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    <title>Newstad</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-04-30T09:50:23+00:00</updated>
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            Leonardo Astrada: El Jefe que no necesitó gritar para mandar
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mX4uUFD5sYTBkLM_YIFNCcSP7ZE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/negro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El fútbol argentino, en su vorágine de mediocres y figuras de cartón, suele olvidar rápido. Pero hay nombres que se quedan grabados en el cemento de Núñez y en la memoria del hincha que sabe distinguir un volante de un caudillo. Leonardo Rubén Astrada, el "Negro" para los amigos y "El Jefe" para el resto del mundo, no fue simplemente un número 5. Fue el termómetro de una época dorada, el hombre que custodió el equilibrio mientras otros se llevaban las luces.</p><p>Astrada debutó un 2 de julio de 1989 y, desde ese momento, entendió lo que significaba la banda roja. No le hizo falta ser un goleador serial; su lenguaje fue el pase corto, la entrega limpia y esa capacidad de dejar la pelota "suave", como se dice en el barrio, para que los que saben hicieran el resto. No cualquiera ostenta el récord de doce títulos con la misma camiseta. Doce vueltas olímpicas que no son producto del azar, sino de un tipo que nació con un aura ganadora que hoy, en la era de los algoritmos, llamarían "liderazgo silencioso".</p><p>Su vitrina es un escándalo de gloria: diez campeonatos locales, una Libertadores en el '96 y esa Supercopa del '97 que cerró una etapa de dominio absoluto. Pero más allá de los trofeos, lo de Astrada fue una cuestión de presencia. En el mediocampo de River, el Negro fue el gladiador que permitió que el talento fluyera. Si Aimar, Saviola o Ortega brillaron, fue porque atrás estaba el Jefe cuidándoles las espaldas. Quién no recuerda aquel pase exquisito, de galera y bastón, a Pablito Aimar en el Apertura '99 para liquidar a Boca en el Monumental. Eso fue Astrada: clase pura disfrazada de obrero.</p><p>La etapa como entrenador tuvo de todo, pero mantuvo su esencia de estratega. Ganó el Clausura 2004 y metió a River en semifinales de América dos años seguidos. No fue un camino de rosas, claro. Su segundo ciclo terminó de la peor manera, maltratado por un presidente que la historia terminó de juzgar. Passarella lo echó un 12 de abril de 2010 con el equipo a la deriva, pero la ingratitud de aquel momento no manchó su legado. El hincha de River sabe que el Negro no se mereció ese destrato de parte del "innombrable".</p><p>Hoy, desde su rol como analista en ESPN, Astrada sigue demostrando que entiende el juego como pocos. No necesita gritar ni vender humo frente a la cámara; le alcanza con la misma serenidad que tenía para anticipar un pase en el mediocampo. Porque el liderazgo no se compra ni se entrena, se trae desde la cuna.</p><p>En definitiva, hablar de Astrada es hablar de una estirpe de futbolistas que ya no se fabrican. Fue el volante central que jugaba con el manual bajo el brazo y el cuchillo entre los dientes. Un tipo que siempre estuvo ahí, firme en el círculo central, ordenando el caos. El Negro fue, es y será el Jefe silencioso. Un gladiador que, sin necesidad de estridencias, se convirtió en leyenda viviente del fútbol argentino.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mX4uUFD5sYTBkLM_YIFNCcSP7ZE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/negro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Vida y obra del ídolo de River. Trayectoria, liderazgo y recuerdo de un grande del club de Nuñez.]]>
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                <updated>2026-04-30T09:50:23+00:00</updated>
                <published>2026-04-30T09:45:36+00:00</published>
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            Ariel “el Burrito” Ortega: un ídolo eterno
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/M-7gsTviKIF_gtuPbHThP2eASgQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/burrito_ortega.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ariel Arnaldo Ortega nació el 4 de marzo de 1974 en Ledesma, Jujuy, y se convirtió en uno de los futbolistas más talentosos y desequilibrantes de la historia del fútbol argentino. Dueño de un estilo inconfundible, basado en la gambeta corta, los cambios de ritmo y una creatividad casi instintiva, supo conquistar a los hinchas con una forma de jugar tan efectiva como estética.</p><p>Se desempeñó principalmente como mediapunta, aunque también ocupó posiciones ofensivas por las bandas. Su sello distintivo fue la capacidad de eludir rivales en espacios reducidos, muchas veces culminando sus jugadas con definiciones sutiles, como la clásica vaselina que se volvió una de sus marcas registradas.</p><p>Su historia profesional comenzó en River Plate, el club del que era hincha. Llegó a Buenos Aires siendo apenas un adolescente y, en 1991, con solo 17 años, debutó en Primera División bajo la dirección de Daniel Passarella. Ese mismo año integró el plantel que obtuvo el Torneo Apertura, iniciando así una etapa dorada tanto para el club como para su carrera.</p><p>Durante la década de 1990, Ortega fue una de las grandes figuras del fútbol argentino. Se consolidó definitivamente bajo la conducción de Ramón Díaz, formando parte de un equipo memorable junto a nombres como Enzo Francescoli y Hernán Crespo. En ese período conquistó múltiples títulos locales y la tan ansiada Copa Libertadores de 1996, uno de los hitos más importantes de su carrera.</p><p>Uno de los momentos más recordados ocurrió el 30 de abril de 1994, cuando River venció a Boca Juniors en La Bombonera tras ocho años sin lograrlo. Ortega fue la figura excluyente de ese partido, con una actuación brillante que lo catapultó definitivamente a la Selección Argentina. Ese mismo año participó en el Mundial de Estados Unidos, reemplazando nada menos que a Diego Maradona en un contexto cargado de tensión.</p><p>Su primera etapa en River finalizó en 1997, tras haber ganado seis títulos y dejando una huella imborrable. Había pasado de ser una promesa a convertirse en uno de los mejores jugadores del país.</p><p>Luego de su paso por Europa, regresó al club en el año 2000. En esta segunda etapa volvió a destacarse como figura, integrando un recordado ataque junto a Pablo Aimar, Javier Saviola y Juan Pablo Ángel, conocido como “los Cuatro Fantásticos”. Durante ese período mantuvo un nivel superlativo, reafirmando su condición de ídolo.</p><p>Su tercer ciclo en River comenzó en 2006 y estuvo marcado por una mezcla de destellos futbolísticos y dificultades personales. A pesar de sus problemas con el alcoholismo, Ortega continuó mostrando momentos de enorme calidad dentro del campo de juego, siendo determinante en varios partidos importantes, incluidos superclásicos frente a Boca Juniors.</p><p>En 2008, bajo la dirección de Diego Simeone, River volvió a consagrarse campeón y Ortega fue una de las figuras del equipo. Sin embargo, sus conflictos personales comenzaron a afectar su continuidad, lo que derivó en cesiones y salidas temporales del club.</p><p>Su última etapa, entre 2009 y 2010, evidenció el paso del tiempo. Aunque su rendimiento ya no era el mismo, su talento seguía apareciendo en jugadas aisladas que despertaban la ovación del público, que nunca dejó de reconocerlo como uno de sus máximos ídolos.</p><p>La despedida oficial llegó el 13 de julio de 2013, en un estadio Monumental colmado que lo homenajeó con emoción. Rodeado de excompañeros, familiares y miles de hinchas, Ortega vivió una jornada inolvidable que selló su lugar en la historia grande del club.</p><p>A lo largo de su carrera, protagonizó numerosos superclásicos, donde dejó actuaciones memorables y goles importantes. Su capacidad para destacarse en los partidos más exigentes consolidó su figura como símbolo del club.</p><p>Ariel Ortega no fue solo un futbolista talentoso. Fue, sobre todo, un jugador que conectó emocionalmente con la gente. Su carrera estuvo atravesada por triunfos, caídas y regresos, lo que lo convirtió en un personaje profundamente humano.</p><p>Porque si algo definió al “Burrito” no fue solo su talento, sino su historia: la de un ídolo que, entre gambetas y contradicciones, logró quedarse para siempre en el corazón del fútbol argentino.</p><p>Gambetas que enamoran y una banda roja que cruza el corazón.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/M-7gsTviKIF_gtuPbHThP2eASgQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/burrito_ortega.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un recorrido por la carrera de un jugador que marcó época con su estilo único y carisma.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T03:05:13+00:00</published>
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            Enzo Pérez, el tipo que entendió qué es River
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HhqM9QzFBA4QKOh7aL10biiU4pY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/campeon.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Enzo Nicolás Pérez nació el 22 de febrero de 1986. Pero en River no hace falta el nombre completo. Es Enzo Pérez. El cinco que marcó una etapa fuerte del club y que quedó ligado para siempre a una de las noches más grandes del fútbol argentino.</p><p>Llegó al Club Atlético River Plate el 29 de junio de 2017. River pagó cerca de tres millones de euros. No vino de paso. Vino porque quería jugar ahí. Rechazó otras ofertas para cumplir ese objetivo. Al principio le costó. No arrancó como figura. Tuvo que adaptarse al ritmo y a la exigencia. Pero con el tiempo se ganó el puesto y se volvió clave en el equipo de Marcelo Gallardo.</p><p>El punto más alto fue en 2018. Enzo fue parte central del equipo que ganó la Copa Libertadores 2018 frente a Boca Juniors. Esa final no fue un partido más. Fue el cruce que partió la historia en dos. Desde ese día, su nombre quedó en el recuerdo del hincha. Con Gallardo también ganó dos Copas Argentinas, una Recopa Sudamericana y una Supercopa Argentina. En 2019 y 2020 fue elegido en el equipo ideal de América por el diario El País.</p><p>En 2021 tomó una decisión que dijo mucho de él. El Trabzonspor de Turquía le ofreció un contrato muy alto, imposible de igualar en plena pandemia. Enzo dijo que no. Se quedó en River. Prefirió seguir en el club antes que irse por más plata.</p><p>Ese mismo año tuvo un error fuerte contra San Lorenzo que terminó en gol y derrota. Recibió críticas y cargadas. No se escondió. Siguió jugando y dando la cara.</p><p>Poco después vivió una noche que ya es parte de la historia del club. En un partido de Copa Libertadores ante Independiente Santa Fe, River no tenía arqueros por un brote de COVID. Enzo estaba lesionado, con una molestia en el isquiotibial, pero igual se puso los guantes. Jugó al arco. River ganó 2-1. No hizo atajadas imposibles, pero cumplió. Se paró bajo los tres palos y defendió el resultado. La imagen dio la vuelta al continente. Hasta Ubaldo Matildo Fillol, ídolo histórico del club, habló de lo que significa ocupar ese arco.</p><p>Su relación con River viene de chico. Su padre lo llamó Enzo por Enzo Francescoli. No es un dato menor. La conexión es real y viene de familia.</p><p>Con la Selección Argentina jugó 23 partidos y metió un gol. Fue parte del plantel que llegó a la final de la Copa Mundial de la FIFA 2014, donde Argentina perdió 1-0 contra Selección de Alemania. También jugó el Mundial de Rusia 2018 y fue titular en el partido ante Selección de Francia, que terminó 4-3 y dejó afuera a la Argentina. En las Eliminatorias rumbo a ese Mundial fue importante en el triunfo 3-1 ante Ecuador que aseguró la clasificación.</p><p>En enero de 2025 volvió a River. El rendimiento no fue el mejor y el contrato se terminó en noviembre. El final no fue brillante. Pero eso no cambia lo que ya había hecho.</p><p>Enzo Pérez no fue el más técnico ni el más rápido. Fue un jugador serio, fuerte de cabeza y firme en los momentos difíciles. En un club donde la presión es constante, eso pesa mucho. Por eso, cuando se habla de esa etapa de River, su nombre aparece sin discusión. Porque entendió algo básico: en River no alcanza con jugar bien. Hay que competir siempre.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HhqM9QzFBA4QKOh7aL10biiU4pY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/campeon.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Amado y criado en River. Historia del gigante que rechazó propuestas para quedarse en el club de sus amores.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-03-04T09:06:10+00:00</published>
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            Marcelo “Trapito” Barovero: legado de un arquero emblemático
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/marcelo-trapito-barovero-legado-de-un-arquero-emblematico" type="text/html" title="Marcelo “Trapito” Barovero: legado de un arquero emblemático" />
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mL-ZigQ7joxIt8il2SPIMbgLWXk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/barovero.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Marcelo Alberto Barovero nació el 18 de febrero de 1984 en Porteña, provincia de Córdoba, Argentina. Fue un destacado arquero profesional que se convirtió en una figura icónica del fútbol argentino por su rendimiento bajo los tres palos y su liderazgo en uno de los períodos más exitosos del Club Atlético River Plate.</p><p>Barovero se destacó como arquero titular y capitán de River Plate, club en el que consiguió importantes logros internacionales, entre ellos la Copa Sudamericana 2014 y la Copa Libertadores 2015.</p>Carrera en River Plate<p>En julio de 2012, Barovero llegó a River Plate como jugador libre, procedente de Vélez Sarsfield, para reforzar el arco en la vuelta del club a la Primera División del fútbol argentino. Tras comenzar como suplente, pronto se consolidó como titular gracias a su rendimiento y la confianza del cuerpo técnico.</p><p>Con Barovero en el arco, River Plate obtuvo el Torneo Final 2014 bajo la conducción de Ramón Díaz y, posteriormente, la Copa Sudamericana 2014 con Marcelo Gallardo como director técnico. Fue pieza clave en la semifinal de ese torneo, en la que atajó un penal clave en el partido de vuelta disputado en el Monumental.</p><p>Además de sus títulos internacionales, Barovero recibió premios individuales, como el galardón a la valla menos vencida en el torneo local. Formó parte del plantel que conquistó la Recopa Sudamericana 2015 y la Copa Libertadores 2015, y fue reconocido como el mejor arquero de esa edición del certamen continental. Ese mismo año, tuvo una destacada actuación en el Mundial de Clubes, contribuyendo al triunfo por 1-0 en semifinales contra Sanfrecce Hiroshima.</p><p>El 14 de mayo de 2016 disputó su último partido como arquero de River Plate en el estadio Monumental, jornada en la que fue largamente ovacionado tras ser reemplazado en tiempo de descuento. Su paso por el club lo convirtió en uno de los porteros más recordados de la institución.</p>Retiro y nuevos desafíos<p>En julio de 2024, Barovero anunció su retiro de la actividad profesional luego de una extensa trayectoria que incluyó pasos por clubes de Argentina, México y España. Tras su retiro, comenzó a brindar charlas motivacionales para distintos públicos.</p><p>El 2 de enero de 2026 se confirmó su incorporación al cuerpo técnico de Marcelo Gallardo como entrenador de arqueros en River Plate, compartiendo funciones con Alberto “Tato” Montes, en un regreso al club que marcó su carrera.</p>Selección nacional<p>Barovero también fue convocado por la selección argentina, recibiendo su primera convocatoria en agosto de 2011 para una serie de amistosos bajo la dirección de Alejandro Sabella. En 2012 fue llamado nuevamente para disputar el Superclásico de las Américas frente a Brasil.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mL-ZigQ7joxIt8il2SPIMbgLWXk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/barovero.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Figura central en los títulos de 2014 y 2015, dejó una huella imborrable en la memoria de los hinchas.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-02-24T05:13:48+00:00</published>
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            Bernabé Ferreyra, el primer gran ídolo de River
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A79uO-uMvRJxFFIIvfFEj7W7bHo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/juntos.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un 12 de febrero de 1909 nacía Bernabé Ferreyra, leyenda de River Plate y uno de los máximos goleadores que dio el fútbol argentino. Simplemente Bernabé. O “El Millonario Bernabé”. Para muchos, el primer gran ídolo del club de Núñez.</p><p>En los años 30 fue reconocido como uno de los artilleros más temidos del mundo. De hecho, es el único futbolista argentino que logró una estadística extraordinaria: convirtió más goles que partidos disputados. Su impacto fue tal que la Asociación del Fútbol Argentino lo incluyó entre los 24 jugadores que integran el Salón de la Fama.</p><p>Su primer apodo fue “La Catapulta de Tigre”, por su explosión en Tigre, el club donde comenzó a llamar la atención. Pero la historia grande empezaría en 1932.</p>El pase que cambió todo<p>A comienzos de ese año, River Plate pagó 35.000 pesos por su transferencia desde Tigre: fue la cifra más alta abonada hasta ese momento por un jugador en el fútbol mundial. Allí empezó a forjarse el apodo de “Los Millonarios”.</p><p>Debutó el 13 de marzo de 1932 ante Chacarita Juniors y convirtió dos goles. Al finalizar el partido, un espectador lo definió con una frase que quedó para siempre: “No es un hombre, es una fiera”. El periodista Hugo Marini, del Diario Crítica, tomó la expresión y así nació su sobrenombre más famoso: La Fiera.</p><p>Desde ese día encadenó una marca que todavía asombra: 19 goles en 12 fechas consecutivas, récord que se cortó frente a Huracán, cuando el arquero De Nicola logró mantener su arco en cero y se llevó un premio especial ofrecido a quien frenara la racha.</p>El hombre del balazo<p>Su potencia era legendaria. Los relatos hablan de remates desde 30 metros que parecían disparos de artillería. Por eso lo llamaron también “El Mortero de Rufino”, “Cañonero”, “Romperredes” y “Balazo”.</p><p>En 1934, en un penal frente a Independiente, su remate fue tan violento que el arquero Fernando Bello sufrió la fractura de ambas muñecas tras detenerlo. La escena alimentó aún más el mito.</p><p>En 1932 fue máximo goleador del campeonato con 47 tantos y River obtuvo su primer título en la era profesional. Volvería a consagrarse en 1936 y 1937. En la Selección Argentina participó del Sudamericano de 1937, torneo que terminó con título para la Albiceleste.</p>Un fenómeno social<p>La presencia de Bernabé Ferreyra generaba una revolución. Las entradas costaban un peso, pero en apenas tres partidos River recuperó los 10.000 pesos que le había dado de prima. Cuando el equipo viajaba al interior, el valor de los boletos variaba según jugara o no “La Fiera”.</p><p>No era un virtuoso técnico. Su fortaleza estaba en la potencia. Prefería jugar bajo la lluvia, con la pelota pesada y embarrada. Incluso se cuenta que, cuando no llovía, preparaba el balón: desinflaba la cámara, colocaba otra dentro y dejaba la pelota 48 horas en agua. El día del partido era, literalmente, una bomba.</p><p>Jamás utilizó protección en sus piernas ni vendajes en los tobillos. Jugaba como pateaba: sin concesiones.</p>El hombre detrás del mito<p>A pesar de su fama, era tímido y sencillo. El presidente Agustín P. Justo lo saludó en persona sorprendido por la repercusión de sus goles. En otra ocasión, cuando conoció a Carlos Gardel, le respondió con humildad: “La Fiera es usted cuando canta”.</p><p>También dejó su marca en el Superclásico: en 1932 convirtió ante Boca Juniors tras un potente remate que dejó sin reacción al arquero Arico Suárez.</p><p>Medía 1,72 metros y pesaba 73 kilos. Pero su impacto fue mucho mayor que cualquier cifra física. No hubo jugador en la historia del fútbol argentino que influyera tanto en las recaudaciones. La gente no iba sólo a ver a River: iba a ver a Bernabé Ferreyra.</p><p>Y así nació el primer gran ídolo del club. El hombre que transformó goles en espectáculo y potencia en leyenda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A79uO-uMvRJxFFIIvfFEj7W7bHo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/juntos.png" class="type:primaryImage" /></figure>Nació el 12 de febrero de 1909 y marcó una era: más goles que partidos, récords intactos y una revolución.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2026-02-10T10:42:32+00:00</published>
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            Sívori: el genio que cambió la historia del fútbol argentino
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SYhOZX1LUuNMwOXueInBRbqo3rg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/civori.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Enrique Omar Sívori —Chiquín, para unos; Cabezón, para otros— nació el 2 de octubre de 1935 en San Nicolás de los Arroyos. Llegó a River desde las divisiones inferiores y rápidamente mostró un talento que no se veía todos los días. A los 17 años debutó en Primera División el 4 de abril de 1954 frente a Lanús, ingresando por Ángel Labruna, nada menos. A los 41 minutos del segundo tiempo selló el 5-0 con un gol que abrió su historia grande.</p><p>Jugó 63 partidos, convirtió 28 goles y fue protagonista del tricampeonato de 1955, 1956 y 1957. Su juego, una mezcla de picardía, gambeta corta, coraje y desfachatez, impactó de inmediato en el fútbol argentino.</p>La Bombonera fue testigo de su consagración<p>Apenas ocho fechas después de su debut llegó el partido que lo terminaría de consagrar. River visitó a Boca en La Bombonera y Sívori, acompañado por Norberto Menéndez, volvió completamente loca a la defensa local. Fue un 1-0 con gol de Eliseo Prado y una actuación memorable de aquella dupla ofensiva que silenció a medio estadio.</p>El salto a Juventus y un pase que dejó huella en River<p>El 5 de mayo de 1957 jugó su último partido en River contra Rosario Central. Poco después, Juventus pagó diez millones de pesos argentinos por su pase, una cifra récord para la época. Con ese dinero, River completó la construcción del Estadio Monumental tal como lo conocemos hoy.</p><p>En Turín, Sívori brilló como uno de los mejores jugadores del calcio. Ganó títulos, se convirtió en ídolo y dejó una marca imborrable en la historia del club italiano.</p>Un crack para dos selecciones<p>Sívori tuvo un recorrido único: fue figura en la Selección argentina y también en la italiana. Con Argentina jugó 18 partidos, marcó 9 goles y levantó la Copa América 1957 formando parte del legendario equipo de los “Carasucias de Lima”, aquella delantera de ensueño integrada por Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz. Ese ataque deslumbró con goleadas históricas: ocho a Colombia, seis a Chile, cuatro a Uruguay, tres a Brasil. Sívori anotó ocho goles en ese torneo.</p><p>Con la camiseta italiana también hizo historia: nueve partidos, ocho goles y actuaciones que lo posicionaron como una estrella internacional.</p>El entrenador que llevó a Argentina al Mundial 74<p>En 1973 fue convocado para dirigir a la Selección argentina con un objetivo claro: clasificar al Mundial de Alemania. Logró el pase invicto ante Paraguay y Bolivia, con el recordado triunfo en La Paz gracias a un grupo especialmente preparado para la altura. Ese equipo quedó en la memoria popular como “La Selección Fantasma”.</p>Un nombre eterno en el Monumental<p>Sívori falleció el 17 de febrero de 2005 en su ciudad natal, pero su legado permanece. Una de las tribunas más emblemáticas del Monumental lleva su nombre: la Tribuna Sívori, donde miles de hinchas viven el fútbol con la misma pasión y desfachatez que él transmitía dentro de la cancha.</p><p>Enrique Omar Sívori fue más que un crack: fue una revolución futbolística, un símbolo del potrero y un orgullo eterno de River.</p><p>Aguante River, carajo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SYhOZX1LUuNMwOXueInBRbqo3rg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/civori.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un ídolo eterno cuyo nombre vive en una de las tribunas del Monumental]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-11-19T17:26:40+00:00</published>
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            De Barracas a Madrid: la historia se repite el nuevo “Di Stéfano”
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tuGEaZ7IElJVb0lLIQHH6o5RXGg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/z_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ocurre cada muy tanto en el fútbol, cuando las coincidencias dejan de ser casualidad y se transforman en herencia. Setenta años después de que un pibe rubio salido de Barracas deslumbrara en River y conquistara Europa con la camiseta del Real Madrid, otro chico, también de Núñez, empieza a recorrer el mismo camino.Franco Mastantuono, con apenas 17 años, firmó con el club más ganador del mundo y las comparaciones con Alfredo Di Stéfano —“La Saeta Rubia”— no tardaron en aparecer. Talento, mentalidad y destino parecen alinearse para escribir una nueva página entre el Monumental y el Bernabéu.Alfredo Di Stéfano nació el 4 de julio de 1926 en Buenos Aires y falleció el 7 de julio de 2014 en Madrid, a los 88 años. Nacido en el barrio de Barracas, llegó a River Plate en 1943 para jugar como insider derecho en las Inferiores “millonarias”. Más tarde se transformó en delantero y, finalmente, en wing derecho. En esa posición debutó en primera el 15 de julio de 1945, siendo pilar de una delantera legendaria junto a Gallo, Pedernera, Labruna y Loustau, reemplazando a Juan Carlos Muñoz.</p><p>Tras su estreno en la máxima categoría, volvió a su división y fue cedido a préstamo a Huracán, donde tuvo una destacada actuación. Al regresar al Millonario, se convirtió en titular indiscutido: con un Di Stéfano imparable, River se consagró campeón y el rubio centrodelantero fue goleador del torneo con 27 conquistas.</p><p>A mediados de 1949 decidió emigrar a Colombia, donde brilló en Millonarios, formando parte de un equipo inolvidable. Aquella etapa fue su trampolín hacia el Real Madrid, club del cual, al momento de su fallecimiento, era Presidente Honorario.</p><p>En el conjunto español se transformó en leyenda. Entre 1953 y 1964 —once temporadas— conquistó cinco Copas de Europa consecutivas, una Intercontinental, Copas Latinas, ocho ligas, una Copa de España y una Pequeña Copa del Mundo.En el plano individual obtuvo dos Balones de Oro y el exclusivo Súper Balón de Oro, trofeo que solo él posee.</p>El crack que emula a “La Saeta Rubia”<p>Ese nuevo “crack” es Franco Mastantuono, el joven talento argentino que acaba de unirse al Real Madrid. Su recorrido despierta inevitablemente la comparación con la “Saeta Rubia”: de River Plate al club más grande de España, con un talento y una madurez futbolística que hacen soñar a los hinchas blancos con ver nacer a una nueva leyenda.</p><p>Las similitudes no son solo de destino deportivo, sino también de espíritu y estilo. Mastantuono comparte con Di Stéfano la gambeta rápida, la velocidad y la inteligencia en el juego, ese modo de interpretar el fútbol que distingue a los distintos.</p><p>En River ya lo extrañamos. Pero también hay fe: fe en que otros chicos seguirán su camino, y en que algún día volverá el que hoy ya es “el distinto”, el que todos señalan, el que promete escribir una historia grande.Como alguna vez lo hizo el eterno Alfredo Di Stéfano.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tuGEaZ7IElJVb0lLIQHH6o5RXGg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/z_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Historias que se cruzan. Talento de barrio y la pasión millonaria de una leyenda y una promesa de River Plate.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
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            Ángel Labruna y el campeonato que rompió la maldición
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/angel-labruna-y-el-campeonato-que-rompio-la-maldicion" type="text/html" title="Ángel Labruna y el campeonato que rompió la maldición" />
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7CsTZ5Ui1g-FV3U1bbuc9QnWB24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/labruna_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Primero, es importante destacar la trascendencia de Ángel Labruna en el campeonato de 1975. Como director técnico, logró romper una sequía de dieciocho años sin títulos y condujo a River Plate a su segunda consagración consecutiva, al ganar tanto el Torneo Metropolitano como el Nacional de ese año. Labruna formó un equipo con figuras como Fillol, Perfumo, Alonso, Morete y Juan José López, a quienes supo potenciar al máximo para alcanzar un logro histórico. Su papel fue determinante: rompió una larga sequía, construyó un equipo ganador, consiguió el doblete y dejó un legado imborrable en la historia del club.</p><p>Hace cincuenta años, Ángel Labruna volvió a su casa con una promesa: sacar campeón a River y cortar casi dos décadas de frustraciones. El Beto Alonso, Perfumo, Morete y Pinino Más, entre otros cracks, le dieron el gusto a él y a todo el pueblo millonario. Aquella campaña fue una epopeya que marcó a fuego la identidad riverplatense. Esa noche, millones de hinchas rompieron con la tristeza acumulada y transformaron el llanto en un grito de desahogo. Fue la noche en que la nostalgia se convirtió en felicidad pura: River campeón después de dieciocho años. Una eternidad para cualquier hincha.</p><p>El 14 de agosto de 1975, Ángel Labruna —que había regresado desafiando las estadísticas— levantó el puño y celebró la gloria, aunque una huelga le impidió estar presente el día de la consagración. El Metropolitano de aquel año fue una de las páginas más gloriosas de su carrera como entrenador millonario. Junto a Alonso, Oscar Más y Roberto Perfumo, entre otros, devolvió a River a su grandeza y quebró una de las peores rachas en la historia del fútbol argentino. Labruna diseñó un conjunto equilibrado y sólido en todas sus líneas, con futbolistas que combinaban experiencia, talento y juventud.</p><p>Roberto Perfumo, el Pato Fillol, Pedro González y Oscar Más eran los más experimentados del plantel. Perfumo llegaba tras su paso por el fútbol brasileño y había sido capitán de la Selección Argentina en el Mundial de Alemania. Pinino Más regresaba desde España, luego de su paso por el Real Madrid, mientras que González había brillado en la liga peruana. Norberto Alonso encabezaba la camada de jóvenes surgidos del club que resultaron vitales en la conquista, junto a Carlos Morete, el goleador del equipo, y Juan José López, pieza clave en el mediocampo. También se destacaron Daniel Passarella y Reinaldo Merlo, siempre eficaces cada vez que fueron requeridos.</p><p>El torneo se disputó a dos rondas, todos contra todos. Desde la primera etapa, River mostró su destino de campeón: goleó a San Lorenzo, venció a Boca 2 a 1 en la Bombonera y superó a Racing, Independiente, Huracán y Ferro. Solo cayó 1-4 ante Newell’s en el Monumental. La última coronación de River había sido en 1957, con José María Minella como técnico. Desde entonces, los hinchas padecieron diecisiete años de frustraciones. En el Metropolitano 75, una racha de tres derrotas consecutivas —ante Atlanta, Newell’s y Boca— reavivó los fantasmas del pasado. La suspensión de Alonso por seis fechas, tras una expulsión contra Independiente, frenó el impulso arrollador del equipo, pero Labruna nunca perdió la fe.</p><p>El mérito de Angelito fue inmenso. Reconstruyó un linaje caído y devolvió al club su identidad ganadora. River se recuperó en la recta final, peleando el título mano a mano con Huracán y Boca. Empató con Temperley, venció a San Lorenzo 2 a 0 en un partido clave y superó a Argentinos Juniors en la cancha de Vélez, en el recordado partido consagratorio.</p><p>Aquel encuentro tuvo un contexto insólito. En plena huelga de futbolistas —conflicto que ni María Estela Martínez de Perón ni el Ministerio de Trabajo lograron resolver—, River debió recurrir a jugadores juveniles de cuarta y quinta división. Federico Vairo, histórico formador del club, se hizo cargo del equipo improvisado. A los 24 minutos del segundo tiempo, un zurdazo de Rubén Bruno selló el 1 a 0 ante Argentinos Juniors y puso fin a la pesadilla. Esa tarde, River formó con Alberto Pedro Vivalda; Orlando Ponce, Luis Alberto Jometón, Rodolfo Luis Rafaelli, Héctor Norberto Bargas (Sergio Gigli); Fernando Zappia (capitán); Leonardo Labonia, Rubén Mario Cabrera, Ramón Orlando Gómez, Rubén Norberto Bruno y Francisco Groppa (Luis María Giménez). El técnico fue Federico Vairo.</p><p>Una semana después, el Monumental fue un mar rojo y blanco con ochenta mil almas celebrando. Los titulares necesitaron solo 45 minutos para coronar la campaña con un 2 a 0 sobre Racing, con goles de Alonso, de penal, y Morete. El complemento no pudo jugarse por la invasión de los hinchas al campo de juego. En el Nacional, Labruna y sus dirigidos volverían a gritar campeón.</p><p>El equipo base que quedaría en la memoria del hincha estaba conformado por Fillol; Comelles, Perfumo, Artico y Héctor López; Juan José López, Raimondo (con Merlo también como pieza clave), Alonso; Pedro González, Morete y Más. El técnico, Ángel Amadeo Labruna, consolidó así su lugar en la historia grande del club. River terminó con 55 puntos, seguido por Huracán con 51 y Boca con 50.</p><p>A cincuenta años de aquella gesta, el club homenajeó a los campeones del Metropolitano 75. Estuvieron presentes los jugadores de aquel legendario equipo junto al presidente Jorge Brito, el secretario general Stefano Di Carlo y los ex presidentes Rodolfo D’Onofrio y Hugo Santilli. Entre los homenajeados se encontraban Norberto Alonso, Ubaldo Fillol, Oscar Más, Carlos Morete, Héctor López, Roberto Perfumo, Daniel Leonardi, Héctor Bargas, Rubén Bruno, Sergio Gigli, Rubén Cabrera, Francisco Groppa, Luis Jometón, Orlando Ponce, Rodolfo Raffaelli, Fernando Zappia, Ramón Gómez y Leonardo Labonia. Todos ellos son héroes que quedaron grabados en la memoria del hincha riverplatense por aquel hito inolvidable.</p><p>¡Aguante River, carajo!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7CsTZ5Ui1g-FV3U1bbuc9QnWB24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/labruna_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El 14 de agosto de 1975, River gritó campeón tras casi dos décadas de espera. Fue el renacer de un gigante dormido.]]>
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            El día que Beto Alonso convirtió la jugada que Pelé no pudo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E9zTRQWkQFDcvCmzAhLE3bW-2f4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/a_14.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El fútbol, además de goles y resultados, vive de jugadas inolvidables. De momentos que trascienden el marcador y se instalan en la memoria colectiva. Uno de esos instantes tuvo lugar el 3 de diciembre de 1972, cuando River Plate goleó 7-2 a Independiente en el Monumental. Aquella tarde, con apenas 19 años, Norberto Alonso convirtió un gol que el destino parecía haberle negado al mismísimo Pelé dos años antes.</p><p>La historia tiene un antecedente mundialista. En México 1970, por las semifinales entre Brasil y Uruguay, Pelé sorprendió al planeta con una maniobra que quedó para siempre en los archivos del fútbol. Recibió un pase en profundidad y, sin tocar la pelota, la dejó pasar para desairar al arquero uruguayo Ladislao Mazurkiewicz. La genialidad fue perfecta, salvo por un detalle: el remate final se fue apenas ancho. Aquel “casi gol” quedó grabado como una de las jugadas más bellas y frustrantes a la vez de la Copa del Mundo.</p><p>Dos años más tarde, en Núñez, el joven Alonso tomó esa inspiración y la transformó en concreción. Durante la abultada victoria de River, recibió un pase de Jorge Dominichi y ejecutó la misma finta: dejó correr la pelota, descolocó al legendario arquero rojo Miguel Ángel “Pepe” Santoro y definió con precisión. Esta vez la red se infló y la tribuna explotó. El Monumental fue testigo de que aquella fantasía que Pelé había acariciado en México, ahora tenía dueño en Buenos Aires.</p><p>El partido terminó en goleada, con tres tantos de Carlos Morete, dos del propio Alonso, uno de Víctor Marchetti y otro de Raúl Giustozzi. Pero lo que quedó grabado no fue solo el resultado, sino la jugada que le valió al Beto un apodo que lo acompañaría toda su carrera: “el Pelé Blanco”.</p><p>Ese gol fue un anticipo del lugar que Alonso ocuparía en la historia de River. Con el tiempo, se convirtió en conductor, referente y símbolo de la identidad futbolística del club. Su zurda delicada y su inteligencia para leer el juego lo transformaron en ídolo eterno. Y las hazañas se acumularon: desde campeonatos locales hasta la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1986.</p><p>Entre sus capítulos más memorables se encuentra, claro, el Superclásico de 1986 en la Bombonera, cuando, con la famosa pelota naranja, le marcó dos goles a Boca: uno de cabeza y otro de tiro libre. Esa tarde River dio la vuelta olímpica en el templo rival, y Alonso reforzó su condición de leyenda.</p><p>Pero quizá ningún otro episodio simboliza mejor su esencia que aquel gol de 1972. Porque el Beto hizo lo que parecía imposible: convertir la jugada que Pelé no había podido. Y en esa gambeta al destino se cimentó una de las páginas más brillantes de su leyenda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E9zTRQWkQFDcvCmzAhLE3bW-2f4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/a_14.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En 1972, con apenas 19 años, Norberto Alonso marcó contra Independiente un gol calcado a la recordada acción de Pelé en México 70. Lo que fue un “casi” para O Rei, terminó en obra maestra para el Beto, quien desde entonces se ganó el apodo de “el Pelé Blanco”.]]>
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                <updated>2025-08-28T12:37:59+00:00</updated>
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            El Día Nacional del Arquero: un homenaje a la valentía bajo los tres palos
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YFUFVwFTCC5FzWnGPPeR9NFI9Pc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/a_8.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Argentina rinde homenaje a una figura esencial, muchas veces incomprendida pero siempre determinante en el campo de juego: el arquero. Esta fecha, instaurada oficialmente por el Senado de la Nación en el año 2011, no es fruto del azar. Se eligió para conmemorar el nacimiento de Amadeo Carrizo, una leyenda bajo los tres palos, nacido en Rufino, Santa Fe, en 1926, que transformó para siempre el arte de custodiar el arco.</p><p>Amadeo Carrizo fue mucho más que el arquero de River Plate: fue un auténtico revolucionario del puesto. En una época donde el guardameta estaba limitado casi exclusivamente a custodiar la línea de gol, Carrizo rompió con lo establecido. Fue pionero en usar guantes de arquero, algo inusual en los años '40 y '50, y se adelantó décadas a su tiempo saliendo del área a jugar con los pies, anticipándose a los delanteros rivales como si fuera un defensor más. Por estas características, sumadas a sus reflejos felinos y su valentía para enfrentar cualquier balón, se ganó el apodo de “Tarzán”.</p><p>Su historia en River Plate está marcada por la lealtad y la grandeza. Jugó de manera ininterrumpida durante 24 años en el club, desde su debut en 1945 hasta su retiro en 1968, convirtiéndose en el jugador con más años en la institución y en uno de los que más partidos disputó: un total de 513 encuentros oficiales con la banda roja, además de 24 partidos en la Copa Libertadores. Con la Selección Argentina, defendió la celeste y blanca en 20 oportunidades, dejando una huella imborrable.</p><p>Una de sus actuaciones más recordadas con el combinado nacional se dio en la Copa de las Naciones de 1964, disputada en Brasil. En ese torneo, Carrizo mantuvo la valla invicta ante tres gigantes del fútbol mundial: Portugal, Inglaterra y Brasil, que venía de ser campeón del mundo en 1962. Fue clave para obtener el título, y su punto más alto se dio frente al local, cuando detuvo un penal ejecutado por Gerson, desviando el remate al ángulo izquierdo. Su actuación fue tan colosal que muchos lo comparan con las proezas actuales del “Dibu” Martínez.</p><p>Claro que no todo en su carrera fue éxito. También protagonizó momentos difíciles, como la fatídica final de la Copa Libertadores de 1966 frente a Peñarol. En ese partido, River ganaba 2-0 al finalizar el primer tiempo. Sin embargo, una jugada en la que Carrizo detuvo la pelota con el pecho fue interpretada como una provocación por el equipo uruguayo, que respondió con una remontada histórica, anotando cuatro goles y llevándose el título. Aunque doloroso, ese episodio no borró el legado del arquero.</p><p>Tras su paso por River, continuó su carrera en Millonarios de Colombia, donde también dejó una fuerte impresión. Allí volvió a ser llamado “Tarzán” por sus espectaculares intervenciones, y su figura traspasó fronteras. El legendario arquero soviético Lev Yashin —único arquero en ganar el Balón de Oro— lo elogió públicamente, lo calificó como el mejor del siglo XX y, como gesto simbólico de respeto, le obsequió sus propios guantes.</p><p>Más allá de sus números y logros, Amadeo Carrizo cambió para siempre la forma de ver el rol del arquero. Su capacidad para iniciar ataques con saques largos, su visión táctica y su temple frente a la presión lo convirtieron en un modelo a seguir para las generaciones futuras. Fue un adelantado a su tiempo, un innovador que elevó el puesto a una nueva dimensión.</p><p>Celebrar el Día Nacional del Arquero es también resignificar una vieja frase popular: “Va a pasar el día del arquero”, que solía usarse para referirse a algo que nunca sucedería. Hoy, esa frase quedó atrás. El día del arquero no solo llegó, sino que se celebra con justicia, pasión y memoria.</p><p>Porque detrás de cada atajada, de cada salto hacia lo imposible, hay historia. Y como toda leyenda que trasciende el tiempo, Amadeo Carrizo sigue atajando en la memoria del fútbol argentino.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YFUFVwFTCC5FzWnGPPeR9NFI9Pc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/a_8.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Cada 12 de junio se celebra el Día Nacional del Arquero en honor a Amadeo Carrizo, pionero del puesto y símbolo eterno del arco millonario y del fútbol sudamericano.]]>
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                <updated>2025-07-13T15:04:10+00:00</updated>
                <published>2025-07-13T15:04:06+00:00</published>
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            La Final Eterna: una página histórica del fútbol mundial
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/la-final-eterna-una-pagina-historica-del-futbol-mundial" type="text/html" title="La Final Eterna: una página histórica del fútbol mundial" />
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YV5VbHzXkyam2oldSGImGuSn1AE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/a_26.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el mundo del fútbol, hay partidos que quedan en la memoria colectiva por lo que significan dentro y fuera del campo. Pero hay algunos que, por su magnitud, por el contexto, por la épica y por los protagonistas, trascienden cualquier frontera y se convierten en leyenda. Así fue la final de la Copa Libertadores 2018 entre River Plate y Boca Juniors: un evento que se instaló para siempre en la historia del deporte mundial.</p>Un camino duro hacia la gloria<p>El camino de River hacia aquella final fue, desde el inicio, una muestra de carácter. Compartió grupo con Flamengo, Santa Fe de Bogotá y Emelec de Ecuador. En el debut igualó 2 a 2 contra el poderoso equipo brasileño en Río de Janeiro, con goles de Rodrigo Mora y Camilo Mayada. Luego llegaron empates sin goles ante Santa Fe y Emelec, y una serie de triunfos que sellaron una clasificación sólida: victorias clave con goles de Javier Pinola, Lucas Pratto y Gonzalo “Pity” Martínez (jugadores que serían decisivos en el desenlace de la Copa).</p><p>En octavos, River superó a Racing con una gran goleada 3 a 0 en la vuelta. En cuartos, dejó atrás a Independiente con otra victoria contundente en el Monumental. Y en semifinales, enfrentó a Gremio, último campeón. Tras perder en la ida como local, el equipo de Marcelo Gallardo protagonizó una hazaña épica en Porto Alegre: perdía 1 a 0 y logró darlo vuelta 2 a 1, con goles de Rafael Borré y Pity Martínez de penal. Fue, sin dudas, un punto de inflexión anímico y futbolístico.</p>La final más importante de la historia<p>La final de la Libertadores 2018 no fue una más. Fue la primera vez que los dos clubes más grandes de Argentina y protagonistas del Superclásico se cruzaban en la definición del torneo continental. El marco era único, pero el desenlace sería aún más insólito: tras un empate 2 a 2 en la Bombonera —con goles de Pratto y un tanto en contra de Izquierdoz para River—, la violencia obligó a suspender la revancha en Buenos Aires. La CONMEBOL tomó entonces una decisión histórica: la final se mudaría a Europa, al estadio Santiago Bernabéu de Madrid.</p><p>La capital española fue testigo de un partido que se vivió con una tensión sin precedentes. Boca comenzó ganando con un gol de Darío Benedetto, pero River lo empató con una jugada de equipo coronada por Pratto. Ya en el alargue, Juan Fernando Quintero anotó un golazo que puso en ventaja al equipo de Gallardo. Con Boca volcado al ataque y sin respuestas, en la última jugada, el Pity Martínez corrió solo hacia el arco vacío para marcar el 3 a 1 final. Un gol que se gritó en todo el mundo y que selló lo que ya era una gesta histórica.</p>Una final que trascenderá generaciones<p>Aquel 9 de diciembre no fue solo la consagración de River con su cuarta Copa Libertadores. Fue la consolidación de una era marcada por el liderazgo de Marcelo Gallardo, la jerarquía de sus jugadores y una identidad de juego que dejó huella. La victoria ante el eterno rival, en una final única e irrepetible, hizo que el título se convirtiera en parte del mito riverplatense.</p><p>Pero más allá del color de la camiseta, lo que ocurrió en Madrid marcó un precedente para todo el fútbol sudamericano. Mostró la necesidad de evolucionar en organización y seguridad, pero también expuso el potencial emocional, comercial y simbólico que tienen los grandes clásicos del continente. La final Boca-River dejó una enseñanza y una emoción que atraviesa naciones, generaciones y banderas.</p><p>La “Final Eterna” no fue solo el partido más importante en la historia de la Copa Libertadores: fue un fenómeno global que elevó al fútbol sudamericano a la escena mundial. Un recuerdo imborrable que vivirá para siempre en las páginas doradas del deporte.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YV5VbHzXkyam2oldSGImGuSn1AE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/a_26.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>River y Boca definieron el título continental en Madrid, en una final única que marcó un antes y un después en el fútbol.]]>
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                                <category term="newsports" label="Newsports" />
                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-06-30T19:51:15+00:00</published>
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            La leyenda de la pelota naranja y el Beto Alonso
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NK2zq16dt1lxXTaEHn7axY78iOs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/a_21.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 6 de abril de 1986 quedó grabado a fuego en la historia grande del fútbol argentino. Aquel día, River Plate escribió una de las páginas más gloriosas de su existencia, y lo hizo de una manera tan simbólica como contundente: con dos goles del Beto Alonso y una vuelta olímpica en la mismísima Bombonera. Pero más allá del resultado, hubo un objeto que inmortalizó aquella gesta: la pelota naranja.</p><p>El ícono está hoy exhibido en el Museo River y, para muchos hinchas, representa mucho más que un simple balón. Es el recuerdo tangible de una hazaña irrepetible. De lo más me gustó del museo fue la pelota naranja con la que el Beto hizo los dos goles a los bosteros. Uno de cabeza, otro de tiro libre... ¡y encima dimos la vuelta olímpica en su cancha!</p><p>El contexto no era menor. A mediados de los años '80, River atravesaba un recambio generacional. Se habían ido figuras legendarias como Fillol, JJ López, Merlo, Kempes, Tarantini y Ramón Díaz. Pero en medio de esa transición, irrumpió un joven uruguayo llamado Enzo Francescoli, que llegó en 1983 para dejar su sello de talento y liderazgo. Bajo la conducción de Héctor “el Bambino” Veira, River formó un equipo que quedó en la memoria de todos: Pumpido; Gordillo, Borelli, Ruggeri, Montenegro; Enrique, Gallego, Morresi; Amuchástegui, Francescoli y Alfaro.</p><p>Aquel equipo arrasó en el torneo 1985/86. Hubo goleadas a San Lorenzo (3-1), Newell’s (5-1), Vélez (4-1), Temperley (6-0) y una batalla épica contra Argentinos Juniors (5-4). La consagración llegó con anticipación, tras vencer a Vélez por 3 a 0. Pero el broche de oro se escribió tres fechas más tarde, en el Superclásico.</p><p>Con el campeonato ya en el bolsillo, River fue a la Bombonera con la cabeza alta y el corazón lleno. La pelota naranja, utilizada debido al papel picado azul y amarillo que cubría el campo, no fue un simple recurso: se convirtió en protagonista. El Beto Alonso, símbolo eterno del club, convirtió dos goles históricos: uno de cabeza, y otro con su zurda mágica de tiro libre. Fue 2 a 0 categórico.</p><p>La imagen que quedó para siempre es esa: River dando la vuelta olímpica en la cancha de su eterno rival, con la pelota naranja en el centro de la escena y Alonso como héroe eterno. La combinación entre el Beto y la pelota naranja fue perfecta. Hizo estragos y quedó inmortalizado para siempre en el corazón millonario. El Beto se retiró meses después, con todos los honores: campeón del torneo local, de la Copa Libertadores y de la Intercontinental. Pero para muchos, nada iguala lo que ocurrió aquel 6 de abril. Ese día en que River humilló a Boca en su propia casa y dejó una imagen imborrable para los siglos.</p><p>Porque no se trata solo de un resultado. Es un recuerdo, un símbolo, una postal gloriosa. Es la pelota naranja. Es el Beto Alonso. Es River Plate, eterno.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NK2zq16dt1lxXTaEHn7axY78iOs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/a_21.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un símbolo inmortal de una tarde gloriosa: River campeón en la Bombonera, con dos goles inolvidables y una vuelta olímpica teñida de rojo y blanco.]]>
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            River Plate: 124 años de historia, pasión y grandeza
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        <link rel="alternate" href="https://www.newstad.com.ar/river-plate-124-anos-de-historia-pasion-y-grandeza" type="text/html" title="River Plate: 124 años de historia, pasión y grandeza" />
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YW_SZy4Yzye6IqdZ3tpbhnvZLPc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/a_9.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 25 de mayo de 1901 no fue un día cualquiera en el barrio de La Boca. En esa fecha nació una de las instituciones más importantes y reconocidas del deporte argentino: el Club Atlético River Plate. Fundado por la fusión de dos equipos amateurs, Santa Rosa y Los Rosales, River comenzó a escribir su historia con un nombre que, curiosamente, proviene del inglés británico, haciendo referencia al Río de la Plata, y que terminaría siendo sinónimo de gloria, pasión y tradición.</p><p>En sus orígenes, el equipo decidió utilizar una camiseta blanca con una banda roja cruzada en diagonal, símbolo distintivo que se mantiene hasta hoy y que da pie a uno de sus apodos más conocidos: “La Banda”. Con el paso de los años, también se ganó los sobrenombres de “Los Millonarios” —por las costosas contrataciones de Carlos Peucelle en 1931 y Bernabé Ferreyra en 1932— y “El Más Grande”, una definición que encuentra sustento en la impresionante cantidad de títulos y récords que ostenta la institución.</p><p>River Plate es el club con más títulos de liga en la historia del fútbol argentino, con 38 campeonatos de Primera División. A esto se suman 3 Copas Argentinas, 3 Supercopas Argentinas y 4 Copas Libertadores, el trofeo más importante del continente. Además, logró conquistar la Copa Intercontinental en 1986, consagrándose como el mejor equipo del mundo, y fue el primer club argentino en alcanzar la Triple Corona: torneo local, Copa Libertadores y Copa Intercontinental, todos en una misma temporada.</p><p>Los números que rodean al club de Núñez son impactantes. River lidera la tabla histórica de la Primera División, siendo el club con más partidos ganados, menos derrotas, más goles a favor y menos goles en contra. También es el que más temporadas disputó en la máxima categoría del fútbol argentino. Ha conseguido el tricampeonato de liga en cuatro ocasiones, un hito único en el país, y es el único equipo que ha ganado dos veces la Copa Argentina.</p><p>En el plano internacional, River Plate ha disputado 7 finales de Copa Libertadores y es el equipo argentino con más participaciones en dicho certamen, sumando un total de 40 presencias. Además, es el único club argentino que fue campeón defensor de las tres competiciones de Conmebol al mismo tiempo: Copa Libertadores, Copa Sudamericana y Recopa Sudamericana.</p><p>El club cuenta actualmente con más de 351.000 socios, lo que lo convierte en una de las instituciones deportivas con mayor masa societaria del mundo. Su estadio, el Mas Monumental, fue inaugurado el 26 de mayo de 1938 y se encuentra ubicado en Av. Figueroa Alcorta 7597. Tras varias remodelaciones, su capacidad actual alcanza los 85.018 espectadores, siendo el estadio más grande del país. Junto con él, el club cuenta con instalaciones de primer nivel como el River Camp, el Instituto Universitario River Plate y el Museo River.</p><p>Además del fútbol, River promueve múltiples disciplinas deportivas: básquet, handball, vóley, gimnasia rítmica, bochas, natación, hockey sobre césped y tenis. Esta diversidad convierte al club en una verdadera institución formadora de atletas y personas.</p><p>La dirigencia actual está encabezada por el presidente Jorge Brito, con Enzo Francescoli como manager deportivo y, hasta hace poco, con Marcelo “el Muñeco” Gallardo como entrenador, quien dejó una huella imborrable con sus logros y estilo de juego.</p><p>River Plate no es solo un club. Es una pasión que atraviesa generaciones, un sentimiento que late en cada corazón rojo y blanco, una historia escrita con esfuerzo, grandeza y amor por los colores. A 124 años de su fundación, River sigue siendo “El Más Grande”, no solo por sus títulos, sino por la huella indeleble que dejó en el fútbol y en la vida de millones.</p><p>¡Feliz aniversario, River Plate!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YW_SZy4Yzye6IqdZ3tpbhnvZLPc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/a_9.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Fundado el 25 de mayo de 1901 en el barrio de La Boca, River Plate es hoy una de las instituciones deportivas más importantes de Argentina y del continente. Con títulos, récords y una hinchada inigualable, celebra un nuevo aniversario reafirmando por qué es considerado “El Más Grande”.]]>
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                <updated>2025-06-09T14:02:17+00:00</updated>
                <published>2025-06-09T14:02:18+00:00</published>
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            Gallardo vs Labruna
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eug4MQcmwGT2veS-4FzBXatE7wo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/s.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Marcelo Gallardo sigue escribiendo su nombre con letras doradas en la historia de River Plate. Con su última victoria ante Boca Juniors, el "Muñeco" alcanzó los 10 triunfos como entrenador en el Superclásico, superando así a otro ícono del club: Ángel Labruna, quien había logrado 9 victorias como DT ante el eterno rival.</p><p>Con esta marca, Gallardo se posiciona como el segundo entrenador más ganador en la historia del Superclásico, sólo por detrás de José María Minella, quien mantiene el récord con 13 triunfos en su etapa como técnico del Millonario.</p><p>A pesar de haber sido superado en cantidad de victorias, el legado de Ángel Labruna permanece intacto. Labruna no solo fue una leyenda como entrenador, sino también como futbolista, y es considerado uno de los grandes símbolos de la historia riverplatense. Además de sus éxitos deportivos, se destacó por su mirada formativa y la promoción de jóvenes talentos a la Primera División.</p><p>Uno de los gestos más recordados de Labruna era su provocadora caminata con los dedos tapándose la nariz al ingresar a la Bombonera. Un gesto que, años después, fue replicado por Gallardo, aunque este último lo atribuyó a un simple tic nervioso y no a una provocación intencional.</p><p>Desde que asumió como entrenador de River, Gallardo dirigió 28 Superclásicos oficiales, con un saldo de 10 victorias, 11 empates y 7 derrotas. Entre sus triunfos más memorables se encuentran las victorias internacionales frente a Boca en instancias decisivas: la semifinal de la Copa Sudamericana 2014 y las finales de la Copa Libertadores 2018 y 2019, que marcaron un antes y un después en la historia moderna del club.</p><p>Gallardo y Labruna representan dos eras distintas pero igualmente gloriosas para River Plate. Si bien el "Muñeco" ha logrado hazañas históricas a nivel internacional y ahora supera a Labruna en victorias superclásicas, el "Feo" seguirá siendo una figura insustituible, venerado por generaciones enteras por su liderazgo, carisma y amor incondicional por los colores de River.</p><p>Ambos entrenadores, cada uno a su manera, han dejado una huella imborrable y son parte fundamental del ADN millonario. Su legado seguirá inspirando a futuras generaciones que sueñan con vestir la banda roja.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eug4MQcmwGT2veS-4FzBXatE7wo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/s.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Gallardo supera a Labruna en Superclásicos y se consolida como uno de los grandes técnicos de River.]]>
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                                <category term="newsports" label="Newsports" />
                <updated>2025-05-26T13:12:28+00:00</updated>
                <published>2025-05-26T13:11:56+00:00</published>
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            El crack silencioso: Julián Álvarez, campeón de todo
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R1GRiEu4ZP1BI0Qjc49TFjov7KE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/julian.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No hay techo cuando se juega con el corazón. Julián Álvarez tiene 24 años, cara de bueno, piernas de potro y el alma de un 9 hecho en barro y gloria. Nació el 31 de enero del 2000 en Calchín, un pueblito de Córdoba, y se crió soñando con jugar en Primera. Y no solo lo logró: se convirtió en el primer argentino de la historia en ganar la Libertadores, la Copa América, el Mundial, la Champions y el Mundial de Clubes.</p><p>Arrancó en el club de su pueblo, C.A. Calchín, y de ahí saltó a River. Lo subió el Muñeco Gallardo, como quien descubre un diamante. Debutó en la Superliga 2018/2019. El primer partido fue contra Talleres, después llegó Aldosivi, y antes de que nos diéramos cuenta, estaba entrando en Madrid contra Boca, el 9 de diciembre de 2018, en la final más importante de nuestras vidas.</p><p>A partir de ahí, fue una máquina. En 2021 fue el goleador del torneo con 18 gritos, se llevó el premio al mejor jugador de Sudamérica y le pintó la cara a todos. Le metió dos goles a Boca, hizo un hat-trick a San Lorenzo, cuatro a Patronato, y seis a Alianza Lima en el cumpleaños 121 de River. Seis. En un solo partido. Una locura.</p><p>Ya no había dudas. Lo vinieron a buscar de todos lados, y se fue al Manchester City. Allá la rompió también: el 17 de mayo de 2023 le metió un gol al Real Madrid en la semi de la Champions. Un mes después, estaba levantando la Premier, la FA Cup y la primera Champions del City. Todo en la misma temporada.</p><p>Y como si fuera poco, después se fue al Atlético de Madrid, donde sigue haciendo goles como si estuviera en Calchín, pero en Europa.</p><p>Pero lo más grosso fue con la Selección.Con la Sub-20 jugó el Mundial de Polonia. Con la Mayor, debutó el 3 de junio de 2021 contra Chile. Fue campeón de América en Brasil. En la Finalissima contra Italia, entró por Lautaro. Y en el Mundial de Qatar, pasó de suplente a ser una de las figuras del equipo.</p><p>Contra Polonia, en fase de grupos, metió un golazo después de 26 toques. Contra Australia, otro más. En la semi contra Croacia, dos golazos inolvidables, gambeteando hasta al arquero. Y en la final no mojó, pero metió una asistencia clave en el segundo gol.</p><p>Hoy, Julián es eso: un tipo que pica, muerde, mete, juega y no para nunca. Goleador, asistidor, recuperador. Hace lo que sea. Es el jugador que cualquier técnico quiere, y el que todos en la tribuna aman. Humilde, respetuoso, profesional. Un fenómeno.</p><p>Y lo más lindo es que todavía no llegó a su techo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R1GRiEu4ZP1BI0Qjc49TFjov7KE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/julian.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>A los 24 años, es el primer argentino en ganar Libertadores, Copa América, Mundial, Champions y Mundial de Clubes.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
                <published>2025-05-13T10:15:21+00:00</published>
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            Máximos goleadores de River: ídolos eternos y artilleros legendarios
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Goeg55qoPGwqGwQrUamkJ4HmoPE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/grandes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>River no solamente es uno de los clubes más grandes del país y del mundo por su historia y su gente, sino por la jerarquía de sus goleadores, verdaderas leyendas del fútbol que dejaron una marca imborrable en la historia del club. Estos artilleros históricos del Millonario no sólo transpiraron la camiseta con pasión y entrega, sino que se convirtieron en símbolos de victorias, títulos y momentos épicos que todo hincha riverplatense guarda en el corazón.</p><p>A continuación, repasamos a los 10 máximos goleadores históricos de River Plate:</p>Máximos goleadores. El ranking de Agustín Cardonat en Newstad.<p>&nbsp;</p>1. Ángel "Angelito" Labruna (317 goles)<p>Nacido el 28 de septiembre de 1918, es el máximo emblema de la historia del club. Integrante de la inolvidable delantera de “La Máquina” junto a Muñoz, Pedernera, Moreno y Loustau, Labruna no solo fue artillero sino también multicampeón como jugador y como técnico. Con Gallardo, comparten el récord de títulos ganados en ambas funciones (22). Cada 28 de septiembre, en su honor, se celebra el “Día Internacional del Hincha de River”.</p>Icono. Omar Labruna, el máximo goleador.2. Oscar “Pinino” Más (220 goles)<p>Extremo izquierdo de enorme talento, nació el 29 de octubre de 1946. Participó del Mundial de Inglaterra 1966 y tuvo un paso por el Real Madrid en la temporada 1973-74. En River, brilló formando una dupla temible junto a Daniel Onega.</p>Pinino. Omar Mas, legendario romperedes millonario.3. Bernabé Ferreyra (201 goles)<p>“El Mortero de Rufino”, nacido el 12 de febrero de 1909, fue el primer gran ídolo de River. Es el único jugador argentino con más goles que partidos jugados, y en los años '30 era considerado uno de los futbolistas más destacados del mundo.</p>Invencible. Bernabé y la máquina de River.4. José Manuel “Charro” Moreno (184 goles)<p>Nacido el 3 de agosto de 1916, fue otro pilar de “La Máquina”. La IFFHS lo ubicó entre los cinco mejores jugadores sudamericanos del siglo XX. Ganó 10 títulos nacionales con River y también brilló en el exterior: México, Chile y Colombia.</p>Charro Moreno. El goleador que marcó la historia millonaria para siempre.<p>&nbsp;</p>5. Norberto “Beto” Alonso (158 goles)<p>Nacido el 4 de enero de 1953, es uno de los grandes ídolos del club. Volante creativo, campeón de la Copa Libertadores y de la Intercontinental con River en 1986. También integró la Selección Argentina campeona del mundo en 1978. Es inolvidable su doblete a Boca en la Bombonera con la famosa “pelota naranja”.</p>Enorme. BEto Alonso, goleador, jugador, técnico, historia de River.6. Adolfo “El Maestro” Pedernera (143 goles)<p>Nacido el 15 de noviembre de 1918, su apodo se debe a su talento, su visión de juego y su técnica exquisita. Figura de La Máquina, también jugó en Millonarios de Colombia y fue tricampeón de la Copa América (1941, 1945 y 1946).</p>Récord. Adolfo Pedernera, ese héroe parte de la historia de Boca Juniors y River Plate.7. Enzo “El Príncipe” Francescoli (137 goles)<p>Nacido el 12 de noviembre de 1961, es uno de los máximos ídolos modernos de River. Con su clase y elegancia lideró al equipo en la conquista de la Copa Libertadores 1996 y la Supercopa 1997. También ganó cinco torneos locales. Jugó en Francia e Italia, y fue figura de la selección uruguaya.</p>Principe. Enzo Francescoli, ícono, goleador y parte de la familia millonaria.8. Carlos “Barullo” Peucelle (118 goles)<p>Nacido el 13 de septiembre de 1908, fue puntero derecho y autor del primer gol en el estadio Monumental. Ganó las Copas América de 1929 y 1937 con la Selección Argentina.</p>Barullo. Peucelle, autor del primer gol en el Monumental.9. Daniel “Tito” Onega (117 goles)<p>Nacido el 17 de marzo de 1945, fue goleador récord de la Copa Libertadores 1966, con la mayor cantidad de goles en una misma edición del torneo. También jugó en Racing de España, Córdoba CF y Millonarios de Colombia.</p>Tito. Daniel Onega, primer gol en la Libertadores, nacido en 1945.10. Fernando “El Torito” Cavenaghi (112 goles)<p>Nacido el 21 de septiembre de 1983, delantero símbolo del siglo XXI. Ganó cinco campeonatos locales y tres títulos internacionales con River. En 2004, le convirtió un gol clave a Boca en la Bombonera que ayudó a cortar una racha adversa. Fue un líder dentro y fuera de la cancha.</p>Toro. Fernando Cavenaghi, historia de superación y éxito millonario.<p>Estos diez íconos son solo una parte de la rica historia del club más ganador del fútbol argentino. River Plate, a través de sus máximos goleadores, construyó una identidad basada en la excelencia, el talento y la grandeza. Cada gol fue un grito que quedó grabado en la memoria de millones de hinchas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Goeg55qoPGwqGwQrUamkJ4HmoPE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/grandes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde el debut en el Monumental, "La Máquina" y los súper héroes de River Plate, los nombres que marcaron la historia.]]>
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                <updated>2026-04-13T19:30:09+00:00</updated>
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            A 11 años del Ramirazo en la Bombonera: el cabezazo que cambió todo
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                <![CDATA[Agustin Cardonat]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v2IZ9_b15pfswMSDrGTYOU7s5Wo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/historia_funes_mori.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Se cumplieron once años de una noche inolvidable, de esas que se graban a fuego en la memoria colectiva de los hinchas. Fue en la Bombonera, un 30 de marzo de 2014. River le ganó 2 a 1 a su eterno rival y rompió más que una racha: empezó a cambiar el curso de la historia. Aquella victoria sería recordada por siempre como el Ramirazo.</p><p>Iban 41 minutos del segundo tiempo cuando se nos paró el corazón. Un córner desde la derecha, ejecutado con precisión por Manu Lanzini —hoy nuevamente en River—, encontró la cabeza de Ramiro Funes Mori. El mellizo se anticipó al arquero Agustín Orión y desató el grito sagrado. Fue un cabezazo seco, valiente, con alma de emblema. La pelota besó la red y el corazón riverplatense explotó. River volvía a ganar en la Bombonera después de diez años.</p><p>Hasta ese momento, el partido era parejo. El equipo de Ramón Díaz —actual entrenador del Corinthians de Brasil— había arrancado ganando gracias a un gol tempranero de Lanzini, pero Juan Román Riquelme, con su habitual jerarquía, había empatado y los fantasmas del descenso, todavía frescos, parecían volver a sobrevolar el mundo millonario. Parecía que Boca lo daba vuelta. Parecía...</p><p>Pero apareció Ramiro. Un defensor zurdo, aguerrido, que aquella tarde jugó de titular solo porque Leonel Vangioni estaba suspendido. Nadie esperaba que se convirtiera en héroe. Pero así fue. Con ese gol, River se llevó un triunfo que lo impulsaría, semanas más tarde, a conquistar el Torneo Final 2014 y cortar una sequía de seis años sin títulos locales.</p><p>Más allá del resultado, el Ramirazo fue una bisagra. A partir de ahí, River empezó a adueñarse del historial moderno en los superclásicos. De la mano de Marcelo Gallardo, el Millonario ganó tres veces en la Bombonera, eliminó a Boca en cinco cruces directos —mata-mata, como dicen en España—, y se quedó con dos finales inolvidables: la Supercopa 2018 en Mendoza y la Copa Libertadores en Madrid. Supremacía total. Épica. Incuestionable.</p><p>Han pasado once años desde aquel cabezazo y aún hoy se discute si fue córner o no. No importa. El hincha de River sabe que ese gol marcó un antes y un después. Fue el principio de una era dorada, el punto de partida de una revancha histórica contra el rival de toda la vida.</p><p>Ramiro Funes Mori hoy juega en Estudiantes de La Plata. Es suplente, lejos del brillo de aquella primera etapa. Incluso cuando volvió de Europa, muchos creímos que traería esa versión heroica, pero no pudo recuperar ese fuego. No importa. Lo que nos dio esa tarde, no se borra más.</p><p>Han pasado 11 años desde “el ramirazo”, (todavía se sigue hablando de si fue córner o no) pero suimpronta sigue vigente. Fue el inicio de una época inolvidable para River, que debo decir que marcó un antes y un después en la historia de los superclásicos.</p><p>El Ramirazo vive en la memoria. Porque hay goles que no solo cambian partidos. Cambian la historia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v2IZ9_b15pfswMSDrGTYOU7s5Wo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/historia_funes_mori.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El estadio de Boca en silencio. Un final abierto y un gol que torció la historia de River y su histórico Rival.]]>
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                <updated>2025-04-08T09:10:37+00:00</updated>
                <published>2025-04-08T09:10:34+00:00</published>
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