuencia se nos dirige casi sin diferencias desde distintos medios.</p><p>En rigor, más que anomalía, es una contradicción lisa y llana, curiosamente no observada por los mismos que la cometen.</p><p>Se trata de que, por una parte, crece en Occidente la sana convicción de que debemos respetar a la naturaleza como una forma insustituible de preservar la vida sobre el planeta en que vivimos, pero a la vez —y sobre todo en los últimos años— se pretende imponer la idea de qué componentes tan claramente naturales de la naturaleza humana como la dimensión sexual de varón y mujer pueden, así como así, ser desconocidos, transformados y manipulados a gusto y gana.</p><p>Como ya se ha dicho con mucha lucidez, se procura que creamos que es la sociedad, la cultura, la voluntad humana la que determina lo que desde siempre se situó en el ámbito de la biología. Las personas, a las cuales se otorgó siempre una identificación combinada de naturaleza y cultura, seríamos únicamente cultura, es decir, nada en nuestro ser derivaría de nuestra condición de criaturas (seres creados). Más breve todavía: seríamos nuestra propia creación, nos “fabricaríamos” a nosotros mismos.</p><p>Consecuencias</p><p>De esta deformación conceptual se desprenden efectos de suma importancia. Entre ellos pueden destacarse dos, que conmueven hasta los cimientos nuestra percepción de la vida humana.</p><p>El primero es que, si somos capaces de “crearnos” a nuestro antojo, de autoconstruirnos como se nos ocurra y de cambiar cada vez que nos parece, entonces la familia no tiene demasiado sentido entendida como la conocemos: un espacio de contención y ayuda recíproca fundado en el amor.&nbsp;</p><p>Más aún: esa familia “tradicional” sería, a juicio de algunos, el principal sostén del denominado “patriarcado”, demonizado por el feminismo radical. En buena lógica, por ende, para liquidar el patriarcado hace falta ir contra la familia.</p><p>El segundo surge de cualquier razonamiento bien llevado sobre esta cuestión. Claramente, este discurso tan contrario a la naturaleza de las cosas no puede tener acogida en la inmensa mayoría de la humanidad si no es a través de la imposición, ejercida desde dos frentes convergentes: “por arriba” el Estado, debidamente colonizado por representantes de estos criterios, y “por abajo” mediante la denuncia, el “escrache” y la cancelación de todos cuantos se animen a contradecir sus preceptos. El abanico de insultos y desacreditaciones es amplio y se renueva permanentemente para sostener su eficacia destructiva.</p><p>Por supuesto: si no tiene importancia “olvidar” la clara contradicción entre el respeto a la naturaleza en unos aspectos y su olvido total y completo en otras, mucho menos valor tendrá que se predique la necesidad de respetar el pensamiento y la opinión de todos, al mismo tiempo que se impide la expresión libre de quienes tienen algo diferente para decir.</p><p>Síntesis: si todo es “cultura”, si nada nos ha sido dado, si nadie nos creó fuera de nosotros mismos, si podemos manejar todo a nuestra voluntad cambiante, aquello que refleje estabilidad y requiera algún tipo de compromiso debe ser repudiado por tiránico.</p><p>Y la familia cae exactamente dentro de ese “identikit”.</p><p>Gracias a Dios la naturaleza humana sí existe y tiene vigencia. También gracias a Dios existen las familias como anhelo y aspiración de los seres humanos, que perciben que allí está la llave de una existencia mejor.</p><p>Porque allí está muy bien reflejada la realidad, ese magistral antídoto contra las peligrosas ensoñaciones del hombre cuando pierde de vista quién es, de dónde viene, para qué está en la tierra y hacia dónde va.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TmUMWnKzcEWS69edH1qxkuulp3w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/familia_tradicional.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En una de sus tantas contradicciones, la modernidad occidental defiende la naturaleza en la ecología, pero la niega en los seres humanos. Esta concepción pone en riesgo a la idea tradicional de familia.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-03-15T07:00:00+00:00</published>
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            Sufragistas, extremistas y… una monja
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/sufragistas-extremistas-y-una-monja" type="text/html" title="Sufragistas, extremistas y… una monja" />
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        <author>
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/sufragistas-extremistas-y-una-monja">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KPLljyPDWtnEen3uv4HWI_atiuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/sufraggettes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La cuestión parece a esta altura bastante fácil de describir. Existe desde hace muchísimo tiempo el reclamo de las mujeres por sus derechos como seres humanos, es decir, ajenos y por encima de reales o supuestos patrones culturales, tradiciones y hábitos.</p><p>Existe desde hace unos dos siglos, dentro del abanico de esos reclamos, una expresión orientada a la vida ciudadana, sobre todo a partir del nacimiento de los Estados Unidos y de la aparición del voto como elemento de selección de las autoridades en una comunidad.&nbsp;</p><p>Así, por ejemplo, las sufragistas surgieron en ese mismo país y en Gran Bretaña y, con grandes dificultades, fueron avanzando paso a paso en su cometido de que las mujeres fueran equiparadas a los varones como ciudadanas. Durante mucho tiempo el sufragismo fue un virtual sinónimo de feminismo.</p><p>A partir de la década de 1970 algunos grupos feministas entraron en una deriva distinta: el núcleo de su actividad pasó a ser la guerra frontal contra el varón, en muchos casos por el solo hecho de serlo, y de allí saltaron al extremo de desconocer la existencia real y previa de lo masculino o lo femenino, negándolos como subproductos del “patriarcado”, como si las personas no fuéramos —para decirlo en palabras simples— un compuesto de naturaleza y cultura, sino solo obra de esta última porque se la supone manipulable, a diferencia de la naturaleza.</p><p>Dicho sea de paso, llama mucho la atención encontrar en esas filas a personas que por otro lado se manifiestan defensoras acérrimas de “lo natural” en todo, menos en este único y crucial asunto del varón y la mujer.</p><p>A esa pretensión de querer desconocer lo evidente se sumó un creciente tono autoritario en la formulación de las teorías, hasta llegarse al extremo de negar, “cancelar”, a todos cuantos osan confrontarlas con las propias en nombre de la realidad.</p><p>Una autora canadiense, Shulamith Firestone, postula que las raíces de la “opresión” están en la naturaleza y la biología y llega a la conclusión de que ser auténticamente humano es superar la naturaleza (La dialéctica del sexo, 1970).</p><p>Por supuesto, desde esta y otras perspectivas similares la vida no proviene de un Creador y no puede ni debe quedar solamente a cargo de quienes la generan, sino de “la sociedad”, que se encargará de ella al tomarla como un “material” disponible según sus criterios.</p><p>La Iglesia y la mujer</p><p>En pocos días más, el 25 de marzo, cumplirá 30 años un documento muy poco mencionado: la encíclica El Evangelio de la vida, del papa San Juan Pablo II, dirigida “a todas las personas de buena voluntad sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana”.</p><p>En este texto, el gran Papa polaco despliega y actualiza al mismo tiempo la visión de la Iglesia sobre la mujer, tantas veces malinterpretada, y se anima –no era hombre fácil de asustar— a manejar y dar sentido a palabras que no suelen asociarse con el lenguaje religioso.</p><p>“En el cambio cultural en favor de la vida las mujeres tienen un campo de pensamiento y de acción singular y sin duda determinante: les corresponde ser promotoras de un ‘nuevo feminismo’, que, sin caer en la tentación de seguir modelos ‘machistas’, sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino en todas las manifestaciones de la convivencia ciudadana, trabajando por la superación de toda forma de discriminación, de violencia y de explotación”, dice un párrafo de El Evangelio de la vida, y continúa: “Recordando las palabras del mensaje conclusivo del Concilio Vaticano II, dirijo también yo a las mujeres una llamada apremiante: ‘Reconcilien a los hombres con la vida’”.</p><p>Un poco más adelante, San Juan Pablo II señala que “la mujer percibe y enseña que las relaciones humanas son auténticas si se abren a la acogida de otra persona, reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no de otros factores, como la utilidad, la fuerza, la belleza, la inteligencia o la salud. Éste es el aporte fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres, y es la premisa insustituible para un auténtico cambio cultural”.</p><p>Treinta años atrás, la Iglesia, en la persona de su guía en la Tierra, ya hablaba con claridad de feminismo, de machismo, de cambio cultural…</p><p>Una “feminista” ignorada y cercana</p><p>Ocurre dentro de la Iglesia que, a lo largo de los siglos, ha habido una importante cantidad de mujeres que “hicieron feminismo” sin pensar en esa palabra: desde reinas hasta religiosas, pasando por todos los estados y oficios, cada una de ellas en su ámbito de influencia.</p><p>Aplicaron todas ellas el sabio principio según el cual “la realidad es superior a la idea”: vieron problemas para sus congéneres, los estudiaron y procuraron las soluciones.</p><p>Quizá sorprenda a muchos enterarse de que una de ellas vivió y actuó en la Argentina del siglo XX, más exactamente en la propia ciudad de Buenos Aires. Fue una monja española, Nazaria Ignacia March Mesa, canonizada, es decir, reconocida como santa, por el papa Francisco en 2018.</p>Nazaria Ignacia March Mesa.<p>Hija de un hogar muy humilde de Madrid, a los 23 años profesó como religiosa y fue enviada a Oruro, en Bolivia, donde permaneció 12 años dedicada principalmente al cuidado de personas ancianas.</p><p>En 1925 salió de su congregación para fundar las Misioneras de la Cruzada Pontificia, destinadas a tareas en escuelas y zonas postergadas. Su nueva orden creció y se difundió rápidamente tanto en Bolivia como en la Argentina, Uruguay y España, hasta llegar hoy a tener presencia en 21 países de cuatro continentes.</p><p>¿Dónde está el feminismo de Santa Nazaria Ignacia, podría preguntarse?&nbsp;</p><p>La muestra más contundente fue la organización, por su impulso personal, de un sindicato de mujeres que entonces trabajaban en mercados, comercios y talleres de costura de Oruro bajo condiciones más que cuestionables. Fue ése el primer gremio femenino de América del Sur. Corría por entonces el año 1933.</p><p>La organización constituida por la empeñosa monja y su insistente prédica ante los poderes civil y espiritual, logró, después de no pocas rispideces, que los empleadores aceptaran otorgar mejoras en sueldos, ambiente laboral, licencias y otros rubros.</p><p>Poco después de tan exitosa incursión por el gremialismo femenino, Nazaria Ignacia volvió a España para atender cuestiones de su congregación (era superiora general) cuando se desató la Guerra Civil, en julio de 1936, y muy poco después ella y varias de sus hermanas fueron encarceladas en Madrid y puestas en espera para el fusilamiento por el simple motivo de profesar su fe.&nbsp;</p><p>Inmediatamente, las casas de su orden en el Uruguay y la Argentina requirieron la ayuda diplomática a ambos gobiernos y la gestión dio resultado favorable cuando ya se descontaba el trágico final. Nazaria Ignacia fue deportada a la Argentina; llegó a Buenos Aires y fue a vivir al entonces incipiente barrio de Villa Pueyrredón.</p><p>Su capacidad de acción no había sufrido mella pese a haber estado literalmente al borde la muerte. En poco tiempo levantó allí una casa de ejercicios espirituales y colaboró en la creación y primeros pasos de la parroquia de Cristo Rey, donde dejó un imborrable recuerdo. Allí ayudó incansablemente a las familias de la barriada, que se acercaban a ella a plantear sus necesidades materiales y espirituales. Allí murió en 1943.</p><p>San Juan Pablo II la beatificó en 1992 y. como ya se dijo, el papa Francisco la canonizó en 2018. Antes de estos reconocimientos, en 1972 se cumplió su pedido de que sus restos fueran trasladados a Oruro; esa Oruro que había sido su primer destino religioso, la misma que la vio constituirse en adalid de la creación de una herramienta de progreso y equidad social como lo había sido aquel sindicato femenino de 1933.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KPLljyPDWtnEen3uv4HWI_atiuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/sufraggettes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La fecha del 8 de marzo se presta para un repaso acerca del lugar de la mujer en la vida sobre la tierra, más allá de teorías y consignas.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-03-08T10:00:00+00:00</published>
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        <title>
            El campo y los anuncios oficiales: entre el beneplácito y la cautela
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/el-campo-y-los-anuncios-oficiales-entre-el-beneplacito-y-la-cautela" type="text/html" title="El campo y los anuncios oficiales: entre el beneplácito y la cautela" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
            </name>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.newstad.com.ar/el-campo-y-los-anuncios-oficiales-entre-el-beneplacito-y-la-cautela">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EkEk6gYFFhGWdKvtGrORDI6TsbI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/menos_impuestos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Con los anuncios sobre retenciones (reducciones temporales en los principales granos, eliminación para las economías regionales), el gobierno consiguió esquivar un frente de conflicto con el campo que venía creciendo, alimentado por los muy bajos precios internacionales de los granos y por una situación climática que en ciertas zonas ya es desesperante por falta de lluvias.</p><p>Puede decirse, en términos de comunicación, que el mensaje fue recibido sin distorsiones. El ministro Caputo eligió dos frases que no dejaron lugar a dudas: una, “me encantaría eliminarlas a cero, pero no podemos”. La otra, “no es una medida permanente porque no tenemos recursos, pero queríamos dar una señal al sector”.</p><p>Se trata entonces de un indicador de cuál es la voluntad oficial: por un lado, no ignorar la gravedad de un estado de cosas evidente. Por otro, no comprometer de manera irresponsable lo alcanzado hasta ahora, sobre todo en términos macroeconómicos (situación fiscal, riesgo país, inflación).</p>Hermanos. Javier y Karina Milei, con la relación con el campo en la agenda 2025.<p>Los menos entusiastas agregaron en sus comentarios otros dos elementos: el primero, que 2025 es un año electoral por la renovación en ambas cámaras del Congreso y legislaturas provinciales. El otro, que este paso permite a la administración Milei ganar tiempo para avanzar en su estrategia económica general.</p><p>Una síntesis de la repercusión de los anuncios podría ser “beneplácito y cautela”. Nadie en el ámbito rural niega que lo anunciado trae alivio, responde (parcialmente) a los reclamos y va en el rumbo correcto.&nbsp;</p><p>Tampoco nadie desconoce que la intención del gobierno es ir suprimiendo obstáculos a la actividad productiva, desde el tan mentado “impuesto PAIS” hasta las muchas desregulaciones y quita de trabas que sufría, muy especialmente, el sector más dinámico y competitivo de la actividad económica argentina.</p><p>&nbsp;</p><p>Aire para la dirigencia</p><p>“Éste es un primer paso hacia lo que quiere la Casa Rosada: que los que producen vuelvan a poner el foco en sus mercados y no estén pendientes de factores especulativos o del humor del gobierno”, sintetizó un dirigente.</p><p>Y hablando de dirigentes, no puede ocultarse que para los de las entidades del campo este gesto implicó un alivio de cara a los planteos cada vez más estentóreos que venían recibiendo de parte de sus representados.</p><p>Los cuatro presidentes de las organizaciones nacionales de productores (Carlos Castagnani, de Confederaciones Rurales Argentinas; Nicolás Pino, de la Sociedad Rural Argentina; Andrea Sarnari, de la Federación Agraria Argentina, y Lucas Magnano, de CONINAGRO) lo incluyeron en sus opiniones ante la prensa: “fuimos escuchados, éste es el fruto de haber seguido dialogando a pesar de todo”, podría ser un resumen de sus dichos.</p>Altri Tempi. La mesa de enlace, en 2008, contra Cristina Kirchner y Martin Lousteau por las retenciones.<p>Ahora, provincias y municipios</p><p>El complemento necesario para evaluar esta decisión nacional está en cuál será la respuesta de provincias y municipios a la exhortación -¡otra más!- de que también en esos niveles se reduzca la asfixiante presión que padecen los productores.</p><p>En este reclamo del Palacio de Hacienda hay un llamado a la solidaridad pero también un ingrediente bien concreto y cuantificable: se estima que este cambio en materia de retenciones hace que el fisco pierda unos US$ 800 millones de recaudación hasta el 30 de junio, fecha límite de vigencia del régimen que se oficializará el lunes. Estimaciones difundidas desde consultoras privadas poco después de conocerse la novedad señalan que se trata del 0,13% del PBI de recaudación, y advierten que el superávit financiero del sector público nacional en 2024 rondó el 0,3%. No es poca cosa, entonces, para una economía que procura recobrarse de resultados catastróficos a lo largo de mucho tiempo.</p><p>En síntesis: el sector agropecuario, en su mayoría, valora lo anunciado porque cree que va en la dirección adecuada. Por el lado de la cautela, algunos de sus principales voceros agregan que esperarán a conocer la “letra chica” del decreto para una opinión definitiva, y ponen la vista en “el día después”.</p><p>No lo dijeron públicamente en estas horas, pero casi todos confían en que para el 1° de julio simplemente la tendencia se profundice, rumbo al ansiado final de los tristemente célebres derechos de exportación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EkEk6gYFFhGWdKvtGrORDI6TsbI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/menos_impuestos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Baja de retenciones y una medida que permite descomprimir tensión con el sector. La mirada de Luis Caputo para evitar dañar el superávit fiscal. La salida del cepo.]]>
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                                <category term="campo" label="Campo" />
                <updated>2025-01-26T21:54:29+00:00</updated>
                <published>2025-01-26T21:50:00+00:00</published>
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        <title>
            El periodismo y el presidente Trump
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sIYxq2bcmbVs4mS3cI2pB4ZXZd4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/mentiras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Horas antes de la asunción de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, el diario The New York Times publicó un editorial titulado “Plantarse frente a las tácticas de miedo de Trump”, en el que formula críticas al nuevo titular de la Casa Blanca, particularmente por el lado de los posibles atropellos institucionales que pueda intentar y por su eventual persecución contra quienes se le opusieron durante su primer mandato (2017-21) y últimamente en la campaña electoral.</p><p>El tono del texto es extremadamente fuerte y las acusaciones que lanza contra el nuevo Presidente no lo son menos. No bien se lo conoció, el artículo fue motivo de comentarios en casi todo el mundo periodístico y político estadounidense, e incluso fuera de ese país. La importancia del tema es obvia: de un lado aparece la máxima figura política de la primera potencia del mundo, y del otro un medio de gran prestigio, fundado a mediados del siglo XIX, respetado en el ámbito de la prensa independiente global y ganador de más de un centenar de premios Pulitzer, el galardón mayor de esta actividad.</p><p>¿Puede un medio periodístico de circulación general mostrar de semejante modo su oposición a la persona y al estilo de un dirigente legítimamente elegido para ejercer la presidencia de los Estados Unidos?</p><p>Puede, sin duda. Está en su perfecto derecho para hacerlo. En una auténtica democracia el debate entre gobernantes y gobernados es un elemento clave para la salud institucional. Se dirá que a veces el tono de esa discusión pierde altura y se vuelve áspero, con lenguaje impropio y hasta de mal gusto. Y es cierto. Pero un mecanismo (imperfecto, pero el mejor) como lo es la democracia para plantear problemas comunes y buscarles solución debe tolerar esas fallas en aras de la preservación de la voz de todos sobre asuntos que atañen a todos. Está en juego la libertad, ni más ni menos.</p><p>La libertad de expresión y de prensa, como se sabe –o debería saberse-, no está pensada para beneficio de las empresas de medios ni siquiera de los periodistas, sino de la sociedad, que debido a esa salvaguarda puede enterarse de temas y actitudes que quizá al gobierno o a algún poderoso no le guste que se sepan.</p><p>También podrá decirse que muchos medios, en los Estados Unidos y en otros países, tienen simpatías o afinidades con tales o cuales posturas y partidos. Pero esas tomas de posición no invalidan necesariamente sus críticas o sus aprobaciones sobre decisiones de las autoridades públicas, las grandes empresas, etc.</p><p>Por tanto, The New York Times tiene todo el derecho de opinar sobre el Presidente o quien fuere sin tener que temer por ello represalia alguna de parte de los alcanzados por sus dichos.</p><p>Queda dicho entonces que la opinión es un derecho pleno e incondicionado de los medios. Si alguno de ellos lo usa para fines delictivos o en cualquier forma antisociales, serán los propios receptores quienes lo reprenderán del modo más contundente: no leyéndolo, no escuchándolo, no viéndolo.</p><p>Hechos, imparcialidad y fanatismo</p><p>Ahora bien: ese axioma según el cual “las opiniones son libres” vive en plenitud únicamente cuando se le agrega su correlato por el lado de las obligaciones: “los hechos son sagrados”. En efecto: un buen medio tiene el deber de prestar un adecuado servicio a su público dando a conocer los hechos “todos y completos”, según la breve, clara y precisa fórmula. Esto significa no “editar” la realidad a nuestro gusto, no suprimir tal o cual noticia porque “si la publicáramos estaríamos haciéndole el juego a…”, ni buscar pareceres de un solo lado de la línea cuando hace falta conocer la opinión de los entendidos en un tema de interés colectivo.</p><p>Una vieja concepción de la imparcialidad en el periodismo puntualiza que no se trata de no tomar partido ante determinada situación, sino de no tener el partido tomado de antemano. La idea es lo suficientemente diáfana como para que haga falta extenderse en explicaciones. Su aplicación lleva a que, si, excepcionalmente, una persona o un asunto van más allá de mi capacidad de tolerancia, lo mejor será pedir que no se me asigne tal informe o tal entrevista.</p><p>El otro concepto que será prudente tomar en consideración ante situaciones como la que pone sobre la mesa el editorial de The New York Times es el del fanatismo. El término se ha puesto lamentablemente de moda en los últimos tiempos para desacreditar a quienes no piensan como lo hace quien habla o escribe, por lo que muy a menudo cuando las discusiones pasan a gritería es común el revoleo de acusaciones de “¡fanático!” al circunstancial adversario.</p><p>Una vez más, el genial Gilbert K. Chesterton viene en nuestra ayuda. Para él, el fanatismo no significa creer realmente que uno tiene razón en lo que afirma. Eso no es fanatismo, dice, sino cordura. Fanatismo es creer que el otro no puede tener razón en nada porque no tiene razón en tal o cual punto. Más todavía: es creer que ni siquiera tiene razón cuando dice que sinceramente cree tener razón.</p><p>Para el caso específico de los Estados Unidos, quizá la prensa independiente más prestigiosa enriquecería a la sociedad si se dispusiera a un análisis desapasionado de las causas que pueden haber llevado a la sociedad estadounidense a optar por un candidato tan controvertido.</p><p>E incluso, en tren de imaginar, acaso fuera saludable una porción de autocrítica de parte de esos mismos medios. En esa línea, el recién fallecido ex presidente demócrata James Carter dijo alguna vez, no hace tanto, que a su entender Trump había sido el presidente peor tratado por ciertos medios en muchas décadas…</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sIYxq2bcmbVs4mS3cI2pB4ZXZd4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/mentiras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La oposición explícita en The New York Times y el debate sobre la militancia y el fanatismo en el periodismo.]]>
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                                <category term="mundo" label="Mundo" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-01-26T19:49:00+00:00</published>
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            Ubaldo Calabresi: cien años de un tejedor invisible y efectivo que evitó la guerra con Chile
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        <author>
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                <![CDATA[Norberto Beladrich]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4noTAdT-4QitAeqgfPvEsRhbM9k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/ubaldo_calabresi.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El procedimiento era casi siempre igual: un llamado telefónico a casa (no había celulares todavía) para preguntar si era posible que yo fuera a tomar el desayuno con él al día siguiente “para conversar un poco”. Él mismo llamaba y yo le reconocía enseguida el acento aunque su castellano era impecable. Aceptaba, claro, y al cortar empezaba a prepararme para el encuentro.El que llamaba era un italiano de estatura mediana, notablemente inteligente y con una capacidad única para pasar inadvertido en los lugares más diversos, desde las recepciones diplomáticas hasta los actos públicos. Si tuviera que señalar la contrapartida de aquel personaje ”Figuretti”, sin duda lo elegiría.Acaso por esa infrecuente característica su figura no quedó grabada a fuego en muchos de quienes poblaban por entonces el nutrido escenario político y social de la Argentina. Todos lo conocían, todos se lo cruzaban y lo saludaban cordialmente, pero no podría decirse que fuera el más requerido.Los desayunos tenían para mí un cierto “orden del día”. Tenía que llegar puntualmente, entrar a la magnífica casa de la avenida Alvear y Montevideo y casi sin más trámite sentarme a compartir el desayuno nada menos que con el nuncio apostólico (léase: representante de la Santa Sede y del Papa) en la Argentina: monseñor Ubaldo Calabresi.Por entonces –fines de la década de 1980- &nbsp;hacía ya varios años que yo escribía sobre temas eclesiales para varias publicaciones de Buenos Aires y de otras ciudades. Ya había entendido que la búsqueda de información en ese ámbito –más allá de las gacetillas sobre actividades públicas de la Iglesia tenía características únicas: por ejemplo, que la mayoría de los datos no debían tener una fuente identificable; que uno no podía confiar todo el tiempo en el mismo informante a riesgo de quedar embanderado en el grupo al que esa fuente pertenecía; o que había que tener en cuenta que el medio al que representaba seguramente no quería enredarse en un conflicto con la Iglesia por la imprudencia o el “afán de primicia” de un cronista.&nbsp;La más alta jerarquía de uno de los medios para los cuales escribía me lo había resumido en una frase: “Nosotros podemos tener algún problema con tal o cual sacerdote, tal o cual obispo; pero no podemos permitirnos tener un problema con la Iglesia”. &nbsp;Así las cosas, el paso del tiempo me había llevado a confiar en monseñor Calabresi como una fuente ideal: clara, no insistente y con un 100% de exactitud en sus aportes.La vía solían ser esos desayunos, cuya primera parte eran comentarios sobre temas de actualidad y consultas de mi anfitrión sobre tal o cual situación en tal o cual medio, para llegar sobre el final al verdadero motivo del encuentro. Allí aparecía la frase “No sé si usted sabe que…”, en boca de Calabresi. Por supuesto, yo no sabía, pero él no me daba tiempo para las excusas: “Por supuesto, esto no se dijo todavía. Pero dentro de X días, o semanas, tal persona va a ser designada en…”, o bien “antes de que termine este mes va a anunciarse que en tal diócesis (algo así como las provincias en que está dividido un país para la Iglesia) ocurrirá esto o aquello”.Yo ya sabía que Calabresi se guardaba hasta el fin del diálogo aquello que quería que yo supiera –y difundiera. Por eso esperaba callado, y sólo después hacía alguna pregunta. Su respuesta indicaba el momento de levantarme de la mesa, agradecerle y despedirme.</p><p>Por conocer ese hábito, no me sorprendió enterarme de que en mayo de 1992 el nuncio llamó por teléfono a Córdoba al padre Jorge Bergoglio, por entonces ocupado allí de la atención espiritual de algunos religiosos jesuitas, para invitarlo a reunirse con él en el aeropuerto, ocasión en la que hablaron extensamente hasta que Calabresi fue llamado a embarcarse de regreso y, al estrecharle la mano, le anunció que días después sería obispo auxiliar de Buenos Aires, tal como lo cuentan Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti en “El jesuita”.Calabresi nació el 2 de enero de 1925 en Sezze Romano, un pueblo de la región del Lazio, en una familia dedicada a tareas del campo. Fue el cuarto de seis hermanos y descubrió rápido su vocación sacerdotal. Ordenado con 23 años, en 1948, tres años más tarde ingresó a la Pontificia Académica Eclesiástica (donde se preparan los futuros diplomáticos vaticanos). Obispo desde 1969, estuvo casi de inmediato al frente de representaciones tan distintas como Sudán o Venezuela, hasta que en enero de 1981 llegó a la Argentina para iniciar un período extraordinariamente largo de servicio, que se extendió por 19 años y abarcó siete presidentes: Videla, Viola, Galtieri y Bignone, durante el régimen militar, y Alfonsín, Menem y de la Rúa con la recuperación institucional de 1983. ¡Miren si habrá tenido que mostrarse flexible, hábil y sereno!En esas casi dos décadas la Argentina pasó de la dictadura a la República, con la guerra de las Malvinas como trágico puente, y vivió luego hiperinflación, renuncias anticipadas del gobierno, crisis de toda índole… Por el lado de la Iglesia, Calabresi debió recibir dos visitas papales de Juan Pablo II (1982 y 1987) y participar, al comienzo de sus funciones, en el proceso de mediación que el mismo Papa dispuso en 1978 para evitar la guerra entre Chile y la Argentina por la zona del canal de Beagle. Tuvo tiempo, además, para colaborar con el “redescubrimiento” del padre Bergoglio, que en la década de 1970 había sido provincial de la Compañía de Jesús en la Argentina y que pocos años después parecía destinado a quedar fuera de escena en su “exilio” cordobés.Fue Calabresi quien se ocupó de colaborar, a comienzos de los años ’90, con el nuevo arzobispo de Buenos Aires, Antonio Quarracino, en “rescatar” a Bergoglio y preparar en Roma, no sin esfuerzos, el terreno para que el Juan Pablo II ordenara su consagración como obispo. No fue casual, entonces, que el nuncio fuera el principal co-consagrante en esa solemne ceremonia, el 27 de junio de 1992.Por eso, muy acertadamente, una semblanza biográfica semioficial de quien ahora habría cumplido 100 años le atribuye “…capacidad de tejer, sin visibilidad clamorosa, la reparación de grandes crisis, tanto de aspectos internos como internacionales”.&nbsp;Para el final, permítaseme un recuerdo personal. En una oportunidad Calabresi me adelantó que un par de meses después habría una modificación en el mapa de las diócesis argentinas, con la creación de nuevas jurisdicciones. Obviamente, esto implicaba que algunas diócesis cedieran territorio.</p><p>Publiqué la noticia, obviamente sin explicitar la fuente, y el obispo “afectado” lo tomó a mal, por lo que se dirigió al medio para negar valor a mi adelanto. Ante la consulta de los responsables del medio ratifiqué lo escrito y dije que lo había obtenido de una fuente inmejorable. Comenté lo sucedido con el nuncio y él me respondió simplemente “No se preocupe. Todo está bien”. Un par de semanas después, la Iglesia anunció oficialmente el nuevo trazado.Calabresi murió en Roma el 14 de junio de 2004. El día anterior habló telefónicamente con el entonces cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, y le dijo que se sentía muy bien y “preparado”.Sin&nbsp;duda&nbsp;lo&nbsp;estaba.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4noTAdT-4QitAeqgfPvEsRhbM9k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/ubaldo_calabresi.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El procedimiento era casi siempre igual: un llamado telefónico a casa (no había celulares todavía) para preguntar si era posible que yo fuera a tomar...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-01-14T00:58:27+00:00</published>
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