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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-07-13T12:38:08+00:00</updated>
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            Se abre una nueva etapa para la energía nuclear argentina
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                <![CDATA[Ignacio Rovira]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CMX65oQX32GMCRbZ-eYEHX4a4-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/nuclear.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La presentación del ACR-300 introduce un cambio de paradigma en la forma de concebir y financiar nuevos proyectos. Hasta ahora, el desarrollo nuclear del país estuvo impulsado casi exclusivamente por el Estado. Esta iniciativa abre la posibilidad de incorporar capital privado, experiencia empresarial y una gestión orientada a cumplir plazos y controlar costos.</p><p>Más que reemplazar al Estado, el nuevo modelo redefine su función: debe conservar un papel central en la regulación, la seguridad nuclear, la planificación estratégica y el desarrollo de capacidades tecnológicas, mientras permite que actores privados asuman la inversión y la ejecución de los proyectos.</p><p>Por eso, el ACR-300 podría marcar un cambio de etapa. Sin embargo, su verdadero carácter histórico dependerá de que la propuesta avance desde la presentación inicial hacia un proyecto técnicamente validado, financiable y efectivamente construido.Es un modelo posible y forma parte de una tendencia internacional hacia una mayor participación privada en el desarrollo de nuevas tecnologías nucleares. Sin embargo, más que hablar de una retirada completa del Estado, lo correcto es señalar que están surgiendo esquemas en los que el sector privado aporta capital, tecnología y capacidad de ejecución, mientras el Estado establece las reglas, controla la seguridad y reduce determinados riesgos regulatorios.</p><p>El caso reciente de Estados Unidos es ilustrativo: cuatro reactores avanzados desarrollados por empresas privadas alcanzaron la criticidad durante 2026 dentro del Reactor Pilot Program del Departamento de Energía. Los desarrolladores debían afrontar los costos de diseño, construcción, operación y desmantelamiento, aunque contaron con una vía de autorización federal acelerada y acceso a infraestructura pública. Además, se trató de reactores experimentales o de demostración, no de centrales comerciales comparables directamente con un ACR-300.</p><p>Para que un proyecto de US$ 1.200 millones financiado íntegramente por privados sea viable en Argentina deberá demostrar que cuenta con inversores sólidos, contratos de venta de energía de largo plazo, un comprador confiable, reglas regulatorias estables y una estrategia clara para afrontar los riesgos cambiarios, constructivos y financieros.</p><p>Por eso, la propuesta es ambiciosa, pero no imposible. Su mayor valor es que busca incorporar disciplina financiera y trasladar al desarrollador privado buena parte del riesgo económico. El verdadero punto de inflexión se producirá cuando el proyecto consiga cerrar su financiamiento y avanzar hacia la licencia y la construcción sin depender de que el Estado cubra los sobrecostos.El CAREM representa, por oposición, muchas de las razones por las que la Argentina necesita revisar su modelo de desarrollo nuclear. No porque un proyecto impulsado por el Estado esté necesariamente condenado al fracaso, sino porque mostró las consecuencias de avanzar sin una ingeniería suficientemente cerrada, sin hitos técnicos vinculantes y sin una asignación clara de responsabilidades sobre plazos, costos y resultados.</p><p>Después de más de dos décadas de desarrollo, sucesivas reprogramaciones y una inversión pública muy significativa, el país todavía no cuenta con un reactor terminado y operativo. Además, una revisión independiente concluida en 2024 planteó interrogantes sobre el grado de madurez de la ingeniería, los análisis termohidráulicos, la validación experimental de sistemas innovadores y los mecanismos de control. Esto no significa afirmar que el reactor haya demostrado ser inseguro, sino que no se había reunido todavía evidencia suficiente para cerrar de manera satisfactoria su demostración de seguridad.</p><p>La principal lección es que no se debe iniciar una obra nuclear de esta complejidad mientras permanecen abiertos aspectos esenciales del diseño. Primero deben validarse los sistemas críticos, completarse la ingeniería y superar revisiones técnicas independientes; después debe avanzarse con la construcción. También son necesarios objetivos verificables, responsables definidos y mecanismos que permitan detener o reformular el proyecto cuando no cumple sus metas.</p><p>El contraste internacional es muy fuerte. El reactor experimental de Aalo Atomics alcanzó una reacción nuclear sostenida a potencia cero en menos de ocho meses desde el inicio de su construcción. No es equivalente a una central de 25 o 300 MW, pero demuestra lo que puede lograrse cuando el diseño, la fabricación, el financiamiento, la regulación y la ejecución trabajan de manera integrada y orientada a hitos concretos.</p><p>La propuesta del ACR-300 busca diferenciarse precisamente en esos puntos: inversión y riesgo económico asumidos por privados, una organización enfocada en la ejecución y un desarrollo sujeto a resultados técnicos y comerciales. Meitner Energy presenta al reactor como un SMR de 300 MW de generación III+, basado en tecnología de agua liviana y actualmente en etapa de desarrollo de ingeniería.</p><p>Eso no implica descartar lo aprendido con el CAREM ni prescindir de las capacidades de la CNEA, INVAP, la Autoridad Regulatoria Nuclear y la cadena industrial argentina. La oportunidad consiste en aprovechar ese conocimiento dentro de una estructura de gestión diferente, en la que el Estado regule, controle la seguridad y preserve las capacidades estratégicas, pero el desarrollador responda por el financiamiento, los plazos y los resultados.</p><p>El verdadero cambio de etapa no consiste solamente en reemplazar un proyecto estatal por uno privado. Consiste en pasar de una lógica centrada en sostener indefinidamente el desarrollo a otra basada en validar, construir, operar y rendir cuentas.</p><p>La estrategia es adecuada porque parte de una prioridad elemental: antes de pensar en una expansión ambiciosa, la Argentina debe garantizar la operación segura, eficiente y previsible del parque nuclear que ya posee.</p><p>La extensión de vida de Atucha I es central en ese sentido. Permite conservar capacidad de generación firme, aprovechar infraestructura existente y sostener conocimientos técnicos que serían muy costosos de reconstruir si se perdieran. Lo mismo vale para el mantenimiento del resto de las centrales y para el fortalecimiento de la cadena de proveedores nacionales, que constituye uno de los principales activos del sector nuclear argentino.</p><p>Pero preservar lo existente no alcanza. La política nuclear también debe generar condiciones para incorporar nuevos proyectos, tecnologías y fuentes de financiamiento. Allí es donde la articulación público-privada puede cumplir un papel decisivo: el Estado debe brindar estabilidad regulatoria, planificación de largo plazo, seguridad jurídica y controles técnicos rigurosos, mientras el sector privado aporta inversión, capacidad de gestión y disciplina en plazos y costos.</p><p>El espíritu de la nueva hoja de ruta debería ser precisamente ese: proteger las capacidades estratégicas construidas durante décadas y, al mismo tiempo, abrir el sector a nuevas oportunidades. No se trata de elegir entre Estado o privados, sino de definir con claridad qué función debe cumplir cada uno.</p><p>El Estado debe preservar la seguridad nuclear, la regulación, la formación de recursos humanos y las capacidades tecnológicas críticas. Los privados, por su parte, deben asumir riesgos de inversión y demostrar que pueden transformar los proyectos en centrales efectivamente construidas y operativas.</p><p>Si esa articulación se sostiene con continuidad y reglas estables, la Argentina puede pasar de administrar su legado nuclear a iniciar una nueva etapa de crecimiento.</p><p>El mayor impacto sería demostrar que en la Argentina todavía es posible diseñar, financiar, licenciar y construir un proyecto nuclear en tiempo y forma. Esa señal tendría un valor enorme, porque probaría que la articulación entre el Estado, el capital privado, el sistema científico-tecnológico y la industria nacional puede traducirse en resultados concretos.</p><p>En términos de matriz energética, una central de 300 MW no modificaría por sí sola de manera radical la participación nuclear, pero sí podría convertirse en el primer paso de un programa más amplio. La energía nuclear aporta generación firme, disponible durante prácticamente todo el año y con bajas emisiones de carbono, por lo que complementa a las fuentes renovables variables y reduce la necesidad de recurrir a combustibles fósiles para sostener el sistema eléctrico.</p><p>Una mayor generación nuclear también permitiría liberar parte del gas natural utilizado en centrales térmicas. En el caso argentino, ese gas podría destinarse a usos de mayor valor económico, como la industria, las exportaciones regionales o el desarrollo del GNL a partir de Vaca Muerta. No se trata de enfrentar a la energía nuclear con los hidrocarburos, sino de utilizar cada recurso de la manera más eficiente.</p><p>El impacto industrial podría ser incluso más relevante. Argentina posee capacidades acumuladas en ingeniería, metalurgia, fabricación de componentes, construcción, operación y formación de recursos humanos. Un proyecto concreto permitiría reactivar esa cadena de proveedores, generar empleo altamente calificado y establecer estándares que luego podrían aplicarse en futuras centrales.</p><p>Finalmente, una ejecución exitosa reposicionaría al país en el mercado nuclear internacional. La Argentina ya cuenta con reconocimiento en reactores de investigación, medicina nuclear y tecnología asociada, pero necesita demostrar capacidad para completar nuevos proyectos de generación. Si el ACR-300 logra construirse y operar de manera segura, competitiva y dentro de los plazos previstos, podría transformarse en una plataforma exportable y devolverle al país protagonismo en un mercado global que está recuperando el interés por la energía nuclear.</p><p>Por eso, su impacto no debería medirse solamente por los megavatios que aporte, sino por su capacidad para reconstruir credibilidad, movilizar a la industria nacional y abrir el camino a una nueva generación de proyectos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CMX65oQX32GMCRbZ-eYEHX4a4-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/nuclear.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La presentación del ACR-300 por parte de Meitner Energy tiene una relevancia potencialmente histórica para el sector.]]>
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                                                <category term="energia-2050" label="Energía 2050" />
                                <updated>2026-07-13T12:38:08+00:00</updated>
                <published>2026-07-13T12:37:56+00:00</published>
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            Irán, Ormuz y el petróleo, cotizando al ritmo de la guerra
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                <![CDATA[Ignacio Rovira]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0MHR-jrnf0YUeD9O_cTM6fT6BzI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/petroleo_medio_oriente.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El conflicto en el Golfo Pérsico reactivó el temor sobre el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que circula cerca del 20% del comercio mundial de crudo y GNL, y esa sola amenaza alcanzó para disparar una semana de extrema volatilidad. El Brent había cerrado el 5 de marzo en US$85; luego trepó a US$93 el 6 de marzo y el 9 de marzo llegó a cerrar en US$99, tras haber tocado picos mucho más altos durante la rueda. El 13 de marzo volvió a escalar y terminó en US$103 por barril, su nivel más alto desde 2022, en una señal de que el mercado sigue interpretando un riesgo severo de interrupción del suministro.</p><p>La lógica detrás de ese salto no fue sólo militar, sino también psicológica. En X, el analista militar argentino Guillermo Lafferriere planteó que el verdadero dilema de Ormuz no pasa tanto por un cierre físico total del estrecho como por la capacidad iraní de “ensuciar” el tránsito marítimo, elevar el riesgo percibido y paralizar la operatoria a través del miedo. En su análisis, sostuvo que bloquear completamente los canales de navegación requeriría una operación mucho más compleja y costosa, difícil de sostener con la marina norteamericana desplegada en la zona, pero que un minado selectivo o ataques puntuales bastan para disparar seguros, frenar buques y encarecer el barril. Esa lectura coincide con lo que efectivamente reflejó el mercado: más que una certeza de cierre total y duradero, el Brent reaccionó a la incertidumbre sobre cuánto tiempo puede mantenerse degradada la circulación por Ormuz.</p><p>Ese punto es central para entender la película completa. El mercado no necesitó ver una interrupción perfecta del flujo para entrar en pánico. Bastó con la caída del tráfico de petroleros, la amenaza de minas, los ataques a embarcaciones y la reducción de exportaciones desde el Golfo para que los operadores empezaran a preciar un shock de oferta de escala histórica. En este sentido, Reuters reportó que la Agencia Internacional de Energía ya calificó esta guerra como la mayor disrupción de suministro de la historia del mercado petrolero, con pérdidas de oferta que rondan los 8 a 10 millones de barriles diarios en marzo. Por eso, aunque en algunos momentos aparecieron señales políticas de alivio y comentarios de Donald Trump sugiriendo una eventual resolución del conflicto, cada rebote diplomático fue rápidamente neutralizado por nuevos episodios de tensión militar.</p><p>En ese contexto, la mirada de Lafferriere ayuda a ordenar el caos: Irán probablemente no esté en condiciones de sostener un bloqueo naval absoluto frente al poder de fuego estadounidense, pero sí puede generar el tipo de incertidumbre suficiente para alterar por completo la operatoria comercial. Es, en esencia, una incursión psicológica más que táctica: no necesita sellar Ormuz como si fuera un muro, le alcanza con convencer al mercado que el estrecho es un corredor demasiado peligroso para navegar con normalidad. Y eso, para el comercio petrolero, alcanza y sobra. Cuando un solo incidente puede hundir la confianza de aseguradoras, navieras y traders, el impacto económico se multiplica mucho más allá del daño físico inmediato.</p><p>La secuencia de la última semana mostró justamente esa dinámica. Primero vino la suba inicial por la expansión de la guerra y el deterioro del tránsito marítimo; después, un intento de corrección cuando el mercado especuló con una desescalada; y finalmente un nuevo salto cuando Irán reforzó su postura y continuaron los incidentes sobre infraestructura y transporte energético. Mientras tanto, la respuesta occidental se concentró en amortiguar el golpe: la AIE aprobó, en un intento por contener una crisis de desabastecimiento, la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas y Estados Unidos anunció que aportará 172 millones.</p><p>Aun con esas medidas, el mensaje del mercado sigue siendo el mismo: no hay normalidad. El Brent ya no está operando sólo contra datos de oferta y demanda, sino contra escenarios bélicos. Cada insinuación de amenaza sobre Ormuz, cada intento de ataque a buques o infraestructura se traduce en un aumento de la prima de riesgo que pega de lleno en energía, inflación, logística y actividad global. En otras palabras, el petróleo volvió a ser un botiín de guerra, y mientras el Estrecho de Ormuz siga bajo amenaza, la volatilidad no será una anomalía sino que será la regla.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0MHR-jrnf0YUeD9O_cTM6fT6BzI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/petroleo_medio_oriente.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El precio del petróleo Brent volvió a confirmar que, cuando Medio Oriente entra en combustión, el mercado energético global reacciona antes que cualquier cancillería.]]>
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                                                <category term="energia-2050" label="Energía 2050" />
                                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-03-15T03:57:49+00:00</published>
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            Cuencas maduras bajo presión: la última salvación del petróleo convencional
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/cuencas-maduras-bajo-presion-la-ultima-salvacion-del-petroleo-convencional" type="text/html" title="Cuencas maduras bajo presión: la última salvación del petróleo convencional" />
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                <![CDATA[Ignacio Rovira]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2jvJjfZdeMsnIsrskiJXpNnppsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/cuencas_maduras_petroleo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La reducción condicional de retenciones al crudo convencional no es un privilegio, sino el piso mínimo para que las empresas que hoy sostienen las cuencas maduras puedan seguir invirtiendo técnicas para mejorar la producción antes que el declino natural se vuelva irreversible.</p><p>Tras más de un siglo de explotación, las cuencas Golfo San Jorge, Cuyana, Noroeste y Austral atraviesan una fase crítica. Al día de hoy, los reservorios operan con presiones cercanas al agotamiento, cortes de agua superiores al 80–90 % y factores de recobro primario que, en el Golfo San Jorge, apenas alcanzan el 10–15 %. El desafío ya no es crecer, sino frenar un declino que amenaza con comprometer la viabilidad misma de estos campos.</p><p>En este sentido, el mapa empresarial cambió de forma drástica a partir de 2024 con el Plan Andes. A partir de este, YPF decidió concentrar su capital en Vaca Muerta y desprenderse progresivamente de los activos convencionales en Chubut, Santa Cruz, Mendoza, Neuquén y Río Negro. Ese retiro dio lugar a un nuevo ecosistema de compañías argentinas pequeñas y medianas, con estructuras livianas, decisiones descentralizadas y un foco casi exclusivo en gestionar el declino mediante optimización de costos y proyectos muy selectivos de recuperación mejorada.</p><p>En paralelo, la salida de DLS de la Cuenca del Golfo San Jorge —con la transferencia de 22 equipos de pulling y workover y unos 740 operarios a un consorcio regional— marcó un quiebre simbólico. Mientras las grandes empresas de servicios migran hacia el shale, el convencional queda en manos de jugadores locales con balances ajustados y fuerte dependencia del flujo de caja. Cada decisión pasó a ser financieramente quirúrgica.</p><p>A pesar que Vaca Muerta domina la agenda, las cuencas maduras aún explican cerca del 36 % del petróleo y más del 30 % del gas del país. La Cuenca Golfo San Jorge aporta alrededor del 22 % del crudo nacional, pero mostrando caídas interanuales superiores al 12 %; la Cuenca Cuyana retrocede cerca del 11 % y la Cuenca del Noroeste más del 20 %. En una década, la participación del convencional se redujo casi a la mitad. Es por esto que, lo que está en juego no es solo una estadística, el crudo pesado patagónico es clave para las refinerías locales y el gas de la cuenca Austral resulta indispensable para los picos invernales de Patagonia y el AMBA.</p><p>En este contexto de márgenes estrechos, la nueva escala de retenciones definida por el Gobierno Nacional se vuelve decisiva: 0 % en el escenario de precio del Brent igual o menor a USD 65 y hasta 8 % cuando este se ubique por encima de USD 80. Para operadoras con costos de extracción de 35–45 dólares por barril, esa brecha define si se perfora e interviene o si se cierran pozos.</p><p>Las provincias acompañan el movimiento. Neuquén redujo regalías del 15 % al 12 % —y del 18 % al 12 % en algunos casos—, eximió Ingresos Brutos al convencional y creó en septiembre de 2025 la Mesa de Reactivación Hidrocarburífera Convencional, con participación de operadoras, sindicatos, municipios y universidades. Los beneficios exigen reinversión, reincorporación de trabajadores (meta cercana a 800 puestos) y contratación local. Chubut y Santa Cruz firmaron acuerdos similares con regalías diferenciales y rebajas impositivas para campos maduros. Mendoza, que ya aplicaba reducciones al 12 % o menos para producción incremental o cortes de agua superiores al 90–95 %, no necesitó un pacto adicional.</p><p>Áreas como Manantiales Behr, Chachahuén y Cerro Dragón demuestran que aún existe margen gracias a la aplicación recuperación mejorada (EOR), con aportes de decenas de miles de barriles diarios. Escalar estas experiencias exige previsibilidad regulatoria, amortizaciones aceleradas y un marco tributario que reconozca los retornos lentos propios de los campos maduros.</p><p>El petróleo convencional argentino dejó atrás la era de las grandes corporaciones para convertirse en un oficio de ingeniería fina y capital paciente sostenido por empresas locales. La política de retenciones ya no es un debate abstracto, cualquier movimiento puede traducirse en equipos que siguen operando o se desmantelan, pozos que se intervienen o se abandonan, y miles de empleos regionales que se sostienen o se pierden.&nbsp;</p><p>De la combinación entre este esquema fiscal nacional, medidas provinciales y la capacidad técnico-operativa de gestión y ejecución de las operadoras, dependerá que las cuencas maduras continúen aportando volumen de recursos al sistema energético nacional mientras el país avanza hacia nuevos desarrollos. El margen es estrecho y el tiempo apremia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2jvJjfZdeMsnIsrskiJXpNnppsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/cuencas_maduras_petroleo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La política de retenciones puede traducirse en equipos que siguen operando o se desmantelan.]]>
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                                                <category term="energia-2050" label="Energía 2050" />
                                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-02-08T04:20:51+00:00</published>
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            Loma Campana convirtió a Vaca Muerta en realidad productiva
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/loma-campana-el-yacimiento-que-convirtio-a-vaca-muerta-en-realidad-productiva" type="text/html" title="Loma Campana convirtió a Vaca Muerta en realidad productiva" />
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                <![CDATA[Ignacio Rovira]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/31uVeDJ-Y2FQaTjaDRfpnl7Pexk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/loma_campana.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En diciembre de 2025, Loma Campana alcanzó un hito que marca un antes y un después para la industria energética argentina: superó los 100.000 barriles de petróleo producidos en un solo día, convirtiéndose en el primer yacimiento individual de Vaca Muerta en lograrlo. El dato es más que un récord: es la confirmación de que el desarrollo no convencional en Argentina dejó de ser una promesa para transformarse en producción concreta, sostenida y escalable.</p><p>Loma Campana es un yacimiento de petróleo no convencional ubicado en la provincia de Neuquén, en el corazón de la Cuenca Neuquina. Tiene una superficie aproximada de 395 kilómetros cuadrados y sus reservorios se encuentran dentro de la formación geológica Vaca Muerta, una de las principales reservas de shale oil y shale gas del mundo.</p><p>Desde el punto de vista productivo, hoy es el bloque más importante y más productivo de toda Vaca Muerta, y uno de los activos energéticos más relevantes del país.</p><p>El yacimiento es operado por YPF en asociación con Chevron desde el año 2013. Ese acuerdo marcó un punto de inflexión: fue el primer desarrollo de shale oil a gran escala fuera de América del Norte, en un contexto en el que todavía existían fuertes dudas sobre la viabilidad técnica y económica del no convencional argentino.</p><p>Más de una década después, Loma Campana se consolidó como el proyecto que validó el modelo.</p><p>Las investigaciones en esos objetivos comenzaron a partir de la década de 1980 donde pozos exploratorios detectaron presencia de hidrocarburos en la Fm Vaca Muerta, confirmando su rol como fuente generadora de recursos. Durante la década del 2000, y a partir del auge de los reservorios No Convencionales, estudios geológicos, sísmicos y de laboratorio permitieron caracterizar la roca generadora, su espesor, su contenido orgánico total y su alta capacidad productiva.</p><p>Ese trabajo previo fue clave para identificar los sweet spots, es decir, las áreas de mayor productividad dentro del yacimiento. Hoy, Loma Campana no solo produce petróleo: funciona como referencia técnica y operativa para el resto de los desarrollos en Vaca Muerta. Lo que allí se prueba, se optimiza y se escala, luego se replica en otros bloques de la cuenca.</p><p>La importancia de Loma Campana no se explica por azar, sino por una combinación de factores geológicos y operativos excepcionales.</p><p>La formación Vaca Muerta en esta área presenta espesores totales que varían entre 80 y 300 metros, con rocas ricas en materia orgánica y un tipo de kerógeno ideal para la generación de petróleo liviano. Además, el reservorio cuenta con fracturas naturales que favorecen la fluencia natural de hidrocarburos, y con múltiples niveles productivos superpuestos, lo que permite optimizar cada conjunto de pozos perforados (pads).</p><p>A esto se suma un factor decisivo: costos competitivos. El precio de equilibrio (break-even) del proyecto se ubica entre 36 y 45 dólares por barril, uno de los más bajos de la cuenca, lo que permite sostener la producción incluso en escenarios de precios internacionales desfavorables como los actuales.</p><p>La productividad es uno de los indicadores que mejor reflejan el desempeño del yacimiento. En Loma Campana, cada pozo produce en promedio entre 1.250 y 1.450 barriles diarios durante sus primeros tres meses completos de operación, un nivel comparable con desarrollos líderes del shale norteamericano.</p><p>Estos resultados se logran gracias a pozos horizontales de gran extensión lateral, que superan los 3.000 metros, y a esquemas de estimulación hidráulica de alta intensidad, que incluyen alrededor de 50 etapas de fractura por pozo.</p><p>Loma Campana cuenta con reservas probadas en alrededor de 525 millones de barriles equivalentes (2022), con un recurso recuperado cercano al 22 %. Su desempeño refuerza el potencial global de Vaca Muerta, que concentra recursos recuperables que se estiman en el orden de los 16.000 millones de barriles de petróleo.</p><p>A escala país, estos desarrollos permiten proyectar un horizonte de crecimiento ambicioso: con infraestructura adecuada y reglas de juego estables, Argentina podría alcanzar producciones cercanas a 1,5 millones de barriles diarios hacia 2030, cambiando de forma estructural su balanza energética y externa.</p><p>Loma Campana es más que un récord puntual. Es la prueba de que el shale argentino funciona cuando se combinan subsuelo, escala y ejecución. Avanzando silenciosamente en el desarrollo de sus activos, el yacimiento puso barriles reales en el mercado y estableció un estándar productivo para toda la cuenca.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/31uVeDJ-Y2FQaTjaDRfpnl7Pexk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/loma_campana.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Es el bloque más productivo de toda Vaca Muerta. En diciembre marcó un récord de producción.]]>
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                                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-01-18T04:53:33+00:00</published>
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